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Semanario Comunión edición 1295

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OMUNIÓ Órgano Informativo de la Diócesis de Querétaro La Comunicación, hace la Comunión

No. 1295 /Año 25

N

18 de diciembre de 2022

Somos peregrinos pidiendo posada

A

nte la inminente llegada de la Navidad que, por cierto, es un tiempo que va desde el 25 de diciembre hasta la fiesta del Bautismo del Señor Jesús, en este ciclo litúrgico será el lunes 9 de enero, la Iglesia da una última campanada de preparación con las posadas. Este año inician el viernes 16 de enero y son el tiempo inmediato, y urgente, que coloca a los cristianos en un franco camino de encuentro con el Salvador, un pequeño niño, en el pesebre de la gruta de Belén. Las pastorelas, aunque a veces francamente chuscas por decir lo menos, dan una idea clara del peligro que encierra este recorrido. En ellas se contempla a los pastores que se dirigen a adorar al niño, pero encuentran muchas dificultades, puestas por los mismos diablos, que les provocan desánimo, cansancio, desilusión y, en muchas ocasiones, francos y grandes pecados. San Pablo escribe a los Romanos:

“Comprendan en qué tiempo estamos, y que ya es hora de despertar. Nuestra salvación está ahora más cerca que cuando llegamos a la fe. La noche va muy avanzada y está cerca el día: dejemos, pues, las obras propias de la oscuridad y revistámonos de una coraza de luz. Comportémonos con decencia, como se hace de día: nada de banquetes y borracheras, nada de prostitución y vicios, nada de pleitos y envidias. Más bien revístanse del Señor Jesucristo, y no se dejen arrastrar por la carne para satisfacer sus deseos”. Es el capítulo 13, los versículos van del 11 al 14 y es ¡¡¡La lectura que aparece el primer domingo de adviento!!! Definitivamente, y de forma profética, san Pablo anuncia lo difícil que es vivir el adviento. En la Iglesia se ocupa el color morado porque en los inicios de la industria de la pigmentación de las telas, los tonos púrpura eran los más difíciles de conseguir. Lo curioso es que este

color se ocupa para la cuaresma por la penitencia, ayuno, oración, mortificación y sacrificio que trae consigo. El adviento en cambio trae consigo el tiempo de la reunión familiar, el aguinaldo, las vacaciones, la preparación de la cena, los adornos navideños, el intercambio de regalos en la escuela o el trabajo… con el peligro que advierte san Pablo de que el sentido de este santo tiempo quede pervertido o trastocado, a veces por los excesos en la comida y bebida, en el consumismo desenfrenado o simplemente en las “otras” múltiples ocupaciones que este tiempo requiere distrayendo el verdadero sentido de la Navidad donde se prepara una fiesta que se prolonga por días, pero donde el festejado no es invitado a su propia celebración. Esta preparación inmediata del tiempo de las posadas hace crecer la esperanza cristiana, aquella que no se queda cruzada de brazos esperando a ver qué sucede, sino

que como una auténtica virtud que se vive como esfuerzo, mientras espera, va construyendo el mismo motivo de su esperanza. Entonces se redimensiona este tiempo como nuestro tiempo para la salvación, porque si no es ahora, entonces cuándo. Somos peregrinos porque vamos de paso por la vida que puede durar hasta cien años ¡o más… o menos! Somos peregrinos en este tiempo de adviento porque recorremos estas casi cuatro semanas guiados por la Virgen como los Magos se dejaban guiar por la estrella. Somos peregrinos y, con san José, pedimos posada para que tocando con insistencia y premura porque el tiempo así lo urge, pueda nacer Jesús en nuestro mundo y en nuestra ciudad, en nuestra familia y en nuestros amigos, en la Iglesia y, por lo tanto, en el corazón de cada uno de nosotros.

“En el nombre del cielo…”


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