Un fénix en Ballajá Rehabilitación del antiguo cuartel de infantería
Santiago Gala Aguilera y Juan Llanes Santos
El edificio del Cuartel de Ballajá brilla hoy con nuevos colores que acentúan su majestuosidad arquitectónica. Sede de la Oficina Estatal de Conservación Histórica (OECH), además de cobijar otras entidades culturales como el Museo de las Américas y la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, el edificio es un ícono que funge como umbral al pasado. El Cuartel de Ballajá queda emplazado en un predio de terreno de aproximadamente de tres cuerdas, entre las calles Morovis, Beneficencia y Norzagaray, ocupando seis manzanas urbanas del Barrio de Ballajá. Previo a la construcción del imponente edificio, el área era lugar de residencia de un nutrido número de familias pobres, en su mayoría negros libertos, que sostenían su precaria existencia a través de una economía de subsistencia, con muy poca producción excedentaria. Esta última era puesta a la venta en un mercado improvisado en los predios de lo que sería más adelante el nuevo cuartel. Para mediados del siglo XIX, los ocupantes del barrio fueron desalojados, los terrenos expropiados y las escuálidas residencias, bohíos de paja en su mayoría, fueron demolidas por el aparato castrense, interesado en construir un complejo de barracas que complementaran las tropas estacionadas en el fuerte San Felipe del Morro.
74 | O f i c i n a
El Cuartel de Ballajá fue construido entre 1853 y 1864 según el diseño de varios arquitectos bajo la dirección del comandante de ingenieros José López Bago. El edificio, de configuración cuadrilátera, ocupa una superficie de 7,700 metros cuadrados y sus espacios están organizados en torno a un amplio patio porticado que servía como plaza de armas. Es una de las obras más impresionantes construidos por España en el Nuevo Mundo y constituye la última gestión arquitectónica militar española de carácter monumental en América. Utilizado hasta 1898 como cuartel de infantería para albergar un millar de soldados del ejército español, consistía de viviendas para los oficiales y sus familiares, almacenes, cocinas, comedores, cuadras para caballos y calabozos. El 12 de mayo de 1898, como parte de las acciones militares de la Guerra Hispanoamericana, la escuadra naval del Almirante William T. Sampson bombardeó la ciudad de San Juan, causando daños al cuartel. Terminadas las hostilidades y una vez ratificado el Tratado de Paris, que traspasó Puerto Rico al control de los Estados Unidos, todas las propiedades y predios bajo el control del ejército español pasaron bajo la jurisdicción de su homólogo estadounidense. El nuevo ejército utilizó el Cuartel de Ballajá como barraca para sus tropas hasta el 1939. A partir de este último
E s t a t a l d e Co n s e r v a c i ó n H i s t ó r i c a
año, el edificio fue convertido en el Hospital Rodríguez que muchos todavía recuerdan. En el 1976 el Gobierno de Puerto Rico, mediante acuerdo, adquirió el edificio del antiguo Cuartel de Ballajá del gobierno federal de los Estados Unidos con el compromiso de utilizarlo para fines culturales, educativos y turísticos. En 1986 inició la planificación del proceso de renovación del cuartel bajo el Plan de Reforma Interior de la Zona Histórica de San Juan. Las obras se concretarían más tarde, entre 1990 y 1993. Desde el 1992, la Oficina Estatal de Conservación Histórica (OECH) es el custodio de esta importante propiedad y su conservación, rehabilitación y administración ha sido una tarea de constante presencia en su agenda. Hoy, los esfuerzos de revitalización continúan con un con la puesta en marcha de un proyecto cuyo alcance aspira a impulsar la ansiada transformación del Cuartel de Ballajá en un núcleo cultural y turístico vivo. Mediante la inversión de 1.5 millones de dólares provenientes del Fondo de Acopio Cultural otorgado por el Gobernador de Puerto Rico, Hon. Luis Fortuño Burset, las obras comenzaron el pasado 1ro de marzo con la cuidadosa limpieza de todas las superficies de pared y techo del patio interior, las galerías circundantes, la escalera principal,
Representación tridimensional del proyecto propuesto para el antiguo Cuartel de Ballajá y vista del patio interior como escenario de eventos culturales. Imágenes por Oscar Ramos y Javier Olmeda.
las secundarias y todos los vestíbulos. Para el resanado de las superficies en estado de deterioro, la OECH contó con la asistencia técnica de expertos cualificados para la selección de los métodos y materiales adecuados en acorde con las prácticas de conservación contemporáneas. Rehabilitar las superficies del cuartel como parte del alcance de trabajo, le presentó a la OECH la oportunidad de recrear su cromatismo histórico. Tomando como base un estudio científico preparado en 1987 por Beatriz del Cueto y Jeanne
Marie Teutonico, la recreación de los colores que tuvo en sus inicios el enlucido exterior –negro humo y marrón amarillento- le ha devuelto al Cuartel de Ballajá la severidad que caracterizó la arquitectura militar española de ultramar. Producto también de este análisis -y de impacto particular en la nueva apariencia del edificio- resulta la aplicación de un tono calizo natural en detalles arquitectónicos como pilastras, cornisas, almohadillados, retalles y bandas. En el interior, sin embargo, el edificio sorprende aun más al observador con
el color encarnado en vestíbulos y escaleras y, sobre todo, la integración del rojo ladrillo en las arcadas que dan cara al gran patio. Tras éstas, la aplicación del ocre en los muros de fondo responde además a la tradición dieciochesca que quedó patente en los grandes edificios públicos, religiosos y militares de la ciudad como el palacio de la Real Intendencia (1852), el antiguo Mercado - que más tarde ocuparía la Diputación Provincial (1858), el Palacio Episcopal (1845) y la Real Audiencia Territorial (1832-50). Aunque el acabado
Propuesta para habilitar la azotea del edificio del Cuartel de Ballajá A Plataformas para observar los paisajes B Paneles fotovoltaicos en alas norte y sur C Anfiteatro en ala este Representación tridimensional por Oscar Ramos y Javier Olmeda.
S T A T E
H I S T O R I C
P R E S E R V A T I O N
O F F I C E
| 75
Un fénix en Ballajá: Rehabilitación del antiguo Cuartel de Infantería
Arriba: Cuartel de Infantería de Ballajá luego del ataque de 1898. Fotografía colección Osvaldo García, Servicio de Parques Nacionales. A la derecha: (cisterna) Vista interior de la cámara mayor del aljibe histórico, y escalera principal una vez concluida la rehabilitación del antiguo Cuartel de Infantería de Ballajá. Fotografías 2010.
rojizo ya constituía un hallazgo del estudio científico, fue durante la implementación del actual proyecto que se reveló un detalle adicional: la aplicación de finas líneas al temple de color blanco que, irónicamente, falseaban la mampostería de ladrillos que de por sí ya ostentaba el edificio bajo sus enlucidos. Durante el proceso, se determino conservar en la arcada norte de piso noble un testigo de esta importante etapa en la historia cromática del edificio para la referencia de futuros visitantes y estudiosos de la materia. El evidente deterioro del maderamen exterior del edificio y sus herrajes fue otra de las consideraciones esenciales del proyecto. Para facilitar el manejo y acarreo de todas las piezas y, a la vez, evitar gastos innecesarios, se habilitó un taller de trabajo en el vasto espacio que históricamente albergó una de las caballerizas del cuartel. Las tareas completadas incluyeron el desmonte, rehabilitación y re-instalación de gran parte de las puertas y ventanas exteriores del edificio como también la rehabilitación y reconstrucción de los balcones en las fachadas sur y oeste, hasta entonces desaparecidos. Aquellos 76 | O f i c i n a
elementos que presentaban un alto nivel de deterioro, particularmente en la fachada este del edificio, han sido reconstruidos parcial o totalmente. Como resultado del estudio científico antes mencionado, el acabado de pintura que actualmente se aprecia en las puertas, ventanas, antepechos, balaustradas, viguería y demás integrantes del maderamen corresponde a gris pardusco que exhibieron las maderas originales del cuartel durante la segunda mitad del siglo XIX. La escalera principal del cuartel, uno de los espacios interiores más dignos de todo el conjunto, presentaba un estado de deterioro avanzado -pero reversible- en la cornisa de mampostería y el abovedado que la corona. En el proceso de restauración – llevado a cabo por albañiles diestros en las técnicas de construcción decimonónicas – se procuró conservar los segmentos de cornisa que se encontraban en buen estado y reconstruir fiel y cuidadosamente aquellos que se habían perdido o estaban al borde del colapso. Otra tarea fundamental que se integró al programa del proyecto fue la optimización de sistemas y componentes eléctricos. Por ejemplo,
E s t a t a l d e Co n s e r v a c i ó n H i s t ó r i c a
todas las farolas colgantes y de brazo localizadas en los espacios comunes del cuartel fueron renovadas para extender su vida útil. Con el propósito de reducir el consumo energético en un edificio de tal escala, se reemplazaron todos sus balastros y bombillas. De la intervención llevada a cabo en la década de los noventa, se logró rescatar el sistema eléctrico que alimenta un total de treinta y siete lámparas que ahora vuelven a bañar de luz la entrada principal del cuartel y las fachadas del patio interior. La iluminación no solamente acentúa el soberbio diseño neoclásico del edificio sino también contribuye significativamente a la vida nocturna que para allí se vislumbra una vez se completen las fases ulteriores del proyecto. Tarea adicional, pero no menos relevante, constituye el reemplazo de las lámparas colgantes y de pared en la escalera principal, las dos secundarias y todos los vestíbulos del edificio. La Plaza del Soportal, también bajo la jurisdicción administrativa de la OECH, no ha estado ajena al alcance de las tareas propuestas ya que se contempló la limpieza, resanado, imprimación y pintura de todas sus superficies.
Arriba: Testigo que ilustra el color rojizo del enlucido original de las arcadas del patio interior y las pinceladas al temple que falseaban juntas de mampostería de ladrillo (c.1864). A la derecha: Vista del patio interior luego de completados los trabajos de iluminación y pintura. La selección de colores se basó en los resultados del estudio realizado por Beatriz del Cueto en 1987 que reveló los colores originales del edificio. Fotografías 2010
Como partida única pero, a la vez, la más onerosa de todo el proyecto, redundará en gran beneficio para la conservación el cuartel los trabajos de impermeabilización de techos que también se llevarán a cabo. Gracias a las economías que se lograron en las etapas tempranas de planificación del proyecto, sumado el aprovechamiento de elementos que fue posible reutilizar (farolas colgantes, puertas, ventanas y herrajes, por ejemplo) se han concretado, ceñidas al límite presupuestario, importantes tareas no contempladas en esquema original. Ejemplo de ello es la instalación de nuevos postes, farolas y mobiliario urbano en los alrededores del Cuartel de Ballajá, la adquisición e instalación de una nueva rejilla para el drenaje principal del patio interior, la dotación de infraestructura requerida para habilitar un espacio como restaurante, la restauración del vitral sobre la entrada norte del cuartel, asi como la impermeabilización de los techos y pintura de puertas y ventanas en la Plaza del Soportal, entre otras. Como indicamos antes, se anticipa que esta primera fase de trabajos en Ballajá sirva como punta de lanza para la consecución de otras
etapas subsiguientes cuyo norte serán el máximo aprovechamiento de espacios actualmente subutilizados y el desarrollo sostenible de un monumento histórico puertorriqueño para el beneficio de la ciudadanía, su verdadero custodio, y las decenas de miles de visitantes de recibe cada año. Sobre éste último, la OECH, en estrecha colaboración con la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), la Autoridad para el Financiamiento de Infraestructura (AFI) y la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), ha iniciado agresivo un plan de auditorías energéticas y reconocimientos de campo en el antiguo cuartel que le permitirá determinar aquellos mecanismos de energía renovable que derivan del sol, las brisas y el reciclaje de aguas, sirviéndose este último renglón de la puesta en función del aljibe histórico del edificio, con toda probabilidad el de mayor capacidad en su tipo en todo Puerto Rico. “Con este pequeño pero gran paso lograremos reducir considerablemente el enorme gasto que actualmente invierte nuestra Oficina en utilidades, empleando de manera más efectiva los sistemas mecánicos que integra el edificio.” asegura el arquitecto Carlos A. Rubio Cancela, Director
S T A T E
H I S T O R I C
Ejecutivo de la OECH. “A la misma vez – y ciertamente uno de los propósitos fundamentales de esta gestión – será legarle a las futuras generaciones un modelo palpable de sostenibilidad. Dos de las iniciativas que contemplamos en nuestro plan general – la instalación de un techo verde y placas fotovoltaicas en la azotea, espacio que estará accesible a todos los visitantes, servirán para educar a la ciudadanía sobre la posibilidad de integrar los principios de conservación y arquitectura verde a aquellas necesidades contemporáneas que han mantenido en uso hasta nuestros días un edificio tan relevante en nuestra historia como es el Cuartel de Ballajá.” concluyó Rubio no sin antes reconocer la cooperación del equipo de trabajo de la OECH y los inquilinos del cuartel – particularmente el Museo de Las Américas – en la realización del proyecto. Administrador: Oficina Estatal de Conservación Histórica Carlos A. Rubio Cancela, Director Ejecutivo Gerencia: Santiago Gala Aguilera, AIT Marel del Toro Cabrera, AIT (Plaza del Soportal) Eduardo Cancio González (Oficial de Energía) Contratistas: Constructora Naboria, Inc. y Waste Tech, Inc. Inversión: $1,500 000.00
P R E S E R V A T I O N
O F F I C E
| 77