

Renovar la Fe
Las lecturas de este segundo domingo de Pascua nos invitan a renovar “nuestra fe que vence al mundo”. Una fe que es, sobre todo creer en Jesucristo, hijo de Dios que tomó carne en el seno de la Virgen Santísima, que predicó, padeció, murió y resucitó por nuestra salvación. Así como la primera comunidad vivía intensamente su fe en Cristo resucitado y daba testimonio de ella ante una sociedad pagana y gnóstica, así hoy nos corresponde dar testimonio de esa misma fe. Nos corresponde transmitir a las futuras generaciones la pureza de la doctrina y la rectitud de las costumbres.
Todo el que nace de Dios vence al mundo. En esta afirmación de la epístola de san Juan, encontramos una invitación profunda a volver a la raíz de nuestra fe. Nacer de Dios es recibir la fe, es recibir el Bautismo y con él la gracia y la filiación divina. El mundo se presenta aquí como esa serie de actitudes, comportamientos, modos de pensar y de vivir que no provienen de Dios, que se oponen a Dios. Cristo mismo había dicho a sus apóstoles: ustedes están en el mundo, pero no son
del mundo. Así pues, vencer al mundo significa “ganarlo para Dios”, significa “restaurar todas las cosas en Cristo”, piedra angular; significa valorar apropiadamente el misterio de la encarnación del Hijo de Dios. Por la Encarnación entendemos el hecho de que el Hijo de Dios haya asumido una naturaleza humana para llevar a cabo por ella nuestra salvación. En Cristo, Verbo de Dios hecho carne, nosotros los cristianos vencemos al mundo.

Así como san Juan invitaba a la comunidad primitiva a afirmar su fe en el Hijo de Dios que ha venido realmente en la carne, así hoy, nosotros estamos invitados a reafirmar nuestra fe en Cristo, en quien nosotros tenemos la salvación y el acceso al Padre, pues no hay otro nombre bajo el cual podamos ser salvados.
Es necesario amar a Dios y cumplir sus mandatos. Tratemos de descubrir en la norma moral que viene de Dios y se nos manifiesta a través de la Iglesia, no una imposición externa, sino la verdad más profunda de nuestras vidas. Aquello que nos conducirá a una plena vida cristiana, aquello que triunfará sobre el mundo.
ORACIÓN COLECTA
Dios de eterna misericordia, que reanimas la fe de este pueblo a ti consagrado con la celebración anual de las fiestas pascuales, aumenta en nosotros los dones de tu gracia, para que todos comprendamos mejor la excelencia del bautismo que nos ha purificado, la grandeza del Espíritu que nos ha regenerado y el precio de la Sangre que nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo...
SALMO
RESPONSORIAL
117, 2-4. 16ab-18. 22-24
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”. Diga la casa de Aarón: “Su misericordia es eterna”. Digan los que temen al Señor: “Su misericordia es eterna”.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo para contar lo que el Señor ha hecho. Me castigó, me castigó el Señor; pero no me abandonó a la muerte.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente. Éste es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
Jn 20, 29
R. Aleluya, aleluya.
Tomás, tú crees, porque me has visto. Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.
R. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 32-35
La multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía. Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la Resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían terrenos o casas, los vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno. Palabra de Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol
San Juan 5, 1-6
Queridos hermanos: Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios. Todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de éste. Conocemos que amamos a los hijos de Dios, en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo. Porque, ¿quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios. Jesucristo es el que se manifestó por medio del agua y de la sangre; Él vino, no sólo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Palabra de Dios.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-31
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”. Tomás, uno
Dios todopoderoso, concédenos que la gracia recibida en este sacramento pascual permanezca siempre en nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Continúa en Pág. 3
La Profesión de nuestra Fe
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre
antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por Quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del Cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras; y subió al Cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.
de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”. Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”. Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre. Palabra del Señor.
Domingo de la Divina Misericordia
Hoy celebramos la Fiesta de la Divina Misericordia. Esta fiesta fue instituida por el Papa Juan Pablo II quien, al canonizar a Santa Faustina el 30 de abril del año 2000, declaró el Segundo Domingo de Pascua (domingo posterior al de Resurrección) como el “Domingo de la Divina Misericordia”. En su homilía, el Papa pronunció las siguientes palabras:
“Así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará
Gloria
Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos; te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso. Señor Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre.
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende a nuestra súplica;
con el nombre de "Domingo de la Divina Misericordia".
Con la institución de esta Fiesta, el Papa concluyó la tarea asignada por Nuestro Señor Jesús a Santa Faustina en Polonia, 69 años atrás, cuando en Febrero de 1931 le dijo: “Deseo que haya una fiesta de la Misericordia”.
Tal y como Jesús lo deseaba, esta fiesta es enriquecida con la Indulgencia Plenaria: “El alma que acuda a la Confesión y que reciba la Santa Comunión, obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. Que ningún alma tema acercarse" (Diario 699).
Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres santo, sólo Tú, Señor, sólo Tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.
Consagración a Jesús Misericordioso
¡Oh, Jesús Misericordioso! tu bondad es infinita y los tesoros de tu gracia son inagotables. Me abandono a tu Misericordia que sobrepuja todas tus obras. Me consagro enteramente a Ti para vivir bajo los rayos de tu gracia y de tu amor que brotaron de tu corazón traspasado en la cruz.
Quiero dar a conocer tu Misericordia, por medio de las Obras de Misericordia Corporales y Espirituales, especialmente con los pecadores, consolando y asistiendo a los pobres afligidos y enfermos. Más, Tú me protegerás como cosa tuya, pues todo lo temo de mi debilidad y todo lo espero de tu Misericordia.
Que toda la humanidad comprenda el abismo insondable de tu Misericordia, a fin de que poniendo toda la esperanza en ella pueda ensalzarla por toda la eternidad. Amén.
19, 20 y 21: Lunes, Martes y Miércoles
NTRA. SRA. DE LAS ROSAS
LA MEDALLA MILAGROSA
NTRA. SRA. DEL BUEN CAMINO
NTRA. SRA. DE ALTAMIRA
SAN PASCUAL BAILÓN, Miravalle
LA VISITACIÓN, Polanco
LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN, Mpio. de Zapotlanejo
SEÑOR SAN JOSÉ, La Estanzuela
22, 23 y 24: Jueves, Viernes y Sábado
SAN GERARDO DE MAYELA, Polanco
BELÉN DE JESÚS
SAN MARTÍN DE TOURS
SANTO NIÑO DE ATOCHA, Tonalá
NTRA. SRA. DE LAS ROSAS, Lomas Independencia
NTRA. SRA. DE GUADALUPE, Atotonilquillo
SAN ANDRÉS, Mpio. de Magdalena
SAN JORGE MÁRTIR




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