Hoja parroquial
Fundada el 4 de junio de 1930. Registro postal: IM14-0019, impresos depositados por sus editores o agentes. INDA-04-2007-103013575500-106
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Fundada el 4 de junio de 1930. Registro postal: IM14-0019, impresos depositados por sus editores o agentes. INDA-04-2007-103013575500-106
Hoy, la Lectura de los Hechos de los Apóstoles, la Primera Lectura que hemos hecho en nuestra celebración, nos ha puesto ante los ojos la figura de un gran hombre, un gran cristiano, un gran apóstol. Se trata de Saulo, el apóstol que conocemos con el nombre de Pablo. Y a su lado, otra gran figura, aunque quizá no tan conocida: el apóstol Bernabé. En la Lectura se nos ha narrado cómo Saulo, Pablo, llegó a Jerusalén después de haber descubierto, en Damasco, el camino de Jesús, y de haberse adherido a él con toda su alma.
Pablo, fariseo convencido, tenía muy claro que el movimiento que Jesús había iniciado –y que sus seguidores continuaban– era algo que iba contra la ley y la religión de Israel, y, por tanto, tenía que ser destruido. Por eso había dedicado todos los esfuerzos a esto: liquidar el cristianismo naciente.
Pero llegó un día en que todo le cambió, todo se le invirtió. Llegó el día en el que Jesús se le puso delante, y tuvo la evidencia de que, precisamente, aquel camino que él perseguía, era el camino que le podía dar la vida, el camino que Dios había prometido a su pueblo desde siempre. Y Pablo se dejó cambiar... y se lanzó, desde entonces, con todo el empuje de su corazón, a dar a conocer aquello mismo que él había descubierto. ¡Y con qué fuerza lo hizo! A partir de ese hecho, su vida fue un recorrer el mundo para hacer llegar a todas partes aquella vida que le había transformado.
rehuían. Realmente tenían motivos para no fiarse de él. Pero, allí, Pablo encontró a alguien que fue capaz de acercársele, y darse cuenta de que en su cambio estaba la fuerza del Espíritu. Gracias a Bernabé, la comunidad y los apóstoles aceptaron a aquel creyente nuevo.
Pablo y Bernabé serán, a partir de aquel momento, la punta de lanza que hará presente el Evangelio más allá del reducto de Israel, y hará que la Buena Noticia de Jesús llegue a todas partes.
estas semanas pascuales para leer, atentamente bien, el libro de los Hechos de los Apóstoles, y respirar aquella vida tan plena, aquella fuerza tan capaz de superarlo todo y de pasar por cualquier cosa, gracias al Espíritu de Jesús que, a estos primeros cristianos, les movía y sentían tan profundamente en su interior.
Vale la pena empaparse de todo eso y, al mismo tiempo, dar gracias a Dios, porque es por medio de toda esa gente que nosotros hemos llegado a ser cristianos.

Empaparse de aquella historia y agradecerla a Dios
El fundamento de todo: la unión profunda con Jesús Es éste, también, un buen momento para preguntarnos qué vivían aquellos primeros cristianos en su interior, cómo experimentaban esta fuerza y este empuje tan grandes; y a buen seguro de que la respuesta es muy sencilla: las palabras que Jesús nos ha dicho hoy, en el Evangelio: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos, el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada”.
También, en la Lectura, hemos escuchado cómo, al llegar a Jerusalén, los cristianos no se fiaban de Pablo, y le
Este tiempo de Pascua es, sin duda, un buen momento para empaparse de la entrega, el empuje y el entusiasmo de aquella primera generación de cristianos: hombres y mujeres como Pablo y Bernabé, como Pedro y Juan, como Santiago, Esteban y Felipe, como Silas, como Lidia (la primera cristiana europea de quien conocemos el nombre: una mujer). Podría ser una buena ocasión aprovechar
La experiencia profunda de la unión con Jesús, de pertenecerle, de participar de su vida, es lo que hizo posible el nacimiento de aquella primera comunidad de creyentes, capaces de tener toda su existencia transformada según Jesús. Para ellos, también, este momento de cada domingo, alrededor de la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, era un momento culminante: el momento en que se hacía posible y palpable la unión con Jesús, que vivían cada día. Que, como lo era para ellos, lo sea también para todos nosotros.
Sal 97, 1-2
Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas y todos los pueblos han presenciado su victoria. Aleluya.
del Salmo 21, 26b-27. 28 y 30. 31-32
R. Bendito sea el Señor. Aleluya.
Le cumpliré mis promesas al Señor delante de sus fieles. Los pobres comerán hasta saciarse y alabarán al Señor los que lo buscan: su corazón ha de vivir para siempre. R. Bendito sea el Señor. Aleluya.
Recordarán al Señor y volverán a Él desde los últimos lugares del mundo; en su presencia se postrarán todas las familias de los pueblos. Sólo ante Él se postrarán todos los que mueren.
R. Bendito sea el Señor. Aleluya.
Mi descendencia lo servirá y le contará a la siguiente generación, al pueblo que ha de nacer, la justicia del Señor y todo lo que Él ha hecho.
R. Bendito sea el Señor. Aleluya.
ACLAMACIÓN
ANTES DEL EVANGELIO
Jn 15, 4. 5
R. Aleluya, aleluya. Permanezcan en mí y yo en ustedes -dice el Señor-, el que permanece en mí da fruto abundante.
R. Aleluya, aleluya.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN
Jn 15, 1.5
Yo soy la vid verdadera y ustedes los sarmientos -dice el Señor-, si permanecen en mí y yo en ustedes, darán fruto abundante. Aleluya.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 26-31
Cuando Pablo regresó a Jerusalén, trató de unirse a los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no creían que se hubiera convertido en discípulo.
Entonces, Bernabé lo presentó a los apóstoles y les refirió cómo Saulo había visto al Señor en el camino, cómo el Señor le había hablado y cómo él había predicado, en Damasco, con valentía, en el nombre de Jesús. Desde entonces, vivió con ellos en Jerusalén, iba y venía, predicando abiertamente en el nombre del Señor, hablaba y discutía con los judíos de habla griega, y éstos intentaban matarlo. Al enterarse de esto, los hermanos condujeron a Pablo a Cesarea y lo despacharon a Tarso. En aquellos días, las comunidades cristianas gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria, con lo cual se iban consolidando, progresaban en la fidelidad a Dios y se multiplicaban, animadas por el Espíritu Santo. Palabra de Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 18-24
Hijos míos: No amemos solamente de palabra; amemos de verdad y con las obras. En esto conoceremos que somos de la verdad, y delante de Dios tranquilizaremos nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y todo lo conoce. Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total. Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de Él todo lo que le pidamos. Ahora bien, éste es su mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio.
Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos, por el Espíritu que Él nos ha dado, que Él permanece en nosotros. Palabra de Dios.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 1-8
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, Él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.
Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”. Palabra del Señor.
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del Cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al Cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos; te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial,
Con motivo del XIX Aniversario del fallecimiento del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, acaecido el 24 de mayo de 1993, presentamos el mensaje del Papa Juan Pablo II en ese mismo año, leído por el Cardenal Eduardo Pironio en la Misa de exequias, celebrada en la Catedral de la Arquidiócesis de Guadalajara.
“Queridos Hermanos en el Episcopado, amadísimos hermanos y hermanas de la Arquidiócesis de Guadalajara y de todo México:
En estos momentos de particular aflicción por la trágica muerte del Señor Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, Arzobispo de esa querida Arquidiócesis y también Vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, y Vicepresidente del Consejo Episcopal Latinoamericano, deseo haceros llegar mis sentimientos de vivo pesar, unido espiritualmente a esta celebración eucarística en la cual participa como Representante mío el Señor Cardenal Eduardo Pironio.
La figura de tan ejemplar Pastor, que con generosidad y abnegación dedicó su vida al servicio de Dios y de la Iglesia, es motivo de profunda acción de gracias al contemplar la fortaleza de su fe, la fecundidad de su ministerio, la solicitud y amor para con la grey que el Señor le había confiado. Su entrega sin reservas a la misión de hacer presente el mensaje salvador de Jesucristo le hizo acreedor del cariño de sus diocesanos, y del respeto de los hombres de buena voluntad. Las trágicas circunstancias de la muerte del querido Arzobispo de Guadalajara, junto con otras seis personas, han de ser un apremiante llamado a todos para erradicar tan execrable violencia, causa de tanto dolor y muerte, como es el casodelabominablecrimendelnarcotrá-
fico. Ruego al Señor que infunda en los corazones de todos los mexicanos sentimientos de paz y fraternidad, y que los valores cristianos, que han configurado la historia de esta gran Nación, impulsen un renovado empeño por construir una sociedad más justa, fraterna y acogedora, siempre abierta a la esperanza.
Quiera Dios que el luminoso ejemplo del Cardenal Posadas Ocampo sea estímulo y aliento para todos y, en especial, para cuantos continúan la obra de evangelización a la que el digno Purpurado dedicó toda su vida. Que el Señor, Príncipe de la Paz, inspire en los corazones sentimientos de concordia y armonía para que no se repitan actos de injustificable violencia, que ofenden la pacífica convivencia y la tradición cristiana del noble pueblo mexicano.
Sobre cuantos participan en la Celebración Eucarística por el eterno descanso de nuestro querido hermano, sacerdote y obispo Juan Jesús, y de las demás víctimas, invoco la asistencia divina para que, en estos momentos de dolor, reciban consuelo por tan irreparable pérdida. Quiero, asimismo, expresar mi particular cercanía a los familiares del Señor Cardenal, a los Obispos Auxiliares, a los sacerdotes y religiosos que con él colaboraron fielmente en el servicio al pueblo de Dios. Expreso igualmente mi más sentido pésame a los familiares de los otros fallecidos. A todos los presentes, a mis queridos Hermanos en el Episcopado, a las dignas Autoridades de la Nación y al pueblo cristiano de Guadalajara y de México, imparto la Bendición Apostólica, como signo de esperanza en Cristo Resucitado.
Vaticano, 27 de mayo de 1993 JOANNES PAULUS PP. II”.
Dios Padre todopoderoso. Señor Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre.
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros, porque sólo Tú eres santo, sólo Tú, Señor, sólo Tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.

La Iglesia da gracias por todas las mujeres y por cada una: por las madres, las hermanas, las esposas; por las mujeres consagradas a Dios en la virginidad; por las mujeres dedicadas a tantos y tantos seres humanos que esperan el amor gratuito de otra persona; por las mujeres que velan por el ser humano en la familia, la cual es el signo fundamental de la comunidad humana; por las mujeres que trabajan profesionalmente, mujeres cargadas a veces con una gran responsabilidad social; por las mujeres «perfectas» y por las mujeres «débiles». Por todas ellas, tal como salieron del corazón de Dios en toda la belleza y riqueza de su femineidad, tal como han sido abrazadas por su amor eterno; tal como, junto con los hombres, peregrinan en esta tierra que es «la patria» de la familia humana, que a veces se transforma en «un valle de lágrimas». Tal como asumen, juntamente con el hombre, la responsabilidad común por el destino de la humanidad, en las necesidades de cada día y según aquel destino definitivo que los seres humanos tienen en Dios mismo, en el seno de la Trinidad inefable.
La Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del «genio» femenino, aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad; manifiesta su gratitud por todos los frutos de santidad femenina.
La Iglesia pide, al mismo tiempo, que estas inestimables «manifestaciones del Espíritu» (cf. 1Cor 12, 4ss), que con grande generosidad han sido dadas a las «hijas» de la Jerusalén eterna, sean reconocidas debidamente, valorizadas, para que redunden en común beneficio de la Iglesia y de la humanidad, especialmente en nuestros días. (...) la Iglesia ora para que todas las mujeres se hallen de nuevo a sí mismas en este misterio, y hallen su «vocación suprema».
De la Carta “La Dignidad de la Mujer”, N. 31

7, 8 y 9: Lunes, Martes y Miércoles
CAPILLA DEL SAGRADO CORAZÓN, Las Pintas
MADRE MISIONERA Y REINA DE LOS MEXICANOS
SAN MARTÍN DE LAS FLORES
SANTIAGO APÓSTOL, Col. Oblatos
NUESTRA SEÑORA DE SANTA ANITA
LA CRUCITA, San Martín de Porres
SEÑOR DE ESQUIPULAS, Buenavista
VIRGEN DE GUADALUPE, Zapotitán de Hidalgo SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, Huaxtla
10, 11 y 12: Viernes, Jueves y Sábado
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, Tesistán
SAN JOSÉ DE LOS POETAS
SAN FRANCISCO, Zoquipan
EL EXPIATORIO
SANTA CRUZ DE JESÚS Y MARÍA
SAN MATEO, Santa Cecilia
VIRGEN DE GUADALUPE, El Salto
SAN ANTONIO MATUTE
INMACULADA CONCEPCIÓN, Ameca


Boletín semanal de la Arquidiócesis de Guadalajara, A.R. Tiraje de 200,000 a 300,000. $40.00 ciento
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