Hoja parroquial
Fundado el 4 de junio de 1930. Registro postal IM14-0019, impresos depositados por sus editores o agentes INDA-04-2007-103013575500-106
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Fundado el 4 de junio de 1930. Registro postal IM14-0019, impresos depositados por sus editores o agentes INDA-04-2007-103013575500-106
El Evangelio nos dice que los saduceos negaban la resurrección. Hoy también muchas personas no creen que haya otra vida después de ésta. Se imaginan que todo termina con la muerte y que, por tanto, hay que disfrutar el presente y darse una buena vida aquí. Sus expectativas se reducen a este mundo. Esto explica el que, ante una enfermedad incurable, o ante un problema grave, muchos optan por suprimir su existencia, pues no tienen la esperanza de otra vida mejor y según ellos, no vale la pena seguir viviendo. Otros creen que en la otra vida todo va a ser igual que aquí, y que la felicidad consistirá sólo en gozar de más y más placeres, semejantes a los de este mundo.
Qué nos dice Jesús
La otra vida será la participación plena de la vida de Dios, ya que Él no nos creó para el tiempo, sino para la eternidad. Al crearnos a su imagen y semejanza, nos dio ya el derecho a participar de su eternidad. Por eso “es un Dios de vivos y no de muertos”. Posteriormente vendrá nuestra propia resurrección con Cristo. “Resucitaré yo mismo y no otro, y en mi propia carne veré al Salvador del mundo” (Libro de Job). Nuestro Dios es un Padre que quiere que todos vivan, y vivan para siempre. La muerte es consecuencia del pecado, de nuestras limitaciones; pero “para los que creemos en Cristo, la vida no termina, se transforma, y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo” (Prefacio de Difuntos).
Jesús sostiene la verdad de la resurrección frente a los saduceos, que la niegan. Le ponen un caso hipotético para hacerlo caer en una trampa, y Él les responde con un hecho histórico la revelación de Dios Padre a Moisés: “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para Él todos viven”.

Dios de vivos, no de muertos
Nuestro Dios es única y exclusivamente de vida. Nos creó no para la muerte, sino para la vida. Por ello, hemos de poner nuestra esperanza en la resurrección eterna, y no desesperarnos por los problemas del presente, ni temer excesivamente a la muerte. Aunque muramos, si estamos en la gracia de Dios, tendremos vida para siempre. Pero Dios quiere que esta vida nueva empiece desde este mundo. Como es la vida, así es la muerte. Recordemos que ésa es la pedagogía de Dios: quiere que aprendamos a morir mientras vivimos, para que al morir, vivamos. Vale la pena luchar en esta vida, para después ver, gozar y poseer a Dios en la otra, por toda la eternidad.
ANTÍFONA DE ENTRADA
Sal 87, 3
Que llegue hasta ti mi súplica, Señor, y encuentren acogida mis plegarias.
del salmo 16
R. Al despertar, Señor, contemplaré tu rostro.
Señor, hazme justicia y a mi clamor atiende; presta oído a mi súplica, pues mis labios no mienten.
R. Al despertar, Señor, contemplaré tu rostro.
Mis pies en tus caminos se mantuvieron firmes, no tembló mi pisada. A ti mi voz elevo, pues sé que me respondes. Atiéndeme, Dios mío, y escucha mis palabras.
R. Al despertar, Señor, contemplaré tu rostro.
Protégeme, Señor, como a las niñas de tus ojos, bajo la sombra de tus alas escóndeme, pues yo, por serte fiel, contemplaré tu rostro y al despertarme, espero saciarme de tu vista.
R. Al despertar, Señor, contemplaré tu rostro.
ANTES DEL EVANGELIO
Apoc 1, 5. 6
R. Aleluya, aleluya. Jesucristo es el primogénito de los muertos; a él sea dada la gloria y el poder por siempre. R. Aleluya.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN
Sal 22, 1-2
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas para reparar mis fuerzas.

Lectura del segundo libro de los Macabeos 7, 1-2. 9-14
En aquellos días, arrestaron a siete hermanos junto con su madre. El rey Antíoco Epifanes los hizo azotar para obligarlos a comer carne de puerco, prohibida por la ley. Uno de ellos, hablando en nombre de todos, dijo: "¿Qué quieres saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres".
El rey se enfureció y lo mandó matar. Cuando el segundo de ellos estaba para morir, le dijo al rey: "Asesino, tú nos arrancas la vida presente, pero el rey del universo nos resucitará a una vida eterna, puesto que morimos por fidelidad a sus leyes".
Después comenzaron a burlarse del tercero. Presentó la lengua como se lo exigieron, extendió las manos con firmeza y declaró confiadamente: "De Dios recibí estos miembros y por amor a su ley los desprecio, y de él espero recobrarlos". El rey y sus acompañantes quedaron impresionados por el valor con que aquel muchacho despreciaba los tormentos.
Una vez muerto éste, sometieron al cuarto a torturas semejantes. Estando ya para expirar, dijo: "Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se tiene la firme esperanza de que Dios nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida". Palabra de Dios.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2, 16-3, 5 Hermanos: Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y nuestro Padre Dios, que nos ha amado y nos ha dado gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, conforten los corazones de ustedes y los dispongan a toda clase de obras buenas y de buenas palabras.
Por lo demás, hermanos, oren por nosotros para que la palabra del Señor se propague con rapidez y sea recibida con honor, como aconteció entre ustedes. Oren también para que Dios nos libre de los hombres perversos y malvados que nos acosan, porque no todos aceptan la fe.
Pero el Señor, que es fiel, les dará fuerza a ustedes y los librará del maligno. Tengo confianza en el Señor de que ya hacen ustedes y continuarán haciendo cuanto les he mandado. Que el Señor dirija su corazón para que amen a Dios y esperen pacientemente la venida de Cristo. Palabra de Dios.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 20, 27-38
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tiene un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano. Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?"
Jesús les dijo: "En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues él los habrá resucitado.
Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven". Palabra del Señor.
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén
Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos; te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial,
Martes 16 de Noviembre
La Arquidiócesis de Guadalajara hace una animosa invitación a las distintas Comunidades Parroquiales a participar en la Anual Peregrinación de la Arquidiócesis de Guadalajara a la Montaña de Cristo Rey, el martes 16 de noviembre de 2010.
Peregrinación con historia
Guadalajara ha estado muy vinculada al desarrollo del proyecto del Monumento a Cristo Rey, desde las primeras iniciativas de levantar el monumento, en el Cerro del Cubilete. Esta cercanía se dió a través de la Conferencia del Episcopado Mexicano, que en 1920 aprobó fuese Monumento Nacional. El Sr. Arzobispo Orozco y Jiménez defendió su construcción cuando el gobierno mexicano lo prohibió, defendiendo así la libertad religiosa. El entonces Sr. Cardenal Garibi Rivera promovió colectas a favor de su construcción, y, una vez bendecida e inaugurada la obra, a partir del año de 1951 impulsó y motivo la peregrinación de la Arquidiócesis de Guadalajara a la Montaña de Cristo Rey.
Proclamar a Cristo como Rey
“Corazón Sacratísimo del Rey pacífico: radiante de júbilo como fieles vasallos, venimos hoy a postrarnos al pie de tu trono y gozosos te proclamamos a la faz del mundo: Rey inmortal de la nación mexicana, al acatar su soberanía sobre todos los pueblos”… Este párrafo de la oración consagratoria que se rezará al final de la peregrinación, resume la finalidad con la que peregrina la Arquidiócesis a la Montaña de Cristo Rey: Proclamar a Cristo como nuestro Rey.
Aquellas personas que deseen participar en esta peregrinación, deberán dirigirse a alguna de las parroquias de la Arquidiócesis, en estas podrán recibir informes o inscribirse.

Dios Padre todopoderoso. Señor Hijo único Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros, porque sólo Tú eres santo, sólo Tú, Señor, sólo Tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén


Pedidos a domicilio
Al teléfono: 3613 3043
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12, 13 y 14 de noviembre de 2010
19, 20 y 21 de noviembre de 2010
8, 9 y 10: Lunes, Martes y Miércoles
SAN FRANCISCO DE ASÍS, Zoquipán
NTRA. SRA. DE GUADALUPE, Toluquilla
SANTA CRUZ DE LAS HUERTAS
SANTA CATALINA DE SIENA, Nestipac
LA CANDELARIA, El Cabezón
SAN PEDRO, Cocula
LA VILLA DE NTRA. SRA. DE GUADALUPE
NTRA. SRA. DE GUADALUPE, El Batán
11, 12 y 13: Jueves, Viernes y Sábado
SAN JOSÉ OBRERO, Talpita
SAN ANTONIO MARÍA CLARET
EL DIVINO ROSTRO
SAN FELIPE DE JESÚS
JESUCRISTO REY DE REYES, Belenes
NTRA. SRA. DEL ROSARIO DE TALPA, Arenal
EL SAUCILLO
NTRA. SRA. DE GUADALUPE, Ermita la Barranca
Boletín semanal de la Arquidiócesis de Guadalajara, A.R. Tiraje de 200,000 a 300,000. $ 40.00 ciento
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Redacción: Pbro. Alberto Ávila, Pbro. Juan Javier Padilla Liceo 17, Guadalajara, Jal. Tel.: 3942-4305
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