I Domingo de Cuaresma, Ciclo A 22 de febrero de 2026

Arquidiócesis de Guadalajara, A.R.
NO. 8
Fundada el 4 de junio de 1930. Registro postal: IM14-0019 INDA-04-2007-103013575500-106
![]()

Arquidiócesis de Guadalajara, A.R.
Fundada el 4 de junio de 1930. Registro postal: IM14-0019 INDA-04-2007-103013575500-106



Cuando Adán y Eva comieron del árbol de la ciencia del bien y del mal se les abrieron los ojos, no para contemplar la grandeza prometida por Satanás, sino la miseria y la desgracia de su condición rota de su propia naturaleza por el pecado original.
Mientras que el mirar de Dios fue de amor y misericordia, ellos contemplaron el desprecio y la expulsión, el odio y la venganza.
El pecado así actúa, nos hace ver



nuestras propias amarguras en el rostro de Dios; la frustración y los resentimientos nos arrebatan toda esperanza, nos hace mirar a un dios que no es Dios, una simulación que nos impide acercarnos a Él.
Dios en búsqueda
Sin embargo, al palpar nuestra humanidad y reconocer que está dañada, nos permite humildemente clamar a Dios por su salvación con un arrepentimiento que es sincero; reconocer que hemos pecado nos abre la posibilidad de experimentar el amor de Dios
a través de su misericordia. Precisamente, Jesucristo Nuestro Señor, es la expresión desbordada del amor del Padre que desea recuperarnos; de tal forma, que Él es el que asume y redime nuestros pecados desde su Cruz. Satanás, que desea corromperlo todo, ha descubierto que Cristo lo recupera todo; su poder se ha estrellado en su cruz, y el ser humano en Cristo ha comprendido que puede vencerle, no por sí mismo, sino en Cristo que repara, acompaña y glorifica la naturaleza humana.
La victoria de Cristo en el desierto es la victoria en Él de todos nosotros; su triunfo hace caer toda la parafernalia del engaño que nos permite cambiar nuestra mirada. Ya no es una mirada de horror, es la mirada que porta la luz que ilumina las tinieblas del error y nos permite descubrir la Verdad en toda su grandeza; nos descubre la bondad y belleza de Dios, de su creación y de nosotros mismos, nos permite recorrer el camino del perdón y la reconciliación, provoca la compasión y la misericordia, ya no es el odio o el resentimiento que nos hace interpretar nuestras relaciones interpersonales, sino entender que también los demás están sufriendo y necesitan la gracia y el amor de Dios.
De esta forma iniciamos nuestra vida cuaresmal, nuestros cuarenta días en el desierto, donde sólo estamos Dios y nosotros, donde el mundo, la carne y Satanás ya no pueden engañarnos más. Así, ni el mundo con todas sus vanidades y riquezas, ni con los sufrimientos de la pobreza y el hambre, ni la fama o la lisonjería podrá apartarnos del amor de Jesucristo por nosotros.




De pie
Concédenos, Dios todopoderoso, que por las prácticas anuales de esta celebración cuaresmal, progresemos en el conocimiento del misterio de Cristo, y traduzcamos su efecto en una conducta irreprochable. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vivey reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7


Sentados
Después de haber creado el cielo y la tierra, el Señor Dios tomó polvo del suelo y con él formó al hombre; le sopló en las narices un aliento de vida, y el hombre comenzó a vivir. Después plantó el Señor un jardín al oriente del Edén y allí puso al hombre que había formado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, de hermoso aspecto y sabrosos frutos, y además, en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.
La serpiente, que era el más astuto de los animales del campo que había creado el Señor Dios, dijo a la mujer: “¿Conque Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?”
La mujer respondió: “Podemos comer del fruto de todos los árboles del huerto, pero del árbol que está en el centro del jardín, dijo Dios: ‘No comerán de él ni lo tocarán, porque de lo contrario, habrán de morir’ “.
La serpiente replicó a la mujer: “De ningún modo. No morirán. Bien sabe Dios que el día que coman de los frutos de ese árbol, se les abrirán a ustedes los ojos y serán como Dios, que conoce el bien y el mal”.
La mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a la vista y codiciable, además, para alcanzar la sabiduría. Tomó, pues, de su fruto, comió y le dio a su marido, el cual también comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entrelazaron unas hojas de higuera y se las ciñeron para cubrirse. Palabra de Dios.
Del salmo 50


Sentados
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Devuélveme tu salvación, que regocija, mantén en mí un alma generosa. Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19


Sentados
Hermanos: Así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.
[Antes de la ley de Moisés ya existía el pecado en el mundo y, si bien es cierto que el pecado no se castiga cuando no hay ley, sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre aquellos que no pecaron como pecó Adán, cuando desobedeció un mandato directo de Dios. Por lo demás, Adán era figura de Cristo, el que había de venir.
Ahora bien, el don de Dios supera con mucho al delito. Pues si por el delito de un solo hombre todos fueron castigados con la muerte, por el don de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios.
Tampoco pueden compararse los efectos del pecado de Adán con los efectos de la gracia de Dios. Porque ciertamente, la sentencia vino a causa de un solo pecado y fue sentencia de condenación, pero el don de la gracia vino a causa de muchos pecados y nos conduce a la justificación.]
En efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado, con mucha mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo, aquellos que reciben la gracia sobreabundante que los hace justos.
En resumen, así como por el pecado de un solo hombre, Adán, vino la condenación para todos, así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida. Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos. Palabra de Dios.
DEL EVANGELIO Mt 4, 4
R. Aleluya, aleluya
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios. R. Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 4, 1-11




En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para sertentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer 2 De pie
y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le contestó: “También está escrito: Notentarás al Señor, tu Dios”.
Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.
Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle. Palabra del Señor.
ORACIÓN DESPUÉS
DE LA COMUNIÓN




De pie
Alimentados, Señor, de este pan celestial que nutre la fe, hace crecer la esperanza y fortalece la caridad, te suplicamos la gracia de aprender a sentir hambre de aquel que esel pan vivo y verdadero, y a vivir de toda palabra que procede de tu boca. Por Jesucristo, nuestro Señor
El primer paso en la vida cristiana es sumergirnos en un tiempo cuaresmal; el arrepentimiento comienza con el examen de conciencia que nos permite dos cosas: la primera de ellas nos revela nuestros errores, especialmente aquellos que están relacionados con nuestra comunión con Dios, con los hombres, con la creación y con nosotros mismos. La segunda de ellas es que nos permite crecer en humildad, de reconocer que estamos heridos y necesitamos ser sanados y amados. En esta etapa de la vida cristiana venimos preparándonos para la vida pascual, tal vez por ello no podemos gozar la fi esta consecutiva a la Semana Santa, probablemente porque no hayamos cultivado esa disposición interior de la mortifi cación, del sacrifi cio y de la oración. La Cuaresma nos humaniza, nos devuelve a la carne herida por la espina que nos hace descubrir nuestra debilidad, este reconocimiento de nuestro estado actual y la responsabilidad que asumimos por las consecuencias de nuestros propios actos, nos facilita disponernos a la inmensa alegría de conocer la cercanía de Dios su amor por nosotros. Ésta es la alegría pascual, cuando vivimos la verdadera libertad que es fruto de descubrirnos como hijos de Dios a través de la vida sacramental y ese encuentro íntimo con Dios.

Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos; al tercer día, resucitó de entre los muertos, subió a los Cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén
Encierta ocasión, un señor me preguntó: “Padre, ¿por qué la Iglesia se mete en política? Porque el otro día oí a un Sacerdote comentando fuertemente la grave situación actual; a mí no me parece correcto que la Iglesia se meta en política”.
Yo le respondí: “La Iglesia no sólo puede, sino que, debido a su naturaleza y a su misión, debe participar en política, porque la Iglesia tiene como tarea iluminar las realidades temporales con la luz del Evangelio, y la política es una de esas realidades temporales que necesitan ser iluminadas por el Evangelio, pero hay que aclarar que nos referimos a la política en sentido amplio, es decir, a la que se ocupa de los asuntos relacionados con la organización de una comunidad o sociedad, no a la política partidista”.
En cuanto a la relación entre la fe y la política, la Iglesia enfatiza que la fe católica no ofrece soluciones políticas concretas, pero proporciona principios éticos y morales que guían la acción política de los católicos.

Los católicos que desean participar en la vida pública deben hacerlo de acuerdo con los principios éticos y morales de su fe. Al enfatizar la importancia de la coherencia entre la fe y la acción política, así como la defensa de la dignidad humana y el bien común, la Iglesia reafirma el papel crucial de los católicos en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.
Consulta el texto completo escaneando el QR.





Director Responsable y administración: Sr. Cango. Luis Enrique Silva Álvarez · Redacción: Pbro. Octavio Ramírez · Alcalde 294, Guad., Jal. Tels. 3343875300
Consulta la Hoja Parroquial: www.arquidiocesisgdl.org.mx/publicaciones/hojaparroquial Diseño e Impresión: Centro Católico de Comunicaciones. Tels. 33 3002-6470 · 33 3002-6471 · Los anuncios que se muestran en La Hojita Parroquial son responsabilidad, única y exclusivamente, del solicitante. No nos hacemos responsables de los servicios que se publicitan.
Boletín semanal de la Arquidiócesis de Guadalajara, A.R. Tiraje de 100,000. $65.00 ciento