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Huella Viva: Pomperío Real

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Huella viva

Pomperío Real

Los Pomeranias de la Realeza: Historia de un Linaje

Encantador

El linaje real comienza con Carlota

La historia del Pomerania en la corte británica comienza mucho antes de su estatura diminuta actual. Se remonta al siglo XVIII, con una figura clave en la historia de la corona: la Reina Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, esposa del Rey Jorge III. Fue ella quien, en 1761, introdujo por primera vez a estos esponjosos canes en la corte inglesa.

Cuando Carlota llegó a Inglaterra desde su tierra natal en Alemania, trajo consigo dos perros de tipo Spitz que más tarde serían reconocidos como los primeros Pomeranias registrados en la realeza británica. Se llamaban Phoebe y Mercury, y eran notablemente más grandes que los ejemplares modernos de la raza. Pesaban entre 14 y 23 kilogramos, y aunque aún no habían sido miniaturizados, ya exhibían las características distintivas del Pomerania: pelaje abundante, cola enroscada y una expresión alerta.

La presencia de Phoebe y Mercury marcó el inicio del cariño entre la monarquía británica y esta raza tan particular. Además, su hijo, el Príncipe de Gales (futuro Jorge IV), también tuvo un Pomerania blanco y negro llamado Fino, que aparece en varias pinturas.

Aunque Carlota no estableció formalmente un criadero, su preferencia por los Pomeranias marcó un precedente. Varios miembros de la nobleza comenzaron a interesarse en estos perros y, con el tiempo, su presencia se volvió símbolo de estatus en los salones aristocráticos del Reino Unido. Estos perros acompañaban a Carlota en sus retratos y paseos por los jardines reales. Incluso fueron inmortalizados por el célebre pintor Sir Thomas Gainsborough.

Pomeranian an Puppy, Thomas Gainsborough, c.1777
Victor F. Rangel C.

Victoria: la emperatriz del Pomerania moderno

Décadas más tarde, su nieta, la Reina Victoria (1819–1901), tomaría la afición por los Pomeranias y la convertiría en una auténtica revolución canina. Victoria es, sin lugar a dudas, la figura más influyente en la transformación del Pomerania en la raza pequeña, refinada y decorativa que conocemos hoy.

Durante una visita a Italia en 1888, Victoria adquirió un pequeño Pomerania de color rojo fuego llamado Marco. Este perro se convirtió rápidamente en su favorito y lo acompañaba a todas partes. Marco causó sensación en la corte por su pequeño tamaño (alrededor de 5 kg) y su vivaz personalidad. En esa época, los Pomeranias seguían siendo más grandes que los actuales, así que Marco representaba el inicio de una tendencia.

Poco después, Victoria adquirió a Gina (también conocida como Gena), una Pomerania blanca con toques de limón que pesaba 7,5 libras. Gina fue mostrada en exposiciones como Crufts, donde ganó reconocimiento por su belleza y temperamento. Ambos perros se volvieron pilares del programa de cría de la Reina, centrado en refinar el tipo, tamaño y color de la raza.

Descendencia y Logros en Exposiciones

La Reina Victoria tuvo más de 35 Pomeranias a lo largo de su vida, muchos de los cuales participaron en exposiciones caninas y contribuyeron al desarrollo de la raza. Algunos de los más destacados incluyen:

Beppo: Un Pomerania blanco con una mancha de color limón cerca de un ojo. Participó en Crufts en 1892, obteniendo el tercer lugar.

Lenda: Adquirida en Florencia, tenía un pelaje color “buff” con una mancha blanca en el cuello. Se apareó con Marco y tuvo dos cachorros: Nino y Fluffy.

Nino: De pelaje marrón oscuro, obtuvo el tercer lugar en el Kennel Club Show de 1891.

Fluffy: Descrita como la más pequeña de los Pomeranias de la Reina, con un pelaje blanco y crema. Se apareó con Beppo y produjo un cachorro llamado Glinda. Lamentablemente, Fluffy y sus cachorros murieron durante el parto

Lina: Se apareó con Marco y tuvo dos cachorros: Lulú y Mina, nacidos el 27 de julio de 1891. En 1892, Lulú obtuvo un lugar más alto que Mina en exposiciones. Alfio: Hijo de Lenda y Marco, de pelaje rojo. Ganó el primer lugar en la clase de cachorros en Crufts en 1894.

Turi: Un Pomerania blanco que fue el último perro favorito de la Reina. Estuvo presente junto a su cama en el momento de su fallecimiento en 1901.

Retrato de Turi por Frances C. Fairman (1897)

Turi: El guardián del último suspiro de una reina

Entre los numerosos Pomeranias que compartieron los años dorados de la Reina Victoria, hubo uno que, sin haber destacado en exposiciones o tener una descendencia documentada, quedó inmortalizado por la ternura de su historia. Su nombre era Turi, un pequeño Pomerania blanco como la nieve que llegó a ocupar un lugar muy especial en el corazón de la monarca.

En sus últimos años, cuando el peso del trono, las guerras y las pérdidas familiares ya marcaban su ánimo, Victoria halló consuelo en sus perros. Aunque había criado y amado a decenas de ellos, Turi fue quien la acompañó durante los momentos más íntimos y humanos de su vejez. Fue su sombra silenciosa en las estancias del castillo de Osborne House, donde pasaba cada vez más tiempo alejada del bullicio de la vida pública.

A diferencia de Marco o Gina, cuyas apariciones en exposiciones y registros oficiales quedaron documentadas con detalle,

Turi fue más bien una presencia discreta, casi doméstica. No hay constancia de que compitiera ni que fuera parte activa del programa de cría de la Reina. Pero sí se sabe que era el perro que dormía a sus pies, que la seguía por los pasillos, y que se posaba sobre su regazo mientras ella escribía cartas o leía novelas en voz alta.

El 22 de enero de 1901, en la habitación privada de la Reina Victoria, se cerró un ciclo histórico. A los 81 años, la monarca más longeva del Reino Unido hasta ese momento exhaló su último aliento. Y junto a su cama, entre las manos de su fiel sirvienta y el silencio respetuoso de los presentes, estaba Turi. Testigos relatan que el pequeño perro se mantuvo quieto, como si comprendiera la solemnidad del momento. No ladró. No lloró. Solo permaneció allí, como un guardián silente de los recuerdos que ya no podrían ser compartidos.

Tras la muerte de la Reina, Turi fue acogido por miembros de la familia real. Se le cuidó con el respeto que merecía el último compañero de una mujer que había gobernado un imperio durante más de seis décadas. Su figura quedó grabada en la memoria de la corte como símbolo de fidelidad y ternura.

Turi con la familia real en Balmoral (1895)

El Linaje Hoy: ¿Dónde Está la Sangre de los Pomeranias Reales?

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Si bien no existe un registro genético directo que rastree la descendencia exacta de Marco, Gina y los otros perros de la Reina Victoria, algunos historiadores y criadores creen que ciertas líneas europeas antiguas principalmente en Inglaterra, Alemania, Rusia e incluso los Estados Unidos podrían llevar fragmentos del linaje original. Algunos criadores tradicionales, sobre todo aquellos que trabajaron a comienzos del siglo XX con líneas importadas directamente desde Inglaterra, habrían preservado indirectamente características que hoy se asocian con la era de Victoria. En el ámbito actual, ciertos criadores especializados en líneas históricas del Pomerania investigan pedigrís con más de 20 generaciones, en busca de conexiones con perros criados en la época victoriana. Aunque la certeza es difícil de establecer, existen líneas muy antiguas, como la Hadleigh, Lees, Toybox y Pinecrest, que durante décadas se nutrieron de importaciones británicas que, a su vez, provenían de criadores que trabajaron bajo influencia del programa de la Reina. El linaje de Marco y Gina, aunque diluido con el tiempo, sigue vivo simbólicamente en cada exposición, cada camada bien criada y cada ejemplar que responde al ideal de belleza, porte y expresión que la Reina Victoria ayudó a cimentar.

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