IV Domingo de Adviento, Ciclo A 21 de Diciembre de 2025

Arquidiócesis de Guadalajara, A.R.
NO. 51
Fundada el 4 de junio de 1930. Registro postal: IM14-0019 INDA-04-2007-103013575500-106
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Arquidiócesis de Guadalajara, A.R.
Fundada el 4 de junio de 1930. Registro postal: IM14-0019 INDA-04-2007-103013575500-106

El tiempo de Adviento, sabemos, nos prepara para celebrar el nacimiento de nuestro Salvador.
De muchas maneras Escuchar y reconocer la voz
esta voz supone, en primer término, reconocerla, descubrir que efectivamente es Dios quien nos habla. Para esto es necesario aplicar el criterio de la coherencia en el mensaje, es decir, que Dios jamás nos pedirá hacer algo malo o que dañe a los demás.
Así mismo, buscará un bien inmediato, pero, sobre todo, el bien mayor, un bien trascendente, el cual apertura el corazón a vivir la salvación y poseer el anhelo de la vida eterna.
En segundo lugar, escucharla supone reflexionar lo que se ha recibido y descubrir los alcances y responsabilidades de aceptar la propuesta divina.
Sin la reflexión, nuestra respuesta adolece de razones, mismas que son necesarias en el camino de la fe; de otra manera la fe se convierte en fideísmo o fanatismo, desviaciones en el itinerario de la fe verdadera.
Así pues, en esta ocasión, la Palabra nos invita a reconocer, reflexionar y asumir la voluntad divina como respuesta asertiva a la revelación de Dios, la cual, puede llegar a nosotros de diversas maneras. Lo que nos narra el Evangelio particularmente, nos ayuda a entender que habrá
ocasiones en las cuales no tengamos claridad de qué hacer o cómo responder a lo dispuesto por Dios para nuestras vidas, y es ahí precisamente, donde entra la apertura de la inteligencia y de la voluntad, una apertura manifestada en la recepción de la voz de Dios, la cual habla a través de la conciencia en nuestro interior.
Estar atentos a la escucha de
Y por último, asumir la voluntad de Dios, en esta voz que resuena dentro de cada uno de nosotros, se convierte a su vez en un acto de fe, pero también de amor. Y es entonces que la realización de la misión personal toma sentido; sabemos quiénes somos, nuestro papel en el gran plan de Dios y actuamos movidos a la luz del Espíritu que es quien debe guiar todo nuestro actuar.
No basta con decir que creemos sin convertir nuestra fe en acciones concretas, las cuales expresarán de manera tangible aquello en lo que decimos creer. San José se convierte en esta expresión de la fe, porque cree, y en lo que cree y ha descubierto, actúa en consecuencia. Esa, entiendo yo, es la invitación de Dios para cada uno de nosotros.




Te pedimos, Señor, que infundas tu gracia en nuestros corazones, para que, habiendo conocido, por el anuncio del ángel, la encarnación de tu Hijo, lleguemos, por medio de su pasión y de su cruz, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías 7, 10-14


Sentados
En aquellos tiempos, el Señor le habló a Ajaz diciendo: “Pide al Señor, tu Dios, una señal de abajo, en lo profundo o de arriba, en lo alto”. Contestó Ajaz: “No la pediré. No tentaré al Señor”. Entonces dijo Isaías: “Oye, pues, casa de David: ¿No satisfechos con cansar a los hombres, quieren cansar también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-connosotros”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 23


Sentados
R. Ya llega el Señor, el rey de la gloria.
Del Señor es la tierra y lo que ella tiene, el orbe todo y los que en él habitan, pues él lo edificó sobre los mares, él fue quien lo asentó sobre los ríos.
R. Ya llega el Señor, el rey de la gloria.
¿Quién subirá hasta el monte del Señor?
¿Quién podrá entrar en su recinto santo?
El de corazón limpio y manos puras y que no jura en falso.
R. Ya llega el Señor, el rey de la gloria.
Ése obtendrá la bendición de Dios, y Dios, su salvador, le hará justicia.
Ésta es la clase de hombres que te buscan y vienen ante ti, Dios de Jacob.
R. Ya llega el Señor, el rey de la gloria.
LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 1, 1-7


Sentados
Yo, Pablo, siervo de Cristo Jesús, he sido llamado por Dios para ser apóstol y elegido por él para proclamar su Evangelio. Ese Evangelio, que, anunciado de antemano por los profetas en las Sagradas Escrituras, se refiere a su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, que nació, en cuanto a su condición de hombre, del linaje de David, y en cuanto a su condición de espíritu santificador, se manifestó con todo su poder como Hijo de Dios, a partir de su resurrección de entre los muertos.
Por medio de Jesucristo, Dios me concedió la gracia del apostolado, a fin de llevar a los pueblos paganos a la aceptación de la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos, también se cuentan ustedes, llamados a pertenecer a Cristo Jesús.
A todos ustedes, los que viven en Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a la santidad, les deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor. Palabra de Dios.
DEL EVANGELIO Mt 1, 23
R. Aleluya, aleluya
He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros. R. Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 1, 18-24




Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.
Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros. Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa. Palabra del Señor.




De pie
Habiendo recibido esta prenda de redención eterna, te rogamos, Dios todopoderoso, que, cuanto más se acerca el día de la festividad que nos trae la salvación, con tanto mayor fervor nos apresuremos a celebrar dignamente el misterio del nacimiento de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.



Como parte de la preparación para la Navidad, se realizan las tradicionales posadas, una novena del 16 al 24 de diciembre en preparación para la Navidad. Esta tradición aún tiene el potencial para sumergir a toda la familia, y de manera especial a los hijos, en el misterio del nacimiento de Jesús, preparándonos con esperanza y alegría. Las posadas representan la peregrinación que realizaron María y José a Belén. Durante la noche, buscaron un lugar donde alojarse, de ahí se deriva el término “pedir posada” que luego le dio nombre a esta celebración.
¿Cómo nacieron las posadas? Éstas son de origen puramente mexicano, las cuales se han extendido a otras partes del mundo. Fue en el México colonial cuando se empezaron a celebrar las llamadas Misas de Aguinaldo, 9 días antes de la Navidad.
Dichas Misas se llevaron a cabo por primera vez en 1587, en el poblado de San Agustín Acolman, (Edo. de México), gracias a Fray Diego de Soria, prior del convento de San Agustín, con el objetivo
de evangelizar a los naturales. A éstas se fueron añadiendo festejos populares hasta dar forma a las posadas.
La invitación es a estimular a los creyentes a fortalecer cada día más estas tradiciones, las cuales, son un forma sencilla pero profunda de preparar el corazón al nacimiento de Jesús. Las posadas no son solo para los niños, sino para todo creyente que, viviendo su fe en esta expresión popular, fortalece su experiencia en el amor de Dios.

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
“Padre, ¿puedo comulgar si utilizo anticonceptivos?”
Encierta ocasión, una señora
joven me preguntó: “Padre, ¿puedo comulgar si utilizo anticonceptivos?”.
Yo le respondí: “Según nos enseña la moral católica, es inmoral el uso de métodos anticonceptivos porque alteran la naturaleza y el sentido propio del acto conyugal, un acto que debería ser expresión del amor entre los esposos, abierto a la llegada de los hijos que Dios pueda enviar”.
Según la moral católica, el uso de anticonceptivos artifi ciales es considerado un acto moralmente ilícito.
Esta enseñanza se encuentra en varios documentos del Magisterio de la Iglesia, especialmente en la encíclica Humanae Vitae, que reafirma la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la regulación de la natalidad.
Muchos esposos católicos usan anticonceptivos. Las causas de esto radican en un desconocimiento de la enseñanza católica y de los motivos de la misma.
Lo cual ocurre porque los jóvenes no han recibido una catequesis completa sobre el tema, o porque nunca se les ha enseñado que el uso de anticonceptivos es pecado mortal, o porque tras haber
escuchado una buena explicación han decidido rechazarla.
La Iglesia enseña que para que una persona pueda recibir la Comunión dignamente, debe estar en estado de gracia, lo que signifi ca no estar consciente de haber cometido un pecado grave sin haberse confesado. El uso deliberado y continuado de anticonceptivos, según la enseñanza de la Iglesia, constituye una violación grave de la ley moral natural y, por tanto, es considerado un pecado mortal.
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