Cristina Polo Cuadro 1ºBTO-A Receta número: 8 Y aquí estoy, sin saber muy bien por qué, harta de todo, sin nada a lo que agarrarme, porque mi gran ilusión de estas navidades se ha desvanecido. Perdón, no me he presentado, que maleducada soy; mi nombre es Eva y vivo en un pueblito cerca de Madrid. Siento ser tan pesimista, y empezar de esta forma, pero es así como me siento, porque me he dado cuenta de que nada es lo que parece, y que, cuando mejor estás, cuanto más esperas algo, antes acaba desapareciendo. Una vez más, he caído en las redes de aquello a lo que suelen llamar ‘’amor’’, cosa que yo sigo sin saber si existe realmente. Siempre he sido muy ilusa y enamoradiza, y como dicen mis amigas, me tomo todo muy a pecho, pero es que soy así, no puedo remediarlo, así me va… Pero todo esto no comienza aquí no, comenzó hace aproximadamente tres meses, por suerte o por desgracia (más bien desgracia…). Había pasado un verano espléndido, lleno de fiestas, risas y momentos para el recuerdo, un año más con todos mis amigos. Nos estábamos preparando como es tradición, llegaban las fiestas de nuestro pueblo, y este año de una forma más especial que nunca. Decoramos todas las calles, las casas… quedó todo precioso. Dos días antes del comienzo de las fiestas, salí con una de mis mejores amigas a tomar algo a un bar, con la gran casualidad que en ese mismo bar estaba él, no, no, no… perdonad… ÉL. Entramos, y al principio no me di ni cuenta, pero ¿A que no adivináis que me tenía preparado el destino?, era amigo de toda la vida de mi amiga, que, os la presento ya, porque en nuestra historia es un pilar fundamental, Elena, mi adorada Elena. Nos sentamos en una mesa, y Elena fue a pedir un par de Coca colas, pero volvió con compañía. De repente escuché su voz diciendo: - Eva, mira, éste es Juan. En cuanto levanté la cabeza de mi móvil, me quedé paralizada con sus ojos azules, tan azules que me costó reaccionar: - Holaaa… ¿Qu...que...tal? Encantada… (Y tan encantada, pensé: ¿Qué narices haces? quita esa cara de idiota que se va a dar cuenta.) Juan no es muy hablador la verdad, y ese día tampoco es que entablara mucha conversación. Se tomó una coca cola, y se fue a casa. Yo me quedé con Elena, comentando lo mucho que me había encantado, creyendo que no lo volvería a ver, pero señoras y señores… NO FUE ASÍ. Pocos días después fuimos a una comida juntos, en la que yo poco a poco fui acercándome más a él, conociéndolo… y me pareció tan impresionante por fuera, como por dentro, vamos, un chico de los que quedan pocos. Llegaron las fiestas y un cúmulo de idas y venidas por ambas partes, cuando uno se decidía a dar el paso, el otro se echaba atrás, si es que somos tontos, y vergonzosos también un rato, porque si yo soy la más vergonzosa de mi grupo de amigos… no os quiero ni explicar lo que es él. Unas fiestas que recordaré el resto de mis días, como las que estuve con él. Me conformaba con tenerlo a mi lado, me hizo reír… y cuando se fue llorar. Porque todo lo bueno se acaba, no lo dudéis. Se acabaron las fiestas, y el volvió a Madrid… tiene todo allí sus estudios, su trabajo… lo volví a ver dos fin de semanas después de que se fue, y nunca tuve el valor de decirle lo que sentía. A partir de ahí, solo utilizaba el maravilloso Whatsapp (nótese la ironía) para comunicarme con él. Sinceramente, me parece el peor invento para intentar mantener una conversación de ese estilo con alguien, es muy seco, ¡ah no!, perdonadme, que están los maravillosos iconitos, que lo que hacen es rayarte por saber lo que quieren expresar… ves: =), y te quedas ¿?, ¿eso es bueno porque estas contento, es una sonrisita para que deje de hablar de eso porque te importa menos que la g de la palabra gnomo… o qué narices es? Desde luego, tampoco es bueno, porque estás mirando unas 70 veces al día la última hora de conexión, y cuando está en línea… háblame, háblame, ¡HABLAMEEE!. Todo el santo día esperando un ¡Hola Eva!... y cuando lo hace… la más feliz del mundo. ¿Soy idiota o no soy idiota? Tres meses, de hoy si, hoy no, unos días mucho, y otros nada, liándome sin saber si quiere algo o deja de querer. El caso es que… estuve 3 meses esperando el gran día en Navidad para volver a verlo, machacándole la cabeza a mi pobre Elena, con mis rayadas, mis días tristes y alegres, mis subidas y bajadas... El día de Navidad, volvimos a hablar, y quedamos para