Chasqui Perú Año 44 – 376 Setiembre/Octubre 2015
“El verdor de la primavera, la interioridad de Mater, la fe y emoción que evoca el Señor de los Milagros, nos recuerda que la vida es un llamado a la esperanza” ¿Cómo puede llegar el hombre y la mujer a acoger esto, si la vida diaria, con sus trabajos y preocupaciones, con sus desengaños y aparentes absurdos, con sus manipulaciones y poderes; parecen ser un continuo argumento contra la esperanza? Sabemos que el mundo está constantemente lleno de noches, retratadas en los más de 2.500 “sin papeles” que se ahogaron en el Mediterráneo durante este año -cifras de la ONU-, y de tantos refugiados de Siria en su éxodo -como el niño Sirio Aylan Kurdi de 3 años encontrado muerto a orillas del mar-, o en la continua violencia en nuestras calles de la que somos víctimas impotentes. ¿Cómo se puede caminar en tinieblas hacia una meta, sin tener que temer a cada paso, la caída en el abismo? Sin duda, es importante que la esperanza del cristiano no se apoye solo en el mundo de lo visible, de lo que nos presentan las noticias al prender el televisor. El cristiano ha de saber esperar "contra toda esperanza", contra todos los poderes y sucesos que parecen convertir su esperanza en sueño; es decir, no apoyada en poderes terrestres, sino en Dios, sabiendo que la esperanza es una fuerza del corazón que Dios despierta, gracias a la cual el yo humano tiende hacia los invisibles bienes del futuro, con paciencia y confianza. Por ello, si nos disponemos a sentir que la primavera en estos tiempos de tanto descuido humano, se nos presenta como ese “primer verdor” o juventud de vida que dinamiza el despertar a la alegría, a la confianza y a la gratitud; si contemplamos desde el corazón a Mater, -nuestra Madre Admirable- desde esa serenidad y entera confianza, que nos acerca al corazón de su Hijo amado que cada mes de octubre acompañamos paso a paso por las calles de Lima o tal vez elevando una oración en su santuario de las Nazarenas; recrearemos lo que bien dice El principito: “No se debe nunca escuchar
a las flores. Sólo se las debe contemplar y oler. La mía perfumaba mi planeta, pero yo no era capaz de alegrarme de ello”.
Sí, que cada día sepamos despertar a la vida, dispuestos a caminar con un corazón confiado, paciente, sereno, lleno de fe; para que atentas a este mundo que clama PAZ, que necesita AMOR, logremos entretejer el telar de la ESPERANZA, que nos despierte a responder al compromiso de vivir y caminar…
protegiendo cada día nuestra “Casa Común”.