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Hoja Parroquial #1- EPIFANÍA DEL SEÑOR, Ciclo A-4 de enero 2026

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La Epifanía del Señor, Ciclo A 4 de enero de 2026

Arquidiócesis de Guadalajara, A.R.

NO. 1

Fundada el 4 de junio de 1930. Registro postal: IM14-0019 INDA-04-2007-103013575500-106

Luz sobre toda luz

Iniciamos el año con la esperanza puesta en Jesucristo, señor de la historia, de la vida y del destino de los pueblos.

Nuestra tarea

Su nacimiento, su presencia en medio de su pueblo, es la manifestación del amor de un Padre que no se reservó para sí a su único Hijo, sino que movido por la fragilidad y desmoronamiento de su creación más hermosa, terrenalmente hablando, el ser humano, responde con la Vida, Jesús, la luz que ha llegado a desterrar la oscuridad del mundo.

En verdad, cuan necesaria es esta Luz para los hombres, y que actualizada resulta la respuesta de Dios para nuestros tiempos, revestidos de tanta maldad, mentira, odio, resentimiento, división, es decir, oscuridad.

Por eso, es alentador saber y reconocer en Jesús la Luz que ilumina a todo ser que viene a este mundo, y con ello, asumir la clara responsabilidad de ser todos y cada uno, portadores de esta Luz.

Un nuevo Reino

Es necesario por tanto, redescubrir el sentido de la verdad, del bien, y de las realidades eternas, que no habrán de convertirse en una forma de escapar de la realidad sino por el contrario de asumirla con toda la fuerza que nos ofrece la gracia de Dios.

Hacer presente el Reino de Dios en un mundo donde domina el enemigo del alma es deber de todo bautizado.

No podemos que dar como simples espectadores, sino actuar por amor, un amor que va más allá de la experiencia de las simples emociones, un amor que está profundamente enraizado en la persona de Cristo, en su forma de ser, de pensar, de hablar pero sobre todo de actuar. Los cristianos no podemos ser ni ajenos, mucho menos indiferentes ante los problemas de la vida social, del sufrimiento de los más pobres y débiles, antes bien, con la firme convicción de instaurar el Reino de Dios, debemos ejercer con toda la fuerza nuestro ministerio de profetas: anunciar la salvación en Jesucristo, y denunciar todo aquello que se separa, se opone y busca destruir la fe, la esperanza y la caridad, que esclaviza el corazón del hombre en el pecado y en formas de conducta social ajenas al evangelio y a sus valores.

Confiemos nuestras vidas a Jesús, hagamos un honesto y profundo examen de conciencia, convirtamos primero desde nuestro corazón todo aquello que no es de Cristo, y finalmente, actuemos como agentes de conversión para esta sociedad, para este mundo necesitado de esperanza y sobre todo de amor.

De pie

Señor Dios, que en este día manifestaste a tu Unigénito a las naciones, guiándolas por la estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe, que lleguemos a contemplar la hermosura de tu excelsa gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías 60, 1-6

Sentados

Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti. Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria. Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora.

Levanta los ojos y mira alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces verás esto radiante de alegría; tu corazón se alegrará, y se ensanchará, cuando se vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de Efá. Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 71

Sentados

R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Comunica, Señor, al rey tu juicio y tu justicia, al que es hijo de reyes; así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo justamente.

R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos

Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz, era tras era. De mar a mar se extenderá su reino y de un extremo al otro de la tierra.

R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos

Los reyes de occidente y de las islas le ofrecerán sus dones. Ante él se postrarán todos los reyes y todas las naciones.

R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Al débil librará del poderoso y ayudará al que se encuentra sin amparo; se apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado.

R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos

SEGUNDA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6

Sentados

Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: es decir, que por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo. Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES

DEL EVANGELIO Mt 2, 2

R. Aleluya, aleluya

Hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorar al Señor. R. Aleluya.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de Oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño, y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño.

De pie

Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. Palabra del Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

De pie

Te pedimos, Señor, que tu luz celestial siempre y en todas partes vaya guiándonos, para que contemplemos con ojos puros y recibamos con amor sincero el misterio del que quisiste hacernos partícipes. Por Jesucristo, nuestro Señor.

La misericordia y el pecado

1846 El Evangelio es la revelación, en Jesucristo, de la misericordia de Dios con los pecadores (cf Lc 15). El ángel anuncia a José: “Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1, 21). Y en la institución de la Eucaristía, sacramento de la redención, Jesús dice: “Esta es mi sangre de la alianza, que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mt 26, 28).

1847 Dios, “que te ha creado sin ti,  no te salvará sin ti” (San Agustín, Sermo 169, 11, 13). La acogida de su misericordia exige de nosotros la confesión de nuestras faltas. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia” (1 Jn 1,8-9).

1848 Como afirma san Pablo, “donde abundó el pecado, [...] sobreabundó la gracia” (Rm 5, 20). Pero para hacer su obra, la gracia debe descubrir el pecado para convertir nuestro corazón y conferirnos “la justicia para la vida eterna por Jesucristo nuestro Señor” (Rm 5, 20-21). Como un médico que descubre la herida antes de curarla, Dios, mediante su Palabra y su Espíritu, proyecta una luz viva sobre el pecado: «La conversión exige el reconocimiento del pecado, supone el juicio interior de la propia conciencia, y éste, puesto que es la comprobación de la acción del Espíritu de la verdad en la intimidad del hombre…

Catecismo de la Iglesia Católica.

GLORIA

Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén

P FESIÓN DE NUESTRA FE

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos; al tercer día, resucitó de entre los muertos, subió a los Cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén

“Padre, ¿Cómo puedo saber cuál es mi misión en la vida?”

Una vez, un joven me preguntó: “Padre, ¿cómo puedo saber cuál es mi misión en la vida? Porque el otro día, escuché la predicación de un Sacerdote que decía que debemos indagar cuál es la misión que Dios quiere que realicemos en la vida, para poder encontrarla y llevarla a cabo”. Entonces yo le respondí: “Efectivamente, cada uno de nosotros tiene una misión que Dios le da para realizar en la vida, que debe discernir en oración”. Entonces él me dijo: “¿No es lo mismo la misión, que

la vocación y la profesión?”. Yo le dije: “No, no es lo mismo. La misión se refi ere al propósito que Dios quiere que llevemos a cabo en nuestra vida, es la tarea que le da sentido a nuestra existencia, más allá de nuestra vocación o profesión. La vocación se refiere a un llamado específico hacia una forma de vida particular para realizar la propia vida de forma concreta. Por ejemplo, la vocación al matrimonio, o al sacerdocio, o a la vida consagrada, o a la soltería. La profesión se refiere a una ocupación o actividad que una persona realiza como medio de subsistencia, y para la cual ha recibido formación especializada y una certificación. Impli-

ca un conjunto de habilidades y conocimientos específicos relacionados con un campo de trabajo en particular. Descubrir la misión en la vida implica buscar la voluntad de Dios a través de la oración, la lectura de la Biblia, el discernimiento de los dones y talentos, y la disposición para servir a los demás en nombre de Cristo.

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Director Responsable y administración: Sr. Cango. Luis Enrique Silva Álvarez · Redacción: Pbro. Octavio Ramírez · Alcalde 294, Guad., Jal. Tels. 3343875300

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