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OMUNIÓ Órgano Informativo de la Diócesis de Querétaro La Comunicación, hace la Comunión
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9 de abril de 2023
No. 1311 Año 26 CICLO A / Domingo de Resurrección
Cristo ha resucitado
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o proclama la Iglesia cada ocho días en la Asamblea dominical “y al tercer día resucitó de entre los muertos”, es la verdad fundamental sobre la que se apoya todo su misterio, toda su fuerza, toda razón de su existencia. La tumba, donde parece que todo termina, al estar vacía se convierte en el principio de la nueva vida, la vida de gracia, la plenitud en Dios. Porque si Cristo no resucitó, dirá san Pablo, es inútil nuestra fe y no tiene caso, si no se cree en la resurrección, el insistir sobre cualquier otra verdad. En la noche santa y “la más solemne de todas las noches” la Iglesia pasa de la tristeza por la muerte de su Señor, a la alegría exultante, como dice el pregón pascual: “Esta es la noche que a todos los que creen en Cristo, por toda la tierra, los arranca de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, los restituye a la gracia y los agrega a los santos. Esta es la
noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados? ¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo!” La lectura que aparece hoy en el oficio es una antigua Homilía sobre el santo y grandioso Sábado y, en algunas de sus partes, dice: “El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos… El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: «Mi Señor está con todos vosotros.» Y responde Cristo a Adán: «Y con tu espíritu.» Y, tomándolo de la mano, lo levanta, diciéndole: “Despierta, tú que
duermes, y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo. Yo te lo mando: Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto. Levántate, obra de mis manos; levántate, mi efigie, tú que has sido creado a imagen mía. Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido. Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en
el paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti. Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en cambio, te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial…” En este día, los cristianos se llenan de un júbilo incontenible y se saludan diciendo: “Cristo ha resucitado” y se responden: “Verdaderamente ha resucitado”. Esta alegría y este saludo se prolongan a lo largo de cincuenta días, hasta la celebración de Pentecostés donde se cierra el tiempo litúrgico llamado pascual. A nuestros queridos lectores y hermanos en la fe, les saludamos en este día:
¡Cristo ha resucitado!...