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Comunicación

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ESCENA 404

DIEGO MARÍN FUSIONA DANZA Y TECNOLOGÍA EN UNA COREOGRAFÍA

CON INTELIGENCIA ARTIFICIAL

El coreógrafo mexicano

Diego Marín redefine los límites del arte escénico al integrar inteligencia artificial como co-creadora en sus performances

Su innovador enfoque propone una interacción dinámica entre cuerpo humano y algoritmos, replanteando la creatividad en la era digital

TENDENCIASCULTURALES

“El texto ya no es un punto de partida inmutable, sino una partitura en transformación constante; cuando lo escribe una IA, el actor se convierte en intérprete y en editor al mismo tiempo ”

Helena Tornero, sobre los nuevos lenguajes escénicos mediados por algoritmos

ELARTEDRAMÁTICO FRENTEALOSCÓDIGOS DELFUTURO

Los algoritmos ya no solo ejecutan: ahora también escriben, deciden y actúan El teatro entra en una nueva era donde la escena se programa y se reinventa en tiempo real.

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LAIAREDEFINECÓMO SENTIMOSELARTE

El arte ya no solo se contempla, ahora te observa, te interpreta y reacciona contigo Bienvenidos a los museos donde cada visita es única, sensible y profundamente tecnológica

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ELARTEDRAMÁTICO FRENTEALOSCÓDIGOS DELFUTURO

Los algoritmos ya no solo ejecutan: ahora también escriben, deciden y actúan El teatro entra en una nueva era donde la escena se programa y se reinventa en tiempo real

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EL TEATRO SE ESCRIBE CON ALGORITMOS

UnnáufragoenunaisladesiertaeselinicioquepropusolaIApara comenzaresteespectáculo

AgrupaciónSeñorSerrano

La historia gira en torno a un personaje solitario varado en una isla desierta, un náufrago sin nombre que busca entender su entorno, su mente y su historia

Pero la isla no es solo un espacio físico: es metáfora del mundo actual, fragmentado, hiperconectado pero paradójicamente aislado

o donde la soledad y la inteligencia artificial se mpañía catalana Agrupación Señor Serrano obra revolucionaria: Una isla, una experiencia que el texto no fue escrito únicamente por en colaboración con algoritmos. El resultado es mentado, poético y profundamente inquietante límites de la autoría y la creatividad.

La inteligencia artificial fue utilizada para imaginar variaciones del personaje, crear descripciones oníricas del paisaje, e incluso proponer réplicas que rompieran la lógica narrativa tradicional

“Nos encontramos con frases que nunca hubiéramos escrito nosotros, pero que al leerlas sentíamos verdaderas”, relata uno de los dramaturgos. Esa tensión entre el sinsentido y la revelación, lo humano y lo no-humano, se convierte en parte del dispositivo escénico.

Escenografía viva y diálogo con la tecnología

Visualmente, la obra se apoya en una escenografía minimalista pero tecnológica: proyecciones dinámicas, sonidos generados en tiempo real y una iluminación que responde al ritmo de la voz Cada función es ligeramente distinta, pues el algoritmo reordena ciertas escenas o modifica pequeñas frases

Unadelassorpresasaudiovisualesde'Unaisla' Foto: LeafhopperSeñorSerrano

¿El inicio de un nuevo teatro

posthumano?

¿Puede una IA escribir poesía? ¿Hasta qué punto el arte generado algorítmicamente sigue siendo humano? ¿Estamos ante una revolución o solo ante un experimento interesante?

Los integrantes de la Agrupación Señor Serrano no pretenden tener respuestas definitivas Lo que sí proponen es una reflexión sobre los límites del lenguaje, de la creación, y del yo en tiempos digitales En un panorama donde el teatro lucha por renovar sus públicos, la colaboración con tecnologías emergentes ofrece una vía poderosa: no solo por novedad, sino por su capacidad para reformular nuestras preguntas fundamentales sobre identidad, comunicación y sentido

“Quizás el teatro del futuro no lo escribamos solos Y eso está bien”, concluyen los creadores

No hay actores robots, ni pantallas que lean texto de IA: todo está mediado por intérpretes humanos, que actúan como traductores y moduladores del texto generado La obra no busca sustituir el trabajo actoral, sino abrir nuevos canales expresivos a través del error, la repetición o el exceso verbal que caracterizan al lenguaje artificial Para el espectador, la experiencia es extrañamente familiar y a la vez desconcertante: se percibe una lógica diferente, más cerca del sueño que del drama clásico

Museos del futuro E

la IA abre nuevas salas de experiencia sensorial

Un cuadro de Goya que reacciona a tu estado de ánimo Un recorrido por el Louvre diseñado según tus emociones Una sala que aprende de tus silencios Lo que antes fue contemplación silenciosa hoy se convierte en diálogo sensorial En museos de todo el mundo, la inteligencia artificial comienza a redefinir la experiencia artística, abriendo nuevas puertas a la personalización, la inmersión y la conexión emocional entre el espectador y la obra.

Durante dos de los foros culturales más importantes del año el Next In Summit en Madrid y el Culture Summit de Abu Dabi directores de grandes instituciones como el MoMA de Nueva York, el Museo del Prado y el Louvre analizaron cómo la inteligencia artificial está reconfigurando la manera de concebir, exponer y experimentar el arte La IA ya no es solo una herramienta de archivo o logística: ahora actúa como curadora dinámica, guía emocional e incluso colaboradora creativa en la generación de contenidos Uno de los casos más avanzados es el del Museo del Prado, que trabaja en un sistema de interacción emocional con el visitante. Mediante sensores biométricos y algoritmos adaptativos, las salas responden a la atención, el tiempo de permanencia o las reacciones físicas del público En palabras de su director, Miguel Falomir: “La IA no sustituye la experiencia humana del arte, pero sí puede enriquecerla, modularla e incluso expandirla”.

Entre las innovaciones más destacadas están los llamados “recorridos sensoriales por perfil emocional”, que permiten que cada visita sea única Un visitante melancólico podrá explorar una narrativa visual distinta a la de alguien entusiasmado o reflexivo Además, algunos museos están implementando sistemas de IA generativa que permiten reinterpretar obras clásicas en tiempo real, mostrar capas ocultas de significado o incluso proyectar versiones contemporáneas desde una perspectiva crítica Aunque estas tecnologías abren caminos fascinantes, también generan interrogantes ¿Hasta qué punto es deseable que un algoritmo filtre nuestra experiencia estética? ¿Qué límites éticos deben establecerse en la interpretación automatizada del arte? En ese sentido, tanto curadores como artistas llaman a desarrollar un marco ético que proteja la integridad de las obras y la libertad del visitante frente a los sesgos algorítmicos

Este cambio está transformando profundamente el papel del museo como institución cultural Ya no es un espacio que impone un discurso, sino que negocia sentidos en tiempo real. La inteligencia artificial se convierte en una mediadora que propone, amplía y reformula los caminos entre la obra y el espectador Se abre así una nueva era: la del arte conversacional, donde el silencio da paso al flujo constante de datos, emociones y respuestas Para algunos, este es un paso hacia la democratización radical de la experiencia artística. Para otros, es un riesgo de superficialidad y sobreestimulación. Pero lo cierto es que la pregunta ya no es si los museos deben adoptar estas tecnologías, sino cómo, con qué límites y en favor de qué visión del arte y de la humanidad

IKONO Madrid: una Experiencia Sensorial y Fotografiable Única

Danza híbrida:

creacióndeinteligenciahumanayartificial

Un cuerpo se mueve, y la luz responde. El sonido cambia, se adapta, respira No hay partituras ni coreografía fija: lo que hay es diálogo En el trabajo del coreógrafo mexicano Diego Marín, la inteligencia artificial no acompaña al bailarín: baila con él Con sensores, algoritmos y sensibilidad escénica, Marín está redefiniendo los límites de la danza contemporánea al convertir a la tecnología en una presencia viva, reactiva y poética.

Escena de la obra del michoacano Diego Marín / Foto: Cortesía Graham Dance Center

Formado en danza contemporánea, filosofía y programación creativa, Marín ha desarrollado un enfoque que él mismo define como “co-improvisación interespecie”, donde humanos y máquinas comparten el tiempo escénico como entidades activas e impredecibles Usando sensores de movimiento, redes neuronales entrenadas en gestos corporales y algoritmos de predicción rítmica, sus obras permiten que los movimientos de los bailarines sean interpretados, amplificados o contrastados por luces, sonidos, visuales y robots móviles en escena

“La IA no baila, pero puede aprender a escuchar al cuerpo”, explica Marín. “No busco que la tecnología imite al humano, sino que lo escuche, que responda con otro lenguaje, que proponga sin querer controlar Eso, para mí, es una conversación” Esta visión ha sido reconocida internacionalmente, con invitaciones a festivales como Tanz im August (Berlín), MITsp (São Paulo) y el Festival TransAmériques (Montreal), donde sus piezas han sido recibidas con entusiasmo y desconcierto

Una de sus obras más comentadas, Mínima Inteligencia Corporal, pone a prueba los límites de la presencia escénica: un único bailarín interactúa con una inteligencia artificial que controla una escultura cinética y un sistema sonoro A medida que el cuerpo cambia de ritmo, la IA reinterpreta la información en tiempo real, generando una coreografía paralela, autónoma pero sensible al entorno. El resultado es hipnótico: un dúo en el que la máquina no repite, sino que reacciona; no reproduce, sino que propone.

Más allá del espectáculo, el trabajo de Marín plantea interrogantes filosóficos: ¿qué significa crear con una entidad no humana? ¿Dónde termina la autoría cuando el movimiento está co-generado? ¿Puede una máquina tener agencia poética? En su búsqueda, el artista desafía la idea de que la tecnología solo sirve para asistir o automatizar. Su danza no está aumentada por herramientas: está expandida por presencias híbridas, donde la sensibilidad ya no es solo humana, sino también algorítmica

En sus obras, los cuerpos humanos y los sistemas inteligentes no se subordinan el uno al otro, sino que se interpelan, se escuchan y se transforman mutuamente. La escena se convierte en un ecosistema en tiempo real, donde el gesto humano activa reacciones visuales, sonoras y espaciales generadas algorítmicamente No es espectáculo digital: es una conversación coreográfica entre especies creativas

Esta propuesta no busca automatizar la danza ni hacerla dependiente de la tecnología, sino abrir nuevas formas de sensibilidad compartida Para Marín, la inteligencia artificial puede ser una herramienta, sí, pero sobre todo es un espejo y un contrapunto Su trabajo invita a imaginar un futuro escénico donde el movimiento no solo expresa: también escucha, responde y dialoga desde lo imprevisible.

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