INNONEWS PERIODISMO CONTRA LA DESINFORMACIÓN
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
INNONEWS PERIODISMO CONTRA LA DESINFORMACIÓN
Santiago Tejedor Cristina Pulido Editores
tirant humanidades Valencia, 2022
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Santiago Tejedor Cristina Pulido
EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es DEPÓSITO LEGAL: V-3529-2022 ISBN: 978-84-19286-61-1 MAQUETA: Disset Ediciones
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ÍNDICE Introducción..................................................................................................
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SANTIAGO TEJEDOR Y CRISTINA PULIDO
Comunicación, ética y periodismo: Hacia una ética dialógica de la comunicación...
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ÁNGEL ACOSTA ROMERO MANUEL ÁNGEL VÁZQUEZ-MEDEL
Nuevas estrategias digitales frente a la desinformación...................................
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MARTÍN VAZ-ÁLVAREZ JOSÉ MIGUEL TÚÑEZ LÓPEZ CÉSAR FIEIRAS-CEIDE
Medios públicos y educación mediática. Cómo combaten las fake news algunas corporaciones públicas de radio y televisión europeas.....................................
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MARIA SOLER CAMPILLO CARLOS LÓPEZ OLANO JAVIER MARZAL FELICI
Los recursos audiovisuales informativos para la educación. Un estado del arte.
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SANTIAGO TEJEDOR CRISTINA PULIDO LAURA CERVI
Tecnologías contra la desinformación: estrategias frente a la infoxicación y el tribalismo político y social en el Tercer Entorno..............................................
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JESÚS ALBARRÁN-LIGERO JOSÉ M. ROMERO-SANTOS
Implementación de un proyecto de innovación docente en los estudios universitarios de periodismo y comunicación. Narrativas transmedia para la alfabetización mediática e informacional................................................................... ANTONIO ACEDO GARCÍA
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Índice
El periodismo como acción ecosófica de la comunicación en el tercer entorno..
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FRANCISCO JAVIER MARTÍN-LÓPEZ
Entretenimiento mediático y dinámicas de polarización y espectacularización:rocío, Contar la verdad para seguir viva............................ MARÍA SÁNCHEZ-RAMOS MARÍA LAMUEDRA-GRAVÁN BELÉN ZURBANO-BERENGUER
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INTRODUCCIÓN
REDES INNOVADORAS QUE DICEN Y PREGUNTAN La Red Innonews (www.redinnonews.es) es un proyecto ideado para generar un espacio de convergencia en torno al estudio de la innovación en los informativos en la sociedad digital, analizando sistemática y conjuntamente los aportes que las tecnologías, los cambios en los formatos, las nuevas narrativas y las tendencias de consumo actuales generan en un escenario ampliamente cambiante. La iniciativa, que fue financiada en el Plan Nacional I+D 2018-2020, con código de referencia CSO201790819-REDT, cuenta con la experiencia científica de 4 grupos de investigación punteros en el ámbito de la investigación en comunicación, periodismo y otros territorios del campo de las Ciencias Sociales: el Gabinete de Comunicación y Educación de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB); el Grupo I.T.A.C.A de la Universitat Jaume I (UJI); el grupo de investigación de Novos Medios de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y el grupo de investigación Teoría y Tecnología de la Comunicación de la Universidad de Sevilla (US). Este libro es el resultado de varios años de trabajo y ofrece una colección de introversiones e introspecciones sobre diferentes desafíos y retos que la comunicación, el periodismo y la digitalización han introducido en nuestras sociedades. En este sentido, la monografía reflexiona sobre la conexión entre la comunicación, el periodismo y la ética; apunta nuevas estrategias digitales frente a la desinformación; describe el trabajo de diferentes corporaciones públicas de radio y televisión europeas frente a la amenaza de la desinformación; recorre repositorios y directorios de recursos y materiales audiovisuales de gran valor para el fomento de la alfabetización mediática; propone estrategias frente a la infoxicación y el “tribalismo” político y social en el tercer entorno; escudriña como implementar un proyecto de alfabetización mediática e informacional de innovación docente en los estudios de periodismo y comunicación desde las narrativas transmedia; reflexiona sobre el rol del periodismo desde la ecosofía; o indaga sobre el protagonismo del entretenimiento mediático en las dinámicas de polarización y espectacularización. De este modo, el conjunto de capítulos da forma a un acervo de conceptos que invita a la redefinición, el replanteamiento, la revisión y la búsqueda perenne. Nos interesan las respuestas, pero especialmente, la capacidad de generar nuevas preguntas. Esto es: idear desafíos que nos interpelen en el campo de la investigación, la docencia y la divulgación científica. Tres palabras –aunque serían muchas las posibles– cartografían este libro: red, innovación e información.
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Santiago Tejedor / Cristina Pulido
RED “Una ciudad es un cuerpo y una mente, una estructura física, así como un repositorio de ideas y de información” David Byrne, músico
Internet es una red e incluso así la denominamos: La Red. También: la red de redes. Pero, como malla o maraña de hilos, cuerdas o fibras; o como una organización integrada por entes de un mismo campo que, bajo una misma dirección, se extienden conectados; la palabra no la inventó Tim Berners-Lee. Y quizás debería retornar a su esencia más analógica y más humana: la red como conexión de voces, de preguntas y de miradas. La investigadora Sherry Turkle lo explica con tino y precisión en su libro En defensa de la conversación: “Mientras tratamos a las máquinas como si fueran casi humanas, desarrollamos hábitos que hacen que tratemos a los seres humanos como si casi fueran máquinas”.
INNOVACIÓN “Debemos aceptar que no siempre tomaremos buenas decisiones, que a veces lo arruinaremos. Pero hay que entender que fallar no arruina el éxito, sino que es parte de él” Arianna Huffington, co-fundadora Huffington Post
Innovar. El diccionario lo define como un proceso que introduce novedades. ¿Hemos aprendido a hacerlo? ¿Sabemos y solemos recurrir a propuestas innovadoras? En el terreno informativo, ¿estamos ante las mismas preguntas? ¿Los problemas son los mismos? Cuando Albert Einstein apuntaba que “no podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos”, invitaba a plantear propuestas y acciones diferentes ante desafíos y situaciones complejas. En un contexto marcado por la conformación nuevos perfiles de usuarios (caracterizados por su atención flotante, su voluntad multitarea y su rol como prosumidores, entre otros aspectos), la irrupción de nuevos formatos y la eclosión de plataformas diferentes, la investigación en comunicación y periodismo debe ser capaz de proponer nuevos caminos. Es decir: describir, analizar, comparar, explicar, pero también proponer, idear y crear. Y no solo responder a los problemas que existen sino anticiparse a ellos y advertir dinámicas, inercias y tendencias. Esto es: decir y predecir.
INFORMACIÓN “Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca” Borges, escritor
Escribía Eduardo Galeano en su “Celebración de la voz humana”, dentro del Libro de los abrazos, que “los indios shuar, los llamados jíbaros, cortan la cabeza del
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Introducción
vencido. La cortan y la reducen, hasta que cabe en un puño, para que el vencido no resucite. Pero el vencido no está del todo vencido hasta que le cierran la boca. Por eso le cosen los labios con una fibra que jamás se pudre”. Estos días cuando la actualidad noticiosa y el mundo entero vive pendiente del ataque de las tropas rusas sobre las principales ciudades de Ucrania, un tsunami de bulos y contenidos manipulados se han extendido por el ciberespacio. De nuevo, la importancia de la alfabetización mediática se torna crucial. Y emergen renovadas y añejas preguntas: ¿qué competencias demanda hoy día un ciudadano para ser y sentirse solvente ante la infoxicación? ¿Cómo debe la institución educativa actuar para fomentar un acceso y un uso crítico a los medios y, en especial, al ciberespacio? ¿Se han fracturado los límites que delimitaban el territorio de la información frente al de la opinión? El primer correo electrónico no deseado -spam- se envió en 1978. ¿El destinatario? Gary Thuerk un vendedor de ordenadores y aparatos tecnológicos. Hoy 4 de marzo de 2022, la plataforma Maldita.es (https://maldita.es) señalaba que, desde el inicio del ataque de Rusia a Ucrania, han desmentido 70 contenidos supuestamente vinculados con el conflicto armado, pero que nada tenían que ver con él. Son, paradójicamente, mensajes que llegan más rápido, a más personas y más lejos que los contenidos “veraces”. Y son también una invitación a reflexionar cómo inocular más rigor, calidad y exigencia al escenario periodístico: no hablamos solo de medios y periodistas. El desafío interpela a todo el conjunto de entes sociales, escuelas, familias, universidades, medios, periodistas, actores gubernamentales… Todos desde todos los territorios. Dice el proverbio africano –cuestionado por algunos– que para educar a un niño hace falta toda la tribu. Quizás no es exactamente así. Pero el mensaje arrastra un compromiso coral que es, sin duda, crucial. También cuando hablamos de información y periodismo. Aun así, nos seduce más Aristóteles: “Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto”. Este proyecto, este libro y este conjunto de miradas edifica una hipótesis que nuestros acelerados tiempos han convertido casi en un grito y en una emergencia: la información es uno de los caminos hacia la educación; sea a nivel individual o sea colectivamente. La Red añade además un matiz que no es nimio: los medios, los mensajes y el formato demandan de un proceso general y permanente de innovación. Y así, mientras una nueva guerra nos conecta con el horror, recordamos a Octavio Paz y su reflexión sobre las masas humanas más peligrosas: “Son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo.... del miedo al cambio”. Bellaterra, Barcelona, España. Marzo de 2022
SANTIAGO TEJEDOR Y CRISTINA PULIDO
RED INNONEWS: Innovación de los informativos en la sociedad digital. Plan Nacional I+D 2018-2020 CSO2017-90819-REDT
COMUNICACIÓN, ÉTICA Y PERIODISMO: HACIA UNA ÉTICA DIALÓGICA DE LA COMUNICACIÓN ÁNGEL ACOSTA ROMERO Universidad de Sevilla
MANUEL ÁNGEL VÁZQUEZ-MEDEL Universidad de Sevilla
LA COMUNICACIÓN, UN PROBLEMA DE SENTIDO La comunicación es el principio constitutivo del Universo al que pertenecemos. Desde el Big-Bang, esa explosión originaria hace 13.800 millones de años, todo interactúa con todo: las partículas subatómicas para formar átomos, los átomos entre sí para constituir moléculas… hasta esa interacción compleja, a la vez material y simbólica, de los seres vivos dotados de conciencia. Nada hay menos “i-nocente” que la comunicación, que a veces llega a ser altamente nociva, y siempre relevante. Porque la comunicación modifica, transforma (poco o mucho) las instancias que se ponen en común y aquellas con las que estas se relacionan. Todo está en constante mutación, a través de interacciones comunicativas complejas (cf. Acosta, 2009). Reconociendo su enraizamiento físico y el origen natural de la comunicación humana, también hay que reconocer que “si hay un dominio donde se marquen bien a la vez una continuidad evidente y un formidable cambio entre el universo biológico y el universo antroposocial es el de la comunicación y la información (Morin, 1986) La comunicación humana constituye un conjunto de complejos procesos, dinámicas y técnicas, potenciadas desde el valor central de la palabra, de lo verbal, que culmina la dimensión emergente de lo humano y reinterpreta el resto del universo material y simbólico del que formamos parte. La palabra puede construir y la palabra puede destruir. La palabra da poder, pero también lo quita, e instrumentaliza pensamientos y voluntades al servicio de algunos poderes, desplegando -en la actualidad con violencia desconocida- la desinformación, la mentira, los engaños, los fakes. Umberto Eco (1977) nos sorprendió con la genialidad semiótica de la definición de “signo” como todo aquello que sirve para mentir puesto que el signo es, al fin y cabo, la representación de una realidad externa al propio signo, el lugar de una ausencia. Y, aunque el homo sapiens sapiens no es el único animal en el que aparecen conductas orientadas intencionalmente hacia la mentira, sí es cierto que el lenguaje y la conciencia nos han llevado a un desarrollo de la capacidad de mentir desconocido en el
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Ángel Acosta Romero / Manuel Ángel Vázquez-Medel
mundo biológico. Algo que, por otra parte, y sobre todo aplicado al discurso político, ya fue evidente para los filósofos griegos que criticaron con dureza el escepticismo y el relativismo moral de ciertos usos de la sofística, que ponía el acento en un valor de la comunicación que no está en la verdad de los enunciados sino en su eficacia, en el efecto deseado y conseguido sobre la acción del otro. En efecto, los procesos de comunicación humana están muy lejos de poder quedar descritos y analizados, en su complejidad inherente, en un sencillo modelo tecnocrático de ingenieros con instancias abstractas (emisores y receptores) que se ponen en contacto a través de un determinado medio físico (canal) que hace posible la transmisión de señales pertenecientes a un repertorio (código) supuestamente conocido por los actores. Ciertamente, el modelo telegráfico de la comunicación fue más que superado por las aportaciones posteriores en el terreno de las ciencias humanas y sociales pero lo que no puede ser superado del todo es el problema general del sentido, porque: El sentido no es materialmente transmisible… Hablando con rigor, un mensaje, puesto que se reduce a una señal o a un conjunto de señales, no tiene sentido. El comunicador y el destinatario, cada uno por su lado, le atribuyen uno, pero se trata de dos operaciones distintas, que pueden dar lugar a resultados divergentes (incomprensión). La comunicación es paradójica porque, hecha para el sentido, que es lo único que importa, no sabe transmitirlo, opera por sustitución; por ello, el éxito de la comunicación es siempre relativo (Baylon y Mignot, 1994).
Como sabía Ortega, somos seres “incomunicantes”, nuestra vida es hermética y exclusiva, y eso nos aboca a la imposibilidad de una plena comunicación. Sin embargo, la comunicación (entendida como relación con el mundo, con los otros y con nosotros mismos) es necesaria y relativamente posible por las mismas razones que la dificultan o la limitan de alguna manera. Por ejemplo, por razones bio-antropológicas: aunque cada vida es distinta, somos seres humanos, seres de la misma especie con una historia filogenética y un patrimonio hereditario común, con capacidades, competencias comunes. Somos una humanidad una y diversa con un destino común. Y con unas estructuras antropológicas del imaginario (G. Durand, 2005) compartidas, por más que se encarnen, transformen y maticen en cada ecosistema, en contexto histórico-material. Por otro lado, cada uno de nosotros es un “sujeto” y aunque nadie puede ser “yo” (lo que explica la incomprensión), reconozco en los demás su propio yo; compartimos el ser sujetos, podemos intentar colocarnos parcialmente en el lugar del otro: eso permite la posibilidad de “comprensión” y nos obliga al desarrollo de una ética de la comprensión (Morin, 2006) que comience lógicamente por una comprensión de la incomprensión, un fenómeno, ese de la incomprensión, derivado en gran medida del problema del sentido en la comunicación. El principio de alteridad, la apertura al otro, está en la base misma de la realidad humana, y debe presidir las dinámicas de comunicación. La comunicación, como el amor en el sentido de Fromm (1980), es por tanto posible, relativamente posible, aunque reconozcamos que sea siempre un “juego” inter-
Comunicación, ética y periodismo: hacia una ética dialógica de la comunicación
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pretativo permanente: el juego del comunicar (A. Ponzio, 1995). La comunicación es una navegar sin descanso en un “océano de ruidos” y de incomprensión. La palabra comunicación tiene la misma raíz latina de “común”, “comunión”, “comunidad”. Conviene recuperar el sentido etimológico del “comunicar”: compartir, poner en común. Esa alusión radical a lo común y comunitario nos descubre el sentido obligadamente ético (solidaridad, responsabilidad) de la comunicación y la búsqueda compartida del sentido. Es decir, desde ahora no podemos obviar ni la ética del sentido ni el sentido de la ética.
UNA NUEVA DEONTOLOGÍA PERIODÍSTICA PARA EL SIGLO XXI Plantear una nueva deontología periodística para el siglo XXI exige hacerlo desde el principio de complejidad (Edgar Morin), desde la consideración del nuevo tercer entorno que nos constituye (“Telépolis”, según Javier Echeverría), que ha llevado a reinterpretar el primer entorno (“Physis”, la naturaleza) y el segundo entorno (“Polis”, la dimensión social) en el que surgió la comunicación humana y el periodismo. Y con una conciencia ecosófica orientada hacia un horizonte de verdad, de bondad y de belleza. La nueva deontología periodística del siglo XXI, contra la desinformación cada vez más dominante y peligrosa, exige superar el paradigma del objetivismo y del dogmatismo, pero también el más extendido en nuestros días del subjetivismo y el relativismo. Solo un adecuado planteamiento de la relatividad intersubjetiva orientada hacia un horizonte de verdad puede permitir planteamientos rigurosos, tal como venimos formulando desde la Teopraxis del Emplazamiento/ Desplazamiento (TE/D) (cf. Vázquez Medel, 2003, 2009, 2017, 2021 y Vázquez Medel – Pulido, 2021). Hay quienes afirman que en nuestros días se ha perdido esa tríada fundamental que establecía las funciones de los medios de comunicación: informar, formar y entretener. La obsesión por el entretenimiento y la captación de audiencia ha relegado y desvirtuado la información y la formación. Pero si esto es así a primera vista, si reflexionamos con más detenimiento (y esta es una de las responsabilidades éticas de los comunicadores), nos daremos cuenta de que, si no se informa, se desinforma; si no se forma, se deforma y degrada el universo de valores compartidos; si no se entretiene, se aburre, algo que paradójicamente sucede también cuando se incurre en la obsesión y la hipertrofia del entretenimiento. Por desgracia, en estos momentos, adquieren actualidad reflexiones teóricas del pasado sobre los medios de masas, superadoras en principio del optimismo funcionalista (Lasswell), como la llamada “disfunción narcotizante” que propusieran Lazarsfeld y Merton, conscientes ya en aquel momento de ese efecto en las audiencias, sobre todo televisivas, basado en la adicción y consecuente apatía, es decir, un conformismo y una pasividad alienantes. Una contradicción de la sociedad actual: se generaliza el aburrimiento al tiempo que se impone la mayor productividad y eficiencia con la apariencia de una decisión libre y plenamente consciente del sujeto.
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Ciertamente, el aburrimiento, independientemente de su origen, puede ser incluso creativo si la inactividad o la falta de atracción por el entorno produce una autorreflexión del sujeto que le lleva a buscar nuevos “intereses” y, por ello, una actitud activa, curiosa, creativa… ética. Podría pensarse incluso que los mejores productos de la cultura humana han sido fruto, de alguna manera, del aburrimiento, o al menos de la suspensión de intencionalidad constante, que permite apreciar y percibir la realidad de modo diferente. Pero si el aburrimiento se hace constante, desemboca en una actitud vital de apatía en la que el sujeto es incapaz de responder o comprometerse con los requerimientos de su entorno y de los demás. Por eso, también el aburrimiento tiene que ver con la rutina y con el fetichismo de la cotidianidad (Castilla del Pino, 1970, pp. 95 y ss.), y se manifiesta, por ejemplo, en la búsqueda permanente de distracciones, de entretenimientos, de formas varias de ocupar el tiempo; es decir, en modos de “comunicación” posibles con la realidad y con los otros que, en realidad son “pseudosoluciones” a la incomunicación y a la falta de sentido. Entre ellos, el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (televisión, cine, internet, redes sociales…), que pueden acabar en una profunda frustración y desencanto al no alcanzar las expectativas y los deseos insatisfechos de comunicación. Se trataría de un aburrimiento derivado del exceso de estímulos, de la inflación informativa y comunicativa. Byung-Chul Han (2012) llama la atención sobre multitasking e indica que no sólo no es un progreso humano, sino que es una regresión “salvaje”. Pensemos en las nuevas exigencias en las rutinas productivas en los medios de comunicación. Un animal ocupado en alimentarse ha de dedicarse, a la vez, a otras tareas: ha de mantener a sus enemigos lejos del botín, debe tener cuidado de no ser devorado, tiene que vigilar a su descendencia, etc. Por ello, el animal no está capacitado (adaptado) ni para aburrirse ni para “contemplar” y prestar atención única a una sola actividad. Cosa que el ser humano sí pudo hacer desde cierto momento de su historia, en la que, probablemente, apareció el pensamiento (filosófico) y también el aburrimiento ligado al tiempo de ocio disponible (que también es potencialmente creativo). Nuestra reflexión no solo se dirige a los profesionales (actuales o futuros) de la comunicación, más necesarios que nunca. También desea alcanzar a toda la ciudadanía que debe exigir sus derechos reconocidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos y, en el caso de España, en la propia constitución. Porque es algo más que una consigna que sin periodistas éticos y formados no hay buen periodismo, y que sin periodismo no hay auténtica y verdadera democracia. Porque la libertad de expresión está fundada en otras libertades y derechos mucho más profundos: la libertad de pensamiento, que debe estar a su vez fundada en una información adecuada y veraz, que garantiza la libertad de acceso a la información. El derecho de acceso a la información está protegido en base al artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. El Relator especial de la ONU señalaba además que “el derecho de buscar información o de tener acceso la información es uno de los elementos esenciales de la libertad de expresión”. Hablamos, pues -insisti-
Comunicación, ética y periodismo: hacia una ética dialógica de la comunicación
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mos en ello- de un derecho humano fundamental y de una conditio sine qua non de una auténtica democracia. Cuando un profesional de la información no se atiene a los principios deontológicos que regulan el ejercicio de su estratégica función, que debe estar al servicio de la sociedad y no de sus propios intereses, ideología o creencia, está poniendo en peligro la misma democracia. El periodismo actual no solo debe estar atento a los componentes sintácticos o semánticos del proceso comunicativo, sino a sus efectos, a su dimensión pragmática, y ello introduce una especial responsabilidad. Una responsabilidad en el marco de una necesidad histórica que excede cada ámbito profesional concreto, y que requiere miradas nuevas y distintas.
NECESIDAD DE UNA ÉTICA PLANETARIA Una de las mayores necesidades del futuro de una humanidad cada vez más conectada e interdependiente está en la construcción de una ética mundial, planetaria, universal; una ética que no elimine, sino que integre y supere los aspectos comunes, positivos y vigentes de las éticas históricas, tal y como intentaron, con un manifiesto conjunto, las religiones del mundo, claves también en los actuales conflictos: “Por ética mundial no entendemos una nueva ideología, como tampoco una religión universal unitaria más allá de las religiones existentes ni, mucho menos, el predominio de una religión sobre las otras. Por ética mundial entendemos un consenso básico sobre una serie de valores vinculantes, criterios inamovibles y actitudes básicas personales” (Küng y Kuschel, 1993, 23).
El hecho de que el debate ético esté más vigente que nunca demuestra no solo su necesidad, incluso su urgencia, sino también el fracaso de los fundamentos históricos de las éticas vigentes hasta ahora, fracaso que se inserta en una crisis generalizada de los fundamentos del conocimiento filosófico, científico, técnico, y de la propia idea de desarrollo humano. Una verdadera des fundamentación de las bases sobre las que hasta ahora se había desplegado la vida humana sobre el planeta. Remitimos al capítulo en este volumen en el que se aborda la necesidad de una nueva eco Sofía que replantee también el complejo sistema informativo, controlado en la actualidad por una minoría que representa intereses contrarios a la mayor parte del planeta. La idea de crisis resume nuestro tiempo. Todo parece estar cambiando de forma vertiginosa, y los cambios nos producen desazón y duda. Nuestra crisis generalizada nos aboca a una reflexión en sentido estricto, a una vuelta a repensar nuestros principios de conocimiento, nuestros principios de actuación, nuestros principios de comunicación y de diálogo. Esta toma de conciencia es imprescindible, aunque no suficiente, para intentar superar con éxito cualquier proceso de cambio acentuado. Recordamos, como suele ser habitual, que toda crisis supone al mismo tiempo un conjunto de problemas, de conflictos, de impases, pero también un conjunto de posibilidades abiertas. Y, más allá, que -a pesar de la inevitabilidad de la incertidumbre- lo
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improbable sigue siendo posible. Y que nuevas dinámicas regidas por principios caológicos nos recuerdan que en ocasiones lo que menos esperamos es lo que finalmente sucede. Por ello hemos de estar preparados con creatividad para afrontar lo muchas veces impredecible: dinámicas desencadenadas por “atractores extraños”, que sensibles a determinadas condiciones, terminan por desviar el curso de los acontecimientos. Y aquí, una vez más, resulta fundamental el papel de una buena información, de un buen periodismo, sólidamente fundado y alejado de la espectacularización de las noticias o de la excitación del morbo y de las más viscerales reacciones, como venimos desgraciadamente observando en los últimos tiempos. Todo ello sucede en una coyuntura en la que los principios éticos generales se encuentran también en crisis por el fracaso de sus fundamentaciones religiosas, racionales o tecnológicas. El recurso de “tirios” o “troyanos” a sus “valores” es precario, ya que estos son -en su sentido etimológico- siempre relativos y, por ello, necesitados de una revisión permanente y contextualizada. Una revisión que siempre debe estar abierta al diálogo, la alteridad y la comprensión del otro. Aunque el término haya sido ya superado, el concepto de posmodernidad sirvió en su momento como etiqueta para designar la conciencia de un cambio de época que se venía gestando, y manifestando trágicamente, desde el primer tercio del siglo XX, que había sido el último horizonte utópico de la Modernidad histórica euro-occidental. Es importante recordar que también el periodismo nace como tal en el contexto de la modernidad. Si las culturas pre-modernas basaban su identidad y fundamentaban su praxis social en el pasado, en la tradición repetida y transmitida socialmente (no sin cambios) de una generación a la siguiente, la cultura moderna se quiere orientar hacia un futuro prometedor de libertad, igualdad, fraternidad. Son esos valores, con el sustento del “progreso” derivado de los avances científicos y técnicos, los que no parecen haberse cumplido. Es más: han desembocado en una mega crisis de dimensiones globales desconocidas: el cambio climático, la crisis energética, la alimentaria, la financiera, aumento de la desigualdad y de personas pobres, la pérdida de biodiversidad y de diversidad cultural… son suficientes muestras de ese fracaso del desarrollo que no sólo pone en peligro al planeta sino a la propia especie humana. Como afirma Edgar Morin (2013), desde estas coordenadas, “la idea de desarrollo es una idea subdesarrollada”. Morin (2006, 30), considera que la crisis de los fundamentos éticos en nuestro presente histórico es producida por (y productora de) el deterioro del tejido social y la degradación de las solidaridades tradicionales; la parcelación y disolución de la responsabilidad por la parcelación y burocratización de las organizaciones sociales; el súper desarrollo del principio egocéntrico (individualismo) en detrimento del principio de alteridad y el altruismo y, en paralelo, la primacía del tener sobre el ser. Por ello, el pensador francés insiste en dos ideas a la hora de repensar la nueva ética: por un lado, el reconocimiento del principio de incertidumbre ineludible en la relación entre intenciones y efectos de la acción. Por otro lado, la necesidad de regenerar las fuentes originales de la ética desde la tríada constituyente de lo humano: individuo, sociedad y especie.
Comunicación, ética y periodismo: hacia una ética dialógica de la comunicación
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Y es que la ética, y su manifestación en actos morales, tiene una fuente interior al propio individuo que se le presente como un “deber”; tiene también un origen exterior, cultural, que se concreta en normas precisas en una comunidad humana. Por último, cabe considerar que incluso hay una fuente anterior, trasmitida genéticamente, porque uno de los grandes momentos de la evolución biológica es la “invención” del cuidado de la prole en la historia filogenética de los mamíferos: Se desarrollaron señales entre la madre y el hijo para la mutua comprensión, así como para la satisfacción emocional, de proteger y ser protegido. Con ello se dieron adaptaciones previas que también se pudieron poner al servicio del ligamiento de los adultos… Del cuidado de la prole no sólo se dieron la motivación y los instrumentos para una existencia pacífica en el mundo, sino también al amor, definido como un ligamiento individual (Eibl-Eibesfeldt, 1995).
El primer principio moriniano de la ecología de la acción, incluida la acción supuestamente ética, supone reconocer que toda acción, incluso con “buena intención”, escapa cada vez más a la voluntad de su autor a medida que entra en el juego de las interacciones en el contexto en que interviene. Es el juego dialógico y complejo entre los medios y los fines. Los efectos de la acción, a corto, medio o largo plazo, no dependen solo de las intenciones iniciales del actor sino también de las condiciones del medio en el que tiene lugar. Es decir, no es siempre cierto que la pureza de los medios conduzca a los fines deseados ni que su impureza sea inevitablemente nefasta. Sobre todo, porque la realidad es esencialmente mestiza e “impura”.
ÉTICA PERIODÍSTICA EN TIEMPOS CRÍTICOS Desde la institucionalización social y académica de la comunicación social y el desarrollo de la “opinión pública”, debido al triunfo progresivo de las revoluciones burguesas, se asentó, como fundamento de la actividad de los medios, la teoría liberal: libertad total para la producción, circulación y consumo de información y opinión. Sin embargo, ante los abusos y excesos de la teoría liberal, pronto surgió la necesidad de un cierto “control” o regulación a través de la conocida como teoría de la responsabilidad social. Esta teoría surge de una iniciativa norteamericana, la llamada Comisión Hutchins (1947) y ante la conciencia de que los intereses económicos e ideológicos de los medios no pueden estar por encima de su “responsabilidad” para con la sociedad a la que dicen servir o deberse (los medios como “servicio público”). De ese deseo de hacer compatibles las libertades y derechos con la utilidad y el servicio a la sociedad surgen dos tendencias siempre problemáticas entre sí: una, confiar en la profesionalidad (honradez, objetividad, neutralidad...) de los periodistas, que se autorregulan a través códigos éticos o deontológico; dos, ciertas medidas de control externo (leyes específicas, por ejemplo de control de contenidos o de publicidad, concesión de licencias, organismos reguladores...), esto último siempre rechazado por las empresas y buena parte de los profesionales.
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Ángel Acosta Romero / Manuel Ángel Vázquez-Medel
Hoy, asomados al abismo, la etiqueta de la responsabilidad social se generaliza en el mundo empresarial, institucional, precisamente cuando más bajo ha caído la credibilidad de los medios y los profesionales de la información. En todo proceso de comunicación social hay una regla pragmática no escrita que presupone un contrato imaginario de credibilidad entre el emisor y el receptor. Excepto en ciertos contextos, como los lúdicos, se presupone la veracidad del mensaje transmitido. O, al menos, se le presupone al emisor una cierta fiabilidad y esa inicial intención de “verdad”. En el caso de los medios de información, ese contrato fiduciario es aún más reseñable, precisamente porque los medios y sus profesionales han sido legitimados social e históricamente para ejercer esa función de “mediadores” entre el acontecer público y los potenciales receptores de esa acción comunicativa. Y, sin embargo, de un tiempo a esta parte, ha sido constante la pérdida de confianza y credibilidad de los medios precisamente en el momento en que más necesaria era la “vigilancia del entorno” (Lasswell) y la defensa de los valores democráticos: El Digital News Report 2020 global muestra un incremento tanto de la desconfianza en los medios como de la preocupación social por la proliferación de bulos. España no es una excepción y sólo un 36% de los internautas españoles declara confiar habitualmente en las noticias. Se trata del nivel más bajo de credibilidad informativa desde 2015 (34%) y siete puntos menos que el año pasado. Ni siquiera la confianza en los propios medios que los encuestados consumen –habitualmente más elevada– se salva de este declive y apenas un 42% confía en ellos, 6 puntos menos que en 2019. También los medios sociales o los buscadores de noticias pierden credibilidad entre los usuarios españoles: sólo un 23% y un 32% se fían de ellos, respectivamente (Vara Miguel, 2020)
Esa pérdida de confianza tiene razones internas y externas a los propios medios, pero en todo caso entre ellas se encuentran los avances tecnológicos y su uso (redes sociales), y con la degradación y polarización de la vida política, reflejada y realimentada por los intereses poco edificantes de las empresas periodísticas. Las fake news son solo un síntoma, una manifestación concreta de ese estado de posverdad en el que se han debilitado los viejos fundamentos del consenso social, entre ellos el de la objetividad. La idea de objetividad moderna se sustentó (tanto en ciencia como en periodismo) en la supuesta posible “independencia” del objeto respecto al sujeto que conoce, pero en todo conocimiento y en toda “información” aparentemente “objetiva” hay un sujeto implícito (es decir, subjetividad, individual o colectivamente hablando). La “ideología de los medios” o ideología profesional de los periodistas se basa en dos principios básicos: el tabú de la “manipulación” y la norma exigible de la objetividad. Siendo lo cierto que la “objetividad” es imposible (en el sentido moderno) y la manipulación (manipular: tocar con las manos), es inevitable: El único problema es que hablar, lo que se dice hablar, los hechos no dicen ni palabra. Precisamente por ello una de las tareas del discurso estriba en hacerlos hablar o, más exactamente, en hablar en su nombre… En rigor teórico, postular la “objetividad” de un discurso informativo supone olvidar que la noticia es, antes que cualquier otra cosa, un discurso producido a través de una determinada (entre muchas otras posibles)