lucanor pilar alfaro

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Cuento LII: Las necesidades de un vagabundo Estaba el conde Lucanor hablando otra vez con Patronio, diciéndole: - Patronio, una vez me dijo un hombre que no me fiara nunca de las apariencias, que las cosas no son siempre como parecen ser. Entonces Patronio le respondió: - Señor conde Lucanor, yo pienso que debéis creeros las palabras de este señor. Y para explicarle esta afirmación, Patronio le contó al conde esta historia: - En la puerta del supermercado de la calle mayor estaba todos los días un vagabundo de unos treinta años con una apariencia de buena persona que no tenía ni para comer, y a pesar de ello, gran parte de la limosna que conseguía se la gastaba en alcohol. Una mujer siempre que lo veía le daba algo de dinero porque se sentía en la obligación de ayudar a esa persona que no había tenido la misma suerte que ella de tener un techo, un trabajo y una familia de la que disfrutar. Pero, un día, esta mujer vio como el vagabundo le robaba la cartera a un anciano que no pudo defenderse lo suficiente como para recuperarla y desde entonces, nunca tuvo la más mínima intención de volver a echarle dinero. - Daos cuenta señor conde que las palabras que os dijo ese hombre son ciertas, a veces para bien o a veces para mal, por eso nunca debéis fiaros de las apariencias. Don Juan comprendió la certeza de la historia y del consejo de Patronio y escribió estos versos: Ni los buenos son tan buenos Ni los malos son tan malos.


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