Miércoles 16 de diciembre de 2020 Editor y coeditor gráfico: César Armando Javier Pérez
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Fidencia Fernández Veraud Sastré
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a historia de Fidencia Fernández Veraud Sastré, ha conmovido por generaciones a los tabasqueños. Sin cumplir aún los 18 años, se vio envuelta en una odisea digna de Homero, diría un cronista teapaneco, que la colocó en un segmento importante de la historia nacional, pues ocurrió en la época que se defendía la soberanía nacional, por encima de intereses extranjeros, siendo presidente de México, Don Benito Juárez García.
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La familia Fernández Veraud Sastré, inicia su historia desde 1750, cuando gobernaba España Fernando VI de la Casa de Borbón, y en la Nueva España el Virrey número 41, el 1er Conde de Revillagigedo, capitán general de Cuba, Juan Francisco Güemes y Horcasitas hace ya más de 270 años, y al igual que todas las familias de América, desde hace más de 500 años, el mestizaje cimentó la historia que hoy nos toca vivir. En Tabasco, esta familia está más vigente que nunca. De honrada y noble cuna, han sabido trascender de padres a hijos siempre con la cabeza en alto, preservando la dignidad por tantos años de historia llena de cambios y confrontaciones sociales, económicas, militares, políticas y religiosas, y hay aquí y ahora, de estas últimas generaciones, nietos y bisnietos naciendo y creciendo en plenitud, mientras las nieves del tiempo de sus padres, abuelos y bisabuelos, cubren sus cienes como parte natural del tiempo que les ha tocado vivir. La historia aún está incompleta, porque son muchos datos, las anécdotas y muchas vidas que aún no se descubren y otras que ahora mismo se están escribiendo. Siempre habrá historias nuevas que llamen nuestra atención. Aquí se presenta parte de esta, que se ha tomado de vivencias personales, entrevistas, testimonios escritos y verbales que han pasado de familia en familia en los últimos 150 años y que han llegado a nuestros días, gracias a estas familias de las que hoy recordemos parte de su orgullosa historia. Los textos familiares que se explican por sí mismo, fueron facilitados por Doña Aracely Sastré de Ventre y explicando en su relato cómo llegaron a ella, y por la intervención e interés de su hijo, orgullo de esta historia, Ernesto Ventre Sastré. Emilio Contreras Martínez de Escobar, dedicado un poco a todo de estos menesteres, junto con su hermano Miguel Contreras Martínez de Escobar, siguió la ruta, trazaron los mapas e investigó Emilio ampliamente este acontecimiento aportando documentos históricos que fue consiguiendo en el transcurso de la elaboración de esta reseña, y por otro lado, Julio César Javier Quero y César Armando Javier Pérez, buscaron en Rumbo Nuevo y en datos de biblioteca, aspectos que enriquecieron aún más estos trabajos. La primera historia de Doña Fidencia fue publicada en este rotativo en 1952, así que hacer y fomentar la cultura no es nuevo para El Diario de la Vida Tabasqueña. Familiares participaron en consultas que se le hicieron por dudas lógicas que se presentaron, pero es importante hacer mención que Bárbara Gurría Hernández tiene un acervo impresionante de toda la familia y que con extrema gentileza facilitó, aclaró y ayudó en una parte muy importante, mostrando en todo momento el cariño y respeto que tiene esta espléndida, hermosa e histórica familia a la que ella pertenece. Carlos Madrazo Cadena, que se mete en todo, participó en la recolección de estos materiales de excelente manera. Hay mucho que escribir. El Árbol Genealógico y la historia se toma a partir del nacimiento de Doña Fidencia y hasta la actualidad con material básicamente fotográfico de algunos miembros de las diversas familias que la conforman, pero de que se puede seguir, por supuesto, en la historia reciente en el ámbito económico, político, social, académico y deportivo, miembros de esta familia se han destacado en Tabasco y en México, así que hay mucho aún por decir, hay historia para rato. (JAJQ) DIRECTORIO:
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Presidenta del Consejo Editorial y coordinadora general de suplementos
Jorge Alberto Javier Quero
Paulina Javier Martínez
Gloria Karina López de Dios
Director General
Subdirectora General
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César Armando Javier Pérez Coordinador General
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Las columnas de Rumbo Nuevo, son responsabilidad de quienes las escriben. La Redacción se deslinda de sus contenidos. La responsabilidad de este matutino, es estrictamente en su materia editorial.
El periódico Rumbo Nuevo, El Diario de la Vida Tabasqueña, miembro de la Asociación de Editores de Periódicos diarios del Estado de Tabasco, AC, fue fundado el 1ro. de noviembre de 1943. Es un periódico matutito de circulación diaria, con domicilio en Noverola 107, Col. Reforma. C.P. 86080. Villahermosa, Tabasco, México. Editor responsable: César Armando Javier Pérez. Editado, Impreso y Distribuido por 5JM Editores S. A. de C.V. Teléfonos: (993) 315-47-27 y 315-48-37. Número de Certificado de Reserva: 04-2012-080613175000-101 de la SEP. Certificado de Licitud de Título y Contenido número 15205, otorgado por la Comisión Calificadora de Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. “Certificado de circulación, cobertura y perfil del lector folio 00223-RHY emitido por ROMAY HERMISA Y CIA S.C y registrado en el padrón Nacional de Medios Impresos de la Segob.”
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Preludio a una historia oña Fidencia Fernández Sastré, conocida en la historia de Tabasco como «Doña Fidencia», nació el 11 de noviembre de 1844 en el barrio de Cuculteupa de la hoy ciudad de Cunduacán. Sus estudios los realizó en su lugar de origen con el prestigiado maestro español Antonio Cabeza.
la ciudad de Mérida, Yuc., le propuso que si se le daba una fuerza audaz podría tomar por asalto el edificio del comisariato, el cual estaba fuertemente atrincherado; se le dio lo solicitado y todo parece indicar que dos días después del ataque, el 6 de junio de 1867, González Arévalo halló la muerte; su cadáver fue sepultado en Mérida, en la iglesia de Santa Ana.
La apacible vida de Fidencia, en la finca Santa Rosalía del actual municipio de Cárdenas, cambió por completo a partir del 7 de agosto de 1863, cuando el comandante de las fuerzas francotiradoras que se habían apoderado de Tabasco, Eduardo González Arévalo visitó dicha propiedad y quedó prendado de la bella joven. El audaz aventurero, sin el conocimiento de Fidencia y de sus padres, tomó la determinación de contraer matrimonio con ella. Tal pretensión fue rechazada por la virtuosa tabasqueña, quien, para librarse de aquel iluso extranjero enemigo de su patria, vestida de hombre, a caballo, acompañada de su hermano Cándido, huyó de Tabasco a través de Chiapas y de toda la América Central hasta llegar a Panamá.
Volvamos a nuestra historia, después de un largo peregrinar por el estado de Chiapas y por la república de Guatemala, Doña Fidencia y Cándido embarcaron en el puerto de San José, Guatemala con rumbo a Panamá, tiempo después los fugitivos se refugiaron en La Habana, donde tuvieron noticia de la derrota de Arévalo, por los tabasqueños que comandaba Don Gregorio Méndez, y tuvieron retomar el solar nativo; el anterior episodio hizo de Fidencia una heroína popular que encontró acogida en todos los corazones tabasqueños.
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Algunos historiadores aseguran que González Arévalo era natural de la ciudad de Granada, España, en donde nació en 1833, y que cuando llegó a Tabasco tenía más a menos 30 años de edad. Sabemos que, cuando el presidente de la República, general Miguel Miramón, conformó el 2º Cuerpo del Ejército, en Irapuato, Guanajuato, el 13 de mayo de 1860, Eduardo González Arévalo figuraba entre los ayudantes del general Severo del Castillo, quien dirigía la 1ª División de Infantería. Arévalo gobernó Tabasco, del 18 de junio de 1863 al 20 de enero de 1864; el 18 de junio, como jefe de la expedición intervencionista se apoderó de la capital del estado, y posteriormente, el 29 de julio del mismo año la regencia del Imperio lo nombró prefecto político y comandante general del departamento. Cansada la regencia por la mala conducta de González Arévalo en el ejercicio del poder, nombró para substituirlo al general graduado Manuel Díaz de la Vega, al cual le entregó el mando, quedando González Arévalo con el carácter de segundo cabo. Más tarde González Arévalo pasó a servir a las filas republicanas, habiendo pedido su baja en el Ejército Imperial el 18 de noviembre de 1864 A inicios de junio de 1867, González Arévalo se presentó en el campamento del jefe republicano, general Manuel Cepeda Peraza, quien sitiaba
de El Recreo Escolar. Fue autor de los siguientes libros. Apuntes históricos de Tabasco; Geografía e historia del Estado de Tabasco y La educación pública en Tabasco. Falleció en la ciudad de Villahermosa, el 10 de marzo de 1964. (JCJQ)
Doña Fidencia vivió en la ciudad de Villahermosa, en la Av. Francisco I. Madero núm. 26, hasta 1939, año en el que falleció, siendo su sepelio una gran manifestación de duelo. Quizá de las últimas entrevistas que concedió Doña Fidencia fue a Don Rosendo Taracena Padrón; Don Rosendo, como manifiesta el investigador Jorge Priego Martínez, nació en Cunduacán, el 24 de febrero de 1866, en 1895 se tituló de maestro de educación primaria y posteriormente, en 1925, obtuvo su título de profesor de educación superior en el Instituto Juárez. Toda su vida la dedicó a la luminosa tarea de enseñar, fue maestro y director de numerosas escuelas oficiales, entre las que contamos la Melchor Ocampo, de Cunduacán, las racionalistas No. 1, Francisco Ferrer Guardia y Álvaro Obregón, de Villahermosa; también dirigió la Escuela Normal Rural del Estado y el sistema de escuelas nocturnas para obreros. En Comalcalco fundó y dirigió dos escuelas privadas: la Alberto Correa Zapata, de 1912 a 1925 y el Instituto Comalcalco de 1940, hasta pocos años antes de su muerte. Durante su fecunda vida magisterial, publicó el periódico El Recreo Escolar, quizá el de más larga permanencia en la historia del periodismo tabasqueño. En 1940 recibió la medalla Ignacio M. Altamirano y, entre otros reconocimientos a su apasionada labor, anotamos la medalla Gregorio Méndez, su designación de hijo predilecto de Comalcalco y un diploma otorgado por los organizadores del Primer Congreso de Periodismo Tabasqueño, a su tarea periodística como creador y director
Eduardo González Arévalo (1833-1867)
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DOÑA FIDENCIA Por Rosendo Taracena Padrón l día 7 de agosto de 1863, Arévalo tuvo oportunidad de conocer personalmente en la finca «Santa Rosalía», del municipio de Cárdenas, a la señorita Fidencia Fernández Sastré, hija de rico agricultor de aquel lugar, y prendado seguramente de la hermosura y belleza que adornaban a esta damita cunduacanense que apenas contaba 18 años de edad, dispuso, de una manera terminante entre su pretendido matrimonio, sin contar con la voluntad expresa de ella, ni la de sus respectivos padres.
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Tan poseído y seguro estaba Arévalo de llevar a cabo su empresa amorosa, haciendo alarde de su incontrastable poder, que (según la conocida versión lugareña), inmediatamente pidió a los Estados Unidos una elegante vajilla y licores finos con lujosas etiquetas que ostentaban los nombres de «Arévalo y Fidencia». Entre tanto, la señorita Fidencia, temerosa de que se llevara cabo tan atrevida determinación del mandatario invasor, rehusando unirse en matrimonio con una persona poco conocida de ella y a la vez enemiga de su patria, tomó la heroica resolución, obedeciendo órdenes de sus padres, de salir fuera del país; a cuyo efecto (siguiendo la misma versión), se mandó cortar el cabello, y vestida de hombre, salió de la finca «Santa Rosalía»
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acompañada de su hermano Cándido, montados cada quien en arrogante y vigoroso caballo. Al llegar a Huimanguillo se les unió como compañero de viaje el joven alemán Don Agustín Lutzow, continuando por Pichucalco, San Cristóbal de las Casas y Tapachula, del Estado de Chiapas, para seguir su peregrinación espontánea por la costa sur de la América Central hasta llegar a Panamá, de donde embarcaron con dirección a la isla de Cuba, llegando a La Habana a fines de agosto de 1863. En esta ciudad permanecieron los intrépidos viajeros hasta el año de 1864 en que supieron la completa pacificación de Tabasco por el triunfo del partido republicano, trasladándose a Mérida y poco después a Cunduacán. A pesar de la odiosa opresión ejercida por el gobierno extranjero, haciendo honor a la verdad y a la justicia, debe consignarse como un acto noble y generoso el hecho que en seguida se refiere. Al saber Arévalo los detalles de aquella su tragedia amorosa, indignado por la burla, juró vengarse de sus enemigos. Desde luego se dirigió con su Estado Mayor a la precipitada finca «Santa Rosalía» teatro de los acontecidos, cuyo dueño, al darse cuenta de la llegada de Arévalo, mandó cerrar las puertas de la casa temeroso de que el enojado gobernante descargara todo su coraje en él y los moradores de la finca. Pero ¡cuán distinto fue el proceder del enamorado andaluz! Convencido el señor Fernández Veraud de que el gobernante no iba animado de rencor alguno en su contra, abrió las puertas del aposento en que se hallaba. Acercose Arévalo visiblemente conmovido al ver
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al señor Fernández Veraud, y estrechándolo entre sus brazos, le dijo: «Señor, si sus hijos le han abandonado aquí tiene usted otro hijo que le ofrece toda su protección y ayuda». Con el deseo de hacer algunas rectificaciones respecto a los datos anotados anteriormente, que no carecen de alguna importancia para la historia local, encontrándose radicada en esta capital la respetable señora Doña Fidencia Fernández Sastré, viuda de Gómez [en el acta de defunción de su hijo César, su padre aparece con el nombre de Benito Gómez Sastré, y en el acta de defunción de su hijo Salomé aparece el nombre del padre como Benito Sastré, quizá allí la confusión de Don Rosendo Taracena], ya anciana de 92 años, pude entrevistarla en su casa habitación de la calle Francisco I. Madero, de esta ciudad, acompañado del honorable señor Pablo Díaz Oramas, con quien cultiva vieja amistad; y después de hacer algunas aclaraciones sobre el indicado pasaje de su vida, haciendo un esfuerzo para concentrar su memoria, agregó: Nací en el barrio de Cuculteupa de la hoy ciudad de Cunduacán, el 11 de noviembre de 1844. Mis padres fueron Don Juan Fernández Veraud y la señora Leonarda Sastré de Fernández, siendo mi maestro de primeras letras en la misma finca, el conocido educador Don Antonio Cabeza, maestro, que, al trasladarse más tarde a Cunduacán, fundó una escuela ayudado por su virtuosa compañera Doña Mariana Lezcano de Cabeza, en donde figuraron como alumnos, Arcadio Zentella, los Cruz, los Presenda, Salomé Taracena y otros, cuyos nombres aparecen en la literatura tabasqueña. La honorable señora terminó su plática obsequiándome un retrato que ilustra estas páginas, cuando sólo tenía 18 años de edad.
Contemporáneos del siglo XIX de Doña Fidencia
Salomé Taracena Gallegos. (El Negro Melenudo) Nació en la entonces villa de Jalpa, el 7 de septiembre de 1854
Manuel Sánchez Mármol. Nació en Cunduacán, Tab., el 25 de mayo de 1839
Arcadio Zentella Priego. Nació en Cunduacán, Tab., el 12 de enero de 1844.
Gregorio Méndez Magaña, Nació en la villa de Jalpa, Tab., el 27 de marzo de 1836.
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LA «NOVIA» DE ARÉVALO
Otro testimonio sobre Doña Fidencia es el de Don Atírsipe Figueroa Sáenz, quien nació en San Juan Bautista, hoy Villahermosa, en 1884; se tituló de profesor en farmacia en el Instituto Juárez, y siempre se dedicó a ejercer su profesión, llegando a ser el decano en farmacia en Tabasco. Con deseos de trasmitir sus conocimientos se dio a la tarea de escribir un Diccionario de Farmacia, el cual desafortunadamente se perdió, de igual forma escribió cuentos breves y artículos diversos, pero su obra más importante fue una serie de artículos publicados en la prensa local, sobre todo en el diario Rumbo Nuevo, en los artículos mencionados, se refería a la historia y tradiciones de su ciudad; se le considera el primer y verdadero cronista de Villahermosa, falleció en esta ciudad el 14 de octubre de 1965, aquí tu trabajo sobre Doña Fidencia. rios para efectuar la boda con toda premura; y Atírsipe Figueroa Sáenz cuando ya tuvo lo dispuesto, salió de esta capital con un numeroso séquito de invitados, rumbo a la mis amables lectores les voy a contar villa de Cunduacán, donde residía la familia algo que no se ha escrito y que, a mí, Veraud, llevando cargamento de víveres para el hace mucho tiempo me contaron viejos banquete de bodas, cajas de licores finos, música, que vivieron y presenciaron los aconteetc. Había que ver los presentes para la novia: el cimientos de aquellos aciagos días que traje de boda suntuoso, de blanco brocado, y finíprecedieron a la magna epopeya del glorioso 27 de simos encajes; un elegantísimo traje de febrero de 1864, en Tabasco. amazona para montar un lindo caballo de una arrogancia y soberbia Fecha memorable en los fastos estampa, ensillado con una cosde la historia de nuestro Estado, tosa montadura de mujer, primero que tuvo la gloria de cabezada y sillón revestido arrojar de su suelo al invasor de plata; y el fuetecillo con francés. puños de oro macizo con piedras preciosas incrusLos abnegados liberatadas; joyas, objetos les, en los días a que me varios, etc. refiero se posesionaron en lo alto de la loma de Pero ¡oh triste realila Encarnación (calle dad! El pájaro había Lerdo), emplazando volado de la jaula. en ella dos cañones a los que ocurrenteLa señorita mente bautizaron Veraud, vestida de con el nombre de hombre y acompa«Cándido» a uno y al ñada de su hermano otro «Fidencia». Cándido, corriendo mil peligros huyeron Cuando de lo alto al Estado de les enviaban una Chiapas; de allí a andanada del Guatemala no vol«Cándido», les gritaviendo más, sino ban: ¡Arévalo, recibe hasta que los invasoese abrazo que te res salieron de nuesmandan «Cándido»!, y tro Estado. cuando del «Fidencia»: ¡Arévalo, recibe ese Doña Fidencia beso que te manda Veraud de Sastré; muy «Fidencia»! anciana murió en 1939 en su residencia de la calle El jefe imperialista, Don Madero, dejando una numeEduardo González Arévalo, rosa descendencia. en su pecho (al fin hombre como otro cualquiera), sintió Por este rasgo de alto patriotisuna vehemente y volcánica pasión mo de la heroica tabasqueña, el por la señorita Fidencia Veraud, gobierno garridista decretó ponerle el aceptara casarse con él, costara lo que nombre de Doña Fidencia a la calle de Doña costara. A esta y su familia, ante la gravedad Marina, por considerar a esta traidora a su patria y de las circunstancias, no les quedó, por de pronto, a su raza; pero sea una cosa u otro o las dos a la más remedio que aceptarlo para evitar males que vez, del idilio amoroso de la Malinche y del conpudieran sobrevenir a sus intereses personales y quistador extremeño, como ya dije en otro artícumateriales. lo, fue la fundadora de la raza criolla, porque de ese idilio amoroso, nació el primer criollo: el bastardo I hete aquí, al enamorado jefe de las huestes Don Martín Cortés. invasoras, que hizo todos los preparativos necesa-
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Fidencia Fernández Veraud Sastré,, vio la luz primera, en la ciudad de Cunduacán el día 11 de noviembre de 1844, vástago del matrimonio formado por los señores Juan Fernández Veraud y Leonarda Sastré.. Murió en 1939 en su residencia de la calle Madero,, dejando una numerosa descendencia.
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Buen viaje para esa época. Digno de crónica. Buena historia. Ruta del viaje de doña Fidencia al huir del traidor Arévalo que pretendía casarse con ella a la fuerza. Un enorme viaje a mediados del siglo XIX y su regreso años después a su tierra natal
ITINERARIO DEL VIAJE A LA HABANA POR CENTROAMÉRICA
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alimos de casa el 20 de agosto de 1863 por la tarde, caminamos hasta las 10 de la noche, hora en que llegamos a Huimanguillo, a la casa de Don Domingo Salazar, aquí permanecimos como tres horas, tiempo necesario para tomar algunas cosas precisas y a la una de la noche del 21 de agosto, seguimos por el camino de Pichucalco, caminando además de toda la noche todo el día 21, hasta las dos de la tarde, hora en que nos hospedamos en un rancho para pasar la noche. El día 22 de agosto de madrugada salimos de nuestra posada con dirección al pueblo de Pichucalco, Chiapas, llegando a esta a las tres de la tarde y habiéndonos apeado en casa del amigo don Eugenio de la Llama, aquí descansamos un día y dejamos los caballos para tomar mulas. Ya para el día 24, en la mañana, salimos con rumbo a la hacienda llamada Sacualpa, por el camino una legua de Pichucalco, pasamos el pueblo Ixtacomitán, llegando a la hacienda antes dicha cerca de las seis de la tarde, donde pernoctamos. El 25 de agosto, al aclarar, seguimos caminando pasando por los pueblos de indios llamados Isguatan y Tapilula, llegando a San
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Bartolo, como pueblo también de indios, a las cuatro de la tarde, donde pernoctamos en la casa del Sr. Cura. El día 26 de madrugada salimos rumbo a la hacienda de Bochil, a donde llegamos a la oración, fuimos muy bien recibidos y asistidos, aquí permanecimos todo el día 27 para descansar y herrar las mulas, que ya una venía algo aspeadas. Para el 28 en la mañana salimos rumbo a otra hacienda llamada Cacaté, a donde llegamos como a las dos de la tarde, aquí pernoctamos y el 29 de agosto, bien temprano tomamos camino hacia la ciudad de San Cristóbal. 29, 30, 31 de agosto y 1 de septiembre, permanecimos en dicha ciudad, saliendo el día 2 de septiembre llegando como a la una de la tarde al pueblo de Tiopisco, a donde pernoctamos. La mañana del 3 de septiembre salimos de aquí yendo hacer noche a dos leguas antes de llegar a Comitán, en unos ranchos llamados Las Milpearías, a donde llegamos a la oración y pasamos una noche bastante mala por causa de la tropa que se hospedó aquí y que llegó después de nosotros. El 4, muy de mañana, salimos a Comitán a donde
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llegamos a la una de la mañana hospedándonos en la casa de un paisano llamado Don Ángel de la Vega. En la mañana del 5 seguimos la marcha viniendo a dormir a la hacienda Santa María. El día 6, a las cuatro de la madrugada, seguimos camino con dirección a Nenton, frontera ya con Guatemala, a donde llegamos a las seis de la tarde, habiendo almorzado ese día en la hacienda llamada Cieneguilla del mismo dueño que la de Santa María. El día 7, al amanecer, emprendimos nuestra marcha viniendo hacer noche al pueblo de indios llamado Jacal Tenango, en el tránsito pasamos dos pueblos más de indios llamado el primero San Andrés, que dista de Nenton tres leguas y el segundo, San Marcos, que está como a una legua antes de llegar a Jacal Tengo. El 8 salimos de aquí rumbo Tosantos, pueblo también de indios y donde hay muchísimas manzanas, aquí hicimos la noche y el día 9 salimos para la ciudad de Huehuetengo a donde llegamos como a las cuatro de la tarde, habiendo pasado antes por el pueblo de Chantal. En esta jornada atravesamos las cumbres más altas de esta parte de los Andes, llamadas las cumbres de Chancol, por cuyo punto pasamos a medio día y el frío era bastante excesivo, y la
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verdad es que también estaba lloviendo. En Huehuetengo nos apeamos en casa de un amigo de Don José García, el cual nos recibió y trató muy bien los días que permanecimos en su casa, estando bastante empeñado en que nos quedáramos allí hasta el 18 de septiembre. El 18 en la mañana salimos de allí y en nuestra compañía el Sr. García pasamos por el pueblo de Melacatlan, célebre por su mina de plata que solo era conocida por los indios, venimos a dormir a un punto llamado el Agua-Caliente, por una fuente de esta clase que hay allí mismo, este punto es una ranchería y hay un mesón donde se paran los pájaros. De este punto salimos el 19 de septiembre, temprano pasando por el pueblo Cabrían de indios y ladinos, viniendo a rendir jornada a San Pedro Sacatepequa donde llegamos a las seis de la tarde, fuimos a parar a la casa de Don Juan Ignacio Toledo, donde tiene su fábrica de aguardiente. Llegamos a esta casa bien mojados pues desde el medio día nos comenzó el agua con bastante abundancia, aquí permanecimos cuatro días y uno de estos fui a dar un paseo a la ciudad de San Marcos con el objeto de hacerle una visita al Sr. Don Víctor Morales, como la efectué, el 24 salimos rumbo a Quezaltenango, habiendo pasado por los pueblos de San Juan Oicuncalco, San Antonio, etc., de ladinos e indios, llegamos a dicha ciudad de Quezaltenango a las 5 de la tarde. El 25 de septiembre permanecimos aquí donde nos acompañó el amigo García, y el 26 salimos con dirección a la hacienda Arqueta donde dormimos, el 27 nos dirigimos a la hacienda llamada La Sierra, de aquí salimos el 28 rumbo a la Antigua Guatemala, donde pasamos la noche. El 29 tomamos el camino a la Nueva Guatemala a donde llegamos como a las once de la mañana, aquí permanecimos hasta el 6 de octubre. La mañana del 7 de octubre salimos en la diligencia para Amatitlan donde almorzamos y después seguimos camino hasta Escuntla donde dormimos. El 8 temprano seguimos en la misma diligencia al Naranjo, donde se almorzó siguiendo luego camino al puerto de San José a donde llegamos como a las dos de la tarde, aquí permanecimos como hasta el día 10 de octubre. Y el mismo día 10 a las once de la mañana, nos embarcamos
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en el vapor de Guatemala de matrícula americana, este mismo día a las cuatro de la tarde salimos rumbo a Acajutla, pueblo de la República del Salvador a donde llegamos como a las once de la mañana, no habiendo ocurrido ninguna novedad digna de mencionarse. La mañana del 12 de octubre salimos con proa a la Libertad a donde llegamos a las doce del día habiendo permanecido aquí todo el resto del 12, el 13, a las ocho y media de la mañana seguimos nuestra ruta con dirección a la Unión a donde llegamos el mismo día como a las seis y media de la tarde. El 14 lo pasamos en el mismo puerto, y el 15 de octubre, a los ocho de la mañana, salimos con dirección a Corinto, a donde llegamos a las cinco de la tarde, este puerto es de Nicaragua. El 16 permanecimos aquí hasta la una del día hora en que seguimos marcha para Punta Arenas, puerto de Costa Rica llegando a este puerto el 17 de octubre, a la una de la tarde. El 18 permanecimos aquí, y el 19 de mañana salimos para Panamá, llegando el 21 a las seis de la mañana. Los días 21, 22, 23, y 24 permanecimos aquí. El 24, a las cuatro de la tarde, tomamos el tren rumbo a Colón, llegando a este puerto a las seis menos cuarto de la tarde y ya nos encontrábamos en la playa del Atlántico, comimos a las siete de la noche y a las ocho fui a pagar el pasaje al consignatario, a las nueve nos embarcamos en el vapor inglés Eva, con dirección a Kingston, en la isla de Jamaica, salimos a Colón el 25 a las doce del día, en esta travesía no ocurrió ninguna novedad. El 7 de noviembre salimos de Kingston, habiéndonos embarcado en el balandro (pequeña embarcación) que fletamos, es decir entre nosotros tres y dos compañeros más, costando por todo el fletamento $330.00 el balandro se llamaba El Abolucionista 2. Al otro día, es decir el 8 de noviembre, nos principió a soplar fuerte temporal del norte que nos duró cinco días en su máximo, nos desarboló, rompió el palo, principiamos a hacer bastante agua, etc., quedándonos completamente a merced de los vientos (mi tía Fidencia cumplía en estos días de peligro sus 18 abriles), así estuvimos hasta el día 17, de mañana vimos tierra, que era la costa de Honduras, navegamos costeando para el cabo Gracias a Dios y sin llegar
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a él hicimos regresar al capitán rumbo a puerto, hasta 21 a las 12 del día hora en que desembarcamos en la costa, permanecimos en la playa todo el resto del día 22 hasta el 23 de mañana que tomamos rumbo a Trujillo, pernoctando en un rancho del indio que nos traía y servía de guía. El 24 a las tres de la mañana seguimos nuestro camino por la playa y después nos embarcamos en una laguna y llegamos a casa de un inglés llamado Don Juan Dikens, como a las once de la mañana. Este señor está bien puesto, tiene un rancho sobre el río llamado Fly-river, enfrente de la casa encontramos fondeando un vaporcito de río, este estaba para salir para Belice con escala en Trujillo, el 27 por la tarde nos embarcamos en dicho vaporcito y después de haber andado por el río cosa de dos millas llegamos a la Barra donde fondeamos para pasar la noche, el 28 como a las 8 de la mañana salimos con rumbo a Trujillo costeando, a donde llegamos a la una de la madrugada del mismo día aquí encontramos fondeando un español llamado El Yucatán, le hicimos presente al capitán nuestra desgracia y con mucho gusto nos admitió a bordo de su barco sin llevarnos nada y dándonos un excelente trato. Nos trasbordamos a dicho barco, el 29 a las once de la mañana, dicho barco salía al otro día para La Habana, pero un fuerte norte nos hizo fondear en el puerto que se llama Rincón Chico a cosa de tres leguas de la bahía de Trujillo. El 7 de diciembre nos dirigimos a la vela para este puerto, de La Habana a las ocho de la mañana llegando el 18 del mismo a las tres y media de la tarde, no habiendo ocurrido en todo el viaje cosa que sea digna de mención. Habana. Enero 5 de 1864. Cándido Fernández Veraud. Esta historia fue relatada a sus hijos Eva, Soledad, Juan y Horacio por mi bisabuelo a la vez me la dio mi papá Benito Sastré Fernández, habiéndosela dado a mi hermana Celia, mi tío Juan, y espero que las nuevas generaciones les agrade, ya que estos personajes forman el tronco paterno de nuestra familia, y con gusto se los envío como un recuerdo de los hechos: Araceli Isabel Sastré López de Ventre
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En la travesía para llegar a Ciudad del Carmen mi bisabuela Soledad se sentó en el barco sobre un baúl ahí escondió mil pesos en oro y sus joyas para sobrevivir un año en ese lugar pero fueron interceptados por soldados que no se percataron por venir tapado con su falda y salvaron el tesoro. Allá rentaron una casa y las que salían a hacer las compras era su servidumbre y cuentan que hasta ellas se iban a trabajar y traían víveres a la casa a su regreso relataba mi abuela fueron a su casa de madero y como ahí la volvieron cuartel estaba destruida con pistola le tiraron a las lámparas de araña y las hicieron pedazos y la tubería de toda la casa se la robaron.
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ÁRBOL FAMILIAR
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HISTORIA DE
DOÑA FIDENCIA lrededor del año 1700, Don Tomás Sastré vino de Barcelona, España a Campeche, donde se estableció. Su nieto, Don Miguel Sastré, fue nombrado Capitán General por el gobierno Español, en la provincia de Tabasco habiendo pasado a ella. En Cunduacán conoció a la que fue su esposa la Sra. Rosalía Ruiz de la Peña, de este matrimonio nacieron José del Carmen, José Salomé y Leonarda Sastré; el primero se casa con la Sra. Josefa Ibarra Dueñas; el segundo con la Sra. Isabel Palma y la tercera con el Sr. Juan Fernández Veraud. Este último matrimonio se radicó en la hacienda Santa Rosalía, que ella heredó de su padre Don Miguel Sastré. En su matrimonio tuvieron a sus hijos Cándido y Fidencia.
A
Se cuenta que mi abuelo José del Carmen caminaba ya entrada la noche por una calle del pueblo de Cunduacán, Tabasco, al llegar a una esquina creyó ver una especie de culebrilla que se abalanzó sobre él, pudo librarse. Regresó a su casa donde contó lo sucedido a la familia. En esta misma época en una hacienda cercana al pueblo llamado San Fidencio, perteneciente a mi tío bisabuelo Don Gregorio Fernández Veraud, se echaban a perder los fermentos de las mieles llamadas “baticiones”, de donde se extrae el aguardiente, sin que se pudiera encontrar el motivo que lo estuviera produciendo. A la misma hacienda una vez mandaron unos plátanos de obsequio, que repartieron entre algunos operarios, al día siguiente uno de ellos murió de colerín; el administrador de la hacienda, Don Miguel Aranda, llevaba buena amistad con mi abuela Leonarda y hasta la estuvo pretendiendo; una noche bastante obscura regresaba a su casa de una visita, alumbrándose con un tizón o leño encendido, al pasar cerca de la iglesia, donde había unos árboles llamados tamarindos, se encontró con su amigo Don Miguel Aranda y continuó su camino acompañada del Sr. Aranda; mucho tiempo después
estando dos individuos en artículo de muerte, arrepentidos de sus fechorías por carta dirigida a mi abuela confesaron lo siguiente: Ellos habían tratado de asesinar con estilete en una esquina a mi abuelo Carmen (que fue lo que el creyó ver en una culebrilla), que ellos habían mandado los plátanos a la hacienda para deshacerse de Don Miguel Aranda, ser ellos los que se valían de cierto modo para echar a perder las baticiones, que la noche que mi abuela se encontró con Don Miguel Aranda, ellos tenían dispuestos los caballos para robársela.
Don Gregorio Fernández Veraud, hermano de mi bisabuelo Cándido Fernández, vino de las Islas Canarias, España, a Tabasco a la edad de 23 años, en el año 1788. Se dedicó a la agricultura, se casó y no tuvo sucesión, con este motivo escribió a mi bisabuelo Cándido que le mandara a su hijo Juan para que trabajara con él, llegó a Tabasco a la edad de 15 años, trabajó con su tío por algún tiempo, dedicándose después al comercio, viajando por el estado. En esta ocupación lo sorprendió el decreto de la expulsión de los españoles el año 1820. Salió, se dirigió a Nueva Orleans donde estuvo hasta que pudo regresar a Tabasco, comenzó a fijarse en mi abuela Leonarda, después de un año se resolvió a hablarle, pero ella no lo aceptó, esta negativa no lo desmoralizó, cada vez que regresaba de sus viajes le mandaba algún regalo que ella le devolvía. Al cumplirse el año durante la feria que había en el pueblo de Cunduacán, Tabasco, en los primeros días del mes de mayo volvía a hablarle, ella nuevamente lo rechazaba, cada año se repetía la declaración y la negativa, habiendo mi abuelo perdido las esperanzas, ya como último recurso le manifestó a mi abuela que tenía pensado marcharse para las Islas Canarias en vista de su constante negativa, pues no tenía para él interés su estancia en América, fue entonces cuando mi abuela le dio ya esperanzas y se casaron en el año 1839, habiendo tenido en su matrimonio a su hijos Cándido y Fidencia.
Los primeros años los pasaron en Cunduacán, después se fueron a radicar al ingenio Santa Rosalía en el distrito de la Chontalpa (Tabasco) que mi abuela heredó de su padre Don Miguel Sastré. Mi padre, a la edad de 9 años, fue mandado a estudiar a la ciudad de Tenerife (Islas Canarias) acompañado por su tío, el padre Frasquito. Hicieron el viaje en un barco de vela y tardaron en la travesía 4 meses. Un año después mi abuelo, acompañado de mi abuela y su hija Fidencia, fue a Canarias a visitarlos, estuvieron con mi bisabuelo Cándido 14 meses; regresaron a Tabasco dejando a mi padre en compañía de mi bisabuelo Cándido; mi padre regresó a Tabasco a la edad de 18 años por llamado de su padre que ya empezaba a enfermarse de la parálisis que sufrió por más de 20 años, habiendo muerto a la edad de 71 años, mi abuela Leonarda le sobrevivió muchísimos años, yo me acuerdo de ella, era una viejecita muy simpática, sus ojos azules, tez blanca, algo encorvada por los años, nunca usó lentes para leer o escribir, siempre gozó de magnifica salud y si no hubiera sido por una epidemia de gripa que asoló la región que fue el principio de su enfermedad hubiera llegado al siglo o lo hubiera pasado, pues murió a la edad de 97 años.
Allá por los años de 1863, cuando mi tía Fidencia iba a cumplir sus 18 años tuvo que huir acompañada de mi padre a Centro América, según el itinerario que mi padre mismo escribió de esta aventura, pero como no se dan detalles que nos han sido contadas en familia, escribo aquí algunos de ellos: Alrededor del año 1863 en una de tantas revoluciones (Invasión Francesa) llegó a Tabasco un general de nombre Eduardo González Arévalo, mercenario andaluz al servicio de la corona francesa, quien se posesionó del estado de Tabasco y parte de Chiapas. Conoció y se enamoró de mi tía Fidencia. A mis abuelos, quienes conocían la vida azarosa de los que se dedicaban a la vida militar de esos tiempos de revoluciones,
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María Enriqueta Sastré Fernández, Benito Sastré Fernández, Lila Sastré Fernández y José Kuroqui Sastré Fernández
Horacio Sastré Fernández Veraud
no les agradó y se opusieron de la manera más cortés a esas relaciones, afortunadamente eran los tiempos en que los hijos tenían más respeto a la opinión de sus mayores y pesaba sobre ellos la opinión de sus padres. Mi abuelo Juan, quien se encontraba paralítico pasando la mayor parte del día sentado en una silla, tuvo un consejo de familia y acordaron lo siguiente: Mi tía Fidencia, acompañada de mi padre Cándido (su hermano), huirían a Centro América por el estado de Chiapas. Mis abuelos verían de qué manera se excusaban ante el general Arévalo de la desaparición de sus hijos, pero esta aventura en aquellos tiempos era de pensarse, ya que la caminata tenía que ser a caba-
César Sastré Fernández Veraud
llo o en mula, por caminos malos, con desconocimiento de la ruta, sin lugar donde pasar la noche, atravesando ríos con cabalgadura, etc., sabiendo muy bien que serían perseguidos (pues el general ofreció dinero por la cabeza de mi padre) ya que tenía elementos suficientes para hacerlo, despachando perseguidores. Pero confiados en la Divina Providencia, con la bendición de sus padres, ya así los planes calculados y trazados salieron de su residencia de la hacienda de Santa Rosalía, ubicada en el distrito de Cárdenas, Tabasco, como a las 4 de la tarde, encaminándose con rumbo opuesto a donde iban,
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con el objeto de despistar a sus perseguidores y ganar tiempo; ya entrada la noche, mi tía Fidencia se cambió sus vestidos de mujer por las de un joven y mi padre cambió su fisonomía con bigotes y barba, tomando los siguientes nombres: mi padre Don Pablo, el joven Juan, estos cambios ya de antemano los habían ensayado; dando vuelta hacia el estado de Chiapas principiaron su camino que debería de tardar 4 meses en recorrerlo. Al llegar a oídos del general que los muchachos no se encontraban en la hacienda, se encaminó a ver a mis abuelos, a tomar informes personales de lo que pasaba, lo recibieron todos llorosos y compungidos, quejándose amargamente de sus hijos, que sin su consentimiento se habían marchado sin saber el camino que hubieran tomado, que confiaban en él, ya que disponía de elementos para poderlos hacer volver y fue tal el sentimiento de dolor de que hicieron gala representando sus papeles como actores de primer orden que convencieron al general, quien procuró calmarlos y les aseguró que no tardarían en dar con ellos y traerlos a la casa paterna, despachó tropas en varias direcciones, pero como sucede siempre en las averiguaciones del rumbo que hubieran tomado, sacadas de los vecinos perdió algunos días, que fue de gran provecho para los que iban huyendo, pues nunca se figuró el general que se hubieran arriesgado a atravesar el estado de Chiapas. El viaje que hicieron fue bastante penoso y molesto habiendo sucedido en un lugar de su recorrido ya entrada la noche, entraron a una fonda a cenar, allí se encontró mi padre con un conocido quien vino a saludarlo (mi padre se había quitado las barbas y bigotes) en la misma fonda estaban cenando unos soldados, el amigo se dirigió a mi padre por su nombre verdadero, pero mi padre no se desconcertó sino que le manifestó que probablemente estaba equivocado, pues no conocía a ese señor, su amigo volvió a insistir manifestándole que tal era el parecido que casi hubiera apostado su cabeza de que él era, pero recibiendo nueva negativa se retiró pidiendo mil excusas, en tal estado de ánimo, ya sin apetito procuraron no levantar más sospechas estando en la fonda un buen rato, se levantaron encaminándose a seguir su ruta a marchas forzadas temerosos de que fueran perseguidos. Esta parte de la caminata desde su salida de la hacienda hasta llegar a la Nueva Guatemala, atravesando todo el estado de Chiapas y la República de Guatemala, duró sobre 30 días, ya que la distancia recorrida de la hacienda a la Nueva Guatemala, es como de 500 kilómetros, haciendo jornadas, al principio de su viaje a caballo y después en la serranía en mulas, hospedados en las haciendas o rancherías la mayor parte del tiempo, donde bondadosa-
Benito Sastré Fernández, nieto de Doña Fidencia, hijo de Don César Sastré y Doña Soledad Fernández
mente eran acogidos para pasar la noche. De la Nueva Guatemala a San José, Guatemala, puerto en el Pacífico, la travesía la hicieron en diligencia (coche tirado por caballos,) en este puerto se embarcaron en un vapor que se fue costeando hasta Panamá, atravesaron el Istmo a Colón, allí encontraron un vapor que se dirigía a Belice con escala en Trujillo (Puerto de Hondura) se embarcaron en él. En Trujillo encontraron otro vapor que se dirigía a Kingston (Jamaica) a donde llegaron después de 2 meses de su salida de Santa Rosalía. Pero el episodio más triste y conmovedor de este viaje fue habiéndose embarcado en Kingston para dirigirse a Cienfuegos (Cuba) en un balandro (pequeña embarcación)
que habían alquilado, les alcanzó un fuerte norte o tormenta en la que perdieron el palo mayor y la vela, ya sin dirección estuvieron varios días a merced de las olas sin saber a dónde iban a dar, arrastrados por el mar, (mi tía Fidencia cumplía sus 18 abriles en estos días). El alimento les principió a escasear, cada día era menor la cantidad que podían tomar, vino la calma después de 9 días, pero se encontraron que la embarcación no tenía ni palo mayor, ni vela, no sabían dónde se encontraban. Hambrientos, sin poder dormir, con una tensión de espíritu en que veían acercarse la muerte, dirigieron sus miradas a quien únicamente podía salvarlos; con gran confianza en Dios y la Virgen María pasaron las horas pidiendo en sus oraciones que los sacara de este desierto de agua.
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De izquierda a derecha, Juan, Horacio, mamá Chole y Eva, hijos de Cándido Fernández Veraud, hermano de Doña Fidencia
De derecha a izquierda, mi abuela Enriqueta, parada agarrándole la mano a papá Cesar. Parado atrás de izq. a derecha mi tío Benito, hermano de mi abuela y agachado mi tío José, también hermano de ellos. Mi abuela Enriqueta hija de César
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Arriba a la izquieda, Luis Enrique Hernández Figueroa (27/07/1907-17/01/1978), enmedio su hija Enriqueta Hernández Sastré, a la derecha la señora María Enriqueta Sastré Fernández (12/11/1910-5/09/1998. Abajo Soledad Hernández Sastré y Luis Jorge Hernández Sastré
Una mañana divisaron a lo lejos tierra a lo que fueron acercándose donde encallaron, hicieron una balsa en la que se dirigieron a la playa; el peligro mayor había pasado, pero ¿dónde se encontraban? ¿encontrarían gente amiga que los sacara de esa situación, ya que sus fuerzas se estaban agotando por momentos? Las siguientes personas llegaron a la playa, con la ropa que portaban aunque bastante desgarrada y sucia, sin dinero pues perdieron todo su equipaje, Don Cándido, Doña Fidencia, Don Agustín Lutsow, un inglés, el capitán y un marinero, habiendo descansado una, hora decidieron emprender los primeros reconocimientos del terreno que pisaban, acordando lo siguiente: tomaron direcciones por la playa unos, otros se internaron tierra adentro, el que encontrara a alguna persona que la trajera al lugar donde desembarcaron y mi tía Fidencia se quedó esperando y descansando, la hora de regreso sería a las 4 de la tarde aproximadamente, a la hora señalada mi tía Fidencia divisó a lo lejos una persona que al acercarse conoció que era el inglés que venía acompañado por un indio y un racimo de plátanos, poco a poco fueron llegando las otras personas sin haber encontrado a nadie. Este recorrido en el balandro desde donde los cogió el norte hasta la costa de Honduras, puede calcularse aproximadamente en unos 1000 kilómetros que con el embate de las olas y las corrientes llevaron a la barquichuela en unos 9 días a atravesar esta distancia, habiendo sido 5 los días del fuerte norte. El indio en su media lengua les dijo que estaban en las costas de Honduras que los llevaría
Ernesto Ventre Aguilera y su esposa Aracely Sastré López
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Clementina Sastré López, Celia Sastré López, Enriqueta Hernández Sastré, Araceli Sastré López, Nidia Sastré Gutiérrez, Daisy Sastré Gutiérrez, Soledad Hernández Sastré, Elsie Sastré Gutiérrez, Anita Sastré de la Riva y Edna Sastré Gutiérrez
hasta donde encontraran gente blanca, tomaron un suculento almuerzo de plátanos, caminaron por la playa y fueron a pasar la noche en una choza, habiendo dormido tranquilamente y descansado algo. A la mañana siguiente se dirigieron caminando por la playa, habiendo entrado la noche se internaron guiados por el indio a una ranchería, aquí estaban celebrando los indios unas de sus festividades paganas por lo que le aconsejó el indio que no entraran, pues podrían disgustarse y matarlos, se quedaron a pasar la noche a campo raso en las afueras. Al día siguiente, antes que amaneciera, salieron rodeando la ranchería, caminando por la playa se dirigieron a una hacienda donde vivía un señor inglés, este señor al conocer su situación les proporcionó un vaporcito que salía para Belice con escala en Trujillo los llevara hasta ese lugar, habiendo tenido la suerte de encontrar un bergantín español, El Yucatán, le hicieron ver al capitán su desgracia y como náufragos los recogió a bordo, los transportó a La Habana sin cobrarles un centavo, dándoles un magnífico trato; y en este lugar pudieron comunicarse con sus padres, ya que estos no habían tenido noticias de sus hijos en todo este tiempo. Después de una estancia en La Habana se dirigieron a Mérida (Yucatán) donde estuvieron una larga temporada, y contaba mi tía Fidencia que desde la ventana donde ella vivía vio un día pasar por la calle al general Arévalo, pero ya este no tenía la fuerza ni poder que había tenido en Tabasco, él ya no volvió a saber de ella y murió en unos de los
De izquierda derecha: Clementina Sastré López, Elsie Sastré Gutiérrez, Celia Sastré López, César Jorge Sastré López, Araceli Sastré López y Nidia Sastré Gutiérrez
Araceli Sastré López de Ventre, Ernesto Ventre Aguilera y Ernesto Ventre Sastré
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5° Censo de población de 1930. En el renglón 14 se pueden ver los datos de Doña Fidencia quien, a pregunta expresa dijo su nombre: Fidencia F. V. viuda de Sastré (Fidencia Fernández Veraud viuda de Sastré). Importante documento histórico
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Araceli Villicaña Ventre, Ernesto Ventre Sastré, Ilse Sastre Relloso, Laura Ventre Sastré, Diana Alday Hernández, Marcela Vidal Sastré, Soledad Sastré Relloso, Araceli Ventre Sastré, Sergio Ventre Sastré, Benito Levinson Sastré, Javier Villicaña Ventre, Claudio Ventre Vargas y Bárbara Soledad Ventre Sastré.
encuentros militares de esa época, habiendo ya pasado el peligro se dirigieron a Santa Rosalía después de un año de ausencia. El concepto de festejar a la madre venía delineándose desde hace mucho tiempo, allá por los años de 1780 dos de sus hijos de mi tatarabuela, la Sra. Francisca Urrutia, recibió de sus hijos que estaban estudiando en Mérida, Yucatán, el siguiente mensaje de felicitación; esta echo en una mascada de seda blanca con los retratos de ellos pintados y se va abriendo según rezan los versos. Corred el velo hallaras unidos dos corazones que por sus alteraciones no dudo conocerás.... más como están tan distantes Abre por segunda vez veras un cetro florido que el honor de apetecido quiero que tu se lo des. y el corazón en pintura. Aún abre y ve a tu persona dos clérigos que altercando el uno el cetro esta dando dando el otro la corona..... que es justo, que desde ahora reines ya sin más demora danos pues, este consuelo mirando que nuestro anhelo es verte ya coronada en la tierra y ensalzada
hasta la cumbre del cielo. Dos hijos, los más amantes de una madre, que veneran, en esta ocasión quisieran coronarlas de diamantes, solo pueden en figuras dar estas señas obscuras recibe, pues Madre amada la corona figurada, Toma....recibe señora en tus manos...en tus sienes cetro.... y corona aquí tienes.
Esta historia la relató mi bisabuelo Cándido a sus hijos, Eva y Soledad que es mi abuela, Juan y Horacio, siendo escrita por el tío Juan, quien se la dio a mi hermana Celia y dedicada a ella y dice así: Con mucho cariño para mi sobrina Celia, Juan Fernández Veraud, y a su vez llegó a mis manos por mi padre Benito Sastré Fernández. Más adelante viene el itinerario del viaje que hicieron mis bisabuelos para huir del general Eduardo González Arévalo, con mucho gusto lo vuelvo a escribir para toda la familia y sepan algunas cosas de la historia de la misma, sobre todo las nuevas generaciones: Araceli Isabel Sastré López de Ventre
Bárbara Gurría Hernández, hija de Don Manuel Gurría Ordóñez y Doña Soledad Hernández Sastré de Gurría
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Celia Sastré López de Neme y Salvador Neme Castillo
Benito Neme Sastré
Ramón Neme Sastré
Salvador Neme Sastré
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Manuel, Enrique, Jorge, Bárbara Gurría Hernández con Don Manuel Gurría Ordóñez y Doña Soledad Hernández Sastré de Gurría
Manuel Gurría Reséndez, Adriano Abascal Gurría, Ayalli Gurría Gallardo, Nicolás Gurría Núñez, Doña Soledad Hernández Sastré de Gurría, Don Manuel Gurría Ordóñez, Roberta Gurría Núñez, Cristóbal Gurría Gallardo, Mariano Gurría Reséndez, Emiliano Abascal Gurría
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Apuntes sacados de documentos antiguos de la familia Sastré Fernández Veraud, por el Sr. Enrique Fernández Veraud y González Familia Sastré A mediados del siglo XVIII, vino de Barcelona, España, huyendo de la inquisición. La familia Sastré se dirigió al puerto de Campeche y poco después pasaron a la provincia de Tabasco, donde se radicaron, pues poco tiempo después obtuvieron Merced Real de las tierras que actualmente son la Chontalpa. Las personas que se tiene noticias fueron: Don Tomás Sastré, su esposa Bernardina Rodríguez y sus hijos: Santiago, José e Ignacio Sastré Rodríguez. Ya en Campeche nació Doña María Dolores Sastré. Años después se casaron en España, Don Santiago Sastré Rodríguez con Doña María Paula Presenda. Don José Sastré Rodríguez con Doña Mariquita Villavicencio. Don Ignacio Ramón Sastré Rodríguez, fue prebístero. Sus hermanos Santiago y José, fueron capitanes del Ejército. El Capitán Don Santiago Sastré Rodríguez tuvo en su matrimonio con Doña Paula Presenda a Matea, Guadalupe, Juana y José María Sastré Presenda. Las tres primeras se casaron, José María fue prebístero. El Capitán Don José Sastré Rodríguez se casó con Doña Mariquita Villavicencio, tuvieron varios hijos, pero solo vivieron dos que fueron Don Miguel Sastré Villavicencio y su hermana Gertrudis, esta murió soltera y joven. Don Miguel Sastré Villavicencio fue también Capitán de milicia y de este señor que fue mi Tatarabuelo, desciende toda la familia Sastré, tanto la que radica en Tabasco como en el resto de la República. El Capitán Don Miguel Sastré Villavicencio se casó con Doña Rosalía Josefa Ruiz de la Peña el día 10 de diciembre de 1790 en Cunduacán, tuvieron en su matrimonio, seis hijos que fueron José del Carmen, José Dionisio, María Rita Leonarda, José María Salomé, José María de la Santísima Trinidad. De los seis hijos de Don Miguel Sastré, tres murieron tiernos y vivieron Don José del Carmen, Doña María Rita Leonarda y Don José María Salomé. Don José del Carmen Sastré Ruiz de la Peña, casado con Doña Josefa Ibarra Dueñas, tuvieron en su matrimonio once hijos, dos de ellos,
Santiago murió de 15 años en Islas Canarias, Ignacio Raúl se ahogó en el paso de Saloya y Marcial que murió soltero. Los ocho restantes se casaron con familias de la Chontalpa.
de mi tío Juan Fernández Veraud, hermano de mi padre Horacio)
Doña María Josefa Rita Leonarda Sastré Ruiz de la Peña se casó con Juan Fernández Veraud y Meza, este señor vino de Tenerife, Islas Canarias. Ellos fueron mis bisabuelos, se casaron en Cunduacán en el año de 1839. Tuvieron en su matrimonio tres hijos: Don Cándido Fernández Veraud, una niña llamada Fidencia que murió tierna y la segunda Fidencia Fernández Veraud Sastré.
La Quinta Grijalva fue propiedad de ella. (Mi tío César Sastré Fernández Veraud la compró en 1912 cuando ella era viuda y se la regaló a su madre) creo que por el año de 1920 y diez o doce años después la tuvo que vender al Lic. Tomás Garrido Canabal. Creo que la venta fue de $2000.00 o $2500.00 ella se oponía a esta venta, pero su nieto José Ovidio Ruiz Sastré la convenció que si no accedía a la venta podía salir perjudicada la familia en sus intereses.
Mi abuelo Cándido se casó con Pomposa Sastré Ibarra, prima hermana de él, y mi tía Fidencia con el Dr. Benito G Sastré Palma, hijo de Don Salomé Sastré Ruiz de la Peña e Isabel Palma. (Primos hermanos) (Adjunto a estos apuntes de familia, Don Miguel Sastré Villavicencio, mi tatarabuelo, de mi bisabuela María Josefa Rita Leonarda y unos apuntes
Mi tía Fidencia Fernández Veraud Sastré murió a la edad de 97 años.
La Quinta se llamaba del CERRO DE GUADALUPE. En los apuntes de mi tío Juan, se relata algo sobre la huida de mi tía Fidencia y de mi abuelo Cándido cuando la intervención francesa en el Estado de Tabasco en el año de 1863.