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ROSARIO ATHIÉ JAVIER ROS CODOÑER

Rosario Athié. Filósofa. Profesora-investigadora de la Universidad Panamericana, Campus Guadalajara, México, del Departamento de Humanidades. Imparte las materias de Filosofía Social y Filosofía Política. Su área de expertiz es la figura y obra de John Henry Newman. Ha publicado El asentimiento en J. H. Newman, la traducción de John Henry Newman. Una biografía, escrita por Ian Ker, entre otras, así como textos de temas de Filosofía social.

Rosario Athié / Javier Ros Codoñer

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SUBSIDIARIEDAD

¿Qué importancia tiene reflexionar sobre la subsidiariedad? ¿Cómo vivir este Principio Social para vivir la justicia entre quienes sustentan la autoridad y las personas que tienen a su cargo? ¿Qué impacto tiene en la familia y en la sociedad el que la autoridad inmediata sepa prestar la ayuda que sus subalternos necesitan para llegar a ser autónomos? ¿Por qué una familia donde se vive la subsidiariedad afianza sus relaciones mutuas para que sus miembros crezcan interiormente? Estas y muchas otras cuestiones se abordan en este libro de Rosario Athié y Javier Ros Codoñer sobre La subsidiariedad en y desde familia.

SUBSIDIARIEDAD FAMILIA, COMUNIDAD Y SOCIEDAD POLÍTICA

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Javier Ros Codoñer. Sociólogo. Profesor de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”, de la sección española del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II y de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. Autor y coordinador de diversas obras y artículos de investigación y reflexión social. Entre ellas cabe destacar Sociología de la familia y la sexualidad, La familia. 150 preguntas y respuestas y Sociología de la experiencia religiosa.


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


SUBSIDIARIEDAD Familia, comunidad y sociedad política

Rosario Athié Javier Ros Codoñer

tirant humanidades Ciudad de México, 2019


Copyright ® 2019 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades México publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com/mex/

© Rosario Athié y Javier Ros Codoñer Imagen portada: Claudia Mar

© EDITA: TIRANT HUMANIDADES DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, Piso 4 Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 Ciudad de México Telf: +52 1 55 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-17973-49-0 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice PRÓLOGO.............................................................................................................. 9 José Pérez Adán INTRODUCCIÓN................................................................................................ 13 Rosario Athié

Capítulo 1 EL ORDEN SOCIAL Y LA SUBSIDIARIEDAD 1.1. EXPLICACIÓN FILOSÓFICA DEL ORIGEN DE LA SOCIEDAD.... 17 1.2. EXPLICACIÓN SOCIOLÓGICA DE LA RELACIÓN SOCIAL.......... 23 1.3. LA SUBSIDIARIEDAD COMO UNA FORMA PECULIAR DE RELACIONARSE DE MANERA VERTICAL.............................................. 28 1.3.1. El orden social y la subsidiariedad.................................................. 35 1.3.2. Autoridad en Simone Weil............................................................... 37 1.3.3. La ayuda complementaria por parte de la autoridad inmediata...................................................................................................... 40 1.3.4. Límite de la subsidiariedad: autonomía y crecimiento personal.................................................................................................... 45

Capítulo 2 LAS RELACIONES INTRAFAMILIARES 2.1. VISIONES SOBRE LA FAMILIA............................................................... 53 2.2. LA FAMILIA COMO UNA RELACIÓN SOCIAL................................. 60 2.3. DINÁMICAS PROPIAS EN EL SENO DE LA FAMILIA...................... 68 2.3.1. El matrimonio, relación fundante de la familia............................. 68 2.3.2. Las relaciones intergeneracionales en la familia: nociones generales..................................................................................................... 73 2.3.3. La procreación, base de la relación intergeneracional en la familia......................................................................................................... 77 2.3.4. La relación de paternidad................................................................. 80 2.3.5. Principales dificultades de origen social en las relaciones intergeneracionales padres-hijos............................................................. 82 2.4. LA FAMILIA COMO LUGAR PRIVILEGIADO PARA FORMAR EN LAS RELACIONES DE SUBSIDIARIEDAD.................................... 86


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Capítulo 3 LA COMUNIDAD Y LA SOCIEDAD POLÍTICA DESDE LA FAMILIA 3.1. LA MEDIACIÓN SOCIAL DE LA FAMILIA.......................................... 95 3.1.1. Mediaciones entre géneros............................................................... 97 3.1.2. Mediación entre generaciones y con la parentela......................... 99 3.2. LA FAMILIA: APORTACIONES FUNDAMENTALES A LA VIDA SOCIAL.......................................................................................................... 99 3.3. LA CIUDADANÍA DE LA FAMILIA Y LA SUBSIDIARIEDAD........ 104 3.4 FAMILIA Y SALUD SOCIAL..................................................................... 110 BIBLIOGRAFÍA..................................................................................................... 113


Prólogo Estamos ante uno de los temas más relevantes de nuestro tiempo. Nada es más importante para el debate público, hoy en día, que la familia. Si repasamos los temas candentes en la vida política comunes a casi todos los países, resaltan asuntos como los relacionados con la definición legal de matrimonio, el reconocimiento del derecho a/de los hijos, la cuestión de la legitimidad, el aborto, la conciliación, la fiscalidad familiar, la educación, la dependencia, la excepcionalidad o no de minorías, la violencia doméstica, e, incluso, propuestas de futuro como la reformulación de la mayoría de edad y el derecho al voto temprano. Todos, temas que tienen una relación directa y basal con la familia. Hasta hace bien poco en casi todos los intercambios académicos y debates públicos la familia se daba por supuesto, como también el acuerdo de distinción o separación entre la esfera pública y la privada. Sin embargo, ahora ni lo uno ni lo otro generan acuerdo espontáneo en el marco de megálogos a media o gran escala. Parece como si la modernidad nos haya dejado en herencia una época de ambivalencia, indefinición e inseguridad que agrega dificultad a la capacidad de reconocernos a nosotros mismos como lo que somos, esto es, de distinguirnos de los demás humanos como individuos y de los no humanos como especie, que es casi lo mismo que decir la capacidad de conceptualizar la familia como un universo o entidad propia. Sí, es necesario centrar esfuerzos en estudiar la familia como objeto concreto y peculiar de conocimiento. En esto estamos ante un reto novedoso y es una tarea que se está echando mucho en falta. Desafortunadamente la urgencia de recetas para alimentar los debates públicos y la necesidad de posicionarse en la toma de posturas políticas partidistas sobre el tema, muchas veces ha excluido a la ciencia y ha dejado a la ideología como único agarradero conceptual en los pronunciamientos sobre la familia. El resultado es la torpeza, cuando no la mezquindad, de adelantar al conocimiento con la oportunidad,


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José Pérez Adán

como si hubiese una familia de izquierdas y otra de derechas en vez de una familia humana. El desconocimiento es ciertamente generalizado, peligrosa y mayormente en ámbitos políticos. Por ello son tan necesarios libros como éste, que ayuden y den luces para entender y comprender desde la ciencia y la academia la realidad familiar humana. El estudio de la familia es un saber transdisciplinar que debe de comunicar perspectivas y paradigmas en su aproximación al objeto de conocimiento. Sin embargo, en no pocas ocasiones la Sicología, el Derecho, la Sociología, o la Antropología han mantenido pretensiones de exclusividad o preponderancia, hoy de todo punto insostenibles, por lo que al estudio de la familia se refiere. Estamos ante un objeto y un saber compartido, como así reflejan estas páginas. Uno de los retos que tenemos planteados en los estudios e investigaciones sobre la familia es el de conformar y exportar una terminología precisa que alcance e impregne los medios de comunicación, al menos los usados y referidos en el diálogo político público. Una terminología propiamente académica y despolitizada que permita usar los adjetivos del término familia para avanzar el conocimiento y no para ganar controversias. Y al tiempo, también para enriquecer poco a poco el discurso con precisiones terminológicas saludables, cual es caso, por ejemplo, de nuevos conceptos como los de familia funcional o de familia responsable, este último tan afín a la escuela comunitarista que hemos comentado en no pocas ocasiones. La familia, por último, tiene una peculiaridad que es común a algunos otros objetos de conocimiento: que es también sujeto. La familia es sujeto de deberes y de derechos y en esa medida los estudios de familia no deben de contemplar su objeto como algo inerte. La familia puede progresar y puede decaer. La familia es vida que se ajusta a parámetros de identidad y realidad que conforman tradición, pero la familia es también camino, a fin de cuentas, un conocimiento inacabable. Más razón, si cabe, para ponernos a ello. Para profundizar y avanzar en su estudio y nunca creer que ya lo sabemos todo al respecto.


Prólogo

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Este texto nos abre un camino andadero que puede ayudar a descubrir a quien lo transite un horizonte de dedicación gustosa, bien sea en el ámbito académico o en el de la acción pública. Ojalá sea así y la ilustración llegue a un tema que muchas veces es tratado desde el sectarismo y la ignorancia.

José Pérez Adán Valencia, agosto de 2019


Introducción La portada de esta obra está inspirada en una imagen real que tuve oportunidad de contemplar, en el jardín de mi casa. Fue un proceso digno de mirar: cómo una colibrí iba fabricando su nido, colocó dos pequeños huevos, los cobijó hasta que nacieron sus crías. Luego, cómo las fue alimentando y calentando. Pasados unos días, pasar, me quedé asombrada. Vi cómo voló sin problema la primera cría, pero la segunda no se animaba, entonces la madre pasó con cuidado su esbelto pico por debajo de las patitas de su pequeño, animándolo a volar. En aquellos tiempos ya reflexionaba sobre el significado de la ayuda complementaria, y me pareció la imagen perfecta para un libro sobre la subsidiariedad. Es esa ayuda medida y precisa, la intervención indispensable para que quienes estén a nuestro cuidado, siendo de alguna manera autoridad, cumplan por sí mismos con las funciones que les corresponden y logren la autonomía que les es propia. Los autores de este libro agradecemos a José Pérez Adán que haya participado en esta obra con su Prólogo, pues mucho de lo que aquí se contiene ha sido inspirado gracias a las conversaciones con él a través de sus obras y también de viva voz. Este libro es el resultado de mucho tiempo de diálogo y trabajo compartido. Por ello debo mencionar a personas como Ana Beatriz Preciado, que facilitó que los elementos generales de esta obra quedaran bien constituidos. A José Miguel Herrera y Eusebio Santoyo, con quienes he podido trabajar el tema de la autoridad. Y si bien, a mí me ha correspondido dirigir y conjuntar el trabajo de muchos, finalmente ha sido Javier Ros quien ha aportado la parte más extensa. El proyecto original contemplaba explicar por separado la subsidiariedad en la familia, en la comunidad y en la sociedad política. Sin embargo, al ir profundizando en el tema, hemos comprendido que es la familia el lugar privilegiado para ejercer la ayuda complementaria. La relación de los padres de los hijos es plenamente subsidiaria. Es


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Rosario Athié

en la familia donde se enseña y se aprende a vivir la subsidiariedad. Ello requiere una visión clara del objetivo final de la ayuda que se presta: la propia autonomía. Después será posible trasladarlo a otros ámbitos en los que se ejerce la autoridad respecto a uno o más subalternos. Sea éste el trabajo, o cualquier otro ámbito, pero particularmente, en la relación de la autoridad política respecto a las personas a las que sirve, pues la autoridad ha de ser, ante todo, un servicio. En México existe la expresión, a nivel gubernamental, del “subsidio”. Aunque podría asemejarse la palabra subsidio a la de subsidiariedad, en ocasiones el primer término se utiliza como un gasto a fondo perdido, para solventar asuntos determinados que podrían apoyarse o no, pues sólo depende de la voluntariedad de quien dispone de dichos recursos. Mientras que la subsidiariedad es un asunto de justicia. Es decir, la autoridad exige a sus subalternos unos resultados determinados, según la función que les corresponde. Sin embargo, si el subalterno carece de algún elemento que le impide responder a lo que se le pide, corresponde a la autoridad inmediata facilitarle los medios imprescindibles para que por sí mismo sea capaz de cumplir con lo que se le ha exigido. No se le puede pedir a alguien lo que no puede dar. Pero si con una pequeña intervención de la autoridad inmediata puede lograrlo, es obligación de ésta ofrecerle esa ayuda. Esto se aplica de manera muy clara en el ámbito del desarrollo personal y de la educación. Es propio de un niño pequeño aprender a caminar. Pero debe ser él quien lo intente, y quizá pueda darse algún traspié, pero si en vez de dejarle solo a que se esfuerce, se le toma en brazos, su desarrollo se va a detener. Pero le va bien, quizá, el que le animen a que lo siga haciendo, sin suplirlo. A lo largo de esta obra se irán dando más ejemplos concretos. Sólo se trata ahora de poner algunos antecedentes de la cuestión a la consideración del lector. El punto de partida de la reflexión corresponde al marco de la relacionalidad, concepto acuñado y ampliamente desarrollado por el sociólogo italiano Pierpaolo Donati. Esa relación peculiar que vincula a las personas tiene una aplicación especial en la relación entre la autoridad inmediata y las personas a su cargo. En particular, el te-


Introducción

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ma de la autoridad ha sido aportación de la filósofa francesa Simone Weil. La subsidiariedad se considera un Principio Social, y que, por tanto, se aplica en todos los ámbitos donde cabe la relación entre quien sustenta la autoridad y quien es sujeto de ella. Debo insistir en un detalle: la subsidiariedad es un deber de justicia para la autoridad inmediata, lo que marca con claridad el respeto a las líneas de autoridad, tanto de parte de los subalternos, que deben acudir a pedir ayuda a quien corresponde, sin saltarse a la siguiente instancia en la jerarquía. Es necesario resaltar el objeto final de la ayuda complementaria: la autonomía. Es decir, que la subsidiariedad sólo debe mantenerse por poco tiempo y de manera circunstancial, y que la autoridad debe animar a que las personas a su cargo se desenvuelvan lo más posible por si solas. La segunda parte de este trabajo está dedicado a la familia, bajo la misma premisa de la relacionalidad. Finalmente, se muestra cómo viviendo la subsidiariedad en la familia, se influirá positivamente para que se impulse esa sana autonomía desde la familia a todos los ámbitos de la sociedad. Hemos procurado el rigor académico en la exposición; sin embargo, nuestro mayor deseo es que estas líneas sirvan de orientación y guía a todas aquellas personas que ejercen la autoridad en y desde la familia y que, si en algún aspecto han preferido el paternalismo, se comprenda que dar de más es suplir y ello detiene el desarrollo de las personas. O si, por el contrario, en ocasiones se ha dejado de facilitar la ayuda oportuna a quienes están a su cargo, puedan vislumbrar lo indispensable que puede resultar una pequeña intervención. Y finalmente, que todas las personas gocen viendo volar por sí mismas a sus hijos, a sus alumnos, a sus empleados, a sus conciudadanos…

Rosario Athié


Capítulo 1

El orden social y la subsidiariedad A lo largo de la historia los seres humanos se han preguntado recurrentemente ¿quiénes somos?, aplicado tanto a la propia persona como a sus semejantes y las relaciones que guardan entre sí. De ahí se desprenden otras inquietudes, como ¿cuál es el lugar que ocupamos dentro de la realidad natural y en el mundo?, ¿cuál es la posibilidad de conocer a otras personas?, ¿qué nos hace semejantes?, ¿a qué se deben las diferencias?, ¿cuál es el carácter de las relaciones que tenemos con los otros? Estas preguntas muestran la realidad humana en su complejidad.

1.1. EXPLICACIÓN FILOSÓFICA DEL ORIGEN DE LA SOCIEDAD Una forma de acercarnos a dar respuesta a estas inquietudes es comprender el lugar jerárquico que corresponde a los seres humanos en el amplio marco de la realidad que nos circunda. Para ello, tomaremos dos referencias. En primer lugar, la de John Henry Newman, quien en su libro Idea of a University1, hablando sobre el conocimiento de la realidad en la universidad, hace ver que está conformada tanto de Dios, a la cabeza de la jerarquía de los seres, como de seres espirituales puros, seres vivos corpóreos y seres inanimados. La segunda propuesta, es más específica al mundo material, pues Aristóteles planteada en su Tratado del alma2 que los seres se dividen en dos grandes grupos, los naturales y los artificiales. Los seres naturales se distinguen de los seres artificiales en que estos últimos son trans-

Newman, J. H., Idea of a University. Washington, Gateway Editions 1999. Discursos 3 y 4. 2 Aristóteles, Acerca del alma. Madrid, Gredos 2003. 1


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formados por el hombre a partir de los naturales. La clasificación de los seres naturales se subdivide en seres animados o vivos y seres inanimados, como son las piedras y los minerales. Los seres vivos corpóreos tienen movimiento inmanente, se mueven por sí mismos gracias al principio vital o alma. Entre los seres naturales animados se encuentran las plantas, los animales y el hombre, a los que corresponde un tipo de alma vital para las plantas, alma sensitiva para los animales, y alma racional para los seres humanos. La clasificación aquí mencionada ha sido precisada, hoy en día, gracias a la investigación biológica taxonómica; sin embargo, la distinción aristotélica sigue siendo válida en términos generales en tanto que muestra los distintos tipos de vida de los seres naturales y muestra el lugar que entre ellos tiene el hombre, a su vez que pone un antecedente por el cual sólo las relaciones entre seres humanos conforman una sociedad. Entre los seres vivos corpóreos, el tipo de alma que poseen señala las operaciones que son capaces de realizar. Las plantas poseen alma nutritiva cuya función es la conservación del individuo: alimentarse, crecer y reproducirse; es decir, el tipo de actividad que es capaz de realizar es la autoconservación y la propagación de la especie. Por su parte, los animales poseen alma sensitiva que subsume las operaciones del alma nutritiva y de manera específica conoce mediante los sentidos externos e internos, además de poseer apetitos; en el alma sensitiva se tiene una interrelación superior con el entorno que le rodea ya que es capaz de tener percepciones particulares de la realidad que le circunda y tender hacia los bienes particulares o rechazarlos según sea el caso mediante los apetitos. Finalmente, los seres humanos estamos constituido por el alma racional que posee las operaciones del alma sensitiva en grado superior, además de estar facultada para conocer intelectivamente y querer volitivamente. Así pues, aunque todos los seres vivientes son animados no son iguales entre sí, el criterio de ordenación entre ellos está dado por las operaciones que son capaces de realizar. En el alma racional, la inteligencia realiza una operación inmanente con resul-


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tados inmateriales. También la volición es una operación inmanente pues, aunque tiende al bien particular en cada caso, el resultado que es el querer tiene lugar en el sujeto que lo realiza. Estas dos facultades de conocimiento y volición racional, nos capacitan para comprender las cosas como son y elegir entre ellas las que hayamos comprendido como más apropiadas para nosotros en cada caso. Esta cualidad de la voluntad a la que llamamos libertad es el toque que hace que las relaciones interpersonales tengan un carácter peculiar al que el sociólogo italiano, Pierpaolo Donati llama relacionalidad3. Cabe otro antecedente filosófico para comprender mejor a qué se refiere este término sociológico. La relacionalidad es un tipo de relación específico que resulta de los vínculos creados entre personas. ¿Qué es entonces la “relación”? En su obra Tratado de las categorías4, Aristóteles explica que hay dos maneras de existir: existir en sí mismo, al que llama “sustancia” o existir en otro, existir en la sustancia, que son los “accidentes”. Este fue el resultado de su observación sobre el movimiento o cambio. Hay cambios radicales en los que una cosa deja de ser lo que era, para pasar a ser otra cosa. Es el caso en el que un papel es quemado, deja de ser papel para pasar a ser ceniza de papel. A este tipo de cambios los llama sustanciales. Mientras que hay otras modificaciones en las que permanece la misma sustancia, pero cambian algunas de sus condiciones, a este tipo de cambio lo llama accidental. Ello no supone que sean cambios secundarios, pues accidental no es sinónimo de fortuito o irrelevante. Es el caso del crecimiento de un ser vivo, que cambia no sólo de tamaño, sino que se va perfeccionando, con un cambio cualitativo. De manera que la substancia es primero, y en ella los accidentes son inherentes. Si tomamos por ejemplo un árbol concreto y real, éste es la sustancia, mientras que el color de sus hojas, la textura de su tallo, la fuerza de sus raíces son accidentes del árbol. Los accidentes que inhieren en la substancia, son los que especifican una realidad

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Cfr.: Donati, P., Teoria relazionale della società. Milán, Angeli 1991. Aristóteles, Libro de las categorías. Buenos Aires, Colhiue 2000.


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determinada. Los accidentes que podemos encontrar en los seres materiales son nueve: cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, posición, hábito o estado, acción y pasión, o ser afectado por algo. Siguiendo con el ejemplo del árbol, sus accidentes son, sin agotar cada uno: de cualidad, el color de cada una de tronco, raíces y hojas; de cantidad, los kilos que pesa; de relación, con las plantas que le circundan; de lugar, se encuentra en el bosque de Chapultepec; de tiempo, 15 años; de posición, de pie; de hábito o estado, sano; de acción sobre algo, purifica el aire; de pasión o ser afectado por algo, es podado por el jardinero. De estos nueve accidentes, el que se vincula con esta explicación sobre el origen de la sociedad es el accidente de relación. Este accidente tiene la peculiaridad de que no inhiere en una sustancia, sino que se localiza entre dos sustancias. El accidente de relación será el más externo, después del de posesión, ya que denota los nexos establecidos entre los individuos, más que la manera en que afecta a la sustancia. Es la relación la que vincula o referencia entre sí a dos o más sustancias. Se llaman relativas aquellas cosas que se comprenden refiriéndonos a otras cosas, o que están de alguna otra manera en relación con algo. Aristóteles en Las Categorías5 sostiene que ‘en relación’ se dice de varias maneras. Uno, comparativamente respecto a cualquiera de los accidentes; por ejemplo: ser mayor que…, más blanco que…, igual de letrado que…, tan añejo como el vino. Dos, no a todo relativo le corresponde un contrario; por ejemplo: no hay contrario de doble, o de triple. Tres, todos los relativos se dicen con relación a un recíproco; por ejemplo: el amo se dice de un esclavo y el esclavo del amo. De entre los sentidos señalados como se puede utilizamos el accidente de relación, el sentido aplicable al tema que nos interesa es el tercero: todos los relativos se dicen con relación a un recíproco. Así, en el caso del amo y su esclavo, la relación es recíproca, el esclavo se dice sólo respecto al amo y el amo respecto al esclavo. En el ejemplo dado, la reciprocidad sucede cuando algo se da adecuada

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Íbid.


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y simultáneamente por naturaleza. La relación establecida se refiere al ser de la cosa y no al modo de decirla. Es decir, la relación implica a dos sujetos y es una referencia de ida y vuelta. Cuando nos referimos a la relación que guardan dos personas humanas entre sí, estas relaciones mantienen las condiciones de esas dos sustancias personales, con su carácter de racional, que conoce intelectivamente, que elige libremente y que no está determinado por el instinto, como sucede con los animales. Por ello se ha elegido un término que hace hincapié en que la sociedad es una red de relaciones, pero unas relaciones peculiares marcadas por la libertad. Por ello se utiliza también un término propio, el de relacionalidad. Las relaciones interpersonales que no han sido elegidas, como es el caso de la primera y fundamental relación de los seres humanos, que la relación que guardamos, como hijos de nuestros padres que nos dieron la vida, se trata de una relación que de ningún modo elegimos, nos es imputable; sin embargo, se asume libremente, se acepta y se obra en consecuencia. A partir de la relacionalidad se hará posible el relato de las vivencias que dan lugar a la historia personal. Pues las relaciones establecidas señalan la naturaleza libre para entablar vínculos entre las personas, más allá de la perspectiva de tiempo lineal transcurrido por cualquier individuo. Por un lado, en el caso de los vínculos que son elegibles como el novio, el marido, los amigos… con los que podemos optar de manera recíproca y para formar parte de nuestra vida, o bien, se decide que dejen de ocupar un lugar en ella, para dejar de ser parte del devenir de nuestra historia. Es decir, sí será imputable cualquier relación contraída consciente o inconscientemente. Por esta razón, hemos de buscar que los amigos que tengamos contribuyan a nuestro desarrollo pues de lo contrario estarían entorpeciendo mi crecimiento y yo el de ellos en tanto que dicha relación se da de ida y vuelta. Esto es lo que sucede con una relación que no está basada en la búsqueda del bien del otro. Por otro lado, en cualquier relación de parentesco consanguíneo (quien quiera que sean nuestros abuelos, hermanos, tíos, primos, etcétera) se establecen los vínculos


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no elegibles como son la filiación de los hijos hacia sus padres, o la fraternidad ente los hermanos; aunque no se han elegido subsiste la capacidad de decidir la mejor manera de llevar una interacción con ellos. Desde el punto de vista de la Filosofía Social, la relacionalidad es necesaria porque no somos autosuficientes sino interdependientes; dada la interdependencia se precisa la reciprocidad. La reciprocidad es el intercambio simbólico que tiene lugar en un circuito de donaciones en ambas direcciones: dar-recibir. La relacionalidad incluye tres partes: la donación, la aceptación y el intercambio. El don se refiere a la atención de las necesidades del otro según las propias posibilidades. Para estar en actitud de donación es necesaria la conciencia de los recursos materiales e inmateriales con los que se cuenta para ponerlos a disposición del otro. La aceptación es la actitud de recibir lo donado. El intercambio señala que habrá ayuda disponible cuando se necesite. Algunas de las razones por las que sucede el intercambio social son: utilidad, reconocimiento, afecto. Los hechos sociales son las relaciones interpersonales mismas. Los presupuestos de la intervención social son tres: no existen sujetos aislados, la participación incide sobre las tramas relacionales y considerar las nuevas relaciones que surgen como consecuencia de la intervención de los participantes sociales. Algunas realidades sociales que pueden ser definidas como fenómenos relacionales son el trabajo, la familia, la educación, la ciudadanía, la atención sanitaria, el consumo, la marginación, etc. La práctica relacional nos permitirá incidir en la sociedad, puesto que la participación estará condicionada por los factores de espacio-temporales y socio-culturales. Además de considerar el ámbito subjetivo referido a los valores y proyectos personales, así como al ámbito objetivo dado por las normas y los recursos disponibles. Las relaciones sociales se componen de: ego, alter ego y la relación misma, que no depende de los sujetos que la llevan a cabo, aunque solo pueda darse ahí. Los dos primeros se refieren a las partes actoras y la última, al vínculo que se establece. Por ejemplo, entre hombre


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