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OMUNIÓ Órgano Informativo de la Diócesis de Querétaro La Comunicación, hace la Comunión
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14 de agosto de 2022
No. 1277 /Año 25
Alas como de Águila La Virgen asunta al cielo Pero aquellos que esperan en el Señor renovarán su fortaleza. Les crecerán alas como de águila; Ellos correrán y no se cansarán, caminarán y no se desmayarán. Isaías 40,31
L
a “asunción” de María no debe ser confundida con la “ascención” de Cristo. Realmente es el mismo movimiento, pero uno es el pasivo mientras que el otro es el activo. En cristiano, María es elevada al cielo mientras que Jesús sube al cielo.
Ya desde el 14 de agosto en la tarde se deja sentir esta fiesta mariana con la “dormición” de la Virgen donde se le expone a la veneración recostada en una cama y rodeada de manzanas para que la persona que la tome, recuerde que María está libre del pecado original. Con Cristo, el nuevo Adán, y con María, la nueva Eva, han sido abiertas de nuevo, las puertas del paraíso.
El dogma de la asunción, uno de los cuatro que se refieren a la Virgen, habla de una verdad de fe absoluta, definitiva e infalible, pero que no proclama el Magisterio como una verdad suya sino como una ratificación de lo que ya vive el pueblo de Dios. La Asunción es la celebración de cuando el cuerpo y alma de la Virgen María fueron glorificados y llevados al Cielo al término de su vida terrena. Se dice que la resurrección de los cuerpos se dará al final de los tiempos, pero en el caso de la Virgen María este hecho fue anticipado por un singular privilegio. Fue el Papa Pío XII que, el 1 de noviembre de 1950, publica la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus que proclama el dogma con estas palabras: “Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevo-
lencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”. Nos tendrán que crecer alas, porque este privilegio mariano es la invitación a vivir nuestro propio destino como bien dice el catecismo de la Iglesia católica en su numeral 996: “La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos”.