Una preciosa tarde de sol Marc convence a su nieto Leo para ir a pescar al lago. Tras arreglar los aparejos de pesca, se acomodaron en una llanura refugiada por la sombre de unos grandes chopos esperando que el mejor pez mordiera su anzuelo. Marc contemplaba a su nieto que mantenía la mirada fija en el suelo y enseguida comprendió que algo rondaba por su cabeza. - Leo, ¿No te lo estás pasando bien?-dijo el abuelo intentando buscar las cosquillas del niño. -
No es eso abuelo, es que Javier, el chico que siempre se está burlando de mis amigos y de mí, me ha pedido que le eche una carrera de bicis, pero quiere que también venga Sam, porque como apenas sabe ir en bici podrá reírse de él. Cuando se lo he contado a Sam todos se han enfadado conmigo, pero si no voy Javier pensará que no participo porque le tengo miedo y seguirá con sus burlas. - Hijo mío- respondió el abuelo posando su mano sobre el hombro de su nietouna retirada a tiempo también es una victoria. - No te entiendo abuelo- replicó Leo. - Escucha atentamente lo que le pasó al rey del Sur y podrás entenderlo todo. En tiempos muy lejanos hubo dos grandes reinos vecinos conocidos como reino del Norte y reino del Sur, que guardaban una gran rivalidad provocada por la fuerte enemistad entre sus monarcas. Un día, el monarca del reino del Sur le declaró la guerra a su vecino para que todo el país pudiera ser partícipe de su gran superioridad. Tras varios años de guerra, el reino del Norte había perdido gran parte de sus tropas y los consejeros de palacio sugirieron a su rey la retirada de la guerra antes de que los rivales aniquilaran a todo el reino. El rey del Norte tras reflexionar varias veces decidió hacerles caso y envió una carta a su contrincante en la que se recogía el deseo de retirarse. Este, que ya se veía con la fama entre las manos se negó a aceptarla y mandó a sus tropas montar guardia a puertas del reino cotrario hasta que se diera la oportunidad de asaltarlo y conseguir, por fin, su ansiada victoria honrosa. Los días pasaban y cada día las tropas estaban más desgastadas y agotadas por la espera. Aun así, la avaricia del monarca no cedió, y ante la situación, el ejército, cansado de obedecer los caprichos del monarca, decidió retirarse dejándolo solo. El rey del Norte, que había contempladlo toda la escena desde sus aposentos, hizo llamar al enemigo, y cuando lo tuvo enfrente le dijo: - ¿Tal es tu odio hacia mí que has sido capaz de sacrificar tus hombres por aumentar tu gloria con mi derrota? - ¡No oses hablarme así! Ya que tú has sido capaz de vender tu honor a costa de unos caballeros ineptos incapaces de defender su reino. - Puede que haya perdido esta guerra- dijo el rey confiado- pero no permitiré que mi honor este por encima de la vida de aquellos que siempre me fueron fieles. Podré estar rodeado de ineptos, pero sé que algún día ellos harán algo por mí que tu honra nunca podrá hacer por ti. Por eso Leo, debes mirar por aquellos que siempre han estado contigo aunque eso a día de hoy te suponga una derrota, porque como ves, a lo largo del tiempo se puede convertir en una gran victoria. Leo hizo caso a su abuelo y rechazo el reto, a lo mejor no había sabido defender su superioridad, pero estaba rodeado de grandes amigos que siempre le apoyarían.