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Sportvicious Magazine #85

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SPOR T VICIOUS

ENTRENAR CON CALOR

ENTRE LA MEJORA Y EL PELIGRO

El verano no es un escenario neutro para el deportista de resistencia. El calor no solo acompaña el entrenamiento: lo condiciona, lo modifica y, en muchos casos, lo redefine por completo.

Cuando las temperaturas suben, el cuerpo se enfrenta a un doble reto: sostener el rendimiento y regular su propia temperatura interna. Para ello activa mecanismos como la sudoración y la vasodilatación, que permiten disipar calor, pero que también implican pérdida de líquidos, reducción del volumen plasmático y un aumento progresivo de la carga cardiovascular. En otras palabras, el corazón trabaja más para hacer lo mismo.

Sin embargo, el calor no es únicamente un enemigo del rendimiento. Bien gestionado, es también una herramienta de adaptación. El entrenamiento en condiciones térmicas elevadas puede mejorar la eficiencia cardiovascular, aumentar el volumen plasmático y optimizar la capacidad de termorregulación. El resultado es un organismo más preparado para sostener esfuerzos prolongados, incluso en condiciones menos extremas.

El problema aparece cuando no se respetan sus reglas. Mantener ritmos habituales sin ajustar la intensidad a la temperatura es uno de los errores más frecuentes. El resultado suele ser una fatiga desproporcionada y una calidad de entrenamiento inferior a la prevista.

La hidratación, además, deja de ser un complemento para convertirse en parte del rendimiento. Una deshidratación leve ya impacta de forma directa en la capacidad aeróbica y en la percepción del esfuerzo, que en verano se distorsiona con facilidad.

Aquí entra un factor clave: aprender a entrenar por sensaciones reales. Los datos no cambian con el calor, pero el cuerpo sí.

Y en el extremo, el riesgo del golpe de calor recuerda que el límite no es negociable. Por eso, entrenar en verano exige algo más que disciplina: exige inteligencia deportiva. Saber cuándo apretar, cuándo adaptar… y cuándo parar.

Bàrbara Sagi

ENTREVISTA SALUD

JULES-HENRI GABIOUD

Es una referencia del ultra trail, con una trayectoria marcada por la resistencia y la superación en las carreras de montaña más exigentes

Volver al deporte tras una lesión. Las claves para hacerlo bien

REPORTAJES MATERIAL

SIDAS, los pies protagonistas en cada kilómetro

RAB, preparados para desafiar al calor

Las claves de la colección de hiking de KARPOS

Patagonia en patín a vela. 51 días en el fin del mundo El Pirineo olvidado Guide’s Book. ¿Qué se necesita para ser guía de montaña en Chamonix?

JULES-HENRI GABIOUD

Una trayectoria de casi 20 años como corredor le ha valido el apodo de “El Señor de los Hielos”, tras convertirse en el primer atleta en conquistar tanto la TOR330 - Tor des Géants como la TOR450 - Tor des Glaciers. Es fácil de reconocer: gorra con visera, sonrisa franca y la calma de quien, a sus 39 años, sigue compitiendo con la misma ilusión de sus inicios.

Hablamos de Jules-Henri Gabioud, ultrarunner suizo nacido en Orsières el 27 de junio de 1987. Su vínculo con la montaña no es solo deportivo, sino también vital y profesional: en verano trabaja como guía de montaña y autor de rutas de excursionismo, mientras que en invierno ejerce como monitor de deportes de nieve, especialmente en esquí de travesía.

Su conexión con el macizo del Mont Blanc se remonta a la infancia. En 2003, junto a su hermano, asistió por primera vez al Ultra Trail du Mont Blanc en las montañas cercanas a su casa. Aquella experiencia marcó un antes y un después: dejó el ciclismo en ruta para adentrarse en el ultratrail, primero como voluntario y, tras cumplir los 18 años, como corredor. Desde entonces, ha forjado una carrera ligada a algunas de las pruebas más duras del mundo.

Entre sus resultados más destacados figuran su victoria en la TOR330 - Tor des Géants en 2011, el triunfo en la Ultra Trail Atlas Toubkal (Marruecos) en 2014 y el primer puesto en el X-Alpine

Trail Verbier St. Bernard ese mismo año. También ha brillado en carreras por equipos junto a su hermano Candide, con quien ha ganado la Petite Trotte à Léon en varias ediciones, incluyendo 2021 y 2022.

En los últimos años, su palmarés ha seguido creciendo con victorias en pruebas de ultra resistencia extrema como la TOR450 - Tor des Glaciers junto a Luca Papi (2021), la Great Himalayan Race en Nepal (2024), y podios en carreras como el Eiger Ultra Trail 250 (2024) y la Cervino Matterhorn Race (2025), siempre junto a su hermano.

Más allá de los resultados, Jules es un explorador constante que busca nuevos terrenos y desafíos lejos de su zona de confort. Le motivan las grandes travesías intercontinentales y las carreras de ultra distancia extrema, donde la resistencia mental pesa tanto como la física. En cada proyecto, parece perseguir lo mismo: la mejor versión de sí mismo en los entornos más exigentes del planeta.

¿Qué recuerdas de aquella primera vez viendo el UTMB en 2003?

Recuerdo haber esperado a los corredores en mi pueblo de La Fouly, pero nadie pasó durante el día. En aquel momento, realmente no entendíamos bien en qué consistía este deporte.

Recuerdo el puesto de avituallamiento en el pueblo y las marcas del recorrido hechas con pequeños tubos de colores.

El tiempo era terrible y la niebla nos impedía ver realmente la carrera. Más tarde fuimos a Champex-Lac, donde solo pasaron dos o tres corredores en el transcurso de una hora. Entre ellos, estaba una de las leyendas de las primeras ediciones del UTMB, el corredor suizo Werner Schweizer.

¿Hubo un momento concreto en el que pensaste “yo quiero hacer esto”?

En 2005, antes del evento, conseguimos hacernos con un roadbook muy detallado del UTMB. Incluía una descripción completa del recorrido, un mensaje de los organizadores y el horario de los tiempos de paso previstos. Gracias a él, pudimos comparar nuestros tiempos en el Grand Col Ferret con los de los líderes de la carrera en ese momento: Sherpa, Delebarre y Olmo.

Mi hermano y yo nos dimos cuenta de que este deporte era bastante diferente del Sierre-Zinal. Pensamos que, como éramos buenos excursionistas, quizá incluso podríamos llegar a participar algún día.

En 2006, quisimos tomar parte en el evento y la creación de la CCC (Courmayeur-Champex-Chamonix) fue el detonante. Fue la oportunidad que habíamos estado esperando y el momento en el que nuestra idea de correr un ultra-trail empezó a convertirse en un objetivo real.

Mi hermano participó en la CCC de 2006, mientras que yo aún era demasiado joven, con solo 19 años. A partir de ese momento, supe que tenía que estar allí en 2007 a toda costa. Verlo participar en la carrera solo alimentó aún más mi motivación y convirtió en un objetivo personal el estar en la línea de salida al año siguiente.

¿Qué te sigue atrayendo de las carreras donde el cuerpo llega tan al límite?

Disfruto de las carreras extremas porque nos llevan al límite físico y mental. Para mí, son una metáfora de la vida misma, con sus altibajos, momentos de fortaleza y momentos de duda. En el transcurso de unos pocos días, siento como si viviera una versión condensada de toda una vida.

También me atraen estos desafíos porque la fortaleza mental y la estrategia son tan importantes como la forma física. El éxito no se determina únicamente por lo fuerte o rápido que seas, sino también por tu capacidad para gestionar las dificultades, adaptarte a las circunstancias cambiantes y seguir avanzando cuando las cosas se complican.

¿Qué pasa por la cabeza después de dos noches sin dormir en carrera?

Mi mentalidad se centra en objetivos intermedios. Diría que, después de dos noches sin dormir, entras en un modo constante de gestión del esfuerzo. Intento

anticipar dónde estaré dentro de unas horas e identificar los lugares donde puedo recuperarme y recargar energías.

Nunca pienso en la línea de meta ni en el resultado final. Cuando las cosas se ponen difíciles, me concentro únicamente en el momento presente y en el siguiente paso que tengo por delante.

¿Cuál ha sido el momento más duro que has vivido en una carrera?

Uno de los momentos más difíciles de mi carrera como corredor fue durante el Tor des Glaciers en 2023.

A unos 100 kilómetros de la meta, empecé a tener graves problemas estomacales y mi cuerpo se fue agotando por completo. Ya no podía ingerir nutrición, no me quedaban fuerzas y mis músculos estaban extremadamente doloridos.

Con 18 kilómetros por recorrer, sufrí una fuerte contractura muscular y apenas podía caminar. Cada paso era doloroso, pero con el apoyo de mi hermano y una pura determinación conseguí llegar a la línea de meta.

¿Has tenido miedo real alguna vez en la montaña?

Durante mis carreras, rara vez he sentido miedo o me he encontrado en una situación peligrosa. Sin embargo, en la montaña sí ha habido algunos momentos más complicados, especialmente en

invierno, al enfrentarme al riesgo de avalanchas durante travesías de esquí o al cruzar pasos de alta montaña en Nepal, por ejemplo.

Te llaman “El Señor de los Hielos”. ¿Te reconoces en ese apodo?

Después de mi victoria en el Tor des Géants en 2011, me apodaron “el íbice del Val Ferret”. Es un apodo divertido, pero no le doy mucha importancia. Añade un poco de misterio al personaje que la gente puede ver en mí, pero al final del día sigo siendo simplemente Jules, un apasionado de la montaña.

¿Qué tienen los terrenos glaciares o extremos que no encuentras en otras carreras?

Son terrenos donde no hay señalización del recorrido, lo que exige seguridad en los pies y excelentes habilidades de orientación. En una carrera de trail típica, a menudo puedes correr con la cabeza baja, simplemente siguiendo un marcador tras otro.

En eventos como la PTL (Petite Trotte à Léon) o el Tor des Glaciers, tienes que moverte en armonía con la montaña y encontrar tu propio camino a través del terreno. A menudo es inevitable caminar, lo que enseña paciencia y agudiza la capacidad de leer e interpretar el paisaje.

¿Crees que la gente entiende realmente lo que significa una prueba como el TOR450?

No, nadie puede realmente imaginar lo que representa una carrera así a menos que la haya vivido en primera persona. Las cifras cuentan parte de la historia, pero las emociones que se experimentan son imposibles de describir.

Puedes hacerte una idea mirando un mapa o imaginando la distancia recorrida en coche, pero cubrirla a pie es algo verdaderamente extremo.

Vives la montaña durante todo el año. ¿Hay una estación con la que te sientas especialmente conectado?

Es difícil elegir porque las montañas son mi mantra y las amo en todas sus condiciones. Pero el otoño es una estación mágica para mí, con los colores de la naturaleza y la calma que precede al invierno.

El invierno es una época muy ocupada para mí debido a mi trabajo como instructor de esquí, mientras que el otoño es un momento para simplemente disfrutar de la naturaleza por mi cuenta. Es un período más tranquilo que me permite bajar el ritmo, pasar tiempo en la montaña sin objetivos concretos y reconectar con el entorno natural.

Viéndote competir, parece que se te da bien casi cualquier disciplina de montaña. ¿Hay algo en lo que definitivamente no destaques?

¡Nadar! Es una lástima, porque no he podido probar nunca el triatlón. Pero para un amante de las montañas, el agua significa nieve y yo soy más bueno con los esquís.

Después de más de 100 carreras, ¿hay algún momento que todavía recuerdes con total claridad?

Tengo muchos recuerdos, pero uno de los más indelebles fue durante mi segundo UTMB, en 2009. Era uno de los participantes más jóvenes de la carrera y me encontré solo en los últimos 10 kilómetros, en compañía de cabras montesas y una hermosa puesta de sol en el Monte Bianco.

Terminé con un tiempo de 27 horas y 6 minutos (mi cumpleaños es el 27/6). Como puedes ver, creo en las coincidencias. Fue un día muy importante para mí.

Has compartido muchas victorias con tu hermano Candide. ¿Qué cambia cuando corres en equipo?

Cuando se compite en equipo, la sensación de compartir es constante e intensa. En carreras muy largas, esto es claramente una ventaja, ya que proporciona tanto mayor seguridad como un apoyo mental valioso en los momentos difíciles.

Estar con un compañero repartir las responsabilidades esfuerzo, ya sea la orientación, de los tramos más complicados control de las pausas.

Se crean recuerdos inolvidables. claramente se puede de lo que se podría solo.

Llevas años vinculado valores compartes con

Estoy muy orgulloso de parte del equipo Karpos últimos cuatro años. realmente me encanta todo mi enfoque de los montaña, desde el esquí trail running hasta el

Para mí, Karpos representa una conexión auténtica También me considero auténtica e independiente trayectoria deportiva con los que me identifico en Karpos. Esa visión la pasión por la montaña esta colaboración sea significativa para mí.

En carreras o travesías material se vuelve fundamental. alguna prenda de Karpos convertido en imprescindible

Uso la marca todos los aventuras y carreras, gama LOT Rain (chaqueta

compañero también permite responsabilidades durante el orientación, la gestión complicados o el pausas.

inolvidables. Juntos, llegar aún más lejos solo.

vinculado a Karpos. ¿Qué con la marca?

de haber formado Karpos durante los Es una marca que encanta porque refleja los deportes de esquí de montaña y el alpinismo.

representa calidad y auténtica con la montaña. considero una persona independiente en mi y esos son valores identifico profundamente compartida y montaña hacen que sea especialmente

travesías tan largas, el fundamental. ¿Hay Karpos que se haya imprescindible para ti?

los días. Durante mis valoro mucho la (chaqueta y pantalón),

que tiene un corte muy bueno y un ajuste perfecto. Además, siempre la llevo en el fondo de la mochila por si acaso.

También me gusta la gama Highest, que he empezado a utilizar para proyectos de montaña en Nepal.

Después de todos estos kilómetros, ¿qué sigues intentando encontrar ahí fuera?

Sigo teniendo la misma pasión que cuando empecé a correr trail: descubrir nuevos lugares, nuevos pasos de montaña y nuevos senderos, mientras me empujo más allá de mis límites.

La única diferencia es que la distancia ha aumentado con el tiempo, porque las carreras muy largas tienen la capacidad de amplificar las emociones. Al final, creo que corro para vivir momentos únicos e inolvidables, tanto con mi hermano como dentro de mí mismo.

Fotografías de Roberto De Pellegrin, Candide Gabioud y Sportograf

VOLVER AL DEPORTE CLAVES PARA

TRAS UNA LESIÓN

HACERLO BIEN

Errores habituales, principios básicos y recomendaciones para volver a entrenar con seguridad después de una lesión.

Volver no siempre es continuar.

¿Qué me dice la experiencia? Que las prisas, sobre todo cuando hablamos de una lesión, no son buenas. La línea entre recaer o hacer una recuperación correcta es muy fina.

Volver a la actividad es uno de los momentos más delicados para cualquier deportista. No es un inicio, pero tampoco es una continuidad real. Es un punto intermedio en el que el cuerpo empieza a responder, pero aún no está completamente preparado para asumir las exigencias previas.

En ese proceso aparecen dudas habituales: si ya se puede entrenar con normalidad, si el dolor que se siente entra dentro de lo razonable o si el riesgo de recaída sigue siendo alto. Estas preguntas no tienen una única respuesta, porque cada lesión tiene sus particularidades. Sin embargo, sí existen principios generales que permiten orientar la vuelta a la actividad con mayor seguridad.

Entender este momento como un proceso específico —y no como un simple

“paréntesis” entre entrenamientos— es clave para evitar errores que, en muchos casos, acaban alargando la recuperación más de lo necesario.

La mejora no siempre significa recuperación

Uno de los errores más frecuentes es interpretar la mejoría como una recuperación completa. El dolor disminuye, la movilidad aumenta y las sensaciones generales invitan a pensar que todo ha quedado atrás. Este cambio, además, suele producirse relativamente rápido en comparación con el tiempo total de recuperación.

Sin embargo, desde el punto de vista fisiológico, los tejidos no se recuperan todos al mismo ritmo. El músculo puede recuperar su función antes que estructuras como los tendones o los ligamentos, que necesitan más tiempo para adaptarse a la carga. Como señalan distintos trabajos en este ámbito (Kjaer et al., 2009), esta diferencia explica por qué muchas recaídas ocurren cuando la persona ya se siente prácticamente recuperada.

La percepción subjetiva mejora antes que la capacidad real de tolerar esfuerzo. Esto genera una situación especialmente delicada: el deportista se siente preparado, pero el tejido aún no lo está.

Por eso, la pregunta importante no es únicamente cómo te encuentras, sino qué nivel de exigencia puede asumir tu cuerpo en ese momento sin comprometer la recuperación.

El papel del dolor durante la vuelta

El dolor sigue siendo una referencia importante, pero no siempre es un indicador preciso del estado de la lesión. Durante mucho tiempo, se interpretó como una señal directa de daño, pero hoy se entiende como una experiencia más compleja.

Como explica Moseley (2007), el dolor es una respuesta del sistema nervioso que integra información física, emocional y contextual. Esto implica que puede aparecer incluso cuando el tejido está en proceso de recuperación o disminuir sin que la recuperación sea completa.

En la práctica, esto se traduce en una idea clave: cierto nivel de molestia puede ser aceptable durante la vuelta a la actividad. Siempre que no sea intenso, no aumente progresivamente durante el ejercicio y no se mantenga o empeore en las horas o días posteriores.

Este enfoque permite evitar dos errores frecuentes. Por un lado, el miedo excesivo al movimiento, que puede alargar la inactividad más de lo necesario. Por otro,

la tendencia a forzar demasiado pronto, confiando en sensaciones que aún no reflejan una recuperación completa.

Aprender a interpretar el dolor, más que eliminarlo por completo, es una de las habilidades más importantes en este proceso.

La progresión: el elemento clave

Si hay un principio fundamental en la vuelta al deporte tras una lesión, es la progresión de la carga. El cuerpo necesita estímulos para adaptarse, pero también tiempo para hacerlo.

La evidencia en entrenamiento muestra que el riesgo de lesión aumenta cuando la carga se incrementa de forma brusca y supera la capacidad del organismo para tolerarla (Gabbett, 2016). Esta relación entre carga y adaptación es especialmente relevante tras una lesión, cuando el margen de tolerancia suele ser menor.

Por eso, no se trata solo de “hacer menos”, sino de “hacer lo adecuado”. En muchos casos, esto implica reconstruir la actividad desde una base más controlada. Recuperar primero el volumen, luego la intensidad y finalmente la complejidad del gesto.

En la práctica, esto puede traducirse en acciones muy concretas: empezar caminando antes de correr, introducir ejercicios técnicos antes de aumentar la velocidad o trabajar con cargas moderadas antes de intentar levantar pesos elevados.

La progresión no siempre es lineal y es normal que haya pequeños ajustes o retrocesos. Pero mantener una lógica progresiva suele ser uno de los factores que más influyen en una recuperación exitosa.

Recuperar capacidades, no solo el gesto

Volver a correr no significa necesariamente estar preparado para correr bien. Lo mismo ocurre con cualquier otro gesto deportivo. Detrás de cada movimiento, hay una combinación de capacidades que lo hacen posible: fuerza, movilidad, coordinación, estabilidad.

Muchas lesiones están relacionadas, en parte, con déficits en alguna de estas áreas. A veces no son evidentes hasta que aparece la lesión, pero forman parte del contexto que la favorece.

Por eso, la readaptación no debería limitarse a repetir el gesto deportivo. En la mayoría de los casos, incluye trabajo

específico orientado a mejorar esas capacidades. Ejercicios de fuerza, control motor o movilidad forman parte habitual de este proceso.

Como señala Cook (2010), el objetivo no debería ser únicamente recuperar el nivel previo, sino mejorar la calidad del movimiento. Este enfoque no solo reduce el riesgo de recaída, sino que puede mejorar el rendimiento a medio plazo.

El papel de los profesionales

El acompañamiento profesional puede marcar una diferencia importante, especialmente en lesiones de mayor gravedad o en procesos que se alargan en el tiempo. Fisioterapeutas, médicos del deporte y entrenadores disponen de herramientas para evaluar el estado funcional y ajustar la progresión de la carga.

A través de pruebas específicas, análisis del movimiento o control de la fuerza, pueden ofrecer una referencia más objetiva sobre el estado de la recuperación.

Sin embargo, no todas las personas cuentan con este acompañamiento, ni todas las lesiones lo requieren. En casos leves o moderados, muchas personas retoman la actividad de forma autónoma.

En estos casos, disponer de criterios básicos y actuar con prudencia es fundamental. Escuchar el cuerpo, progresar de forma gradual y evitar decisiones impulsivas suelen ser factores determinantes.

En cualquier caso, la combinación entre la percepción personal y la orientación profesional suele ofrecer mejores resultados que depender exclusivamente de uno de los dos enfoques.

La dimensión psicológica de la vuelta

La recuperación no es solo física. El componente psicológico tiene un peso importante, aunque a menudo se pase por alto.

El miedo a recaer, la inseguridad en ciertos movimientos o la frustración por no rendir como antes son experiencias habituales. En algunos casos, estas sensaciones pueden llevar a evitar gestos o a reducir la intensidad más de lo necesario.

La investigación en psicología del deporte ha mostrado que la confianza es uno de los factores que más condiciona el retorno a la actividad (Ardern et al., 2013). No basta con

estar recuperado físicamente; también es necesario sentirse preparado.

Esta confianza no aparece de forma inmediata. Se construye a través de la experiencia, de pequeñas exposiciones progresivas y de la acumulación de sensaciones positivas.

Trabajar este aspecto no implica hacer nada complejo, pero sí ser consciente de que forma parte del proceso.

¿Cuándo se puede considerar una recuperación completa?

No existe un único criterio universal que marque el final de una recuperación.

En la mayoría de los casos, se trata de un proceso progresivo en el que se van alcanzando distintos niveles de exigencia.

Algunos indicadores que suelen utilizarse son:

* Dolor ausente o bien controlado.

* Recuperación de la fuerza y la movilidad.

* Capacidad de realizar el gesto deportivo sin compensaciones.

* Tolerancia a cargas similares a las previas a la lesión.

Estos elementos deben valorarse en conjunto. Cumplir uno de ellos no garantiza la recuperación completa, pero la combinación de todos ofrece una referencia más fiable.

Aun así, incluso cuando estos criterios se cumplen, el rendimiento completo puede tardar en recuperarse. Adaptarse de nuevo a la intensidad, la velocidad o la competición suele requerir un periodo adicional.

Una oportunidad para mejorar la práctica deportiva

Aunque las lesiones se perciben como un contratiempo, también pueden ser una oportunidad para introducir cambios positivos. Durante la recuperación, muchas personas incorporan hábitos que antes no formaban parte de su rutina.

El trabajo de fuerza, la movilidad o una mejor planificación de la carga son algunos de los más habituales. Estos cambios no solo ayudan a reducir el riesgo de recaída, sino que pueden mejorar la práctica deportiva en el medio y largo plazo.

En este sentido, la vuelta al deporte no tiene por qué ser un simple retorno al punto de partida, sino una evolución hacia una práctica más equilibrada.

Conclusión: volver bien para poder continuar

Volver al deporte después de una lesión implica encontrar un equilibrio entre avanzar y respetar los tiempos del cuerpo. Progresar de forma gradual, interpretar el dolor con criterio, recuperar capacidades físicas más allá del gesto deportivo y, cuando sea necesario, contar con apoyo profesional son algunas de las claves para hacerlo bien.

No se trata de volver lo antes posible, sino de volver en condiciones que permitan sostener la actividad en el tiempo.

Porque el objetivo real no es solo retomar el entrenamiento, sino evitar entrar en un ciclo repetido de lesión y recuperación. Una vuelta bien gestionada no solo reduce riesgos, sino que construye una base más sólida para el futuro.

Al final, la diferencia no está tanto en cuándo vuelves, sino en cómo lo haces.

Txema Morales

Fotografías de Jorge Paredes, Efes, Matias Maiztegui, Stock Snap y Gabin

Vallet

LOS PIES PROTAGONISTAS

EN CADA KILÓMETRO

Hay carreras que se deciden por la preparación, la estrategia o la capacidad de gestionar el esfuerzo. Pero en el trail running de larga distancia existen otros factores, menos visibles, que pueden marcar la diferencia entre cruzar la meta o quedarse por el camino.

Una pequeña rozadura, una ampolla que aparece antes de tiempo o una sensación de inestabilidad dentro de la zapatilla son detalles aparentemente menores que, con el paso de las horas, pueden convertirse en un auténtico problema.

En montaña, los pies no solo sostienen el movimiento: condicionan la experiencia. Son el único punto de contacto entre el corredor y el terreno, absorben miles de impactos y deben adaptarse constantemente a desniveles, cambios de superficie y condiciones meteorológicas variables. Cuando la distancia aumenta, su cuidado deja de ser una cuestión de confort para convertirse en un elemento clave del rendimiento.

Con la llegada de la UTMB, una de las citas más exigentes del calendario internacional, esta realidad cobra todavía más sentido. Horas de esfuerzo, desnivel acumulado y terrenos cambiantes convierten el confort y la protección en aliados imprescindibles.

No es casualidad que Sidas, marca especializada en el cuidado del pie y proveedor oficial de Foot Care del evento, esté presente en un escenario donde cada detalle cuenta.

Porque en una ultradistancia, cuando las piernas empiezan a acumular fatiga y la mente busca razones para seguir, unos pies protegidos y cuidados pueden convertirse en el mejor aliado para continuar sumando kilómetros.

Las plantillas son la base de cada zancada. En trail running, un soporte adaptado a la anatomía del pie ayuda a mejorar la estabilidad y el confort, dos factores clave cuando la distancia aumenta y el terreno se vuelve más técnico.

3 FEET TRAIL

Diseñadas específicamente para las exigencias del trail running, las plantillas 3 Feet Trail ofrecen un soporte adaptado a la morfología de cada corredor gracias a sus versiones para arco plantar alto, medio o bajo.

Su construcción favorece una mayor estabilidad y control sobre terrenos técnicos, mientras que los materiales de agarre ayudan a mantener el pie y la plantilla en su posición durante la actividad. Ligeras y cómodas, combinan soporte y amortiguación para afrontar largas jornadas en montaña.

Además, su diseño, con un antepié y un talón más anchos, se integra de forma natural en las zapatillas de trail, aportando una sensación de seguridad incluso en los tramos más exigentes.

Los calcetines son mucho más que una capa entre el pie y la zapatilla. En función del terreno, la distancia y las necesidades de cada corredor, pueden priorizar la protección, la ligereza, la sujeción o la transpirabilidad. Elegir el modelo adecuado ayuda a mejorar las sensaciones en carrera y a reducir la fricción cuando los kilómetros se acumulan.

RUN ANATOMIC CREW

Los RUN ANATOMIC CREW están diseñados para ofrecer un equilibrio entre confort, ligereza y rendimiento en carrera. Su estructura favorece la evacuación de la humedad en las zonas de mayor acumulación de calor, ayudando a mantener el pie seco incluso durante esfuerzos prolongados.

La sujeción en la zona del tobillo aporta una sensación de estabilidad sin comprometer la movilidad natural, mientras que la construcción “in&out” reduce el volumen entre el pie y la plantilla para mejorar el contacto y las sensaciones dentro de la zapatilla. Además, la banda de agarre contribuye a minimizar los movimientos indeseados del pie, reforzando la estabilidad en carrera.

Con un diseño ligero y funcional, son una opción pensada para quienes buscan maximizar el confort y el control tanto en entrenamientos como en competiciones de larga distancia.

TRAIL PROTECT

Diseñados para afrontar los retos del trail running, estos calcetines técnicos ofrecen protección y confort en los recorridos más exigentes. Cada detalle está pensado para responder en terrenos irregulares y largas distancias.

Los refuerzos en la zona de los dedos y los tobillos ayudan a absorber el impacto y proteger frente a roces e irregularidades del terreno, mientras que las bandas de agarre mejoran la conexión entre el pie, la plantilla y la zapatilla para ofrecer una mayor precisión en cada apoyo. Además, las zonas ventiladas favorecen la evacuación de la humedad, contribuyendo a mantener el pie seco durante el esfuerzo.

El soporte adicional en el tobillo aporta una mayor sensación de estabilidad en terrenos exigentes, mientras que la tecnología Polygiene ayuda a controlar el olor y mantener la frescura durante largas jornadas de entrenamiento o competición. Una opción pensada para quienes buscan máxima protección sin renunciar al rendimiento en montaña.

T-FREE TRAIL

Calcetines finos, técnicos y protectores diseñados con una separación específica para el dedo gordo, con el objetivo de mejorar la comodidad, la estabilidad y la eficiencia en carreras por sendero. El dedo gordo juega un papel clave en el equilibrio, la alineación y la propulsión, por lo que su diseño anatómico diferenciado ayuda a optimizar el gesto natural de la pisada.

Su construcción sin costuras y la diferenciación entre pie izquierdo y derecho proporcionan un ajuste preciso, reduciendo puntos de presión y mejorando el confort durante horas de actividad. Además, los refuerzos en la puntera, el talón y la zona del tobillo aportan una protección extra frente a los impactos y las irregularidades del terreno.

Pensados para el trail running, combinan una elevada transpirabilidad con una eficaz gestión de la humedad gracias a sus fibras técnicas y zonas ventiladas. El soporte en el tobillo y la banda de agarre contribuyen a mejorar la sujeción dentro de la zapatilla, mientras que los detalles reflectantes añaden un plus de visibilidad en condiciones de baja luz. Una opción orientada a quienes buscan confort, protección y precisión en cada kilómetro.

TRAIL ULTRA

Calcetines de ultra-running técnicos, ligeros y transpirables, diseñados para acompañar la evolución natural del pie durante el esfuerzo prolongado y responder a los cambios biomecánicos que se producen en largas distancias, como el hundimiento del arco plantar, el ensanchamiento de los metatarsos o el aumento de la sensibilidad en el talón.

Su construcción incorpora elementos de soporte en la zona del talón y los metatarsos que ayudan a mantener la estabilidad y reducir la sensación de fatiga durante esfuerzos prolongados. Además, la puntera más amplia permite adaptarse a los cambios que experimenta el pie en carrera, aportando mayor confort cuando las horas se acumulan.

La elevada transpirabilidad favorece una gestión eficaz de la humedad, mientras que las bandas de agarre mejoran la conexión entre el calcetín, la plantilla y la zapatilla para ofrecer una sensación de mayor control en cada apoyo. Completan el conjunto la protección en la zona del tobillo y la construcción In&Out, que proporciona un contacto más directo con el calzado. Una propuesta específicamente orientada a quienes afrontan largas distancias en montaña.

El cuidado del pie no termina con la elección del material técnico. En trail running, la prevención y la recuperación también desempeñan un papel clave, especialmente en largas distancias, donde la fricción, la humedad y los impactos repetidos pueden acabar generando molestias. Por ello, los productos destinados a proteger la piel, prevenir rozaduras y favorecer la recuperación se convierten en aliados esenciales para mantener el confort y seguir sumando kilómetros.

ANTI FRICTION CREAM & RECOVERY CRYO GEL – FOOT CARE KIT

Antes, durante y después de la actividad, Sidas completa el cuidado del pie con soluciones específicas pensadas para prevenir, proteger y favorecer la recuperación.

La Anti Friction Cream ayuda a reducir rozaduras y ampollas antes del esfuerzo, mientras que los Foot Protections alivian molestias localizadas provocadas por el impacto y la fricción.

Tras la actividad, el Recovery Cryo

Gel aporta una sensación de frescor inmediato y ayuda a relajar y revitalizar los pies fatigados. Todos estos esenciales pueden reunirse en el práctico Foot Care Kit, diseñado para que nunca falte lo necesario en la mochila.

Todos los productos están disponibles en la web oficial de SIDAS

PREPARADOS PARA

RAB DESAFIAR AL CALOR

Cuando las temperaturas se disparan, la clave para seguir disfrutando de la montaña está en elegir prendas capaces de mantener el cuerpo fresco, seco y cómodo durante toda la actividad.

La nueva propuesta de verano de RAB combina tejidos ultraligeros, gran capacidad de transpiración y un diseño pensado para el movimiento, tanto en carreras de montaña como en jornadas de senderismo y trekking rápido.

Las camisetas Sonic Ultra y los pantalones Momentum, disponibles en versiones masculina y femenina, destacan por su rápida evacuación de la humedad, ventilación estratégica y un ajuste que prioriza la comodidad incluso en los días más calurosos.

Una colección diseñada para rendir al máximo cuando el calor aprieta y cada gramo cuenta.

MEN’S SONIC ULTRA ZIP

Camiseta ligera de running con cremallera que ofrece secado rápido, transpirabilidad y libertad de movimiento. Confeccionada con Dryflo™ Air con tecnología de control de olores, está diseñada para brindar la máxima comodidad y una sensación de ligereza en carreras de montaña de cualquier distancia.

Características de la prenda

* El tejido Dryflo™ Air ligero proporciona un secado rápido con tratamiento de control de olores.

* Tejido transpirable con tecnología de flujo de aire.

* Costuras microactivas resistentes y suaves en el interior para mayor comodidad.

* Mangas montadas.

* Orificios de ventilación cortados con láser en la nuca y las axilas.

* Cremallera frontal central profunda y ligera para una mayor ventilación.

* Detalle de bajo con abertura y pespunte reflectante.

* Logotipo reflectante.

Materiales

Tejido principal: Dryflo™ Air de punto sencillo (85 g/m²) con tratamiento de control de olores.

100% poliéster. Jersey de punto para hombre.

Tecnología

Dryflo™ Air

Peso: 74 gramos (Talla 10)

Precio: 70 euros

MEN’S MOMENTUM SHORTS

Pantalones cortos ligeros multiactividad confeccionados con tejido Matrix™ transpirable y elástico para mantenerte fresco en los días cálidos de montaña.

Cómodos para largas distancias gracias a su cintura elástica y segura, son ideales para senderismo y trekking rápidos.

Características de la prenda

* Cintura elástica ligera con cordón ajustable.

* 2 bolsillos laterales abiertos.

* Orificios de ventilación cortados con láser en la parte trasera y los bolsillos laterales.

* 1 bolsillo de seguridad con cremallera YKK®.

* 23 cm de largo interior.

Materiales

Nylon elástico Matrix™ de tejido simple (130 g/m²) con tratamiento DWR sin fluorocarbonos.

85% poliamida, 15% elastano.

Tecnología

Matrix™

Especificaciones

Talla regular

Peso: 167,5 g (Talla M)

Precio: 75 euros

WOMEN’S

SONIC ULTRA VEST

Camiseta para correr liviano que proporciona un secado rápido, una rápida absorción y un movimiento eficiente. Construida con Dryflo™

Air con tecnología de control de olores, está diseñado para brindar máxima comodidad y una sensación apenas visible en carreras de montaña de cualquier distancia.

Características de la prenda

* El ligero Dryflo™ Air proporciona un secado rápido con tratamiento de control de olores.

* Tejido absorbente con tecnología de flujo de aire.

* Diseño de espalda cruzada.

* Las costuras microactivas son fuertes y suaves en el interior para mayor comodidad.

* Orificios de ventilación cortados con láser en la parte posterior del cuello.

* Detalle de dobladillo dividido con barra reflectante.

* Marca reflectante.

* Ajuste cómodo listo para la mochila de hidratación.

* Costuras minimizadas y colocadas estratégicamente para reducir las rozaduras en largas distancias.

Materiales

Tejido principal: tejido de punto sencillo Dryflo™ Air (85 g/m²) con tratamiento de control de olores.

Chaleco tejido.100% poliéster para mujer.

Tecnología

Aire Dryflo™

Especificaciones

Largo central de la espalda (Talla 10): 68 cm

Peso: 74 g (Talla 10)

Precio: 50 euros

WOMEN’S MOMENTUM SHORTS

Pantalones cortos ligeros multiactividad confeccionados con tejido Matrix™ transpirable y elástico para mantenerte fresca en los días cálidos de montaña. Cómodos para largas distancias gracias a su cintura elástica y segura, son ideales para senderismo y trekking rápidos.

Características de la prenda

* Cintura ligera y ajustada con cordón.

* 2 bolsillos laterales abiertos.

* Orificios de ventilación cortados con láser en la parte trasera y los bolsillos laterales.

* 1 bolsillo de seguridad con cremallera YKK®.

* 10 cm de largo interior.

Materiales

Nylon elástico Matrix™ de tejido simple (130 g/m²) con tratamiento DWR sin fluorocarbonos

Flexile™ 200 con tratamiento DWR sin fluorocarbonos

88% poliamida, 12% elastano

Especificaciones

Corte ajustado

Tecnología

Matrix™

Peso: 139 g (Talla 10)

Precio: 75 euros

Todas las prendas están disponibles en la web oficial de RAB

CAPE FALCON, OREGON, USA 45.7676° N, 123.9824° W

LAS CLAVES DE LA COLECCIÓN

COLECCIÓN HIKING DE KARPOS

La montaña se disfruta más cuando el equipamiento está a la altura del desafío. Con su colección Hiking, Karpos presenta una selección de prendas diseñadas para acompañar cada aventura al aire libre, combinando ligereza, comodidad, protección y sostenibilidad.

Tanto para hombre como para mujer, la marca italiana apuesta por tejidos técnicos de alto rendimiento, materiales reciclados y tratamientos libres de PFAS para ofrecer soluciones adaptadas a las exigencias del senderismo moderno.

Desde camisetas ultratranspirables para los días más calurosos hasta pantalones versátiles y chaquetas preparadas para afrontar cambios bruscos de tiempo en la montaña, la colección Hiking de Karpos reúne algunas de las prendas más destacadas de la temporada. A continuación, repasamos los modelos imprescindibles para disfrutar de cada ruta con total libertad y confort.

MOVED EVO JERSEY

La camiseta que homenajea a los gigantes de la TOR330 – Tor des Géants®. 330 kilómetros, 24 000 metros de desnivel positivo. Una aventura única que culmina con el Col de Malatrà antes de empezar un largo descenso hacia el arco de la llegada en Courmayeur, donde los participantes se dan cuenta de que han logrado algo aparentemente imposible, algo para gigantes. Acabar esta carrera significa vivir una experiencia increíble que quedará grabada para siempre en su memoria.

Una sensación para lucir con nuestra camiseta Moved Evo confeccionada con tejido Polartec® Delta con un efecto de rejilla bicolor. El tejido ayuda a mantener la temperatura corporal constante, incluso con altas temperaturas.

Gracias a la presencia de Lyocell, una fibra natural hidrófila, el tejido Polartec® Delta es capaz de retener parte de la humedad, ralentizando el secado de la prenda y ofreciendo una mayor comodidad en los días calurosos y secos, incluso durante las actividades de alta intensidad.

Transpirable y altamente ligera, apenas la notarás durante las actividades físicas.

Características del producto

* Impresión el torso

* Ribete en el cuello

* Manga raglán

* Fabricado con al menos un tejido reciclado

Peso: 108 gramos

Precio: 70 euros

SECEDA PANTS

El pantalón Seceda es nuestro pantalón más versátil para las excursiones en verano, tanto por senderos de montaña como por caminos fáciles. Su ligereza, rapidez de secado y comodidad son sus características principales.

Está confeccionado con un tejido ligero, elástico y transpirable en nailon reciclado y con tratamiento DWR sin PFAS añadidos intencionadamente.

Técnico, cómodo y práctico, el pantalón Seceda es perfecto para tus aventuras veraniegas en la montaña y mucho más.

Características del producto

* Dos bolsillos con cremallera en la parte delantera.

* Un bolsillo lateral.

* Bolsillo con cremallera en la parte trasera.

* Cierre frontal con cremallera, botón a presión y corchete.

* Banda elástica interior en la cintura para un perfecto ajuste.

* Trabillas para el cinturón.

* Fabricado con al menos un tejido reciclado.

* Tratamiento DWR sin PFAS añadidos intencionadamente.

Peso: 280 gramos

Precio: 130 euros

TEMPORALE 2.0 JACKET

La Temporale 2.0 es una chaqueta con costuras totalmente selladas, perfecta para cuando necesitas protección total contra la lluvia y el viento en la montaña. Ha sido diseñada para su uso durante la escalada gracias a la capucha compatible con el casco, al ajuste pensado para facilitar el movimiento en la pared y a las cremalleras de ventilación.

Está confeccionada con un tejido elástico de 2,5 capas en 100% nailon reciclado y con un peso de 76 g/m². Ofrece una resistencia a la columna de agua de 20 000 mm y una transpirabilidad de 30 000 g/m²/24h, y cuenta con un tratamiento DWR sin PFAS añadidos intencionadamente.

No olvides poner esta chaqueta en tu mochila cada vez que vayas a la montaña. Ligera y compresible, es ideal para cualquier situación con condiciones climatológicas adversas.

Características del producto

* Cremallera con solapa cortaviento en la parte delantera.

* Dos bolsillos en la parte delantera.

* Cremalleras de ventilación debajo de los brazos.

* Todas las cremalleras son YKK® impermeables.

* Bolsillo interior en tejido de rejilla.

* Ajuste regulable en la terminación de la manga y en la parte inferior de la chaqueta.

* Capucha compatible con el casco que se regula con cordón de ajuste.

* Costuras selladas.

* Tejido principal 100% reciclado.

* Tratamiento DWR sin PFAS añadidos intencionadamente.

Peso: 298 gramos

Precio: 240 euros

AVERAU W JERSEY

Con un diseño sencillo y funcional, esta camiseta te permite disfrutar del aire libre en todas sus formas.

Inspirada en nuestros Dolomitas, que se elevan verticalmente hacia el cielo con una sencillez asombrosa, la camiseta

Averau W ofrece la libertad de vivir tu pasión sin otras preocupaciones.

Ligera, pesa solo 98 g, transpirable, elástica y cómoda, es la mejor compañera que podemos elegir para nuestras salidas en verano.

Características del producto

* Cuello redondo.

* Manga montada.

* Tratamiento Polygene antiolor.

Peso: 71 gramos

Precio: 50 euros

LASTIA W PANTS

Pantalón resistente, elástico y transpirable, diseñado para practicar senderismo. Tratamiento DWR que ayuda a repeler el agua y la suciedad de la superficie del tejido.

Características del producto

* Cierre de botón y Velcro en la parte delantera.

* Cintura con cordón de ajuste regulable interior.

* Dos bolsillos abiertos.

* Dos bolsillos laterales con cremallera.

* Dos bolsillos abiertos en la parte trasera.

* Tratamiento DWR sin PFAS añadidos intencionadamente.

Precio: 140 euros

RA STUA W JACKET

La Ra Stua W es una chaqueta térmica de peso medio altamente versátil. La puedes llevar en verano cuando necesitas protección contra el viento y calidez mientras estás en alta montaña, en primavera y en otoño cuando necesitas calidez durante las actividades, y en invierno como segunda capa debajo de una chaqueta térmica.

Está confeccionada con tejido ripstop, cortaviento y transpirable, en 100% poliamida de 45 g/m², y cuenta con un tratamiento DWR sin PFAS añadidos intencionadamente. Aislamiento sintético de 60 g/m².

Esta chaqueta no puede faltar en tu armario porque es la que más usarás durante todo el año. ya sea para escalar, hacer senderismo, esquiar o incluso para tomarte unas cervezas en el bar.

Características del producto

* Capucha preformada.

* Cremallera con solapa cortaviento en la parte delantera.

* Dos bolsillos delanteros y dos bolsillos en el pecho.

* Cordón ajustable en la parte inferior.

* Tratamiento DWR sin PFAS añadidos intencionadamente.

Peso: 235 gramos

Precio: 190 euros

Todas las prendas están disponibles en la página oficial de KARPOS

KEEP GOING

TRABAJAMOS PARA QUIENES LAS VIVEN PLENAMENTE .

PATAGONIA EN 51 DÍAS EN EL FIN

EN PATÍN A VELA FIN DEL MUNDO

Hay expediciones que se imaginan sobre un mapa y otras que solo se entienden cuando el territorio empieza a marcar el ritmo. Nuestra travesía por la Patagonia chilena en patín a vela pertenece claramente a este segundo grupo. El objetivo es unir Puerto Montt con Puerto Williams, en el extremo austral del continente, siguiendo una ruta de aproximadamente 1.500 millas por fiordos, canales, islas, bosques y glaciares. Pero la primera gran etapa ya nos ha enseñado algo esencial: en Patagonia no se avanza cuando uno quiere, sino cuando el mar, el viento y la meteorología lo permiten.

Salimos de Puerto Montt el 31 de enero y llegamos a Caleta Tortel el 22 de marzo, después de 51 días de expedición, 36 días de navegación efectiva y alrededor de 250 horas sobre el agua. Fueron más de 600 millas náuticas en dos patines a vela: embarcaciones sin motor, sin timón, sin orza y sin cabina. Solo viento, equilibrio, concentración y una forma de navegar que obliga a estar permanentemente atento.

El patín a vela es una embarcación nacida en el Mediterráneo, ligera, directa y muy simple. Se gobierna desplazando el peso del cuerpo y ajustando la vela. No hay timón que ayude a corregir el rumbo ni motor al que recurrir cuando las condiciones cambian. Llevarlo a los canales de la Patagonia chilena suponía situarlo en un escenario completamente nuevo, mucho más exigente y cambiante que aquel para el que fue concebido.

Desde el primer día, la navegación nos obligó a volver a lo básico. Cada decisión tenía consecuencias. Había que leer el viento, las rachas, la corriente, la costa, la posibilidad de refugio y el estado físico de cada uno. En una embarcación abierta, sin protección real, todo se siente de manera directa: el frío, la lluvia, el cansancio, la humedad y la tensión de mantener el barco controlado durante horas.

La ruta de esta primera etapa se dividió en tres grandes bloques: Puerto Montt–Golfo Corcovado, Golfo Corcovado–Laguna San Rafael e Istmo de Ofqui–Caleta Tortel. Sobre el mapa, parece una línea continua hacia el sur. En la práctica, fue una sucesión de decisiones diarias, esperas, ventanas meteorológicas, largas jornadas de navegación y mucho trabajo en tierra.

Navegar “en conserva”

Durante toda la etapa, navegamos “en conserva”, manteniendo siempre la proximidad entre los dos patines. En una travesía así, no era solo una manera de compartir la experiencia, sino una medida básica de seguridad. Cada barco debía estar pendiente del otro, ajustar el ritmo y tomar decisiones de forma coordinada.

La planificación diaria era tan importante como la navegación. Antes de salir, valorábamos la meteorología, la dirección del viento, la visibilidad, la distancia posible, los puntos de escape y el lugar donde podríamos terminar la

jornada. No se trataba simplemente de avanzar millas. Había que asegurarse de que al final del día podríamos llegar a una caleta, varar los barcos, proteger el material y preparar la siguiente etapa.

Algunos días permitían navegar muchas horas. Otros obligaban a quedarse en tierra. En esta expedición, aprendimos pronto que saber esperar era tan importante como saber navegar. La Patagonia no premia la prisa. Obliga a observar, a tener paciencia y a aceptar que el mejor avance, a veces, es no salir.

De Puerto Montt al sur de Chiloé

Los primeros días sirvieron para entrar en la dinámica de la expedición. Desde Puerto Montt, fuimos bajando hacia la zona de Calbuco, Quemchi, Quinchao, Castro, Queilen y Quellón. Era el inicio de la ruta, pero también una fase de adaptación: al peso del material, a la navegación de muchas horas, al frío, a la humedad y a la rutina de montar y desmontar cada día una pequeña base en tierra.

El Golfo Corcovado fue uno de los primeros puntos importantes. Para embarcaciones tan pequeñas, cada tramo con más exposición debía plantearse con prudencia. No bastaba con tener viento favorable. Hacía falta que el conjunto de condiciones fuera asumible: mar, corriente, visibilidad, duración de la jornada y posibilidad de refugio al otro lado.

Poco a poco fuimos dejando atrás la zona más conocida y entrando en una

Patagonia más remota, donde cada caleta, cada playa y cada pequeño abrigo natural tenían un valor enorme.

Guaitecas, canales interiores y Laguna San Rafael

Después llegó la navegación por las Guaitecas y los canales interiores hacia el sur. Esta parte de la ruta concentró buena parte de la esencia de la expedición: avanzar entre islas, leer los pasos, aprovechar las protecciones naturales y adaptarse a cambios constantes de viento y meteorología.

El patín a vela permitía acercarnos mucho a la costa y utilizar refugios pequeños. Su poco calado era una ventaja clara. Podíamos varar en playas donde otras embarcaciones no entrarían con facilidad. Pero esa misma ligereza nos hacía estar más expuestos. En cada entrada y salida, había que estar muy atentos: al viento, a la rompiente, a las piedras, a la marea y al estado del material.

Uno de los momentos más especiales fue la llegada a la Laguna San Rafael. Navegar entre hielos y en un entorno glaciar con una embarcación tan simple fue una de las imágenes más potentes de la primera etapa. La escala del paisaje era enorme y el patín parecía todavía más pequeño. Fue uno de esos lugares donde la belleza y la exigencia van juntas: un entorno impresionante, pero que no permite relajarse.

El Istmo de Ofqui: cuando la travesía dejó de ser solo navegación

Desde San Rafael, empezó una de las partes más singulares del viaje: el cruce del Istmo de Ofqui. Allí la expedición cambió de registro. Durante dos días, dejamos de navegar para organizar cargas, mover material, desmontar parte del equipo y portear los patines para superar ese paso histórico entre aguas interiores.

Fue uno de los momentos más físicos de toda la etapa. El reto ya no era gobernar el barco, sino moverlo.

La humedad, el terreno, el peso del material y la necesidad de organizar bien cada traslado hicieron que el Ofqui se convirtiera en una parte clave de la expedición.

Después, llegó la navegación por el río San Tadeo, que nos ocupó dos días más y nos devolvió poco a poco al sistema de canales hacia el sur. Esa combinación de navegación, porteo, río y logística resume muy bien el carácter del proyecto: no era solo una travesía a vela, sino una expedición completa, donde cada tramo exigía una solución distinta.

Golfo de Penas: esperar también es avanzar

Uno de los sectores más delicados de la primera etapa fue el Golfo de Penas. Es una zona donde la

influencia del Pacífico se nota con mucha más fuerza y donde la protección de los canales interiores disminuye. Para un patín a vela, sin motor ni cabina, ese tramo exigía mucha prudencia.

En total nos llevó nueve días atravesar la zona, aunque solo pudimos navegar tres. Los otros días fueron de espera, observación y preparación. Desde fuera puede parecer tiempo perdido, pero en una expedición de este tipo la espera forma parte de la navegación. No salir cuando las condiciones no son buenas es una decisión tan importante como aprovechar una ventana favorable.

El Golfo de Penas nos recordó hasta qué punto el margen era pequeño. Oleaje, viento, corrientes, rompientes y meteorología cambiante obligaban a elegir muy bien el momento. Allí sentimos con claridad que el objetivo no era simplemente cruzar, sino hacerlo sin convertir una decisión mala en un problema mayor.

El desgaste real de una expedición así

Las cifras explican una parte del esfuerzo, pero no todo. 51 días de expedición, 36 días navegando y unas 250 horas sobre el agua significan muchas horas de exposición acumulada. En una embarcación abierta, el cansancio no llega solo por la distancia. Llega por la humedad, el frío, la concentración constante, las maniobras, las entradas a caletas desconocidas y la recuperación incompleta entre jornadas.

Al llegar a tierra, no terminaba el trabajo. Había que sacar los patines del agua, asegurar las embarcaciones, ordenar material, cocinar, revisar equipos, cargar baterías, consultar previsiones, enviar reportes y preparar el día siguiente. Muchas veces esto ocurría en lugares sin puerto, sin abrigo construido y sin presencia humana.

La logística en tierra fue una de las grandes lecciones del viaje. Patagonia no solo exige navegar bien. Exige vivir de forma ordenada en un entorno donde todo es más lento, más húmedo y más incierto. Cada decisión práctica cuenta: dónde dejar el barco, cómo proteger la vela, cómo secar ropa, cómo repartir el peso, cómo conservar energía.

Seguridad y comunicación diaria

Durante toda la primera etapa, mantuvimos un sistema de comunicación estructurado con las capitanías de puerto de las zonas de navegación. Cada día realizábamos reportes obligatorios, con dos comunicaciones principales: una a la salida y otra a la llegada. En cada reporte se indicaba posición, novedades y próximo punto de destino. Este seguimiento permitió mantener una coordinación constante con las autoridades marítimas y con el equipo de tierra.

Esta parte fue fundamental. En una travesía con embarcaciones tan

pequeñas, la seguridad no depende solo de lo que ocurre en el agua. También depende de la preparación previa, del seguimiento desde tierra, de la comunicación diaria y de la capacidad de tomar decisiones conservadoras cuando el entorno lo exige.

Una forma limpia de navegar

Uno de los aspectos más especiales del patín a vela es su relación con el entorno. No utiliza combustible, no genera ruido de motor, no produce emisiones durante la navegación y permite desplazarse con muy poca huella. En un territorio tan frágil como la Patagonia chilena, esa forma de avanzar tenía para nosotros un sentido muy importante.

La ligereza del barco permitía movernos con discreción, acercarnos a la costa y utilizar pequeños refugios naturales sin dejar rastro permanente. Esa simplicidad, que muchas veces nos hacía sentir expuestos, también era una de las grandes virtudes del proyecto.

Además, la expedición tiene una dimensión educativa y de continuidad. El destino final de los patines está vinculado a la escuela de vela más austral, en Puerto Williams, donde esperamos que puedan servir para formación y divulgación. También existe la voluntad de colaborar con iniciativas locales, como el proyecto de escuela de vela en Melinka. La travesía no quiere terminar solo en un punto del mapa, sino dejar algo útil después del viaje.

Caleta Tortel: final de etapa

La llegada a Caleta Tortel cerró la primera etapa de la expedición. El retraso en la salida condicionó el calendario y, al avanzar hacia el sur, la ventana de buen tiempo se fue reduciendo. Continuar hacia Puerto Williams habría significado entrar en condiciones cada vez más cercanas al invierno austral, con menos margen, más exposición y una meteorología más complicada.

Decidir parar no fue sencillo, porque el objetivo final sigue más al sur. Pero una expedición así también se mide por la capacidad de tomar decisiones responsables. En Patagonia, seguir por inercia puede ser el mayor error. Caleta Tortel fue el punto lógico para cerrar esta primera fase y preparar la continuación con más experiencia.

Llegamos cansados, con muchas jornadas acumuladas, pero con la sensación de haber completado una etapa muy valiosa. Habíamos comprobado que el patín a vela puede navegar en la Patagonia chilena, siempre que se haga con preparación, prudencia y respeto por el entorno. También aprendimos mucho sobre la ruta, sobre el barco, sobre la logística y sobre la importancia de no forzar cuando las condiciones no acompañan.

La segunda etapa queda para el próximo verano austral. Queda pendiente el tramo entre Caleta Tortel y Puerto Williams, probablemente el más complejo y simbólico del proyecto. Será una continuación, no un nuevo comienzo. Volveremos con más información, más experiencia y con todo lo aprendido durante estos 51 días de navegación, espera y adaptación.

Esta primera etapa ha sido una travesía deportiva, náutica y humana. Una forma de navegar reducida a lo esencial, en un territorio donde todo exige atención. Dos patines a vela avanzando hacia el sur, sin motor, sin timón y sin cabina, por uno de los lugares más intensos y remotos del planeta.

Didac Costa

Fotografías de Didac Costa y Guillermo Cañardo

¿Qué se necesita para ser guía

El atleta y guía de montaña de Rab, Pierre Idris Mehdi, también conocido como Pim, nos muestra lo que implica vivir, trabajar y disfrutar en el mayor escenario alpino del mundo.

Convertirse en guía de montaña requiere ser alguien especial: paciente, amable y con una pasión ilimitada por la aventura. También es indispensable dominar todos los entornos alpinos y comprometerse con un aprendizaje constante, acumulando la experiencia que solo miles de horas en picos nevados, paredes de roca y cascadas de hielo pueden brindar. En el nuevo vídeo Guide’s Book, exploramos este camino junto a Pim en Chamonix, adentrándonos en la vida de un guía y en los desafíos y placeres de trabajar en las montañas más emblemáticas del planeta.

A Guide’s Book es la creación del cineasta y cámara canadiense Laurent Bilodeau, residente en Squamish. Durante su primera visita a Chamonix como cliente de Pim hace varios años, Laurent quedó inmediatamente impresionado por la magnitud de las montañas, la intensidad de los esquiadores y alpinistas, y la energía única del valle. Regresó año tras año y, a medida que cliente y guía se hicieron amigos, la idea de la película tomó forma. No se trata de un retrato crudo del esquí extremo y los peligrosos objetivos de alta montaña, sino de un intento de comprender mejor la vida del guía de montaña a través de la mirada de alguien que la vivió día tras día.

La idea le caló hondo a Pim, ya que siempre divide su tiempo entre sus objetivos más ambiciosos y los de sus clientes, pero está lejos de usar su trabajo como medio para alcanzar sus propias aspiraciones. Para Pim, lo esencial es que ambos aspectos de su vida como guía se apoyan mutuamente: “creo que es fundamental seguir hablando de ambos aspectos porque se complementan”, afirma. “Si mejoras tus habilidades técnicas, puedes trabajar con más calma y escalar rutas más difíciles con los clientes. Cuanto más tiempo pasa con ellos, más se siente conectado con la montaña y sus desafíos”.

El camino de Pim hacia Chamonix no fue el típico. Con 29 años, creció en Aix-en-Provence, al sur de Francia, una zona famosa por sus acantilados de piedra caliza y la escalada deportiva, pero lejos de los picos glaciares de los Alpes. Tuvo una infancia activa, montando en bicicleta por los senderos locales, esquiando en familia en invierno y haciendo senderismo en verano, pero no creció rodeado de montañeros y su familia, desde luego, no era escaladora.

Sin embargo, apoyaron profundamente su espíritu activo y, el día de su 13º cumpleaños, lo enviaron a pasar un día en la montaña con un guía. “Ese fue el día en que realmente descubrí la montaña; fue el mejor día de mi vida”, recuerda Pim. “Empecé con la escalada deportiva, luego me adentré en el alpinismo y, finalmente, en el esquí de montaña”.

Para Pim, crecer lejos de las grandes montañas despertó un apetito insaciable por la aventura alpina: “creo que cuando creces lejos de las montañas, desarrollas más ganas de practicarlas intensamente.

Más que los chicos de Chamonix, que estaban acostumbrados a ver las montañas todos los días”. A mitad de su adolescencia, se dio cuenta de que no le gustaba pasar tiempo en clase; prefería dibujar montañas en su cuaderno que dedicarse a las clases y, cuando sonaba el timbre del colegio, corría hacia las colinas o pasaba la tarde en el gimnasio de escalada. A los 18 años decidió mudarse a Chamonix y, a los 22, tras tres años explorando casi a diario los picos de los alrededores, ya era guía de montaña con certificación.

El proceso de convertirse en guía de montaña es una tarea colosal, física, mental y emocionalmente. “Cuando llegué a Chamonix, estaba súper emocionado por salir cada día”, recuerda Pim. “Me encantó toda la preparación para los exámenes e hice amistades muy cercanas, compartiendo tanto los momentos divertidos como los difíciles en la montaña. Después de esto, creo que te conviertes en un amigo para toda la vida”. Pim resume su formación en una sola palabra: perseverancia. “Lo más difícil es dominar todos los aspectos de la escalada y el alpinismo”, dice. “No es fácil ser fuerte con los piolets, los esquís, la roca y los crampones, y ser un buen alpinista en todo tipo de objetivos”. Y más allá de la habilidad técnica, la dimensión humana es igual de importante. “Para ser un buen guía

de montaña, es importante que te guste la montaña y que te guste la gente”, dice. “Se necesitan ambas cosas. Creo que algunos guías olvidan esta parte del trabajo”.

Actualmente, Pim trabaja para la Compagnie des Guides de Chamonix. Fundada en 1821, es una de las asociaciones de guías de montaña más antiguas, grandes y prestigiosas del mundo, y con razón: “Chamonix es especial, es la capital del alpinismo y trabajar aquí siempre fue mi sueño de joven”, afirma.

Pero trabajar en Chamonix es a la vez un privilegio y una olla a presión. Por un lado, es la ciudad de montaña más emblemática del planeta, que ofrece un vasto parque de pistas de esquí empinadas, escaladas en roca célebres y cascadas de hielo estrepitosas. Por otro lado, su estatus atrae a tanta gente que puede estar extremadamente concurrida, con varios equipos acercándose al mismo objetivo el mismo día, esquiadores avanzando por la misma cara expuesta muy cerca unos de otros, y una sensación de urgencia que puede provocar accidentes. “Creo que en Chamonix o te gusta el ambiente, o no te gusta el ambiente”, admite Pim. En menos de 20 minutos puedes estar en la cima de algunos de los picos más altos de los Alpes, descendiendo por las líneas más extremas y expuestas del mundo. Nos encontramos con mucha gente allí arriba que simplemente no está preparada para eso y tenemos que lidiar con ello.

La accesibilidad del terreno complejo

Chamonix hace que la humildad sea esencial y Pim se esfuerza por conocer bien a sus clientes para mantenerlos seguros. “Es muy importante comprender su capacidad mental para aceptar o no el riesgo. Con los clientes habituales, conozco sus límites y sé dónde podemos esforzarnos”. También tiene claro que hay una diferencia entre el nivel de riesgo aceptable cuando se está en el trabajo y cuando no se está: “con los clientes, necesitamos tener todas las luces verdes para sentirnos tranquilos, pero sin ellos es un poco diferente. Podemos aceptar cierto riesgo para superarnos y jugar con la gravedad”. Es en este modo donde vemos a Pim dejar su propia huella en las históricas cumbres de Chamonix. En una época de equipo más ligero y con un acceso a información sin precedentes, esta generación de esquiadores de montaña está esquiando por líneas que antes se consideraban subidas o conectando varias líneas en un día. “Creo que ahora en Chamonix hay que ser imaginativo para encontrar un primer descenso. Hay que ver las conexiones entre las líneas o hacer dos, tres o más en un día”, explica Pim. “Es un mundo increíble; se necesitarían quince vidas para explorar todas las posibilidades”.

Cuando se trata de gestionar los riesgos, Pim predica con el ejemplo con una atención obsesiva al detalle, la preparación y la reflexión.

En el vídeo lo vemos tomando notas en silencio después de cada escalada, preguntándose: ¿Qué funcionó? ¿Qué no? ¿Qué equipo se ganó un lugar en su mochila y qué dejará atrás la próxima vez? Es un ciclo de retroalimentación constante que es fundamental para su enfoque, tanto si está con clientes como si no. “Siempre me aseguro de que tengamos opciones y el equipo adecuado para gestionar cada riesgo potencial”, dice. “Cuerdas, pitones, tuercas para colocar un rápel si necesitamos escapar, piolet y crampones si necesitamos escalar. Me gusta tener muchos planes para siempre poder cambiar de rumbo o estar preparado para dar la vuelta”. De los 150 días en la montaña, Pim admite que el 50% de ellos terminan en una vuelta: “es importante mantener la humildad y no excederse en el compromiso todos los días”.

Para Pim, lo mejor de ser guía de montaña es ayudar a sus clientes a alcanzar sus sueños. Ya sea escalar una gran montaña o esquiar una gran vía, experimentar la sensación de logro con ellos después de muchos días, o incluso años, de entrenamiento es lo que lo mantiene en el trabajo. Al hacer la película, quiere que la gente entienda que el éxito en la montaña se logra con práctica y paciencia, y su consejo es, como es habitual, mesurado: “asegúrate de no saltarte ningún paso para no ponerte en peligro. Animo a cualquiera que quiera explorar la montaña a que siga adelante y se tome el tiempo para mejorar sus habilidades”.

La historia de Pim demuestra que el camino hacia una vida en la montaña requiere compromiso y dedicación, pero también que no hace falta ser de la montaña para pertenecer a ella: “espero que la gente se inspire para soñar con una vía o una escalada, para soñar en grande. También espero que se den cuenta de que no es necesario crecer en la montaña para convertirse en guía de montaña. Con la motivación adecuada, cualquiera puede aprender a vivir en la montaña”.

Fotografías de Laurent Bilodeau

EL PIRINEO

OLVIDADO

No sé en qué momento exacto la montaña dejó de ser una afición para convertirse en una necesidad.

Solo sé que un día entendí que necesitaba el aire frío del amanecer en altura como quien necesita respirar, que necesitaba el ritmo constante de una subida larga como quien necesita avanzar en la vida y que necesitaba el silencio de ciertas cimas como quien necesita escucharse por dentro.

Soy profesora de matemáticas. Paso los días entre ecuaciones, pizarras, alumnos que dudan, mentes que despiertan. Enseñar me apasiona. La montaña también. Durante mucho tiempo pensé que eran dos mundos distintos. Hoy sé que son el mismo: ambos exigen paciencia, humildad, esfuerzo, capacidad de adaptación y fe en los procesos lentos.

Durante los últimos años, he recorrido los Pirineos con una intensidad que aún hoy me sorprende. He ascendido más de 300 cimas, entre dos miles y tres miles, muchas de ellas en invierno y algunas en más de una estación del año, descubriendo cómo una misma montaña puede transformarse por completo según la nieve, la luz o el silencio que la envuelve.

Y aunque siempre he sido una persona de números, con el tiempo comprendí que la montaña rara vez se deja medir de verdad. No se cuenta solo en

metros de desnivel, altitudes o cumbres alcanzadas, sino en madrugones a oscuras, botas empapadas, tormentas poco amigables, miedo controlado y momentos de belleza únicos. Pero, sobre todo, se mide en la persona en la que uno se convierte cada vez que regresa de una montaña.

No puedo negar que, como casi todos, empecé buscando los nombres famosos, las montañas que viven en los mapas y en las conversaciones: Aneto, Monte Perdido, Posets, Vignemale, Pica d’Estats, Maladeta… Gigantes inevitables para todo montañero que comienza a sentir algo serio por la montaña.

Más tarde subir cumbres se convirtió en una carrera, en casi una colección. Una cima más. Otro nombre tachado. Otra altitud anotada. Sin darme cuenta, estaba buscando una validación silenciosa, como si cada montaña conquistada dijera algo de mí.

Hasta que un día todo cambió.

No ocurrió en una cima mítica ni en una jornada heroica. Ocurrió en una montaña secundaria, discreta, sin fama, sin gente, sin huellas recientes, después de una trepada con un poco de dificultad y una pala de hielo bajo los crampones. No recuerdo la altitud, sino la sensación de que esta vez no había “sumado una cima”, había descubierto un lugar nuevo del mundo, una parte nueva de mí.

Desde entonces empecé a mirar entre líneas los mapas, hacia otras montañas. Las que no aparecen en las portadas ni se buscan por su fama, sino por una especie de intuición silenciosa que no sabes explicar. Las eclipsadas por vecinos célebres. Las que exigen largas aproximaciones y filtran visitantes. Las que obligan a orientarse, a leer el terreno y a merecer el camino. Las que poseen una belleza que no se impone, sino que se descubre.

Montañas como Lakartxela, Soum des Salettes, Mall Pintrat, Mondarruego, Boum, Forcanada o Ezkaurre, nombres que quizás no dicen demasiado a la mayoría de los montañeros, a mí me regalaron mucho más que kilómetros recorridos o metros de desnivel acumulado. Se convirtieron en mi refugio cuando la vida me golpeaba con más fuerza de la que creía poder soportar; me pusieron a prueba cuando pensaba que ya no me quedaban fuerzas para seguir; y, sobre todo, me obligaron a desprenderme del ruido cotidiano hasta dejarme únicamente con lo esencial: estar, respirar y seguir.

Y decidí rendirles mi pequeño homenaje…

Si eres de los que, como yo, ya no persiguen únicamente las cimas más famosas ni las fotografías más reconocibles, te invito a caminar conmigo por algunas de estas montañas discretas, olvidadas e invisibles para muchos, pero inmensas para quienes saben detenerse a escucharlas.

No hace falta prisa. Tampoco importa demasiado llegar antes. Este es un viaje lento, hecho de piedra, nieve, viento y silencio, donde perderse, a veces, también es una manera de encontrarse.

Muchas de estas ascensiones son invernales. Tengo debilidad por el invierno. Por el crujido seco de los crampones sobre la nieve dura, por esa extraña coreografía de equilibrio donde el cuerpo aprende a avanzar con tres puntos de apoyo y el piolet se convierte en una extensión de la mano. Por el frío que obliga a estar presente y por esa belleza que solo aparece cuando todo parece detenido. Quizás porque, en invierno, la montaña no se deja conquistar: simplemente decide, a veces, dejarte pasar.

Lakartxela (1.982 m, Valle de Belagua, Navarra)

Elegante y afilada, esta montaña de perfil piramidal domina el circo de Sardeka con una presencia discreta pero irresistible.

Su ascensión invernal concentra el carácter de la alta montaña en dos puntos clave. Primero, una evidente canal en forma de V invertida cuyos metros finales rondan los 55º. Allí cada paso exige confianza en los crampones y en el piolet, mientras la nieve dura obliga a mantener la concentración. Después, llega la arista cimera, aérea y expuesta, una línea fina donde cualquier distracción deja de tener cabida.

En esta montaña descubrí que alcanzar la cima importa menos que vencer ese miedo silencioso que intenta frenarte.

Peña Ezkaurre (2.045 m, Valle del Roncal, Navarra)

Se alza como un bastión aislado sobre los bosques del norte navarro, solitaria frente al horizonte pirenaico.

La ascensión invernal por el corredor suroeste sigue una línea directa y elegante hacia la cumbre. Son casi 300 metros de desnivel sostenido, con pendientes cercanas a los 45º que obligan a encontrar un ritmo constante. Dos estrechamientos suelen concentrar nieve o hielo y añaden el punto de tensión de la jornada. Después, el terreno se suaviza y permite disfrutar del tramo final.

En esta montaña aprendí que lo importante está en lo que uno siente al llegar arriba, en ese instante en el que el viento parece ordenar los pensamientos.

Mall Pintrat o Pico del Puerto Viejo (2.845 m, Valle de Benasque, Aragón)

Atalaya privilegiada del Pirineo central, con una de las perspectivas más salvajes hacia el macizo de Posets-Maladeta.

En apenas tres kilómetros se superan cerca de 1.000 metros de desnivel positivo. La pendiente, sostenida y

exigente, alcanza por momentos los 40º y obliga a gestionar bien las fuerzas.

La canal central conduce hasta una antecima desde donde la arista final, mixta y alpina, combina roca y nieve en un recorrido tan bello como serio.

En esta montaña entendí qué quiere decir avanzar con las piernas al límite mientras el corazón intenta adaptarse al ritmo primitivo de la vida.

Pala Alcañiz o Peña Bucuesa (2.758 m, Tramacastilla de Tena, Aragón)

Solitaria y salvaje, cierra por el oeste el gran circo de Ip mientras observa las montañas del Valle de Tena.

La aproximación ya anuncia una jornada exigente. La dificultad comienza en una canal o chimenea con trepadas mantenidas sobre roca descompuesta y bastante exposición. Superado este tramo, el terreno sigue pidiendo atención hasta alcanzar la pirámide cimera, donde el desnivel parece medirse más en voluntad que en metros.

En esta montaña comprendí que a veces avanzar consiste en aceptar la incomodidad y seguir adelante, demostrar cuánto estás dispuesto a esforzarte para ser merecedora de ella.

Tossal de la Mina (2.723 m, Vall de Boí, Cataluña)

Debe su nombre a las antiguas minas de hierro de Puymorens, vestigios silenciosos que todavía forman parte del paisaje.

La orientación requiere atención constante. Es una montaña donde el esfuerzo no solo se mide en desnivel, sino también en las decisiones que tomas durante la ruta. En invierno, la parte final suele estar helada y castigada por el viento, obligando a confiar plenamente en la técnica y en el material.

En esta montaña recordé que, como en la vida, no siempre existe un sendero claramente marcado. Y quizás ahí reside parte de su belleza: en darte el privilegio —y también la responsabilidad— de decidir cada paso, sabiendo que cada elección deja huella en el camino.

Pico la Forcanada o Malh des Pois (2.881 m, Vall d’Aran, Cataluña)

Su característica silueta bicéfala y el carácter salvaje de su entorno ejercen una atracción difícil de explicar.

En invierno representa una de las formas más puras del aislamiento. Tras superar una canal de pendiente sostenida, se alcanza el collado entre sus dos cumbres. La principal todavía exige una escalada de grado II por chimeneas de roca y una progresión expuesta por cresta donde cada movimiento requiere calma y compromiso.

En esta montaña volví a sentir la llamada de la montaña de una forma casi ineludible, despertando en mí ese impulso íntimo de acercarme para descubrir qué guarda entre sus paredes y crestas.

Soum de Salettes o Pic des Aguillous (2.976 m, Hautes-Pyrénées, Francia)

Cima estratégica y aislada, con panorámicas inmensas hacia Ordesa, La Munia y Néouvielle.

No presenta pasos especialmente expuestos, pero en invierno la pala cimera puede convertirse en una auténtica pista de hielo. La progresión exige atención hasta los últimos metros. La recompensa espera arriba, con una de las vistas más amplias y espectaculares del sector.

En esta montaña comprobé que una imagen vale más que mil palabras.

En este momento de mi vida ya no me pregunto qué montaña me falta. Me pregunto qué montaña necesito.

A veces será una arista aérea que obligue a concentrarlo todo en un solo paso, donde solo existen la roca, el vacío y el instante presente.

Otras, una cima secundaria y silenciosa, de esas que apenas destacan en el mapa, pero donde la soledad lo llena todo.

Y otras, simplemente, un sendero hacia una altura humilde, suficiente para ordenar el alma y dejar que el tiempo recupere su verdadero ritmo.

A cada paso, el Pirineo se vuelve más inmenso y misterioso. Cuanto más lo recorres, más parece esconder: un valle olvidado, una arista solitaria o una cima silenciosa esperando a quien aún camina despacio.

Quizá ahí habite su verdadera magia.

En seguir avanzando hacia lo desconocido, incluso sin certezas. Cuando no hay un gran nombre esperando arriba, solo el siguiente paso, el viento en la cara y la sensación de que algo importante sucede por dentro.

Porque algunas montañas no se conquistan.

Algunas montañas te encuentran.

Y para mí, desde hace años, esas montañas tienen un nombre: el Pirineo olvidado.

Maite Pariente

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