

Volumen 18, Número 1 abril 2024
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Volumen 18, Número 1 abril 2024
Programa de Colegio Sea Grant y el Centro Interdisciplinario de Estudios del Litoral (CIEL) de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez

Por: Manuel Valdés Pizinni
Con la colaboración de Ariam L. Torres Cordero Escuela de Planificación, UPR-Río Piedras
¿Se acuerdan de aquella canción de Cortijo y su Combo “Agua que va a caer”? Bueno pues en vez de caer, el agua está subiendo en Puerto Rico y todo el planeta. Hace unas semanas visitamos la villa pesquera de La Mela en la bahía de Puerto Real, en el oeste de Puerto Rico y uno de los pescadores dijo “mire esa agua ahí como sube a la carretera, eso no pasaba antes y ahora lo he observado”.
Hablamos sobre la posibilidad de que en los próximos años las mansas aguas de esa bahía se metan en esa carretera construida por la gente local hace unos 250 años. Por toda la costa la gente se va dando cuenta que el nivel del mar va subiendo y lentamente amenaza las estructuras construidas en el litoral.
Las villas pesqueras no son la excepción. Muchas se construyeron desde los 1960 en la playa, sí, en eso que llaman la Zona Marítimo Terrestre. Tenía que ser ahí porque había un plan del gobierno de Puerto Rico (Programa de las Villas Pesqueras en 1965) de construir rampas para que los pescadores pudieran subir más fácilmente sus embarcaciones y capturas del agua a la arena de la playa donde las guardaban (en algunos sitios todavía las guardan). En esas playas también tenían muelles donde amarrar las embarcaciones, desembarcar las capturas y llevarlas a pesar para procesarlas en la villa y venderlas a la asociación o a sus compradores.



Sin embargo, esa localización, aunque ideal por demás, hizo a muchas villas vulnerables a los embates de las tormentas, los huracanes, las marejadas y al oleaje de todos los días. El mar va comiéndose la arena de las playas y golpea sin misericordia las piedras que echamos para impedir ese impacto o las estructuras de varillas y cemento que luego se esparcen como basura peligrosa por las aguas de la playa.
En los últimos diez años, los científicos han notado un aumento en la fuerza de los huracanes que ponen en peligro muchas estructuras en la costa. Un ejemplo de esa fuerza fue el Huracán María que devastó la Villa del Ojo en Aguadilla (Crashboat), eje de una exitosa operación que hoy lucha por volver a su estado anterior. Eso de “volver a su estado anterior” y recuperarse es lo que la gente llama “resiliencia” que con la boca es un mamey, y que requiere del esfuerzo de mucha gente.
Revisando papeles viejos nos encontramos con un estudio de los centros pesqueros publicado en 1985, por José M. Romaguera, Pedro Dones y José I. Vega, profesores del Recinto Universitario de Mayagüez. En ese estudio nos percatamos que en esos años la villa pesquera Barrancas en Guayama había sido maltratada por las marejadas y se encontraba inservible porque no estaba en condiciones de albergar pescadores. Otras presentaban unas facilidades maltrechas debido a la fuerza del oleaje.

Vámonos lejos… porque siempre es bueno comparar con otros lugares
Yo viví dos años en el estado de Luisiana disfrutando de la rica gastronomía de toda la costa, los humedales y los caños también conocidos como bayous (pronunciado báyus) que fueron y son afluentes de ese gran río, el Misisipi. En esas aguas (dulces, salobres y saladas) hay muchos peces y cinco especies de camarones que usan esos bayous como viveros. Se mueven desde el Golfo de México hasta esas aguas, donde también se encuentran los crayfish, un langostino de río muy sabroso que para satisfacer el hambre y las ganas hay que preparar cientos de ellos. ¡Estuve en una comilona de crayfish! ¡Exquisita!
Estas especies forman parte esencial de una rica tradición culinaria con mucha salsa y pique; un plato parecido a un asopao conocido como la jambalaya al que le echan de todo (carnes, arroz, pollo, jamón, camarones) incluyendo gumbo (guingambó, u ocra). El gumbo también es otro plato basado en ese vegetal.
Luisiana es un estado que va perdiendo terrenos al mar rápidamente por el aumento en el nivel del mar y las tormentas que van cambiando el paisaje de los humedales y los bayous. En agosto del 2021, el huracán Ida destrozó casas, embarcaciones, carreteras y las estructuras de los pescadores de camarones en el pueblo de Chauvin y Bayou Petit Caillou, incluyendo el restaurante de la famosa chef de comida típica, Melissa Martin.
Las historias de estas personas son similares a las que hemos escuchado de la gente de Puerto Rico con el Huracán María. En el caso de ellos, han visto como el cambio climático, la fuerza de los huracanes y el aumento en el nivel del mar amenazan con hacer desaparecer su pueblo y su modo de vida. Las especies locales han mermado y la flota camaronera de pescadores vietnamitas se fue a pique con la tormenta. Hacen todo lo posible por sobrevivir: sembrar ostras, preparar nuevos platos y prepararse para la constante subida del nivel del mar.
Al sur de Luisiana, la gente hace lo posible por mantener a flote sus comunidades, su cultura y con ella su gastronomía. Es una manera de resistir los embates de los fenómenos naturales y ser “resilientes” dentro de lo que se puede, tarea que no es nada fácil. Se van adaptando a las condiciones impuestas por el cambio climático y el aumento en el nivel del mar.
En las costas de Puerto Rico, hemos bregado con esos temporales y los impactos climáticos. Pero… ¿estamos preparados para el aumento en el nivel del mar y la manera (de la que solo podemos imaginar) en la que afectará nuestro litoral, donde tenemos las embarcaciones y las artes de pesca?


Por años, nuestro oceanógrafo físico más importante, Aurelio Mercado Irizarry, dijo que hacía falta un huracán de gran magnitud para demostrar todo lo malo que hemos hecho en nuestras costas y en la Zona Marítimo Terrestre. Ese huracán fue María. El impacto de ese fenómeno fue lo que los colegas de Mercado llamaron “El Yeyazo”. El segundo Yeyazo ya está acercándose; lo vemos con el aumento del nivel del mar y el cambio climático que amenaza con transformar el litoral boricua. Leemos con mucha atención los escritos del doctor Mercado Irizarry. No es fácil porque él maneja modelos de computadoras y ecuaciones matemáticas incomprensibles para los mortales. A esos escritos le añade gráficas y tablas que documentan lo que quiere explicarnos. En arroz y habichuelas, los datos (de diversas fuentes) le indican que el nivel del mar puede alcanzar una subida de más de un metro (poco más de tres pies) para el año 2100. Aurelio sabe que predecir estas cosas es una especie de suerte y maroma, pero agarra bien los datos, las tendencias históricas, las cosas que han pasado y llega a la conclusión que las aguas van a subir en Puerto Rico y globalmente, posiblemente, de 2 a 7 pies.

Pensamos que el 2100 está bien lejos, pero en el gran esquema de las cosas, eso es ya mismo… y tenemos que estar preparados para que las aguas invadan nuestras calles, casas y que los eventos atmosféricos sigan provocando inundaciones mayores. Lo veremos y sentiremos paulatinamente, poco a poco.
¿Qué será de nuestras comunidades costeras, de las parcelas que existen junto a riberas de ríos y humedales? Sin alarmar mucho, ¿Cómo será el futuro de Vietnam en Cataño, de Jardines del Caribe en Mayagüez, de Puerto Real en Cabo Rojo, del Boquete en Peñuelas o de Pastillo en Juana Díaz?
¡El agua subirá!
Para que tengan una idea de la magnitud del aumento en el nivel del mar, y la certeza de que sucederá, el gobierno de Puerto Rico trabaja intensamente para mover las operaciones del aeropuerto Luis Muñoz Marín en Isla Verde a otro lugar, pues saben que la pista estará bajo las aguas en el futuro. Construida en terrenos bajos de humedales y rellenado con arena, es una infraestructura vulnerable y en peligro. ¿Y nuestras villas pesqueras? ¿Lo están?


Queremos saber…
Hay muchas cosas que tenemos que conocer para echar adelante nuestras pesquerías. Las y los científicos en las universidades y otras organizaciones no lo saben todo. Al contrario, necesitamos saber muchas más cosas y la gente en la costa, en las villas pesqueras, en las marinas y las comunidades nos pueden ayudar.
Pedimos que ustedes, lectores, piensen en las siguientes preguntas y si pueden compartir con nosotros sus ideas, se lo agradeceremos.
1. ¿Cómo ha cambiado el lugar donde está la villa pesquera o la comunidad en la que viven?
2. ¿Cómo han cambiado las facilidades que usan? Las rampas, los muelles, el área para amarrar las embarcaciones, otras.
3. ¿Cómo han cambiado los hábitats o lugares naturales donde usualmente pescan, incluyendo el fondo del mar? El manglar, las playas, los yerbazales, las matas (los corales), los cangilones, los arenales en el fondo, los rastreales, y los islotes. ¿Están desapareciendo los islotes? (Por ejemplo, María Langa, en Peñuelas).
4. ¿Han notado cambios en los pesqueros tradicionales? Por ejemplo, los del Canal de La Mona: El Banco del Medio, Tourmaline, Bajo de Sico, La Corona, El Tostón, El Guineo, Pichincho…
5. ¿Las corrientes del fondo? Algunos pescadores han notado cambios en la intensidad, la velocidad y la dirección de las corrientes submarinas mientras pescan de fondo en ciertas áreas.
6. ¿Han notado cambios en el comportamiento de los peces y otros organismos marinos como el bulgao, el carrucho y la langosta, entre tantas? ¿Mermas o abundancias en algunas especies?.
7. ¿Comportamientos extraños en las aves marinas como las tijerillas y los pelicanos?
Tal vez un buen día de estos los visitemos y podamos hablar sobre estos temas. Si nos invitan, le llegamos.


La misión de Sea Grant consiste en promover la conservación y el uso sustentable de los recursos y los ecosistemas marinos y costeros. Para alcanzar su misión, el programa cuenta con proyectos de investigación, de educación y de extensión marina.

Créditos
Dirección
Ruperto Chaparro Serrano
René F. Esteves Amador
Coordinación
Manuel Valdés Pizzini
Redacción
Manuel Valdés Pizzini
Edición
Francisco F. Canales Dalmau

El Centro Interdisciplinario de Estudios del Litoral (CIEL) es un centro de investigación adscrito al Departamento de Ciencias Sociales, de la Facultad de Artes y Ciencias del Recinto Universitario de Mayagüez. A partir del estudio interdisciplinario y de la investigación aplicada, CIEL investiga, educa y disemina información acerca de procesos sociales costeros con énfasis en la relación entre el ser humano, la sociedad y el medioambiente.
https://cieluprm.weebly.com
Revisión
Ruperto Chaparro Serrano
René F. Esteves Armador
Diagramación y diseño gráfico
Cynthia L. Gotay Colón
Fotografías
Foto: Raúl O. Ortiz
Francisco F. Canales Dalmau
Impresión
Imprenta del Programa
Sea Grant Puerto Rico
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