Skip to main content

CAPÍTULO 2

Page 1


Capítulo 2

quejarnos arruina “el look” . Pero el cuerpo no está hecho para mantenerse rígido por horas. No está hecho para ser apretado hasta el punto de incomodidad. Y no deberíamos aceptar ese nivel de presión como un precio inevitable.

quejarnos arruina “el look”. Pero el cuerpo no está hecho para mantenerse rígido por horas. No está hecho para ser apretado hasta el punto de incomodidad. Y no deberíamos aceptar ese nivel de presión como un precio inevitable.

veces sentimos que no deberíamos quejarnos por algo “tan pequeño” , pero incluso un detalle así puede cambiar cómo nos mueve el cuerpo. Aguantar es un hábito; nos acostumbramos a que duela. Y sin darnos cuenta, cargamos un peso innecesario solo por mantener una apariencia que podría lograrse incluso sin sufrir.

veces sentimos que no deberíamos quejarnos por algo “tan pequeño”, pero incluso un detalle así puede cambiar cómo nos mueve el cuerpo. Aguantar es un hábito; nos acostumbramos a que duela. Y sin darnos cuenta, cargamos un peso innecesario solo por mantener una apariencia que podría lograrse incluso sin sufrir.

TES

El maquillaje puede convertirse en una exigencia que pesa más de lo que admitimos. No solo irrita la piel o cansa los ojos: a veces nos deja con la sensación de que no podemos salir “naturales” sin sentir culpa o inseguridad. Y eso duele profundo. No deberíamos vivir presionadas a cubrir todo, perfeccionar todo o maquillar todo para ser aceptadas. Hay días en los que el cuerpo pide descanso y la piel pide aire, pero la costumbre —o la comparación— nos empuja a seguir.

El maquillaje puede convertirse en una exigencia que pesa más de lo que admitimos. No solo irrita la piel o cansa los ojos: a veces nos deja con la sensación de que no podemos salir “naturales” sin sentir culpa o inseguridad. Y eso duele profundo. No deberíamos vivir presionadas a cubrir todo, perfeccionar todo o maquillar todo para ser aceptadas. Hay días en los que el cuerpo pide descanso y la piel pide aire, pero la costumbre —o la comparación— nos empuja a seguir.

LLAJE

La salida está en recuperar el poder de elegir. En dejar que el maquillaje sea un acompañante y no un mandato. Podemos usar productos más suaves, permitirnos días sin base, dedicar menos tiempo cuando estamos cansadas o simplemente salir al mundo con nuestra piel real. No se trata de abandonar el maquillaje, sino de dejar de sentir que sin él valemos menos. La piel también habla, y merece que la escuchemos.

La salida está en recuperar el poder de elegir. En dejar que el maquillaje sea un acompañante y no un mandato. Podemos usar productos más suaves, permitirnos días sin base, dedicar menos tiempo cuando estamos cansadas o simplemente salir al mundo con nuestra piel real. No se trata de abandonar el maquillaje, sino de dejar de sentir que sin él valemos menos. La piel también habla, y merece que la escuchemos.

Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
CAPÍTULO 2 by SAMANTHA PALOMA SILVA TUCUNANGO - Issuu