T VILLAHERMOSA, TABASCO, MÉXICO LUNES 11 DE AGOSTO DE 2014
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JUSTO D´IAZ DEL CASTILLO
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JUSTO DI´AZ DEL CASTILLO
T A sus casi 66 años, narra cómo fue su infancia, de lo que recuerda allá por los años 30, vivía en el municipio de Tenosique, donde se acostumbraban los paseos dominicales le contaba su madre doña Lucía Calzada de Díaz del Castillo, una mujer con gran paciencia para educarlos a él y a sus hermanos
platica de beisbol, de poesía y de la historia de Tabasco Gloria K. López
Rumbo Nuevo ablar de Justo Díaz d e l Castillo, no solo es hablar de la historia de beisbol, es hablar de poesía, es hablar de la historia de Tabasco. Un hombre honesto reconocido en su pueblo Tenosique por ser un propulsor del deporte más preciado por los tabasqueños. Anécdotas, relatos, como fue su infancia, su habilidad para los negocios, su entrañable amor, respeto y orgullo a su padre, con Justo Díaz, de quien afirma le fomentó valores, le enseñó la honradez y el empuje de ser una persona productiva. Su poema Juventud, lo describe como la persona que es un hombre joven con esperanzas, con ideales, un joven de 20, en un cuerpo de 60, para él la edad no existe, para él la edad está en el corazón. Sus amigos inseparables, pero sobre todo su amor al beisbol, que le nació siendo muy peque-
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ño y a la corta edad de ocho años ya se iba solo en el Distrito Federal al parque de beisbol “Delta”. Sus fotografías que las guarda como su mayor tesoro, pues revive en cada una de las imágenes
los momentos que ahí se vivieron. El beisbol era un deporte muy querido en Tenosique y en toda la zona de los ríos, que se ha ido perdiendo, pero en los años 40, habían ligas en
los municipios de Balancán, Zapata y se enfrentaban con sus vecinos de Campeche, Chiapas, que era más fácil transportarse a esas zonas que venir hasta la capital del Estado.
Gobernadores como Manuel Bartlett en 1949 acudieron a lanzar la primero bola en un arranque de serie contra el equipo de Emiliano Zapata. Grandes jugadores en a zona de los ríos conoci-
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EL DIARIO DE LA VIDA TABASQUEÑA
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PRIMERA ACTUACIÓN del equipo de beisbol Club Deportivo Tenosique, ahí participaron recuerda William Ávila, Alfredo Méndez Escalante, Salvador Uco, Cara Cantino, Ricardo Uco, Francisco Méndez, Chester Anderson, Pablo Rodríguez, Justo Díaz del Castillo, Mario Lenín Suárez, Sebastián Balan y Chumin entre otros que no me llegan a la memoria
dos como “Bicho” Pedroso, “Arch” Burnet, “La Pinza” Gómez, estrellas del sureste, que formaron familias en Balancán y Tenosique, pero después emigraron. A sus casi 66 años, narra cómo fue su infancia, de lo que recuerda allá por los años 30, vivía en el municipio de Tenosique, donde se acostumbraban los paseos dominicales le contaba su madre doña Lucía Calzada de Díaz del Castillo, una mujer con gran paciencia para educarlos a él y a sus hermanos. Cuenta que cuando tenía cuatro años su padre le dio la primera lección, fue una experiencia muy grande que lleva guardada por años. Dice que cerca de la casa donde vivían había un niño de su misma edad de nombre Efraín Ortiz y tras pedir permiso a su padre se fueron al Parque –Paseo Dominical- que daban todos los domingos. Efraín a su pequeña edad le pregunta ¿Te dieron tu domingo?—
Adolfo Díaz del Castillo mi hermano, Chito Sarta un niño de origen judío; Manuelito que tenía cuatro años, Justo Díaz del Castillo; Joé José González; Davico otro niño de origen judío, fueron mis amigos de la infancia en el Distrito Federal
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No sabía a qué se refería. ¿Quién me lo daría?, y ¿Qué me daría?... Para mí el domingo estaba ahí, todo el día y era todo mío, yo podía correr a a través de él, disfrutarlo, aprovechar cada uno de sus minutos. Para que pedir más. -Aquí está, me dijo Efraín, éste es mi domingo, me lo dio mi papá- y me mostró
una moneda de cobre de dos centavos, era la que circulaba en aquellos tiempos, entonces me la prestó para que se la enseñara a mi papá –que se encontraba sentado en la banquita que estaba en una de las cuatro puertas que tenía la tienda de mi padre, de los cuales los domingos solo se abría una de ellas- Mira, le dije a mi papá lo que le die-
ron a Efraín para que gaste en el parque. Explica don Justo Díaz, que en aquella época tenían una abarrotera muy grande, como un centro comercial, que se vendía al mayoreo y menudeo, en la que encontrabas de todo, la llamaba la gente “Casa del Jabonero” por qué el que no cae resbala, porque siempre lo que el cliente
entraba a buscar, o encontraba. Pero entonces, mi padre llamó a un empleado que estaba en el interior de a tienda, el cual recuerdo se llamaba David, y le dijo: Pásame por favor una caja de chicles, ven hijo- me dijo –vamos a contar los chicles- papá pero le refuté yo no sé contar bastante solo hasta diez y los puso sobre
la banca en que estaba sentado. Ahí hizo diez columnas, cada una de diez cajitas de chicles, son cien vuélvelos otra vez a la caja y vete al parque, los vas a vender a un centavo cada uno. Ahora váyanse al parque, no dijo e insistió que para ello tenía que ofrecerlo a las personas que puedan comprarlos, pues
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no todos me iban a comprar, pero que tenía que hacer el intento. Y tal como me dijo mi padre, por cada diez personas que les ofrecía los chicles, apenas uno o dos me compraban, pero para mí cada uno que me compraba valía por diez ¡qué grata sensación tenía cuando me compraban! ¡Qué bella experiencia! No podía imaginar que existiera. Aproximadamente de una y media o dos horas, vendí la totalidad de la caja, en vez de la caja de chicles regresé con cien centavos. Cuando llegué muy emocionado con mi papá y le mostré el dinero que tría en la cajita me dijo: ¡Qué bien!, ahora veremos si fuiste capaz de venderlos bien y cobrarlos en su valor de igual manera como formó esquivas de diez en diez centavos. Y le dije a mi papá, recuerda ¿Eso es mío? –no! Fue su respuesta. Te lo vendió la tienda, por lo tanto vamos a pagarlo y llamó a David y le preguntó ¿cuánto vale la caja de chicles? Y David contestó 90 centavos Don Justo y me dijo lleva los 90 centavos y págalos a la tienda. Ahora sí, estos diez centavos son tuyos pero por la edad que tienes –que eran cuatro años- deben aprender a ahorrar, volteó hacia el interior de la tienda y le dijo a David, pásame la alcancía grande que traje de Puebla y me dijo toma ocho centavos y pongos en tu alcan-
cía, para ahorrar lo que vayas ganando y los dos centavos serán para que compres dulces o juguetes en el parque. Ya Efraín a la hora de estar en el parque e había gastado los dos centavos y cuando volvimos no traía dinero, en cambio yo regresé con un centavos, el cual mostré a mi papá diciéndole si podía guardarlo. A lo que me dijo sonriente ¡claro que si hijito! Ese es el verdadero valor de ganarse con un pequeño de esfuerzo unos cuantos centavos y tener la satisfacción de hacer algo bueno y no gastar inútilmente todo el dinero que cae en nuestras manos. P a r t i m o s a l a C i u d a d d e M éx i c o Cuanto tenía ocho años mi padre decidió partir a la Ciudad de México allá por 19938, mis hermanos y yo a la bella ciudad de los Palacios, mi padre quería que escuelas adecuadas. Mi padre allá compró una casa en la Colonia Roma cerca de mi tía Cora, quien vivía ahí con su esposo Félix Jiménez. Después compró un departamento en la Colonia Los Alamos de la Avenida Tlalpan y posteriormente en Ures 66 de la Colonia Roma Sur, llamada la colonia de los tabasqueños. Ahí en aquellos tiempos pretendía estudiar la carrera de arquitectura en el Instituto Politécnico Nacional que estaba ampliando su
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capacidad de alumnos y cual concurría con freclases correspondientes cuencia toda la familia para todos aquellos que Díaz del Castillo, se quisieran estudiar esa encontraba a orilla del río que llevaba el nombre de carrera. Pero Don Justo Díaz la Piedad, que dividía el del Castillo vuelve a Pueblo de la Colonia remontar a su niñez, Roma. Mis amigos de la cuando tenía diez años en 1940, cuando se inauguró infancia “chito” Sarta, el Parque de Beisbol Davico, Miguelito, Joe “Delta” que se construyó José, mi hermano Adolfo en terrenos del pueblo de y yo vivíamos en la calle la Piedad, que tenía una Ures de la Colonia Roma Estación del tren iglesia muy bonita a la Sur, entre la calle Bajío y
Tehuantepec era la época de oro del beisbol de México. Cuando llegue a la Ciudad de México les enseñé a mis cinco amigos como ganarse el dinero honestamente. Recuerdo que veníamos del recién inaugurado parque Delta admirando las grandes estrelas que practicaron con los equipos Rojos de México –Los diablos- y los azules de
Veracruz. Era un lugar donde se jugaba uno de los principales campeonatos de beisbol profesional del mundo. Los mejores jugadores eran americanos negros, en esa época en Estados Unidos no permitían a ningún pelotero de raza negra jugar, y como sabemos bien son los mejores beisbolistas, desde entonces hasta la fecha a nivel
mundial, asegura don Justo. Pero los jugadores al tener ese problema en Estados Unidos, decidieron venirse a jugar primero a México, a nuestro país, posteriormente después a Cuba, Venezuela y República Dominicana, dichos países junto con México lograron tener a los mejores jugadores de béisbol en el mundo. En aquellas fecha,
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señala que se encontraba la guerra mundial en su apogeo por lo tanto habían muchas situaciones difíciles que se vivieron tanto en lo económico, como de seguridad personal, por cierto fue en 1940 cuando me inscriben a una Escuela Panamericana para terminar la primaria. Pero añade a su relato sobre la relación con sus
amigos, cuando sabían que había partido en el Parque de Beisbol Delta” campo que estaba cerca de la casa, ahí asistía con todos mis amigos y yo era el líder del grupo, era el de la idea de ganarnos el boleto para ver el partido. Dice, las taquillas las abrían a las 12 horas y el juego de beisbol empezaba a las 15:15, por lo tanto nosotros éramos los pri-
meros en llegar a la taquilla a las diez de la mañana y para pasar el tiempo nos poníamos a jugar canicas ahí donde estábamos haciendo colla, entonces ya ubicados nosotros en los primeros cinco lugares, yo adquirí el primero boleto y cuando empezaban a llegar los revendedores nos decían ¡órale chamaco, te compro tu lugar!, nosotros contestábamos ¿pero
cuánto vas a dar, ya que el mejor boleto y el más caro costaba en ese entonces 25 pesos y tres pesos el más barato. Lo que nosotros queríamos era estar en los mejores lugares de la fila, de los boletos caros, no para nosotros, sino para revenderlos a la gente que tenía dinero. Pero los revendedores nos buscaban y nos decí-
an dame tres boletos, son 75 pesos no es mucho me respondió no, no, no le dije, sino me das cien y de ahí hasta que terminó dándome los 75 y ya ahí yo le decía a mi amigo dame tu lugar y tu vuelve a formarte a la cola y así íbamos vendiendo los lugares y teniendo dinero para comprar los boletos, cuando ya teníamos suficiente dinero que creo
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eran 300 pesos, comprábamos los boletos de los mejores lugares porque eran los más vendibles y a los que más se les podía ganar, no tenía caso comprar boletos de tres pesos para venderlos a 350. En varias ocasiones los revendedores nos quisieron asustar con policías y les decíamos es que les estábamos guardando el lugar a nuestros padres, mientras ellos estaban comiendo. Ya así cuando tenía la cantidad de 150 pesos me alcanzaba parar comprar seis boletos de los caros, eran grandes anécdotas. Nuestra intención era estar cerca de los jugadores, pasarles la pelota y así convivir con los mejores. V u e l v e a s u ti e r r a Regresan a Tabasco a Tenosique, donde formaron parte
del equipo de Bebo Club Deportivo siendo su primera actuación alá por 1944 y de ahí proseguí impulsando el deporte en mi municipio y creciendo mi admiración hacia mi padre, por su inteligencia y forma de solucionar los problemas, de enseñarme a ver la vida con amor y responsabilidad. Con el paso de los años fui creciendo y aprendiendo lo que mi padre me inculcó. S u a m o r a l a p o es í a No sé cuándo empezó, lo cierto es que las letras, son parte también de mi vida. Dentro de los poemas que guardo con gran recelo es un que se llama Juventud, que textualmente dice. La juventud no es una época de la vida; es un estado mental. No consiste en tener mejillas son-
rosadas, labios rojos y piernas ágiles. Es cuestión de voluntad; implica una cualidad de la imaginación; es la frescura de las profundas fuentes de la vida. Juventud es el predominio temperamental del arrojo sobre la pusilanimidad de los apetitos; del ímpetu aventurero sobre el apego a la comodidad. Esta actitud a menudo se encuentra más en un hombre de 60 años que un muchacho de 20. Nadie envejece meramente por el número de años que ha cumplido. Envejecemos cuando descartamos de nuestros ideales. Los años pueden arrugar la piel, pero cuando se renuncia al entusiasmo le salen arrugar al alma. Las preocupaciones, el temor, la falta de confianza en uno mismo, acoger el corazón y aniquilan el espíritu.
Lo mismo a los 60 años que a los 16, en todo corazón humano palpitan las ansias por lo maravilloso, el constante apetito –como de niño- por lo que ha de venir y l alegría inherente al juego dela vida. En el centro del corazón –del tuyo y del mío—existe una estación de radio. Mientras reciba mensajes de belleza, esperanza, alegría, valor y fuerza, tanto de los hombres como del infinito seguirás siendo joven. Cuando se abatan tus antenas, cuando las nieves del cinismo y el hielo del pesimismo cubran tu espíritu, entonces si habrás envejecido, aunque solo tengas 20 años. Pero mientras tus antenas sigan en alto, dispuestas a captar las ondas del optimos, hay esperanzas de que mueras joven, aunque sean un octagenario.