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Hoja Parroquial 2 -2018

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«¡Hemos encontrado al Mesías!»

H¡emos encontrado al Mesías! Fueron las palabras de Andrés al conocer a Jesús; el evangelio de hoy nos habla del encuentro de Juan el Bautista y sus discípulos con Jesús. Podríamos decir que, más que encontrar a Jesús, se trata de dejarse encontrar por Él. Y la mejor disposición es una actitud de búsqueda sincera del bien y la verdad. Si nosotros nos mantenemos abiertos al bien y a la verdad, podremos esperar que Jesús, a través de su Espíritu, no deje de hacerse presente en nuestra vida en forma de paz, de gozo, de fortaleza, de capacidad para amar y perdonar... Podremos esperar también que, en más de una ocasión, en la fe, nos haga experimentar la certeza de su presencia, la certeza de que aquellos dones vienen de Él. Escuchar su voz significará discernir en cada situación, bajo la acción del Espíritu, lo que es más cercano al evangelio, a las opciones mayores del Reino; como son la confianza en el Padre del cielo, el respeto y el amor incondicional a los demás, la consideración por los pobres, la paz, la solidaridad, etc.

La Iglesia, lugar del encuentro con Jesús. Significa que la Iglesia es sacramento. Ella es la encargada de hacer presente a Jesús entre los hombres. Es en ella, que se ha conservado viva la memoria de Jesús, en la vida concreta de sus comunidades, los hombres podrán reconocer a Jesús y cuanto Él significa para nosotros. Pero esto sólo será posible en la medida en que escuchemos su palabra, seamos tocados por su Espíritu y vivamos en su presencia. La Iglesia debería poder decir, como Jesús: "Venid y lo veréis". Su palabra debería poder limitarse a dar razón de lo que le hace vivir, del fundamento de su esperanza. ¿Qué sucede cuando nos encontramos con Jesús?, lo primero

es un cambio profundo de la existencia, como el que tuvo lugar en los apóstoles, a raíz del encuentro con el Resucitado y que en el evangelio de hoy vemos reflejado en Simón; incluso en el cambio de nombre. El que realmente se ha encontrado con Jesús se convierte en un hombre nuevo a imagen de Jesús. Como decía Pablo VI, ¿acaso existe otro modo de comunicar la fe, que el de comunicar las propias experiencias? ¿Sólo el que ha visto a Dios tiene derecho a hablar de Él?

La Eucaristía es el gran encuentro con Jesús y con los hermanos, Jesús se hace presente entre nosotros. Que cada vez que celebremos la Eucaristía, este encuentro con Jesús nos ayude a descubrir y a vivir su presencia a lo largo de la vida.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que gobiernas los cielos y la tierra, escucha con amor las súplicas de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo...

SALMO RESPONSORIAL

39, 2abc. 4ab. 7-8a. 8b-9. 10cd. 11cd

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Esperé en el Señor con gran confianza; Él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias. Él me puso en la boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios.

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Sacrificios y ofrendas no quisiste, abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. No exigiste holocaustos por la culpa, así que dije: “Aquí estoy”.

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

En tus libros se me ordena hacer tu voluntad; esto es, Señor, lo que deseo: tu Ley en medio de mi corazón.

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

He anunciado tu justicia en la gran asamblea; no he cerrado mis labios, Tú lo sabes, Señor.

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

ACLAMACIÓN

ANTES DEL EVANGELIO

Jn 1, 41. 17

R. Aleluya, aleluya. Hemos encontrado a Cristo, el Mesías. La gracia y la verdad nos han llegado por Él. R. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19 En aquellos días, el joven Samuel servía en el templo a las órdenes del sacerdote Elí. Una noche, estando Elí acostado en su habitación y Samuel en la suya, dentro del santuario donde se encontraba el Arca de Dios, el Señor llamó a Samuel y éste respondió: “Aquí estoy”. Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: “Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?”. Respondió Elí: “Yo no te he llamado. Vuelve a acostarte”. Samuel se fue a acostar. Volvió el Señor a llamarlo y él se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: “Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?”. Respondió Elí: “No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte”.

Aún no conocía Samuel al Señor, pues la palabra del Señor no le había sido revelada. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel; éste se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: “Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?”. Entonces comprendió Elí que era el Señor quien llamaba al joven y dijo a Samuel: “Ve a acostarte, y si te llama alguien, responde: ‘Habla, Señor; tu siervo te escucha’”.Y Samuel se fue a acostar. De nuevo el Señor se presentó y lo llamó como antes: “Samuel, Samuel”. Éste respondió: “Habla, Señor; tu siervo te escucha”. Samuel creció y el Señor estaba con él. Y todo lo que el Señor le decía, se cumplía. Palabra de Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios 6, 13c-15a. 17-20

Hermanos: El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor; y el Señor, para santificar el cuerpo. Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder. ¿No saben ustedes que sus cuerpos son miembros de Cristo? Y el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con Él. Huyan, por tanto, de la fornicación. Cualquier otro pecado que cometa una persona, queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo. ¿O es que no saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que han recibido de Dios y habita en ustedes? No son ustedes sus propios dueños, porque Dios los ha comprado a un precio muy caro. Glorifiquen, pues, a Dios con el cuerpo. Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: “Este es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?”. Ellos le contestaron: “¿Dónde vives, Rabí?”. (Rabí significa “maestro”).

Infúndenos, Señor, el espíritu de tu caridad, para que, saciados con el Pan del cielo, vivamos siempre unidos en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Continúa en Pág. 3

La Profesión de nuestra Fe

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por Quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del Cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras; y subió al Cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

Él les dijo: “Vengan a ver”. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías” (que quiere decir “el Ungido”). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás” (que significa Pedro, es decir “roca”). Palabra del Señor.

17 de enero

Bendición de los animales

Bendecir a los animales domésticos es una tradición que comienza durante el inicio de la Época colonial, impulsada por los frailes franciscanos. Esta tradición se celebra cada 17 de enero, que corresponde al día de san Antonio Abad. La tradición trata de recordar el equilibrio que debe existir entre el hombre y la naturaleza, en este caso específico con los animales.

Según sus biógrafos, San Antonio Abad, en medio de la vida austera que llevó pudo descubrir la sabiduría y el amor divinos a través de observar a la naturaleza.

De esa revelación, San Antonio Abad, adquirió la costumbre de bendecir a los animales y a las plantas. Después de su muerte, San Antonio Abad fue invocado como protector de los animales domésticos.

La tradición traída por los franciscanos se extendió por todo el país y es así como cada 17 de enero los fieles se dirigen a la iglesia con su animal preferido para que éste sea bendecido.

Los animalitos son adornados con listones y flores o con alguna indumentaria que su dueño considera propia para recibir la bendición.

Semana de oración por los cristianos

Del 18 al 25 de enero

La «Semana de oración por la unidad de los cristianos» es una actividad eclesial que alimenta en los fieles el mismísimo deseo de unidad que Jesús tiene. En esta semana todos los que creemos en Cristo nos damos la oportunidad de avanzar en el camino de la unidad plena y visible de la Iglesia, compartimos

Gloria

Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos; te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial,

Dios Padre todopoderoso. Señor Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre.

Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende a nuestra súplica;

la fe por medio de la oración en común, ya sea en nuestra Iglesia, y/o con fieles de otras confesiones cristianas que también albergan en su corazón el anhelo de unidad y de paz que Dios quiere para su familia. La celebración de la Semana de Oración por la Unidad de los Cris tianos es una conmemoración

Continúa en Pág. 4

Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres santo, sólo Tú, Señor, sólo Tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.

anual que dio inicio en Nueva York gracias a una iniciativa de la Iglesia Episcopal en 1908. Diez años antes, Paul James Wattson, —un sacerdote de la Iglesia Episcopal— con Lurana Mary White —también episcopal— fundó las Congregaciones Franciscanas, que forman hasta hoy la Sociedad de la Reconciliación. Wattson fue un vigoroso defensor de la unión de las iglesias Anglicana y Católica, y enfatizó el rol que debía ejercer el Papa en la unión de los cristianos. Se acordó la celebración de esta semana que comenzó con la Fiesta de la Cátedra de Pedro (la cual era entonces, el 18 de enero) y terminó con la Fiesta de la Conversión de San Pablo (25 de enero).

El lema de la oración por la unidad de los cristianos 2018 será: “Fue tu diestra quien lo hizo, Señor, resplandeciente de poder” (Ex 15,6).

Jubileo CirCular

15, 16 y 17: Lunes, Martes y Miércoles

JESÚS SACERDOTE

SAN JOSÉ

ESPOSO FIEL

NUEVA SANTA MARÍA

DIVINO MAESTRO, Col. Villa Guadalupe

SAN JUAN DIEGO, Bosques de la Victoria

SAN FELIPE APÓSTOL, Cuquío

SANTUARIO DE GUADALUPE, Ocotlán

SAGRADO CORAZÓN, Ocotlán

18, 19 y 20: Jueves, Viernes y Sábado

NTRA. SRA. DE LOS DOLORES

SAN CARLOS LWANGA

SAN CARLOS BORROMEO

SAN VICENTE DE PAÚL

SANTA ELENA DE LA CRUZ

SEÑOR DE LA ASCENSIÓN, Jocotán

LAS CRUCES, Juchipila

SAN JOSÉ DE LAS MORAS

DireCtor resPonsable: Pbro. Adalberto González González reDaCCión: Pbro. Alberto Ávila / Pbro. Juan Javier Padilla Liceo 17, Guadalajara, Jal. Tel.: 3942-4305 aDministraCión: Pbro. Enrique González• Alcalde 294, Guad., Jal. Tel. 3614-2746

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Consulta la Hoja Parroquial: www.arquidiocesisgdl.org.mx/publicaciones/hojaparroquial Diseño e imPresión: Centro Católico de Comunicaciones. Tels. 3002-6470 • 3002-6471

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Boletín semanal de
Arquidiócesis
Guadalajara,

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