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uando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos”. Estamos tratando de cerrar el año y como todo lo que termina, nosotros, también algún día terminaremos nuestra carrera en este mundo. Por eso, el tiempo del Adviento es una advertencia, serena pero segura de que el tiempo apremia. Nuestro deber y actitud es, sin duda, estar preparados. Pero en verdad ¿creemos que el Señor vendrá y hará un juicio del mundo? Este tiempo, en las cercanías de fin del calendario, es preciso ensayar nuestras respuestas para cuando llegue el fin.
Los profetas advierten.
En toda la Biblia encontramos que algunos hombres al servicio de Dios, aparecen preparando el tiempo. Tanto cuando son tiempos malos, para que la gente no se desespere y se anime ante tanto sufrimiento y contrariedades. Pero también en los tiempos de bonanza, para cuidar que no nos confiemos; que siempre sembremos actitudes previsoras para como dice el dicho pueblerino: “tantearle el agua a los camotes”. Es decir, discurrir para tener cambios de actitudes como en cada fin de año para provocar la revisión y ensayar nuevos comportamientos para mejorar.
“La noche está avanzada, el día se encima”. Habrá que distinguir entre los tiempos buenos, los regulares y los malos y tomar las previsiones convenientes, en los diversos niveles de nuestra vida; la familia, lo profesional... Buscar disposición para ser más congruentes en nuestras creencias religiosas. “La salvación está cerca” advierte San Pablo en la Carta a los Romanos. Por lo tanto “nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas... El Adviento sugiere cambios importantes, necesarios según sea el “pié del cual cojeamos”.
“Sobre advertencia no hay engaño”. Los últimos párrafos del Evangelio de Mateo, que este domingo leemos, invitan a revisarnos con pulcritud y conciencia. No sabemos ni el día ni la hora, ni para quienes es el primer turno o el último. La fuerza de la Palabra de Jesús es suficientemente clara y previsora. La predicación de Jesús es previsora. “Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el
arca; y cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos.”
Un discurso escatológico. Es este un nombre extraño, el que usan los especialistas para describir cuando el Señor Jesús habló de los preparativos para un final acorde a nuestras creencias. Pero es, sobre todo, advertencia para tomar actitudes convincentes de nuestra esperanza. Este domingo que inaugura el Adviento, que pone ante nuestros ojos meditativos esa venida de Dios a nuestras vidas; debiera ser la ocasión para mejorar nuestra vida.

Concede a tus fieles, Dios todopoderoso, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene a nosotros, para que, mediante la práctica de las buenas obras, colocados un día a su derecha, merezcamos poseer el Reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo...
Sal 121, 3-4ab, 4cd, 6-7, 8-9
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
¡Qué alegría sentí, cuando me dijeron: “Vayamos a la casa del Señor”! Y hoy estamos aquí, Jerusalén, jubilosos, delante de tus puertas.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
A ti, Jerusalén, suben las tribus, las tribus del Señor, según lo que a Israel se le ha ordenado, para alabar el nombre del Señor.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Digan de todo corazón: “Jerusalén, que haya paz entre aquellos que te aman, que haya paz dentro de tus murallas y que reine la paz en cada casa”.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Por el amor que tengo a mis hermanos, voy a decir: “La paz esté contigo”. Y por la casa del Señor, mi Dios, pediré para ti todos los bienes.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
Sal 84, 8
R. Aleluya, aleluya. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
R. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te pedimos, Señor, que nos aprovechen los misterios en que hemos participado, mediante los cuales, mientras caminamos en medio de las cosas pasajeras, nos inclinas ya desde ahora a anhelar las realidades celestiales y a poner nuestro apoyo en las que han de durar para siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Lectura del libro del profeta Isaías 2, 1-5 Visión de Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y Jerusalén: En días futuros, el monte de la casa del Señor será elevado en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas y hacia él confluirán todas las naciones.
Acudirán pueblos numerosos, que dirán: “Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor”.
El será el árbitro de las naciones y el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra.
¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor. Palabra de Dios.
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 13, 11-14
Hermanos: Tomen en cuenta el momento en que vivimos. Ya es hora de que se despierten del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, la obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz.
Comportémonos honestamente, como se hace en pleno día. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujurias ni desenfrenos, nada de pleitos ni envidias. Revístanse más bien, de nuestro Señor Jesucristo y que el cuidado de su cuerpo no dé ocasión a los malos deseos. Palabra de Dios.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 24, 37-44
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo’ del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y sé casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada. Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”. Palabra del Señor.
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por Quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del Cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras; y subió al Cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.
La Corona de Adviento

Hoy inicia el Adviento. Un símbolo que nos recuerda este tiempo litúrgico es La Corona de Adviento, es una antigua tradición que los fieles cristianos celebran durante las cuatro semanas antes de la Navidad. Este período es considerado como un tiempo de preparación espiritual para la llegada de Cristo.
A continuación, mostramos los símbolos que conforman la tradicional Corona de Adviento:
• Corona de forma circular: El círculo representa el amor de Dios, debido a que no tiene principio ni fin.
• Cuatro Velas: Son tres velas moradas, que simbolizan el tiempo de penitencia y conversión, y una de color rosado, que representa la alegría de la llegada de Jesucristo.
• Manzanas Rojas: Representan el fruto prohibido del jardín del Edén.
• Listón Rojo: Simboliza el amor de Dios y nuestro amor hacia Él.
• Recuerda que la Corona de Adviento debe ir acompañada por lecturas bíblicas y oraciones de los fieles.
• Ramas Verdes: Verde representa la esperanza y la vida.
28, 29 y 30: Lunes, Martes y Miércoles
LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN
MADRE SANTÍSIMA DE LA LUZ
STA. TERESITA DEL NIÑO JESÚS
LA DIVINA PROVIDENCIA, Toluquilla
NTRA. SRA. DE LOS DOLORES, Polanco
LOS SANTOS REYES, Cajititlán
NTRA. SRA. DEL CARMEN, Chapala
EL ESPÍRITU SANTO, La Loma

Auditorio Charles Chaplin, Parroquia Jesús Mtro y Ntra. Sra. de los Remedios
Más información en periódico “El Semanario” y en
/ FicValores
1, 2 y3: Jueves, Viernes y Sábado
SANTA CRUZ DEL VALLE
SAN MARTÍN DE PORRES, Col. Cinco de Mayo
LOS DOCE APÓSTOLES
SAN SEBASTIANITO
MADRE ADMIRABLE, El Salto
SAN JOSÉ, Milpillas de Allende
JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO, Crucero de la Mesa
CRISTO REY, Arroyo Hondo





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