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Hoja Parroquial 53 - 2017

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La Sagrada Familia

Hoy celebramos la festi vidad de la Sagrada Familia. Es poco lo que sabemos de cómo fue la experiencia de José, María y Jesús, aunque podemos deducirla por los conocimientos del con texto social y familiar del judaísmo del siglo primero.

Sin embargo, más valioso que esos detalles concretos propios de una situación social hoy desaparecida, es constatar de qué manera Jesús hizo toda su prepara ción mesiánica dentro de un hogar; ni siquiera concurrió a las escuelas rabínicas de Jerusa lén, como pudo hacerlo Pablo...

Y, sin embargo, en aquel centro humilde de trabajo, de meditación y de sabiduría –como señala Lucas–aprendió a ser hombre y se preparó para la delicada misión que se le había confiado.

En fin: la familia representa el primer modelo de sociedad que el niño percibe. Si este modelo es «bueno», es decir, si es armónico y fuente de gozo, sabrá enfrentarse con la gran sociedad con un espíritu positivo y constructor, sabiendo apoyarse en los padres hasta que sepa caminar solo. Si, en cambio, el modelo es «malo», tendrá que afrontar la vida con un tremendo bache en su personalidad, con un vacío, en cierta forma, irreparable...

Quizá baste esta sola consideración para que nos propongamos hacer de nuestras familias un centro de promoción de las nuevas generaciones...

La familia es el primer y fundamental medio en el que la persona toma conciencia de que no está sola, sino de que su vida está íntimamente ligada a otros seres. Así el niño descubre que hay mamá y hay papá; también hay hermanos, tíos y abuelos; hay varón y hay mujer; hay fuertes y débiles, sanos y enfermos; hay diversidad de temperamentos y puntos de vista distintos...

También la familia es la primera comunidad cristiana en la que los hijos deben experimentar su pertenencia a la Iglesia, considerada como la gran familia de Dios. La familia crea, así, un modelo de relación humana, un esquema de grupo social, no tanto por una instrucción teórica, cuanto por la misma vida y experiencia familiar. Todo lo cual pone de relieve, una vez más, la importancia que tiene para la Iglesia la pastoral familiar, la cual reconozce el papel activo que la familia tiene en la educación de los hijos y en la instauración de una sociedad más sana y justa.

Pidamos a Dios, nuestro Padre, que la Sagrada Familia nos enseñe cómo hemos de buscar siempre y por encima de todo su voluntad; que nuestras familias se mantengan siempre unidas por los lazos del respeto, la comprensión y el amor.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, que te dignaste dejarnos el más perfecto ejemplo en la Sagrada Familia de tu Hijo, concédenos benignamente que, imitando sus virtudes domésticas y los lazos de caridad que la unió, podamos gozar de la eterna recompensa en la alegría de tu casa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo...

SALMO RESPONSORIAL

104, 1-2, 3-4, 5-6, 8-9

R. El Señor nunca olvida sus promesas. Aclamen al Señor y denle gracias, relaten sus prodigios a los pueblos. Entonen en su honor himnos y cantos, celebren sus portentos.

R. El Señor nunca olvida sus promesas. Del nombre del Señor enorgullézcanse y siéntase feliz el que lo busca. Recurran al Señor y a su poder y a su presencia acudan.

R. El Señor nunca olvida sus promesas. Recuerden los prodigios que Él ha hecho, sus portentos y oráculos, descendientes de Abraham, su servidor, estirpe de Jacob, su predilecto.

R. El Señor nunca olvida sus promesas. Ni aunque transcurran mil generaciones, se olvidará el Señor de sus promesas, de la alianza pactada con Abraham, del juramento a Isaac, que un día le hiciera.

R. El Señor nunca olvida sus promesas.

ACLAMACIÓN

ANTES DEL EVANGELIO

Heb 1, 1-2

R. Aleluya, aleluya. En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo. R. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Lectura del libro del Génesis 15, 1-6; 21, 1-3

En aquel tiempo, el Señor se le apareció a Abraham y le dijo: “No temas, Abraham. Yo soy tu protector y tu recompensa será muy grande”. Abraham le respondió: “Señor, Señor mío, ¿qué me vas a poder dar, puesto que voy a morir sin hijos? Ya que no me has dado descendientes, un criado de mi casa será mi heredero”. Pero el Señor le dijo: “Ese no será tu heredero, sino uno que saldrá de tus entrañas”. Y haciéndolo salir de la casa, le dijo: “Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes”. Luego añadió: “Así será tu descendencia”. Abraham creyó lo que el Señor le decía, y por esa fe, el Señor lo tuvo por justo. Poco tiempo después, el Señor tuvo compasión de Sara, como lo había dicho y le cumplió lo que le había prometido. Ella concibió y le dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios había predicho. Abraham le puso por nombre Isaac al hijo que le había nacido de Sara. Palabra de Dios.

Lectura de la primera carta a los hebreos 11, 8. 11-12. 17-19

Hermanos: Por su fe, Abraham, obediente al llamado de Dios, y sin saber a dónde iba, partió hacia la tierra que habría de recibir como herencia. Por su fe, Sara, aun siendo estéril y a pesar de su avanzada edad, pudo concebir un hijo, porque creyó que Dios habría de ser fiel a la promesa; y así, de un solo hombre, ya anciano, nació una descendencia, numerosa como las estrellas del cielo e incontable como las arenas del mar. Por su fe, Abraham, cuando Dios le puso una prueba, se dispuso a sacrificar a Isaac, su hijo único, garantía de la promesa, porque Dios le había dicho; De Isaac nacerá la descendencia que ha de llevar tu nombre. Abraham pensaba, en efecto, que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos; por eso le fue devuelto Isaac, que se convirtió así en un símbolo profético. Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22. 39-40

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la Ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la Ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la Ley, un par de tórtolas o dos pichones. Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la Ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo: “Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías

Padre misericordioso, haz que, reanimados con este sacramento celestial, imitemos constantemente los ejemplos de la Sagrada Familia, para que, superadas las aflicciones de esta vida, consigamos gozar eternamente de su compañía. Por Jesucristo, nuestro Señor. Continúa en Pág. 3

La Profesión de nuestra

Fe

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por Quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del Cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras; y subió al Cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”. El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”. Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con Él. Palabra del Señor.

Tradiciones del Año Nuevo

Hemos llegado al final de un Año, estamos en el umbral de uno nuevo. En medio de las festividades sociales, los Católicos tenemos por lo menos cuatro costumbres o tradiciones que podemos realizar en nuestro entorno familiar para celebrar:

Cena de Año Nuevo

Al rededor de la mesa, antes de la cena de Año Nuevo, podemos hacer una breve oración de acción de gracias y pedir la bendición de Dios sobre nuestra familia.

Visitar al Santísimo en el templo

Algunos templos, sino la mayoría, permanecen abiertos el último

Gloria

Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos; te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial,

Dios Padre todopoderoso. Señor Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre. Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende a nuestra súplica;

día del año, por la gran devoción de muchas familias de visitar el templo para dar gracias a Dios. Así, frente al Santísimo, en silencio, cada quien agradece a Dios y pide lo que necesita.

Propósitos de Año Nuevo

Al terminar e iniciar un Año Nuevo se siente el impulso de cambiar de vida, de empezar bien el año, de dejar malas costumbres, cumplir deberes que hemos dejado, y renovar la vida, acercándonos más a Dios.

Misa de Año Nuevo

La Misa de Año nuevo, es la forma cristiana por excelencia, familiar, para celebrar el Año Nuevo.

Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres santo, sólo Tú, Señor, sólo Tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.

¡Quédate,

Señor, conmigo!

(Plegaria del Padre Pío para después de la Comunión)

Has venido a visitarme, como Padre y como Amigo.

Jesús, no me dejes solo.

¡Quédate, Señor, conmigo!

Por el mundo envuelto en sombras voy errante peregrino.

Dame tu luz y tu gracia.

¡Quédate, Señor, conmigo!

En este precioso instante abrazado estoy contigo. Que esta unión nunca me falte.

¡Quédate, Señor, conmigo!

Acompáñame en la vida. Tu presencia necesito. Sin Ti desfallezco y caigo.

¡Quédate, Señor, conmigo!

Declinando está la tarde. Voy corriendo como un río al hondo mar de la muerte.

¡Quédate, Señor, conmigo!

En la pena y en el gozo sé mi aliento mientras vivo, hasta que muera en tus brazos.

¡Quédate, Señor, conmigo!

Liceo 17, Guadalajara, Jal. Tel.: 3942-4305 aDministraCión: Pbro. Enrique González• Alcalde 294, Guad., Jal. Tel. 3614-2746 Jubileo CirCular

DireCtor resPonsable: Pbro. Adalberto González González reDaCCión: Pbro. Alberto Ávila / Pbro. Juan Javier Padilla

4, 5 y 6: Jueves, Viernes y Sábado

NTRA. SRA. DE GUADALUPE, Tlaquepaque

NTRA. SRA. DE SAN JUAN DE LOS LAGOS, Tlaquepaque

LA PURIFICACIÓN DE MARÍA

SAN MIGUEL ARCÁNGEL, Arroyo Hondo

MARÍA MADRE DE LA MISERICORDIA

LA ASUNCIÓN, Ahuisculco

NTRA. SRA. DE LA NATIVIDAD, Cuxpala

SANTA MARTA, Polanco

Consulta la Hoja Parroquial: www.arquidiocesisgdl.org.mx/publicaciones/hojaparroquial Diseño e imPresión: Centro Católico de Comunicaciones. Tels. 3002-6470 • 3002-6471

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