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VALIÓ LA PENA

La lucha de Andalucía por su autonomía

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RAFAEL ESCUREDO RODRÍGUEZ JUAN CANO BUESO

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VALIÓ LA PENA La lucha de Andalucía por su autonomía


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES

Manuel Asensi Pérez Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/indexphp/editorial/procedimiento-deselección-de-originales


VALIÓ LA PENA

La lucha de Andalucía por su autonomía

RAFAEL ESCUREDO RODRÍGUEZ JUAN CANO BUESO

Valencia, 2020


Copyright ® 2020 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

© RAFAEL ESCUREDO RODRÍGUEZ JUAN CANO BUESO

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es DEPÓSITO LEGAL: V-2837-2020 ISBN: 978-84-18534-26-3

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A mis padres Avelino y Carmen que me enseĂąaron a respetar al otro y me educaron en los valores de la libertad. Rafael Escuredo

A Francisco y Concha, mis padres, en el recuerdo. Juan Cano


Índice Prólogo.............................................................................................................................. 13 Advertencias y agradecimientos.................................................................................. 21

I EL FINAL DE LA ESCAPADA..................................................................................... 25

II UN BREVE APUNTE HISTÓRICO........................................................................... 39

III LOS ORÍGENES DEL DISCURSO ANDALUCISTA............................................. 49

IV TARDOFRANQUISMO Y DESCENTRALIZACIÓN: UN ENTE REGIONAL PARA ANDALUCÍA............................................................................................ 67

V LA POSICIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS ANTE LA CUESTIÓN TERRITORIAL............................................................................................................... 71

VI LA CONSTITUCIÓN COMO LUGAR DE ENCUENTRO................................... 93

VII EL PUNTO DE ARRANQUE: LAS ELECCIONES GENERALES DE 1977..... 97

VIII LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA ASAMBLEA DE PARLAMENTARIOS ANDALUCES....................................................................................................... 105


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Índice

IX LAS MANIFESTACIONES DEL 4 DE DICIEMBRE DE 1977 Y EL ASESINATO DE MANUEL JOSÉ GARCIA CAPARRÓS................................................. 109

X UN PROBLEMA IMPREVISTO: LA INTEGRACIÓN DE CEUTA Y MELILLA.................................................................................................................................... 115

XI EL RÉGIMEN PROVISIONAL PREAUTONÓMICO: EL NACIMIENTO DE LA JUNTA DE ANDALUCÍA............................................................................... 121

XII PLÁCIDO FERNÁNDEZ VIAGAS, PRESIDENTE: EL PACTO DE ANTEQUERA............................................................................................................................. 131

XIII ANDALUCÍA: ¿NACIONALIDAD O REGIÓN?.................................................... 143

XIV RAFAEL ESCUREDO, PRESIDENTE: EL CONTADOR AUMENTA DE REVOLUCIONES........................................................................................................... 149

XV HACIA EL REFERÉNDUM DEL 28F........................................................................ 165

XVI UCD SE DESMARCA: LA RACIONALIZACIÓN DEL PROCESO AUTONÓMICO.......................................................................................................................... 185

XVII LA PRE-CAMPAÑA, LA CAMPAÑA Y SUS INCIDENCIAS: LA HUELGA DE HAMBRE DE ESCUREDO Y LA DIMISIÓN DE CLAVERO....................... 193


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Índice

XVIII EL ESCRUTINIO............................................................................................................ 213

XIX ALMERÍA Y EL DESBLOQUEO DEL PROCESO: “O EL 151 O NINGUNO”. 227

XX LA SOLUCIÓN FINAL................................................................................................. . 243

XXI LA TRAMITACIÓN Y APROBACIÓN DEL ESTATUTO DE AUTONOMÍA DE 1982................................................................................................................... 251

XXII UN ESTATUTO DE AUTONOMÍA PARCIALMENTE ‘RACIONALIZADO‘.. 265

XXIII LAS PRIMERAS DIVERGENCIAS............................................................................ 281

XXIV LAS ELECCIONES AUTONÓMICAS DE 1982...................................................... 289

XXV LA CONTRIBUCIÓN DE ANDALUCÍA A LA RECONFIGURACIÓN DEL ESTADO AUTONÓMICO........................................................................................... 309

XXVI LA CONSTITUCIÓN DEL PRIMER PARLAMENTO DE ANDALUCÍA........ 327

XXVII EL PROBLEMA DE LA CAPITALIDAD.................................................................. 335

XXVIII LA INVESTIDURA DEL PRESIDENTE ESCUREDO.......................................... 339


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Índice

XXIX LA DINÁMICA POLÍTICA DE LA NUEVA COMUNIDAD AUTÓNOMA. ESPECIAL REFERENCIA A LA LEY DE REFORMA AGRARIA....................... 347 Epílogo.............................................................................................................................. 361 Notas.................................................................................................................................. 371


Prólogo

¿Qué hace un historiador prologando un libro sobre el proceso autonómico andaluz escrito por Rafael Escuredo y Juan Cano Bueso, personajes suficientemente conocidos? El lector pensará con razón que ni los autores necesitan prologuista ni el contenido del libro requiere de más presentación que el propio título. Es posible que lo considere un libro de memorias, escrito a dos manos, donde seguro aparecerán episodios quizá no contados, todo lo más intuidos, y donde es posible que los autores aprovechen para pasar factura a algunos políticos conocidos de la época. Que el momento culminante de la narración sea la dimisión de Escuredo y su alejamiento del aparato del partido socialista añade cierto morbo a su lectura. Efectivamente, el libro da a conocer por primera vez episodios nunca narrados del proceso autonómico que seguro serán del interés del lector. Pero el libro es mucho más que eso … Ofrece la visión personal de los autores que, como es bien sabido, fueron protagonistas del proceso, perspectiva que ha sido poco frecuente en los estudios de este tipo. No son muy habituales los testimonios que mezclan la reflexión política e institucional con la dimensión más factual del proceso, completando hechos e interpretaciones políticas de indudable interés para conocer cómo se gestó la constitución del poder autonómico andaluz. Su lectura es de grandísima utilidad tanto para los historiadores, que encontrarán aquí una fuente inapreciable, como para los andaluces en general. Aporta datos y circunstancias sobre el ambiente social y político de la época que ayudan a entender el contexto de la lucha por la autonomía y de las dificultades que hubo que vencer para alcanzarla. Sin quebrantar el debido secreto de deliberación de los órganos de gobierno, aquí se desvelan conversaciones con los principales acto-


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res del proceso (Suárez, Felipe González, Alfonso Guerra, etc…) que ayudarán a entender mejor un periodo tan controvertido como la Transición Política. Por ejemplo, las razones que llevaron a la dimisión de Rafael Escuredo de la presidencia de la Junta, estrechamente vinculadas a la proyectada ley de reforma agraria, un tema de gran poder simbólico que muestra bien a las claras el desconocimiento que muchos dirigentes políticos de entonces, especialmente en Madrid, tenían de la realidad de Andalucía. Volveré sobre este tema más tarde. Se desvelan también sabrosas conversaciones con las autoridades civiles y militares de los primeros años de la transición, que describen muy gráficamente el contexto hostil en que tuvo lugar la instauración del nuevo régimen democrático; etc…. Pero el texto permite, también, algo que para un historiador tiene un valor incalculable: conocer de primera mano qué estaba en la cabeza de las personas que dirigieron o estuvieron en primera fila de la lucha por la autonomía. Los libros de memorias suelen cubrir este flanco, pero lo hacen desde la justificación de lo hecho o buscando la empatía del lector sobre las decisiones más controvertidas. En este caso, los autores construyen una narrativa original del proceso autonómico en la que se combina lo vivido con el análisis ex post facto de la realidad de aquellos tiempos. Puede decirse que la narración, tarea propia de los historiadores, es construida en este libro por los protagonistas sin caer en la justificación, sino en la explicación: ello no quiere decir que el libro carezca de objetividad. En ese sentido, queda claro desde el principio que este es un libro que interpreta el acceso de Andalucía a la autonomía desde la óptica de una corriente específica del socialismo democrático, vinculado al PSOE. Se podría argumentar que este no es el primer ensayo o trabajo sobre el proceso autonómico escrito por un socialista, desde luego; pero sí es el primer libro escrito desde la corriente socialista que más decididamente impulsó el proceso autonómico y que finalmente lo hizo realidad, corriente que no estuvo en este punto conforme precisamente con las posturas defendidas por la dirección. En algunos escritos sobre el proceso autonómico he defendido una tesis coinci-


Prólogo

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dente con los autores cuando afirman que la Junta Preautónómica (luego autonómica) liderada por Rafael Escuredo y las propuestas políticas de reivindicación del andalucismo histórico y el nacionalismo de clase, están en el origen del proceso de construcción de la nacionalidad andaluza y en la constitución de Andalucía como entidad política con derechos históricos propios que arrancan del 28F y de la lucha del pueblo andaluz por su autonomía plena del artículo 151 de la Constitución. El reconocimiento ciudadano de este capital político es lo que ha propiciado la hegemonía del PSOE de Andalucía durante doce años y que haya conservado el Gobierno de la Comunidad Autónoma durante casi otros cuarenta. No cabe duda, Rafael Escuredo y lo que él representaba supieron interpretar este liderazgo, pese a que, una vez dimitido, los sucesivos gobiernos socialistas descuidaran la conservación de ese impulso inicial y la promoción y consolidación de una, como diría Ramón Máiz, “cultura nacional” andaluza. A comienzos de la Transición Política, la lucha por la democracia y la autonomía de Andalucía representaba algo más que la implantación de un sistema político representativo. Como ya había ocurrido al comienzo de la Segunda República, la instauración de un régimen democrático significaba la oportunidad de ver resueltos los dos problemas seculares de Andalucía: las enormes desigualdades sociales y el atraso económico. Los intelectuales de aquellos años expresaban su descontento con el escaso nivel de desarrollo económico y achacaban al centralismo franquista y a su política económica la discriminación que sufría Andalucía, carente de industria, aquejada de desempleo estructural y discriminada en las inversiones públicas. Era esta una preocupación compartida por la gran mayoría de los ciudadanos que culpaban de ello a un Estado que no había podido o querido acometer las acciones necesarias para solucionarlo. Las encuestas de la época reflejaban este sentimiento de agravio comparativo y el convencimiento mayoritario de que los problemas más acuciantes de Andalucía encontrarían solución con la Autonomía. Destaco este rasgo porque, a diferencia a lo ocurrido en otros territorios, la fusión entre el problema territorial y el social marcó


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la especificidad del proceso autonómico andaluz. En la conciencia popular, el subdesarrollo se había conformado también como una variante de la desigualdad, entre los territorios ricos del norte y los pobres al sur. Este doble componente de rechazo, tanto de las desigualdades sociales como territoriales, expresaba la identificación del régimen democrático no sólo con el ejercicio de las libertades formales y el derecho de sufragio, sino también con una concepción de la democracia misma como no dominación. De esta manera, la lucha por la democracia apareció indisolublemente unida a la lucha por la autonomía, tal y como sucedió en otros territorios del Estado español. Pero con una peculiaridad muy significativa: la “conciencia andalucista”, esto es el andalucismo popular, caló entre los andaluces no cómo una expresión de la existencia de rasgos étnicos que les hiciera reconocerse diferentes de los demás pueblos que componían el Estado español, sino como un afán de democracia y de igualdad. Esta concepción cívica del andalucismo tenía su reflejo en las encuestas de opinión de la época, donde una y otra vez quedaba claro que la pertenencia a una comunidad política diferenciada no se entendía en clave excluyente y que la identidad andaluza no se percibía incompatible con el sentimiento de pertenencia por abajo, a una entidad local, ni por arriba, al Estado español. Incluso el nacionalismo o regionalismo que defendían a comienzos de la Transición los partidos políticos andalucistas, especialmente el PSA, era un nacionalismo de carácter político y no étnico que encontraba en el socialismo, es decir en la igualdad, su único medio de realización. Un discurso identitario que resultaba compatible con la democracia ya que no negaba la pluralidad, antes bien hacía mención expresa al carácter universalista de la cultura andaluza. No obstante, fruto de la competencia partidista y de la estrategia seguida por el PSA, esta opción política optó por la radicalización de los supuestos regionalistas, pasando a una definición nacionalista que encontró soporte en una lectura etnicista del andalucismo. Con ello el PSA pasaba de un regionalismo socialista dictado por las


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maneras desiguales en que se desarrolló el capitalismo en España, sin fundamentación étnica del hecho diferencial, a un nacionalismo basado en ella y en los derechos colectivos de autogobierno que otorgaba. Este viraje hacia la homologación nacionalista del andalucismo fue la respuesta a la marcha del debate territorial en curso que amenazaba con sancionar las diferencias entre las nacionalidades históricas y las demás. Los autores describen bien este debate entre los partidarios de una descentralización administrativa del Estado y los que pretendían reconocer los derechos de las llamadas nacionalidades históricas. A Andalucía no le había dado tiempo a completar su proceso autonómico durante la Segunda República, interrumpido por la sublevación militar y, por tanto, no podía ser considerada una “nacionalidad histórica”…. Esa identificación entre autonomía e igualdad hacía imposible un acuerdo partidario en el que Andalucía ocupase un lugar secundario o no recibiera el mismo trato que el País Vasco o Cataluña. Ello se puso de manifiesto, por ejemplo, en el acuerdo amplio entre los partidos políticos a favor del acceso a la autonomía por la vía del artículo 151, rechazando cualquier tipo de discriminación frente a otras comunidades autónomas. El PSOE, con el liderazgo de Rafael Escuredo, supo interpretar mejor este sentimiento y acabó convirtiéndose en el partido autonomista y a la vez de izquierda que demandaba buena parte del electorado andaluz. El espacio que quiso ocupar el PSOE no fue el del nacionalismo que había definido el PSA en su II Congreso y que transitaba hacia una concepción nacionalista extraña a la identidad andaluza. El PSA dejó para el PSOE el espacio de la izquierda moderada y progresivamente también el espacio del andalucismo de naturaleza cívica o política. Dicho de otro modo, el PSOE logró representar ese nacionalismo político o democrático e igualitario que sólo podía tener su asiento en la izquierda. Los andaluces se decantaron en las elecciones de 1982 por el partido que mejor interpretó este sentimiento andalucista (de atraso, autonomismo como instrumento de redención y agravio comparativo), despojándolo de adherencias


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etnicistas y posturas excluyentes. El PSOE se identificaba además con la izquierda y también con la democracia. Pero para ello tuvo que divergir de la dirección del PSOE y de su discurso uniformista, tímidamente federal, quizá en coincidencia con la tradición unitarista y españolista que desde su fundación venía manteniendo. Los autores destacan en el capítulo XXIII las divergencias programáticas que mantuvo Escuredo con la posición oficial del PSOE tanto en Madrid como en Andalucía. Es este uno de los capítulos desde mi punto de vista más interesantes del libro, donde se sitúan en su justa medida las divergencias habidas entre Escuredo y el aparato del PSOE tanto sobre la “cuestión nacional” o el problema territorial de España como del otro asunto de la agenda política andaluza que no coincidía en absoluto con la española, caso de la reforma agraria. Del mismo modo que la dirección federal del PSOE no supo ver el enorme apoyo social de la demanda de igualdad que estaba detrás de la reivindicación de autonomía plena para Andalucía y de la corrección de la estrategia política de quienes defendía su implementación, tampoco supo ver la importancia simbólica de una propuesta como la reforma agraria. Pero, ¿tiene el libro alguna utilidad o es un mero ejercicio arqueológico que, como otros tantos trabajos académicos, apenas tiene conexión con la realidad? Parafraseando el título, ¿vale la pena leer este libro? El libro es muy oportuno en un momento como el que vivimos, en que los dos problemas históricos de España resurgen con fuerza. La cuestión social ha vuelto a colocarse en el centro de la contienda política, debido al aumento de las desigualdades agravadas primero por la crisis económico-financiera y, después, por la pandemia del coronavirus. Ello se traduce en un clima de enfrentamiento entre la izquierda y una derecha que no asume los costes fiscales que tiene el sostenimiento del Estado de Bienestar. Desde que la reforma del Estatuto catalán fue parcialmente rechazada por el Tribunal Constitucional y se produjo la deriva independentista de una parte de los catalanes, las tensiones entre los partidarios de un Estado más federal y los partidarios de un estado recentralizado han vuelto a co-


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locar en el centro el problema de la articulación territorial del Estado español. Todo ello en un clima de crispación política inusitada. En ese contexto, el libro significa la afirmación de dos cuestiones muy relevantes conectadas entre sí. De un lado, la reivindicación de la utilidad del autogobierno y de la autonomía política de Andalucía que ofrece la posibilidad de desarrollar en todo su potencial el Estatuto reformado en 2007. La salida de la doble crisis que afrontamos, la económico-financiera y la causada por el covid19, han puesto de manifiesto la necesidad de un cambio de modelo económico que sólo un poder andaluz fuerte puede acometer. De lo contrario, esta será otra oportunidad perdida que no nos podemos permitir. La segunda, tiene que ver con la resolución del problema catalán y los deseos de independencia de un segmento muy significativo de la población catalana. El riesgo de que haya una solución recentralizadora o una solución que consagre la desigualdad territorial es muy alto. Ambas perjudican seriamente a Andalucía. Conviene recordar, como argumentan los autores, que Andalucía forma parte de las llamadas nacionalidades históricas, en igualdad de condiciones con las demás, que Andalucía se autodeterminó entre 1977 y 1982 y que cualquier solución desigual al reconocimiento de la personalidad y capacidad de autonomía de Cataluña difícilmente será aceptada por Andalucía. Conviene recordar también que Andalucía impulsó, gracias a su negativa a asumir un Estado asimétrico, un modelo de Estado que pretendía garantizar la igualdad de los ciudadanos, independientemente del territorio de origen. El proceso recentralizador y de renacionalización españolista posterior no puede achacarse, como algunos pretenden, a la iniciativa andaluza. Conviene recordar, en fin, que sólo un proceso rigurosamente democrático e igualitario, como el que protagonizó el pueblo andaluz, puede ser la solución a la cuestión territorial cuando se solapa con la social. Es más, un andalucismo cívico como el que promovió Rafael Escuredo, capaz de generar un consenso tan amplio entre el pueblo andaluz, es la mejor base para afrontar los dos principales retos que España tiene planteados hoy: el cambio de modelo económico en la


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perspectiva de la doble transición, ecológica y digital, y el modelo territorial. Un nuevo discurso de la identidad política basado en el nacionalismo democrático y en la pluralidad cultural es el que mejor se adecua al reto. El nacionalismo democrático, especialmente en estos momentos en que nuestra sociedad es cada vez más multicultural y multiétnica, debe fundamentarse en unas identidades culturales construidas sobre la pluralidad, el mestizaje y la diversidad, donde la posesión de derechos, valores e instituciones de naturaleza democrática contribuya decisivamente a la cohesión. El reto del nacionalismo democrático consiste en pasar de un demos culturalmente homogéneo y étnicamente definido a un demos multicultural y multiétnico. Se trata de eliminar en lo posible las adherencias etnicistas de la identidad, que son las que conducen al problema territorial a un callejón sin salida, al todo (la independencia) o nada (el centralismo estatal), para fundar la identidad en los valores de la diversidad cultural y la democracia. Andalucía, como tantas veces, marcó el camino y este libro así lo pone de manifiesto. Manuel González de Molina Catedrático de Historia Contemporánea Universidad Pablo de Olavide


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