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OMUNIÓ Órgano Informativo de la Diócesis de Querétaro La Comunicación, hace la Comunión
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21 de agosto de 2022
No. 1278 /Año 25
¡Señor, bendice a mi sacerdote…! “El diablo interfiere contra el pastor […] Esto es, si matando las ovejas el rebaño disminuye, eliminando al pastor, él destruirá al rebaño entero”. (San Juan Crisóstomo).
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eguimos en agosto, mes dedicado a la oración por la santificación de los sacerdotes y la diócesis queretana ha estado publicando, cada día, alguna frase acompañada de una bella imagen para recordarnos acerca de esta nueva costumbre, apenas tiene unos tres años que se implementó el mes de agosto con esta finalidad, pero que está rindiendo muchos frutos porque cada vez son más las parroquias que se han organizado para conseguir una cantidad considerable de familias para que “adopten” espiritualmente a un sacerdote recibiendo el nombre que les designen en suerte, orando por él, haciendo algunas obras de misericordia y, maravillosamente, algunas prácticas de penitencia como ayunos y sacrificios por la santificación del sacerdote que es, por esta práctica, “miembro” de su familia.
El sacerdote tiene poder, no por sí mismo, líbrenos Dios de pensar en tal soberbia. Su poder le viene de Dios: perdonar los pecados, hacer presente a Cristo en el altar, hacer nacer espiritualmente a los nuevos hijos de la Iglesia en la pila bautismal, ser intercesor por las necesidades de su pueblo y garante de la Palabra de Dios que resuena en la Asamblea…, pero tan increíblemente humano que ¡hasta se enferma!, por poner lo menos que le sucede a nivel humano. Me ha impresionado el escaso número de personas que afirman orar de forma permanente o al menos constante por sus sacerdotes. Porque es “otro Cristo” desde su frágil humanidad, requiere de nuestra veneración, respeto, cariño, apoyo, compañía, y comprensión hecho oración. Algunos no tienen ni la más remota idea del bien que le hacen a un sacerdote cuando lo saludan, lo felicitan por la celebración, le agradecen el bautismo o le piden que “les permita sacarse una foto con ellos”.
Al final, pienso, es pura inversión, porque se nos regresa en una actitud más generosa para el servicio, una celebración mejor preparada, una vocación vivida con más alegría… y todo esto en una retroalimentación que beneficia tanto al pueblo de Dios como al sacerdote. Sigamos orando por ellos, por los que atienden hospitales, por los más ancianos, por los cansados y tristes, por los que están en tentación, por los que viven intensamente su ministerio para que sigan siendo fuente de inspiración y para que el Señor, buen Dios, suscite vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal para satisfacer la demanda de una diócesis que crece de forma desproporcionada junto al número de vocaciones a la vida consagrada.
Señor, Dios, escoge a uno de nuestra familia para tu santo servicio.