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SEA REVISTA #40

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EL RELATO DEL MUNDO QUE VIENE

NUEVOS LIDERAZGOS DISPUTAN EL SENTIDO DEL ORDEN GLOBAL.

LA ACCIÓN CLIMÁTICA

COMO EJE DE TRANSFORMACIÓN

SOSTENIDA

La transición climática deja de ser un compromiso sectorial para convertirse en un proceso continuo. | pg. 6

ESTRENO DOCUMENTAL-FICCIÓN

“CUATRO LAGUNAS”: CUANDO UNA CORAZONADA

SE VUELVE PELÍCULA

Diez años de búsqueda, territorio y cine para despertar conciencia a través de una historia profundamente personal. | pg. 16

EL LATIDO RESILIENTE DE LOS ARRECIFES DE CORAL

La sustentabilidad es un tejido vivo donde economía, comunidad y naturaleza se entrelazan, y comprenderla es el primer paso para transformar responsablemente nuestra relación con el océano. | pg. 34

PROYECTO ULTRAMAR

Febrero de 2026

s increíble y poco esperanzador, pero a la vez impulsador, todo lo que pasa en el mundo actualmente desde lo geopolítico y la ética, hasta los procedimientos jurídicos que hasta ahora eran respetados, como desde la ausencia de respeto por el otro (diferente a uno) sin el menor cuidado.

Desde los archivos Epstein, hasta presidentes que creen que rozan la divinidad… y con ellos, las consecuencias de sus actos.

Un cambio climático que nos arrasa… Me resulta increíble ver a Andalucía bajo agua o a Nueva York con una tormenta de nieve que no permite salir a las calles… Mientras tanto… la vida sucede, y el mundo busca un nuevo equilibrio para poder convivir y el planeta un respiro para no colapsar, o tal vez la humanidad no colapsar, porque el planeta seguro tal como vamos nos trascenderá.

La incertidumbre pasó a ser moneda corriente, lo increíble tangible… Pero aún así, son momentos en los que humanamente debemos más que en ningún otro

SENSIBILIZARNOS, y no solo asombrarnos, sino también exigir a los gobiernos que actúen bajo el criterio de la paz, la empatía hacia las otras naciones, el respeto de los derechos, y sobre todo, el respeto y cuidado hacia el otro y hacia el bien común.

No dejemos que lo “no normal” sea la regla, no dejemos que la evolución “des-evolucione”, y no permitamos que la frustración e impotencia de ser “simples” habitantes y ciudadanos de a pie, nos dejen apáticos ante lo que no tenemos el control directo, pero sí en lo pequeño a gran escala la posibilidad de cambiarlo. Lo que sucede en la actualidad no son temas ni de izquierdas ni de derechas, no son temas de religiones ni culturas… Son temas de HUMANIDAD, de todos, como especie en conjunto y como personas que tenemos, además de raciocinio, corazón y sentimientos.

Columnistas

LUIS, KATIA Y KEN SEI FONG

Arte, arquitectura y sostenibilidad, construyendo puentes culturales.

MARIANELA GONZÁLEZ

Consultora en desarrollo de negocios, business coach.

ANABELA ALDAZ

Abogada. Especialista en ambiente y en empoderamiento económico de las mujeres.

LUIS CASTELLI

Abogado especialista en Derecho Ambiental. Director de la Fundación Naturaleza para el Futuro.

ANDRÉS CIKATO

Licenciado en Relaciones Internacionales. Co-Fundador y presidente de El Palomar.

URIEL SOKOLOWICZ

Cineasta Documentalista, buzo científico y explorador del Mar.

MATÍAS KELLY

Emprendedor social. Director de Asociación Civil Sumatoria para una Nueva Economía.

FIONA KAREN WILTON

Optimista. Madre. Coordinadora de Tierras y Aguas Sagradas, The Gaia Foundation.

ELOISA PONCE DE LEÓN

Abogada. Coordinadora del movimiento Fashion Revolution Uruguay.

RENÉ CALPANCHAY

Co-fundador de Pueblos Originales, referente indígena

EQUIPO

DIRECCIÓN EJECUTIVA

María Victoria Pereira Flores victoria@sea.com.uy

EDICIÓN

María Sofía Muratore editor@sea.com.uy

WEB

Guido Iacobacci www.xinapse.com.ar

DISEÑO

Pilar de Uribelarrea behance.net/ piludeuribe

COLABORAN EN ESTE NÚMERO

Michel Schlaifer, Alejandro Romano Rusiñol, Guayana Páez-Acosta, Pepe Tobal, Violeta Artagaveytia, Sylvia Perel, Giancarlo Gusmaroli, Mathias Escotto Gadea, Equipo de comunicación de Maternity Foundation, Agustina Santos

ESTAMOS EN sustentabilidadenacciones.com contacto@sea.com.uy sustentabilidadenacciones seauruguay Grupo: SEA - Sustentabilidad en Acciones

IMPRESIÓN

Gráfica Mosca. Depósito legal: N° 376.361

DISTRIBUCIÓN

DAC - Agencia Central

Integramos el Registro Nacional de Proyectos de Fomento Artístico Cultural

sumario

ACTUALIDAD

La acción climática como eje de transformación sostenida· 6 Cuando la ética se vuelve estética · 8 Venezuela como laboratorio vivo: del trauma a la creación intencional · 12 El audiovisual en disputa: del autor al algoritmo · 14

DOCUMENTAL

Estreno documental-ficción “Cuatro Lagunas”: cuando una corazonada se vuelve película · 16

ORGANIZACIONES

Cine, educación, medio ambiente en Baja California Sur, México · 18

Donde el arte se vuelve territorio · 20 “Espacio Celeste”: museo que nace en la montaña · 22

HORIZONTES DE PAZ

Sentir Atacama: puente entre lo ancestral y el Quíntuple impacto · 24

NOTA DE TAPA

El relato del mundo que viene · 26

EXPRESIÓN Y SENTIDO

Hasta donde llega el mar · 32

EXPLORAR CONCIENCIA

El latido resiliente de los arrecifes de coral · 34

MIRADAS DE EQUIDAD

Dar vida no debe costar una vida · 36

De la sostenibilidad declarativa a la sostenibilidad con debida diligencia: el nuevo contrato entre empresas, derechos humanos y ambiente · 38

TIERRAS SAGRADAS

Cuanto más maduro está el arroz, más se inclina · 40

PODCAST

“Outrage + Optimism” · 42

INVERSIÓN DE IMPACTO

La falsa dicotomía: lo social o lo ambiental (cuando en realidad es lo social y lo ambiental) · 44

ARTE PARA LA ACCIÓN

CINTA: consumo y cuidado · 46

REFLEXIONES

La memoria que nos constituye · 48

LA ACCIÓN CLIMÁTICA COMO EJE DE TRANSFORMACIÓN SOSTENIDA

LA TRANSICIÓN DEJA DE SER UN COMPROMISO SECTORIAL PARA CONVERTIRSE EN UN PROCESO CONTINUO QUE REORDENA DECISIONES PÚBLICAS, ECONÓMICAS Y SOCIALES EN EL TIEMPO.

Más que un evento, la COP30 puede entenderse como el umbral de una nueva etapa: aquella en la que la transición deja de ser un horizonte negociado para convertirse en un proceso material, desigual y profundamente político. No inaugura los cambios, pero sí los vuelve inevitables. Desde este punto de partida, lo que se proyecta hacia el futuro no es un conjunto de compromisos, sino una transformación progresiva de prioridades, instrumentos y responsabilidades.

La implementación como nuevo campo de decisión

El desplazamiento desde la negociación hacia la implementación redefine la naturaleza de la gobernanza climática. La cuestión central ya no gira en torno a los objetivos, sino a la capacidad real de ejecutarlos. Esto sitúa a la acción climática en el cruce de políticas fiscales, productivas, tecnológicas y sociales. En adelante, la legitimidad de los gobiernos no se medirá solo por sus metas declaradas, sino por su capacidad de transformar matrices productivas, sostener cohesión social y administrar los costos de la transición. La dimensión social —expresada en la idea de transición justa— deja de ser complementaria y pasa a ser condición de viabilidad.

Clima, financiamiento y reglas económicas

La articulación creciente entre acción climática, comercio y finanzas anticipa una

reorganización profunda de los marcos de decisión. Los instrumentos vinculados al carbono, los estándares ambientales y la movilización de financiamiento orientarán inversiones, producción e innovación, condicionando trayectorias de desarrollo. La acción climática se consolida así como un componente estructural de la política económica, capaz de influir en competitividad, planificación estatal y estrategias de largo plazo.

La transición energética como proceso disputado

La falta de consensos definitivos sobre la salida de los combustibles fósiles no frena la transición, pero confirma su carácter conflictivo. El proceso avanzará bajo tensiones entre intereses económicos, seguridad energética, desarrollo y urgencia ambiental. En el tiempo, esta disputa moldeará decisiones estratégicas, reorganizará sectores productivos y definirá ritmos diferenciados de transformación.

Adaptación y resiliencia como base del desarrollo

A medida que se intensifican los impactos climáticos, la adaptación deja de ocupar un lugar periférico para convertirse en un eje organizador del desarrollo. El desafío ya no reside en planificar, sino en ejecutar:

fortalecer capacidades institucionales, reducir vulnerabilidades estructurales y construir resiliencia territorial.

El financiamiento para adaptación y la cuestión de pérdidas y daños seguirán siendo indicadores clave de equidad y cooperación internacional.

Naturaleza, legitimidad y participación

La centralidad creciente de los bosques, la biodiversidad y los pueblos indígenas anticipa una ampliación del enfoque climático hacia la relación entre sociedad y naturaleza. Sin financiamiento adecuado, estas agendas enfrentan límites; pero sin ellas, la transición pierde legitimidad y sostenibilidad. La participación social, la transparencia y la justicia climática tienden a consolidarse como condiciones estructurales del proceso de transformación.

Una trayectoria de largo plazo

Lo que se proyecta desde este punto de partida no es una agenda cerrada, sino una dirección sostenida: la incorporación progresiva de la acción climática en las decisiones que organizan el desarrollo, la producción y el bienestar. La transición no se definirá en un solo momento, sino en la acumulación de transformaciones concretas, graduales y persistentes a lo largo del tiempo.

Cuando la ética se vuelve estética

Por Alejandro Romano Rusiñol

UNA REFLEXIÓN SOBRE CÓMO EL CRECIMIENTO Y LA VALIDACIÓN PUEDEN VACIAR DE PENSAMIENTO CRÍTICO EL COMPROMISO ÉTICO.

El compromiso ético en sustentabilidad suele narrarse como una convicción clara, casi natural. En la práctica, es más frágil.

No falla por falta de valores, sino cuando deja de ser un ejercicio activo de pensamiento y empieza a apoyarse en automatismos cómodos.

Hannah Arendt advertía que el problema ético no aparece cuando faltan valores, sino cuando dejamos de pensar críticamente lo que hacemos.

Ese desplazamiento no ocurre de golpe. Se produce por negociaciones invisibles que van hackeando el compromiso ético desde adentro.

Hay dos hackers que aparecen una y otra vez. El primero es económico. Proyectos que facturan, que sostienen estructura, que permiten crecer y que, además, nos habilitan a sostener lo que estamos creando. El problema empieza cuando el crecimiento deja de ser una variable y se vuelve el criterio principal.

En ese punto, la ética empieza a adaptarse para no frenar. Se justifica. Se posterga. Se acomoda.

Cuando la ética se vuelve estética, el juicio es reemplazado por la validación.

Byung-Chul Han describe cómo, en una cultura de la positividad, el aplauso empieza a ocupar el lugar del pensamiento crítico.

El segundo hacker es el ego, más precisamente, la endorfina del like.

En ese mismo clima, la validación pública funciona como atajo: si gusta, si se comparte, si inspira, entonces debe estar bien.

Ahí es donde la ética empieza a transformarse en estética.

Importa más cómo se ve una decisión que lo que realmente produce: el aplauso reemplaza a la verificación.

Lo comunicable le gana a lo complejo, el relato le gana a lo verdadero.

En mi práctica hubo proyectos que no elegí, porque al medirlos el impacto no cerraba. Decidir no hacerlos tuvo un costo económico real.

Lo difícil no solo fue decir que no, sino también fue no empezar a acomodar el relato para que sí.

Cuando el crecimiento se vuelve el criterio y la validación el premio, la ética deja de ser un marco y pasa a ser un recurso.

Deja de orientar decisiones y empieza a embellecerlas. Y cuando la ética se convierte en estética, deja de cumplir su función. El compromiso ético no solo se demuestra en lo que hacemos, sino también en lo que estamos dispuestos a no hacer, incluso cuando nadie lo celebra.

Venezuela como laboratorio vivo: del trauma a la creación intencional

CONECTAR CON LA REALIDAD HUMANA: LA SANACIÓN COLECTIVA COMO PARTE DE LA TRANSICIÓN.

Venezuela atraviesa un posible punto de inflexión. Tras más de dos décadas de crisis política, económica y social, el país comienza a desplazarse del lenguaje de la supervivencia hacia el de la transición.

Más que una emergencia humanitaria o un simple fracaso político, la crisis venezolana constituye una policrisis que ha erosionado el tejido social y la vida colectiva. Desde 2025, la reconstrucción se plantea en términos de economía, democracia, servicios e infraestructura. Sin embargo, suele quedar fuera una dimensión esencial: la sanación de una sociedad profundamente herida. Los países se reconstruyen con personas capaces de confiar, colaborar e imaginar un futuro compartido. Sin atender las heridas individuales y colectivas, existe el riesgo de levantar nuevas estructuras sobre bases sociales fracturadas. Si esta dimensión humana se integra desde el inicio, Venezuela podría convertirse en un ejemplo de transformación regenerativa.

La magnitud de la crisis convierte al país en un laboratorio vivo para comprender cómo la vulneración sostenida de derechos instala el miedo a nivel sistémico y moldea la psique colectiva. Mirar esta realidad con honestidad y amplitud es parte del comienzo.

La misión central: de la resistencia a la resiliencia activa

El colapso de una nación deja también una huella neurológica y somática. La crisis no solo ha sido política y social; se ha inscrito en el sistema mente-cuerpo de millones de

personas. El desafío consiste en pasar de una resistencia que soporta la adversidad a una resiliencia activa capaz de abrir espacio a la creación intencional. Esta transición implica convertirnos en participantes concientes del presente y del futuro que el país merece.

La anatomía del dolor no atendido

La exposición prolongada al miedo y la vulneración de derechos genera efectos psicológicos y somáticos profundos. Cuando el dolor no se procesa, se transforma en sufrimiento persistente y puede consolidarse como trauma, instalando un estado permanente de supervivencia. Desde allí, la percepción del presente y del futuro se distorsiona. El pasado domina la experiencia actual y reaccionamos a heridas antiguas en lugar de responder a nuevas oportunidades.

Los “lentes teñidos” del trauma

El trauma actúa como un filtro que colorea la percepción. Estos “lentes” impiden distinguir entre amenazas pasadas y la realidad presente. Cuando estamos atrapados en esa memoria emocional, se debilita la capacidad de conectar con el ahora e imaginar un futuro distinto. Sin reconocer estos filtros, corremos el riesgo de repetir ciclos históricos en lugar de transformarlos.

Quiénes cargan el peso de Venezuela

El impacto de la crisis atraviesa toda la sociedad: víctimas de represión, familias de presos políticos, millones de migrantes forzados y quienes permanecieron en el país

enfrentando la precariedad cotidiana. No hay venezolano que no haya sido tocado por esta realidad. Sin embargo, estas marcas no tienen por qué definir el futuro. Existen recursos humanos y colectivos capaces de abrir caminos de transformación si se activan de manera conciente.

Redefinir la resiliencia: dos caminos

Todo ser humano posee resiliencia, pero sobrevivir no basta. Existe una resiliencia que permite soportar el sufrimiento, aunque mantiene a las personas ancladas al dolor, y otra que transforma la experiencia y abre posibilidades. El reto de la transición es cultivar esta segunda forma: una resiliencia creadora que permita construir un futuro que no repita el pasado.

La ciencia y la sabiduría de la conciencia

En la intersección entre ciencia y sabiduría humana, la conciencia emerge como herramienta para liberar el trauma y recuperar la capacidad de acción. Reconectar con la vida interior, integrar prácticas que contemplen cuerpo y mente, de forma integral, reconocer los filtros con los que percibimos la realidad y cultivar emociones como gratitud,

compasión y claridad permite liberar energía para la acción intencional. Este proceso no es solo individual: la sanación fortalece las bases de toda reconstrucción social y amplía la posibilidad de cooperación.

Sanación colectiva y futuro prometedor

La reconstrucción del país requiere ciudadanos disponibles para crear juntos el futuro que merecen. Comprender el impacto humano de la policrisis abre una oportunidad histórica: transformar el dolor en aprendizaje y la adversidad en energía creadora. Priorizar la resiliencia como capacidad de renacer puede renovar la energía individual y social necesaria para afrontar la transición y sentar las bases de una nueva Venezuela.

Guayana Páez-Acosta, MSc, es una profesional venezolana-estadounidense, fundadora de Athena Lab for Social Change, con más de dos décadas de experiencia en desarrollo comunitario, sostenibilidad y cambio sistémico en Venezuela, América Latina y Estados Unidos.

Descubre más sobre sus proyectos en: es.athenasocialab.com

El audiovisual en disputa: del autor al algoritmo

UNA REFLEXIÓN SOBRE LA TRANSFORMACIÓN DEL LENGUAJE

AUDIOVISUAL EN LA ERA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL.

El lenguaje audiovisual atraviesa su transformación más profunda: el paso de la observación pasiva a la democratización total de la creación. Ya no somos solo espectadores; la tecnología ha convertido a cualquier usuario en un realizador potencial, diluyendo la frontera entre el cine profesional y el contenido orgánico. Esta “soberanía del prosumidor” redefine el éxito, desplazando el prestigio artístico por métricas de retención y viralidad. En este escenario, la Inteligencia Artificial (IA) generativa actúa como el gran catalizador. Mientras que en el cine de autor figuras como “Del Toro” advierten sobre la pérdida del alma narrativa, otros ven en la IA una herramienta para descentralizar el poder, permitiendo que el sur global acceda a capacidades de producción antes reservadas para

Hollywood. La Declaración de Nueva Delhi, febrero de 2026, es el testimonio de esta urgencia: “Una IA que debe ser ética y humana, pero, sobre todo, inclusiva”.

El audiovisual ya no solo registra; construye realidades con avatares sintéticos y narrativas transmedia, priorizando la urgencia temática sobre la estética tradicional. El cine actual no se mide en salas, sino en la capacidad de una historia para fragmentarse y sobrevivir al algoritmo. En 2026, el verdadero lenguaje audiovisual es aquel que logra ser auténtico en un mar de estímulos artificiales e hiperinformación.

—“Querido lector: este texto fue generado por IA, editado, corregido, citado, formateado, ‘humanizado’… y finalmente firmado por un humano”.—

Animales

Estreno documental-ficción “Cuatro Lagunas”: cuando una corazonada se vuelve película

DIEZ AÑOS DE BÚSQUEDA, TERRITORIO Y CINE PARA DESPERTAR

CONCIENCIA A TRAVÉS DE UNA HISTORIA PROFUNDAMENTE PERSONAL.

Quiero agradecer, agradecer de verdad, a las corazonadas propias y a las personas que, en cada uno de sus roles, hicieron posible llegar hasta aquí… a un destino (película) llamado “CUATRO LAGUNAS”.

Fue en enero de 2016, viendo una película en la estación del pueblo Garzón, tirada en el pasto, bajo las estrellas, dentro del JIIFF (Festival Internacional de Cine de José Ignacio), que en un momento me dediqué solamente a observar a los espectadores, al público, y pensé lo alucinante que sería si todas esas personas, además de disfrutar por el mero hecho recreativo que vivían, se

llevaran un mensaje vinculado con “esas cosas que a mí tanto me mueven el alma”. Y fue así como me di cuenta de que ningún profesional, investigador o especialista de las mejores universidades o centros de investigación del mundo podía tener el poder de sensibilizar como un audiovisual respecto a un tema en concreto. Ese clic fue seguido por tres ramales, tres ideas que con el tiempo tomaron forma.

Primero, generar un festival de cine ambiental en Montevideo (lo que con los meses fue CAMINA, al asociarnos con Movie); segundo, realizar exhibiciones de cine al aire libre

acompañadas de charlas inspiradoras extremadamente breves (lo que al verano siguiente fue y continúa siendo DESPIERTA); y tercero —el que recién diez años después tomó su forma completa— llevar a la pantalla grande un documental que sensibilizara sobre el territorio que me mueve desde lo más interno a lo más externo de mí misma: el que acoge a las cuatro lagunas costeras del Uruguay (José Ignacio, Garzón, Rocha y Castillos). Este tercer clic fue el más difícil. No hay nada más complejo que saber lo que uno desea a la hora de encontrar el equipo perfecto, y especialmente al director. Siendo curadora de documentales, buscaba uno que no fuera visto solo por ecologistas, sino también por “los otros”, aquellos que aún deben despertarse ante estos temas.

Mención especial merece mi amigo Mariano Avellaneda, quien durante diez años sostuvo mi sueño, motivándome e incluso apoyando económicamente la búsqueda del proyecto. En 2022 llegó a mis manos “Mar de Lobos”. Sentí que su director, Mato (Matías

Amgelio), era el indicado. Trabajar con él fue un verdadero goce por su profesionalidad, creatividad y entusiasmo. Conseguir los fondos para “CUATRO LAGUNAS” no fue fácil, pero se logró. Agradezco a cada persona que confió, en especial a Edmundo Vidal y a Trafigura, que fueron el primer ancla. También a quienes participaron en el rodaje y al extraordinario equipo de trabajo. A veces, manejando en la carretera, pienso en todo lo que tuvo que suceder para llegar al estreno. Y lo que más deseo, como madre, es transmitir que cuando una persona desea algo profundamente y sabe que puede aportar algo bueno al mundo, no hay imposibles. En pocos meses, “CUATRO LAGUNAS” estará disponible para todo el mundo, con la esperanza de que cada espectador tome conciencia de la importancia de preservar aquello que está en riesgo y cuya conservación depende, en parte, de cada uno de nosotros.

Descubre más en el Instagram: @cuatrolagunasdocumental

CINE, EDUCACIÓN, MEDIO AMBIENTE EN BAJA CALIFORNIA SUR, MÉXICO

Por Sylvia Perel, Directora del Festival de Cine Todos Santos

UNA PLATAFORMA FORMATIVA

QUE VINCULA CREACIÓN

CINEMATOGRÁFICA, CONCIENCIA

AMBIENTAL Y PARTICIPACIÓN

JUVENIL DESDE 2006.

Desde 2004, el Pueblo Mágico de Todos Santos, Baja California Sur, México, es sede del “Festival de Cine Todos Santos (FCTS)”, relevante programa cultural que proyecta cine de excelencia y diversidad de Latinoamérica y España, con énfasis en la cinematografía

de México, en los géneros ficción, documental y cortometraje, de mérito artístico y educacional.

El “Festival de Cine Todos Santos (FCTS)” crea, promueve y difunde desde 2006 el programa de la Escuela de Cine Leonardo Perel, dirigido a niños y jóvenes. Nuestro objetivo ha sido posicionar al FCTS como modelo de festival de cine por su espíritu comunitario y educativo, y convertir su programa formativo en una plataforma de educación cinematográfica y de conciencia sobre las problemáticas ambientales que nos aquejan.

En 2006, Leonardo Perel (DEP), basado en su visión de que el cine es una poderosa herramienta educativa, funda la ECLP con el propósito de motivar a los jóvenes a contar historias, al tiempo que fomenta la conciencia sobre las riquezas naturales de nuestro entorno y su conservación.

Bajo la instrucción de cineastas profesionales y a través de talleres de cine, actuación, teatro, fotografía, sonido y nuevas tecnologías, la ECLP ha producido cortometrajes que han recorrido festivales internacionales y obtenido distinciones. A la fecha han participado cientos de niños y jóvenes de entre

7 y 20 años, produciendo obras de ficción, animación y documental, desde la concepción de la idea hasta su estreno en el marco del FCTS y otros festivales dedicados al medio ambiente y la juventud.

Entre sus producciones destaca “Alicia en el País de las Ballenas”, dedicada a exaltar la belleza natural de Baja California Sur, su vida marina, el peligro del plástico y la necesidad de crear conciencia sobre la conservación del medio ambiente.

“El Principito en Todos Santos” constituye un llamado de atención sobre las amenazas de instalación de una mina de oro en la Sierra de la Laguna, el valor del agua y el vínculo espiritual entre los habitantes y la naturaleza, visto desde la mirada de un niño.

Fue premiado como Mejor Cortometraje Internacional en 2019 en el Festival CineFEM de Punta del Este, Uruguay.

La ECLP ha producido numerosos cortometrajes, documentales y animaciones creados por niños y jóvenes locales, consolidándose como una plataforma educativa y formativa para nuevas generaciones de cineastas y públicos, contribuyendo a enfrentar la falta de oportunidades que afecta a la juventud de la comunidad.

DONDE EL ARTE SE VUELVE TERRITORIO

Por Violeta Artagaveytia

Crédito de imagen: Francisca Vivo

UNA RESPUESTA COLECTIVA QUE VINCULA EDUCACIÓN RURAL Y PRÁCTICAS ARTÍSTICAS EN EL MUNICIPIO DE GARZÓN.

En el Municipio de Garzón, departamento de Maldonado, las transformaciones sociales, culturales y económicas derivadas de la acelerada urbanización han producido nuevas tensiones en el acceso a los recursos culturales, particularmente en el ámbito de la educación rural. Frente a este escenario surge Versa, una red colaborativa, autónoma y sin fines de lucro que trabaja sobre estas condiciones mediante el intercambio entre escuelas rurales e instituciones culturales del territorio.

Partiendo de una mirada situada, Versa propone tejer vínculos que permitan ampliar y democratizar el acceso a experiencias culturales, generando cruces entre prácticas artísticas, educación y comunidad. En un contexto donde Garzón se consolidó como polo cultural vinculado al arte contemporáneo, el proyecto se posiciona como una forma de mediación entre ese ecosistema y las escuelas rurales.

Sus prácticas se desarrollan de manera horizontal y colectiva, a partir de la escucha de los intereses y necesidades de los niños. Desde allí, el arte es abordado como una herramienta de transformación social que habilita nuevas formas de percepción, reflexión y acción, favoreciendo procesos de reapropiación simbólica del territorio.

A lo largo del año, Versa implementa un programa de artes visuales en escuelas rurales, complementado con actividades extracurriculares orientadas a profundizar el trabajo creativo y territorial. Durante el verano, Versa Verano sostiene estos procesos mediante encuentros en el espacio público y en instituciones culturales, integrando a niños, familias y comunidad. Versa es llevado adelante por Agustina Fernández Raggio y Violeta Artagaveytia.

Para saber más: @versa_uy

Crédito de imagen: Versa

“ESPACIO CELESTE”: MUSEO QUE NACE EN LA MONTAÑA

Por equipo de comunicación de SEA

UN PROYECTO CULTURAL QUE UNE COMUNIDAD, MEMORIA Y TERRITORIO, Y QUE ABRE UNA NUEVA ETAPA CON LA CREACIÓN DE UN MUSEO VIVO EN PLENA MONTAÑA DE TILCARA.

Desde 2002, la artista visual Lucía Llorente impulsa en Tilcara un proyecto que trasciende la idea tradicional de galería. “Espacio Celeste” nació como un gesto concreto frente a una realidad social marcada por la desigualdad y la falta de acceso al arte. El primer motor fueron los niños y las familias del pueblo; luego llegaron los talleres, el grabado y la recuperación de “diseños precolombinos” como forma de reconectar con la memoria visual del territorio.

Lejos de buscar únicamente la exhibición de artistas reconocidos, Llorente eligió trabajar sobre “lo propio”: la identidad local, los saberes compartidos y la creación colectiva.

En ese camino, el arte se volvió herramienta de encuentro, de autoestima y también de sustento. "Espacio Celeste" fue, y es, un lugar donde “lo autóctono” no es una pieza de museo sino una práctica viva, transmitida y resignificada por la comunidad. Hoy, ese recorrido desemboca en una nueva etapa. A seis kilómetros de Tilcara, en plena montaña, Lucía Llorente acondiciona un predio para inaugurar un pequeño museo y centro cultural. El espacio, concebido como “un lugar paradisíaco”, integrará talleres, exhibiciones y un restaurante con “cocina solar”, articulando arte, naturaleza y sustentabilidad. La importancia de este proyecto radica en su coherencia: no se trata solo de abrir un museo, sino de consolidar una visión donde el arte dialoga con el paisaje y con la historia viva del lugar. En "Espacio Celeste", la cultura no se observa a distancia; se experimenta, se comparte y se construye colectivamente.

SENTIR ATACAMA: PUENTE ENTRE LO ANCESTRAL Y EL QUÍNTUPLE IMPACTO

Por René Calpanchay, Pueblo Atacama, Puna de los Salares, Argentina

UNA INVITACIÓN A INTEGRAR IDENTIDAD, TERRITORIO Y ACCIÓN DESDE EL BUEN VIVIR.

En el mundo andino, “el pensamiento que no se traduce en acción es como una nube que no descarga su lluvia”. Tras 14.000 años de habitar la Puna de los Salares, el pueblo Atacama ha comprendido que la paz no es un concepto pasivo, sino un ejercicio armónico entre el pensar, el sentir y el hacer. No solo desde el concepto de “pienso y luego existo”, sino desde el de “siento y existo”. Hoy, nuestro desafío es co-crear un puente sólido entre nuestro propósito milenario y el impacto de nuestras acciones presentes.

La base del puente: 10 comunidades y un territorio sagrado Hace 25 años iniciamos un renacimiento. No desde la queja, sino desde la responsabilidad de hacernos cargo del tiempo y del espacio que nos toca vivir. Trabajamos, líderes y familias de nuestras 10 comunidades, codo a codo para recuperar nuestra identidad y asegurar nuestra propiedad comunitaria, no solo con títulos, sino con acciones cotidianas. Lograr nuestras personerías jurídicas y la titulación de nuestras tierras comunitarias no

fue solo un trámite legal; fue el acto de poner nombre y sentirnos parte del cuerpo de la Pachamama, para convivir en paz. Y eso se logra haciendo lo más simple en situaciones complejas: organizándonos con coherencia para equilibrar la vida de todos los seres, visibles e invisibles.

El propósito: empresas de quíntuple impacto

Para nosotros, la evolución no es abandonar el pasado, sino integrarlo a la forma de vida actual. Por eso estamos conformando empresas y acciones cotidianas de quíntuple impacto, donde la eficiencia no está reñida con la armonía. Este modelo trasciende la mirada convencional al unir cinco dimensiones innegociables:

1. Económica: prosperidad compartida.

2. Social: fortalecimiento del tejido comunitario.

3. Ecológica: cuidado y regeneración de nuestra Madre Tierra.

4. Cultural: orgullo por nuestros saberes transmitidos por generaciones y disposición a compartir y complementarnos con los saberes de otras culturas del mundo.

5. Espiritual: conexión con el Todo, que guía nuestra intuición.

Este es el impacto real de nuestro propósito colectivo. Sentimos que esta semilla ya está

dando frutos y que es un modelo que puede ser compartido con otros territorios y culturas.

El encuentro: saberes ancestrales, ciencia y tecnología

La verdadera innovación no nace de la razón pura —que a menudo solo busca culpables y detiene nuestra evolución—, sino de la complementariedad. El puente que estamos construyendo une la experiencia ancestral de 14.000 años con la ciencia y la tecnología modernas.

No rechazamos el progreso; lo abrazamos para que sirva a la vida. Ponemos en valor la intuición y el instinto para equilibrar la razón técnica. Solo así podremos regenerar al Homo sapiens como un ser “senti-pensante”, capaz de tomar decisiones que aseguren la vida y la armonía global.

Llamado a la coherencia

La paz es el resultado de hechos concretos. Nuestra identidad no es una reliquia, sino un motor de cambio. Invitamos al mundo a cruzar este puente con nosotros: un espacio donde el desarrollo humano signifique cuidado y buen vivir como celebración de la vida. Hacernos cargo de nuestro destino es el acto de amor más profundo hacia las generaciones que vendrán. “Ckausama Kunza” (La vida es nuestra).

el relato del mundo que viene

NUEVOS LIDERAZGOS DISPUTAN EL SENTIDO DEL ORDEN GLOBAL.

El comienzo de 2026 dejó una serie de señales que, observadas en conjunto, hablan menos de crisis aisladas y más de un cambio en el funcionamiento del sistema internacional. La respuesta inicial del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante el escenario venezolano; la persistencia de la guerra en Gaza y su impacto regional; la prolongación del conflicto en Ucrania; la tensión latente con Irán; y las diferencias dentro de la Unión Europea frente a sanciones, defensa y autonomía energética forman parte de un mismo clima: un orden global en proceso de ajuste. En ese marco también emergen nuevas formas de coordinación. Algunas se desarrollan por fuera de los canales multilaterales tradicionales, como el Consejo de Paz promovido desde Washington, mientras otras intentan redefinirlos desde adentro. En Davos, durante el World Economic Forum, el debate se centró precisamente en esa transición. Allí, el primer ministro canadiense Mark Carney advirtió que el sistema internacional atraviesa una transformación estructural y llamó a las potencias medias a cooperar para sostener estabilidad, desarrollo y transición energética. La discusión, más que sobre poder, gira hoy en torno a legitimidad y a la narrativa que puede sostenerla.

Un cambio de era

Para Jorge Elías, periodista especializado en política internacional, director del portal El Ínterin y conductor en Radio Continental y la Televisión Pública Argentina, el momento actual no es una acumulación de crisis, sino un cambio de época. Según explica: “El equilibrio geopolítico global ya no se decide en la diplomacia tradicional, sino en la psicología de una nueva estirpe de líderes que han sustituido la estrategia por el instinto”. Ese desplazamiento transforma la forma en que se construyen alianzas y se interpretan conceptos como la democracia, la soberanía o la libertad. La política internacional se mueve cada vez más en zonas grises donde la narrativa pesa tanto como la capacidad material. Para Elías, la estabilidad contemporánea ya no depende de evitar conflictos, sino de poder gestionarlos en un entorno de incertidumbre permanente.

Reglas en revisión y agendas compartidas Desde otra mirada, Gulnor Saratbekova, activista por los derechos de ciudadanos legales en Uruguay, nacida en Tayikistán y residente en el país desde hace más de 25 años, observa que el sistema internacional basado en reglas atraviesa una etapa de revisión profunda. No se trata de su desaparición, sino de un proceso de reinterpretación constante.

Según señala: “Las líneas rojas que antes parecían infranqueables hoy se diluyen y las reglas no siempre se aplican de forma uniforme”. Esa percepción genera incertidumbre, especialmente en países que dependen de marcos claros para sostener su inserción internacional. La respuesta no es homogénea: algunos actores buscan reformar los mecanismos existentes, mientras otros ensayan espacios alternativos de coordinación. Saratbekova también advierte sobre el creciente peso de actores corporativos en la definición de agendas estratégicas.

Jorge Elías

Periodista especializado en política internacional, director del portal El Ínterin y conductor en Radio Continental y la Televisión Pública Argentina

Empresas tecnológicas, energéticas y de defensa influyen cada vez más en decisiones económicas y políticas, configurando un escenario donde la relación entre mercado y poder adquiere nuevas dimensiones. En Europa, la situación refleja esa tensión. La Unión Europea intenta consolidar una agenda compartida en materia de defensa, transición energética y autonomía estratégica, pero las divergencias internas muestran que incluso los bloques más integrados atraviesan procesos de ajuste. La idea de agenda común ya no es automática, debe construirse en un entorno de presión geopolítica y transformación económica.

Incertidumbre estructural

El clima dominante del sistema internacional es la incertidumbre. Para Elías, la estabilidad contemporánea no se define por la ausencia de conflictos, sino por la capacidad de gestionarlos. La percepción de inseguridad, más que los hechos objetivos, comienza a moldear decisiones políticas y sociales. Pedro Tarak, cofundador de Sistema B — organización que promueve un modelo económico donde el éxito se mide por el

bienestar social y ambiental además de la rentabilidad— y referente internacional en economía regenerativa, coincide en que el mundo atraviesa una crisis de previsibilidad. Según explica: “No se puede planificar como antes porque el liderazgo no tiene desarrolladas las aptitudes para gestionar riesgos complejos en contextos impredecibles”. Sin embargo, Tarak introduce otro matiz: en ese mismo escenario surgen oportunidades. Cuando las reglas globales pierden claridad, territorios, ciudades y comunidades

comienzan a construir vínculos directos basados en confianza. “La predecibilidad nace de la confianza entre territorios”, sostiene, señalando la emergencia de nuevas redes económicas y sociales que operan más allá de la lógica estatal tradicional.

Nuevos entramados, nuevas economías En paralelo a la competencia geopolítica clásica, se desarrolla una transformación silenciosa. Tarak identifica el surgimiento de economías orientadas al bienestar, redes territoriales de impacto y modelos empresariales que buscan crear valor social y ambiental, no solo rentabilidad financiera. También cambia la narrativa sobre competencia. “La competitividad sostenible no elimina al otro, se basa en la singularidad y la complementariedad”, explica. En ese marco, competencia y cooperación dejan de ser opuestas y pasan a formar parte de una misma lógica de desarrollo.

En el ámbito empresarial, se observa una bifurcación. Algunas organizaciones sostienen coherencia de largo plazo e integran criterios ambientales y sociales en su estrategia. Otras responden a coyunturas inmediatas y abandonan compromisos cuando el contexto cambia. La disputa no es solo económica, es cultural.

Liderazgos en disputa

El liderazgo del primer ministro canadiense en Davos funcionó como contrapunto.

Frente a un escenario dominado por tensiones entre grandes potencias, planteó un enfoque que combina pragmatismo económico, cooperación entre países medianos y transición hacia energías renovables. Para Tarak, ese tipo de liderazgo intenta: “Unir lo que el contexto separa: economía, Planeta y comunidad”.

Elías coincide en que el liderazgo global actual se mueve entre dos polos: el que busca imponer definiciones y el que intenta reconstruir consensos. Ninguno domina completamente el escenario.

La batalla por el relato

Más allá de Venezuela, Ucrania, Gaza o Irán, lo que está en juego es una disputa por el sentido. ¿Qué significa hoy gobernar en un mundo interdependiente? ¿Cómo se construye legitimidad cuando las reglas están en revisión? ¿Qué narrativa puede sostener estabilidad sin negar la complejidad?

Las tres miradas convergen en un punto: el desafío central no es solo reorganizar el poder, sino construir un relato capaz de ordenar la incertidumbre. Un relato que combine pragmatismo con principios, competencia con cooperación y desarrollo económico con límites ambientales.

Gulnor Saratbekova

Activista por los derechos de ciudadanos legales en Uruguay

El orden internacional no se ha disuelto, pero ya no funciona como antes. Está en proceso de transformación, y en ese proceso los liderazgos y las narrativas resultan tan decisivos como el poder material. El mundo no es una estructura cerrada: es una construcción en movimiento.

Hasta donde llega el mar

UNA REFLEXIÓN SOBRE LA CONEXIÓN Y LA MEMORIA COMO FUERZAS

QUE ENTRELAZAN MIGRACIÓN, ARTE E IDENTIDAD EN TRAYECTORIAS TRANSOCEÁNICAS.

El agua, históricamente, ha sido un medio de conexión en movimiento más que una frontera. Las rutas marítimas transportaron mercancías y recursos, pero también culturas, generando cruces y transformaciones de territorios donde las identidades se sedimentan y se reconfiguran. Más de sesenta millones de personas de origen chino viven fuera de China; sus trayectorias transoceánicas configuran una trama que articula territorios y memorias. "Where the Sea Reaches – 7th Cultural Fine Art Exhibition of Overseas Chinese Artists" es una exposición presentada en el He Xiangning Art Museum de Shenzhen, curada por Wang Xiaosong y Yu Xiangzhi, junto a los co-curadores Chen Zhuoer, Wang Maoqi y Mo Ping. Bajo la premisa “donde hay agua,

hay chinos”, reúne a artistas residentes en Irlanda, Costa Rica, Cuba, Países Bajos, Reino Unido, Uruguay y Australia, como parte de un proyecto de investigación con once años de trabajo dedicados a cartografiar la experiencia artística de comunidades chinas fuera de China. Luis Sei Fong fue invitado a participar como descendiente de padre chino y madre uruguaya —doblemente oriental—, artista plástico con más de setenta años de trayectoria. En 2025 fue además curador y artista del Pabellón de Uruguay, “53,86% Uruguay País Agua”, en la 19ª Exposición Internacional de Arquitectura de la Biennale di Venezia. Las nueve obras presentadas por Luis en la exposición en Shenzhen fueron creadas directamente en el entorno natural, capturando

instantes, luces y atmósferas únicas e irrepetibles. En ellas construye un espacio entre lleno y vacío, fusionando la pintura china y el impresionismo occidental en paisajes costeros del Río de la Plata.

En el marco de la exposición, el profesor Zhao Pei dictó la conferencia "Resilience and Connection of Overseas Chinese in Global Mobility", incorporando la historia migratoria al estudio del arte y la arquitectura. A partir del análisis de nuestra familia chino-uruguaya a lo largo de tres generaciones, mostró cómo la relación con el origen se transforma con el tiempo y cómo la conexión cultural no depende de la proximidad física, sino de redes transoceánicas que sostienen y reconfiguran la identidad. Propuso pensar estas

trayectorias como islas en un mar de memoria: un archipiélago conectado por corrientes invisibles de historia y cultura.

Esa misma condición de movimiento y encuentro se materializó en el Pabellón de Uruguay en Venecia: una intervención de casi cien metros cuadrados donde Luis transformó el pavimento en una obra de arte a gran escala, realizada en solo tres días y que permaneció durante los seis meses de la Bienal. La obra representó un estuario en tormenta, condensando la intensidad del encuentro entre agua dulce y salada que define nuestras orillas.

En el Hidroceno, el agua se revela como infraestructura común que articula territorios, memorias y relaciones en movimiento.

El latido resiliente de los arrecifes de coral

LA SUSTENTABILIDAD NO ES SOLO UN CONCEPTO AMBIENTAL, SINO UN TEJIDO SOCIAL DONDE ECONOMÍA, COMUNIDAD Y NATURALEZA SE ENTRELAZAN. ESTE ARTÍCULO NAVEGA POR LAS AGUAS DE ESTA CONCEPCIÓN, EXPLORANDO UNA PROBLEMÁTICA PREOCUPANTE QUE DEBEMOS ABORDAR PARA TRANSFORMAR NUESTRO VÍNCULO CON EL OCÉANO.

He tenido el privilegio de sumergirme en las aguas de Puerto Morelos, México, en múltiples ocasiones, no como un simple visitante, sino en tareas de buceo científico y prácticas de monitoreo arrecifal. Desde esa perspectiva, he sido testigo directo de un drama silencioso pero implacable: observar cómo el calentamiento global blanquea colonias enteras de corales, cómo una enfermedad como el síndrome blanco recorre los corales dejando un rastro de devastación y cómo el sargazo, en su llegada masiva, asfixia la vida que habita bajo la superficie.

A esto se suma la presión constante desde la costa: la mancha urbana de la península de Yucatán, con sus grandes hoteles, ha modificado la geografía natural, destruyendo manglares que actuaban como filtros y alterando la dinámica del mar con desechos y sedimentos. Es fácil caer en el desaliento al ver el deterioro de los arrecifes del Parque Nacional Arrecife de Puerto Morelos, que es parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano (SAM), el cual es reconocido como la segunda barrera de arrecifes más grande del mundo. Sin embargo, sería un error

contar solo la historia negativa, porque allí abajo, entre las huellas del impacto humano, el arrecife sigue aún latiendo, luchando por su supervivencia. Y en esa persistencia encontré una lección de resistencia que merece ser contada con esperanza. El motor de esa esperanza tiene nombre y apellido: el Laboratorio Coralium, que pertenece al Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Este centro es un faro de conocimiento y acción en el Caribe mexicano. Desde sus instalaciones en Puerto Morelos, científicos dedicados no solo monitorean organismos marinos y evalúan el impacto del cambio climático, sino que están desarrollando técnicas pioneras de reproducción asistida de corales. Están, en esencia, dando una oportunidad a la vida para que se regenere. Su trabajo meticuloso es la base científica sobre la que se construye al menos alguna posibilidad de futuro para el arrecife. Pero la ciencia no trabaja sola. En la superficie, el entusiasmo y la determinación de organizaciones como “Guardianes del Arrecife” demuestran que la conciencia ciudadana es una fuerza necesaria y vital. A través de la educación y acciones concretas, tejen una red de protección comunitaria que

complementa la labor de los investigadores. Son la voz y las manos que extienden el cuidado del arrecife más allá de los laboratorios. Y, sin embargo, el mayor asombro me lo lleva la propia naturaleza. A pesar de todo — el calentamiento global, las enfermedades, la contaminación—, el arrecife persiste. En cada inmersión, uno encuentra parches de coral que, contra todo pronóstico, mantienen su color y su vitalidad. Esa capacidad de aferrarse a la vida, esa resiliencia innata, es un recordatorio de que la naturaleza posee una fuerza y una sabiduría que a menudo subestimamos.

Esta dualidad es lo que me impulsa a seguir contando esta historia. Frente a la adversidad, en Puerto Morelos, la ciencia, la comunidad y la propia naturaleza se han unido en un frente común. El camino es complejo, pero la evidencia de que aún hay vida, de que aún hay quienes luchan por ella y de que el arrecife mismo se niega a desaparecer es la mejor noticia que podemos dar. Es la prueba de que, si actuamos, aún estamos a tiempo de escuchar su latido.

Si querés conocer más, seguí a Uriel en sus redes: Instagram: @uriel_sokolowicz YouTube: youtube.com/c/xplorar

Dar vida no debe costar una vida

Por Equipo de comunicación de Maternity Foundation

CUANDO EL DISCURSO SUENA TRANSFORMADOR, PERO LA REALIDAD INTERNA SIGUE REPRODUCIENDO LAS MISMAS DESIGUALDADES.

Cada dos minutos, una mujer muere por causas relacionadas con el embarazo o el parto. Cada 14 segundos, un recién nacido pierde la vida. La mayoría de estas muertes ocurre en entornos frágiles y de difícil acceso, y

muchas podrían evitarse con atención oportuna y personal de salud capacitado. La maternidad, que debería ser sinónimo de vida, sigue siendo en muchos lugares una frontera evitable entre la vida y la muerte.

Aunque América Latina y el Caribe han logrado avances en salud materna, persisten desigualdades profundas. En zonas rurales, comunidades indígenas y territorios con acceso limitado a servicios de salud, las complicaciones del embarazo y el parto continúan poniendo en riesgo a mujeres y recién

nacidos. Además, por cada muerte materna, muchas más mujeres enfrentan secuelas evitables —infecciones, lesiones o discapacidades— que impactan su calidad de vida.

“La mayoría de estas muertes son prevenibles”, coinciden especialistas en salud materna. Sin embargo, la prevención depende en gran medida de algo fundamental: que el conocimiento clínico y la atención adecuada lleguen a tiempo, incluso en contextos con escasos recursos.

Desde hace dos décadas, organizaciones dedicadas a la salud materna trabajan para cerrar esa brecha. Una de ellas es Maternity Foundation, una organización internacional que desde 2005 se enfoca en reducir la mortalidad y morbilidad materna y neonatal evitables, con especial atención en contextos remotos y frágiles, donde el riesgo es mayor. Su trabajo se centra en fortalecer las capacidades del personal de salud que asiste partos en primera línea. “El momento del parto es crítico, y contar con información confiable en ese instante puede salvar vidas”, señalan desde el ámbito de la salud global.

En ese marco, Maternity Foundation, en colaboración con UNFPA (Fondo de Población de las Naciones Unidas) —a través de su Oficina Regional para América Latina y el Caribe (LACRO por sus siglas en inglés)— y la Universidad de Chile, desarrolló la versión en español de la Aplicación de Parto Seguro (Safe Delivery App), una herramienta pensada para acompañar a profesionales de la salud en contextos donde el acceso a formación continua suele ser limitado.

Lanzada en 2023 para países hispanoparlantes, la iniciativa se acompañó de estrategias de capacitación presenciales y virtuales en países como Bolivia y Paraguay, con alta participación de profesionales de zonas rurales.

La aplicación forma parte del Programa Parto Seguro, una estrategia integral basada en evidencia científica que combina capacitación, aprendizaje continuo y soluciones digitales adaptadas a contextos locales.

La herramienta es gratuita, funciona incluso con conectividad limitada y ofrece módulos clínicos, guías prácticas y una plataforma interactiva de aprendizaje. Actualmente, más de 3.900 profesionales de la salud la utilizan

en América Latina y el Caribe como apoyo para mejorar la atención materna y neonatal. Reducir la mortalidad materna y neonatal no depende de una sola herramienta ni de una sola organización. Requiere sistemas de salud más equitativos, formación sostenida y políticas públicas eficaces. Pero cada acción que acerca conocimiento y atención de calidad al momento del parto puede marcar una diferencia concreta.

Más información: www.maternity.dk

DE LA SOSTENIBILIDAD DECLARATIVA A LA SOSTENIBILIDAD CON DEBIDA DILIGENCIA: EL NUEVO CONTRATO ENTRE EMPRESAS, DERECHOS HUMANOS Y AMBIENTE

Por Anabela Aldaz

EN 2026, LA SOSTENIBILIDAD DEJA DE SER UN DISCURSO ASPIRACIONAL PARA CONVERTIRSE EN UNA PRÁCTICA VERIFICABLE, MEDIBLE Y EXIGIBLE.

El inicio de 2026 encuentra a la sostenibilidad en un punto de inflexión. Durante años, hablar de compromiso ambiental, igualdad de género o responsabilidad social fue un diferencial reputacional. Hoy ya no alcanza con declarar intenciones: la sostenibilidad se mide, se verifica y se exige. Estamos asistiendo a un cambio profundo en el vínculo entre empresas, derechos humanos y ambiente, que redefine las reglas del juego para el sector privado.

Este nuevo escenario responde a una evidencia contundente. Las cadenas de valor globales muestran impactos reales —positivos y negativos— sobre personas y territorios. Cuando estos impactos no se gestionan, los costos no son solo sociales o ambientales: se traducen en riesgos legales, pérdida de acceso a mercados, conflictos comunitarios y debilitamiento de la licencia social para operar. La sostenibilidad “de papel” dejó de ser suficiente.

En este contexto, la debida diligencia en derechos humanos y ambiente emerge como el nuevo estándar. No se trata de una moda ni de una carga adicional, sino de un enfoque preventivo y estratégico: identificar riesgos, prevenir daños, mitigar impactos y rendir cuentas. La pregunta ya no es si las empresas deben hacerlo, sino cómo lo integran en su gobernanza, su modelo de negocio y en su toma de decisiones. Incorporar esta mirada exige también reconocer que los impactos no son neutros. Mujeres, niñas, personas migrantes y comunidades en situación de mayor vulnerabilidad suelen estar sobrerrepresentadas en los eslabones más precarios de las cadenas productivas y de servicios. Por eso, una debida diligencia que no incorpore un enfoque de género corre el riesgo de invisibilizar desigualdades estructurales y, en consecuencia, de fracasar en su objetivo. Integrar la perspectiva de género no es un gesto simbólico: es una condición de eficacia y de justicia. La evidencia muestra que las empresas que adoptan enfoques integrales —ambientales, sociales y de derechos humanos— fortalecen su resiliencia, mejoran su acceso al

financiamiento y construyen relaciones más sólidas con sus entornos. Pero este proceso requiere pasar del relato a la práctica: indicadores claros, trazabilidad, transparencia y mecanismos de rendición de cuentas. Sin datos, no hay impacto; sin impacto, no hay sostenibilidad.

Desde una lógica de la teoría del cambio, el camino es claro. Si las empresas incorporan la debida diligencia como parte central de su estrategia, ajustan sus políticas internas, revisan su cadena de valor y asumen responsabilidades proporcionales a sus impactos, entonces contribuyen a mercados más justos, economías más inclusivas y sociedades más sostenibles. El beneficio no es solo colectivo: también es empresarial. El 2026 se presenta como un año bisagra: un momento para redefinir el contrato entre empresa y sociedad, donde la sostenibilidad deja de ser un discurso aspiracional y se convierte en una práctica verificable. En este nuevo escenario, no liderarán quienes mejor comuniquen, sino quienes estén dispuestos a hacerse cargo de sus impactos y a transformarlos. Porque la sostenibilidad del futuro no se declara: se demuestra.

TIERRAS SAGRADAS

Cuanto más maduro está el arroz, más se inclina

Por Fiona Wilton / Crédito de imagen: Jason Taylor

LA HISTORIA

DE

DEBAL DEB

MUESTRA CÓMO LA HUMILDAD, LA CIENCIA Y LA PERSEVERANCIA

PUEDEN SALVAR MILES DE VARIEDADES DE ARROZ Y PRESERVAR LA BIODIVERSIDAD

FRENTE A LA AGRICULTURA INDUSTRIAL.

Más que simples paisajes pintorescos, las terrazas y los arrozales de muchos países asiáticos son un tapiz viviente de prácticas culturales y creencias espirituales centenarias. Un proverbio popular evoca la imagen de los tallos de arroz cargados de granos, inclinando sus cabezas, para referirse a las personas cuya humildad crece a medida que profundizan sus conocimientos y habilidades: cuanto más maduro está el arroz, más se inclina. Es una imagen que encaja con el Dr. Debal Deb, un brillante y humilde salvador de semillas del este de la India. Ecólogo, agricultor y científico, Debal dejó su trabajo en una agencia internacional de conservación tras no conseguir convencer a sus colegas de la importancia de documentar los cultivos de arroz en peligro de extinción de Bengala. Cuando se mataba a un tigre o a un rinoceronte, cuenta Debal, se invertían millones de dólares en acciones de conservación, pero nadie pestañeaba cuando se perdían variedades tradicionales de arroz. Decidió hacerlo por su cuenta.

Conocido en la antigua India como el “granero de la raza humana”, el arroz es quizás el cultivo que mejor demuestra las maravillas de la innovación de los agricultores. Sin embargo, las variedades autóctonas desaparecieron rápidamente a partir de la década de 1960 con la introducción de las llamadas “variedades de alto rendimiento” de la Revolución Verde, excepto en zonas de difícil acceso o donde los agricultores eran demasiado pobres para permitirse los productos químicos necesarios.

Debal ha trabajado durante 30 años para conservar los granos que se han adaptado a los climas locales a lo largo de los siglos. Fundó Basudha Farm, un banco de semillas vivo en el que se han recuperado más de 1.400

variedades de arroz autóctono, a disposición de los agricultores locales. Cada grano conservado es un regalo de resiliencia: algunos resisten inundaciones o vientos fuertes, agua de mar o sequías, mientras que otros tienen propiedades medicinales. Estas son historias que rara vez llegan a los medios de comunicación convencionales: salvar de la extinción a miles de variedades de arroz en peligro de desaparecer y abandonar los pesticidas y productos químicos que envenenan la tierra y las vías fluviales. Debal advierte que perder las variedades autóctonas de arroz es como borrar la biblioteca de la naturaleza.

Un nuevo cortometraje documental, “The Last Harvest”, presenta su historia. Dirigido por Jason Taylor, puede verse en www.waterbear.com

“Outrage + Optimism”

Conducción: Christiana Figueres, Tom Rivett-Carnac, Paul Dickinson

Tema: Cambio climático y sociedad

Idioma: Inglés

Formato: Podcast semanal

“Outrage + Optimism” propone un análisis riguroso de la crisis climática desde una perspectiva informada y no partidaria. Conducido por especialistas que participaron en procesos clave de negociación internacional sobre el clima, el podcast ofrece una lectura estratégica de los desafíos ambientales contemporáneos y de sus implicancias políticas, económicas y sociales. A lo largo de sus episodios, el programa articula evidencia científica con debates sobre desarrollo, innovación y transformación cultural. Su enfoque no se limita a diagnosticar el problema: examina también las respuestas posibles, las tensiones del presente y las oportunidades de acción colectiva frente a un escenario global en continuo cambio. Con un tono sobrio y reflexivo, “Outrage + Optimism” se consolida como un espacio de referencia para comprender la complejidad de la crisis climática y sus efectos sobre las sociedades actuales, manteniendo el foco tanto en la urgencia como en las alternativas de futuro.

La falsa dicotomía: lo social o lo ambiental (cuando en realidad es lo social y lo ambiental)

Por Matías Kelly

LA CRISIS SOCIAL Y LA CRISIS AMBIENTAL NO COMPITEN: ESTÁN ENTRELAZADAS Y SOLO PUEDEN RESOLVERSE CON UNA MIRADA COMÚN E INTEGRADA.

En los últimos años, el ambiente se convirtió en el gran tema de época. Cambio climático, plásticos, biodiversidad, huella de carbono: el lenguaje ambiental se volvió parte del discurso público, empresarial y hasta publicitario. Y eso, sin dudas, es una buena noticia. Pero también trae un riesgo silencioso: que el auge de lo ambiental termine desplazando, minimizando o “posponiendo” lo social, como si fueran causas separadas o incluso rivales. La discusión suele presentarse como una competencia por prioridad. ¿Qué es más

urgente: el hambre o el calentamiento global? ¿La pobreza o la deforestación? ¿La vivienda o el agua? Pero ese encuadre nos hace mirar el problema con lentes equivocados: una enorme proporción de los desafíos ambientales son, al mismo tiempo, desafíos sociales. El cambio climático desplaza comunidades, la contaminación impacta sobre la salud, la escasez de agua no afecta igual a todos, y la degradación ambiental golpea primero a quienes menos recursos tienen. La crisis climática tiene un apellido: desigualdad. Por eso, hablar de “agenda ambiental” sin hablar de pobreza, salud, empleo, educación o vivienda es incompleto. Pero también lo es hablar de “agenda social” sin considerar que los sectores populares suelen ser quienes viven más expuestos a basurales,

ríos contaminados, falta de infraestructura hídrica, olas de calor, inundaciones o crisis alimentarias. No hay fronteras limpias entre ambas dimensiones: se entrelazan, se retroalimentan, se potencian.

Aquí aparece una idea clave: no hay que elegir una dimensión. Esa búsqueda de “una sola prioridad” suele ser menos una estrategia y más una forma de simplificación. En el fondo, una manera de evitar el esfuerzo que implica pensar en serio. Porque la realidad no funciona en compartimentos: requiere una mirada más amplia, con perspectiva, capaz de integrar variables y admitir que lo importante rara vez entra en una sola categoría. Dicho más directo: insistir en una sola dimensión —o querer resolver “primero” lo social y “después” lo ambiental (o al revés)— es, muchas veces, pereza intelectual. Es más cómodo. Permite elegir un enemigo, un indicador y un discurso. Pero los problemas reales no se dejan domesticar tan fácil. Se presentan mezclados, superpuestos, encadenados. Y por eso exigen pensamiento más complejo, articulación entre sectores y respuestas integradas.

También es importante sumar la perspectiva de la urgencia. Lo ambiental tiene urgencia científica: hay umbrales que, si se cruzan, no se revierten fácilmente. Pero lo social tiene urgencia humana: hay vidas que no pueden esperar. Hambre, violencia, exclusión, falta

de acceso a servicios básicos: todo eso no admite “transición lenta”. El desafío no es correr una carrera entre causas, sino diseñar respuestas integrales, capaces de reducir desigualdades y regenerar condiciones ambientales al mismo tiempo. Los ejemplos existen y son cercanos. La “Cooperativa Creando Conciencia”, en la provincia de Buenos Aires, construyó un modelo potente de reciclado con inclusión: recupera residuos, reduce impacto ambiental y, al mismo tiempo, genera trabajo digno y formalización para recicladores, transformando además la conciencia comunitaria sobre el consumo y la basura.

Y desde otra geografía y otro sector productivo, la “Cooperativa Coopsol”, integrada por productores de miel en Santiago del Estero, muestra la misma lógica: el desarrollo local puede ir de la mano del cuidado del entorno. Fortalece economías regionales, crea empleo y arraigo, y promueve prácticas productivas conectadas con la sostenibilidad del territorio, donde la biodiversidad no es un tema “de moda”, sino parte del futuro del trabajo y de la comunidad.

En tiempos donde abundan consignas, conviene recordar esto: lo social y lo ambiental no compiten. Separarlos puede ser cómodo, pero es artificial. Integrarlos es más difícil —exige pensar mejor—, pero es mucho más realista. Y, sobre todo, urgente.

CINTA: consumo y cuidado

Por Mathias Escotto Gadea, artista

Asistente de diseño: Valentina De Palleja

INVESTIGACIÓN ARTÍSTICA QUE EXAMINA EL VÍNCULO ENTRE CONSUMO COTIDIANO, CIRCULACIÓN MATERIAL Y AFECTACIÓN

DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN EL CAMPO CULTURAL.

CINTA es un proyecto de investigación, creación e instalación artística que cuestiona el consumo excesivo de productos de higiene y cosmética personal transportados individualmente en tránsito por aeropuertos internacionales. ¿Cuántas bandejas se utilizan diariamente a nivel global? ¿Cuántos litros de cosmética circulan? A partir de un ready-made unificador, las bandejas se disponen en un espacio atípico, donde se evidencia el deterioro producido por el uso de químicos persistentes y por los efectos del cambio climático.

CINTA se acompaña de la “Primera Encuesta Nacional de percepción ciudadana sobre la afectación del cambio climático en el arte, las expresiones artísticas, las culturas y los patrimonios en Uruguay”, así como de la creación del Índice de Preocupación Climática Cultural del Uruguay. La participación ciudadana y la acumulación de datos favorecen el diseño de

políticas culturales desde los territorios, promoviendo la concientización y la participación colectiva en la mitigación del cambio climático desde una perspectiva social.

La relación entre arte, ambiente y cambio climático ha sido un terreno fértil para la experimentación estética y creativa. Antes de CINTA se desarrolló IACCA, Paisajes de Carbono, que plantea la pregunta: “¿cómo se vería una obra afectada por el cambio climático?”, IACCA es el Indicador de Afectación del Cambio Climático en el Arte. Persisten, al menos, tres obstáculos críticos: la aparente atemporalidad de la crisis, concebida como un problema del futuro; la opacidad del lenguaje científico; y la desigualdad económica entre naciones, que determina el nivel de preocupación climática.

Conoce el proyecto y realiza la encuesta: culturaenlinea.uy/projeto/1387/

La memoria que nos constituye

Por Agustina Santos

DESDE EL DERECHO, UNA

REFLEXIÓN SOBRE CONCIENCIA Y RESPONSABILIDAD.

Entre los rayos de sol y el viento de este verano en José Ignacio, leí "La verdad del hecho", la verdad del sentimiento, un texto de Ted Chiang en Exhalación. Chiang propone que la memoria no es un archivo de sucesos, sino una construcción que elaboramos para dar sentido a quiénes somos. Esta idea adquirió una dimensión más profunda al pensar en nuestro paisaje costero y en la forma en que lo percibimos. El territorio no es solo un espacio físico, sino un puente entre lo que es y lo que interpretamos sobre él. Como abogada interesada en el arte y el Derecho, creo que las expresiones artísticas nos permiten identificar y comprender los bienes que deseamos proteger. La labor jurídica va más allá de la aplicación de normas: implica interpretarlas, cuestionarlas y

dotarlas de sentido. Proteger requiere comprensión, sensibilidad y reflexión crítica. Esa sensibilidad no está en los manuales ni en las leyes; exige una actitud activa de juristas y ciudadanos. El Derecho es una práctica social, una construcción colectiva que nos constituye, y no solo un asunto de especialistas.

Pensemos en esta temporada. Este verano en el Este nos dejó atardeceres, el sabor de la pesca, café en la quietud de la mañana, cenas bajo las estrellas, charlas profundas y albariños compartidos. ¿Qué sentido tienen estos momentos sin una construcción que les otorgue significado? Comprender que nuestras experiencias y memoria dependen de la salud del territorio nos convierte en ciudadanos concientes, no en simples aplicadores de normas.

Cuidar el entorno es también cuidar quiénes somos. Más que la verdad de un hecho, permanece la verdad de un sentimiento.

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Los pueblos indígenas no contactados son los más vulnerables del planeta.

Sabemos muy poco de ellos. Pero sí sabemos que hay más de 150 en todo el mundo.

Y sabemos que poblaciones enteras están siendo exterminadas por la violencia genocida que ejercen los foráneos que les arrebatan sus tierras y sus recursos, y por enfermedades como la gripe y el sarampión contra las cuales no tienen inmunidad.

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