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semejanza de los escribas y fariseos, todos podemos caer – y tal vez lo hacemos – al decir una cosa y hacer otra, cuando ponemos cargas pesadas a los demás, que nosotros mismos no seríamos capaces de llevar.
En ocasiones podemos ser presumidos y buscar hacernos notar en público, para que nos alaben y nos tomen en cuenta.
Tomado
del Misal de Buena Prensa.
Pero los criterios de nuestro único Maestro distan de los nuestros, porque el egoísmo y la vanagloria aún nos mueven.
El Señor nos dice que, para ser grandes a sus ojos, tenemos que servir a los demás, a nuestros hermanos, “porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

Amiguit@s, hoy conmemoramos a Santa Bertila, Abadesa. Nació por el año 630, en la región de Soissons, Francia, en una de las familias cristianas más ilustres de la zona.
Desde que era apenas una niña, sintió deseos de renunciar al mundo material y dedicarse a la vida religiosa. Pero antes de revelar este anhelo a sus padres, la niña lo consultó con su preceptor, San Owen, quien la apoyó en su decisión. Al ver a su hija tan segura, sus padres terminaron convenciéndose y la llevaron personalmente a Jouarre, un monasterio de grandes dimensiones, donde fue acogida con gran alegría. En ese lugar, Santa Bertila se formó bajo las más estrictas prácticas de la perfección monástica, combinando siempre la gentileza con el rigor, la piedad con la justicia, la humildad con el coraje, la prudencia con la sencillez. Por la caridad y la voluntad de servicio que demostraba, la abadesa la puso al frente del priorato, nombrándola asistente suya en cuestiones de la ad-

ministración del monasterio. En 659, se terminó de construir en Chelles la abadía que Santa Bathilda, reina de Francia, había dispuesto para retirarse del mundo y pasar sus últimos días. La reina le solicitó a la abadesa de Jouarre que le aportara algunas hermanas religiosas y una abadesa para Chelles; la abadesa pensó de inmediato en Santa Bertila como la cabeza del grupo. Con discreción y vigor, Santa Bertila fue abadesa de Chelles por cuarenta y seis años. Al principio ella se hizo cargo de Santa Bathilda y más tarde también de Heresvida, la reina de Inglaterra, quien también se retiró en busca de paz a Chelles.
La fama de santidad de Santa Bertila de Chelles atrajo a varias damas ilustres a su monasterio, el cual tuvo un gran auge durante su vida. Cuando falleció, en 705, Santa Bertila fue enterrada con la iglesia de la abadía de Chelles junto a la tumba de Santa Bathilda. Santa Bertila nos enseña el valor de encontrar honor en servir a los demás.



Amiguit@s, cada uno de nosotros, cada día, hace algo mal, pero el problema está en no habituarse a vivir en las cosas malas y alejarse de lo que “envenena el alma”, la empequeñece. Y por tanto, hay que aprender a hacer el bien.




No es fácil hacer el bien: debemos aprenderlo. Siempre. Y el Señor nos enseña, pero: Aprendan; como los niños.



que hay que luchar y andar. Se aprender a hacer el bien con cosas concretas, no con palabras. Por esto, Jesús reprocha a la clase dirigente del pueblo de Israel, porque “dicen y no hacen”, no conocen lo concreto. Y si no existe lo concreto, no puede existir la conversión.


Todos los días descubrimos algo y en el camino de la vida cristiana se aprende todos los días. Es nuestra obligación hacerlo, pero sobre todo a ser mejores que el día anterior.
Aprender, alejarse del mal y aprender a hacer el bien: es la regla de la conversión. Porque convertirse no es pretender que con una varita mágica ocurra. Es un camino por el


que aprender a cono-


Dios nos da una mano para “elevarnos”.
Camina junto a
Camina junto a nosotros para ayudarnos, explicarnos las cosas y llevarnos de la mano. El Señor es capaz de “hacer este milagro”, es decir, “cambiarnos”, no de un día para el otro, sino en el camino.
Amiguit@s, el camino a la conversión es alejarse del mal, aprender a hacer el bien, levantarse e ir con el Señor y entonces todos nuestros pecados serán perdonados.

Un joven, discípulo de un sabio filósofo, llegó a casa de éste y le dijo:
– Maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con odio.
– ¡Espera! – lo interrumpió el filósofo – ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
– ¿Las tres rejas?
– Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
– No, lo oí comentar a unos vecinos.
– Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
– No, en realidad no. Al contrario…
– ¡Ah vaya! La última reja es la necesidad, ¿es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
– A decir verdad, no.
– Entonces – dijo el sabio sonriendo – si no es verdad, ni bueno, ni necesario, sepúltalo en el olvido.
Amiguit@s, si lo que vamos a decir no es bueno, no ayuda a nadie y ocasiona problemas, es mejor dejarlo olvidado.


Ser tan fuerte, que nada pueda turbar la paz de tu mente.
Hablar de salud, de felicidad y prosperidad a todos aquellos con quienes tengas que trabajar.
Hacer que tus amigos sepan de algo bueno y noble que hay en ellos.
Mirar todas las cosas por el lado bueno, y procurar que tu entusiasmo se haga real y verdadero.
Pensar sólo en lo mejor, trabajar por lo mejor y esperar lo mejor.

Ser justo y entusiasta por el éxito de otros, como lo eres por el tuyo propio.
Olvidar los errores del pasado y perseverar para las más grandes obras del futuro.
Mantener un semblante alegre todo el tiempo y tener siempre una sonrisa para tus semejantes.
Ocuparte del mejoramiento de ti mismo, de tal forma que no tengas tiempo de criticar a los demás.
Tener el alma grande para el sufrimiento y mucha nobleza para las situaciones de enojo; fortaleza para el temor y felicidad para no permitir la presencia de la tristeza.
Pensar bien de ti mismo y proclamar este hecho al mundo, no en voz alta, sino en obras admirables.
Aumentar tu fe en el amor que Dios te tiene.


Desde el lunes hasta el viernes soy la última en llegar, el sábado soy la primera y el domingo a descansar.


R= La letra s.

Dos hermanas diligentes que caminan al compás, con el pico por delante y los ojos por detrás.



R= La calle.
Todos pasan por mí, yo nunca paso por nadie. Todos preguntan por mí, yo nunca pregunto por nadie. Estoy en la guerra y huyo del cañón. Estoy en el altar y no estoy en la iglesia. Estoy en la flor y no en la planta.










R= Las tijeras.




R= La letra r.


Tengo nombre de mujer, crezco en el fondo del mar, en la arena de la playa tú me podrás encontrar.
R= La concha.
¡Hola amiguitos!, este domingo en Semanario tenemos un tema que les alertará sobre los riesgos de una adicción que puede causar mucho mal a jóvenes y adultos. Avisen a sus papás y vayan por su Semanario
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