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El pueblo que venció al Faraón Esquire estuvo presente durante los largos días en los que el pueblo egipcio salió a protestar, sin tregua, en contra del gobierno del dictador Hosni Mubarak. Esta crónica es un testimonio de cómo se gestionó y triunfó esta revolución pacífica. Por Témoris Grecko / El Cairo 80  m a r • 1 1

fotos: getty images

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aled Said ganó la batalla después de muerto. Como el Cid Campeador. Pero más aún: Jaled la inició y resultó victorioso muchos meses después de que policías egipcios lo asesinaran a golpes. Su madre sostenía un pequeño cojín blanco con su fotografía cuando llegó la noticia, casi inesperada, sorprendente, todavía increíble: el dictador Hosni Mubarak había renunciado a la presidencia. Mejor dicho, lo habían obligado a renunciar, pero el detalle no importaba. A las 6 de la tarde del 11 de febrero pasado, en el departamento del piso noveno de un edificio que da a la midan Tahrir (plaza de la Liberación), corazón de El Cairo, de Egipto y de esta Revolución de 18 días, los jóvenes del Movimiento 6 de Abril vieron el mensaje de apenas 30 segundos que dirigió el vicepresidente Omar Suleimán, y saltaron en una alegría confusa, preguntándose si era cierto lo que escuchaban. Y la madre de Jaled —con lentes de aumento, un chal azul en la espalda y un velo negro sobre el cabello— buscó asiento para evitar un desmayo. Respiró. Comenzó a llorar. Su hermano y su hija se acercaron a abrazarla. Besaron la imagen de Jaled. Los activistas y los reporteros extranjeros se formaron para hacer lo mismo. En las últimas 24 horas, desde que Mubarak se había dirigido a la nación para hacer gala de su empeño en aferrarse al poder, su derrota parecía lejana, faltaban muchos días y semanas de lucha. Ahora era la victoria de todos. El triunfo de Jaled después de muerto.


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