IRÁN:
Lapiedra eterna en el
zapato
Por Témoris Grecko • Estambul
La llegada de un nuevo presidente, menos radical y agresivo que Mahmud Ahmadineyad, parece abrir la posibilidad de que Irán supere el boicot que lo ha mantenido en el aislamiento durante casi 35 años, en un momento en el que su economía amenaza con colapsarse. La pregunta es si los extremistas de un lado y de otro dejarán que esto suceda, o si las esperanzas de quienes esperan vivir en un país con mayores libertades quedarán de nuevo truncadas. Foto: getty images
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Las mujeres de Irán estan realizando una revolución silenciosa pero contundente: mediante su ropa, su cabello y la forma en que utilizan ambas cosas, están demostrando que quieren un cambio.
otro lado del Bósforo, la bóveda y los seis altos minaretes de la
mezquita del Sultán Ahmed se destacan contra el cielo del atardecer. Fue erigida para opacar la grandeza de la basílica de Santa Sofía, cristiana en su origen. Por el estrecho, los barcos transbordadores levantan pequeñas olas en sus intensos viajes de 20 minutos entre Asia y Europa. Cuando Jafez llegó a Estambul tras escapar de su patria, Irán, en el verano de 2009, creyó que más temprano que tarde las aguas de este rincón del Mediterráneo lo succionarían para siempre. Sin más posesiones que la ropa desgarrada que vestía, flaco y derrotado, vino a esta misma orilla, en el muelle de Kadiköy, dispuesto a arrojarse. Pero le pareció difícil hacerlo aquí, en un lugar tan concurrido. ¿Por qué no mejor saltar desde uno de los grandiosos puentes transcontinentales? Pero había que caminar mucho hasta el primero de ellos, le faltaban fuerzas y decidió esperar al día siguiente. Cuatro años más tarde, Jafez está de pie en el mismo sitio. Se ha enamorado de él. Y de Isik, una joven turca de ojos verdes que lo abraza por la cintura transmitiéndole apoyo. Le recito un verso de Serrat sobre este mar: “…en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno, que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul…” “No es eterno”, dice. “El invierno, con sus largas noches, también tiene final”. Jafez, con su bella Isik, viaja esta noche a su natal Shiraz, en Irán. No cree haber perdido cuatro de sus 24 años de vida al venir aquí, pero sabe que el regreso le costará mucho: su carrera universitaria de Ingeniería quedó interrumpida, la economía iraní sufre el impacto de las sanciones internacionales y el sistema político-religioso contra el que luchó —y que casi lo asesina— continúa en pie. Tiene la ventaja de que el proceso abierto contra él, bajo la acusación de atentar contra la religión y el Estado, se estancó y nunca llegó a concretarse en sentencia. Otros amigos suyos tienen condenas de siete a 10 años de prisión y de 60 a 100 latigazos”. “¡Hay optimismo!”, explica. “La gente está volviendo a despertar. El gobierno nos invita al retorno. Van a llegar a un acuerdo con Occidente y el embargo se levantará. Viviremos libres…” ¿De verdad? Aunque la llegada a la presidencia de Hasan Rouhaní en agosto pasado inauguró una etapa en la que se aprecian
signos de apertura, todavía prevalece un ambiente de mayor represión social y estrechez económica que en 2008, el año previo a la salida de Jafez al exilio. Por ejemplo, él prefiere que su apellido no se publique porque teme represalias. Además, los Guardianes de la Revolución —el cuerpo de élite del régimen iraní— y los sectores conservadores mantienen las bases de su poder. Jafez vivió la última algarada progresista y padeció la derrota del Movimiento Verde de junio de 2009, del que fue un dedicado activista y cuyos dirigentes, Mir Husein Musaví, Zahra Rahnavard y Mehdí Karrubí, siguen incomunicados y en prisión domiciliaria. Los anteriores momentos de movilización y esperanza, como los que hubo durante los ocho años de gobierno del presidente Mojamed Jatamí (1997-2005), también terminaron en frustración y violencia Jafez sabe que los conservadores siempre acabaron por imponerse y revertir cada logro: es la historia de la República Islámica de Irán, instaurada después de la revolución de 1979. Se encoge de hombros. Isik lo abraza más fuerte.
ACCIONES revolucionarias
Sahida Soltan, que entonces tenía 15 años, siguió las protestas de 2009 a través de los medios. Aunque participó con sus padres en algún acto de campaña de Mir Husein Musaví, el candidato presidencial cuya victoria reivindicó el movimiento verde, ellos se ocuparon de mantenerla en casa durante los combates callejeros y la represión. Tenían motivos: parientes y amigos cercanos pagaron caro la manifestación de su disidencia. Un hermano de su madre murió en prisión, tras espantosas torturas. Otros cercanos perdieron el trabajo, sufrieron golpizas con consecuencias permanentes o siguen en la cárcel. El video del asesinato de una joven con el mismo apellido, Neda Agha Soltan, a manos de un miliciano del régimen, fue visto millones de veces en todo el mundo. El entonces presidente, Mahmud Ahmadineyad, conquistó su reelección a la mala, tras lo cual siguieron cuatro duros años en los que “política” fue una palabra prohibida en el hogar de Sahida, a quien contacto por teléfono en Teherán. En el colegio y al entrar en la universidad, lo mejor era mantener un perfil bajo para que los alumnos y maestros basiyíes (miembros de Basij, la milicia paramilitar del sistema) no sospecharan de ella. En la calle, la Gashte Ershad ( la Policía de la moral) jamás la detuvo por no vestir o comportarse de acuerdo al código religioso. En su espíritu se implantó la exasperante sensación de vivir amordazada.
El triunfo de Hasan Rouhaní (izquierda) en las elecciones presidenciales de este año, ha hecho surgir la esperanza de que los iraníes vivan en un régimen menos conservador y cerrado que el de Mahmud Ahmadineayd (derecha).
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Muchas personas salen a la calle a pasear a sus mascotas como forma de rebelión.
D e sd e h ac e t r e s a ños, e n I r á n e st á p roh ib id o p ose e r ma sc o ta s: l a s au t or ida d e s p u e d e n c onf isc a r a l os a nima l e s y mu lta r a l os du e ños.
Inspiradas por el aire fresco del nuevo presidente Rouhaní, Sahida y dos amigas han decidido “motivar a la sociedad con actos de desafío, dar ejemplo para que otros se animen a expresarse y generemos una revolución”. ¿Intentarán celebrar eventos multitudinarios, como mítines en la enorme midán Azadí (plaza Libertad)? ¿O recurrirán a la espectacularidad bailando semidesnudas en la Gran Mezquita de Teherán, como lo hicieron las integrantes del grupo Pussy Riot en la catedral de Moscú? ¿Cuál será el acto de desobediencia? “Sacamos a pasear a nuestros perros: un chihuahua y un schnauzer miniatura”. Sahida habla en serio. Explica cómo han trazado una ruta “segura”, con el doble objetivo de no ser vistas —por basiyíes o agentes policiacos—y de hacerse ver —por sus vecinos de Teherán Norte. Después, ante mi perplejidad, comprende que hace falta aclarar que desde hace tres años, y con base en oscuros pasajes religiosos, está prohibido poseer F o t o s : e f e , g e t t y i m a g e s e I r a n i a n H i s t o r i c a l P h o t o g r a ph s G a l l e r y w w w . f o u m a n . c o m
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En noviembre de 1979 la embajada de Estados Unidos en Teherán fue tomada por manifestantes iraníes. Los diplomáticos fueron retenidos por 444 días.
Las sanc iones internacio nal e s e stán demoliendo la ec o no mí a iraní: el desemple o a lc anza al 30 % de los adultos y l a i nflación llega al 45% anual. mascotas. Si las autoridades las detuvieran, los animales serían confiscados y tendrían que pagar una onerosa multa. “Lo que importa es que la gente tiene mucho miedo, nosotras les mostramos que hace falta recuperar nuestros derechos con acciones.” En 2009, buena parte de las asistentes a las manifestaciones eran jóvenes que mostraban el rostro, usaban peinados sofisticados y jiyab (velo) retrasado, que cubría sólo la parte de atrás. A la Sahida adolescente le tocó un redoblado esfuerzo de las autoridades para asegurar que se cumpliera la ley y el jiyab tapara la totalidad del cabello. Esto debe haber provocado un terremoto en el gremio de los estilistas, súbitamente desprovisto de su principal —aunque limitada— zona de desempeño profesional: era ahí donde se esforzaban en demostrar sus dotes con mechas multicolores o puntas punkies. “Hay muchos salones de belleza en departamentos a los que una llega por recomendación. Ahora, supongo, se harán más abiertos pero siempre tuvieron muchas visitas porque lo que escondemos en la calle, lo lucimos en privado. Lo primero que hacemos al llegar a casa de alguien, si hay confianza, es quitarnos el jiyab”. El atrevimiento de Sahida y sus amigas será realizar desmelenamientos 308
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públicos: mostrar las cabelleras sueltas en donde la gente las pueda ver, aunque seguirán cuidándose de la Policía. “Llegaremos a los cafés de intelectuales y, antes de marcharnos, nos pondremos de pie y daremos una vuelta bailando sin jiyab. Cuando mi madre era niña, antes de la revolución de 1979, la mayoría de las mujeres no usaba jiyab, había libertad de vestir blusas ajustadas y minifaldas”. La vestimenta obligatoria, impuesta por los líderes religiosos, es el chador: un conjunto de prendas holgadas, de color negro, que sólo permite ver las manos y el rostro. Siempre coquetas y elegantes, las iraníes se las arreglaron a lo largo de los años para estirar la legalidad: la vestimenta de muchas jóvenes es de tres piezas, con el jiyab retrasado, pantalones y un camisón que, por obligación, debe ser de manga larga y caer desde el cuello hasta los muslos, cerca de las rodillas. El truco es hacer que se ajuste al cuerpo para revelar las formas prohibidas, y pueden ser bastante sexies. Sahida recuerda a una líder guerrillera cuando explica que las muchachas quieren más: “Nos proponemos abrirnos los escotes y colocar cremalleras ocultas para, cuando queramos, poder enseñar las piernas. Los cineastas y los escritores de los cafés van a pensar que están en París, vas a ver si no”.
COMPETENCIA de vencidas
“¡Muerte a Estados Unidos, muerte a Estados Unidos!”, gritan las decenas de miles de manifestantes afuera del edificio
popularmente llamado “guarida de los espías”, donde estuvo la embajada estadounidense hasta que, el 4 de noviembre de 1979, una multitud parecida a esta la invadió. Fue una grave afrenta para Washington y una de las principales causas de la derrota del entonces presidente Jimmy Carter en su intento de reelegirse el año siguiente: los iraníes mantuvieron secuestrados a 52 ciudadanos de Estados Unidos durante 444 días. Treinta y cuatro años después, los “duros” de la República Islámica vuelven a celebrar el aniversario de lo que consideran una gesta heroica. Cada 4 de noviembre lo hacen, pero esta vez en números mayores y con más combatividad que en otras ocasiones. Se trata de una oportunidad para que los conservadores del régimen —los que antes se sentían confiados con el expresidente Ahmadineyad y ahora estan amenazados por su sucesor, Rouhaní— muestren músculo y determinación para impedir que “Irán sea entregado a los extranjeros”, como aseguran los oradores. Que hayan perdido la elección presidencial no implica que los despojaron de su poder. Para los exiliados, como Jafez, la buena disposición exhibida por Rouhaní debe ser matizada. Es cierto que el 26 de septiembre, en su visita la Asamblea General de la onu, en Nueva York, el mandatario dijo a un grupo de compatriotas que “visitar Irán es un derecho incontrovertible de todos los iraníes”. Sin embargo, el portavoz de los jueces, Mohsen Ejeí, respondió el 11 de noviembre que “si regresan, los individuos que han cometido crímenes serán perseguidos”. Fotos: getty images
Dentro del país, las cosas tampoco pintan mejor para quienes han sufrido el peso de la represión. Es el caso de los líderes del Movimiento Verde, Musaví, Rahnavard y Karrubí, que ya han pasado más de mil días en arresto domiciliario e incomunicación total. Se creía que serían puestos en libertad el 24 de octubre, con motivo de la fiesta religiosa del Eid-e Ghadeer, pero no fue así. “Estos individuos cometieron crímenes y han lastimado al sistema, el país y el pueblo, nada ha cambiado con respecto a su castigo”, declaró Ejeí. Lo mismo ocurre con las miles de personas que, acusadas por motivos políticos, tienen procesos o sentencias pendientes de cumplir, o que están encarceladas. Se trata de una competencia de vencidas en una estructura de poder sumamente compleja. Como la República Islámica es una teocracia encabezada por dios a través de su representante en la Tierra, el jefe del Estado no es el presidente, sino el líder supremo, Alí Jameneí. La suya es una figura que detenta la última palabra casi en cualquier materia pero que tiene una debilidad de origen: Jameneí tuvo éxito al maniobrar para asumir el puesto, a pesar de que no cumplía con los requisitos religiosos. Por esa razón muchos altos clérigos se han negado a reconocerlo y se ha visto forzado a depender de negociaciones y alianzas. Su apoyo fue vital para que Ahmadineyad se impusiera en 2009 y para que las fuerzas represivas actuaran contra los opositores, pero durante los siguientes cuatro años el presidente y el líder supremo entraron en constantes roces públicos. Pese al poder de Jameneí, el presidente encabeza una potente facción enquistada en los poderosos pasdarán o Guardianes de la Revolución, un cuerpo militar más poderoso que el ejército y con grandes intereses económicos. La anuencia tácita del líder permitió que Rouhaní, uno de sus cercanos e identificado como centrista y pragmático, aglutinara al vapuleado sector progresista y sorprendiera con la victoria en las elecciones del 14 de junio de este año, derrotando a Esfandar Rahim Mashaeí, el favorito Ahmadineyad. Sus promesas de campaña se quedaban mucho más cortas que las que hicieron los verdes Musaví y Karrubí en 2009, cuando también fueron candidatos. Lo que entusiasmó a la gente, sin embargo, fue el cambio de tono en el discurso, pues su frescura y buena disposición contrastaba con lo agresivo de Ahmadineyad. Gran parte de la sociedad —aquella que fue zarandeada y amordazada a lo largo del cuatrienio— ansiaba este cambio. Es posible que ese haya sido uno de los tres factores que llevaron al líder supremo a favorecerlo. Otro es su propio conflicto con Ahmadineyad. ESQ
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ejércitos en tres de sus fronteras —Irak, Afganistán y Turquía— y con portaaviones y bases militares en su única salida al mar, el Golfo Pérsico. El costo de seguir adelante con el proyecto, fuese civil o militar, se ha hecho demasiado oneroso por sus consecuencias económicas. Por otro lado, también ha avanzado tanto que puede dejar ya dividendos. Si el objetivo de Irán es el que han señalado las potencias nucleares existentes —no agredir, sino disuadir a los posibles atacantes— ahora podrían conseguir en la mesa de negociación garantías de que la República Islámica será respetada por sus enemigos. Ahmadineyad era un político de oratoria provocadora, a quien le daba gusto negar que seis millones de judíos habían muerto en el holocausto de los nazis y anunciar la eliminación de Israel. Provocó tensiones que a muchos en Irán les parecían gratuitas y contraproducentes, y que facilitaron la aprobación de sanciones en el Consejo de Seguridad de la onu. Rouhaní prometió que alcanzaría un acuerdo que suspendiera el boicot antes de un año. El 27 de septiembre, por primera ocasión desde que los estudiantes iraníes tomaron la embajada y descarrilaron la presidencia de Jimmy Carter, los presidentes de Estados Unidos e Irán conversaron por teléfono. Fue una charla de 15 minutos que es considerada histórica.
Alí Jameneí, líder supremo religioso, es uno de los hombres más poderosos de Irán y es una de las razones de que el país se mantenga sin los cambios que pide una parte de la población.
El último es el grave impacto que está teniendo en la economía el problema nuclear. Jameneí sabe que es urgente resolverlo, pero los duros como Ahmadineyad sólo lo han complicado.
Charla HISTÓRICA
Durante años se ha debatido qué hacer con Irán. No son pocos en Israel, Estados Unidos y los países árabes (es un error frecuente confundir a los árabes con los persas —iraníes— y con los turcos, pero son pueblos muy diferentes) los que han exigido ataques militares. La otra vía, la de la diplomacia y las sanciones económicas, es la que parece estar obteniendo avances importantes. Esto ocurre después de décadas de desencuentros. Con presidentes agresivos en Washington y Teherán, como George W. Bush y Ahmadineyad, los extremistas en cada bando suelen sentirse justificados y reivindicados por lo que hacen sus similares del lado enemigo: las acciones de los halcones en Estados Unidos les dan sentido a las de los halcones en Irán, y viceversa. Se cierran los caminos de negociación. A fines de los años 90, sin embargo, en las dos capitales había mandatarios que se decían conciliadores —Bill Clinton y Mohamed Jatamí— y que, a final de cuentas, se culparon mutuamente de desdeñar los gestos amistosos. Ahora, que la coincidencia se ha vuelto a producir, tanto Barack Obama como Rouhaní parecen estar decididos a que no se desperdicie esta nueva oportunidad. Esto es algo importante para EU en un momento en el que su capacidad de influir en Medio Oriente va en declive: la región se torna más caótica, con potencias regionales en abierta competencia, y con la guerra en Siria convertida en un polvorín que amenaza con succionar a las naciones vecinas. Su atención, además, ya se encuentra en el Océano Pacífico: para contener a China está desplazando hacia allá el centro neurálgico de su flota militar. Es lo que se conoce como el “pivoteo” a Asia Oriental, lo que significa que irá perdiendo capacidad de acción en el Golfo Pérsico. Por eso, mejor para ellos dejar las cosas arregladas cuanto antes. En Irán, mientras tanto, resolver el conflicto es una necesidad vital. A lo largo de seis años se ha montado un esquema de sanciones internacionales que está demoliendo la economía: del petróleo, su principal producto de exportación, se logra vender sólo un millón de los 3 millones de barriles diarios que se puede producir; las importaciones son excesivamente caras por el costo de las maniobras financieras necesarias para eludir el bloqueo; durante 2012, el rial perdió dos terceras partes de su valor frente al dólar; el desempleo alcanza a 30% de los adultos y la inflación llega a 45% anual. Mientras tanto, 50 mil millones de dólares de pagos por petróleo están congelados en el extranjero. El problema es el programa nuclear de Irán. Este país asegura que lo realiza con apego a los derechos y las restricciones del Tratado de No Proliferación Nuclear, del que es firmante. Sus enemigos aseguran que disfraza de actividades pacíficas lo que en realidad es un intento de hacerse de una bomba atómica con el objetivo de destruir a Israel y ocupar una posición dominante en 310
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U n r ep o rt e s eñ a l a q u e l o s p ozo s d e p et r ó l eo i r a n í es s e est á n s eca n d o y q u e, a n t es d e 1 5 a ñ o s, est e pa í s d eja r á d e s e r exp o rta d o r pa r a co n v ert i r s e en i m p o rta d o r . )
la región. El líder supremo ha dicho que un arma de destrucción masiva es “anti-islámica” y que su país no la tendrá. Sus críticos no le creen. Quienes insisten en que Irán tiene intenciones militares señalan que un país con tanto petróleo no necesita energía nuclear para dotarse de electricidad. El reporte “Iran’s looming energy crisis” de OilPrice.com, un sitio web especializado en información petrolera, estima que los pozos iraníes se están secando casi tan rápidamente como crece el consumo interno de combustible y que, antes de 15 años, ese país dejará de ser exportador para convertirse en importador. Por lo tanto, añade el documento, Irán sólo tiene ese tiempo “para encontrar fuentes alternas de energía para satisfacer sus necesidades energéticas y reservar sus recursos petroleros para las exportaciones”. Esto debido a que 66% del presupuesto del Estado depende de ellas. Entre los extremos, la visión intermedia percibe que el programa nuclear iraní no está destinado a fabricar la bomba, sino a adquirir las capacidades —técnicas y materiales— para construirla en poco tiempo si se produjera una crisis que amenazara la existencia del régimen. El temor de los líderes iraníes tiene fundamento: sus principales rivales ya poseen armas nucleares —Israel— o tienen la capacidad de adquirirlas de otros —Arabia Saudí las recibiría de Pakistán—. Además, su archienemigo, Estados Unidos, lo tiene rodeado con
RENACER EN EL Bósforo
Esa llamada significa la oportunidad de salir de una situación que ha durado casi 35 años. Varias veces se ha estado cerca de una guerra entre ambos, que tendría consecuencias mundiales. No le sería difícil a Irán bloquear el estrecho de Ormuz, por el que se transporta la producción de petróleo y gas de Irak, Catar, Bahrein, Kuwait y Arabia Saudí. Con esa acción la recuperación económica global se vería interrumpida y la crisis, relanzada. Sin embargo, no todos están contentos con esos acercamientos. La reanudación de las pláticas del llamado P5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad —Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China— más Alemania) con Irán, del 8 al 10 de noviembre, estuvo a punto de producir un acuerdo preliminar que fue vetado a última hora por Francia. Con ese veto París creó una sorprendente coalición informal que reúne a enemigos de toda la vida. De inicio, a Israel y a Arabia Saudí. También a los republicanos estadounidenses con Francia
Fotos: efe y getty images
e Irán. Sí, ahora los políticos de derecha que hace diez años participaron en una campaña antifrancesa por el rechazo galo a atacar Irak, salieron a gritar “Vive la France!”. O, al menos, eso fue lo que tuiteó el senador republicano John McCain, pues “Francia tuvo la valentía de impedir un mal acuerdo con Irán”. Su compañero de partido Lindsey Graham coincidió en una aparición en cnn: “¡Gracias a dios por Francia! Los franceses se han convertido en muy buenos líderes en Medio Oriente”. La postura es similar a la de los conservadores iraníes, quienes acusan al gobierno de Rouhaní de ser ingenuo por creer en la buena voluntad del enemigo. Algunos rumian que podría estarse fraguando una traición contra la República Islámica. Pero los iraníes dentro y fuera del país mantienen la esperanza. En un café de Estambul está Yasmin Etihad, una maestra de literatura de 30 años, quien también se exilió a raíz de la represión de 2009 y que antes creía que sólo la caída del régimen permitiría el cambio. Hoy afirma que “Rouhaní no nos va a dar el Irán con el que soñamos, pero es necesaria una figura como la de él, un centrista, porque ni (el líder supremo) Jameneí ni los conservadores aceptarían jamás a un liberal, y eso nos tenía en el estancamiento”. En el muelle de Kadiköy, Jafez e Isik se abrazan mientras aspiran el aroma del Bósforo por última vez, antes de partir rumbo a Irán. Sí, él sabe que los conservadores siempre acabaron por imponerse y revertir cada logro. “Ahora llevo refuerzos”, sonríe mirando a Isik, un poco en broma, un mucho en serio. “Si no confiamos en la voluntad y la valentía de los iraníes, sólo nos quedará creer en las bombas que destruirán nuestra nación. Tiene que estar en nuestras manos”. Sus manos se entrelazan con las de la bella joven turca. Al fondo, los altos minaretes de la mezquita Sultán Ahmed se enmarcan en el atardecer. Hace cuatro años, Jafez quería morir aquí mismo. Hoy ha escogido renacer. El llanto no es eterno.
Políticos conservadores estadounidenses, como Lindsey Graham (arriba) y John McCain, han intentado boicotear los acercamientos de su gobierno con el de Irán. El petróleo de ese país es clave para eu.
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