III Domingo Ordinario, Ciclo A 25 de enero de 2026

Arquidiócesis de Guadalajara, A.R.
NO. 4
Fundada el 4 de junio de 1930. Registro postal: IM14-0019 INDA-04-2007-103013575500-106
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Arquidiócesis de Guadalajara, A.R.
Fundada el 4 de junio de 1930. Registro postal: IM14-0019 INDA-04-2007-103013575500-106
Aveces pensamos que para encontrarnos con Dios hay que ir a lugares especiales, vivir experiencias extraordinarias o tener una fe sin dudas.
Jesús en lo cotidiano
Pero el Evangelio de este



domingo, Mateo 4, 12-23, nos recuerda algo muy distinto: Jesús comenzó su misión en medio de la vida ordinaria. Caminó junto al lago, vio a unos pescadores en su trabajo y los llamó: “Síganme, y los haré pescadores de hombres.”



No estaban rezando ni haciendo algo “sagrado”: estaban trabajando. Y ahí, en ese instante común, Dios pasó y los invitó a algo nuevo.
Así también pasa hoy. Jesús no espera que tengas todo resuelto o que seas perfecto; pasa por tu casa, tu oficina, tu taller, tu aula…, y te mira con amor.
Para iluminar el mundo
Tal vez no escuches su voz de inmediato, pero la sentirás en una inquietud interior, en el deseo de servir mejor, en la necesidad de reconciliarte, en el impulso de ayudar. Esa es su llamada: convertir tu rutina en misión.
Ser cristiano no es dejar el mundo, sino iluminarlo. En la familia, el trabajo, la calle, todos tenemos redes que lanzar: redes de paciencia, de comprensión, de alegría y de fe.
Cada palabra buena, cada gesto amable, cada esfuerzo honesto, es una forma de pescar esperanza.
Jesús comenzó en Galilea, una tierra de mezcla, de conflictos, de cansancio. No eligió lo fácil. Eligió lo real. Porque ahí también nace la luz: en la oscuridad de nuestras luchas cotidianas.
Por eso, si sientes que tu vida anda entre prisas, dudas o preocupaciones, no pienses que estás lejos de Dios. Al contrario, quizá estás justo en el lugar donde Él quiere encontrarte.
Hoy el Señor pasa por tu rutina y te dice: “Sígueme.” No para que dejes tu vida, sino para que la vivas con más amor, con más sentido, con más fe.




Dios todopoderoso y eterno, dirige nuestros pasos de manera que podamos agradarte en todo y así merezcamos, en nombre de tu Hijo amado, abundar en toda clase de obras buenas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías 8, 23b–9, 3


Sentados
En otro tiempo el Señor humilló al país de Zabulón y al país de Ne alí; pero en el futuro llenará de gloria el camino del mar, más allá del Jordán, en la región de los paganos.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció.
Engrandeciste a tu pueblo e hiciste grande su alegría. Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar, como se alegran al repartirse el botín.
Porque tú quebrantaste su pesado yugo, la barra que oprimía sus hombros y el cetro de su tirano, como en el día de Madián. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 26
R. El Señor es mi luz y mi salvación.


Sentados
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?
R. El Señor es mi luz y mi salvación
Lo único que pido, lo único que busco es vivir en la casa del Señor toda mi vida, para disfrutar las bondades del Señor y estar continuamente en su presencia.
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía
R. El Señor es mi luz y mi salvación
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 10-13. 17


Sentados
Hermanos: Los exhorto, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos vivan en concordia y no haya divisiones entre ustedes, a que estén perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo pensar.
Me he enterado, hermanos, por algunos servidores de Cloe, de que hay discordia entre ustedes. Les digo esto, porque cada uno de ustedes ha tomado partido, diciendo: “Yo soy de Pablo”, “Yo soy de Apolo”, “Yo soy de Pedro”, “Yo soy de Cristo”. ¿Acaso Cristo está dividido? ¿Es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O han sido bautizados ustedes en nombre de Pablo?
Por lo demás, no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio, y eso, no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo. Palabra de Dios.
Mt 4, 23
R. Aleluya, aleluya
Jesús predicaba la buena nueva del Reino y curaba las enfermedades y dolencias del pueblo. R. Aleluya.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 4, 12-23




Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Ne alí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:
Tierra de Zabulón y Ne alí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: «Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos».
[Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme y los haré pescadores de hombres». Ellos inmediatamente
dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.
Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia ] Palabra del Señor.




De pie
Concédenos, Dios todopoderoso, que al experimentar el efecto vivificante de tu gracia, nos sintamos siempre dichosos por este don tuyo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
1849 El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Ha sido definido como “una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna” (San Agustín, Contra Faustum manichaeum, 22, 27; San Tomás de Aquino, Summa theologiae, 1-2, q. 71, a. 6) )
1850 El pecado es una ofensa a Dios: “Contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad que aborreces” (Sal 51, 6). El pecado se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de Él nuestros corazones. Como el primer pecado, es una desobediencia, una rebelión contra Dios por el deseo de hacerse “como dioses”, pretendiendo conocer y determinar el bien y el mal (Gn 3, 5). El pecado es así “amor de sí hasta el desprecio de Dios” (San Agustín, De civitate Dei, 14, 28). Por esta exaltación orgullosa de sí, el pecado es diametralmente opuesto a la obediencia de Jesús que realiza la salvación (cf Flp 2, 6-9). 1851 Es precisamente en la Pasión, en la que la misericordia de Cristo vencería, donde el pecado manifi esta mejor su violencia y su multiplicidad: incredulidad, rechazo y burlas por parte de los jefes y del pueblo, debilidad de Pilato y crueldad de los soldados, traición de Judas tan dura a Jesús, negaciones de Pedro y abandono de los discípulos. Sin embargo, en la hora misma de las tinieblas y del príncipe de este mundo (cf Jn 14, 30), el sacrifi cio de Cristo se convierte secretamente en la fuente de la que brotará inagotable el perdón de nuestros pecados.
Catecismo de la Iglesia Católica.

Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso Señor, Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos; al tercer día, resucitó de entre los muertos, subió a los Cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén
“Padre, ¿qué son las relaciones poliamorosas?”
Unavez una señora me preguntó: “Padre, ¿qué son las relaciones poliamorosas? Porque tengo una amiga que está muy enamorada de su esposo, y él le dijo hace poco que él quería vivir su matrimonio como una relación poliamorosa, porque está muy enamorado de ella, pero también ama a otra mujer.
Yo le respondí: “Las relaciones poliamorosas son relaciones consensuadas en las que las personas involucradas mantienen múltiples vínculos amorosos o sexuales compartidos, con conocimiento y
consentimiento de todos los participantes. Obviamente este tipo de relaciones contradice el plan de Dios expresado en la Revelación Divina, contenida en la Sagrada Escritura y en la Sagrada Tradición, sobre el matrimonio y la sexualidad. Desde esta perspectiva, las relaciones poliamorosas no son consideradas coherentes con la visión cristiana del matrimonio y la familia”.
Un estudio realizado por instituciones especializadas en temas de matrimonio y familia en 170 países, llegó a la conclusión de que la poligamia está fuertemente relacionada con una amplia gama de diferentes tipos de violencia contra las mujeres y los niños, así como la supresión de sus derechos y libertades.
Las mujeres en relaciones no monógamas corren un riesgo muy elevado de daño físico y psicológico. Enfrentan índices más altos de trastornos depresivos, violencia doméstica y abuso, incluido el abuso sexual. Incluso tienen un estado económico mucho peor que las mujeres en relaciones monógamas. Las relaciones poliamorosas, al implicar múltiples asociaciones amorosas y sexuales simultáneas, no están en concordancia con esta enseñanza y son consideradas contrarias a la ley moral de Dios.
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