Estimados Padres de Familia: Hemos escuchado muchas veces que en México persiste una cultura de la ilegalidad. Que las reglas se infringen constantemente sin que haya una penalización justa y consistente. Ustedes se preguntarán ¿a qué viene este comentario? Pues esta reflexión me surge, ya que he observado como algunos padres de familia incumplen las normas que hemos establecido en Loyola, aún después de habérselas explicado ampliamente en nuestras juntas de la semana pasada. He observado en las mañanas que varios autos no respetan el circuito que hemos establecido para mayor orden y seguridad de todos; he visto como, durante la salida, muchos autos aún no cuentan con el letrero con el nombre del niño o ronda que hemos solicitado en varias ocasiones, precisamente para que la espera sea menor y la contaminación también. Me he percatado de que algunos padres aún no han avisado de sus rondas a Marcia o de los permisos de sus hijos para que se vayan con algún compañero dentro del horario que hemos solicitado. Esta norma no sólo protege a sus hijos, sino que facilita la organización de la información. También he tenido que recordarles a varios padres de familia que no salgan por la salida vehicular, pues ponen en riesgo su seguridad y la de sus hijos; ninguno ha respetado esta norma. En fin… estos son algunos ejemplos en estas tres semanas de clases. Parte de mi reflexión me lleva a preguntarme ¿Por qué sucede esto? ¿Será que no las consideramos necesarias o importantes? ¿Será que nos sentimos inmunes a la consecuencia de infringir una norma? ¿Será que no consideramos que el cumplimiento de las normas nos beneficie a todos? Les dejo estas interrogantes para su reflexión y consideración, con la esperanza de que las situaciones mencionadas anteriormente disminuyan considerablemente o, mejor aún, desaparezcan. Espero que tengan un excelente fin de semana y felices fiestas patrias.
Saludos cordiales, Claudia Álvarez
Ser para los demás