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Zelaya fracasó en el intento de retorno

El derrocado presidente de Honduras fracasó ayer en su intento de regresar a su país, luego de que el gobierno de Micheletti bloqueó la pista del aeropuerto de la capital con vehículos militares y lo obligó a desviarse a Managua. Poco antes del fallido intento de aterrizaje, una serie de incidentes frente al aeropuerto, con disparos y lanzamiento de gases, dejaron un saldo de al menos dos muertos entre simpatizantes de Zelaya. Hubo al menos “dos muertos y dos heridos. La policía no ha disparado. Han sido los militares” dijo a la AFP un comisario policial, identificado sólo por su apellido, Mendoza. Zelaya había partido desde Washington en un avión venezolano rumbo a Tegucigalpa donde al menos 30.000 personas, se habían acercado al aeropuerto para darle la bienvenida, a una semana del golpe en su contra. A la hora de los incidentes, el avión de Zelaya se aproximaba al espacio aéreo hondureño y el presidente derrocado envió una orden a los militares para que abrieran el aeropuerto y dejaran aterrizar su avión. “Soy el comandante general de las Fuerzas Armadas, electo por el pueblo, y le pido al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas que cumplan esa orden de abrir el aeropuerto”, dijo Zelaya por intermedio del canal multiestatal de noticias Telesur. Sin embargo la respuesta de las autoridades de facto fue que Zelaya y su avión iban “a ser interceptados por aviones de la fuerza aérea”, de persistir en el intento de aterrizaje, relató luego el presidente depuesto. Tras el fallido intento de retorno, el avión de Zelaya se dirigió a Managua donde aterrizó en las últimas horas de la tarde. Durante toda la jornada una gran cantidad de personas se habían acercado al aeropuerto al grito de batalla de “¡Queremos a Mel!” y “fuera los traidores golpistas”. “Nos vinimos desde Choluteca porque queremos acompañar a Mel en su regreso y garantizar que no le pase

nada”, dijo Roberto Ríos. "Haremos resistencia hasta que llegue el presidente", subrayó por su lado Gerardo Mejía, uno de los líderes sociales. Otro vuelo, salido de Washington, había transportado más temprano a San Salvador a Miguel Insulza, secretario general de la OEA, que suspendió a Honduras por violación de la carta democrática. Junto con él viajaron, Cristina Kirchner, Rafael Correa y Fernando Lugo. En su intento de retorno Zelaya arriesgaba ser detenido, ya que la fiscalía hondureña lo acusó de 18 delitos, entre ellos, el de traición a la patria. Insulza había advertido en las últimas horas sobre el riesgo de un intento de regreso “Si me pregunta si será un regreso seguro, por supuesto que no”, señaló. La Iglesia Católica hondureña, a través de su cardenal Oscar Andrés Rodríguez, apoyó al gobierno de facto y recomendó a Zelaya que no regrese para “evitar un baño de sangre”. “Sé que usted ama la vida, sé que usted respeta la vida, hasta el día de hoy no ha muerto un solo hondureño, por favor medite porque después sería demasiado tarde”, instó el cardenal. El presidente Roberto Micheletti ha dejado claro que Zelaya “nunca” será restituido en el poder y garantizó que el 29 de noviembre se realizarán las elecciones generales previstas y el 27 de enero entregará el mando al vencedor. Pero la comunidad internacional cerró filas en torno al presidente depuesto. Además de la decisión de la OEA, los países de la Unión Europea y muchas naciones latinoamericanas llamaron en consulta a sus embajadores. Estados Unidos y la ONU consideraron que Zelaya es el presidente legítimo de Honduras.


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