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Hojita 33

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«Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?»

En el evagelio de hoy, se presenta a Jesús caminando sobre las aguas, todo parecería más fácil si su presencia frente a nuestra barca –y frente a la barca del mundo y, frente a la barca de la Iglesia– fuese una presencia más clara, fuera un empujón que resolviera nuestros problemas de golpe; pero resulta que no. La presencia y la compañía de Jesús no es ningún empujón que lo arregle todo: es una presencia suave, misteriosa, humana. Es una presencia semejante a la presencia de Dios que hemos oído en la primera lectura –esa lectura también poética, llena de belleza–. Una presencia que no es un viento huracanado que agrieta los montes, ni un terremoto que rompa los peñascos, ni un fuego que lo arrase todo. Sino que es la presencia de un susurro: la presencia del amigo que acompaña y ofrece la mano.

amistad, y sostienen nuestro camino incluso cuando el viento contrario nos impide avanzar y parece que no hay solución. Una invitación a creer, una invitación a escuchar las palabras que el mismo Señor nos transmitía en el salmo que hemos recitado: “Dios anuncia la paz. La salvación está cerca de sus fieles”. Y una invitación a orar, a aprender a orar. La oración es ponerse ante el Padre, ponerse ante Jesús y presentarle nuestra realidad, nuestras ilusiones y nuestros desencantos, nuestras pobrezas y nuestras esperanzas. Las nuestras y las de la gente que tenemos a nuestro alrededor, y las del mundo entero. Y así, con sencillez, sin necesidad de grandes razonamientos, como el que se dirige a un amigo verdadero, manifestarle nuestra esperanza en Él, nuestra confianza en su amor, nuestros deseos de que permanezca en nosotros y en todos los hombres.

Todo esto es importante para nosotros. Es como una invitación a reforzar nuestra relación con Dios, nuestra relación con Jesús. Y es, sobre todo, una invitación a creer y a orar.

Una invitación a creer que, en verdad, Dios, nuestro Padre y Jesucristo están ahí, junto a nosotros, junto a nuestra barca. Están ahí, ofreciendo su compañía y su

Lo importante es saber gritar como Pedro: “Señor, sálvame”. Saber levantar hacia Dios nuestras manos vacías, no sólo como gesto de súplica sino también de entrega confiada de quien se sabe pequeño, ignorante y necesitado de salvación.

No olvidemos que la fe es “caminar sobre agua”, pero con la posibilidad de encontrar siempre esa mano que nos salva del hundimiento total.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, a quien, guiados por el Espíritu Santo, invocamos con el nombre de Padre, intensifica en nuestros corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que merezcamos entrar en posesión de la herencia que nos tienes prometida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

SALMO

RESPONSORIAL

84, 9ab-10. 11-12. 13-14

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto. La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas.

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Sal 129, 5

R. Aleluya, aleluya. Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra.

R. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

La comunión de tus sacramentos que hemos recibido, Señor, nos salven y nos confirmen en la luz de tu verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a

Al llegar al monte de Dios, el Horeb, el profeta Elías entró en una cueva y permaneció allí. El Señor le dijo: "sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar".

Así lo hizo Elías, y al acercarse el Señor, vino primero un viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo después un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Luego vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva. Palabra de Dios.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los romanos 9, 1-5

Hermanos: Les hablo con toda verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu Santo, que tengo una infinita tristeza y un dolor incesante tortura mi corazón. Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas, a quienes pertenecen la adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Ellos son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la carne, nació Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén. Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio

según san Mateo 14, 22-33

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba Él solo allí. Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: "¡es un fantasma!" Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: "tranquilícense y no teman. Soy yo".

Entonces le dijo Pedro: "Señor, si eres Tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua". Jesús le contestó: "ven". Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: "¡sálvame, Señor!". Inmediatamente, Jesús

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La Profesión de nuestra Fe

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por Quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del Cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras; y subió al Cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: "hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?". En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: "Verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios". Palabra del Señor.

15 de Agosto Fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María

El Papa Pío XII declaró el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen en cuerpo y alma al Cielo el día 1 de noviembre de 1950.

Lo hizo desde el atrio exterior de San Pedro Vaticano, rodeado de 36 Cardenales, 555 Patriarcas, Arzobispos y Obispos, de un gran número de dignatarios eclesiásticos y de una muchedumbre entusiasmada, de aproximadamente un millón de personas. Definió así solemnemente, con su suprema autoridad, este dogma mariano.

Éstas fueron las palabras con que definió este Dogma, tomadas de la Bula Munificentissimus Deus:

“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la

Gloria

Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos; te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial,

Dios Padre todopoderoso. Señor Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre. Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende a nuestra súplica;

gloria de la misma augusta Madre y, para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres santo, sólo Tú, Señor, sólo Tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.

Los Siete Pecados Capitales

Los pecados capitales son la clasificación que hace el cristianismo sobre los vicios en que pueden caer las personas. La palabra capital no hace referencia a que el pecado sea de mayor importancia, sino a que éstos son el origen del resto de los pecados, tal y como lo afirmó Santo Tomás de Aquino (I-II:84:4).

¿Cuáles son los siete pecados capitales?

1. Soberbia.

2. Avaricia.

3. Lujuria.

4. Ira.

5. Gula.

6. Envidia.

7. Pereza.

El ángel de la guarda

El catecismo nos recuerda que Dios nos asigna a un ángel guardián desde el momento mismo de nuestra concepción, un espíritu puro que hará lo posible para que avancemos en nuestro camino al cielo, pero sin violentar nuestra libertad. No tienen relación con el alma de quienes ya han muerto. Los ángeles existen, con su jerarquía, su bondad, su servicio a la misión de salvación y su gloria continuada a la Trinidad y a María. Ellos forman parte de la piedad.

Jubileo CirCular

14, 15 y 16: Lunes, Martes y Miércoles

NTRA. SRA. DEL PUEBLITO

SANTA MÓNICA

SEÑOR DE LA ASCENSIÓN, Huentitán el Bajo

SEÑOR DE LOS MILAGROS, Col. CTM

CRISTO DEL ROMERAL

NTRA. SRA. DE GUADALUPE, Ameca LA PURÍSIMA, Santa Ana Tepetitlán

NTRA. SRA. DEL ROSARIO, Villa Corona

17, 18 y 19: Jueves, Viernes y Sábado

SAN JOSÉ, Río Verde

SAN JOSÉ ARTESANO

JESÚS MAESTRO

NTRA. SRA. DE GUADALUPE, El Tapatío

SAN MARTÍN DE PORRES, La Huerta

SEÑOR DE LA ASCENSIÓN, Teuchitlán

NTRA. SRA. DE GUADALUPE, La Primavera

VIRGEN DE GUADALUPE, La Ermita

DireCtor resPonsable: Pbro. Adalberto González González reDaCCión: Pbro. Alberto Ávila / Pbro. Juan Javier Padilla

Liceo 17, Guadalajara, Jal. Tel.: 3942-4305 aDministraCión: Pbro. Enrique González• Alcalde 294, Guad., Jal. Tel. 3614-2746

Consulta la Hoja Parroquial: www.arquidiocesisgdl.org.mx/publicaciones/hojaparroquial Diseño e imPresión: Centro Católico de Comunicaciones. Tels. 3002-6470 • 3002-6471

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