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Semanario 1210

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12 de Abril de 2020 Buenas lecturas, buenas ideas... Año XXIII

Fundado el 24 de enero de 1997 por el Sr. Cardenal D. Juan Sandoval Íñiguez

Pastoral & Cultura

Penúltima estación

Jesús entre griegos y judíos

Para creer, los judíos piden milagros y los griegos razones cientícas, es así como resume el Apóstol Pablo su experiencia entre griegos y judíos, y aunque a lo largo de los siglos muchos cristianos han buscado apoyar su predicación lo mismo con milagros que con razonamientos, la actitud de Jesús ha sido completamente distinta.

Los bene cios sorprendentes que Jesús ha hecho en favor de muchas personas, se han producido como signos del Reino, y no como milagros comprobatorios de que Dios existe, de lo contrario Jesús habría sanado a todos los leprosos, ciegos, mudos, sordos y lisiados que había en Israel, o resucitado, de una vez, a todos los muertos y no solo a tres.

La palabra de Jesús tampoco ha sido un discurso orientado a demostrar con razones vehementes la unicidad de Dios o la falsedad de las creencias paganas o ateas. Es verdad que Jesús se presenta como el Mesías prometido, y apela a que los judíos adviertan si se cumplen en Él los signos que los profetas anunciaron como evidencias, pero en ningún caso se trata de una argumentación teórica.

Entre estos signos, Jesús señala el fundamental: resucitará al tercer día, hecho que constituye, hasta el presente, la causa esencial de la fe cristiana, ya que si Cristo no hubiese resucitado, esa fe sería vana, pero ¿cómo ha sucedido la Resurrección?

A diferencia de los relatos con los cuales Mateo y Lucas ilustran el nacimiento de Cristo, el acontecimiento central y fundamental de la fe cristiana, la Resurrección, ha ocurrido en el silencio de la madrugada, a solas y sin testigos, nadie ha visto a Cristo resucitar, lo vieron después y fueron muchos los testigos, pero no los hubo cuando sucedió el gran milagro de la Resurrección. Los judíos habrían querido un gran espectáculo de luces y trompetas con legiones angélicas anunciando el gran momento, los griegos habrían llevado lósofos y cientí cos a describir con detalle el suceso, a medir y pesar el cuerpo del Resucitado, a comprobar sus condiciones. Pero la sabiduría cristiana discurre por otros caminos.

Consejo Editorial:

• Pbro. Alberto Ávila Rodríguez presidente

• Pbro. Antonio Gutiérrez Montaño

Los mercadólogos dirían que fue una gran oportunidad perdida, qué mejor ocasión para citar a todos cuantos habían negado a Jesús su condición de Mesías, ubicando en el primer sitio, ante el sepulcro, al sinedrio completo junto con Herodes y Pilato. Los extremistas religiosos del tiempo presente, tan amantes de los milagros prodigiosos, pensarían lo mismo. Nadie parece haber comprendido el mensaje trascendental de Cristo en lo que mira justamente a la fe y al nuevo Reino que anunciaba. Si lo que se busca son espectáculos sorprendentes por su magia y fantasía, habría que acudir al circo, porque Dios, ni es mago, ni gusta de sorprender a la gente con milagros fascinantes. Ya desde el antiguo testamento su presencia comenzaba a anunciarse, no en el terremoto o en el estruendo de la tormenta, sino en la suave brisa. Por lo mismo la Resurrección ha sucedido en el silencio y en la soledad, sin músicas celestiales ni trompetas angélicas dando el aviso.

Toque de vísperas

Amenazada por la ruleta rusa del contagio masivo, la población se pregunta: ¿seré asintomático, leve o grave? Todos padeceremos los efectos inevitables de la pandemia que golpeará con crueldad a los más débiles y a los más pobres. Por eso, ¡QUÉDATE EN CASA!

Toque de agonías

Una brutal selección darwinista está recorriendo a la humanidad: están muriendo los más viejos, los hipertensos, los diabéticos, los portadores de VIH, los que tienen padecimientos renales, y sobrevivirán los más fuertes, los más jóvenes, los más sanos. Sufrirán, como siempre, los que no tengan nada más que la vida. La estrati cación de la sociedad se volverá todavía más profunda. Por eso, ¡QUÉDATE EN CASA!

Toque de maitines

Si queremos sobrevivir como sociedad y no solo como individuos

Peripheria: Iglesia en Salida

Semana Santa atípica

La pandemia del coronavirus ha causado que la celebración de la Eucaristía se realice sin presencia de eles en todo el mundo. Por esta razón, al avecinarse las estas pascuales, en algunos círculos eclesiales surgió la iniciativa de trasladar la Pascua a otra fecha, cuando se hubiera superado el peligro de contagio masivo. Sin embargo, la Santa Sede, a través de la Sagrada Congregación para el Culto Divino, con rmó la fecha ya establecida de la esta de Pascua, que corresponde al plenilunio de primavera. El Papa hubiera podido, por un decreto ponti cio y de forma extraordinaria, cambiar la esta pascual, pero no fue así y qué bueno, porque eso nos ayudará a re exionar y a emprender formas distintas, atípicas, de celebrar la esta más importante para el cristianismo.

Cuando se ha venido celebrando ininterrumpidamente desde decenios e incluso centurias la Semana Santa, se corre el riesgo de perder

aislados, debemos sobreponernos a nuestros temores, y tejer de inmediato las redes de respaldo social necesarias para contrapesar los efectos brutales de esta tragedia entre los más pobres y los más débiles. Nunca fue más importante la solidaridad de todos, con todos.

Toque de alba

Hoy es el día siguiente de la pandemia, y tenemos que actuar ya como sociedad, porque miles de personas se están quedando sin ingresos, sin forma de obtenerlos, y sin esperanza de salir adelante; no tienen cómo cuidarse ni cómo proteger a los suyos. ¿Qué estamos esperando para formar centros de acopio y construir cadenas de apoyo para los más necesitados? Los programas sociales no podrán suplir las carencias del día a día, y es inhumano sugerir que los pobres deben seguir trabajando, como si fueran inmunes al virus.

la esencia y quedarse solamente en la forma. Muchos de los que participamos en la organización, es decir, de los agentes de pastoral, estamos más preocupados por los pasos, las procesiones, el adorno, el vestido de la imagen de la dolorosa, las saetas, las estaciones del Viacrucis, la representación de la judea, etc. que por vivir intensamente unidos a Cristo en su misterio pascual. Bendita Semana Santa atípica que nos aplaca de nuestro frenético activismo y nos coloca como verdaderos discípulos del Maestro, para que, desde el silencio y la oración, lo podamos acompañar y participar en su Pasión, Muerte y Resurrección, a n de renovar nuestro compromiso bautismal.

Esto también nos lleva a pensar en las primitivas comunidades cristianas, con nadas al silencio y al encierro en las catacumbas por la mano persecutoria del Imperio Romano y cómo vivieron las celebraciones pascuales. Podemos también pensar en el tiempo de la persecución religiosa en México de 1926 a 1929 y cómo se celebró la Semana Santa también de forma atípica. Incluso podemos voltear la mirada para ver las comunidades cristianas en los países donde son minoría, perseguida o no, y no pueden celebrar la Pascua como lo hacemos nosotros habitualmente. Este ejercicio de memoria del pasado o de solidaria re exión en el presente para algunos cristianos, nos puede ayudar para que podamos repensar ahora nuestra Semana Santa en esta situación de con namiento sanitario. Hay ya muchas iniciativas que corren, como río en crecida, por las redes sociales: subsidios para que en el hogar, la “domus ecclesiae”, se puedan hacer las celebraciones presididas por la cabeza del hogar y conforme a lo establecido por la liturgia en ausencia del presbítero. También se aprovechan las transmisiones en vivo de las celebraciones que se realizan en las iglesias. Quienes sugieren que, aunque sea el sacerdote y un par de agentes de pastoral con las medidas adecuadas, se hagan procesiones con el Santísimo para que las personas, desde sus casas, puedan experimentar la cercanía del Dios cruci cado, que está siempre donde sufre su gente para acompañarles y darles esperanza con su Resurrección.

• Pbro. Guillermo Chávez Aguayo director: Pbro. Alberto Ávila Rodríguez subdirector: Pbro. Guillermo Chávez Aguayo editor: Fernando

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P BRO . J OSÉ M ARCOS C ASTELLÓN P ÉREZ

La Resurrección, raíz de nuestra alegría

Esta mañana, al despertarnos, nos ha vuelto a abrazar con su presencia. Nos ha levantado, cuando ya no teníamos fuerzas. La vida nos sabe a Dios, a Buena Noticia. A pesar de las enfermedades y situaciones sin aparente salida, siempre la Vida es más fuerte.

Resurrección es alzarse de nuevo. ¡Cómo hablar de Dios! ¡Cómo expresar que está vivo! ¡Que no es un fantasma!

Mirando el rostro de la gente que sufre y que confía en Dios vemos la Resurrección. Son los últimos, los que andan envueltos en pobreza (Mt 25, 31-46) y no tienen un futuro mínimamente asegurado, ni comida en el refrigerador, ni un salario seguro, ni una familia cerca. Los hombres de fe, que nos recuerdan una Presencia misteriosa: “Él cuida de mi vida”, “Él me da fuerzas cada día”, “¡Si no fuera por Él!”.

Está vivo y camina en medio de nosotros. Lo podemos tocar, aún lleva las marcas de la cruz. Vengan a contemplarlo con sus propios ojos. Por la Resurrección, la sorpresa es grande, cuando en este esfuerzo de ver al otro a los ojos, encontramos en aquellos espejos nutridos de luz, nuestra imagen, nuestra vida… ¡Soy yo en el otro, y el otro en mí!

Jesús insistía siempre a sus discípulos, «miren mis manos y mis pies, soy Yo mismo» (Lc 24, 39). La invitación es a sentirse vivo(a), al encontrarse con la vida del otro. Las miradas cercanas con las gentes que nos rodean son el medio para creer en esa promesa de Dios que nos dice: «Yo estaré con ustedes siempre, hasta el n del mundo» (Mt 20, 28). Así, la mirada de tantas mujeres y hombres en nuestro día a día, que sufren, que están asustados, se convierte en una mirada que nos regala libertad, dignidad, amor, re ejo de un Dios que nos resucita en las miradas. Podemos asomarnos a esa resurrección cada vez que nos sentimos acompañados y sostenidos por una mano que no vemos. Podemos encontrar la raíz de la alegría profunda, de todas nuestras alegrías en la Resurrección de Jesús. Podemos ver cómo no hay esperanza que no venga, de una manera o de otra, de este gozo que nos ayuda a no temer a la muerte.

Sin darnos cuenta, conocemos gente que vive resucitada, sin esperar a la muerte ni haber vivido ningún milagro. Gente que entrega su vida cada día a los demás, de muy diferentes maneras, sin enfadarse porque no les consideran héroes, y con la alegría profunda de no temer gastar la vida, porque saben que no hay que morir para resucitar, sino que basta con entrar en esa “nueva vida”, en esa “más vida”, que nos trajo Cristo.

Es gente que sigue luchando por resucitar cada día, y que tienen vida que se les escapa por los ojos, por la sonrisa, y se convierte en algo contagioso.

Ojalá seamos parte de esa gente resucitada, y que nos miraran a la cara por la calle diciendo: “esta persona cree en la Resurrección”; y que podamos vivir repartiendo eso que creemos, la vida de fe en Jesús.

La Palabra del Pastor

En vilo nuestra manera de ser

Apreciables hermanas y hermanos:

Jesús es el siervo sufriente, el justo que padece toda clase de males, pero sus padecimientos no quedan sin valor; al contrario, son redentores para los demás. Cristo quiso elegir este camino para redimirnos. Él podía haber escogido otra forma más cómoda para salvarnos, pero eligió el del sufrimiento. A los Apóstoles les costó trabajo entender que Jesús tuviera que padecer tanto.

Es difícil para nosotros humanos, sin la gracia de Dios, entender que el camino del sufrimiento es camino de puri cación y redención. Más bien tratamos de acomodarnos, de tener posiciones en las que no suframos, posiciones en las que podamos contar con una garantía que nos facilite las cosas, pero esto no es el camino de Jesús. El sufrimiento, la muerte, es paso obligado para llegar al triunfo de la vida en la Resurrección.

La circunstancia que estamos viviendo imprime en nuestra vida, en

nuestro ánimo, un sufrimiento que no pensábamos que podía suceder. Infunde en muchos un sentimiento de incertidumbre, de temor, qué va pasar con la vida de nuestros seres queridos, qué va pasar con nuestra humanidad.

Estamos perplejos ante el sufrimiento que esta enfermedad nos ha impuesto a todos, pero no solo como amenaza a nuestra salud, sino como amenaza a nuestra manera de vivir, a nuestra manera de relacionarnos, de entendernos como lo veníamos haciendo. Todo impone en nosotros un interrogante que nos hace temer y vivir en incertidumbre.

Es necesario que, volviendo los ojos a Jesús, le preguntemos qué quiere, qué espera de nuestro sufrimiento, qué espera de lo que nos está pasando, qué espera del dolor de la humanidad. Y nos responderá que el camino que estamos pasando en este tiempo no es el n, que este dolor nos puede traer muchas cosas buenas en la vida personal, en la vida familiar, en la vida social y en la vida de relación de las naciones. Lo que estamos viviendo nos puede puri car de todo el daño que hemos causado a nuestra humanidad y a la casa común, a la obra de la creación de Dios. Este mal nos puede acarrear muchos bienes si nos unimos.

Existe una persona que nos puede enseñar y ayudar: María. A Ella, Simeón le dijo que una espada atravesaría su alma, por lo que era consciente de que la misión de ser madre del Mesías, de ser la madre del que eligió el camino del sufrimiento y de la muerte, era también elección para ella.

Por eso, ante esta incierta situación que estamos viviendo, y que nos hace sufrir, miremos también a María, y no olvidemos que es nuestra madre, no olvidemos que vela por nosotros sus hijos, y no dudemos que está participando como madre de lo que nos a ige. Con émosle a ella nuestros temores, para que su Hijo haga que nosotros experimentemos no solo el dolor, sino también, sobre todo, el gozo, el triunfo de la Resurrección.

Pensemos en lo que nos hemos apartado de Cristo, en lo que nos hemos apartado de su amor. Pensemos cuánto nos hemos apartado del camino que Él eligió para salvarnos, camino de puri cación.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara

JEntre lo cotidiano y lo estructural, a propósito del COVID-19

e rey Alexander, un reconocido sociólogo contemporáneo, fue insistente en hablar de las relaciones entre lo micro y lo macro, entre lo cotidiano y los grandes procesos sociales, entre las historias de las comunidades y los grandes relatos históricos, entre las biografías y la historia.

La crisis sanitaria derivada de la expansión del COVID-19 nos lleva a generar re exiones en dos ámbitos distintos, pero muy necesarios: primero, la emergencia que se vive en las comunidades y en los entornos locales, que son los que más sufren las consecuencias de esta situación y, segundo, preguntarnos ¿cómo llegamos hasta aquí? ¿qué hicimos o qué no hicimos para que esta pandemia tenga estos graves efectos? ¿es un signo más de la crisis civilizatoria en la que estamos inmersos?

Lo cotidiano y lo inmediato nos urgen a la acción, a las estrategias de mitigación de los peores efectos; a pensar en los vecinos y sus necesidades, a escudriñar las posibilidades de

enfrentar esta situación de forma colectiva. Nos llevan a pensar que nadie se puede salvar solo, como lo dijo el Papa Francisco hace unos días, y por lo tanto la solidaridad se convierte en la forma de encarar la crisis, no desde el miedo, sino desde la con anza de que juntos podremos salir adelante.

El miedo y el pánico, que muchos se dedican a incentivar, paraliza y hace descon ar, el miedo nos lleva al aislamiento radical y a pensar que todo lo que hacen los demás nos va a dañar, el miedo nos lleva a la soledad y al individualismo más extremo, el miedo nos lleva a pensar y actuar solo pensando en nuestras propias necesidades; el pánico provoca que busque salvarme yo, aunque a los demás les caiga la desgracia. De hecho, el miedo es un enorme motor de la economía, porque nos hace comprar un sinfín de cosas en aras de un discurso de seguridad. El capitalismo moderno basa buena parte de sus estrategias en el impulso de la economía del miedo, esa que nos convierte en consumidores compulsivos de “seguridades” de

toda índole, muchas de ellas inefectivas. Entre más miedo, más desconfío de los demás y más vulnero las capacidades de construir comunidad.

La solidaridad siempre debe tener traducciones concretas, es decir, “obras son amores y no buenas razones”; los discursos, memes, videos, poesías, re exiones teóricas, entre otras, deben llevarnos a la acción solidaria, a la concreción de la ayuda y a la capacidad real de aliviar el sufrimiento del otro. La re exión sobre lo micro, entonces, debe girar alrededor de lo que vamos a hacer el día de hoy para ser solidarios con los que más necesitan.

La segunda vertiente de la re exión que propongo está alrededor del fracaso que representa nuestra sociedad, que mantiene una escandalosa desigualdad; que no es capaz que brindar el derecho a la salud para todas y todos; que día con día expande nuestra capacidad de competir, en detrimento de nuestra capacidad de cooperar; una sociedad que no tiene la imaginación para pensarse distinta y que cree que

lo imposible es el cambio, cuando lo que estamos viendo que es imposible es seguir como estamos ahora. Esta crisis cuestiona de manera profunda la forma como nos relacionamos entre nosotros y las estructuras sociales que hemos creado. Hemos visto los límites de la ciencia, la falta de capacidades de los Estados y nos está llevando a pensar y cuestionar de forma profunda en los propósitos de estar juntos, ¿es para competir o es para cuidarnos? ¿lo más importante es la reproducción y la acumulación del capital o la salud de las personas? ¿de verdad los gobiernos pueden garantizar los derechos o solo administran la desgracia? ¿estas estructuras sociales nos facilitan la felicidad o nos mantienen en el miedo perpetuo? Nos viene una cuarentena social que puede ser una excelente oportunidad para discernir cuál es nuestra vocación como sociedad y dónde están las tentaciones que día con día están frente a nosotros.

Correo electrónico: jerqmex@hotmail.com

COVID-19, tiempo de claridad y verdad

La emergencia sanitaria que vivimos demanda que la información que recibimos y compartimos esté libre de cualquier sesgo de opacidad o mentira. Profesionales de la comunicación iluminan este aspecto, hoy fundamental, para superar los desafíos sociales que plantea el coronavirus.

Informar con responsabilidad

La información es fundamental en nuestras vidas, pues a partir de ella nos hacemos una idea de lo que pasa a nuestro alrededor y nos lleva a tomar decisiones. Por ello es tan importante que la información que recibamos, y también la que compartamos, sea veraz y oportuna. Y que, quienes la transmitan, lo hagan con responsabilidad y de manera independiente. La información que tiene estas características nos ayuda a entender mejor lo que ocurre en nuestro entorno y a tomar buenas decisiones. La información que no es de calidad nos confunde y nos lleva a elegir muy mal.

¿Cómo podemos distinguirla? En primer lugar hay que considerar quién la envía. Normalmente las noticias falsas no tienen autor. No sabemos quién fue el primero en difundirla. Es lo equivalente a un chisme. Nos llega el rumor sin saber quién lo emitió. La información de calidad, por el contrario, siempre tiene un autor identi cable, es a lo que llamamos la fuente de la información ¿Quién es quien nos está diciendo algo? No es lo mismo lo que diga la Organización Mundial de la Salud o una universidad a lo que me llegó de rebote por un WhatsApp.

Es muy importante que todos nos convirtamos en ltros de la información y no repliquemos información falsa o inútil que no ayuda a nadie y solamente genera más problemas.

Vale la pena también contrastar la información. Ver lo que dicen diferentes fuentes y comparar. Normalmente la información que es verdadera aparece en diversas fuentes. Escuchar diversas voces, ayuda a contrastar y a ponderar.

Esto no signi ca estar obsesionado por el tema del coronavirus y pasar el día entero buscando y compartiendo información. Por supuesto, hay que mantenernos informados, pero sin saturarnos. Mejor pocos datos, reales y útiles, que un mar de información basura.

Sin espacio al rumor

La presente coyuntura de la pandemia del COVID-19 se presta con urgencia para actuar con discernimiento crítico ante el torrente de información que se genera en cada momento.

Viene al caso no dar juego a la llamada postverdad, entendida esta como el mecanismo de generar opinión pública con base en rumores o datos sin fundamento con able, lo que origina que se distorsione la información debidamente fundamentada.

Analistas de la corriente de la postverdad exponen que a menudo la información impregnada de conceptos emocionales o versiones no con rmadas lleva a desvirtuar los tópicos, y esto genera desinformación o información sesgada.

Lo anterior aplicado a la vida cotidiana nos debe poner en alerta ante los diversos temas ligados al coronavirus. No es lo mismo una opinión contenida en un texto de una universidad que la de un archivo sin fuente que llega al teléfono celular.

Las cargas emocionales de cada persona con sus respectivas lias y fobias, más que un análisis racional, de cada persona al emitir información hay que tenerlas en cuenta en la evaluación de los contenidos.

¿Hasta qué punto se ha descali cado la información en torno a medidas preventivas ante el coronavirus por la postura emocional o ideológica que cada individuo tiene ante las instituciones, sean estas federales, estatales o locales?

Hay que darles el bene cio de la duda a los contenidos que lleven sensatez, aunque no sean santos de nuestra devoción sus emisores.

Que la sana epistemología (teoría del conocimiento) nos ayude a a nar nuestro sentido crítico y hacer un adecuado discernimiento. Que se cumpla el adagio evangélico de que la verdad nos haga libres de prejuicios y telarañas intelectuales.

Información y comunicación en tiempos de coronavirus

La información en todos los campos de nuestra vida es fundamental e incluso puede resultar vital. Contar con información veraz, completa, oportuna, clara, de acuerdo con las necesidades y circunstancias resulta imprescindible. Ahora, esto cobra particular relevancia ante la emergencia sanitaria a causa de la presencia del coronavirus COVID-19.

Acceder, disponer, buscar, investigar, recibir, difundir información, incluida en ella opiniones, noticias, datos, en un marco y condiciones de libertad, es lo que se conoce como derecho a la información, tanto reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos (1945), la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (1977), y antes que esta, en el decreto conciliar Inter Miri ca, sobre los medios de comunicación (1963).

Como todos los derechos, incluidos los fundamentales, el derecho a la información tiene límites, los cuales están en los derechos de terceros, como lo es el respeto a la vida privada, la protección de datos personales, el honor de las personas, el no atentar contra la paz, el orden y la moral pública.

El derecho a la información, por otra parte, es bidireccional. Es del emisor como del receptor, quienes tienen derecho, valga la redundancia, a información veraz, completa, oportuna, clara. Y en este punto podemos identi car a todo aquel que produce y difunde información: instituciones públicas-gubernamentales, privadas, profesionales de la comunicación (medios de comunicación y periodistas), profesionales de contenidos formativos (instituciones educativas) y de entretenimiento (casas productoras de cine, de música, etc.); pero también están los consumidores de contenidos y mensajes informativos, las audiencias y lectores en todos los medios y plataformas.

En momentos de emergencia sanitaria, todos, productores y difusores de información, no solo tenemos derecho a información útil, necesaria y completa sobre lo que sucede y lo que hay que hacer; a la par hay una exigencia ética sobre la producción y distribución de información, pues está de por medio la salud y la vida de todas y todos.

Pero no hay que perder de vista que ahora cualquier persona cuenta o puede disponer de recursos y medios para producir y difundir información, desde un mensaje, una imagen, un “meme”, una noticia que recibió, lo cual puede compartir y comentar a través de una computadora o un teléfono celular con acceso a Internet, con lo que la carga y ética de difundir/distribuir información veraz, completa, clara y oportuna también le aplica. Así que, difundir información no veraz (con rmada), no oportuna, no veri cada, no necesaria, es responsabilidad de todas y todos.

En la primera carta de san Pablo a los Corintios se lee: “¡Qué victoria tan grande! La muerte ha sido devorada ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (15, 54-57).

Este pasaje lo podemos leer a la luz de este Domingo de Pascua de Resurrección del Señor y en el contexto de los complejos momentos que estamos enfrentando como humanidad. Hoy celebramos la victoria de la Vida sobre la muerte, pero no podemos olvidar que el Señor de la Vida, al que hoy contemplamos vic-

El triunfo de la Vida

torioso, caminó en la historia humana (Cf. Filipenses 2, 6-8), a partir de un principio y fundamento: Dios es Padre amoroso y misericordioso, todas y todos somos sus hijos y, en consecuencia, también somos hermanos.

Esta convicción llevó a Jesús a proclamar el Reino de Dios, donde todas y todos cabemos, sin importar ninguna de las categorías con que nos pretendemos distinguir de los demás. A partir de esto, Jesús vino a mostrarnos cómo vivir en abundancia y plenitud (Cf. Juan 10, 10), por lo que actuó por sanarnos de nuestras enfermedades que minan la vida y expulsar los demonios que nos aprisionan y nos quitan libertad de mente y corazón.

Pero esta buena noticia molestó a muchos, especialmente a quienes vieron amenazados su poder, in uencia y estatus. Incomodó a los que en aque-

llas épocas se sentían buenos y santos porque cumplían la ley y los ritos con total observancia, anteponiéndola a la caridad y al servicio, pero en una religiosidad estricta que ya no generaba vida en la gente. El mensaje y testimonio de Jesús calaba en el corazón del pueblo sencillo, ya que se reconocían amados del Padre y hermanos al servicio unos de otros; el mandamiento nuevo era amarnos unos a otros. Jesús hablaba desde su experiencia y sus palabras eran reconocidas y apreciadas por la gente (Marcos 1, 22).

Pero llegó un momento en que los que estaban bajo el poder del pecado, es decir, quienes ponían en el centro de su vida el egoísmo, la búsqueda de prestigio, la sed de dominio, la acumulación de bienes, el narcicismo religioso, etcétera, decidieron ani-

quilar a Jesús mediante una muerte injusta y violenta. Hoy sabemos que la muerte no triunfó sobre la Vida.

En medio de esta pandemia sabemos que quienes están apostando por la vida en plenitud al modo de Jesús –promoviendo la solidaridad, la cooperación, la sencillez de la vida, el respeto a la naturaleza, etcétera–, están confrontando a un sistema de muerte que pone en el centro al dios dinero, al dios mercado y a todos sus corifeos. Pero, a pesar del dolor de la muerte que ello pudiera acarrear y las piedras en los sepulcros, con amos y sabemos que la vida siempre triunfará.

padilla@iteso.mx Mahler- Espectacular Final de la sinfonía nº 2 “Resurrección”. Dudamel dirige a la SBYO https://www.youtube.com/ watch?v=R09_5qTnHPg

12 de Abril de 2020

¡Pascua, paso de la muerte a la vida!

J UAN L ÓPEZ V ERGARA

El Evangelio que nuestra madre Iglesia dispone para el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor revela el estrecho vínculo entre las Escrituras y el acontecimiento pascual del Señor, al extremo de convertirse este último en la clave de su comprensión, y las Escrituras en imprescindible espejo para la lectura del evento (Jn 20, 1-9).

EL DÍA DEL SEÑOR

Los relatos de la Resurrección en el Evangelio de Juan inician especi cando que: “El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magadalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba” (v. 1). Los discípulos convirtieron este día, en el “Día del Señor”, porque en él aconteció el suceso más importante de nuestra fe cristiana (compárese Ap 1, 10).

María Magdalena, al ver la tumba vacía, se echó a correr llevando la noticia a Simón Pedro y al discípulo amado: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto” (v. 2). Ella será reconocida, y con toda la razón, como: “La evangelista de la Vida y apóstol de los apóstoles” (compárese Jn 20, 17-18).

María Magdalena emplea el signi cativo título cristológico: “El Señor”, que expresa la inefable soberanía de Jesús (compárese Flp 2, 10-11).

“LEER LA ESCRITURA

ES PEDIR CONSEJO A CRISTO”

Pedro y el discípulo a quien Jesús quería salieron corriendo para ver lo ocurrido (véase v. 3). El último llegó primero, pero no entró, sino que aguardó a Pedro (véanse vv. 4-5). El discípulo amado reconoce así la preeminencia de Pedro (v. 5: compárese con Jn 21, 15-17). Pedro descubre no solo los lienzos como ocurriera al discípulo amado, sino también el sudario que estaba plegado en un sitio aparte (compárense vv. 6-7 y el v. 5). Después, el discípulo a quien Jesús quería también ingresó: “vio y creyó” (v. 8).

El evangelista no cita ningún texto concreto, pero invita a dar lectura al acontecimiento pascual a través de las Escrituras (v. 9: compárese con Lc 24, 27. 32. 44-45), pues en ellas encontramos el proyecto de Dios, que tiene su expresión máxima y de nitiva en la persona del Señor Jesús: “Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo el universo” (Hb 1, 1-2).

El evangelista explica que “hasta entonces no habían entendido las Escrituras según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos” (v. 9).

San Francisco de Asís nos enseña: “Leer la Escritura es pedir consejo a Cristo”. ¡Precioso, precioso…!

UN ESPERANZADOR

SIGNO DE NUESTRO TIEMPO

Queremos, justo en el Domingo más importante del año, reconocer y, sobre todo, agradecer de todo corazón al Señor de la Vida, por un gozoso y esperanzador signo de nuestro tiempo, en particular de la Iglesia en Guadalajara, como es la existencia del Instituto Bíblico Católico, donde estudiamos con renovada ilusión las Escrituras.

Las Escrituras son fuente de vida porque nos transmiten la Palabra de Dios, convencidos de lo revelado por el propio Jesús, quien asegura: “Ellas son las que dan testimonio de mí” (Jn 5, 39).

El padre Carlos Junco Garza, sacerdote y biblista ejemplar, maestro de varias generaciones, en un excelente libro que nos motiva a vivir la Pascua, especialmente útil para este tiempo, enseña: “¡Pascua, paso de la muerte a la vida! ¡Triunfo de Cristo sobre las tinieblas del sepulcro! ¡Con Él, victoria nuestra sobre el pecado!” [Para vivir la Pascua. Espiritualidad bíblica-litúrgica para el Triduo Pascual, PPC, Cuidad de México 2016, pág. 94]. 7

Los líderes se conocen en tiempos de pandemias

P BRO . D ANIEL P ORTILLO T REVIZO *

La historia resulta el mejor libro de aprendizaje para el ser humano. En ella se encuentra una variabilidad de crisis y una amplia gama de respuestas frente a las mismas. Incluso, algunas recientes problemáticas pueden abonar a la comprensión de aquellas ocurridas anteriormente. Las crisis siempre resultan un espacio privilegiado de discernimiento y una oportuna elección de decisiones. El Papa Francisco, en su carta dirigida a los obispos estadounidenses en 2019, les señalaba: «Como lo había profetizado el anciano Simeón, los momentos difíciles y de encrucijada tienen la capacidad de sacar a la luz los pensamientos íntimos, las tensiones y contradicciones que habitan personal y comunitariamente en los discípulos (Cf. Lc 2, 35). Nadie puede darse por eximido de esto; estamos invitados como comunidad a velar para que, en esos momentos, nuestras decisiones, opciones, acciones e intenciones no estén viciadas (o lo menos viciadas) por estos con ictos y tensiones internas y sean, por sobre todo, una respuesta al Señor que es vida para el mundo. En los momentos de mayor turbación, es importante velar y discernir para tener un corazón libre de compromisos y de aparentes certezas, para escuchar qué es lo que más le agrada al Señor en la misión que nos ha encomendado. Muchas acciones pueden ser útiles, buenas y necesarias y hasta pueden parecer justas, pero no todas tienen ‘sabor’ a Evangelio».

Toda crisis tiene su propio trayecto, compuesto de fases concretas que impulsan a los involucrados a recorrer una travesía que quizá, en sí misma, resulte desconocida y confusa. Más aún, si desde el inicio

supiéramos el destino al que nos llevaría la crisis, quizá consentiríamos sin tantas resistencias. Sin embargo, resulta propio de este trayecto, la incertidumbre, el dilema de aquello que podría pasar. En su misma terminología, la crisis se podría entender como una coyuntura de cambios en una realidad, que aparentemente se encuentra organizada, pero que en algún momento resulta inestable, sujeta a evolución. Una crisis epidemiológica, como la que actualmente vivimos debido al coronavirus, produce cambios que amenazan la salud de la población entera, particularmente de aquella más vulnerable. A propósito de esta crisis mundial, me gustaría realizar un paralelismo entre la pandemia del COVID-19 con aquella de los abusos sexuales de menores en la Iglesia católica. Ciertamente, no parecen tan ajenas las dinámicas, los mecanismos y las estrategias que polarizadamente se han implementado en sus respectivos ambientes. Además de dichos datos, resulta importante analizar la gura del líder en una situación de crisis. Por lo cual, será objetivo del presente artículo justi car la importancia del liderazgo en una realidad pandémica. Lo mejor que le pudiera ocurrir a una institución, en una época de crisis es contar con un verdadero líder que vele por el bienestar de los suyos.

1. LA “PANDEMIA”

Cualquier maldita realidad en la sociedad y en la Iglesia resulta más grave cuando sus respectivos líderes no logran dimensionar el mal.

Una de las primeras reacciones en situación de pandemia, sin duda, es la negación. Dicho mecanismo defensivo aminora los alcances de la posible tragedia. La omnipotencia se hace presente, haciéndonos sentir que una realidad tal no llegará a nosotros. Por lo tanto, si la primera defensa es la

negación, no resultará extraña la fantasía de la “regionalización” del mal, es decir, evidenciar que la maldición es solo de unos cuantos y que ella misma no nos alcanzará. Por ejemplo, cuántas veces escuchamos que el COVID-19 era solo un mal chino y cuántas veces escuchamos que los abusos sexuales de menores solo eran males de la Iglesia católica americana. La regionalización solo nutre la negligencia, puesto que hace ver la maldición a distancia. Las realidades pandémicas, como la del COVID-19 o la de los abusos sexuales de menores, se esparcieron territorialmente de manera discreta e invisible. Nadie dimensionó que conocería en su propio vecindario a algún infectado; nadie pensó que conocería en su diócesis a algún abusado sexual por parte del clero. Sin embargo, no se entiende la pandemia solo por el nutrido número de afectados, sino porque ella misma rompe fronteras, no respeta visas ni banderas, ninguna persona se puede sentir absolutamente “blindada” de dichos males. Pareciera oportuna la imagen del turista que, adentrado en la playa, no dimensiona la fuerza y la altitud de las olas, pensando que, por ser un buen nadador, no se verá afectado por la fuerza natural de las mismas.

Cualquier maldita realidad en la sociedad y en la Iglesia resulta más grave cuando sus respectivos líderes no logran dimensionar el mal; más aún, cuando quienes padecen la ceguera son ellos mismos. Por tanto, cualquier epidemia necesita de personas negligentes, no-líderes, que teniendo en sus manos la vida de otros, cometen graves omisiones, acrecen-

12 de Abril de 2020

tando el riesgo de su población y poniendo en riesgo a los más vulnerables.

En el tiempo de pandemia, la sociedad y la Iglesia se desnudan; sus verdaderos valores y motivaciones se evidencian. Resulta imposible que las mezquinas acciones de un supuesto líder se mantengan en un tiempo de crisis. Los platónicos discursos sociales y pastorales son consumidos por el virus. Los proyectos cosméticos y proselitistas se desvanecen. En el tiempo de epidemia ya no hay espacio para las permanentes campañas de los pseudo-líderes. Si algo “positivo” pudiera traer el virus es la forzosa discriminación de aquellos, que jurando hacernos el bien, por su negligencia, nos han hecho un mal. Efectivamente, los verdaderos líderes, sin duda, germinan en tiempos pandémicos, los no-líderes terminan devastados.

2. LA RESPUESTA INSTITUCIONAL

Los miembros de una nación y aquellos pertenecientes a la Iglesia se sentirán con ados cuando las mismas instancias sean capaces de custodiar su integridad. Hace cuatro décadas, en el inicio de la pandemia eclesial de los abusos, los laicos experimentaban la descon anza de pertenecer a una Iglesia que no fuera capaz de cuidarlos. Aunque dicha reacción, prevalentemente, era de manera general, aún al día de hoy encontramos esa misma desconanza, sobre todo en la feligresía de aquellas diócesis y congregaciones que no han establecido un elemental sistema de cuidado y protección. Toda pandemia acrecienta y aminora los recursos y los valores institucionales. Una diócesis que, de frente a esta pandemia de los abusos sexuales, establezca elementales protocolos y rutas de acción, acrecienta la con anza de su feligresía. Así también, un obispo encubridor y negligente aminora la fe de las víctimas y sus familiares.

De frente a la epidemia, cualquier instancia está obligada a actuar, suponiendo que su actuación será por el bienestar de los suyos, particularmente de los más vulnerables. La adecuada respuesta institucional de frente a la pandemia es una mani esta carta de con abilidad que se extiende a su población. Naturalmente, las personas desconfían y se desconciertan cuando escuchan de su propio líder una indicación contraria a aquella instrucción global. Por ejemplo, no resulta extraña la indignación y rabia de la población social o eclesial cuando escuchan, por parte de su líder, las necesarias “matemáticas de actuación”, es decir, el su ciente número de afectados o abusados para poder actuar. Para un no-líder reaccionar institucionalmente por los “mínimos” no resultaría redituable para la institución.

De frente a la epidemia, cualquier instancia está obligada a actuar, suponiendo que su actuación será por el bienestar de los suyos, particularmente de los más vulnerables.

La pandemia resulta un tiempo y espacio fundamental para el fortalecimiento institucional. Cualquier institución, como aquella política y eclesial, podría ver, en esta trágica realidad, un adecuado momento para volver a su origen, desempolvarse de aquellas dinámicas de corrupción que opacaron su esencia. La Iglesia y las instancias políticas se encuentran en un momento idóneo para volver a su origen, así como al n por el cual existen, es decir, el servicio.

3. EL LIDERAZGO, EL ANTIVIRUS DE UNA PANDEMIA

¿Qué factor puede hacer que una nación o una diócesis en tiempo epidémico no llegue a la ruina? El líder. Este representativo personaje social y eclesial es capaz de nutrir nuestra esperanza, de contener nuestras angustias y de reducir nuestros miedos. La cardinal vocación del líder es la del cuidado y la protección. El líder es (existe) para proteger. Por lo cual, un verdadero líder se conoce por las necesarias y elementales medidas de prevención para

su población. No es extraño que líderes en la Iglesia, como el Papa Francisco, o en la política, como el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, con sus respectivos discursos dentro de sus realidades pandémicas, acrecienten la con anza y la tranquilidad de sus seguidores. Por otro lado, los no-líderes o aquellos contrarios a su vocación de servicio resultan productores de la negación. En los ambientes en donde hay ausencia de liderazgo, hay nutrida presencia de negligencia. Además, se evidencia un no-líder cuando su postura resulta contraria a la realidad, cuando la pandemia es producto paranoico de todo el resto de la sociedad y las consecuencias no son tales, como ingenuamente señalan los medios de comunicación. La omnipotencia de pensar que yo controlo la epidemia y la paranoia de señalar que todos están equivocados y están en mi contra, no son sino dos de los principales síntomas de un crónico narcisismo. El patológico narcicismo no permite dimensionar las consecuencias de las negligencias.

nas. Resultaba absurdo escuchar al jerarca que veía como solución a la pandemia la multiplicación de las misas, como al político que motivaba a la población a ofrecerse abrazos.

Llamó mi atención la reacción de aquellos que debían ejecutar las acciones en favor de su gente. Desde los más altos jerarcas que se resistían a restringir la celebración eucarística, hasta los más altos políticos que motivaban a los ciudadanos a continuar saliendo a las calles.

Creo que no resulta necesario ser perito en alguna ciencia para darse cuenta que cuando un líder no protege a aquellos que la sociedad o la Iglesia le confían, traiciona su propia vocación de servicio. Por ejemplo, hace pocos días las alertas de seguridad se activaron en distintos escenarios, inmediatamente llamó mi atención la reacción de aquellos que debían ejecutar las acciones en favor de su gente. Desde los más altos jerarcas que se resistían a restringir la celebración eucarística, hasta los más altos políticos que motivaban a los ciudadanos a continuar saliendo a las calles; ambas realidades, con poca responsabilidad hacia las perso-

Sin afán de caer en absolutismos, considero que no sería tan desproporcional la lógica de que aquellos jerarcas que actuaron responsablemente a favor de su feligresía, con la prescripción del precepto dominical y la exhortación a “quedarse en casa”, fueran los mismos que están dispuestos a proteger y actuar de manera inmediata, en cualquier posible evento de abuso sexual en su diócesis. Contrariamente, los jerarcas más resistentes a la cuarentena y al aislamiento social podrían padecer de procrastinación, es decir, adolecer de una elemental actuación en los posibles casos de abuso. Aplíquese la misma lógica con aquellos políticos que, pudiendo prevenir a tiempo, osan de una arrogante omnipotencia.

CONCLUSIÓN

Sea en la sociedad que en la Iglesia, cada una con sus respectivas epidemias, lo mejor que le pudiera ocurrir a las mismas es contar con la presencia de personas líderes, las cuales, por su ejemplo y palabra, contribuyen al cuidado y la protección de la feligresía. Un verdadero líder se conoce por la prevención. El cuidado y la protección hacia los suyos son muestras no solo de su vocación de líder, sino la responsabilidad que supone su o cio para bien de las personas. Los mejores líderes se conocen en tiempos de pandemias.

*Director del Centro de Formación e Investigación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME)

LReaprendiendo a ser familia Siglos de autodestrucción: ¿lo entendemos ahora?

as circunstancias de los últimos meses nos han dejado grandes lecciones en todos los ámbitos de nuestra vida. En lo laboral: a muchos les pidieron seguir acudiendo a su lugar de trabajo, a otros trabajar desde casa o reducir jornada y a algunos pocos les pidieron quedarse en casa sin remuneración económica. En lo académico: en todos los niveles les asignaron trabajos en línea, por correo o investigaciones a realizar… a los empleados domésticos se les recomendó permanecer en casa, mientras que los prestadores de servicios continúan su labor arriesgando su sa lud, con tal de que los hogares cuenten con todo lo necesario. Esto revolucionó la rutina que teníamos de horarios y actividades. Nos olvidamos de madrugar y salir corriendo a la escuela, pero sí tuvimos que disponer de tiempo y recursos electrónicos y físicos en casa, nos tocó a papá, mamá o hermanos mayores involucrarnos con los hijos y reaprender lo que ellos están viendo en la escuela para poder cumplir con las actividades académicas. Los hijos se dan cuenta a qué se dedica o qué es lo que hace papá y/o mamá en su trabajo al verlo tener sus juntas virtuales o enviar sus reportes, qué tan importante es cumplir responsablemente con sus encargos profesionales.

Nos tocó aprender a ser respetuosos para no interrumpir las “clases o juntas virtuales” en los espacios comunes de la casa. Nos toca reaprender a esperar turnos, a tener paciencia para convivir todo el tiempo todos juntos, reorganizar las labores de la casa porque al estar todos se ensucia más, se consumen más alimentos que cuando salen, se ensucian más trastes, se oyen más ruidos, nos tuvimos que hacer creativos para buscar las maneras de mantenernos ocupados haciendo manualidades, competencias, juegos de mesa y solo un rato prender la televisión. Otro de los grandes aprendizajes fue a solidarizarnos, a pensar en los demás, darnos cuenta de que con nuestras decisiones afectamos a todos los demás; no somos “solos”, somos “comunidad”. Si me quedé en casa o si salí, si evité contagio o lo propicié, si acaparé los insumos o los compartí, si compré en los grandes almacenes o con el que tiene su pequeño negocio.

A diferencia de cuando cada quién salía y llegaba en muy diversos horarios a casa, a veces sin notar la presencia o ausencia del otro, ahora tenemos tiempo de mirarnos a los ojos, de conversar, de hacer cosas juntos. Quizás no la imagen romántica de todos felices haciendo galletas, pero sí involucrados todos para salir de esta situación. La Familia es y siempre será el mayor de los tesoros. Benditas crisis que nos hacen mejorar.

“SK arime r amos G odoy

i miramos la superficie, más allá de algunos signos visibles de contaminación y de degradación, parece que las cosas no fueran tan graves y que el planeta podría persistir por mucho tiempo en las actuales condiciones. Este comportamiento evasivo nos sirve para seguir con nuestros estilos de vida, de producción y de consumo. Es el modo como el ser humano se las arregla para alimentar los vicios autodestructivos: intentando no verlos, luchando para no reconocerlos, postergando las decisiones importantes, actuando como si nada ocurriera” (Laudato si n. 59).

En estos días que hemos tenido que resguardarnos en cuatro paredes, recortando toda actividad que no sea esencial, creo que muchos hemos podido reflexionar respecto a conceptos como el que menciono al inicio de esta columna. Pensábamos que los indestructibles éramos nosotros, ¿cierto? Parecía que todo lo demás era lo firme, inmutable, certero. Pusimos nuestra fe donde no debía estar, nuestra atención en cosas banales y destructivas, y vivimos por mucho tiempo una ceguera voluntaria y consciente.

Quisiera pensar que hoy abrimos más los ojos a darnos cuenta de lo bueno en nuestras vidas, del daño que directa o indirectamente nos hacemos a nosotros mismos y a quienes nos rodean con nuestro “estilo” de vida, que la fragilidad humana es enorme y que nuestra escala de valores estaba muy, pero muy alterada. Tenemos ante nosotros una oportunidad, quizá no para todos muy clara, de revalorarnos y valorar al prójimo, de cuidar nuestra Casa Común, porque ya vimos que no hay casa lo suficientemente grande para escondernos del daño que causemos. Hoy, quizá quede más claro que todos estamos conectados y que cosechamos lo que sembramos; o nos cuidamos y cuidamos la Casa Común o todos seremos víctimas de nuestras egoístas omisiones y descuidos.

“Reconozcamos hoy nuestra dignidad y valor, y no lo olvidemos ante los espejismos del mundo. “El reconocimiento de la dignidad peculiar del ser humano muchas veces contrasta con la vida caótica que deben llevar las personas en nuestras ciudades” (Laudato si n. 154). Hoy se ha frenado ese caos capitalista y nos recuerda que la paz y calma vienen cuando ordenamos nuestra escala de valores.

El Verdadero Valor
Voz Verde

12 de Abril de 2020 VIVIR EN

Cuidado con los falsos profetas

recer los “Iluminatti”, “Los amos del mundo”, “El Vaticano”, “La Masonería” y un sinfín de supuestos culpables que, en un plan de reducción de la población mundial, serían los creadores del virus.

A esto se agregan relatos con teorías extraterrestres, profecías, y hasta un supuesto programa de los Simpson que en realidad es un montaje que circuló por redes sociales “profetizando” la llegada del virus.

COMENTARIOS: vivirenlapantalla@gmail.com

PARA SABER MÁS: www.es.aleteia.org

P bro . A lfonso r och A T orres

La Organización Mundial de la Salud (OMS) está colaborando estrechamente con expertos mundiales, gobiernos y asociados para ampliar los conocimientos científicos sobre el nuevo virus, asesorando a los países y a las personas sobre las medidas para protegerse y prevenir la propagación del COVID-19, a la vez que las autoridades sanitarias de las naciones afectadas están tomando medidas basadas en la evidencia científica y los ciudadanos en general han mostrado un positivo rostro de solidaridad y responsabilidad con el bien común.

La opción por el autoaislamiento y seguir los cuidados recomendados en medio de la crisis, está mostrando un rostro de solidaridad y fraternidad; pero no todos lo viven de esta manera, ya que los grupos, sean religiosos o no, que tienen un discurso apocalíptico, que alimentan teorías conspirativas, fomentan el miedo y la búsqueda de salidas irracionales a la crisis.

A esto se le agrega el incontable número de pseudoterapeutas y gurúes de moda que enseñan a la gente recetas “mágicas” para no contagiarse, desestimando el seguimiento de las recomendaciones sanitarias y sembrando la sospecha sobre las ciencias biomédicas.

Como en cada epidemia, catástrofe natural, crisis social o económica… aparecen sectas y “profetas del fin del mundo” avisando que “ya estaba escrito” y que “estos son los signos de que se acerca el fin”. Además, ahora pueden amplificarse a través de las redes sociales llegando a un público impensable hace tan solo unas décadas.

FUNDAMENTALISTAS BÍBLICOS Y FALSAS PROFECÍAS Iglesias neopentecostales en Brasil “ungían” a los fieles con aceite “consagrado por Jesucristo” que “inmuniza contra el coronavirus”, o invitaban a celebraciones del estilo: “El poder de Dios contra el coronavirus”. Otros grupos comenzaron a retomar textos bíblicos sobre el fin de los tiempos donde hay alusiones a que sobre vendrán pestes, así como también guerras, hambrunas y grandes terremotos. Lo cierto es que, en cada siglo hemos tenido alguna que otra epidemia, más de una catástrofe natural, guerras y hambre, pero cuando la gente está desesperada y con miedo, cualquier cosa puede usarse como símbolo para encontrar coincidencias: las profecías de Nostradamus, en el campo de la astrología, qué dicen los planetas; lo señalado en calendarios antiguos... En estos días uno podría coleccionar profecías y anuncios de la llegada del coronavirus.

La inmanejable cantidad de información falsa que circula en las redes sociales, sobre los temas más variados, permite que se llene de contenidos delirantes, presentados como la última investigación científica o la revelación de un secreto que “los poderosos del mundo” no quieren que se sepa. Y es que son muy seductoras las teorías conspiratorias porque nos simplifican la complejidad de los problemas.

Lo más aburrido para los “conspiranoicos” es la verdad, porque es más compleja que las teorías de “buenos y malos” y menos atractiva para contar.

LOS GURÚS DEL PENSAMIENTO MÁGICO

En el ambiente New Age y sus derivados, son incontables las personas que predican contra la medicina y piden que optemos por frenar el virus con ejercicios de meditación y pensamientos positivos, evitando así el contagio “gracias al poder de la mente”. Los que enseñan la mágica teoría de “Ley de atracción”, dicen que uno enferma porque lo busca, pues cada quien crea su propia realidad.

La desesperación de las personas para protegerse los hace un blanco fácil de los manipuladores en turno; en general, enseñan que todos los problemas vienen solamente de nuestros pensamientos, o de un desequilibrio emocional, incluso un virus. ¡Así de simple! ¡Así de absurdo!

PARANOICOS DE LAS TEORÍAS CONSPIRATIVAS

No faltaron en las redes sociales quienes ofrecían contar “la verdad” sobre el virus, y comienzan a apa-

LA CRISIS COMO OPORTUNIDAD

Una crisis como la que estamos viviendo es una auténtica oportunidad para fomentar el pensamiento crítico y la responsabilidad social con los temas sanitarios, valorando mucho más el trabajo de los profesionales de la salud. La ciudadanía de varios países afectados ha mostrado, con gran calidad humana, que en una cultura que promueve el individualismo narcisista, la llegada de una pandemia es capaz de despertar también solidaridad y conciencia del bien común, el valor de la casa común y del cuidado mutuo. Y es que en crisis como estas, es cuando redescubrimos que, como seres humanos, es más lo que nos une que lo que nos separa.

Sobre La Peste

Año 252 d.C., había cesado la furiosa persecución del emperador Decio que tantas víctimas causó entre los cristianos; y en Cartago, África, con violencia aparece la terrible y mortífera peste. San Cipriano, obispo de esa región, sobrellevará la tragedia de su pueblo y de los no cristianos.

En la tempestad se conoce al piloto, en la pelea se prueba al soldado, resulta voluptuosa la jactancia cuando no hay peligro, expresa este pastor africano.

guerras estúpidas. El cartaginés obispo Cipriano, describirá detalles de aquella peste en el siglo III.

-¿Hay más de treinta enfermos en la ciudad?

-Hay los que tienen miedo y los que no lo tienen. Pero los más numerosos son los que todavía no han tenido tiempo de tenerlo.

Albert Camus, La Peste (1947)

San Cipriano es africano de Cartago; otro africano es Albert Camus, de Argel. Premio Nobel de Literatura a sus 44 años, el segundo más joven –el primero, Kipling a los 42 años de edad–. Periodista y lósofo existencialista, compañero de Sartre y de Simone de Beauvoir, Camus escribe La Peste en 1947.

Describe Camus que: un comerciante de productos alimenticios de su barrio acaparaba grandes cantidades para venderlas luego a precios más altos, y que descubrieron latas de conservas debajo de la cama, cuando fueron a buscarlo para llevarlo al hostpital. “Se murió y la peste no le pagó nada”.

El Argelino Camus, en La Peste, describirá una cuasi crónica de las pestes que han azotado a la humanidad con más de cien millones de víctimas, sin contar las de las

“Este ujo incontenible de vientre que destroza ahora las entrañas, el fuego interior de la sangre que enciende in amaciones de garganta, los repetidos vómitos que revuelven intestinos, las in amaciones de los ojos sanguinolentos, los pies o miembros de algunos que, gangrenados por la peste, hay que amputar; todos esos males y daños de los cuerpos debidos a la peste sirven para mostrar nuestra fe.

“¡Qué grandeza de alma luchar sin conmoverse el ánimo contra tantos ataques de la peste y mortandad!, ¡qué superioridad permanecer en pie sin doblarse en medio de tantas ruinas de los hombres, sin quedar derribado como los que no tienen esperanza en

Se extrañan algunos de que nos sea común, con los demás esta peste.

Mientras estamos en este siglo tenemos el mismo cuerpo que los otros hombres; solo nos diferenciamos por el espíritu. Cuando, pues, nos acomete la enfermedad, y la peste hace estragos, entonces se practica nuestra fortaleza; entonces la fe si permaneciere puesta a prueba, es coronada, como está escrito (Eccli 27, 5).

San Cipriano, Sobre la Peste (año 252)

Dios, y alegrarse, en cambio, y aprovechar la ocasión que se nos ofrece de alcanzar el premio de esta vida y de la fe, de la mano del juez, si damos pruebas mani estas de nuestra fe con viril fortaleza, y seguimos el camino estrecho que lleva a Cristo a través de la paciencia en los trabajos!”.

En La Opinión de Los Angeles, California (online), las descripciones actuales de la pandemia 2020 son crueles. Los cadáveres en Nueva York colocados en la caja de un trailer. En España e Italia faltan crematorios para incinerar los miles de cuerpos muertos por la pandemia.

En Estados Unidos, 502 muertos en un día –nada comparado con los 10 mil de Constantinopla en un día del siglo I–. Pero veamos lo que magistralmente nos comparte Albert Camus –como escribe Raquel Castro sobre Emile Zolé- ambos lósofos, periodistas auténticos, sinceros, no simuladores como tantos intelectuales de televisión, dirá Castro.

“Las plagas, en efecto, son una cosa común, pero es difícil de creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha habido en el mundo tantas pestes (y pandemias) como guerras, y, sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas. Cuando estalla una guerra las gentes se dicen: “Esto no puede durar, es demasiado estúpido”. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo.

“Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad; no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga

es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño, son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones”.

En 2020 la peste (pandemia) sorprendió a Wuhan, China. En Cantón, China en 1870, cuarenta mil ratas murieron de la peste, antes de que la plaga se interesase por los habitantes, pero en 1871 no hubo manera de contar las ratas –anotará Albert Camus–. No se trata de ver las cosas negras, se trata de tomar precauciones, diría el Dr. Rieux, el heróico médico de Camus en La Peste. Al 31 de marzo, en Italia sumaban 12,428 muertos de 105,792 contagiados.

Santo Sabás

Uno de los mártires que vivió su misterio pascual parecido, por lo menos en su tortura, al de nuestro Señor Jesucristo, fue santo Sabás Reyes Salazar, nacido en la ciudad de Cocula, Jalisco, el 5 de diciembre de 1879.

Su familia fue pobre. Se distinguió por ser sencillo. Era devoto de la Santísima Trinidad y oraba por las ánimas del purgatorio. Terminó su instrucción primaria e ingresó al Seminario de Guadalajara. Sin embargo, fue en la diócesis de Tamaulipas donde fue ordenado sacerdote en 1911.

Debido a la revolución tuvo que regresar a Guadalajara, donde ejerció su ministerio en diversas parroquias. Dedicó su apostolado en gran parte a formar catequistas.

Al iniciarse la persecución religiosa, el padre Sabás continuó trabajando como vicario en Tototlán. Cuando, por el peligro que había para los sacerdotes, le aconsejaban que saliera del lugar decía: «A mí aquí me dejaron y aquí espero, a ver qué dispone Dios».

El 11 de abril de 1827 regresaba de celebrar un Bautismo, cuando llegaron las tropas federales a atacar la población; detenido, lo llevaron ante una junta militar donde lo martirizaron. Tirado en el suelo prendieron dos fogatas, una junto a sus pies y otra frente a su cara. Intentaron que les dijera el escondite de dos sacerdotes, pero fue en vano.

Por la noche del día 13 fue conducido al panteón y lo acribillaron contra el muro. Era el año de 1927.

Sus restos reposan en el templo parroquial de Tototlán.

Fue beati cado el 22 de noviembre de 1992, y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 21 de mayo del 2000.

En Cocula se puede apreciar una escultura en el atrio al lado izquierdo de nuestro santo. En Tototlán han construido un gran templo en su honor.

¿ QUÉ PODEMOS APRENDER DE SANTO SABÁS REYES?

1 . Su identi cación con Jesucristo. No solo como presbítero en el ejercicio de su ministerio pastoral a ejemplo de Jesús el Buen Pastor, sino en la crueldad de su martirio y la paciencia con la que lo sufrió.

2. Su perseverancia. No destacaba en sus estudios, pero su deseo de responder a la llamada vocacional cristalizó con la Ordenación Sacerdotal. La Providencia Divina así lo determinó.

3. Su celo apostólico. Viendo la importancia de la formación de su feligresía, dedicó gran parte de su ministerio a la preparación de catequistas.

QUERIDA LUPITA:

Hemos estado en casa todos juntos por más de dos semanas y hay muchos momentos en que explotamos, cada vez con más facilidad y mayor frecuencia. ¿Existe algún truco que nos permita controlar el mal carácter?

Ma. Eugenia

ESTIMADA EN CRISTO, MARU:

La convivencia cotidiana genera roces y malos entendidos. Pero también representa una gran oportunidad para conocernos a nosotros mismos y a aquellos con los que estamos conviviendo.

Son tiempos para meditar acerca de nuestras reacciones y pulir esas aristas que complican las relaciones humanas. Existe una virtud que estamos invitados a practicar de manera especial cuando no controlamos nuestro carácter: se trata de la mansedumbre.

La mansedumbre es la virtud moral sobrenatural que nos ayuda a prevenir y controlar la ira, quien la practica, sabe soportar con paciencia las aquezas de los demás y tratarles benévolamente.

Si me pides un “truco”, podría recomendarte la repetición de una jaculatoria poderosa. Repítela a lo largo del día, pero de manera especial, hazlo cuando estés perdiendo el control:

“Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo”.

Para convivir mejor en familia y mejorar nuestro carácter debemos partir del deseo de vivir en paz y armonía con los que amamos. Pensemos bien: el mal carácter nace de malos pensamientos y engendra malas consecuencias. El mal carácter jamás contribuye a fortalecer los lazos de con anza y amistad, y nunca trae la paz que anhelamos. Por el contrario, la actitud mansa y humilde, que nace de pensamientos luminosos y positivos, genera espíritu de servicio y nos permite tener acciones concretas de benevolencia, esto es, saber devolver bien por mal. Vive un día a la vez y proponte disfrutarlo en compañía de los tuyos, agradece más y controla menos, agradece más y no te quejes por nada. Si te mantienes el a lo que Dios pide de ti, Él te rodeará de bendiciones. Confía en esta convicción y a partir de hoy da lo mejor de ti: haz el bien sin mirar a quien. Algunos piensan así: “¡Ah no!, si les doy la mano, se toman el pie. Abusarán de mí si soy noble”. Lo que les lleva a actitudes mezquinas y egoístas. Acuérdense de esto, “El que da poco, recibe poco; el que da mucho, recibe mucho” (2 Cor 9, 6).

Lupita Venegas/Psicóloga Facebook: lupitavenegaso cial

Desde el Corazón

Aumentan apoyos de la Fundación Garibi Rivera

AXV años de su surgimiento continúa trabajando para impulsar programas y proyectos de promoción que generen un desarrollo integral entre la población vulnerable y de escasos recursos.

S onia G abriela C eja r amírez

La Fundación Cardenal Garibi Rivera celebró la XVII Asamblea General del Patronato de Fundadores, evento en el que tradicionalmente rinde su informe anual ante el Cardenal José Francisco Robles Ortega, presidente honorario del organismo.

La cita fue el miércoles 18 de marzo en las instalaciones de la Fundación Garibi. Aunque en esta ocasión el Cardenal Robles Ortega no pudo asistir, el padre Eduardo Delfino Mendoza Medina, presidente ejecutivo de la institución señaló que posteriormente se entregaría el documento al señor Cardenal para su análisis y posterior retroalimentación.

SE CUMPLIERON

LOS PRIMEROS TRES LUSTROS

Durante la presentación del informe del ejercicio 2019, se recordó que el objetivo por el que se ha trabajado desde el año 2015 y que concluye en este 2020 es “fortificar la mística, la interrelación y la integración de las diferentes áreas a favor de la promoción y la solidaridad”.

Por parte de la dirección general, se informó de los festejos que a lo largo del año se tuvieron con motivo de los XV años de la Fundación, entre ellos, el día de la gratuidad celebrado el 20 de octubre en la Catedral Metropolitana y que presidiera el Cardenal José Francisco Robles, así como las Jornadas de Estudio celebradas también durante el mes de octubre en el templo Expiatorio.

Por otra parte, también se explicó que se continúa el trabajo interno para el fortalecimiento de la fundación. Se promovió incrementar el voluntariado para una mayor participación social y, entre otras labores, también se iniciaron los trabajos para impulsar la Red de Solidaridad en coordinación con la Pastoral Social, integrando hasta el momento nueve organizaciones, entre ellas, el BRED, ONI y el Movimiento de los Focolares.

SIGUE EL CRECIMIENTO EN SOLIDARIDAD

En cuanto al área de administración y finanzas, se dijo que se tiene actualizada la contabilidad y el cumpli-

miento de las obligaciones fiscales.

Respecto a la difusión de la Fundación, se editó una revista para dar a conocer la historia de la misma así como los logros obtenidos durante XV años de servicio.

Por su parte el área de proyectos informó que se elaboraron formatos para evaluar los talleres y al instructor para generar indicadores de impacto. Se actualizaron los talleres en cuanto a los contenidos, tiempos y cantidad, tratando de obtener un mayor impacto en un menor tiempo.

El área de Recuperación de fondos dijo que se está trabajando arduamente para recuperar la cartera vencida y realizar convenios de pago.

Al término del informe, el Dr. Gabriel Gallo, vocal de la Fundación propuso crear un plan solidario para pequeños negocios que se verán afectados por la crisis del coronavirus, siguiendo el principio rector de la fundación que es la solidaridad. El padre Ismael Miramontes, secretario ejecutivo, dijo que ya se está trabajando en ello.

Finalmente se partió un pastel en honor del Cardenal Robles quien celebró su cumpleaños el pasado 7 de marzo, y en honor del padre Eduardo Mendoza quien cumplió años el 18 de marzo, día del informe.

En números

.Durante 2019, 64 proyectos fueron aprobados, es decir, 39% más que en el 2018. Con el apoyo de la fundación se crearon 16 nuevas microempresas y se fortalecieron a otras 48.

.Se logró la participación de 1,677 personas en los 58 talleres impartidos, 200% más que durante el año anterior.

.En total se otorgaron apoyos por 1’383,800 pesos.

Para 2020

La Fundación Garibi Rivera planea:

I. Eficientar y diversificar los servicios de la Fundación

II. Profesionalizar la Fundación

III. Innovar respecto a su tecnología

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