La magia blanca de la
46 /
FOTOS: CREDITOS, CREDITOS/AGENCIA
FOTOS: CREDITOS, CREDITOS/AGENCIA
Patagonia
Hace 200 años, el gran viajero y naturalista alemán Alexander von Humboldt y su compañero, el botanista Aimé Bonpland, describieron el Valle de México como “la región más transparente del aire”. No previeron lo que sus habitantes podían hacer con el medio ambiente, ni llegaron a conocer la Patagonia, un maravilloso rincón de la Tierra que merece ese título más que ningún otro. // POR TÉMORIS GRECKO (TEXTO) in the know Audimagazine / 47
En este lugar se pueden realizar un sinfín de actividades recreativas.
Los picos nevados se levantan detrás del boscoso lago en Bariloche.
48 / Audimagazine in the know
Grandes escenarios
desee privarse de las comodidades del propio hogar. Sin embargo, lo más fascinante es que es una de esas regiones que cada vez se vuelve más limitada y que ofrece todas las oportunidades para que uno pueda convertirse en un explorador serio, en un aventurero a la antigua, para sentirse (y tal vez ser) la primera persona en llegar a cierto sitio, en descubrir una maravilla, en experimentar nuevas sensaciones. Uno se puede quedar solo, sólo, entre las matas y las estrellas. Y sentirse elevado a la Cruz del Sur.
LAS VILLAS DE LOS LAGOS
FOTOS: CREDITOS, CREDITOS/AGENCIA
Al otro lado de los Andes, las montañas aprietan una estrecha faja de tierra contra el mar. Es Chile, el país más angosto del mundo. Y lo es más en su parte patagónica, cuando la presión de la cordillera es tanta que impide la comunicación por tierra, y las únicas opciones para llegar desde el norte a la carretera austral que atraviesa esa zona son pasar a Argentina y regresar a Chile por Futaleufú o Palena, o tomar un barco desde Puerto Montt hasta caleta Gonzalo. Con capital en la pequeña Coyhaique, en esta región escasamente poblada abundan parques y lagos.
FOTOS: CREDITOS, CREDITOS/AGENCIA
En la Patagonia, las extensiones de tierra son inmensas. Uno puede avanzar por la carretera a una buena velocidad durante 10 horas sin ver el final de la plana llanura semiárida. Lo único que transmite la sensación de algún cambio son las nubes veloces y audaces, apremiadas por el viento incesante. Pero eso sucede en las planicies. Los bordes de la Patagonia argentina son Los Andes, al occidente, y el Atlántico, al oriente. Son dos líneas que uno puede seguir, también, sin fin: montañas, mar; cumbres nevadas, playas de olas rompientes; glaciares, caletas; sistemas de lagos, golfos y cabos. Y al sur, donde el continente se estrecha, empiezan los azarosos canales que exploraron osadamente Fernando de Magallanes y el Beagle de Charles Darwin, donde está el fin del mundo: Ushuaia, la última ciudad de la humanidad. Más allá, la vida es hielo. El siglo xxi está bien avanzado, y quedan pocos espacios vírgenes en este planeta. La Patagonia es uno de ellos. A pesar del esfuerzo que hacen los hombres por destruirlos, siguen siendo escasos y se encuentran dispersos. La región parece tan grande como el cielo. Tiene un promedio de 2.2 habitantes por cada uno de sus 900,000 kilómetros cuadrados. En la provincia de Santa Cruz, la densidad se reduce a 0.7 personas por kilómetro cuadrado. Alemania, Italia y Gran Bretaña, juntas, tienen la misma superficie y 200 millones de habitantes. La Patagonia pasa del millón y medio. Posee una infraestructura turística de excelente nivel para quien no
Bariloche es la población más famosa del distrito de los lagos, pero por fortuna, no es la única.
El pueblo tehuelche ya no vive aquí. Los argentinos creyeron que a ellos les tocaba hacer en el sur lo que Estados Unidos en el norte, y la construcción de su país se basó en la expulsión o eliminación de los dueños de las tierras que deseaban colonizar. Los grandes presidentes fueron (y son) celebrados por sus éxitos en la gran empresa nacional: la guerra contra el indio. De los tehuelches sólo quedó el recuerdo de sus mocasines, que les parecieron a los europeos muy grandes y motivaron que a esa gente los llamaran patagones, por sus “enormes patas”. Al menos en el nombre quedó reconocida la propiedad original de la Patagonia. El destino más popular es Bariloche, en la ribera del lago Nahuel Huapi. Los adolescentes de Buenos Aires / 49
Una foca elefante protege su especie en la Patagonia argentina.
ARGENTINA Buenos Aires
CHILE Bariloche
Tierra del Fuego Punta Arenas Usuhaía
50 / Audimagazine in the know
UN PARAÍSO FAUNÍSTICO
En la península de Valdés es posible toparse con ballenas francas del sur.
FOTOS: CREDITOS, CREDITOS/AGENCIA
En el mapa, la península de Valdés parece pequeña. Sin embargo, de sur a norte tiene 100 kilómetros de largo y su extensión es de 3,625 kilómetros cuadrados. Desde tierra firme, su forma es curiosa: un estrecho istmo entra en el mar y súbitamente se abre como un inmenso hongo. Así, se forman dos cuerpos de agua protegidos de la violencia oceánica, el golfo Nuevo y la caleta de Valdés. Esta característica, sumada a importantes corrientes marinas que vienen del Atlántico Sur arrastrando una gran cantidad de nutrientes —krill, plancton y especies menores—, ha creado un hábitat rico para la vida salvaje, el cual ha sido declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la unesco. Es un gran sitio para el avistaje de aves como cormoranes y gaviotas. En la tierra abunda la fauna característica de las mesetas patagónicas como guanacos, ñandúes, zorros y maras. Llamativos también son los mamíferos marinos, como el elefante marino de un solo pelo, los harenes de lobos marinos, los pingüinos de Magallanes y las reinas del lugar, las ballenas. Con ellas, uno puede tener dos tipos de experiencia: una, con la ballena franca austral, que sólo existe en el Hemisferio Sur y que llega a la península de Valdés durante el invierno, en busca de aguas cálidas para reproducirse. Y la segunda es con las orcas, unos grandes delfines erróneamente conocidos como ballenas asesinas que ejecutan hábiles ataques sobre la playa, se camuflajean en las olas y se quedan varadas en
FOTOS: CREDITOS, CREDITOS/AGENCIA
La mayor parte del territorio que abarca la Tierra del Fuego es poseída por Chile.
saben que terminar el bachillerato equivale a un agitado viaje con los compañeros a esta pequeña ciudad, donde muchas familias de la capital tienen casas de veraneo. Es también uno de los puntos de paso transandino desde Chile y puerta de un parque nacional muy visitado en el que se puede practicar trekking, pesca y descenso de rápidos. Hay un circuito precioso alrededor del lago, bolsas de agua menores, penínsulas y estrechos. Uno puede olvidar que está en un país latino y sentirse en Suiza. En invierno, en el cerro Catedral, se abren 70 kilómetros de pistas de esquí de todos los niveles que atraen a expertos y aprendices de toda Sudamérica. La vista desde la cima es bellísima, gracias a la nitidez con que se pueden ver las cumbres de los Andes; esa gran transparencia que no elimina las distancias, sino que las hace más disfrutables. Bariloche es la población más famosa del distrito de los lagos. Por fortuna, no es la única. Los glaciares en movimiento a lo largo de millones de años cavaron numerosas cuencas que se llenaron de agua (el efecto de la roca en polvo molida por el hielo le da al agua tonalidades azul lechoso), y en los márgenes florecieron pueblos como Villa la Angostura, Junín de los Andes y, el más agradable, San Martín de los Andes, un lugar tranquilo con chalets de madera en donde una caminata de 2.5 kilómetros te llevará al mirador Bandurrias sobre el lago Lácar. Cerca, hay un parque nacional donde se encuentra el volcán Lanín (3,776 metros de altura), justo en los límites con Chile. El Lanín es un hermoso cono de nieve, casi perfecto, y en sus faldas abundan las lagunas con forma de dedo creadas también durante las glaciaciones, en las que se puede acampar, pescar y, si el frío no es problema, darse un chapuzón.
/ 51
La Patagonia es un lugar mágico gracias al cuidado de sus habitantes.
En los hábitats fríos hay una gran cantidad de especies que se desarrollan dentro de ese universo.
la arena para capturar foquitas juveniles. De vuelta en aguas más profundas, las arrojan al aire a coletazos y, algunas veces, en un gesto hasta ahora incomprendido por los científicos, las devuelven sanas y salvas a la tierra.
Es común ver algunas casas de gente que se traslada a este paraíso en vacaciones de verano.
52 /
FOTOS: CREDITOS, CREDITOS/AGENCIA
FOTOS: CREDITOS, CREDITOS/AGENCIA
LOS HIELOS Y LAS CUMBRES En el extremo sur de la tierra firme del continente se encuentran otra atracciones de nivel mundial: los grandes glaciares. Entre ellos destaca Perito Moreno y una cadena montañosa atractiva y difícil que se corona con los grandes cerros Fitz Roy (3,441 metros) y Torre (3,128 metros). Al pie de estos gigantes se encuentra El Chaltén, una población que sólo está activa durante los meses más cálidos. Escaladores de renombre se reúnen aquí para buscarle el lado amable (o al menos posible) al Fitz Roy, un lugar donde el instinto y la suerte cuentan más que la ciencia meteorológica, ya que el factor principal, el clima, cambia espontánea e instantáneamente. Aquí se encuentra uno de los campos de hielo más imponentes y dinámicos del mundo, al que se puede acceder con mayor facilidad por un pueblo a tres horas de El Chaltén, El Calafate. A 80 kilómetros de ahí hay una atracción natural que rivaliza con las más impresionantes de América del Sur: el glaciar Perito Moreno, un río de hielo de casi tres kilómetros de largo y 70 metros de altura que viene desde los
Andes a derretirse para formar el río Santa Cruz, el más largo de la Patagonia.
EL FIN DEL MUNDO Al sur se encuentra la Tierra del Fuego, poseída en su mayor parte por Chile, aunque las principales ciudades, Río Grande y Ushuaia, son argentinas. Se trata de un archipiélago dividido por fiordos que crearon los glaciares, un laberinto de vías de agua que Magallanes, durante su circunavegación del globo en 1520, exploró hasta encontrar el estrecho que lleva su nombre y que permitió a los barcos cruzar al Pacífico sin exponerse a las peligrosas tormentas del Cabo de Hornos. Un poco más abajo, con Ushuaia en una orilla y la chilena Puerto Williams en la opuesta, está el canal del Beagle, que toma el nombre del barco en el que viajaba Charles Darwin cuando pasó por aquí. Ésta es otra región de inmensas soledades y climas extremos, con glaciares, lagos, ríos y densa vegetación. Ushuaia presume de ser el conjunto urbano más meridional del planeta (aunque la pequeña Puerto Williams lo supera) y se envanece con el título de ser “la ciudad del fin del mundo”. Pero valdría la pena precisar que del mundo de los hombres, porque en aquellos lugares también está el punto de partida hacia un universo de hielo y de pingüinos: la gélida Antártida, una aventura superior, una frontera en la que el hombre apenas se ha empezado a entrometer. in the know Audimagazine / 53