COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
EDUCACIÓN, DERECHO Y SALUD Una visión interdisciplinaria de la educación y salud
PATRICIA RIZO MORALES MARÍA EMILIA MONTEJANO HILTON
Centro Panamericano de Estudios Sociales y Estadísticos (CESE)
Ciudad de México, 2016
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© Patricia Rizo Morales María Emilia Montejano Hilton
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El sentido de la educación La crisis en la educación es un motivo de preocupación en cualquier momento, aun si no fuera un reflejo, como lo es la actual, de una inestabilidad y crisis más generalizada de la sociedad moderna, porque la educación es una de las actividades más elementales y necesarias de la sociedad humana, que nunca permanece igual, sino que se renueva continuamente a sí misma a través del nacimiento, de la llegada de nuevos seres humanos (Arendt, 1954).
A pesar de haber tratado el tema de la crisis en la educación a mediados del siglo XX, Hannah Arendt (1954) identifica tres elementos del pensamiento liberal pragmático utilitarista que aplican perfectamente en el análisis del conflicto educativo del siglo XXI, como lo hace notar Sanabria (2008), en relación a la crisis de autoridad y la didáctica por competencias, que han tenido tan desfavorables resultados en la educación liberal y se resumen en tres situaciones básicas: a) La postulación de la emancipación del mundo de los niños del dominio de los adultos, lo que significa que los menores quedan abandonados a sus posibilidades, desfigurándose la autoridad familiar y escolar (lo que al final se refleja en todas las figuras de autoridad en la sociedad). b) El acento en la pedagogía centrada en los métodos de enseñanza, devaluando la autoridad y el saber del maestro y quitando importancia a la interiorización de contenidos. c) La sustitución del conocer por el hacer (contenidos por habilidades) y del trabajo por el juego (del esfuerzo disciplinado por la actividad lúdica espontánea), lo cual altera el pensamiento abstracto de los niños, lo mantiene en el mundo concreto y práctico infantil, con la lógica de los derechos más que de los deberes, sin que los adultos asuman su lugar como agentes de la educación. Como lo expresa Arendt (1954), la educación es el punto en el que decidimos si amamos al mundo lo suficiente como para asumir responsabilidad por él y salvarlo de la ruina que, a menos que se
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mantenga renovado, sería inevitable; y al mismo tiempo es donde decidimos si amamos a nuestros niños lo suficiente como para no abandonarlos a sus propios medios, ni quitarles de las manos la posibilidad de emprender algo nuevo, no previsto por nosotros, sino prepararlos para la renovación de un mundo compartido. En México y en el mundo la educación se ha convertido en un foco de alerta a partir de los fracasos de los sistemas educativos en la mayoría de los países del mundo, problema íntimamente relacionado con los cambios estructurales de las sociedades actuales en un mundo globalizado que no logra solucionar las crecientes contradicciones y polarización de la organización social. En un intento de hacer frente a la problemática educativa en el mundo entero, la UNESCO ha establecido metas educativas para periodos determinados, coordinando la labor de los gobiernos nacionales con el fin de elevar la calidad y la inclusión educativa. El conocido Informe Delors: La educación encierra un tesoro, presentado a la UNESCO por la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI, presidida por Jacques Delors, en 1996, propuso una visión integrada de la educación, basada en los paradigmas del aprendizaje a lo largo de toda la vida y los cuatro pilares pedagógicos: aprender a ser, a conocer, a hacer y a convivir. Este documento se presentó como un instrumento de ayuda para progresar en el desarrollo humano armonioso con los ideales de paz, libertad y justicia social, capaces de hacer frente a las contradicciones de la mundialización en el núcleo del desarrollo de la persona y de las sociedades, tales como las que ocurren entre lo mundial y lo local; entre lo universal y lo particular; lo público y lo privado, teniendo presente el carácter único de cada persona y su vocación única para la autorrealización a través del desarrollo de todo su potencial, “en la riqueza mantenida de sus tradiciones y de su propia cultura, amenazada, si no se presta atención, por las evoluciones que se están produciendo” (Delors, 1996, pág. 13). Esta visión centrada en los educandos, en su unicidad, vio la conveniencia de añadir nuevas disciplinas para el conocimiento de sí
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mismo, el autocuidado y las habilidades para convivir con los demás en la responsabilidad compartida por el conocimiento y preservación del medio ambiente. La educación, recalca este informe, no se logra con programas escolares cada vez más recargados académicamente, sino mediante la preservación de los elementos esenciales que enseñen a vivir mejor, gracias a los conocimientos, la experimentación y la formación de una cultura personal. Considera como misión educativa el favorecer la fructificación de los talentos de todos, y que cada uno se responsabilice de sí mismo y realice su proyecto personal. “El mundo, frecuentemente sin sentirlo o expresarlo, tiene sed de ideal y de valores que vamos a llamar morales para no ofender a nadie” y es muestra de la tensión entre lo espiritual y lo material (Delors, 1996, pág. 13). Al adoptar este informe como principio, la UNESCO aceptó la necesidad de revalorizar los aspectos éticos de la educación como la única manera de detener el curso caótico de la dinámica económica en la era de la globalización, tarea en la que incluyó a la comunidad y a la familia. Posteriormente se reformuló el compromiso mundial respecto a la educación básica de calidad para todos, Educación para Todos (EPT), en el Foro Mundial sobre la Educación en Dakar, en el año 2000, con objetivos a lograr antes de 2015. A partir de entonces, las prioridades educativas fueron: el fortalecimiento de la alfabetización, la profesionalización de los docentes, el desarrollo de las competencias para el mundo del trabajo y el aprendizaje a lo largo de la vida, vinculando todos estos objetivos con el programa global de Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS) de la UNESCO. Su objetivo es integrar la comprensión y el respeto de sí mismo, de los demás y del medio ambiente a todos los aspectos de la educación, con el fin de suscitar un cambio de comportamientos que favorezca el logro de una sociedad más sostenible y justa para todos. La UNESCO promovió el Decenio de las Naciones Unidas de la Educación para el Desarrollo Sostenible de 2005 a 2014. En la declaración de 2005 en Bonn, se exigió la reorientación de los sistemas de
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aprendizaje hacia la creación de oportunidades para todos, a través del desarrollo de conocimientos, habilidades y valores acordes con los desafíos de sostenibilidad del siglo XXI relacionados con los efectos de la globalización en la vida de las personas y de las familias. Se sustentó en el documento de La Carta de la Tierra, que parte del principio de reconocer la importancia de la educación moral y espiritual para una vida sostenible. Debemos tomar la decisión de vivir de acuerdo con un sentido de responsabilidad universal, identificándonos con toda la comunidad terrestre, al igual que con nuestras comunidades locales. Somos ciudadanos de diferentes naciones y de un solo mundo al mismo tiempo, en donde los ámbitos local y global, se encuentran estrechamente vinculados. Todos compartimos una responsabilidad hacia el bienestar presente y futuro de la familia humana y del mundo viviente en su amplitud. El espíritu de solidaridad humana y de afinidad con toda la vida se fortalece cuando vivimos con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza1.
El sentido del desarrollo sostenible abarca todas aquellas acciones que conduzcan a preservar la vida y el medio ambiente, con respeto a la dignidad de las personas en sociedad de acuerdo al bien común, la equidad económica, la justicia social y la convivencia armónica de los seres humanos entre sí, consigo mismos y con el entorno natural (Aznar, 2013). Tanto la Declaración Mundial sobre Educación para Todos de 1990 como el Marco de Acción de Dakar de 2000 sostienen que la calidad constituye el centro de la educación, y se le define con base en dos principios – El primero es el desarrollo cognitivo, como un indicador de la calidad de los aprendizajes logrados. – El segundo se refiere a la promoción de actitudes y valores relacionados con una buena conducta cívica y con la creación de
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La Carta de la Tierra, documento en PDF: http://www.earthcharterinaction. org/invent/images/uploads/echarter_spanish.pdf.
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condiciones propicias para el desarrollo afectivo y creativo de los educandos. Para lograr estas metas, la UNESCO hace un llamado a la vinculación de todos los actores de la educación a nivel local y regional con las instancias gubernamentales y la participación de los individuos, familias, instituciones y comunidad en las decisiones de planeación educativa. Es a partir de esta convocatoria que inicia el interés por explorar los aspectos humanos que inciden en el desarrollo educativo integral, y que se presentan en este trabajo.
Nuevo giro mundial en la perspectiva educativa Las últimas conferencias de la UNESCO muestran el giro que ha dado su enfoque educativo a partir de la reunión de expertos de alto nivel en febrero de 2013, con la iniciativa de replantear la educación a la luz de la situación mundial y con una perspectiva de solidaridad, respeto por la vida, igualdad de derechos humanos y diversidad cultural, para alimentar el debate sobre estos temas. El documento titulado: Replantear la educación en un mundo en mutación cuestiona la visión de los cuatro pilares del aprendizaje del informe La educación encierra un tesoro de Delors (1996), con el argumento de que esta postura anterior representa al poder de la región Norte del planeta y no considera la diversidad cultural, política y económica de las regiones del Sur: “Si se reconoce la relación de poder entre sistemas de conocimiento del Norte y del Sur, se considerará necesario, por consiguiente, cuestionar la dominación de la filosofía de la educación del Norte que ha llevado a patologías sociales, económicas, financieras, ambientales y morales (...) Es necesario apartarse de la ilusión de un solo mundo y un solo modelo y reconocer la realidad de la diversidad de las culturas, los modelos de desarrollo y las visiones del mundo. Basándose en los principios del respeto a la diversidad y la igual dignidad, la educación puede combatir la dominación cultural y la idea de una sociedad mundial homogeneizada (UNESCO, 2013, págs. 7-13)2. El Documento de posición sobre la educación después de 2015, publicado por la UNESCO reúne los lineamientos para los programas educativos mundiales a partir de este momento. Su fundamento se encuentra en la relación de la educación con el desarrollo económico
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El documento informativo sobre la reunión de expertos está disponible en: http://unesdoc.unesco.org/images/0022/002247/224743S.pdf.
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y social, es decir su papel en la erradicación de la pobreza, el acceso a un trabajo digno, el aumento de ingresos, la inclusión social, el mejoramiento de la salud, higiene y la equidad. La polaridad económica y social, como una de las mayores contradicciones de un mundo globalizado ha llevado a conducir los objetivos globales de la UNESCO a procurar la inclusión, la equidad y asegurar el acceso a la educación de calidad en todos los niveles para todos por igual para 2030. Su fin es construir sociedades justas, inclusivas, pacíficas y sostenibles. Este objetivo global se plasmará en el 2015 en metas concretas mundiales con las que los países se comprometerán y rendirán cuentas, conforme a los indicadores correspondientes. Esta iniciativa regresa la atención hacia la enseñanza y aprendizaje pertinentes y de calidad, se centra en los temas de docentes y contenidos: “Las pruebas cada vez más abundantes de que la mala calidad de la educación es una de las causas de los bajos niveles y los déficits (o las desigualdades) de aprendizaje han llevado a los encargados de la formulación de políticas y a la comunidad internacional a centrar nuevamente la atención en el mejoramiento de la impartición de una educación de calidad”3. Considera como factores esenciales en la calidad de la educación: a) Docentes bien formados y motivados que enseñen eficazmente, utilizando métodos pedagógicos inclusivos y participativos que tengan en cuenta las cuestiones de género para lograr resultados efectivos del aprendizaje. b) Contenidos pertinentes para todos los educandos, y adaptados al contexto en el que viven. c) Entornos de aprendizaje seguros, inclusivos y que tengan en cuenta las cuestiones de género, propicien el aprendizaje y pro-
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Documento disponible en: http://unesdoc.unesco.org/images/0022/002273/ 227336s.pdf.
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muevan una educación plurilingüe basada en la lengua materna. d) Lograr que los educandos alcancen niveles suficientes de conocimientos y competencias conformes a las normas nacionales en cada grado. e) Fortalecer las capacidades de los educandos para que sean innovadores, creativos y asimilen el cambio en sus sociedades y lugares de trabajo respectivos durante toda su vida. f) Reforzar los medios para que la educación contribuya a la paz, una ciudadanía responsable, el desarrollo sostenible y el diálogo intercultural. La nueva agenda deberá movilizar a todos los países y partes interesadas y tendrá una pertinencia universal dentro de un marco más amplio de desarrollo internacional. Su enfoque deja de ser centrado en el alumno para volver a un paradigma comunitario; privilegia los aspectos cognitivos sobre los formativos, reduce el significado de calidad a los aspectos medibles, escinde los aspectos académicos de los disciplinarios y emocionales en el concepto de educación y deja en desequilibrio la balanza de derechos y obligaciones de los diferentes actores de la educación. La educación forma parte de todos los procesos políticos y sociales de cada época y responde también a las demandas de reproducción o de cambio económico y social, el sentido integral de la educación ha sido un supuesto básico en todos los tiempos, sin embargo los valores privilegiados en cada momento no son los mismos, por ejemplo, la época de las especialidades y la división de conocimientos, condujo a la parcialización del saber en grados extremos, deshumanizando el conocimiento y haciéndolo más preciso, pero menos comprehensivo. Este modelo de la especialización mostró su ineficiencia en muchos sentidos, pues además de separar lo teórico y lo práctico, y las distintas ciencias y áreas de conocimiento, también separó lo académico de lo disciplinario, privilegiando lo primero; así la formación integral de las personas dejó de ser primordial, lo más importante era ser experto en un aspecto particular. A partir de la
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ineficiencia que mostró en el mundo laboral, médico y empresarial, entre otros, la ignorancia generalizada y la especialidad en una sola área, se cambió la demanda produciendo teorías que validarían la importancia de las multi-habilidades que resultan de gran utilidad para el desarrollo de competencias laborales, sociales, deportivas, y muchas otras. Con esta mirada crítica debe considerarse la visión de la educación ceñida a los aprendizajes medibles y metas de inclusión y equidad, que le quitan peso a la integralidad de la educación para cada alumno en particular, al desarrollo humano de la persona en su valor intrínseco y como miembro de una comunidad, de una sociedad y del mundo. El sentido de la educación en la era del conocimiento adquiere una gran importancia ante la abundancia de información obtenida en pocos segundos; ahora no se trata de acumular conocimientos sino de saber integrarlos con principios axiológicos y utilizarlos para el bien común. Esto requiere de una sólida formación para el discernimiento de lo que es pertinente, confiable, verídico y moral. Para comprender la educación en su sentido amplio, partiremos del concepto kantiano que la concibe como un arte dirigido a la búsqueda de la perfección humana, gracias a la cual el hombre llega a ser disciplinado, cultivado, prudente y moral (Kant, 1985): a) Disciplinado: impedir que la animalidad se extienda a la humanidad, tanto en lo individual como en lo social. El autocontrol y la capacidad de sobreponerse a los deseos inmediatos ayuda al logro de metas, sin desviarse ni perder el rumbo. El fin de la disciplina es que los hijos no hagan uso perjudicial de sus fuerzas y las encaminen hacia su propio bien y el de los demás. b) Cultivado: haber sido instruido en contenidos y lograr el conocimiento y habilidad de ejercer las propias facultades. c) Prudente: como la mejor forma de forjar el carácter para adaptarse a la sociedad, para ser querido y tener influencia. Exige
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buenas maneras y amabilidad. Aquí corresponde la enseñanza de la civilidad. d) Moral: tener un criterio sobre los buenos fines, reconocibles cuando además de serlo para cada uno, puedan ser fines para todos y cuando las normas de acción puedan convertirse en leyes universales. De acuerdo a Kant ésta es la dimensión prioritaria de la educación, y a la vez la menos puesta en práctica, porque requiere de la convicción interna y del mero cumplimiento de preceptos externos, como lo exige el Derecho4. La labor educativa entonces tiene dos fines: El primero es el dominio sobre lo instintivo, los impulsos y emociones y el segundo es la obtención del aprendizaje de saberes necesarios para integrarse productivamente a la sociedad. La educación de las emociones la inician los padres a través de sus cuidados y enseñanzas iniciales de adaptación a la realidad: la tolerancia a la frustración, la capacidad de postergar la gratificación, las normas básicas de convivencia, disciplina, desarrollo de la autonomía y autocontrol, éste último entendido como el progreso que el niño tiene en su camino hacia la autosuficiencia, es decir, el habla y la locomoción en los primeros 24 meses y enseguida control de esfínteres y hábitos de higiene y cuidado. Así, en las diferentes etapas del desarrollo, los padres ayudan a los hijos a controlar deseos instintivos y satisfacer necesidades de manera mediada por la racionalidad, de tal manera que su satisfacción no sea perjudicial a la integralidad de su persona ni a los demás. Así se irán dominando pulsiones agresivas y sexuales como la única manera de integrarse en un grupo y una comunidad. La segunda parte es el aprendizaje escolar en la educación formal, incluye la instrucción de contenidos y la dirección de la voluntad para poner en práctica los conocimientos por el bien común y el propio.
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Las Lecciones sobre pedagogía de Kant en la Universidad de Königsberg fueron publicadas en 1803, y se encuentran en versión digital en: www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.
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De acuerdo con los fines de la educación en la ética kantiana, en la medida en que la educación se centre en la valoración del educando en todas sus dimensiones y se le trasmita su importancia, su unicidad, su compromiso en participar para el bien común y no de manera solitaria e individualista, en esa medida solamente se podrá lograr que la vida en todas sus formas siga reproduciéndose de manera saludable sin que esto impida la prosperidad económica en las sociedades de manera equilibrada y con oportunidad de participación para todos aquéllos que se lo propongan y asuman el compromiso y responsabilidad que esto implica.
El problema educativo y su repercusión en el desarrollo La comprensión de los factores de incidencia en los bajos resultados educativos en México en las evaluaciones nacionales e internacionales, requiere de una visión integral, que no solamente atienda los aspectos pedagógicos escolares, cuestiones curriculares y la preparación docente, sino que incluya otros signos paralelos que han causado alarma en nuestro país y en el mundo, relacionados estrechamente con deficiencias de formación, sobresaliendo los siguientes: a. Crecientes tasas de depresión en menores. b. Altos índices de suicidios. c. Obesidad y trastornos de la conducta alimenticia. d. Uso de sustancias: alcohol, tabaco y drogas. e. Sexualidad precoz, embarazo de menores, abortos. f. Violencia escolar, victimización o bullying. La frecuencia de trastornos mentales entre los adolescentes ha aumentado en los últimos veinte años en el mundo; el informe de la UNICEF lo atribuye a la ruptura de las estructuras familiares, al aumento del desempleo entre los jóvenes y a las aspiraciones educativas y profesionales poco realistas de los padres respecto a sus hijos5. Otras investigaciones y evaluaciones psicopedagógicas han mostrado que la mayoría de los problemas de aprendizaje (Andere, 2013; Milne y Plourde, 2006) se asocian más a factores familiares (90%), que a los factores escolares, que en su conjunto representan un promedio del diez por ciento. Asimismo se ha encontrado correlación entre éxito académico, condición de salud y ambiente familiar, en
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Datos de UNICEF: http://www.unicef.org/spanish/sowc2011/pdfs/Capitulo-2-021011.pdf.
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especial la vinculación afectiva, las expectativas de los padres y el estilo educativo parental, lo que conlleva la urgencia de implementar mecanismos reales de comunicación y colaboración entre la familia y escuela, que actualmente solamente existe en los escritos, pero no en los hechos. Lo cierto es que los padres quedan marginados de las decisiones escolares y son ajenos a la ideología trasmitida a sus hijos en temas formativos. Esta situación demuestra la falta de definición y ambigüedad en cuanto a las responsabilidades y derechos de los padres en la formación de los niños y adolescentes, con efectos directos en su desarrollo psicológico y educativo, e indirectos en la dinámica de la sociedad. La educación no siempre es cuantificable a través de resultados; es un proceso que puede ser evaluado a través del comportamiento, actitud, calidez en la interacción humana, satisfacción con sus logros, paz interior, confianza en sí mismo, autonomía y muchas otras aptitudes, actitudes y talentos que van desarrollándose gracias al apoyo educativo congruente y concertado de tres entornos fundamentales: la familia, la escuela y la comunidad. Sin embargo, la desvinculación es cada vez más significativa y tiene repercusiones que rebasan los resultados de las evaluaciones educativas, para poner en peligro hasta la vida misma de los menores. Tal es el reciente caso de muerte por bullying de un alumno de primero de secundaria en Tamaulipas en mayo de este año, en donde una desgracia hace evidente la consecuencia de la disociación entre padres, autoridades escolares y maestros. Lo peor es que los casos de muerte de menores a causa de suicidio, uso de sustancias o embarazos, pudieran ser prevenidos si existieran políticas públicas que integraran a la familia en la toma de decisiones en materia educativa, especialmente en los aspectos disciplinarios y axiológicos. A pesar de que el entorno familiar se considera de la mayor relevancia en el proceso educativo, ni las iniciativas de la UNESCO ni el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 y tampoco los programas gubernamentales a nivel nacional o local reactivan la participación de la familia o su integración en los proyectos. La Reforma Educativa
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de este año se sostiene en que los directivos, maestros, alumnos y padres de familia podrán tomar decisiones conjuntas para mejorar el proceso educativo en cada plantel, otorgándole mayor autonomía de gestión a las escuelas; pero independientemente de que deben fomentarse programas que reactiven la vinculación interinstitucional, lo cierto es que esta Reforma no extiende el tema educativo a sus connotaciones comportamentales relacionadas con la salud mental, el fortalecimiento de la ética y la capacidad reflexiva como una prioridad en la sociedad del conocimiento. Si bien se consideran los temas sociales de equidad y justicia, que forman parte de los programas de la UNESCO en las iniciativas de Educación para Todos y de Educación para el Desarrollo Sostenible, no se le da la importancia requerida al cuidado de la salud y de la vida como parte de los procesos educativos. Los problemas escolares no se pueden resolver si no se atienden de manera conjunta con los problemas expresados en conductas disruptivas o de riesgo y con síntomas relacionados con la salud física y mental de los estudiantes. Será necesario ampliar el espectro de atención para incluir, además de los procesos relacionados con el sistema educativo (preparación de los docentes, recursos y currículo), la reflexión a fondo sobre la problemática relacionada con la conducta y salud de los menores, que ciertamente tiene consecuencias en el bajo rendimiento académico y el rezago educativo. Para hacer frente a la formación integral: cognitiva, actitudinal, comportamental y ética, el compromiso de colaboración entre la familia y la escuela es un requisito indispensable, ¿existen razones de fondo para mantener esta desvinculación? Educar ya no es sólo transmitir, enseñar el patrimonio de cultura a las jóvenes generaciones, sino ayudar al nacimiento de algo nuevo, singular, a la vez que continuación de una tradición que ha de ser necesariamente reinterpretada (Ortega y Mínguez, 2003). El acto de educar se entenderá aquí en la acepción de: “dirigir, encaminar, desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven”, como define el término la Real Academia Española.
Objetivos A partir de los supuestos establecidos, los objetivos de este trabajo se han dirigido al análisis de la relevancia de los factores familiares en los logros educativos, considerados éstos en relación al rendimiento escolar y a la salud física y mental de los estudiantes de educación básica en México. En este sentido se establecieron objetivos particulares: 1. Identificar los factores que inciden en los trastornos depresivos y en la conducta suicida de niños y adolescentes, enfocando la atención al ambiente familiar y los estilos de crianza. 2. Analizar los índices de consumo de alcohol, tabaco y drogas en los menores, identificar factores ambientales y familiares que favorecen esta conducta y relacionarlos con el rendimiento y comportamiento escolar. 3. Examinar los factores individuales, familiares y sociales que intervienen en la sexualidad precoz y de riesgo de los menores, y las consecuencias psicológicas y sociales del embarazo y aborto. 4. Analizar la relación entre los trastornos de la conducta alimentaria y la obesidad con los vínculos parentales y ambiente familiar. 5. Indagar las situaciones sociales y familiares asociadas a conductas disruptivas, violentas y de victimización o bullying y contribuir a la concientización de la responsabilidad compartida de la familia y de la escuela. 6. Explorar el marco normativo y programático relacionado con los factores investigados y las principales acciones gubernamentales para afrontarlos, de tal manera que se puedan desprender propuestas de política pública a partir de las dimensiones educativas no contempladas hasta ahora.
Capítulo 1
Contexto educativo El contexto social de la escuela es un factor de la mayor relevancia en los resultados de la educación, está conformado por los alumnos, maestros, directivos, administración escolar, las familias y la comunidad, pero los agentes decisivos son los padres y los educadores escolares. Por ello, el Programa de Acción Específico Escuela y Salud (2007-2012) consideró muy importante fortalecer el ambiente psicosocial favorable a la salud, apoyando el vínculo de la escuela y la familia y creando un clima de respeto y confianza para contribuir a la prevención de adicciones y violencia, así como otras conductas que pueden dañar el aprendizaje de los niños6. Los estudios de sociología de la educación en los que se sustenta la información de UNICEF7, inducen a pensar que los alumnos cuyo entorno familiar tiene ideales cercanos a los de la escuela muestran mayor inclinación al esfuerzo por aprender y a adquirir un nivel más elevado de competencias cognitivas, mientras que cuando los ideales están en contradicción con los de la escuela pueden tratar de escapar a su situación paradójica rebelándose y disminuyendo, por ejemplo, sus esfuerzos por aprender. De ahí la importancia de extender el estudio del tema a la familia como protagonista de la educación (Ballenato, 2008) y hacer conciencia de los efectos que tiene su configuración en el éxito o fracaso escolar de los hijos. Hasta este momento el sistema educativo Mexicano se ha abocado a la persecución de mejores resultados de los alumnos y docentes en
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Uno de los objetivos específicos del Programa de Acción Específico 20072012. Escuela y Salud, página 41. Disponible en: http://www.spps.gob.mx/ images/stories/SPPS/Docs/proy_prog/17._pes.pdf. De acuerdo a las investigaciones que fundamentan el informe de la UNESCO de 2005, sobre la calidad educativa dentro del programa EPT. http://www. unesco.org/education/gmr_download/es_summary.pdf.