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El cuerpo del delito La cosificación sexual de las mujeres

María Lameiras-Fernández Yolanda Rodríguez-Castro Alba Adá-Lameiras

tirant

humanidades plural


EL CUERPO DE DELITO

LA COSIFICACIÓN SEXUAL DE LAS MUJERES


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES

Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


EL CUERPO DEL DELITO

LA COSIFICACIÓN SEXUAL DE LAS MUJERES

MARÍA LAMEIRAS-FERNÁNDEZ Universidad de Vigo YOLANDA RODRÍGUEZ-CASTRO Universidad de Vigo ALBA ADÁ-LAMEIRAS Universidad Rey Juan Carlos

tirant humanidades Valencia, 2022


Copyright ® 2022 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de las autoras y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com. Este libro es un resultado de transferencia del proyecto de investigación “el acoso sexual a través de los comentarios sobre el cuerpo en las relaciones interpersonales: compartiendo acciones y estrategias para el cambio” (referencia PID2019109613RB-I00) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de Ayudas a “Proyectos de I+D+I” en el marco de los Programas Estatales de Generación de Conocimiento y Fortalecimiento Científico y Tecnológico del sistema de I+D+I y de I+D+I orientada a los Retos de la Sociedad, en la convocatoria 2019.

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María Lameiras-Fernández Yolanda Rodríguez-Castro Alba Adá-Lameiras

TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email: tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-19632-01-2 Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Aspiro, señores, a que reconozcan que las mujeres tienen su propio destino; que sus primeros deberes naturales son para consigo misma (…) Emilia Pardo Bazán (1851-1921)


Índice Prólogo.............................................................................................................................

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Capítulo 1 Cuerpos sexuados generizados: la construcción social de las mujeres como el “segundo sexo” 1.1. La construcción de la “inferioridad” de los cuerpos de las mujeres..............

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1.2. La construcción de la “inferioridad sexual” de los cuerpos de las mujeres..

38

Notas. Capítulo 1............................................................................................................

55

Capítulo 2 Cuerpos objetivizados: las mujeres convertidas en objetos de consumo 2.1. El papel del cuerpo y su objetivización en la construcción de las identidades generizadas.....................................................................................................

65

2.2. La objetivización de los cuerpos de las mujeres...............................................

69

2.3. Los cuerpos sexuados (des)empoderados de las mujeres............................... 2.3.1. De la sexualización a la hipersexualización......................................... 2.3.2. ¿Empoderamiento a través de la hipersexualización?........................ 2.3.3. (Des)empoderamiento sexual...............................................................

79 79 86 93

Notas. Capítulo 2............................................................................................................

100

Capítulo 3 Los cuerpos de las mujeres: los derechos 3.1. El derecho a la igualdad.......................................................................................

111

3.2. Los Derechos Sexuales y Reproductivos............................................................

115

3.3. El derecho a la Educación Sexual....................................................................... 3.3.1. La Educación Sexual en las leyes educativas en España.................... 3.3.2. La Educación Sexual Integral................................................................

123 124 127

Notas. Capítulo 3............................................................................................................

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Epílogo Leer correctamente la realidad Notas. Epílogo.................................................................................................................

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Prólogo Os damos la bienvenida y nos presentamos. Somos María Lameiras, Yolanda Rodríguez y Alba Adá. Tres académicas que representamos a tres generaciones de mujeres, afanadas en desafíos vitales y profesionales diferentes, que hemos decidido unir nuestras voces para hablaros de un tema en el que estamos muy (pre)ocupadas: la cosificación del cuerpo de las mujeres. La verdad es que no es la primera vez que hablamos de este tema, pero es la primera vez que lo hacemos juntas, y ya os adelantamos que no será la última. Comenzamos a redactar este prólogo mientras en los medios de comunicación el mundial de fútbol en Qatar acapara los titulares y las noticias. Unos titulares y noticias en los que se habla “mucho” de los hombres que compiten, que como ningún otro deporte ejemplifica la masculinidad más tradicional; y, junto a ellos, las noticias nos dejan saber también mucho sobre los hombres que organizan, e incluso sobre los hombres que disfrutan de la competición futbolística más importante a nivel mundial. Enfrente están las “pocas” noticias que hablan de las mujeres que asisten como aficionadas, de las profesionales que retransmiten y, también, las pocas noticias que nos hablan de las mujeres qataríes, recordándonos, eso sí, que viven bajo la tutela masculina, sometidas a la Ley Islámica de la Sharia, incumpliéndose los más básicos Derechos Humanos para ellas. Cierto que tampoco son reconocidos los Derechos Humanos del colectivo LGTBI en Qatar, pero no hay un brazalete que exhibir en los estadios para solidarizarse y visibilizar la opresión de las mujeres qataríes. Entonces, ¿qué nos ha llevado a escribir este libro titulado “el cuerpo del delito”? Os vamos avanzando que las preguntas serán una tónica recurrente. Comienza el entrenamiento. Prosigamos. Nos proponemos contribuir a esclarecer un hecho criminal y encontrar “el cuerpo del delito”. Así es. Un hecho criminal que afecta a la mitad de la población mundial —en un mundo de 8 mil millones de personas— que siguen siendo discriminadas, explotadas y violentadas de


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múltiples formas (ej. física, psicológica, sexual); incluso asesinadas por el hecho de ser mujeres, representando, esta violencia ejercida contra las mujeres, la mayor pandemia del mundo. Nos dirigimos, acompañadas de afilados escalpelos y modernos bisturís, a examinar las pruebas en la escena del crimen: las sociedades de primacía masculina. Sociedades sustentadas sobre una estructura de poder asimétrica, entre hombres y mujeres, que ellos se arrogan a tomar a costa de arrebatárselo a ellas. Claro que la violación fragante de los derechos de las mujeres qataríes, y con ellas las que comparten una realidad similar, es tan explícita que no es necesario desvelar las evidencias de la desigualdad a través de una rigurosa autopsia; necesaria, sin duda, cuando estas maneras opresivas no se muestran de forma tan explícita y, dan paso, a otras maneras más sutiles y así más perniciosas, al quedar fuera del radar de la conciencia. De modo que, podemos hablar de países que se desplazan a diferentes “velocidades” por las tortuosas avenidas por las que camina la igualdad, intentando liberarse de todo su lastre violento. Por las más intransitables se desplazan las mujeres de los países como Qatar, en los que no se reconoce la igualdad jurídica para las mujeres y se violan, así, los más elementales Derechos Humanos. Por autovías viajando, aparentemente más “cómodamente”, las mujeres de los países en los que la igualdad formal es reconocida. Pero ni unas ni las otras están disfrutando del derecho a vivir en una igualdad real, despojada de todo atisbo de violencia. En la escena del crimen, para todas ellas, las sociedades de primacía masculina en las que ha imperado ese vicio de la soberbia, que Marta Nussbaum (ya os contaremos más sobre ella cuando nos adentremos en materia) sufren quienes se creen por encima de los demás, y así considerarse con el derecho a tratar a otros seres humanos como objetos. Bingo. Hemos llegado al “cuerpo” del delito: la objetivización del “cuerpo” de las mujeres. La objetivización o cosificación del cuerpo de las mujeres representa la columna vertebral de la subyugación de las mujeres y, por tanto, es un asunto central para el feminismo, que une a las mujeres y a los hombres feministas contra esta arbitraria distribución de privilegios, y de eso va este libro.


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Para comenzar este recorrido sobre las estrategias que han permitido que las mujeres sean desposeídas de toda su humanidad para convertirlas en “algo”, dejando de ser consideradas “alguien”, tomando las palabras de Andrea Dworkin (de quien también os hablaremos), os proponemos un “triatlón” de lectura dividido en tres etapas. ¡Que no cunda el pánico! Somos conscientes que vivimos en una sociedad capitalizada por las imágenes, en la que cada vez hay menos espacio para la lectura sosegada de los textos académicos. Nuestra metáfora no alude al esfuerzo derivado de la extensión del documento, sino del calado de la reflexión que esperamos provocar, estimulando el músculo del pensamiento para llegar a completar exitosamente este triatlón reflexivo. Ahí va nuestra propuesta. En la primera etapa de este triatlón os alentamos a pedalear a través de las narrativas, con las que las sociedades de primacía masculina, han “construido” la inferioridad de los cuerpos de las mujeres —en su versión más moderna situándola en la inferioridad de sus cerebros— y, en segundo lugar, de su inferioridad sexual, con las que justificar su subordinación y negar así su autonomía y subjetividad. Para esta primera etapa contamos con expertas “entrenadoras” que nos van a acompañar en nuestro pedaleo por los enrevesados caminos de la neurociencia desbrozando el terreno de la maleza neurosexista, para liberar a las mujeres de la camisa de fuerza de la inferioridad atribuida. Contaréis también con la ayuda de solventes investigaciones para romper las tupidas redes de los prejuicios acientíficos, representados, en gran medida, por las narrativas sobre la inferioridad sexual de las mujeres expuestas por Sigmund Freud, para invisibilizar sus capacidades sexuales y a su órgano de placer por excelencia: el clítoris. Un órgano que comparte con su homólogo, el pene, su origen embrionario (anatomía) y, el modo en el que funciona (fisiología), pero dedicándose a una sola función, el placer, y armado con el doble de terminaciones nerviosas encargadas de vehiculizarlo. Ahí lo dejamos para empezar las reflexiones. Para terminar, esta primera prueba del triatlón de lectura, os proponemos un repaso por el estudio de las actitudes sexistas y la misoginia, derivadas de esos prejuicios que invalidan las capacidades y cualidades de las mujeres.


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Comportamientos que representan una frontal resistencia a la igualdad real de las mujeres, y aprovechando el potente altavoz online, amparados en el anonimato y el gregarismo, está amplificando el volumen de la violencia. Para la segunda etapa del triatlón de lectura os proponemos sumergirnos, en una inmersión en apnea, al cuerpo del delito: la objetivización del cuerpo de las mujeres. Esta inmersión nos adentrará en las estrategias que despliegan las sociedades de primacía masculina para convertir el cuerpo de las mujeres es su principal elemento de identificación para ellas y de uso para ellos. Las formas sutiles y refinadas que se despliegan para subyugar a las mujeres al yugo del ideal de belleza que las sujeta a una identidad vinculada con la extrema delgadez, la pasividad y la fragilidad; sometidas a la mirada y evaluación implacable de sus cuerpos para satisfacer los deseos de los hombres. A través de mensajes que “venden” a las mujeres empoderamiento a cambio de hipersexualización bajo el mantra de la libre elección, profusamente difundido desde el capitalismo neoliberal, aliado en un beneficioso matrimonio de conveniencia con los patriarcados modernos. Si las sociedades de primacía masculina que subyugan a las mujeres qataríes son el “lobo” que representa el texto explícito de la desigualdad; el que seduce a las mujeres de las sociedades con igualdad formal con cantos de sirena de “empoderamiento” es el “lobo con piel de cordero”, y representa el subtexto que queremos desvelar aquí. En la tercera parte de este triatlón nos adentramos en la carrera por los derechos. La última etapa de este triatlón de lectura pone el acento en los derechos de las mujeres, condición necesaria, aunque no suficiente, para alcanzar la igualdad real. La línea de salida de esta carrera comienza con la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, y se consolida con la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer en 1979, en la que los estados miembros de Naciones Unidas se comprometieron a llevar a cabo las acciones necesarias para garantizar la igualdad de las mujeres. Muy buenos comienzos que apuntalaron


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la construcción de una estructura social igualitaria aún en “obras”, sobre la que se ha actualizado el cartel con la aprobación de la Agenda 2030, reconociendo que no podrán alcanzarse sociedades desarrolladas y sostenibles sino se consuma el necesario objetivo de la igualdad. Este objetivo no será posible sin atravesar el tramo de los Derechos Sexuales y Reproductivos. En el segundo tramo de la carrera, que, en España, consagra la ley 2/2010 de Derechos Sexuales y Reproductivos y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, todavía pendiente de ratificación por el Tribunal Constitucional. Un recorrido que continua con el tramo que nos adentrará en el espacio de la Educación Sexual en España y el recorrido por las leyes educativas que la incorporan, aunque no a través de una materia específica en el curriculum, tal como se exige desde organismos internacionales, como veremos. Así, el recorrido por la legislación educativa comienza con la progresista Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE, 1990), y finaliza con la ley en vigor la LOMLOE, la Ley Orgánica de Educación (2020), que retoma la infructuosa transversalidad propuesta en la LOGSE, y que está todavía por ver su eficacia en materia de Educación Sexual. Se culmina esta tercera etapa con un repaso a la metodología de la Educación Sexual que se debe abordar desde una perspectiva Integral. Aquí terminamos la carrera de esta tercera etapa del triatlón de lectura, lamentablemente es una carrera inacabada, a la que necesitamos incorporar todas las etapas necesarias hasta alcanzar la meta definitiva con una gran pancarta en la que se anuncie la llegada a la: IGUALDAD.


Capítulo 1

Cuerpos sexuados generizados: la construcción social de las mujeres como el “segundo sexo” Negamos el derecho de cualquier parte de la especie a decidir por otra parte lo que es y lo que no es su ‘esfera propia’. La esfera propia de todos los seres humanos es la más grande y elevada que sean capaces de alcanzar. Harriet Taylor Mill (1807-1858)

1.1. La construcción de la “inferioridad” de los cuerpos de las mujeres Empezamos dirigiendo nuestra mirada hacia los cuerpos sexuados. Ahí empieza esta historia con la trascendencia social atribuida a este hecho. ¡Comencemos! Los seres humanos, como seres vivos y mamíferos, eso sí, en la escala más alta de la pirámide evolutiva, nos reproducimos sexualmente, es decir, con la participación de óvulos (producidos por los ovarios) y espermatozoides (producidos por los testículos). Y estos órganos que producen óvulos y espermatozoides se forman siguiendo un proceso de dimorfismo sexual en el que intervienen los cromosomas, ya que, cada uno de los progenitores aporta 23 cromosomas, siendo el 23 par en el que se ubican los cromosomas XX para las mujeres y XY para los hombres1. Esta realidad no tendría relevancia, más que la de constatar, como les ocurre a nuestras predecesoras en la escala filogenética, que en la especie humana la naturaleza dota a los cuerpos de capacidades diferenciadas para la reproducción, sin las que ésta no sería posible. Sin embargo, para los seres humanos el dimorfismo sexual ha tenido una transcendencia social mayúscula al vincularse los cuerpos con identidades:


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características y roles o funciones diferentes. Por eso, necesitamos comenzar por los cuerpos diferenciados sexualmente para encontrar la brújula que nos oriente a través de los enrevesados caminos de las identidades generizadas. Pero ¿a qué hace alusión el sexo y a que hace alusión el género? ¿Qué significa identidad sexual y qué implica que las identidades sexuales estén generizadas? El sexo hace referencia a la naturaleza biológica de los cuerpos y el género a las construcciones sociales, es decir, a lo que la sociedad considera “cómo deben ser” y “cómo deben comportarse” hombres y mujeres. Pero, a partir de las décadas de los 80-90, el género empezó a intercambiarse por sexo, para nombrar las desigualdades que sufren las mujeres, y así a generalizarse su uso. El uso del concepto género se inició en la década de los 70 por las académicas americanas, formalizándose en la Conferencia Mundial de las Mujeres en Beijing en 19952. Hay una significativa anécdota que comentar aquí sobre el uso y generalización del concepto género. La combativa jueza de la corte suprema americana Ruth Bader Ginsburg3, conocida por sus iniciales RBG, que ostentó su cargo, nominada por Bill Clinton, desde 1993 hasta el momento de su fallecimiento en 2020, sustituyó la palabra sexo (“sex” en inglés, que significa tanto el acto sexual como roles sexuales al estar incluida en la palabra “sex roles”) por género. Lo hizo a instancias de su secretaria para evitar distracciones en su discurso del auditorio masculino y centrarlo en los argumentos esgrimidos en favor de la igualdad. El uso de la palabra género permitió reemplazar el concepto, profusamente usado hasta ese momento, “roles sexuales” por el nuevo concepto de “estereotipos de género”. Pero había otro argumento a tener en cuenta para recurrir al uso de la palabra género. El concepto género implicaba que, para analizar la desigualdad y opresión de las mujeres era necesario entenderla desde una perspectiva relacional. Así que, para comprender esta opresión había que entender que esta se producía dentro de un contexto en el que estaban presentes hombres y mujeres, no solo desde un espacio separado para hablar de las mujeres, porque sus problemas se fraguan en el espacio interpersonal


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asimétrico entre ambos sexos. Y a partir de ahí los “estudios sobre la mujer” fueron ocupados por “los estudios de género”, como nos recuerda la filósofa y periodista Laura Lecuona4. Para Sheila Jeffreys, profesora de la Universidad de Melbourne, el problema referido en torno a la palabra género se zanjaría si dejáramos de utilizarlo para recurrir a la esclarecedora dicotomía: masculinidad —comportamiento masculino dominante— versus feminidad —comportamiento femenino subordinado—, y nos lo cuenta en su libro Unpacking Queer Politics, publicado ya en 20035. La realidad es que, desde la perspectiva feminista, que implica nada más ni nada menos que propiciar la igualdad que legítimamente les corresponde a las mujeres, sin que esto implique negar la que le corresponde al resto de las personas del planeta igualmente maltratadas por desigualdades, el género es una construcción social que debe ser eliminada. Ya que el género representa las imposiciones sobre las identidades desde las sociedades patriarcales. Las derivas que han llevado a elevar al género de una construcción social a una identidad anclada en la “esencia natural” del ser humano, representan una importantísima cuestión a la que hay que dar su espacio antes de continuar. Empecemos por explicar el concepto de “identidad de género”. Este concepto se define por primera vez en los Principios de Yogykarta (2007)6, un documento que no es un instrumento jurídico vinculante ni ha sido desarrollado desde ningún organismo internacional, por tanto, no representan a ninguna institución, estado o colectivo. En este documento se recogen una serie de principios relativos a la “orientación sexual” e “identidad de género”, con la finalidad de orientar en la interpretación y aplicación de las normas del derecho internacional de los Derechos Humanos. A pesar de no ser un documento oficial, ya que como hemos dicho no está amparado por ningún organismo, estado o colectivo, ha influido notablemente en normas jurídicas de diferentes y muy dispares países, donde se están introduciendo legislaciones en las que se da entidad jurídica a la “identidad de género”, como en Argentina, Noruega, Canadá, Fin-


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landia, Reino Unido o Suecia. Veamos. En los Principios de Yogykarta la “identidad de género” se define como: la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo (que podría involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios médicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que la misma sea libremente escogida) y otras expresiones de género, incluyendo la vestimenta, el modo de hablar y los modales. (p. 8)6

Una definición de identidad de género que ha sido catalogada como acientífica y sexista7. ¿Con qué argumentos? En primer lugar, se afirman que es acientífica porque cuando se alude al concepto de “sexo asignado” se asume que los/as profesionales sanitarios/as que atienden los partos se dedican a atribuir aleatoriamente un sexo u otro a los recién nacidos/as. La realidad es muy diferente, ya que el sexo es una condición biológica que impregna todas nuestras células, por tanto, no se asigna, se observa y se constata. También se justifica que es sexista y patriarcal, argumentando que la definición de “identidad de género” parte de la premisa de que el género y los roles sexistas son parte de nuestra personalidad en lugar de imposiciones culturales que determinan la posición subordinada de las mujeres en la jerarquía sexual, y con ellas a todas las identidades disidentes no heteronormativas, es decir, al colectivo LGTBI. De modo que desde la definición aportada en los principios de Yogykarta se convierte la opresión sexual de las mujeres en una “identidad”, es decir, al género representado por los estereotipos asignados por la ideología patriarcal a cada sexo se le da el valor de identidad, despojando de todo valor identitario al cuerpo sexuado, que se convierte en irrelevante y “equivocado” para definir la “verdadera” identidad. Al trasladar del sexo al género el péndulo de la identidad se desactiva la conflictividad inherente al género, como expresión de la jerarquía de poder que otorga a ellos privilegios y despoja a ellas de derechos. El género desde su consideración de identidad “sentida” pasa a ser considerado una “esencia íntima” y los roles de género pasan a ser considerados “estáticos, naturales y eternos”8.


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