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Hoja Parroquial - 20 de Marzo de 2016 - Num. 12

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La humildad nos lleva a la FELICIDAD

Al iniciar la Semana Santa, las celebraciones de este día llenan de esperanza; vemos a un Mesías en el que confía el pueblo; porque su presencia respira, amor, paciencia, sencillez. La celebración de la “Procesión de los Ramos” está en el corazón de muchos como una alegría y confianza para estar con Jesús, a pesar de que sabemos lo que pasa en la Semana Mayor. Un pastor del pueblo que es entregado a la muerte por los poderes terrenales, sufre y mucho; pero la compañía y frescura de los sencillos, que confían en Él, le conforta cuando ve venir todos los ataques de gente que no quiere creer.

el sufrimiento y sobre todo ser conscientes de la necesidad de purificarnos puesto que somos pecadores. Habrá que aprender a aceptar los momentos difíciles, y sobre saber luchar, no resignarse y salir adelante, confiados en Dios.

Hay dominadores y todavía se hacen llamar bienhechores.

El Evangelio de Lucas que leemos ampliamente en esta fiesta de los “Ramos”, es sorprendente y hay mucha tela de donde cortar para las diversas necesidades o situaciones que pasamos. Jesús se entrega voluntariamente a la muerte, pero nos deja herramientas para luchar en la vida, por eso dice “...y el que no tiene espada, que venda su manto y compre una”. Sin embargo los discípulos se equivocan al interpretar lo que dice. Nos es necesario leer despacio la biblia para entender lo que Dios quiere de nosotros.

Me cerca una banda de malhechores.

No me resistí, ni me eché para atrás. En la lectura de Isaías, el profeta se subraya una manera de ser del propio Jesús ante el sufrimiento, que ayuda sobremanera a la gente que también sufre mucho; conforta a toda persona que en ciertos momentos la está pasando mal. El sufrimiento, -nada agradable- es el camino único para vencer al mal que nos rodea y ataca de muchas formas. En el creyente hay una convicción profunda que invita a luchar: “El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes”.

No es fácil enfrentar la desdicha, el sufrimiento, la pobreza, la enfermedad; el maltrato de los demás. Es cuando la gente le grita a Dios con llanto y súplicas su dolor y le llega a decir, como el Salmo 21 que hemos repetido: “...por qué me has abandonado” Hay mucho dolor en demasiada gente, pero como lo expresa la liturgia del inicio de la Semana Mayor; hay que saber quejarse con Dios, pero al mismo tiempo saber confiar, creer, esperar.

Se rebajó, por eso Dios lo levantó. Hay caminos del creyente que son a primera vista muy difíciles, como saber aceptar también

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se hiciera hombre y padeciera en la cruz para dar al género humano ejemplo de humildad, concédenos, benigno, seguir las enseñanzas de su pasión y que merezcamos participar de su gloriosa resurrección. Él, que vive y reina contigo...

SALMO RESPONSORIAL

Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Todos los que me ven, de mí se burlan; me hacen gestos y dicen: “Confiaba en el Señor, pues que Él lo salve; si de veras lo ama, que lo libre”.

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Los malvados me cercan por doquiera como rabiosos perros. Mis manos y mis pies han taladrado, y se pueden contar todos mis huesos.

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Reparten entre sí mis vestiduras y se juegan mi túnica a los dados. Señor, auxilio mío, ven y ayúdame, no te quedes de mí tan alejado.

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

A mis hermanos contaré tu gloria y en la asamblea alabaré tu nombre. Que alaben al Señor los que lo temen. Que el pueblo de Israel siempre lo alabe.

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

ACLAMACIÓN

ANTES DEL EVANGELIO

Flp 2, 8-9

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús. Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Tú que nos has alimentado con esta Eucaristía, y por medio de la muerte de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo que la fe nos promete, concédenos, Señor, llegar, por medio de su Resurrección, a la meta de nuewstras esperanzas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4-7 En aquel entonces, dijo Isaías: “El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento.

Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado”. Palabra de Dios.

De la primera carta del apóstol San Pablo a los filipenses 2, 6-11

Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el Cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 23, 1-49 (Lectura breve)

C En aquel tiempo, el consejo de los ancianos, con los sumos sacerdotes y los escribas, se levantaron y llevaron a Jesús ante Pilato. Entonces comenzaron a acusarlo, diciendo:

S “Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación y oponiéndose a que se pague tributo al César y diciendo que Él es el Mesías rey”.

C Pilato preguntó a Jesús:

S “¿Eres Tú el rey de los judíos?”.

C Él le contestó:

╬ “Tú lo has dicho”.

C Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba:

S “No encuentro ninguna culpa en este hombre”.

C Ellos insistían con más fuerza, diciendo:

S “Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí”.

C Al oír esto, Pilato preguntó si era galileo, y al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió, ya que Herodes estaba en Jerusalén precisamente por aquellos días.

C Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, porque hacía mucho tiempo que quería verlo, pues había oído hablar mucho de Él y esperaba presenciar algún milagro suyo. Le hizo muchas preguntas, pero Él no le contestó ni una palabra. Estaban ahí los sumos sacerdotes y los escribas, acusándolo sin cesar. Entonces Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de Él, y le mandó poner una vestidura blanca. Después se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes eran enemigos.

Continúa en Pág. 3

C = Cronista S = Sinagoga ╬ = Cristo

La Profesión de nuestra Fe

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por Quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del Cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras; y subió al Cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

C Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, y les dijo:

S “Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en Él ninguna de las culpas de que lo acusan. Tampoco Herodes, porque me lo ha enviado de nuevo. Ya ven que ningún delito digno de muerte se ha probado. Así pues, le aplicaré un escarmiento y lo soltaré”.

C Con ocasión de la fiesta, Pilato tenía que dejarles libre a un preso. Ellos vociferaron en masa, diciendo:

S “¡Quita a ése! ¡Suéltanos a Barrabás!”.

C A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.Pilato volvió a dirigirles la palabra, con la intención de poner en libertad a Jesús; pero ellos seguían gritando:

S “¡Crucifícalo, crucifícalo!”.

C Él les dijo por tercera vez:

S “¿Pues qué ha hecho de malo? No he encontrado en Él ningún delito que merezca la muerte; de modo que le aplicaré un escarmiento y lo soltaré”.

C Pero ellos insistían, pidiendo a gritos que lo crucificara. Como iba creciendo el griterío, Pilato decidió que se cumpliera su petición; soltó al que le pedían, al que había sido encarcelado por revuelta y homicidio, y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.

C Mientras lo llevaban a crucificar, echaron mano a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz, detrás de Jesús. Lo iba siguiendo una gran multitud de hombres y mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por Él. Jesús se volvió hacia las mujeres y les dijo:

╬ “Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren por ustedes y por sus hijos, porque van a venir días en que se dirá: ‘¡Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado!’. Entonces dirán a los montes: ‘Desplómense sobre nosotros’, y a las colinas: ‘Sepúltennos’, porque si así tratan al árbol verde, ¿qué pasará con el seco?”.

C Conducían, además, a dos malhechores, para ajusticiarlos con Él. Cuando llegaron al lugar llamado “la Calavera”, lo crucificaron allí, a Él y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía desde la cruz: ╬ “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

C Los soldados se repartieron sus ropas, echando suertes.

C El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo:

S “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si Él es el Mesías de Dios, el elegido”.

C También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a Él, le ofrecían vinagre y le decían:

S “Si Tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”.

C Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Este es el rey de los judíos”.

C Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole:

S “Si Tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”.

C Pero el otro le reclamaba, indignado:

S “¿Ni siquiera temes Tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”.

C Y le decía a Jesús:

S “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”.

C Jesús le respondió:

╬ “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

C Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la región y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó a la mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo:

╬ “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!”.

C Y dicho esto, expiró.

[Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.]

C El oficial romano, al ver lo que pasaba, dio gloria a Dios, dici endo:

S “Verdaderamente este hombre era justo”.

C Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, mirando lo que ocurría, se volvió a su casa dándose golpes de pecho. Los conocidos de Jesús se mantenían a distancia, lo mismo que las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, y permanecían mirando todo aquello. Fin de la lectura breve.

Vivir

Inicia la Semana Santa, enmarcada, este año, por el Jubileo de la Misericordia. ¿Cómo podemos vivir los días santos en clave de misericordia? Nuestra Iglesia nos recuerda:

con las condiciones de la confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre.

Ser misericordiosos

Para no dejarnos a la deriva en los modos vivir la misericordia, la enseñanza de nuestra Iglesia nos regala las obras de misericordia: que en el capítulo 25 de Mateo, Jesús las presenta: Las obras de misericordia corporales son: visitar y cuidar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y las obras de misericordia espirituales son: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que yerra, perdonar al que ofende, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del otro, rogar a Dios por los vivos y difuntos.. Aquí se demuestra la autenticidad de nuestro ser discípulos de Jesús, de nuestra credibilidad como cristianos en el mundo actual.

Ganar indulgencia

-Se gana la indulgencia realizando una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada Catedral o en las Iglesia establecidas por el Obispo.

-Cada vez que un fiel realice personalmente una o más obras de misericordia corporales y espirituales obtendrá ciertamente la indulgencia jubilar.

-Sobre los enfermos y las personas ancianas que no pueden salir de casa: Vivir con fe y gozosa esperanza este momento de prueba, recibiendo la comunión o participando en la Santa Misa y en la oración comunitaria, también a través de los diversos medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar

Para obtener la indulgencia se debe cumplir primeramente

DIRECTOR RESPONSABLE: Pbro. Adalberto González González REDACCIÓN: Pbro. Alberto Ávila / Pbro. Juan Javier Padilla Liceo 17, Guadalajara, Jal. Tel.: 3942-4305

Acercarnos a la Confesión

El Sacramento de Reconciliación es principalmente la celebración de la acogida y la misericordia de Dios, revelada en Jesucristo. Es la restitución de la relación dañada por el pecado. Al celebrar este sacramento reconocemos nuestro pecado y el amor misericordioso de Dios que, sin dudarlo y porque nos ama, nos acoge siempre en sus brazos y nos invita a no pecar más (Cf. Jn 8,11). Sin embargo, el pecado no sólo daña la relación con Dios, sino también la relación, con nosotros mismos, con nuestros hermanos y con la creación. Por ello, el Sacramento de la Reconciliación restituye también la relación con las demás personas, incluyendo la comunidad cristiana, y nos dispone en una correcta relación con la creación y los bienes (Cf. CEC 1440; 1468; 1469).

24 horas para el Señor

Es una iniciativa que está presentada en la Misericordiae Bula de inducción del Jubileo de la Misericordia (MV Nº17). Estar 24 horas junto al Señor, orando, meditando su Palabra, cantando, compartiendo en grupos o comunidades lo que el Espíritu Santo nos va inspirando, es una experiencia

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ADMINISTRACIÓN: Pbro. Rubén Darío Rivera • Alcalde 294, Guad., Jal. Tel. 3614-2746

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