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N° 28 - Hasta aquí: el fuego. Crónicas de una ola

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AÑO 7/ NÚMERO 28/ SEPTIEMBRE 2018


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Dirección General: Paula Arrieta Gutiérrez

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Equipo Editorial: Paula Arrieta Gutiérrez Camila Bralic´ Muñoz Javiera Cornejo Rojas Loreto Mendeville Farías Cynthia Shuffer Mendoza Gráficas: Memoria Chilena (ver índice de imágenes) Portada: Cynthia Shuffer Mendoza Fotografía: Javiera Santos Pizarro Diagramación: Paula Arrieta Gutiérrez


Hasta aquí: el fuego

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Crónicas de una ola

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Hasta aquí: el fuego Crónicas de una ola

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Editorial Rufián La ola y el fuego

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Estado actual de la educación sexual para mujeres Loreto Mendeville Farías

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Soy mujer Paula Bravo Marchant

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Manifestaciones Javiera Santos Pizarro

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Nuestra Patria Paula Arrieta Gutiérrez

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Notas a contrapelo: agosto, julio, junio 2018 Marie Bardet

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Quemar la caza. Hacia un incendio feminista Javiera Manzi A.

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Toma Casa Central PUC Kena Lorenzini

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Breve manual para hombres preocupados Camila Bralic Muñoz

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El feminismo es político, de ello no cabe duda Pamela Caruncho Franco

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Índice

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Índice de imágenes

Página 12 Recortes de diario con titulares feministas . Disponible en Memoria Chilena,

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Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-84616.

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html . Accedido en 23/9/2018. Página 26 Afiche del Primer Congreso Nacional del Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres de Chile, 1937 . Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-75848.html . Accedido en 23/9/2018. Página 54 Unidas lucharán por sus derechos . Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-75631.html . Accedido en 23/9/2018. Página 59 Movimiento Feminista . Disponible en Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-84609.html . Accedido en 23/9/2018.


Editorial Rufián

La ola y el fuego Lentamente, explosivamente, nos hemos abocado a la tarea de desarmar la realidad dada. Tirando de cada hilo, uno por uno, hemos tenido que revisar nuestras relaciones afectivas, familiares, laborales y políticas; nuestra historia, el lenguaje, las canciones, los libros, los bailes, el lugar que se nos ha asignado y aquellos de los que hemos quedado excluidas. En Chile, podríamos creer tramposamente, todo partió con las tomas feministas universitarias. Se trataba de hacer públicas las denuncias de acoso y abuso por parte de profesores y compañeros, pero, más allá, lo que se estaba poniendo en jaque era una compleja estructura de opresión que delimitaba un espacio de acción acotado para las mujeres y garantizaba la impunidad del agravio, del ataque, del menosprecio. En Argentina, podríamos pensar por encima, la explosión se produce con la discusión parlamentaria acerca de la ley que garantizaría el acceso de todas las mujeres al aborto, sin causales, sin preguntas ni cuestionamientos.

realidad de los femicidios. Y antes estuvieron las mujeres resistiendo a las dictaduras. Y antes las que lucharon por el derecho a voto, por la emancipación de las mujeres, por el acceso a la educación. Por eso hablamos de una ola: un continuo de la historia que acumula experiencia, que a veces parece disolverse en el mar sólo para reventar contra las rocas con más fuerza cada vez, más grande, más fuerte, más ruidosa. No hemos encontrado todavía las palabras para todo lo que hemos vivido en estos meses. Muchos intentos se pierden en abrazos solidarios entre compañeras, en emociones compartidas, en los cuerpos de un cuerpo más grande, multitudinario, avanzando por las calles de cada ciudad del mundo. Es por eso que en este número no hemos querido adentrarnos en las reflexiones acabadas, que de seguro ya vendrán: hemos preferido estas escenas fragmentadas, estos instantes inmensos que van armando el camino al andar. No intentamos en estas páginas proyectar el movimiento feminista en ninguna dirección ni lanzar una propuesta para los próximos pasos. Únicamente damos cuenta de lo que hay hasta aquí. Hasta aquí: el fuego. Nada más. Y nada menos.

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Pero nada de esto partió ahora. Porque antes estuvo el #NiUnaMenos, que buscaba frenar la todavía imparable

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Estado actual de la

educación sexual para mujeres Cartas al Director

Policial

Sr. Director:

En horas de esta tarde, en circunstancias que a su hermano (2 ½) le era celebrado el acto impulsivo

Cuando era chica, en un campamento scout, en el

de agarrarse el miembro así conocido como viril,

contexto de un juego de grupo que consitía en hacer

una niña (4) se vio impelida a actuar de la suerte,

filas de ropa que los integrantes de cada grupo se

maniobrando lo que a ella le fue dado de la forma

iban quitando. Por supuesto, la más larga ganaba.

en que es inteligible hacerlo, causando el infarto y

Sacada la última prenda mi equipo ganaba por una

posterior muerte de tres de sus parientes. Un cuarto

manga. En un acto de heroismo me quité la polera

se encuentra grave y con riesgo vital tras sufrir una

dejando al descubierto mi torso llano de 10 años.

hemorragia cerebral al intentar explicar a la niña que

Alarma es una palabra mucho más adecuada que

ella ahí no tiene nada.

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sorpresa

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Espacio publicitario ¿Sufres de imperfecciones?


Encuesta En una escala de 1 a 10 donde 0 es su prehistoria y 10 su edad actual, a qué edad le pasó por primera vez: - Sentir preocupación porque se le iban a ver los calzones por llevar vestido o falda. - Serle a usted exhibido un pene adulto en la vía pública. - Serle a usted exhibido una vagina adulta en la vía pública. - Sentir preocupación de que se le transparenataran los pezones. - Sentir vergüenza de su menstruación. - Constatar - con horror, no con orgullo - que sus piernas tienen vellos. - Constatar - con horror, no con orgullo - que todo su cuerpo está cubierto de vellos. - Cuestionar el largo de su cabello.

La cantidad de puntos asignada será diferente dependiendo de su género. Asigne la cantidad de puntos que estime necesaria para cada respuesta. Saque sus propias conclusiones.

Loreto Mendeville Farías Equipo Rufián Revista

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- Cuestionar su destino como madre.

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Soy mujer.

Nací en una clase privilegiada.

Me movilicé por la educación, pero a mí nunca me faltó. Conmemoré cada once de septiembre, pero en mi familia no hay detenidos desaparecidos ni asesinados. Me identifiqué –aún lo hago– con la lucha y cosmovisión mapuche, y por más champurria que sea, cuando me preguntan si pertenezco a algún pueblo originario siempre respondo, medio con pena medio con desilusión, que no. Creo que en el genuino intento de darle sentido a mi quehacer político, realicé muchas veces el ejercicio de hacer propias las reivindicaciones de otros, de empatizar, de militar. Supongo que todos lo hacemos.

un todo y a la vez centro. Desde aquí se construye mi discurso, que se encuentra y abraza con otros discursos. Y, entonces, existe un nosotras. Un nosotras en cuerpos de mujer, que son testimonio y son arma. En ellos reposa –cada vez más incómodo– el peso de este sistema, y de ellos surge y se gesta la única posibilidad de transformación. Hoy es distinto. Hoy sabemos que no hay vuelta atrás, que la bronca va pegada a la piel. La piel, que es tan nuestra y tan pública a la vez. Como esta lucha. Cuando me di cuenta de esto, nos sentí comunidad, nos vi inmortales. Supongo que así se siente encarnar una lucha.

Paula Bravo Marchant Unión de Editoras Experimentales (y feministas)

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Sin desmedro de ello, hoy es distinto. Por primera vez no se trata de “otro”, se trata de mí. De mí como parte de

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Manifestaciones

por Javiera Santos Pizarro

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8 de marzo 16 de mayo 6 de junio

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Nuestra patria.

Anotaciones no cronológicas en varias voces de algunos días de junio, julio y agosto

El 25 de julio se realizó la 6° Marcha por el aborto libre, seguro y gratuito en Santiago de Chile. Miles de mujeres con pañuelos verdes. Un grupo neonazi llamado Movimiento Social Patriota derramó sangre y vísceras de animal mientras portaban un cartel que decía “Esterilización gratuita contra las hembristas”. Al final de la marcha, tres mujeres fueron apuñaladas. Hasta hoy se desconoce la identidad y paradero de quienes realizaron el ataque. Los titulares de los diarios del día siguiente, fueron todos sobre una filtración masiva de datos de tarjetas de crédito. * El 5 de julio, a propósito de las numerosas denuncias de abuso y acoso sexual en contra del cineasta chileno Nicolás López, usuarios de redes sociales sacaron a la luz antiguos tuits del escritor superventas Jorge Baradit. Uno de ellos decía: “sería interesante ordeñar mujeres, acelerarles el período para obtener cosechas de óvulos cada tres días, por ejemplo”. Y otro, dirigido precisamente a López: “Oye, tengo que decirlo: Lucy Comineti misma red, pidió disculpas. “El lenguaje hace 10 años era diferente al de ahora”, dijo. Yo no recuerdo que el lenguaje hace 10 años fuera distinto. Salvo uno que otro modismo contemporáneo y ciertas muletillas que me quedaron del período que viví en Argentina, hablo y escribo prácticamente igual que hace 10 años. Y todas las personas que conozco también. * El miércoles 8 de agosto se votó en el Congreso de Buenos Aires la ley de aborto. Las feministas argentinas, precursoras de los pañuelos verdes que unen en una figura las luchas de las mujeres de hoy con la de las mujeres de siempre, repletaron la calle. Mujeres de todas partes del mundo enviaron su apoyo al movimiento. En Santiago de Chile, miles de mujeres nos reunimos frente a la ex Embajada de Argentina y a los pocos minutos fuimos reprimidas violentamente por Carabineros. Carros lanza agua llegaron desde el norte y el sur, encerrando a las manifestantes. Ese día, la ley fue rechazada. Menos de una semana después, una mujer de 34 años moría en un hospital de Argentina por una infección generalizada causada por un intento de aborto con una rama de perejil. Era madre de un niño de dos años.

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amarrada y ensangrentada me produce cosas”. Trató de borrar los post, pero era tarde. Luego, a través de la

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* El 26 de julio se convocó una concentración en repudio al ataque a tres mujeres en la marcha por el aborto libre del día anterior. Salí con el pañuelo verde semi oculto, amarrado a la muñeca y medio tapado por la manga de la chaqueta. En Plaza Italia, varias mujeres sentadas en las escaleras, solas o en pareja, miraban a su alrededor. Otras tantas daban vueltas, hablaban por teléfono. Pero ni pista de la concentración. Estratégicamente, pensé que no era buena idea usar el pañuelo en el camino, cuando iba sola. No es miedo, quise convencerme, no pasarán, pensé, pero sí, probablemente era miedo. Al cabo de unos minutos, una de las tantas mujeres que deambulaban, sacó de su bolso el pañuelo verde y se lo amarró al cuello. Otra que estaba a unos metros la miró e hizo lo mismo. Y así, como un efecto en cadena. Desaté el pañuelo de mi muñeca y me lo puse al cuello también. Al cabo de un rato éramos cientos de mujeres saltando y gritando contra quienes buscaron amedrentarnos. “¿Y el miedo? ¡Qué arda!”, escribió Marie en el Facebook. * El 2 de agosto, un hombre ingresó al domicilio de Nabila Rifo y la amenazó con un cuchillo. El año 2016, Nabila sobrevivió al ataque de su ex marido, Mauricio Ortega, quién la golpeó y le sacó los ojos. “La justicia no está bien, para las mujeres no hay protección. Para ninguna mujer en ninguna parte hay protección, todos los días siguen matando mujeres, violándolas, haciéndoles de todo y no pasa nada”, dijo esta vez. Hace un año, la condena de Mauricio Ortega fue rebajada. La Corte Suprema estimó que, aunque golpeó a su ex pareja con una piedra en la cabeza y luego le arrancó los ojos, no queda demostrado que tenía la intención de matarla.

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Sin fecha. Emerge un nuevo cuerpo, con una nueva voz. Es incómodo al comienzo porque, como dice Suely Rolnik, ya no soy lo que era y todavía no sé lo que seré. O bien, ya no somos lo que éramos y todavía no sabemos lo que seremos. El día de la ex embajada de Argentina en Chile terminamos tomando vino en el bar del frente. Paula, Loreto, Cynthia y yo, más un montón de mujeres con pañuelos verdes, hablamos a viva voz de este cuerpo robusto y sensible en formación. Cada una en su tono (se podían escuchar la voces desde todas la mesas) enunciamos el placer de esta transformación radical y sin retorno. * “Debemos separar las obras de sus autores. Si dejamos de leer libros, ver películas, apreciar cuadros de hombres abusadores, entonces nos quedaríamos sin nada”, se escucha. Intuyo la mentira. Tanto con los grandes nombres del arte y del pensamiento, como con los no tan grandes. Y definitivamente no hubiese pasado nada grave sin un “Qué pena tu vida” o una “Historia secreta de Chile”. En el peor de los casos, alguien más las hubiera hecho. Y en el mejor, estaríamos viendo, escuchando o leyendo más obras de mujeres. Si López no hace nunca más una película y Baradit no escribe nunca más un libro, está bien para mí. Creo poder sobrevivir.


* A propósito de comentarios y actitudes que tuvieron en el pasado hombres de enorme presencia pública, ronda la idea de la “caza de brujas” y de que “ya no se puede decir nada”. Me pregunto, muy seriamente, cómo dejamos el mundo en manos de personas con tan limitado universo del lenguaje. El 7 de junio, el profesor y escritor Cristián Warnken, que ya había advertido en una entrevista sobre los peligros de lo que él llama “feminismo radical” y de lo fatal que resultaría abolir la figura del padre, publica una nueva columna. Esta vez apunta a lo absurdo que es demonizar el piropo, y compara los talleres de deconstrucción con el concepto de reeducación de las dictaduras totalitarias. “Sería una lástima que esta “primavera” feminista terminara en inquisición y resentimiento”, agrega al cerrar. No sé qué quería decir antes con lo de la figura del padre (es una referencia a sí mismo, sospecho) ni sé qué quiere decir ahora poniendo la palabra primavera entre comillas. * El 8 de agosto, en la víspera de la votación del Senado, las mujeres combatientes kurdas enviaron un mensaje de apoyo a las mujeres argentinas. “No solamente luchamos contra el Estado Islámico, sino por construir una nueva sociedad con mujeres libres”, dijeron. * El 9 de agosto, a pesar que el Congreso argentino condenó a las mujeres más pobres a la maternidad obligada o a la muerte, algo cambió. La periodista Gabriela Borrelli escribió: “Hoy fue uno de los días más felices que viví porque hoy me abracé con mil pibas que son mi patria.” Paula Arrieta Gutiérrez Artista visual y académica feminista. Equipo Rufián Revista

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como militante feminista. Sí. Aún con este resultado nefasto. Vamos a llenar el senado de feminismos populares

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Notas a contrapelo: agosto, julio, junio 2018

“Este magma subterráneo va más allá del momento y continúa tras el clímax para incubar otras verdades, otros razonamientos, que son los que van a terminar eclosionando en la esfera de lo público, una vez concluida la fase del apaciguamiento. Y este proceso ya está comenzando” Silvia Rivera Cusicanqui, Un mundo Ch’ixi es posible, ed. Tinta Limón, 2018 II. La experiencia buscando un rodeo que rompa el dispositivo que determina la muerte de la representación neoliberal como un devenir lógico y natural. Nos volvemos a encontrar buscando apoyo y sostén en una relación gravitacional desde el eje de la tierra, mover el centro –afuera y adentro– en toda la extensión que determine la piel, siendo entre cuerpos y espacio, entre el piso y los textos. Pensar y mover multiplicidades, relaciones de relaciones que se trasforman en función de sus estados, ampliar los límites franquear un territorio alzar el grito y transitar la interzona: cosmos-caos-cuerpo. Acelerar un ritmo, intensificar un tráfico, componer reflejos de la ciudad de los cuerpos, ojos rolando ojos por la espalda estructuras metálicas de movimientos AÑO 7/ NÚMERO 28/ SEPTIEMBRE 2018

sintéticos fuerza cemento enredada en fuerzas salvajes sobre el pisos brazos se alzan. Materia-apoyo-sostén, en

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múltiples frentes reconocernos moviendo y mirar. Entrar desde el ciborg situarnos, destripar la metáfora abrir las manos sostener la cabeza, caminar, rolar, sostener brazos, caderas, piernas, significar un expreso contra los poderosos de la tierra y sobre un colchón de oxígeno pensar y moverlo todo. Vanina Giraudo La ley no pasó, pero la tierra tembló. Tal vez la sensación más fuerte que queda agitando pieles y músculos, después de los meses de junio, julio, agosto de voto de la ley de despenalización del aborto en Argentina, es la de despliegues y repliegues, aceleraciones y ralentamientos, ensanchamientos y concentraciones precisas, en muchas direcciones al mismo tiempo. Mucho más que contradecirse, esas sensaciones conviven, crean un espesor singular, imposible de reconocer del todo. En varios talleres “Des-orientarse pe(n)sando” que di en Mendoza, en Córdoba… estas últimas semanas, aparecieron estas sensaciones encontradas (en el sentido literal de la palabra, que se encuentran), que sin anularse nos ponen en tensión en muchas direcciones al mismo tiempo. Multidireccionalidad, ensanchamiento y concentraciones (pero también contracturas, contracciones) puntuales, son también modos no contradictorios propios de la piel, de los músculos, de los tejidos blandos. 0 clímax, sino nudos que se van atando, membranas que van limitando y respirando a la vez. Mareas y resacas conjuntas, que exigen buscar en cada momento maneras de vivir, y pieles para atravesar tiempos discrónicos.


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Tapa del suplemento Las 12. 15/06/18, por Julieta Arroquy.

“El enorme acierto de quien diseñó la imagen del Congreso inundado por la marea feminista recurriendo a la imagen de ‘La ola’ (o ‘La gran ola de Kanagawa’) de Hokusai: algo del anacronismo de las imágenes que se vuelve herramienta inmediata y urgente. Porque la imagen de Hokusai no es solamente la de un océano amenazante y en torbellino: es también un punto de vista –marítimo, en flujo permanente, hecho de intensidades poderosísimas a la vez que irreconocibles– sobre el poder imperial: la montaña, el Monte Fuji, detrás, empequeñecido, incapaz de contener esa marea en la que, sin embargo, lxs pescadorxs y sus barcas navegan las aguas de su tiempo”. Nota Gabriel Giorgi, el 15 de junio, en un posteo de red social. Venido de un pasado que también es futuro –ellos también encontrados– la ola arrasa; a la vez el congreso sigue pequeño en el fondo, con su temporalidad imperial. Navegamos las aguas de nuestro tiempo, nos volvemos sismógrafxs de intensidades a veces irreconocibles. Vivir estos destiempos, entre la prehistoria que AÑO 7/ NÚMERO 28/ SEPTIEMBRE 2018

guió el rechazo de la ley en el senado argentino el 8 de agosto y que carga con la ya larga lista de mujeres

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muertas por abortos clandestinos desde esa fecha hasta hoy, y la sensación de que, al mismo tiempo, ya todo cambió para siempre, se resquebrajó el edificio patriarcal en más de una vertiente. Vivir en choques de tiempos en los que nos tenemos que re-des-orientar. Estos tiempos discrónicos se entrechocan y surge lo inmundo cuando, en la noche del 8A en la sesión sobre Legalización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, el senador Urtubey (PJ, Salta) explicó cómo la violación intrafamiliar no era violenta. Después del primer momento de horror, pasmadxs al escuchar esto, empezamos a articular, a repetir entre nosotras, a pensar las consecuencias y efectos de esa frase pronunciada en el senado, por un representante democrático. Estalló lo insoportable de ese tiempo prehistórico asumido en la cara de más de un millón de mujeres en la calle. Está en disputa lo que se puede aguantar y los modos de gritar que no aguantamos más. Ahí, en esta lucha entre placas tectónicas y eras antiguas y nuevas, al límite del desquicio, buscamos pieles, músculos y ritmos, y sabemos también que “las palabras importan”. Es lo que repite como mantra un grupo de vigilia contra el racismo y el sexismo en Francia, haciendo pasar del lado de lo perceptible esas frases que circulan y además de chocar, de dar nauseas, amasan la sensibilidad común de lo tolerable y lo escuchable1. Piel que se eriza. 1

“Les mots sont importants”: http://lmsi.net/


El senador Urtubey dijo, palabra por palabra: “La violación está clara en su formulación, aunque habría que ver algunos casos, porque hay algunos casos en los que la violación no tiene un componente de violencia sobre la mujer”. Luego agregó: “En los casos de abuso intrafamiliar no hay violencia”. Frente a estas palabras, dejándolas retumbar, escuchándolas sin dejarlas pasar, haciendo frente con vehemencia de pieles erizadas, podemos dejar que levanten el polvo del recinto del debate; se vuelve palpable la necesidad de minorizar la violencia de la violación para acompañar la decisión de votar contra la ley de legalización del aborto. De alguna manera, de una manera perversa, ese senador dijo lo peor, que ya sabemos, pero reivindicándolo mirando fijo a los ojos de sus colegas en un recinto blindado y sordo, como si no fuera inaguantable. Si fuera la voz de la razón: dice que prohibir el acceso a un aborto legal, seguro y gratuito en el seno del Estado (es decir, votar a favor del aborto clandestino, como se preparaban a hacer él y la mayoría de sus cófrades) va de la mano con hacer de la violación una práctica legítima en el seno de la familia. Rita Segato, entrevistada en la plaza de Tilcara con un celular por Bruno Arias2, en esos días de invierno previos a la votación, donde se palpaba por todos lados la urgencia de conversación para tejer sentido juntxs, dice que la prohibición del aborto es “una violencia estatal contra las mujeres, es la peor de todas las formas de violación del cuerpo femenino. Obligar un cuerpo a llevar adentro lo que no quiere llevar a dentro, es igual, idéntico, a una violación, pero la peor de todas, porque es una violación de Estado”. Y añade: “mientras más frágil, debilitado un Estado, más se dedica a ver si puede contra una pancita, ¡¡por favor!!”, en una analogía llamativa con el estado de la masculinidad y su mandato de violencia que describía minutos antes. La prohibición del aborto es una violación y necesita, para volver a establecerse contra vientos y mareas, banalizar la violación como práctica posible, como gesto instaurador repetidamente de un orden patriarcal que pretenden preservar. El Estado viola a esas mujeres forzándolas a seguir con un embarazo no deseado, ocupando sus vientres para la

Instagram Yamil Martinez

Las imágenes de un senado “Jurrasic Parc” del 8A tampoco se equivocan: lxs senadorxs gobernando atrasan siglos. Llegan tarde para meterse entre nosotrxs y para que la violación pase desapercibida. Esa evidencia ensancha nuestras maneras de vivir, a la vez que el desfase de tiempo aplasta nuestras vidas. Vivimos en este atropellamiento de temporalidades, se vuelve insoportable la era de los dinosaurios que parecen que nunca van a desaparecer. Y a la vez todo ya cambió, la época tiene otros aires, y muchas cosas 2 https://www.facebook.com/brunoariaspagina/videos/con-rita-segato-desde-tilcara-entrevistapalabras-para-compartir-sobre-todo-para-/10156542255676703/

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reproducción. En el Estado como en la casa, es la banalización de la violación lo que está en juego.

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que parecían imposibles cambiaron para siempre. Se escucha en las cocinas, en los bares, en las reuniones, en los pasillos: “Con todo lo que pasa en estos días”, “en esta nueva era”, o también “ahora que no se puede decir nada” (¡qué poca imaginación si no se puede decir nada una vez que sacamos los insultos e injurias!, diría Paula Arrieta…). No hay ya ninguna asamblea en las universidades tomadas del centro o del conurbano, ninguna clase, ningún taller en secundarios, ninguna presentación de libro que no estén atravesados por otros modos de tomar y distribuir la palabra. Los tiempos atropellados exigen pensar de otras maneras y como otras maneras de vivir. También reconociendo la parte irreconocible y no del todo victoriosa en estas discronías, no por eso menos políticas. “Estoy en mi sexto año de secundaria, en el Pellegrini, y vi pasar en 2014 a una comisión de género que planteaba cosas que sonaban desmedidas y hoy conforman nuestro sentido común” dice Ofelia Fernández3. Lo que parecía desmesura es ahora la des-medida que acompasa nuestros pasos y el hybris de nuestro fuego común donde hacemos arder nuestros miedos4. “Si nos quieren sumisas, llegaron tarde, nos les queda otra que escucharnos” refuerza Ofelia. No toleramos más que “lleguen tarde” y opinen sobre nuestras vidas desde una posición atrasada, porque todo está cambiando. Y la desmedida de nuestro tiempo es también lo que vuelve sus intensidades irreconocibles, y el momento desquiciante. La ola lo mueve todo, y a lo lejos sigue la montaña, figura del poder imperial. Conviven en espacios y temporalidades diferentes, y nos encontramos, más que nunca, acuerpándonos, entre dolores y fiestas. Bancar el desquicio, aprendiendo que esos cuerpos que nos hacemos, nuestros abrazos no son solo victoriosos, los modos de habitar no alimentan las figuras heroicas de la omnipotencia, tan propias de figuras machistas, que destejemos día a día. Que se caiga el patriarcado es también tejer otras sensibilidades, gestos, miradas, AÑO 7/ NÚMERO 28/ SEPTIEMBRE 2018

posiciones, tomas de palabras y silencios de escucha. Sabemos llorar y reír a la vez. Ya en la noche del 13J

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gritábamos alrededor de un fuego “¿Y el miedo? ¡Que arda!”. No que no andemos ya nunca sin miedo, todopoderosas, sino que encontramos aquelarres para calentarnos la piel con las llamas de nuestros miedos que se van en humo. Y son esas experiencias de hacer arder miedos lo que nos reúne. Porque nuestros cuerpos y nuestras vidas no son objetos categorizables, tanto de pensamiento como de legislación. Son lo que vamos trazando, ensanchando y concentrando maneras de vivir, en estos tiempos atropellados. Y si las palabras importan, no es en tanto policía del buen decir, sino en adecuarlas, ralentarlas, acelerarlas, a las experiencias en curso. Aquí me acuerdo de la importancia de la intervención de Francisco Fernández a días del debate en la Cámara de Diputados en su página Facebook el 7 de junio (copiado del muro de Mauro Cabral Grinspan): “En el debate sobre transmasculinidades y/o maricas/bisexuales en luchas feministas como la del aborto, me alarma que nos hayamos terminado desplazando desde un debate en términos de movimientos políticos hacia un debate sobre los cuerpos individuales. Obviamente los cuerpos importan, porque no existe una política des-corporizada, pero a lo que voy es esto: para mí, la participación trans en el debate no solo es importante porque podamos gestar, sino porque el movimiento trans siempre tuvo mucho que decir sobre la autonomía corporal y los 3 4

http://lobosuelto.com/?p=20010 “¿y el miedo? ¡Qué arda!” retomo aquí lo que está allí entero:


derechos reproductivos. Y la relevancia de la participación de maricas y bisexuales en estas disputas está en que el movimiento bi y marica históricamente lucha por los derechos sexuales o, más aún, por la liberación sexual. Justamente es por eso que los movimientos LGB, T y feministas vienen teniendo articulaciones, con sus idas y vueltas y exclusiones, desde hace dos o tres décadas en este país –incluyendo en torno al aborto– aun si esas alianzas se vienen invisibilizando últimamente. Personalmente, como tipo trans prefiero pensar que puedo articular con el feminismo desde ese lado: no por tal o cual sufrimiento y exclusión que puedo compartir o no con las mujeres, sino porque pertenezco a un movimiento político potente, con una historia de varias décadas, que tiene muchas ideas y argumentos para contribuir a ese horizonte compartido de la liberación sexual, de género y (no) reproductiva. No quiero que nos mencionen caritativamente en sus discursos (ni que nos ‘den’ un artículo de una ley, como se ha dicho): quiero que nos reconozcan como sujeto político”. Así, también vamos aprendiendo de lo político como puja, como sedimentación, decanto, tiempos de tejer experiencias entre luchas vitales, que relacionan de otras maneras nuestras pieles, ensanchan/concentran nuestros territorios vitales muchas veces desquiciados en esta discronía, y transforman modos de hablar, es decir, de escuchar.

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Marie Bardet – San Telmo – 08 de septiembre 2018

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QUEMAR LA CAZA Hacia un incendio feminista

Avanzaba en la bici escuchando el “Burning down the house” de los Talking Heads. El disco recién comenzaba y mi recorrido también. Mientras esquivaba micros por la calle Compañía casi pasando la plaza Brasil, un tipo en una moto comenzó a gritarme desde la pista de al lado. Como tantas otra veces en mi vida, ignoré sus buenos deseos y subí el volumen del mp3. Se supo ignorado y comenzó a hacerme un gesto con su lengua a la distancia. Dio verde y avancé no sin antes estirar mi brazo e indicarle con el dedo bien erguido mi falta de aprecio por su triste espectáculo. Seguí pedaleando mientras Byrne me entusiasmaba con sus alaridos, sin detenerme a pensar en lo que había pasado y en todas las veces que me ha sucedido desde los 12 años en las calles de Santiago. Unas cuadras más adelante, llegando a Almirante Barroso se acerca a mi pista y comienza a hacer sonar su AÑO 7/ NÚMERO 28/ SEPTIEMBRE 2018

motor de ese modo que es tan propio de quienes requieren confirmar su hombría al volante. Tampoco se bien

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qué es lo que me dijo en ese momento, ni siquiera me di vuelta a mirarlo mientras intentaba avanzar entre sus ruedas y la cuneta. Fue casi una cuadra que siguió maniobrando su motor mientras invadía mi metro cuadrado, cuando nuevamente dio verde y logré esquivarlo entre los autos. Una vez más no quise contener la rabia ante su despliegue y mientras dejaba atrás unos autos volví a estirar el brazo y regalarle un puño apretado con mi dedo de aprecio. No pensé entonces en el riesgo, ni en la calma, ni en la seguridad, ni en eso de quedarnos quietas, o tranquilas, o impávidas, o simplemente en hacer como si nada, en cómo siempre nos dicen cuando nos pasan estas cosas, que hemos de hacer como si nada. Y fue entonces que justo antes de atravesar la Norte-Sur, o más bien en medio de ello, que vuelve el príncipe de la moto más intrépido que nunca. Se acerca desde atrás, avanza unos segundos para estar a mi altura, apenas alcanza a detenerse un momento y me escupe con toda su fuerza y desprecio. Sí, me escupe directo a la cara, justo abajo de mi ojo derecho. No alcanzo a reaccionar a lo que acaba de suceder cuando él ya ha salido rajado para doblar al norte y perderse entre el tráfico. Como no podía parar porque en el fondo nunca podemos parar del todo, seguí pedaleando. Pasé el semáforo, avancé un par de cuadras y por un momento pensé en no concederle ni los pocos minutos que me quedaban


antes del encuentro con unas amigas al almuerzo. Estaba en eso cuando dio roja y me tocó parar frente al paso de cebra de Plaza de Armas. Fue ahí que un hombre de unos cincuenta me queda mirando y pregunta, “¿se le cayó algo?” Yo miro al suelo a modo de reflejo, y al ver que no había nada, recordé inmediatamente como termina ese verso infesto. Ese que nos recuerda que en el espacio público, no somos más que mera mercancía, un chocolate o caluga de color. Levanté la vista y lo miré fijo por el segundo antes de que diera verde mientras él se decidía a seguir o no con su halago. No alcanzó a hacerlo, no fue necesario. La estrofa que quedaba, esa que me se de memoria, como tantas otros versos y canciones que nos dedican a diario, la continué repitiendo rabiosa en las cuadras siguientes como el perfecto mantra del matrimonio entre capitalismo y patriarcado. Ya no recuerdo qué sonaba en ese momento por mis audífonos, en qué canción iba del “Speaking in Tongues” o si acaso se había quedado en pausa, ido a mute o soltado el audífono. Lo que sí recuerdo es que detrás de aquel mantra, seguía ahí la melodía del comienzo y ese llamado a la quema o más bien esa constatación de que ya se está quemando la casa, o mejor aun, de que aunque se les agüe todo, y pataleen en la calles, y nos amenacen en las redes o nos amedrenten en medio de sumarios universitarios y juicios públicos, lo cierto es, que ya les estamos quemando la caza. Javiera Manzi A. Socióloga, investigadora independiente, curadora y archivera. Integrante de la Red de Conceptualismos del Sur, militante del Centro Social y Librería Proyección

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y parte de la Coordinadora Feminista 8M.

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Toma

por Kena Lorenzini

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Casa Central PUC

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Breve manual para

HOMBRES PREOCUPADOS En medio del bullente alzamiento de voces femeninas, se escuchan, sin embargo, voces más graves, testosterónicas, que se preguntan, confundidas, ante tanta exigencia que viene a cambiar los códigos aprendidos por generaciones. ¿Qué se puede hacer y qué queda prohibido? ¿Qué actitudes son apropiadas? ¡¿Acaso ya no se puede decir nada?! Comprendemos que son dudas –llamémoslas– pertinentes. No está fácil distinguir donde hasta hace tan poco no había distinciones. Se trata de hombres preocupados, que por una u otra razón no quieren desteñir y quieren apoyar al movimiento feminista, pero no saben cómo. Para ellos, ofrecemos este breve manual, en formato recortable, para que pueda plastificarlo y llevarlo en su billetera o bolsillo, y consultarlo en el lugar que sea al momento de la duda. Solo siga estas simples reglas, en el orden en que aparecen, y podrá estar seguro de no causar disgusto entre sus pares feministas.

Tenemos claro que está que hierve de opiniones sobre lo que las mujeres dicen y hacen. Después de todo, el aborto, por ejemplo, es un tema que nos toca a todos. Si no, imagínese nada más que su madre lo hubiera abortado. En algunas de estas opiniones, incluso, es probable que usted tenga razón. Es una cosa de estadísticas. Pero por una vez, lo invitamos a hacer un ejercicio que las mujeres han tenido que aprender desde su más tierna infancia: Réstese. Cállese. No vaya a la marcha. No comente el post. Guarde silencio. Guárdese su opinión. Respire profundo y no diga nada. A veces, menos es más. Puede ser difícil, pero le prometemos que si practica logrará el dominio absoluto de una habilidad que parece casi mágica: podrá incluso hacerse invisible. Número Dos: Réstese En serio. La regla número uno es importante y el presente manual le será completamente inútil si no la sigue al pie de la letra. Si no le han preguntado directamente, no diga nada. No queremos saber qué opina sobre nuestros derechos, ni sobre el modo en que estamos exigiéndolos, ni sobre nuestros cuerpos, ni sobre nuestras vidas... en verdad, en este momento, no nos interesa lo que tiene que decir. El movimiento feminista se trata de las opiniones, los derechos, los cuerpos y los deseos de las mujeres, y estamos haciendo grandes esfuerzos por hacer oír esas opiniones. Aunque usted tenga la mejor de las intenciones y aunque esté seguro de que

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Número Uno: Réstese

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nos serviría muchísimo saber lo que opina, por favor, cállese. Si quiere apoyar al feminismo, el primer paso, por definición, es restarse de los espacios que las feministas estamos tratando de conquistar. A veces, se lo prometemos, a veces no es tan terrible, de vez en cuando, no figurar. Nosotras lo venimos haciendo desde siempre. Por esta vez, hágalo usted. Número Tres: Réstese La tercera es la vencida. Sabemos que esta es la más difícil de las reglas del manual. Sabemos que parece imposible. Pero sabemos, también, que es imprescindible. Es muy probable que la feminista que tiene al lado esté profundamente equivocada. Tal vez incurrió en un error de lógica, o de ortografía, o en uno científico, o simplemente no sabe nada de historia. Sin embargo, por otro lado, ¿ha pensado alguna vez que ella podría tener razón? No se angustie, respire profundo. Pero piénselo. Tal vez, puede ser, es una alternativa plausible, que sea usted el equivocado y no se haya dado cuenta. Por las dudas, entonces, por si acaso, cállese. En el peor de los casos, estamos seguras, la feminista que está a su lado es perfectamente capaz de descubrir su error por sí misma. Número Cuatro: Escuche Si ya logró dominar las reglas uno, dos y tres, descubrirá que la número cuatro se le hará muchísimo más fácil. Si guarda silencio, casi por obra de magia, empezará a escuchar cosas que antes ni se hubiera imaginado. Oirá a miles de mujeres que repiten casi el mismo relato de acoso, de vulneración y de violencia, y comprenderá que no era una exageración histericoide. Escuchará a mujeres que vienen pensando y repensando sus demandas AÑO 7/ NÚMERO 28/ SEPTIEMBRE 2018

desde hace décadas, aun siglos, y verá que no era un simple capricho. Aproveche el nuevo tiempo libre y lea.

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Encontrará que las feministas vienen escribiendo desde hace siglos, aunque esos libros no hayan llegado a sus manos. Aprenderá de un sinnúmero de temas que hasta ahora, para usted, ni siquiera tenían nombre. Se enterará también de que el feminismo está compuesto por miles de voces diversas, que en muchos detalles tal vez no están de acuerdo, pero que en lo esencial gritan al unísono. Y se dará cuenta de que esa multiplicidad de voces hace que el feminismo se valga por sí mismo y que no necesite de la voz de los hombres. Ahora, vuelva a leer las primeras tres reglas, entiéndalas de una vez y réstese. Número Cinco: Observe Una de cada dos personas en el mundo es una mujer. Mire a su alrededor. Vamos, levante la mirada y observe. ¿Cuántas hay? Número Seis: Su chiste no es chistoso Esta regla está implícita en las anteriores (al igual que muchas otras de este manual), pero creemos necesario desglosarla, para asegurarle exhaustividad y dejar al mínimo el margen al error. Antes de contar ese chiste, guarde silencio y piense un segundo en su contenido. Para que un chiste funcione como tal, debe siempre tener


como base una premisa conocida, sea esta real o ficticia. Por ejemplo: los gallegos son tontos. ¿Qué premisa está asumiendo como real con su chiste? Si esa premisa es ofensiva, su chiste no es chistoso. Los gallegos, después de todo, no son tontos. Número Siete: Ser mujer no es ofensa Así como su chiste no es chistoso, su ofensa no tiene ningún sentido. “Igual que mina”, “como niñita”, “ya andái con la regla”, “se puso menopáusica” y otras similares solo señalan una realidad que, si observa bien, es la experiencia obvia y cotidiana de más de la mitad de la humanidad. En ningún contexto son ofensivos. Y ya que estamos en esta, tampoco lo son las diversidades sexuales; ser gay o “maricón” es una orientación que conforma identidad, y por lo tanto es causa de orgullo, no hay de qué sentirse ofendido. Ah, y por si acaso, ninguna persona en el mundo “necesita pico”. A algunas les gusta, no vamos a juzgar, en gustos no hay nada escrito. Pero nadie lo “necesita”. Número Ocho: Su piropo no es halago Esta es tal vez una de las reglas más controversiales. La noticia de que las mujeres no queremos ser piropeadas ha dejado atónitos a oficinistas y albañiles, médicos y baristas. Y es que cómo puede ser que a alguien le moleste que le digan que es linda, que le suban el ánimo y el autoestima. ¡Cómo puede ser que no veamos la riqueza lingüística y folclórica del piropo, patrimonio de la nación! ¿No será un poco exagerado? ¿Dónde está el límite entre un halago y el acoso? ¿Ya no se puede decir nada? Una vez más lo invitamos a leer las primeras reglas del presente manual. Luego escuche las historias demasiado cotidianas de los piropos en el espacio Si no conoce ninguna historia, lo invitamos a leer otra de las crónicas del presente volumen: “Quemar la caza”, de Javiera Manzi. Fíjese en que el piropo está estructurado para ponderar una cualidad, solo una, de la mujer: su cuerpo. El piropo no realza la inteligencia, ni la valentía, ni una habilidad física o mental. De lo contrario sería un halago. El piropo es siempre dicho por un hombre a una mujer. Un halago, en cambio, está dicho por cualquier persona a cualquier otra, y busca, sobre todo, ser del agrado de quien lo recibe. El piropo no. Número Nueve: No sea caballero Puede parecerle mentira, pero le aseguramos que las mujeres no necesitamos de un hombre montado en un recio caballo para que venga a salvarnos de los horrores que pudiera significar tener que abrir una puerta, o descender de un escalón, o ir de pie en el transporte público. Sea amable, sí, siempre, se lo recomendamos. Pero no sea caballero. Número Diez: Ante la duda, la a Las feministas nos hemos empeñado en cambiar el lenguaje, porque el lenguaje crea realidad. Así, entre otras cosas, hemos peleado para que ciertos sustantivos y adjetivos, que en castellano van marcados con una o de

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público y de trabajo. Tenga en cuenta el calibre de los piropos a los que estamos ya tristemente acostumbradas.

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masculino, a pesar de referirse a mujeres o a grupos mixtos, lleven la marca del femenino gramatical (la a). Esto es precisamente para marcar, mostrar, visibilizar algo que estaba, hasta entonces, invisibilizado. En profesiones donde siempre predominaron los hombres, por ejemplo, hubo que marcar la presencia femenina con una a, porque es imprescindible ver que una arquitecta sí puede existir. Simple, pero importante. Cuando sienta ganas de recurrir a la RAE para informarnos que en verdad no es necesario usar esa a, porque “en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino”, recuerde que la misma RAE ha ido admitiendo cambios en la lengua que evidencian cambios en la cultura. Así, la versión femenina de palabras que antes existían solo en masculino ya han sido admitidas en el distinguido diccionario, y a usted no le sonarán raras terminadas en a: bombera, jueza, jefa, clienta y, ya lo sabemos, presidenta, no violan ninguna, repetimos, ninguna regla gramatical. Por otro lado, no es necesario hacer lo opuesto con las pocas palabras en castellano que, a pesar de referirse a hombres o a grupos mixtos, están marcados con a. Por ejemplo, nadie dirá “persono”. Los seguidores de Marx nunca se llamaron a sí mismos comunistos y Monet no pertenecía al movimiento impresionisto. Ellos no necesitaron marcar la o, porque eran espacios ya dominados por los hombres. Una vez más, la misma RAE le aconsejará que no es correcto anunciar que la prestigiosa Academia está llena de machistos, monarquistos realistos y colonialistos. Número Once: El espacio público no es suyo Y no nos referimos únicamente a la calle, la plaza o el transporte público. También las redes sociales, los medios de comunicación, las universidades (las de verdad) y la administración del Estado. Lo público nos pertenece a todas y a todos. Lo compartimos. Tenga esto en cuenta la próxima vez que orine detrás de un árbol, o se siente en la micro con las piernas abiertas, o deje un comentario ofensivo (o un chiste) en su red social de preferencia, AÑO 7/ NÚMERO 28/ SEPTIEMBRE 2018

o escuche a un hombre hablar en el congreso o en la tele. Los hombres se han adueñado del espacio público

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por siglos (el ágora griega o el foro romano estaba reservado exclusivamente para los hombres), y ya casi no se dan cuenta de que lo comparten. Y ahora las feministas reclamamos nuestro espacio y salimos a la calle. Por eso, cuando lo hagamos, réstese. No vaya a la marcha. Aunque usted crea que nos está apoyando, mejor apóyenos desde su casa. Déjenos tranquilas mientras le mostramos al espacio público cómo es verse lleno de mujeres. Para variar. Número Doce: Vuelva al Número Uno Cuando termine de leer estas líneas, no vaya a la sección de comentarios. No discuta la regla que le gustó más ni la que le pareció más nefasta. Si quiere, si no soporta la idea de no decir absolutamente nada, comparta el link en su red social de preferencia, con las siguientes palabras: para mis amigos hombres. Camila Bralić Muñoz. Equipo Rufián Revista


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EL FEMINISMO ES POLÍTICO,

de ello no cabe duda El feminismo en tanto teoría política implica reconocer una proliferación de objetos de reflexión, ha ocurrido con la vindicación de la ciudadanía como con la vindicación del propio sujeto. En ese análisis teórico el feminismo conlleva aceptar la existencia de una subjetividad compleja que nos obliga, no sólo a duplicar, sino a multiplicar los objetos tanto como las perspectivas del conocimiento científico y filosófico. La historia del feminismo no es solo la historia de un movimiento emancipatorio, es además la historia de la lucha en la propia Historia para otorgarles a las mujeres el derecho universal a ser ciudadanas en plenitud. El trabajo feminista ha consistido en romper el derecho patriarcal para llegar al derecho político. Así, el axioma del trabajo feminista, como muy bien lo señala Amorós, consiste en conceptualizar, en tanto que conceptualizar

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es politizar.

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En el libro Las vetas de la ilustración, Celia Amorós afirma que “la historia de la teoría feminista traza mapas y elabora los referentes conceptuales pero, sobre todo, la teoría feminista, nos empodera. Renunciar a ella es volver a la condena sisífica de edificar una y otra vez el muro de arena al que parece estar condenada la historia de las mujeres. La memoria feminista como memoria histórica es ya de suyo emancipatoria”. Y esto en todos los ámbitos del quehacer humano. Siguiendo la misma línea conceptual, Henry Giroux nos dice “el feminismo ha sostenido, en clave de género, una pregunta fundamental frente al saber instituido: ¿Quién habla en esa teoría; bajo qué condiciones sociales, económicas y políticas formula ese discurso; para quién y cómo ese conocimiento circula y es usado en el marco de relaciones asimétricas de poder?”. La teoría feminista avanza simultáneamente creando nuevas categorías teóricas e instrumentos metodológicos en su intento de explicar cómo se han constituido, a lo largo de la historia y en las diversas culturas, diferencias jerárquicas entre varones y mujeres, y cómo se reproducen y transforman, generando siempre una disputa de poder. Para Amelia Valcárcel no hay duda acerca de que se trata de una tradición política que tiene tres siglos de historia. Afirma que aunque está todavía lleno y preñado de novedad, el feminismo no es nuevo: “Apuntado su


nacimiento en la filosofía barroca, teniendo sus obras fundacionales en la Ilustración, siendo un movimiento político de los más activos del siglo XIX y habiendo cambiado algunas de sus conquistas la completa faz social del siglo XX”. Y tres siglos, al parecer, no significan mucho para la historia de la humanidad, considerando que solo se cuenta la parte que le corresponde a Occidente. Aun hoy, en pleno siglo XXI, nos encontramos con fervientes resistencias a un movimiento emancipatorio que, año tras año debe luchar contra los mismos fantasmas. La violencia estructural e invisible de un patriarcado que muta de acuerdo a los tiempos, no da tregua. Ana de Miguel refuerza esta idea de lo que es o ha sido hasta ahora el feminismo cuando sostiene que “El feminismo es una teoría, es una militancia social y política y es una práctica cotidiana, una forma de entender y vivir la vida. Como práctica social y política la visión feminista de la realidad ha cristalizado históricamente en la formación de un movimiento feminista”. El feminismo es político, de ello no cabe duda, es una permanente vigilancia de las relaciones de poder que aparecen en ámbitos tanto privados como públicos, tanto cotidianos como naturalizados bajo los ropajes ideológicos a los que se ha referido Celia Amorós. Estos ropajes han sido el amor, el cuidado, la complementariedad, y todo aquel espacio que ha sido representado una y mil veces en todas las disciplinas de la academia, la literatura, las bellas artes y las ciencias. Aquello que se ha representado como natural e íntimo, propio del sexo débil, irreductible a un espacio público, entre iguales. Es Kate Millet con su obra Política Sexual quien, en la década del setenta, realiza un estudio sobre el vínculo política”, es decir, el sexo tiene un cariz político que generalmente pasa desapercibido. Lo personal es político fue entonces la consigna que reivindicaran las feministas radicales de la década del setenta, llamando principalmente a la tarea de revisar las categorías de lo privado y lo público, puesto que ambas han sufrido transformaciones históricas. Esta apelación llamaba también a visibilizar las relaciones de poder que se juegan en el espacio privado, abriendo así la posibilidad de politizar aquellas relaciones. Aquellas relaciones de poder quedan invisibilizadas en el espacio de lo privado, es imprescindible entonces renegociar sus límites, de lo contrario nos encontramos en la ceguera epistémica consistente en generar nuevos conceptos los cuales son inmunes a la razón, a la ética y, consecuentemente, a la política. Ahora bien, sabemos que las relaciones de poder se juegan en un espacio entre iguales, y a las mujeres, se les ha intentado sistemáticamente relegar de ese lugar al espacio de las idénticas, como lo ha señalado Amorós, las mujeres son un objeto intercambiable porque no les han dejado devenir como individuo; y como consecuencia de ello, al ser idénticas, se les relega a la inmutabilidad, en otras palabras, no trascendentes en términos beauvorianos, quitándoles así una identidad única e intransferible. Desde la Ilustración, pasando por el sufragismo, hasta los llamados feminismos posmodernos, el núcleo central

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entre la diferencia sexual y las relaciones de poder. Para Millet “el sexo es una categoría social impregnada de

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y teórico de la defensa de los derechos de las mujeres, ha sido y será el reconocimiento de aptitudes y derechos extensibles indistintamente tanto a las mujeres como a los varones. A partir de entonces, la teoría feminista ha tenido como característica constante la reivindicación de un estatus de igualdad como antesala de la autonomía individual. Esto no ha significado una negación de las obvias diferencias tanto biológicas como culturales que existen entre hombres y mujeres. Por el contrario, ha sido precisamente el reconocimiento de dicha diferencia lo que ha llevado a tantas teóricas del feminismo a analizar cómo la cultura, en sus diversas manifestaciones, ha exacerbado dichas diferencias casi siempre en perjuicio de las mujeres en lugar de haber respetado un desarrollo autónomo e igualitario de las capacidades individuales. Es así como a finales de los años setenta los planteamientos del feminismo radical transitan hacia lo que se conocerá más adelante como feminismo de la diferencia, este a su vez mutará en el feminismo cultural y finalmente se conocerá como el feminismo posmoderno. En términos generales, y con las diferencias que se señalarán más adelante, el desarrollo a partir de los años 80, en relación con los estudios de las mujeres y el feminismo en sí como acción política, será revisado y defendido por diversas teóricas como Nancy Chodorow, Adriane Rich, Carol Gilligan, Joan Scott, Audry Lorde, Angela Davis, Patricia Hills Collins, Cherrie Moraga, Luce Irigaray, Iris Marion Young, Sheila Benhabib, Chantal Mouffe, Sandra Harding, Donna Haraway, Celia Amorós, Rosi Braidotti, Amelia Valcárcel, Judith Butler, Vandana Shiva, entre muchas otras. Es el feminismo posmoderno el que representa la radicalización más extrema del feminismo, dado que la posmodernidad plantea la deconstrucción de las nociones generalizadoras y totalizantes. Algunas autoras sugieren que las mujeres no son un grupo homogéneo, ya que existe entre ellas una diversidad relevante, una AÑO 7/ NÚMERO 28/ SEPTIEMBRE 2018

diversidad que marca diferencias sustantivas tanto en la teoría como en la práctica. Aquí ingresan los grupos

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colectivos de mujeres negras, lesbianas, trans, inmigrantes, discapacitadas, chicanas, latinas, islámicas, árabes, asiáticas, entre otras. Es necesario aclarar que la historia de los feminismos no contiene en su propio relato un discurso lineal, debido a que, desde sus orígenes como teoría y acción política, existieron puntos de tensión, no siempre congruentes, sino al contrario, más bien divergentes sobre determinados puntos en concreto. Así, se puede observar en cualquier manual que hable de la historia de los feminismos, momentos en donde existe un total desencuentro, nudos y fricciones, desde las ilustradas hasta los posfeminismos. Todo ello no ha impedido que los movimientos feministas hayan desarrollado un discurso que va de uno a muchos, demostrando que las coaliciones son posibles porque su fuerza se sostiene en la constatación de que la opresión siempre es la misma desde las diversas denuncias de los colectivos. Sin embargo, la lucha no ha sido fácil, tras veinte siglos de ausencia percibida culturalmente como natural. Tal como lo dice Amorós la exigencia ha sido ir “del derecho patriarcal al derecho político”, ello ha significado romper con la permanente voluntad de invisibilización política hacia las mujeres, concebirlas como objetos, nunca como sujetos. Parafraseando a Amelia Valcárcel que las mujeres sean libres y lo sean completamente, aterra todavía las inercias milenarias de nuestra cultura patriarcal. Por todo lo anterior, es profundamente


importante encontrar y seguir el hilo de Ariadna que nos permita expresar las posibilidades teoréticas y existenciales de las mujeres. Es cierto, en las últimas décadas la mayoría de las mujeres han salido valientemente de aquella minoría de edad a la cual han sido relegadas desde la ilustración. Se observa que, poco a poco, las cosas van cambiando. Se constata que en poco más de tres décadas se han escrito libros de divulgación con la historia del feminismo, tesis doctorales, ensayos, manuales, artículos periodísticos en revistas especializadas y no, y variados textos. Todos han querido mostrar y develar el aporte de grandes e ilustres mujeres en su mayoría invisibilizadas. Y aquellos que se dedican a la investigación académica sobre esta temática específica, dan cuenta de una producción permanente en diferentes lugares del globo, y desde diversas disciplinas. En las universidades de, prácticamente todo el mundo, existe producción y discusión académica relativa a las cuestiones de género, al feminismo y a la sexualidad, se han creado seminarios permanentes, reuniones internacionales, institutos y centros especializados. Las diferencias pueden ser desde qué ideología se plantean estas cuestiones, pero eso es otra discusión. Pamela Caruncho Franco Académica, profesora de Filosofía.

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Doctora © en Estudios Interdisciplinares de Género.

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N° 28 - Hasta aquí: el fuego. Crónicas de una ola by Rufián Revista - Issuu