La centralidad de la familia —con susluces y sus tantas sombras, con sus relatos y densos silencios, con sus vínculos
y desgarradores quiebres— emerge en estas narrativas como el telón de fondo de una genealogía del desastre que se
contempla desde miradas jóvenes que ya han visto demasiado. Pormenorizan condiciones materiales de precariedad,
contingencia e imprevisibilidad con la crudeza de quien las toma por sentado. Habitan un atormentado archipiélago, pero entre sus flujos, de lluvia, de corr entes, de lágrimas, de sangre, atisban albores redentores. Es así como lxs autorxs redimen el poder de la palabra para no brar las memorias que dotan de sentido su lugar entre los desastres “naturales” y políticos del Puerto Rico que han heredado y ya comienzan, con rigor y
vigor, a transformar.