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360 chasqui noviembre 2013

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Comenzamos el mes con la celebración de todos los Santos en la que el Papa Francisco nos recordó que “la meta de nuestra existencia no es la muerte, sino el Paraíso; que los Santos son los amigos de Dios, que han transcurrido su existencia terrena en comunión profunda con Dios, hasta el punto de llegar a ser semejantes a Él, porque han visto en el rostro de los hermanos más pequeños y despreciados el rostro de Dios, y ahora lo contemplan cara a cara en su belleza gloriosa. Los Santos no son superhombres, ni han nacido perfectos, sino que son personas que antes de alcanzar la gloria del cielo han vivido una vida normal, con alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Son hombres y mujeres que tienen la alegría en el corazón y la transmiten a los demás”. No olvidó destacar que ser santos “no es un privilegio de pocos, sino que es una vocación para todos, de modo que todos estamos llamados a caminar por la vía de la santidad, que tiene un nombre y un rostro: Jesucristo”. Noviembre, es también un mes doblemente especial para las RSCJ porque hacemos memoria del nacimiento de la Sociedad, y celebramos junto con Filipina, las grandes obras que Dios ha hecho en nuestra vida y en nuestra historia. Reactualizamos la alianza pactada entre Dios y Sofía, agradecemos a la Virgen de la Sociedad, por ser testigo de este momento cumbre del amor gratuito del Corazón de Jesús, que se derrama en abundancia. Sofía, dejó una gran herencia, nos vuelve hacia la mirada tierna y cercana de Jesús por la persona como única, reconociéndola valiosa, auténtica, fuerte, capaz de ser elemento de transformación de la realidad, testimonio vivo del evangelio en un mundo traspasado por el dolor y la esperanza. En el mundo y en el Perú de hoy, necesitamos formar personas, y especialmente a los jóvenes, para que hagan presente con todas sus fuerzas la cultura del amor, jóvenes interiores que encarnen los valores evangélicos, y den respuesta a la urgencia de vivir en una sociedad justa, abierta al diálogo, inclusiva, fraterna, solidaria, jóvenes que transformen la realidad, desde su propia experiencia de ser transformados por el amor, y vivan con convicción el ser portadores de vida en la vida de los demás. A lo largo de la historia de la Sociedad, desde las llamadas y prioridades que orientan la misión, seguimos buscando reavivar el don que hemos recibido, de descubrir y manifestar el amor de Dios, con nuestra vida totalmente contemplativa y totalmente apostólica. Pidámosle a Sofía, que la pequeña Sociedad, se renueve y permanezca fiel al Espíritu, y que nosotras, sus hijas, nos mantengamos muy atentas a las necesidades de nuestro tiempo y abiertas a los desafíos del futuro.


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