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En su diálogo con Nicodemo, Jesús le hace ver que fue tanto el amor de Dios por el mundo, que le entregó a su Hijo único para que el mundo se salve por medio de Él: “Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna”. De la Cruz de Cristo nace una humanidad nueva.
El signo de la Cruz nos distingue como discípulos de Cristo; por eso en cada iglesia y en los hogares cristianos podemos encontrar varias de ellas.
Cuando miremos una imagen de Cristo crucificado, hagámoslo con gratitud y reconozcamos el gran amor de Dios.
Antes de cada momento importante del día, hagamos la señal de la Santa Cruz sobre nosotros y nuestras familias.
No olvidemos jamás que el camino de la resurrección tiene que pasar por la Cruz.
La conversión, a la que estamos invitados en la Cuaresma, está basada en que Dios está de parte de la humanidad, aunque ésta prefiera alejarse de Él. A los cristianos nos toca comunicar el verdadero rostro de Dios, que siempre es fiel a su Palabra.
¡Alegrémonos, porque Dios nos ha manifestado su amor en la Cruz de su Hijo!


Amiguit@s, hoy conmemoramos a San Eulogio de Córdoba, Mártir. Nació en el año 800, en Córdoba, Andalucía, España en una familia fervientemente católica, en una época en que la mayoría de los católicos habían abandonado la fe por miedo al gobierno musulmán.

San Eulogio fue el más importante de los llamados “Mártires de Córdoba”, y se le considera “la mayor gloria de España en el siglo IX”. Fue una figura muy importante en la Iglesia y un entusiasta renovador religioso entre los cristianos de Córdoba.















Era muy piadoso, amable y alegre. Sobresalía en todas las ciencias, pero especialmente en el conocimiento de la Sagrada Escritura. Su trato era tan agradable que se ganaba la simpatía de todos los que hablaban con él. Fue un gran lector y por todas partes buscaba nuevos libros para aprender, nunca se guardaba para sí mismo los conocimiende



El gobierno de Córdoba era tolerante con los judíos y cristianos, pero hubo épocas en que se les cobraba un impuesto por asistir a misa, se dieron algunas persecuciones de cristianos.




La comunidad cristiana se mostraba cada vez más insensible, en el ejercicio de la fe y, la principal labor de San Eulogio fue reavivar la devoción de los miembros de su comunidad.

tos que adquiría, trataba de hacerlos llegar al mayor número posible de amigos y discípulos. Fue un predicador notable y querido, un gran escritor, autor de historias de santos y de mártires. Durante la persecución que se desató en el año 850, San Eulogio salió al frente, en defensa de sus hermanos y terminó en la cárcel. Al salir de prisión, se fue al norte. Pasó algunos años de vida errante, antes de que pudiera regresar a su ciudad natal. Fue electo arzobispado de Toledo en 858, pero para asumir el cargo necesitaba la aprobación del emir, la cual fue rechazada. Estando en casa, San Eulogio recibió a una joven conversa que había huido de la casa de sus padres musulmanes y de las autoridades que la perseguían; más adelante se convertiría en Santa Lucrecia. En aquellos tiempos, proteger a los fugitivos estaba penado con la muerte, fue entonces que en 859 San Eulogio fue condenado; pudo haberse salvado, si hubiera renegado de su fe, pero eligió con resignación el martirio.
San Eulogio de Córdoba nos da un gran ejemplo de entusiasmo en la defensa de nuestra fe.




Sexta palabra
“Todo está cumplido” (Jn. 19, 30)
Éstas fueron las últimas palabras pronunciadas por Jesús en la Cruz; sin embargo no son las de un hombre acabado, ni las de un hombre que tenía ganas de llegar al final, son el grito triunfante del vencedor.
Estas palabras manifiestan la conciencia de haber cumplido hasta el final, la obra para la que fue enviado al mundo: dar la vida por la salvación de todos los hombres. Jesús cumplió todo lo que debía hacer. Vino a la Tierra para cumplir la voluntad de su Padre y la ha realizado completamente.
Le habían dicho lo que tenía que hacer y lo hizo. Su Padre le dijo que anunciara a los hombres la pobreza y, nació en Belén, pobre; le dijo que anunciara el trabajo y vivió treinta años trabajando en Nazaret; le dijo que anunciara el Reino de Dios y dedicó los tres últimos años de su vida a descubrirnos el milagro de ese Reino, que es el corazón de Dios.
La muerte de Jesús fue una muerte joven; pero no una muerte, ni una vida malograda; esto le pasa a quien muere inmaduro, aquel a quien la muerte le sorprende con la vida vacía. Porque en la vida, lo que más vale, es todo aquello que se ha construido sobre Dios. Jesús se abandona en las manos del Padre: “Padre, en tus manos pongo mi Espíritu”.
Amiguit@, las manos de Dios, son manos paternales y de salvación. ¡Dios es nuestro Padre! Antes de Cristo, sabíamos que Dios era el Creador del mundo, que era infinito y todopoderoso, pero no sabíamos hasta qué punto Dios nos amaba.
En una ocasión, se incendió un edificio de nueve pisos, en el centro de una ciudad muy importante; las personas del edificio, al enterarse que éste estaba en llamas, rápidamente salieron de sus departamentos, a excepción de un niño de ocho años de edad que dormía en el octavo piso, pues su papá había salido a comprar algo y su mamá estaba de viaje.
El fuego crecía cada vez más e iba subiendo piso por piso; los bomberos intentaban apagarlo, pero sus esfuerzos eran en vano. El edificio se estaba consumiendo y los bomberos pidieron refuerzos a otras unidades de la ciudad y de ciudades vecinas. El drama aumentó, cuando los bomberos se dieron cuenta que había un niño en el octavo piso. El fuego crecía, iba ya por el quinto piso, de repente, apareció el padre del niño.
Éste se encontraba muy preocupado por su hijo, al saber la situación, los bomberos hicieron un último intento, pero las escaleras no podían llegar hasta las paredes del edificio por las grandes llamas que había en ellas.
Entonces se escuchó el llanto del niño, que gritaba: –¡Papi! ¡Tengo miedo!
El padre lo escuchó y llorando le dijo: –¡Hijo! No tengas miedo, yo estoy aquí abajo, no tengas miedo.
Pero el niño no lo veía: –Papi, no te veo, sólo veo humo y fuego.
El padre sabía que estaba ahí en la ventana, porque el fuego lo



iluminaba: –Pero yo sí te veo hijo. Hijo, sabes qué debes hacer; tírate, que aquí te sostendremos todos los que estamos abajo. ¡Tírate!
El hijo le dijo: –Pero yo no te veo. El padre contestó: –¡Sabes cómo debes hacerlo, cierra los ojos y lánzate!
El niño exclamó: –Papi, no te veo, pero ¡allá voy! Cuando el niño se lanzó, abajo lo rescataron con redes. Entonces, el padre lo abrazó y lloró, porque al fin había recuperado a su niño. El hijo comprendió, que a veces, sólo las palabras de un padre son suficientes para confiar en él.
Amiguit@s, así es nuestra vida; muchas veces hay incendios, tenemos problemas difíciles que afrontar, entonces, Nuestro Padre Dios, nos dice: ¡Tírate! ¡Confía en mí!, nosotros tenemos que lanzarnos. Aunque sintamos miedo o no estemos seguros, ¡con fe podremos salir adelante!


“Yo soy la luz del mundo, quien me sigue tendrá la Luz de la Vida”
Amiguit@s, ya hemos pasado la mitad del tiempo de Cuaresma. Te invitamos a reflexionar acerca de los frutos has obtenido. ¡Todavía tienes tiempo! Como bautizados, podemos ver la luz que viene de Dios, evitemos la ceguera que nos nubla y nos hace ir de tropiezo en tropiezo. Busquemos la luz que da sentido a nuestras vidas y no sigamos caminando como ciegos. Te compartimos las acciones recomendadas para esta semana:



su llamado. Acógete al Padre, dialoga sinceramente con Dios, sabiendo que Él escucha hasta lo que no dices. Evita comer cosas que no te nutren.




Lunes 12 de marzo: pon tu angustia delante de Dios y pídele que te haga fuerte. Que tus palabras sean honestas, busca la verdad, no omitas. Comparte lo que tienes con los demás.
Martes 13 de marzo: pide por tu comunidad, por tus hermanos en la fe, con gratitud. Sé compasivo con los que te rodean, pregúntate si tus juicios son justos. Reza por un amigo.
Miércoles 14 de marzo: permite que Dios actúe en tu vida, atiende a
¡Hola amiguitos!

Jueves 15 de marzo: habla de dios, busca hoy un momento para hablar de Dios con alguien que no te resulte fácil. Reza el Ángelus o el AveMaría con gran devoción.

Viernes 16 de marzo: Renuncia a una de las cosas que haces por costumbre y dedica ese tiempo a la Oración. Platícale a alguien sobre tu encuentro con Dios. Asiste a la escuela con entusiasmo.
Sábado 17 de marzo: sé sincero al expresar tus opiniones, aunque temas que los demás no piensen como tú. Ordena tu cuarto.
Domingo 18 de marzo: observa hoy el mundo con amor. Presta atención a cada una de las cosas que dices durante la Eucaristía, todo tiene un gran significado. Antes de ir a misa, prepárate leyendo el Evangelio de hoy.
La música sacra, además de permitirnos alabar a Dios, es un deleite a los sentidos. Para conocer más acerca de ella, busquen este domingo en Semanario, la columna Ars Cordis, en compañía de sus papás.
DIRECTORIO: Fundado por José H. Alba en el año de 1932. Franqueo pagado. Publicación semanal. Permiso SEPOMEX 003 0732. Características 2145522112. Certificados de Licitud de contenido y de Título número 889 y 01119. Registro Reserva 04-2003-070111165300-101. Tiraje: 40,000 ejemplares. Costo $56.00 PESOS
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