Revista UABC
Un reto para la salud y la inclusión
Ciudades perdidas
Ruinas, radares y rumores
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Hablemos de consumo responsable



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Año 25 | Número 10 | enero-junio 2026


ARTÍCULOS SECCIONES
El lugar en donde vivo
La planeación urbana de las ciudades
Ciencia y salud:
Una historia que debes conocer
¿Por qué dejamos todo para después?
El hábito de la procrastinación
El consumo responsable en tiempos del fast fashion
Un modelo de negocio contra la sostenibilidad
Labio y paladar hendido:
Un reto para la salud y la inclusión
5
Ciudades perdidas: Entre la leyenda y la ciencia
Proyecto Newton El acordeón
La tabla periódica en acción: Más allá de los símbolos
Descubre UABC Expo
Fémina Fatal: El camino musical de una socióloga
Libros, museos e internet, a un clic de distancia.

Universidad Autónoma de Baja California
ISSN 2248-5608 (versión electrónica) ISSN 1665-9724 (versión impresa)

Dr. Luis Enrique Palafox Maestre
Secretario general
Mtra. Edith Montiel Ayala
Vicerrectora Campus Ensenada
Dra. Lus Mercedes López Acuña
Vicerrector Campus Mexicali
Dr. Jesús Adolfo Soto Curiel
Vicerrectora Campus Tijuana
Dra. Haydeé Gomez Llanos Juárez
Coordinadora general de Extensión de la Cultura y Divulgación de la Ciencia
Mtra. Vanessa Verdugo González
Denisse Saxana Aguilar Guerrero
Asistente editorial
María del Carmen Osuna Ruiz
Colaboradora editorial
Katia Ibarra Guerrero Rector Editora
Diseño editorial
Estela Sánchez Martínez
Diseño de portada e ilustraciones
Leonardo Daniel Trasviña Mendoza
Revista uabc es una publicación de divulgación científica y cultural en plataforma issuu.com. Es un medio de comunicación entre la comunidad académica y los estudiantes de nivel medio y medio superior interesados en ampliar sus conocimientos en torno a las áreas que comprende.
Revista uabc, nueva época, número 10, enero-junio de 2026, es una publicación semestral (enero-junio), editada y publicada por la Universidad Autónoma de Baja California. Av. Reforma 1375. Col. Nueva. C.P. 21100, Tel. (686) 552-1056, issuu.com/ revistauabc, revistauabc@uabc.edu.mx. Editora responsable: Denisse Saxana Aguilar Guerrero. Reserva de Derechos del Uso Exclusivo No. 04-2014-071612522500-203 e ISSN 22485608 (versión electrónica), ISSN 1665-9724 (versión impresa), todos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número, Departamento de Editorial Universitaria, Denisse Saxana Aguilar Guerrero, Av. Reforma 1375. Col. Nueva. C.P. 21100. Fecha de última modificación: 19 de diciembre de 2025. Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del editor de la publicación. Revista uabc es una publicación que se apega al sistema de derechos de autor propuestos por Creative Commons, bajo la licencia denominada Atribución-No 2.5 México: los contenidos que se publican tienen algunos derechos reservados.

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Ciudades perdidas: entre la leyenda y la ciencia

Imagina ser una o un explorador en busca de una ciudad perdida, conocida sólo por fragmentos de leyenda. Un lugar donde alguna vez hubo casas, escuelas, comercios y mucho más. Aunque esto podría parecer la premisa de una novela de Julio Verne, es la realidad para muchos investigadores e investigadoras —antropólogos, arqueólogos, entre otros— que dedican años a rastrear lo que el tiempo intentó borrar. Pero te has preguntado ¿cómo saben que realmente existieron? ¿Que aún hay algo esperando bajo la tierra o la selva? La respuesta está en la ciencia.
¿Cómo encontrar ciudades perdidas?
Con la ayuda de escritos antiguos, con los rumores que corren en la localidad o con el apoyo de la tecnología, existen distintos métodos para encontrar aquellos sitios olvidados en algún rincón del mundo.
LIDAR (Light Detection and Ranging, por sus siglas en inglés)
Esta técnica moderna consiste en disparar miles de pulsos láser por segundo, desde el aire, ya sea con drones, aviones o helicópteros. Estos láseres son capaces de atravesar la vegetación densa y generar modelos tridimensionales del terreno.
Desde el espacio, los arqueólogos pueden identificar patrones geométricos que delatan la presencia de civilizaciones antiguas: muros, caminos, sistemas de irrigación o zonas de cultivo. Esta técnica es especialmente útil en zonas desérticas o erosionadas donde el lidar no es viable.
Muchos descubrimientos comienzan con una pista en un manuscrito polvoriento. Cronistas, exploradores y viajeros antiguos a menudo dejaron descripciones, croquis o coordenadas aproximadas de ciudades que vieron o escucharon nombrar.
Las ciudades perdidas están por todo el mapa, desde Machu Picchu en Latinoamérica, hasta Jordania en Asia, aquí te contamos las historias sobre algunos de los lugares que por mucho tiempo estuvieron escondidos aguardando pacientemente a ser encontrados:
Machu Picchu: Cuyo nombre significa montaña vieja, es una antigua ciudad inca ubicada en las cordilleras de los Andes peruanos, a unos 2 430 metros sobre el nivel del mar. Es conocida como "la ciudad perdida
de los Incas" y fue documentada por primera vez en 1911, por el explorador estadounidense Hiram Bingham III, encargado de la expedición por parte de la Universidad de Yale y por Agustín Lizárraga, un explorador y agricultor peruano. Originalmente buscaban las ciudades de Vitcos (Rosaspata) y Vilcabamba La Vieja, complejos arqueológicos incas ubicados en el departamento del Cusco, provincia de La Convención, distrito de Vilcabamba, en Perú. Con la ayuda de los pobladores, el 9 de septiembre de 1911 iniciaron con las labores de limpieza.
La ciudad de Petra: Fue la capital del reino nabateo —un antiguo pueblo árabe— desde el siglo IV a. C. hasta el siglo I d. C. Está tallada en los acantilados de arenisca rosa en lo que hoy se conoce como Jordania. Fue localizada para el mundo occidental en 1812 por el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt, quien, haciéndose pasar por el jeque Ibrahim ibn Abdallah, escuchó rumores sobre la ciudad a través de un peregrino musulmán que regresaba de La Meca. Cabe mencionar que Petra sí era conocida por los pobladores locales, quienes la utilizaron como refugio.
Angkor: Es un sitio arqueológico que fue la capital del Imperio Jemer. Se encuentra en medio de la selva tropical en Siem Reap, Camboya. Este lugar, no fue totalmente olvidado, debido a que monjes budistas y algunas comunidades locales lo visitaban pero el tiempo y naturaleza se encargaron de inhabilitar los templos. En 1860 el explorador frances Henri Mouhot, quien estudiaba la flora y fauna de Indochina se topó con los restos de Angkor Wat, el templo más imponente del complejo.


AkrotirI: Ubicada en la isla de Santorini —conocida en la antigüedad como Thera—, resultó destruida alrededor del 1 500 a. C. por una erupción volcánica. Aunque se sabía de su existencia, no fue sino hasta la intervención de la Escuela Francesa de Arqueología, con Henri Mamet y Henri Gorceix, que se iniciaron excavaciones más sistemáticas. En las décadas de 1960 y 1970, los arqueólogos Spyridon Marinatos y Christos G. Doumas desarrollaron métodos rigurosos de extracción que permitieron desenterrar una ciudad sorprendentemente avanzada: edificios de varios pisos, sistemas de drenaje y frescos murales de asombrosa calidad que aún conservan su color. Gracias a su difusión internacional, muchos han especulado que Akrotiri podría haber sido la inspiración para el mito de la Atlántida que Platón describió siglos más tarde..
La ciudad blanca: O la ciudad del dios Mono, es un lugar escondido en la profundidad de la selva La Mosquitia en Honduras. En 2015 un grupo de científicos localizó gracias a la tecnología de lidar, las ruinas de un antiguo asentamiento en el que se localizaron piezas como vasijas decoradas con imágenes de buitres y serpientes, así como la escultura de un rostro parte humano y parte jaguar. El sitio había sido buscado por siglos y era considerado parte de la tradición oral de la región.
Sarah Parcak: Es una egiptóloga y experta en teledetección, además es arqueóloga espacial porque utiliza imágenes satelitales, espectros infrarrojos y datos geoespaciales para detectar anomalías en la superficie
terrestre que podrían indicar la presencia de estructuras enterradas. Gracias a esto ha ayudado a localizar sitios arqueológicos en Egipto, Roma y América Central, muchos de ellos aún ocultos bajo tierra o cubiertos por vegetación.
Heinrich Schliemann: Comerciante, banquero y políglota autodidacta, es conocido por localizar Troya en Turquía. A pesar de no contar con formación académica en arqueología, estudió más de una docena de idiomas y dedicó su fortuna (ganada en negocios) a perseguir su sueño: demostrar que los relatos de Homero eran más que solo mitos. Heinrich fue criticado por su uso de técnicas de excavación rudimentarias que destruyeron capas arqueológicas valiosas.
Alberto Ruz Lhuillier: Reconocido por encontrar la tumba del Rey Pakal en Palenque, Chiapas, en 1952, fue un arqueólogo francés nacionalizado mexicano y trabajó en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) como jefe de la zona maya de 1949 a 1958, también fungió como director de exploraciones arqueológicas en Campeche y Yucatán.
Ya que haz leído hasta aquí, ¿cuál ciudad perdida te gustaría explorar o incluso encontrar?



La ciencia detrás de lo cotidiano
La tabla periódica

Más allá de los símbolos

Seguro recuerdas todas aquellas historias donde alguien bebía una posión mágica, comía una manzana envenenada o se pinchaba un dedo y algún efecto letal sucedía en ellas. Arsénico, mercurio, plomo, son algunos elementos de la química usados en ellos. El desarrollo de esta ciencia ha estado impulsado por las necesidades humanas y la curiosidad a lo largo de la historia, mientras que los descubrimientos químicos han transformado las civilizaciones y su tecnología.
Su historia comenzó hace miles de años con el descubrimiento del fuego, pero se consolidó como ciencia moderna en el siglo gracias a científicos como Antoine Lavoisier, también conocido como uno de los “padres de la química moderna”.
¿Te imaginas estar jugando solitario y de pronto piensas que así se pueden acomodar los 63 elementos químicos conocidos hasta ese momento en una tabla periódica? Pues el químico ruso Dmitri Mendeléiev diseñó en 1869 un modelo en el que así los acomodó, al creer que en el futuro quizá habrían otros elementos por descubrir, y fue así como la Unión Internacional de Química Pura y
Aplicada (iupac por sus siglas en inglés) inició su labor, para conformar la Tabla Periódico (tb), en la que actualmente se reconocen 118 elementos.
Si bien distintos científicos construyeron la base para crear la tp, fue gracias a Henry Moseley, que se expusó que la forma correcta de organizar los elementos no era su masa, sino su número atómico, el cual es el número de protones que se encuentran en el núcleo de un átomo.
Los elementos están organizados de mayor a menor de acuerdo a su peso atómico, se ordenan de izquierda a derecha en 18 columnas llamadas grupos o familias, los elementos de un mismo grupo tienen el mismo número de electrones en su última capa —electrones de valencia—, por ello tienen propiedades químicas similares.
Y de arriba a abajo se clasifican en siete filas horizontales llamadas periodos, las cuales indican el nivel de energía (o capa electrónica) que se está llenando.

Protones: Son partículas subatómicas con cargas eléctricas positivas que se encuentran en el núcleo de todos los átomos.
Electrones de valencia: Son los responsables de las interacciones químicas con otros átomos, es decir cómo un átomo se enlaza con otros para formar moléculas y compuestos.
¿Qué necesitas saber sobre la tabla periódica y dónde se utiliza en la actualidad?
Salud: Medicamentos, vacunas, anestésicos.
Tecnología: Fabricación de chips, baterías, pantallas led.
Energía: Combustibles, paneles solares, baterías de litio.
Agricultura: Fertilizantes y pesticidas controlados.
Medio ambiente: Tratamiento de aguas, materiales biodegradables.
En 2016 se reconoció al último elemento de la tabla periódica, un químico sintético, nombrado oganesón (Og, número atómico 118), el más pesado e inestable que se conoce hasta la fecha y tiene como característica solo durar unos segundos antes de desintegrarse en la atmósfera.
Sigue en la búsqueda de la tp en tu día a día.







Berenice Vizcarra
Facultad de Arquitectura y Diseño, uabc, Mexicali


La calle en donde vives no solo es el lugar por el que pasas todos los días: ¡también cuenta la historia de tu ciudad y de la gente que la habita! Para conocer y comprender cómo vivían las primeras civilizaciones en Mesopotamia –donde surgieron las primeras ciudades en el mundo–, arqueólogos e historiadores han estudiado cómo estaban organizados estos asentamientos. Lo mismo podemos hacer nosotros: observar nuestras ciudades y nuestra colonia para descubrir su historia
¿Habías escuchado sobre la planeación urbana? Pues como su nombre lo indica, esta tiene por objetivo organizar los diferentes sectores dentro de las ciudades. Se trata de una disciplina con la cual podemos revisar el funcionamiento de los espacios urbanos para lograr que sean eficientes para la realización de todas nuestras actividades diarias. Para no ir muy lejos, pensemos en algo cercano y familiar: tu calle o esa avenida por la que pasas todos los días. Estas vialidades forman parte de la red que conecta todas las áreas de la ciudad, pero lo interesante es que ninguna calle es igual que la otra. Si te detienes a mirar con atención, verás que cada detalle cuenta algo: el tipo de alumbrado público, el parque que queda cerca, el ancho de las banquetas, las fachadas de las casas, el estilo de los edificios… Todo puede ser visto como una pista para descubrir la historia que guarda tu ciudad.
¿Ya te asomaste por la ventana? Todo lo que ves dice mucho de cómo vivimos. La infraestructura de tu calle —o la que le haga falta— es parte de esa red que necesitamos para nuestra vida, y que damos por sentada:

los postes de luz y de internet, el drenaje y sistema pluvial, los buzones, los hidrantes… todos son piezas de un sistema que hace posible la vida en las ciudades modernas.
Pero no se trata solo de cables y tuberías: la infraestructura también refleja la manera en que nos organizamos como sociedad. Cosas tan cotidianas como la recolección de basura o las señales de tránsito forman parte de nuestra vida urbana. Y claro, en estas “junglas de concreto” donde convivimos millones de personas, suelen aparecer reglas de convivencia necesarias, algunas escritas en reglamentos y otras se construyen en la práctica cotidiana, según las costumbres de cada lugar, con la finalidad de vivir lo mejor posible.
Lo mismo pasa con el equipamiento urbano: parques, plazas públicas, escuelas, hospitales, teatros y museos, incluso las tienditas de la esquina. Todos forman parte de la historia de tu ciudad y su forma de


organización, y pueden brindar información sobre nuestro lugar dentro del sistema organizacional de nuestra comunidad. De hecho, las ciudades no se construyen al azar, sino que se ordenan de tal manera que existen sectores, jerarquías y usos del suelo para lograr su apropiado funcionamiento.
Piensa en el espacio más cercano a tu casa, puede ser un parque, un centro comercial, una escuela. La cantidad de estos, su tamaño, la capacidad y el servicio que ofrezcan dependerá de varios criterios, y eso tiene que ver con la planeación urbana. En otras palabras, no están ahí por coincidencia. Es decir, alguien pensó dónde colocarlos según la población de la zona y sus necesidades. Si la zona en donde vives cuenta con una alta densidad poblacional (concentración de personas en un espacio), es posible que también se cuente con un mayor número o variedad de opciones.
“¿Ya te asomaste por la ventana? Todo lo que ves dice mucho de cómo vivimos. La infraestructura de tu calle —o la que le haga falta— es parte de esa red que necesitamos para nuestra vida.

Así, dentro del ordenamiento territorial y la planeación urbana, se idean zonas específicas para la vivienda, conocidas como asentamientos regulares. Sin embargo, a veces la gente utiliza terrenos que no estaban considerados para ese uso y comienzan a vivir ahí a pesar de no contar con los elementos adecuados para ello (luz, agua, etcétera).
A estos espacios se les conoce como asentamientos irregulares que, si bien no responden a lo contemplado por las autoridades, sí manifiestan una necesidad por parte de la población. Con una buena organización entre el gobierno local y los habitantes, es posible regularizar estas áreas y dotarlas de los servicios faltantes.
Para tener y dar mantenimiento a la infraestructura y el equipamiento urbano se requiere la participación de todos.
Diseño de la traza urbana
Observa nuevamente tu calle, pero ahora con otros ojos. Fíjate en el ancho de las banquetas, la orientación de las vialidades, el tamaño de las manzanas y la manera en que se organizan los predios. Todo eso forma parte de lo que llamamos traza urbana, y su diseño depende de las circunstancias históricas, políticas y económicas del momento en que fue creada.
La traza urbana más común es la reticular, por ser práctica y ordenada. La podrás identificar con claridad cuando las calles y avenidas están dispuestas en ángulos rectos. Pero no todas las colonias tienen ese patrón. Seguro has visto calles cerradas, diagonales o que forman una “U”. Pues bien, eso se debe a que también existen las trazas con diseños orgánicos, radiales, lineales, concéntricos, entre otros, pensados con un propósito particular.
Como ciudadanos, podemos empezar con tres simples puntos:
Expresar nuestras necesidades a las autoridades locales por los canales adecuados (es más efectivo acudir a los módulos de atención ciudadana que quejarse en redes sociales)
Cumplir con los pagos de las cuotas del ayuntamiento, como el impuesto predial y otros.
Conocer y cuidar los servicios que ya tenemos; algo tan simple como tirar la basura en su lugar, ayuda a tu ciudad más de lo que imaginas.

La decisión del diseño dependerá de la densidad de viviendas (cantidad de casas que se contemplen para cada cuadra), así como su rentabilidad económica, porque claro, entre más casas más ventas. ¿Puedes identificar los distintos modelos de traza urbana en tu ciudad?
Así como las calles nos muestran distintos tipos las trazas, las manzanas urbanas tienen mucho que contarnos. Fíjate en la cuadra donde vives… ¿Es cuadrada o rectangular?, ¿cuántas casas caben en ella?, ¿la divide un callejón?, ¿por dónde sale y se oculta el sol? Si respondes estas preguntas, seguro descubrirás algo interesante: en colonias más antiguas de tu ciudad, los terrenos suelen ser más grandes, mientras que en las zonas modernas o de interés social, los lotes tienden a ser más pequeños. Además, hoy en día se realizan diferentes proyectos de regeneración o reactivación en algunos centros históricos, lo que provoca cambios en los terrenos y las manzanas urbanas, incluyendo la construcción

de edificios cada vez más altos. Pero eso es tema para otro artículo.
En todo esto, los elementos naturales y geográficos, tienen un papel muy importante. Los ríos, canales, colinas, montañas, las vías de tren e incluso las fronteras, trazan líneas que terminan moldeando la ciudad en terrenos ejidales todavía se pueden encontrar árboles muy viejos, construcciones antiguas como iglesias o estaciones de tren, que se convierten en huellas del pasado y forman parte del patrimonio urbano histórico.
Puedes observar todo esto en aplicaciones de georreferenciación desde tu celular, pero nada se compara con la experiencia de salir a caminar por tu cuadra; solo así puedes sentir las formas reales de los espacios y comprender mejor cada detalle de nuestra ciudad.

Infraestructura: Es el conjunto de elementos, instalaciones, servicios y medios técnicos esenciales que dan soporte al desarrollo de actividades, funcionando como la base material de una sociedad o una organización.
Ordenamiento territorial: Proceso público y administrativo que busca organizar y gestionar el uso del suelo de manera sostenible, considerando factores naturales, sociales, económicos y ambientales para lograr un desarrollo equilibrado de la población a largo plazo.
En el intento de poner orden a las ciudades, aparecen diferentes tipos de asentamientos habitacionales. Estas clasificaciones son definidas por el ayuntamiento o ciertas instituciones del gobierno; sin embargo, son las comunidades las que realmente le dan identidad a cada lugar. Entonces, surge la pregunta: ¿cómo sé si el lugar en donde vivo es un barrio, una colonia o un residencial? Y ¿qué pasa con los fraccionamientos cerrados de mi ciudad?
Hoy en día, lo más común es comprar una casa a través de una inmobiliaria o una desarrolladora, pero no siempre fue así, ni es la única forma de adquirir una vivienda. Hubo una época en la que las entidades de gobierno
diseñaban la traza urbana; es decir, que la dotación de vivienda era controlada por el gobierno, y los polígonos que surgieron en ese periodo se llamaron colonias.
Más tarde, esta tarea pasó a manos del mercado inmobiliario, de manera que el gobierno se quedó sólo con la responsabilidad de proveer la infraestructura. Así nacieron los fraccionamientos, pero no todos son iguales. Por ejemplo, en los primeros que surgieron se vendían solo los terrenos con la traza ya diseñada; tiempo después, se incluyó la construcción de casas prototipo, donde todas las fachadas eran iguales.
Hoy en día son muy comunes los fraccionamientos cerrados, esos que tienen bardas alrededor y una caseta que controla el acceso. También está la vivienda vertical, con diferentes amenidades y espacios comunes,


pero esta situación tampoco garantiza que vivas en un residencial.
Los institutos de planeación urbana clasifican las viviendas por ciertas características que suelen estar ligadas al nivel socioeconómico: desde los materiales de construcción hasta el número de habitaciones. Por eso es que puedes encontrar fraccionamientos cerrados y edificios de vivienda vertical, que van desde interés social hasta nivel medio o residencial.
En cambio, el concepto de barrio es muy distinto. En México, un barrio lo define su gente, no un plano oficial. Este se forma a partir de las prácticas cotidianas y, en ocasiones, por elementos urbanos que ayudan a definir estos límites: una construcción, una avenida, un árbol o un evento conocido de la comunidad, donde suelen reunirse para convivir, por decir algunos ejemplos.
Un consejo importante para conocer la historia de tu ciudad es escuchar a su gente. Acércate con tus vecinos y pregunta cómo era el espacio cuando ellos llegaron a ese lugar, seguro tendrán grandes anécdotas.
¿Por qué vale la pena conocer la historia de tu ciudad? Porque entender sus orígenes te ayuda a generar identidad y aprecio sobre este espacio y su comunidad, lo que puede crear redes de seguridad y solidaridad entre vecinos para apoyarse.
Además, conocer tu ciudad te da más herramientas para tomar decisiones: podrás identificar cuando algún proyecto –público o privado– atente contra los reglamentos de planeación urbana y pueda llegar a afectar al medio ambiente o un bien patrimonial.
Al mirar con atención, podrás notar lo que hace única a tu localidad en comparación con otras: sus diferencias, sus paisajes y tradiciones. Cada ciudad tiene su sello propio; por ejemplo, las fronterizas de Baja California destacan por la mezcla entre su forma urbana, su entorno y su vida cultural.
Así que la invitación es esta: recorre tu calle, tu barrio, cada esquina de tu ciudad con nuevos ojos, platica con la gente para descubrir la historia y cuéntanos lo que hallaste. Seguro encontrarás algo fascinante.



Físico,
Ernesto Colavita
divulgador y escritor


Seguramente recuerdas lo que sucedió en 2020: se comenzó a hablar de un virus extraño y todos tuvimos que resguardarnos en nuestras casas. A lo largo y ancho del planeta, dicho virus se propagó en cuestión de meses dejando decenas de millones de infectados y más de dos millones de lamentables muertes. Se trató del sarscov-2, mejor conocido por la enfermedad que provoca, covid-19.
Mientras que unos estudios explicaban cómo se producía el contagio y qué podías hacer para cuidarte, también circulaba un mar de información falsa que confundía más de lo que ayudaba.
Esta pandemia, que transformó el mundo, es un gran ejemplo para que puedas ver la importancia de la ciencia, cuando se pone al servicio de la salud. Las bases del conocimiento científico no siempre son obvias, por lo que es necesario aprenderlas desde la escuela. Pero antes de esta pandemia, hubo otras; veamos a continuación cuáles fueron y lo que aprendimos de ellas.
peste negra: cuando la ciencia aún no estaba en nuestras vidas
Imagínate vivir en la Edad Media y que, de repente, aparezca una enfermedad tan letal que podía acabar con la vida de una persona en menos de una semana. Así de terrible fue la peste bubónica, mejor conocida como la peste negra. Uno de los primeros síntomas era la aparición de dolorosas hinchazones en los ganglios (en las axilas, el cuello o las ingles).Esas inflamaciones se llamaban
A comienzos del siglo xiv, la peste negra arrasó con Europa, Oriente Medio y el norte de África.
‘bubones’, de ahí el nombre de la enfermedad. Después, venía lo peor: los dedos, los antebrazos, la nariz y los labios se gangrenaban, y se volvían negros porque los tejidos morían; dos o tres días después se presentaba hinchazón, una fiebre muy alta acompañada de delirio y los bubones se reventaban produciendo mayor dolor. Poco tiempo después, la persona fallecía.
A comienzos del siglo xiv, la peste negra arrasó con Europa, Oriente Medio y el norte de África. En muy poco tiempo una cuarta parte de la población, que en esa época era de aproximadamente 100 millones de personas, perdió la vida. ¿Puedes imaginarte algo similar?
¿Y por qué fue tan devastadora esta epidemia? En gran parte, se debió a que no se conocía la causa ni la forma de transmisión de la enfermedad. En esa época ni siquiera existía el microscopio (fue inventado 300 años después); no se sabía nada sobre las bacterias… En fin, la ciencia aún no estaba al servicio de la humanidad.
En su lugar, la gente explicaba la peste con creencias: se llegó a creer que se trataba de un castigo divino, o bien se culpaban a las brujas y demonios. Se buscaba una explicación, pero sin fundamentos científicos; incluso, los cristianos responsabilizaban a los musulmanes y a los judíos, entre otras ideas.
Aunque la gente no sabía exactamente qué causaba esta enfermedad, por experiencia sabían que algo se transmitía entre las personas. Se llegó a pensar que el aire estaba “podrido” y lleno de algo “corrupto” a lo que llamaron miasmas. Creían que al respirar ese aire te podías enfermar. Por eso, usaban inciensos y flores aromáticas para “limpiar” el aire y prevenir el contagio. Como te podrás imaginar, eso no sirvió de nada y la gente seguía muriendo.
Después de cuatro años, la peste negra bajó su intensidad, pero no desapareció: volvió varias veces a lo largo de más de 300 años. De hecho, en el siglo xviii, en Marsella (Francia), murió la mitad de la población por un nuevo brote. En esos siglos se creía que la enfermedad se transmitía sólo de persona a persona, así que aplicaron cuarentenas muy estrictas: la gente se encerraba en sus casas y los barcos debían quedarse varios días sin que nadie bajara a tierra. El problema es que nada de
esto funcionó; por el contrario, en muchos casos solo se logró empeorar la situación. El verdadero giro llegó muchos años después, en 1894, cuando los médicos Alexandre Yersin (de Suiza) y Kitasato Shibasaburō (de Japón) descubrieron, cada quien por su lado, la bacteria que causa esta peste: Yersinia Pestis Gracias a la ciencia se pudo conocer que lo que enfermaba a las personas no viajaba por el aire, sino a través de las pulgas de las ratas. No era un castigo divino, ni orden de los astros; tampoco era cosa de conjuros de brujas ni demonios. Se trataba de una bacteria, que quedaba en el tracto digestivo de las pulgas y la enfermedad provenía de las ratas. Los roedores morían también a causa de esta enfermedad, así que las pulgas pasaban a los humanos contagiándolos. Una vez infectado, un humano podía contagiar a otros a través de pequeñas gotas de saliva despedidas en un estornudo o al hablar.


Miasma: Es una emanación o vapor maligno que se creía que provenía de cuerpos en descomposición o aguas estancadas y que era causante de enfermedades.
Diagnóstico: Es el proceso para identificar la naturaleza de una enfermedad mediante el análisis de sus signos, síntomas o datos relevantes para llegar a una conclusión.

Dado que en esa época había un gran comercio entre Asia y la región del mar Mediterráneo, a través de los barcos, en estos solía haber ratas infectadas o pieles de animales con pulgas infectadas, por lo que la enfermedad se propagó rápidamente por todos los rincones de Europa, el norte de África y el Medio Oriente. Con solo haber conocido el proceso de contagio, millones de vidas se habrían salvado. La enfermedad persistió durante siglos hasta que dejó de ser una epidemia –es decir, de ser contagiosa de forma masiva– y no se sabe con certeza la razón. La hipótesis más aceptada es que la bacteria Yersinia Pestis continuó mutando hacia una forma menos virulenta, lo que funcionó como “vacuna natural” tanto para ratas como para humanos. Así, las ratas dejaron de morir, y las pulgas no tenían que saltar a otras especies, con lo que el ciclo comenzó a romperse.
El cólera es una enfermedad que lleva siglos afectando la vida de las personas. Los primeros reportes escritos sobre esta, aparecieron hacia el año 1500, en la India.
Sus síntomas, así como los de la peste negra, son terribles: primero aparecen las náuseas, luego llega una intensa diarrea, vómito con dolor en el pecho y el estómago, hasta espasmos musculares. En pocas horas, el pulso se debilita y se presentan problemas de circulación y de respiración. Disminuye la temperatura corporal y las manos, el cuello y la cara se tornan azules. Sin la atención oportuna, las probabilidades de morir eran muy altas: una de cada tres personas en apenas unos días. El diagnóstico era sencillo, pues la diarrea era muy acuosa, con poco color y olor, acompañada de pequeños puntos blancos, parecidos a granos de arroz.
En 1848, una gran epidemia de cólera azotó Inglaterra (la segunda en menos de veinte años) y mató a miles de habitantes. Nadie sabía aún lo que provocaba esta enfermedad, ni cómo se contagiaba. Lo único que estaba claro era que la misma enfermedad se repetía en brotes, lo que hacía pensar que se transmitía entre personas.
El médico inglés John Snow (1813-1858) realizó una larga investigación para descubrir el origen de esta enfermedad. Mientras que la mayoría de las personas creía que el cólera se transmitía por el aire contaminado —los famosos miasmas de los que se habló en la Edad Media—, él no estaba convencido. De hecho, en esa época, los gobernantes llegaron a hacer campañas para “purificar” el aire, soltando gases especiales en las zonas más afectadas. Como te imaginarás, esto no funcionó y la gente seguía enfermándose. Snow, que conocía las leyes de los gases, sabía que la concentración de un gas presente en el aire se diluía rápidamente. Para él no tenía sentido que una persona se contagiara solo por respirar el aire. Por otro lado, no todos los que estaban cerca de una persona infectada se contagiaban y sí lo hacían personas
a una gran distancia, por lo que la respuesta no estaba en el aire. Snow sospechaba que el cólera viajaba por otro medio. Así, supuso que la diarrea, por su falta de olor y color, podía infectar la ropa y las sábanas. De esta manera, quien tocara estas telas y no se lavara las manos, podría contagiarse al preparar alimentos o llevarse las manos a la boca .
La explicación que este científico inglés empezó a armar rompía con las ideas de su época. Según él, la diarrea de los enfermos contenía esas “partículas de cólera”, las cuales, al no tener casi olor ni color, pasaban desapercibidas y contaminaban la ropa, las sábanas y el agua. Cuando alguien usaba esas telas contaminadas o preparaba comida con el agua y los utensilios contaminados, terminaba ingiriendo esas partículas. Estas se reproducían en el sistema digestivo inflamándolo y provocado la enfermedad. Este diagnóstico producía la deshidratación, espesaba la sangre y la pérdida de minerales del cuerpo.

Con esta pérdida de líquidos y cambio en la sangre, producía problemas circulatorios, dificultad para respirar y podía resultar en la muerte. Nuevamente, las partículas terminaban en el desagüe y contaminan el suministro de agua potable repitiendo el ciclo. Snow todavía no sabía exactamente qué tipo de organismo vivo estaba detrás del cólera, pero al menos ya había inferido, gracias a la aplicación del método científico, que la forma de transmisión era a través del agua contaminada, y no del aire, como se creía. Así que se efrentó a una serie de críticas, pues la mayoría de la comunidad científica de la época no estaba de acuerdo con él. Pese a todo, logró probar su teoría usando el método llamado hipotéticodeductivo: asumir que su teoría era cierta para después ver si las consecuencias coinciden con la realidad. De esta manera, juntó muchos datos, algunos de ellos hasta de forma anecdótica.


Mediante este método descubrió cosas muy reveladoras. Una de ellas, fue que después de una tormenta que inundó la ciudad, se desató un brote muy fuerte de esta enfermedad. Otro dato interesante fue que, en ciertos barrios en los que los depósitos de agua se encontraban río abajo, había 20 veces más contagios. Finalmente, otro aspecto que ayudó a comprobar su teoría fue comparando las distintas compañías de suministro de agua; particularmente con una compañía había más contagios que con otras.
Para demostrar que tenía razón, John Snow hizo algo brillante: un mapa donde marcó las zonas que recibían agua de diferentes compañías, y registró la cantidad de casos de cólera. El resultado fue muy claro: el problema estaba en el agua. A partir de esto, logró proponer una solución: lavarse las manos, hervir el agua y la ropa de los enfermos. No era necesario encerrarse, bastaba con higiene básica. Esta forma de investigar se convirtió en un buen ejemplo de cómo se razona científicamente.Aunque no se reconoció su trabajo, hoy en día es conciderado como el padre de la epidemiología.
Como seguramente recordarás, a finales de 2019, apareció un nuevo virus, el sars-cov-2, que en cuestión de meses se convirtió en pandemia y puso al mundo entero de cabeza. Se cree que el virus vivía en murciélagos en la región sur de China y que, por costumbres locales de alimentación, saltó a los humanos. Este virus resultó muy contagioso por lo que en solo unos meses se propagó por el mundo. A diferencia de la peste negra y el cólera, el nuevo virus impactó rápidamente dado que vivimos en un mundo hiperconectado. Las organizaciones de salud reaccionaron de inmediato, para investigar cómo se transmitía el virus y cómo prevenir el contagio. En tiempo récord –menos de un año y medio–, y gracias a los avances científicos, se desarrollaron vacunas y medicamentos que ayudaron a salvar millones de vidas. En muchos países se prepararon pabellones y hospitales temporales para atender casos graves de covid-19, así como la fabricación extraordinaria de respiradores mecánicos, útiles en estos casos.


A pesar de todo, esta epidemia tuvo consecuencias catastróficas: para finales de 2023, se registraron más de 775 millones de casos confirmados y más de 7 millones de muertes en todo el mundo, según la información de la Organización Mundial de la Salud (oms). Aunque hoy la situación no es tan crítica, la oms sigue reportando miles de casos y muertes cada mes, recordándonos que el virus aún circula y debemos cuidarnos. Gracias a la ciencia y la tecnología, logramos sortear esta epidemia, pero no fue algo sencillo, y hubo consecuencias muy graves. Una de las enseñanzas que nos dejó fue la importancia de la educación y el acceso a la información confiable. Las redes sociales, si bien son una herramienta importante, se llenaron de noticias falsas (fake news), teorías de conspiración, desinformación que lejos de ayudar, perjudicó el panorama. Por desgracia, se difundió mucho miedo y desconfianza que trajo como consecuencia violencia contra médicos y personas del sector salud.
Como has visto hasta aquí, la falta de conocimiento científico ha ocasionado muchas muertes a lo largo de la historia. E incluso en la actualidad, la falta de educación y la desinformación nos ha perjudicado. Por eso, hoy sigue siendo muy importante que las personas conozcan la historia de la ciencia y que sepan la importancia de esta herramienta tan necesaria en nuestras vidas. Por ello, debes tener presente que lo que conocemos como Revolución Científica, que comenzó en el siglo xvi, cambió por completo lo que entendemos por el mundo. Gracias al método científico se desarrollaron
áreas como la medicina, la tecnología, entre otras. De ahí que podamos tener una mayor calidad y esperanza de vida.
La ciencia no es solo es cosa de expertos, todos podemos conocer la base del método científico, para aplicarlo en las decisiones cotidianas. Aquí hablamos de salud, pero existen otros grandes retos que enfrentamos hoy en día, como el cambio climático, la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible. En todos ellos, la ciencia nos puede dar soluciones si sabemos aprovecharla para nuestro bienestar.





Cynthia Torres González
Laboratorio de Neurociencias y Cognición, Facultad de Ingeniería y Negocios, uabc, Guadalupe Victoria
¿Te ha pasado que a veces no tienes ganas de hacer tus deberes? En este artículo se hablará de la procrastinación, que es el hábito de ir aplazando lo que tenemos que hacer. Podrás ver algunas de las consecuencias y posibles causas de procrastinar desde el punto de vista de la psicología y la neurociencia. La finalidad es que conozcas más sobre este comportamiento, reflexiones sobre él y, si lo padeces, puedas cambiarlo.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando procrastinamos?
“Mañana lo hago, si me alcanza el tiempo”, “me voy a relajar un ratito y más tarde termino ese pendiente”, “solo 10 minutos más de Insta y me pongo a trabajar”, “lo hago después, trabajo mejor bajo presión”, “un TikTok y ya, ¿qué tanto son tres minutos?”. Spoiler alert: no fue solo un TikTok y, sin darte cuenta, pasaron dos horas sin que avanzaras en tus
tareas. Seguro que alguna de estas frases te suena familiar. A muchos nos pasa: tenemos algún pendiente y lo vamos retrasando horas, días o incluso semanas. Ese “lo hago después” tiene un nombre: procrastinación.
La palabra procrastinar viene del latín: pro, que significa “a favor de”, y crastinus, “del mañana”, es decir,“a favor del mañana”, que es vivir diciendo “mañana lo hago”.
La psicóloga Hayden Finch, en su libro La psicología de la procrastinación, lo define así: "posponer una tarea que sí quieres hacer y que sabes que es importante, pero retrasarla aún sabiendo que puede traerte consecuencias negativas. En pocas palabras: sabes que debes hacerlo, incluso quieres hacerlo, pero decides dejarlo para después… aunque eso te pueda traer problemas".
¡El que esté libre de pecado que tire la primera piedra! Pues todos, o casi todos, procrastinamos. Lo malo es que luego llega el combo de estrés, culpa y vergüenza. Te va

“La procrastinación no solo es un problema personal, sino que también afecta a la sociedad. En lo individual, puede complicar tu salud mental.
“a sonar raro, pero ese refrán que nuestras abuelas repitieron hasta el cansancio: “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”, tiene respaldo científico.
Como pasa con muchas experiencias humanas, cuando algo nos preocupa, nos intriga o nos genera curiosidad, buscamos la manera de entenderlo, y para ello existe el método científico. De esta manera, se creó una ciencia de la procrastinación, que nos ayuda a comprender el porqué de este comportamiento.
Su estudio no es del todo novedoso, pues ya en 1927, la psicóloga rusa Bluma Zeigarnik describió algo curioso: cuando dejamos algo sin terminar, nuestro cerebro lo tiene más presente. Esto lo descubrió mientras comía en un restaurante. Se puso a observar a los meseros que podían recordar los pedidos mientras estaban “pendientes”, pero apenas entregaban la comida, los olvidaban. A esto se le llamó “efecto Zeigarnik”. En resumen: lo que no terminas se queda rondando en tu mente, ocupando espacio y energía. Así que procrastinar resulta ser mucho más agotador que hacer las cosas.
La procrastinación no solo es un problema personal, sino que también afecta a la sociedad. En lo individual, puede complicar tu salud mental, hacer que te cueste cumplir
metas (como estudiar para un examen o entregar un proyecto) y hasta cerrarte puertas. A nivel social, baja la productividad, aumenta los gastos en salud e incluso puede influir en las decisiones políticas con afectaciones graves para una sociedad.
¿Qué tipo de procrastinador soy?
Si hasta aquí te has sentido identificado, tranquilo: no estás solo. Somos millones de personas procrastinando en este preciso momento. Y lo interesante es que, según los investigadores, no todos procastinamos de la misma manera. No es como leer tu horóscopo para “saber" lo que ocurrirá en el futuro, sino tener a la mano una clasificación basada en estudios serios.
Según los expertos, existen dos grandes tipos de procrastinadores:
El procrastinador pasivo: es el clásico que evita la tarea importante ocupándose de cosas menos urgentes, pero más entretenidas. Ejemplos sobran: limpiar tu cuarto justo antes de empezar la tarea de álgebra, ponerte a ver un video en YouTube para “inspirarte” antes de escribir el ensayo o prepararte un sándwich justo cuando tu mamá te pidió que hagas el quehacer.
El procrastinador activo: este es el que deja todo para el último momento, porque cree que trabaja mejor “bajo presión”.
Ejemplo: estudias toda la noche antes de un examen o terminar un proyecto final apenas unos minutos antes de entregarlo. Aunque al final termines la tarea, este tipo de presión puede afectar tu salud a largo plazo.
¿Te identificaste con alguno? La buena noticia es que se puede mejorar.


Hasta ahora hemos visto qué es y cómo se manifiesta la procrastinación, pero todavía falta responder la gran pregunta que seguramente te estarás haciendo: ¿por qué procrastinamos?
Los investigadores de este tema no se “durmieron en sus laureles” y han trabajado mucho para entender por qué aplazamos tareas importantes. Eso si, no todos piensan lo mismo. Algunos creen que procrastinar no siempre es malo y que, de hecho, puede tener un lado positivo: estimular la creatividad. Sin embargo, la mayoría considera que es un mal hábito que nos complica la vida.
Según los estudios, la principal causa detrás de este comportamiento es la falta o falla en el autocontrol. Esto significa tener dificultades para planear a futuro, tener en mente las cosas importantes y supervisar si estamos haciendo bien las cosas, sobre todo si la tarea es difícil o compleja.
Imagina que tienes que preparar una obra de teatro para la materia de literatura. No te consideras tan buen actor y, además, el pánico escénico te persigue. El problema es que, al procrastinar, no planeas bien: no te organizas con tu equipo, no escriben el guion a tiempo, no tomas las riendas para repartir
los papeles ni preparar los vestuarios… Al final, cuando llega el momento de la presentación, tampoco logras controlar los nervios ni enfocarte en si lo estás haciendo bien. ¡Vaya desastre!
Además, se ha encontrado que las personas que suelen procrastinar más, tienen problemas para resistir la tentación del placer inmediato, por lo que prefieren las actividades que les resultan más agradables. Si te dan a elegir entre adelantar la tarea de álgebra o jugar videojuegos con tus amigos, ¿que elegirías?
La verdad es que todos solemos preferir lo divertido en lugar de lo aburrido (aunque sea importante). Así, terminamos viendo series en lugar de ordenar el cuarto o salir con amigos en lugar de hacer la tarea. El problema es que esa decisión nos hace felices en el momento… pero después aparece el estrés de haber dejado todo al último. Y, como siempre, la tarea pendiente sigue ahí, mirándote desde el rincón más oscuro de tu mochila junto al sándwich aplastado que olvidaste comer.
Estrés: Es un sentimiento de tensión física o emocional.

Procrastinamos más cuando se trata de actividades que nos resultan desagradables, aburridas o demasiado difíciles. En el fondo, solemos evitar aquello que nos hace sentir presionados, inseguros o, peor aún, incapaces de hacer algo. Por eso, muchos investigadores piensan que la forma en la que manejamos nuestras emociones tiene mucho que ver con la procrastinación.
Como vimos antes, aplazar lo importante puede hacernos sentir culpables, tristes, frustrados, incluso fracasados. Pero también ocurre al revés: los problemas de salud mental como la depresión o la ansiedad pueden hacer que procrastinemos más. Si conoces a alguien que está dejando todo para después y además parece estar pasando por un mal momento, o si tú te has sentido así, lo mejor es pedir ayuda: hablar con tus papás, tus maestros o con alguien de confianza para salir o mejorar esa situación.
Hay otro punto clave que los investigadores destacan para entender por qué dejamos las cosas para después.
Los psicólogos Piers Steel (sí, yo también pensé en Max Steel) y Cornelius Köning propusieron una teoría que suena complicada, pero que en realidad es fácil de entender como ellos la explican. Según estos autores, procrastinamos más cuando:
Creemos que no somos lo suficientemente buenos para hacer la tarea (expectativas de eficacia).
La tarea nos parece aburrida o poco interesante (valor de la actividad).
Nos distraemos fácilmente por cosas más llamativas y eso no nos incomoda (sensibilidad a la tardanza).
No sentimos que haya consecuencias reales por no cumplirla (castigos o recompensas).
En pocas palabras, el “yo del presente” elige lo divertido ahora y le deja los problemas al “yo del futuro”.
En resumen, no hay una sola razón que explique por qué procrastinamos. Es más bien una mezcla de varios factores. Piensa en la típica pregunta: “¿Por qué no hiciste la tarea?”. La verdad siempre hay muchas razones: puede que no tenías ganas, que el celular te distrajo demasiado o simplemente no te sentías tan bien ese día para hacerla.
La ciencia de la procrastinación: ¿y qué onda con el cerebro?
La ciencia se ha interesado en descubrir qué pasa en nuestro cerebro cuando dejamos las cosas “para después”, pues no se trata simplemente de “flojera”. Para responder a esta pregunta, se ha usado la tecnología, con el fin de observar la actividad de las neuronas de personas que procrastinan.
Un ejemplo muy interesante sucedió en 2016, cuando un grupo de científicos en China, liderados por la doctora Yan Wu, usó una máquina llamada resonador magnético funcional. Básicamente es un escáner gigante que puede tomar imágenes del cerebro mientras alguien está en reposo, es decir, sin hacer nada


en específico, solo dejando que la mente vague. En estas imágenes se muestran las partes del cerebro en dónde hay más consumo de energía. Así, podemos saber qué áreas están más activas en ese momento.
Si estas partes del cerebro no están trabajando bien juntas, puede ser más díficil concentrarse o resistir las distracciones.
Para darte una mejor idea de dónde están esas áreas del cerebro, observa las zonas resaltadas en azul en la siguiente imagen:

La investigación de la doctora Yan no ha sido la única que ha tenido este tipo de hallazgos. Otra científica, Ting Xu, también en China, descubrió que jóvenes de entre 17 y 25 años que procrastinaban mucho tenían la corteza prefrontal más delgada y con menos actividad en el lado izquierdo del cerebro. Resulta que esta zona del cerebro es como la “jefa del equipo”: es la encargada de ayudarnos a pensar en las consecuencias futuras (“si no estudio hoy, puedo reprobar el examen”) y a controlar los impulsos (como para decidir dejar de ver episodios en Netflix o reels de
Insta). Entonces sucede que si la jefa no hace su labor, somos más propensos a elegir lo rápido y placentero, sin poner un límite.
Con todos estos hallazgos, podemos concluir que la procrastinación no es solo “flojera”: puede venir de problemas en el autocontrol y en la regulación de emociones, que son los que nos permiten resistir tentaciones y mantenernos disciplinados.
La buena noticia es que el cerebro tiene algo genial llamado plasticidad cerebral, la cual consiste en que podemos cambiar, aprender y mejorar si practicamos nuevos hábitos. O sea que, aunque hoy procrastines mucho, puedes entrenar tu cerebro para cambiar.
Así que ya sabes: levántate, respira profundo y recuerda ese consejo típico de las abuelitas: “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Y para lograrlo con mayor seguridad, te dejamos aquí unos consejos prácticos que reforzarán tus nuevos hábitos de trabajo:
1. Empieza por lo fácil, te ayuda a “agarrar ritmo”, en la actividad que vas a realizar.
2. Aplica la técnica del 25-5: trabaja 25 minutos, descansa 5. Puedes poner alarmas para que sea más fácil.
3. Pon tu celular lejos para no distraerte mientras haces una actividad importante.
4. Haz una lista diaria con tres metas que debes lograr. ¡Sé realista!
5. No esperes a sentirte motivado para iniciar: empieza y verás cómo la motivación llega sola.
6. Premia tu esfuerzo al terminar: reconoce siempre lo que lograste.




Pedro Luis Chávez Flores, María Concepción Ortiz Aguilar
Facultad de Ciencias Humanas , uabc, Mexicali
Para comenzar a hablar de consumo responsable y fast fashion, piensa en lo siguiente: ¿sabes en qué país hicieron la ropa que traes puesta hoy? Tal vez no tengas la costumbre de revisar las etiquetas antes de comprar una prenda, pero este es un buen momento para comenzar a hacerlo… Es muy probable que te encuentres con que viene de algún país del sudeste asiático, mientras que la marca suena súper internacional, tipo estadounidense o europea.
Ahora bien, imagino que la ropa que compras, en su mayoría, la adquieres por internet. Esta manera se ha vuelto la más común a partir de la pandemia por covid-19. En la actualidad, las plataformas digitales de marcas reconocidas, las tiendas en redes sociales, y hasta aplicaciones de ropa de segunda mano han hecho que comprar ropa en línea sea de lo más sencillo.
Seguro que has escuchado la expresión fast fashion. Aquí verás más a fondo en qué consiste y lo que ocasiona. Hoy en día, se produce una gran cantidad de ropa a muy
“ “Es un modelo de negocio de las grandes marcas de ropa que acelera los ciclos de la moda.
bajo costo. Esta se vende rápidamente gracias a boom digital, ya que hay muchos consumidores en todo el mundo con acceso a internet. A todo esto se le conoce como fast fashion
El fast fashion es un modelo de negocio de las grandes marcas de ropa que acelera los ciclos de la moda. Si antes teníamos cuatro estaciones al año para vestirnos diferente, ¡con el fast fashion tenemos 52 microtemporadas!
Hiperconsumo:
Es un modelo socioeconómico caracterizado por la compra compulsiva de productos innecesarios para satisfacer deseos y no solo necesidades básicas.
Reutilización:
Es el acto de volver a usar productos o materiales, ya sea para su propósito original o para uno nuevo, sin necesidad de transformarlos.

¿Por qué a pesar de todo caemos en el fast fashion?
El modelo del fast fashion, además de explotar a personas y contaminar, crea el deseo de seguir las últimas tendencias. Nos empuja a querer constantemente lo nuevo , y nos envuelve en una fantasía para que olvidemos nuestra responsabilidad a la hora de vestirnos. Las cifras hablan por sí mismas: según Greenpeace, hoy compramos 13 veces más ropa al año, pero solo usamos el 40% de lo que tenemos en el armario. Además, de lo que tiramos a la basura, solo el 19% está realmente dañado; el resto lo desechamos porque ya no nos gusta, por que pasa de moda o ya no nos queda. Adicional a todo lo anterior, las prendas duran menos: se calcula que los consumidores ahora compran un 60% más de ropa que en el año 2000, pero cada prenda se utiliza un 36% menos. A estas alturas, seguro ya tienes mayor
claridad en este tema: el fast fashion es un modelo totalmente insostenible, ya que impulsa el hiperconsumo (consumir en exceso) y la sobreproducción (producir más de lo necesario), además de dejar altos niveles de residuos y contaminación. Y lo más grave es que su principal estrategia es enganchar a los más jóvenes, justo para mantenerse vivo.
Para frenar esta tendencia, la Organización de las Naciones Unidas (onu) ha propuesto el Objetivo 12 de Desarrollo Sostenible, que busca garantizar formas de consumo y producción responsables, es decir, estilos de vida que estén en armonía con la naturaleza y con nosotros mismos. La idea es revertir los efectos o impactos negativos generados por el modo en que compramos, vendemos y desechamos los objetos adquiridos.
¿Cómo consumir responsablemente?
El consumo responsable propone que todos colaboremos para cuidar al medioambiente. Para ello, debemos comprar con una mentalidad más crítica y consciente. No caer en las tendencias pasajeras, controlar el impulso por comprar, y valorar más la calidad y durabilidad de los productos.
El consumo responsable está muy ligado a la economía circular, que busca reducir al máximo los residuos y usar las cosas el mayor tiempo posible. Debemos reciclar, reutilizar y reparar antes de desechar, y aplica para la ropa o cualquier otro producto. Actualmente se está promoviendo otro movimiento, el slow fashion, que promueve la ropa hecha con procesos éticos y sostenibles. El slow fashion, a diferencia del fast fashion, nos invita a bajar la velocidad de consumo, a ser más conscientes. Se trata de preferir la calidad sobre la cantidad,
apostando por prendas duraderas más allá de las modas pasajeras. Además, impulsa la economía circular, desafiando la lógica del consumo acelerado y promoviendo una actitud más reflexiva. Podemos lograr que nuestro consumo sea responsable cuando comprendemos que los recursos naturales no son inagotables.
Hay ejemplos inspiradores de esta propuesta, como la marca española ecoalf, que fabrica ropa y accesorios utilizando materiales reciclados, como botellas de plástico recolectadas del océano y redes de pesca desechadas. Este tipo de iniciativas son una respuesta directa al modelo de "usar y tirar" del fast fashion, y ofrecen a los consumidores

una opción más ética y sostenible. En Francia, la empresa Fabbrick hace bloques a partir de la recolección de ropa desechada. De esta manera, se demuestra que hay alternativas.
¿Qué puedes hacer para aportar a este tipo de iniciativas y así sumarte al consumo responsable? Si conoces a alguien que vende ropa de segunda mano, ya sea en tu colonia o por internet, o si tú mismo has comprado o vendido prendas usadas, debes saber que esta es una forma de contribuir al cuidado del medioambiente. Según un informe de Tred Up, comprar y usar ropa de segunda mano reduce las emisiones de carbono en un 25% en promedio, además de ahorrar energía y agua.

Es decir, la venta y compra de ropa usada es clave dentro del modelo de la economía circular: en lugar de desechar la ropa después de poco uso, le damos a la ropa una vida útil más larga, a través de la reutilización, el reciclaje y la reparación.
En México tenemos a la marca Long Clothes Rehab que ofrece servicios de reparación y programas de reciclaje de ropa. Contamos también con plataformas de reventa de ropa que han ganado popularidad al permitir que los consumidores vendan y compren prendas, lo que promueve un consumo más responsable y bajando el consumo de ropa nueva.
Estos cambios pueden generar nuevas demandas capaces de transformar la industria de la moda hacia prácticas más sostenibles, procesos de producción más éticos y reducir los impactos negativos al medio ambiente.
Guardarropas en
En México también hay ejemplos de empresas que generan alternativas, con un modelo sustentable y justo. Una de ellas es Guardarropas en Movimiento enfocada en la compra y venta de ropa usada, que ofrece a los consumidores una opción sostenible para reducir su impacto ambiental. Opera en la ciudad de Mexicali, Baja California, desde el año 2018. Su misión es beneficiar a mujeres de la localidad que buscan un consumo responsable, facilitando una plataforma de compra-venta de prendas que han sido valoradas para ser reutilizadas a fin de generar una cultura sostenible.
Esta empresa realizó una encuesta sobre las preferencias de sus consumidores y encontró datos interesantes: la mayoría eran mujeres


con un alto nivel educativo, y que las redes sociales, especialmente Facebook, son el principal canal de compra de ropa de segunda mano. Con esto se puede saber que sí hay un interés por consumir de forma responsable. También se confirmó que la principal razón para comprar ropa usada es reducir la contaminación, y no por una cuestión económica. Gracias a este tipo de iniciativas, podemos observar que, en efecto, hay un cambio positivo en los hábitos de consumo.
El futuro de la moda está en el consumo sostenible
El fast fashion, sea “barato” y fácil de comprar, tiene un impacto desastroso para nuestro planeta y genera trabajos mal pagados. Lo bueno es que cada vez más personas se enteran de esto, y buscar
generar un cambio hacia un consumo más responsable. Consumir menos, no dejarse llevar por las modas, reutilizar, son algunas de las alternativas. Adoptar estas prácticas es un pequeño pero importante paso que puede hacer una gran diferencia.
A medida que más personas tomen conciencia de los efectos negativos del fast fashion, podremos ver un aumento en la demanda de opciones éticas y sostenibles. Así que corre la voz: comenta con tu familia y conocidos acerca de este interesente tema para que cada vez sean más las personas comprometidas con un cambio real, al transformar nuestros hábitos y apoyar un modelo más circular y justo. Como consumidores, tenemos el poder de influir en la industria y exigir un futuro más sostenible para la moda y para el planeta pensando en las generaciones venideras.


Norma Patricia Figueroa Fernández, Tely Adriana Soto Castro
Facultad de Odontología , uabc, Mexicali



¿Sabes lo que son las enfermedades congénitas? Pues son aquellas con las que se nace, y suelen tener una serie de complicaciones para el desarrollo de las personas. Es por eso que es importante tener ciertos cuidados desde el embarazo, ya que algunas de estas pueden evitarse en este período.
Una de las enfermedades congénitas más comunes es la conocida como labio y paladar hendido (lph). Se trata de una malformación que afecta tanto la apariencia física como la salud integral de la persona que nace con esta condición. A continuación, conocerás sus causas, las implicaciones que tiene y, sobre todo, algunas formas para prevenirla. Además, te enterarás de cómo desde la uabc se impulsa un programa para mejorar la calidad de vida de las personas que nacen con esta malformación, dentro del ámbito dental. Gracias a este se fortalece la visión social de la universidad, al generar beneficios tanto para la comunidad como para las y los estudiantes.
¿Qué es el labio y paladar hendido (lph)?
Como acabas de leer, el labio y paladar hendido (lph) es una de las malformaciones más comunes, y surge desde el nacimiento. Ocurre cuando los tejidos que forman el labio o el paladar del bebé, cuando aún está en el vientre de su madre, no logran unirse por completo. Cuando nace, se puede quedar una apertura en el labio superior, en el paladar o en ambos. Pero eso no es todo, más allá de que esta enfermedad afecta la apariencia física, puede llegar a causar otros problemas de salud, como lo es la alimentación, la respiración y, a medida que el bebé crece, también afecta el habla, por lo que llega a tener un impacto emocional y de autoestima.

La Organización Mundial de la Salud (oms) considera el lph como un problema de salud pública. Dicho de otra forma, no es que solo afecte a unas cuantas personas que nacieron con este padecimiento, sino que también es en problema que nos concierne a todos como sociedad. Es por ello que contrarrestarlo se ha vuelto un tema prioritario para los sistemas de salud en muchos países. De esta manera, se busca que las personas estén informadas sobre lo que es esta enfermedad, cómo prevenirla o tratarla, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas que la padecen.
¿Por qué se presenta el lph?
Los expertos no han encontrado una única causa de esta enfermedad. Lo que se piensa es que en realidad pueda ser el resultado
de una mezcla de factores genéticos y ambientales. Gracias a diversos estudios enfocados en conocer más acerca del origen del lph, se puede llegar a la conclusión de que los siguientes factores pueden incrementar el riesgo de nacer con este padecimiento:
Tener antecedentes familiares con lph.
Tomar ciertos medicamentos durante el embarazo.
Deficiencias nutricionales durante la gestación (sobre todo de ácido fólico).
Fumar o consumir alcohol en el embarazo.
En resumen, son varios los factores que pueden elevar los riesgos, por lo que hay que tener una atención medica constante para saber qué suplementos son importantes tomar y cuáles medicamentos evitar, así como el resto de cuidados necesarios para garantizar la salud del bebé.
¿Se puede prevenir?
Como has visto hasta aquí, hay cuidados muy importantes que se deben tener; sin embargo, aunque estos son de gran ayuda, no pueden garantizar que un bebé nazca sin este padecimiento. ¡Pero sí se puede reducir el riesgo! Por lo que vale mucho la pena tener los siguientes cuidados:
Llevar una dieta rica en ácido fólico, para ayudar al desarrollo adecuado del bebé, durante el embarazo (además de multivitamínicos).
No tomar medicamentos sin supervisión médica o previamente indicados.
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Son varios los factores que pueden elevar los riesgos, por lo que hay que tener una atención medica constante.

Evitar el consumo de tabaco, alcohol o cualquier sustancia dañina para el organismo.
Acudir a consultas con un médico especialista en ginecología y obstetricia desde el inicio del embarazo, para que oriente a los padres sobre los cuidados que se deben tener.
¿Qué complicaciones pueden presentarse?
Tener lph puede traer varios retos, tanto para la persona que padece esta condición, como para su familia. La buena noticia es que con el tratamiento adecuado se puede superar. Entre las complicaciones o dificultades que suelen enfrentarse, están:
Dificultad para alimentarse: Los bebés pueden tener problemas para succionar correctamente, por lo que desde los primeros meses requieren técnicas o dispositivos especiales para alimentarse bien.
Infecciones del oído: A veces, los músculos del paladar no se desarrollan del todo, lo que permite la entrada de líquido al oído y provoca infecciones frecuentes.

Problemas dentales y del crecimiento: El desarrollo del maxilar y la alineación de los dientes pueden verse afectados, por lo que suele ser necesario un tratamiento ortodóntico.
Dificultades en el habla: En ocasiones, se puede tener la dificultad de pronunciar ciertos sonidos, lo que afecta en la comunicación hablada y cotidiana. Para ello se puede recibir terapia enfocada en este problema.
Impacto en la autoestima: Ya que afecta la apariencia física y la forma de hablar, se puede generar mucha inseguridad, sobre todo en la infancia y la adolescencia.
Discriminación y estigmatización: El bullying o la falta de información sobre esta condición pueden provocar que los niños y adolescentes con esta condición sean discriminados o excluidos.

Impacto en la familia: Para los padres, enfrentar esta condición puede ser emocionalmente difícil; así mismo, muchas veces, resulta ser un desafío económico debido a los múltiples y prolongados tratamientos.
Malformación congénita: Es un problema que afecta la formación o funcionamiento de alguna parte del cuerpo de un bebé durante su desarrollo fetal.
Multidisciplinario: Aquello que abarca o afecta a varias disciplinas o campos del conocimiento.

¿Qué necesitan las personas con lph?
Desde que nacen, los pacientes con lph requieren una atención especializada e inclusiva que les sirva para superar las complicaciones que acabamos de ver. Y entre más temprano se realicen estas intervenciones y terapias, mejor será la calidad de vida de la persona. El tratamiento debe ser integral, al incluir no solo la cirugía que ayude a mejorar la apariencia física, sino también otras terapias para que la persona logre superar todas las problemáticas. Así, la atención integral de preferencia debe incluir:
Cirugías reconstructivas, para reparar el labio y el paladar
Terapia del habla, que ayude a mejorar la pronunciación y, por lo tanto, la comunicación

Ortodoncia y odontología especializada, para cuidar la salud dental y la apariencia
Apoyo psicológico y emocional, de la persona afectada y la familia, que ayude a fortalecer la autoestima
Con esta atención integral –que incluye pediatría, cirugía maxilofacial, ortodoncia, audiología, psicología y nutrición–, se puede lograr mucho. Y si se da desde la infancia, será mucho mejor, porque así la persona se podrá desarrollar de manera mucho más plena.
Un Programa de Atención Integral en la uabc
En la Facultad de Odontología de Mexicali, de la Universidad Autónoma de Baja California (uabc), existe un Programa de Atención a Pacientes con lph, que inició desde 1996 y


Labio
Paladar duro
Paladar blando
Úvula

Septum nasal
Cavidad nasal
Aquí tienes una descripción detallada de cómo se visualizan los diferentes tipos de fisuras y hendiduras en casos de labio y paladar hendido. En el ámbito médico, estas imágenes se clasifican según qué estructuras están afectadas (labio, encía, paladar duro, paladar blando) y cuánto se extienden.
el cual ofrece tratamiento integral desde los primeros meses de vida hasta la adolescencia. Este programa ha cambiado muchas vidas, gracias al trabajo comprometido de todas las personas que colaboran en él.
Pero no solo no solo ayuda a las y los pacientes, sino que también es una gran oportunidad para que estudiantes de odontología, tanto de la licenciatura como del posgrado, aprendan de cerca y participen activamente en los tratamientos. Así, no sólo enriquecen su formación, sino que también fortalecen una visión social sobre su labor. No hay nada más gratificante que ayudar a las personas que más lo necesitan, y ver que se está generando un impacto positivo para la comunidad bajacaliforniana.
Conclusión: más allá del lph
Tener lph no define a la persona que nace con esto. Con la atención adecuada, el apoyo emocional y oportunidades justas, puede alcanzar su potencial al máximo.
Programas como el que se ofrece en las clínicas de la facultad demuestran que el acceso a una atención integral e inclusiva no es un privilegio, sino un derecho. Gracias al trabajo comprometido y dedicado, se ha logrado generar un impacto positivo en la calidad de vida de las personas. Y todo es posible cuando se tiene en mente una idea fundamental: la sonrisa de cada persona importa para su buen desarrollo psico-social.

Entre versos y sociología: Fémina Fatal
Alzando la voz: el camino musical de una socióloga
Entre versos y sociología, Dinorah Heredia
Inclán, egresada de la Universidad Autónoma de Baja California (uabc) en Campus Ensenada, mejor conocida como Fémina Fatal, inició su camino en el rap como una manera de expresión. “El nombre nació sin planearlo, alguien lo dijo una vez y me gustó cómo sonaba”, menciona.

Su pasión por el rap surgió desde su entorno fronterizo. “Siempre me gustó el rap, lo escuchaba mucho en inglés, hasta que un día me atreví a hacerlo. Empecé a escribir y a rapear. Vi que a la gente le gustaba, y eso me motivó muchísimo”, cuenta. Desde sus primeras letras, Fémina Fatal usó la música como vehículo de denuncia. “Comencé con contenido muy político, de protesta, porque ese era mi contexto. Ya estudiaba sociología, y me gustaba hablar de injusticia, de lo que veía a mi alrededor. No era un rap de ‘soy la más cabrona’, sino algo con sentido social, más allá de lo individual.”
Con más de catorce años en la escena, Fémina Fatal lanzó recientemente su primer disco de larga duración, un paso que marca su consolidación artística. “Nunca es tarde para hacer un disco. Después de tantos años, verlo materializado ha sido muy significativo.”
Sin manager y con una fuerte ética de trabajo independiente, Fémina Fatal gestiona sus propios proyectos, desde la producción hasta la promoción. “Yo manejo mis gastos,
mi publicidad, mis presentaciones. Aprendí con el apoyo de otras compañeras.” Forma parte de batallones femeninos de raperas mexicanas con enfoque social. “Ahí aprendí a hablar de presupuestos, de cómo sostener mi trabajo, y también de cuándo hacerlo por una causa. Si es un movimiento social en México, vas porque quieres poner tu granito de arena.”
Para Fémina Fatal, el camino de la música fue una lucha por hacer oír su voz en un escenario dominado principalmente por hombres. Explica que en las propagandas que miraba de eventos de rap no había mujeres, convirtiendo en un reto el hacer notar su rimas. “Obviamente el machismo de la escena del rap como en todas las escenas musicales pues estaba presente y eso fue forjándome un carácter y una manera de responder ante las limitantes que me querían poner otras personas”
Para Dinora, el hip-hop es más que un género: es una cultura que salva vidas. “El hip-hop nació en los barrios, cuando no había acceso al arte o a la educación, y te enseña que puedes crear desde lo que tienes. Es arte real, del pueblo, no del museo.”
Su paso por la uabc fue determinante para su pensamiento crítico y su vocación social. “En la prepa tuve una clase de sociología y me cambió la vida. Era la primera materia que me hacía sentido. Sentí que podía
entender porqué el mundo es como es, y que había gente que luchaba por cambiarlo.” Hoy, esa mirada se refleja en su trabajo artístico. “A través de la música también estoy haciendo sociología. No tiene que ser siempre un libro o un ensayo. Cuando hago talleres de rap con mujeres o jóvenes, siento que ahí está la sociología viva, aplicada.”
Fémina Fatal continúa abriendo caminos para las mujeres dentro del rap y del arte social. “A veces piensas que no es mucho lo que haces, pero cuando una persona te dice: ‘gracias por hablar por quienes no tienen voz’, sabes que vale la pena.”



Si buscas saciar tu sed de curiosidad o simplemente eres un nómada virtual, estás a un clic de distancia de viajar a lugares fascinantes


Si sientes curiosidad sobre datos científicos extraños, no te puedes perder el contenido de este espacio, que con su lema: ¡Por el placer de aprender!, busca llevar al público datos tales como el porqué los pandas no distinguen el sabor de la carne o historias curiosas y reales, como la del hombre que salvó al mundo, gracias a que no activó la alarma nuclear y la parvada de gallinas salvajes que viven cerca de una autopista de Hollywood.
@curiosamente_oficial @curiosamente
Un exmaestro que es conocido en redes sociales por hablar de películas y series, a través de un estilo que combina el análisis con humor y pasión cinéfila, lo que lo ha convertido en una de las voces favoritas del público joven. Además, comparte recomendaciones frescas y opiniones que invitan a ver el cine desde nuevas perspectivas.
@ibarrechejavier



Conocido también como Palacio de Cortés, cuenta la historia del estado de Morelos desde el período
Preclásico hasta la Revolución. Si visitas dicha edificación conocerás sobre los primeros pobladores del país, la escritura pictográfica y la colonización.
palaciodecortes@inah.gob.mx
Ubicado en Toronto, Canadá, el museo mezcla la historia natural, las culturas del mundo y el arte. Fundado en 1914, es famoso por sus impresionantes esqueletos de dinosaurios, artefactos de antiguas civilizaciones —como Egipto, China y Grecia—, y sus exposiciones sobre biodiversidad.
www.rom.on.ca

Stephen Hawking Breves respuestas a las grandes preguntas
El autor aborda cuestiones fundamentales: ¿qué hay dentro de un agujero negro?, ¿será posible colonizar el espacio? Una obra que combina ciencia, imaginación y un profundo sentido de responsabilidad hacia el destino de nuestra especie.


El infinito en un junco
Irene Vallejo

Aquí encontrarás la historia del libro a lo largo de los siglos, desde los papiros egipcios hasta los ebooks, mezcla ensayo, narrativa y filosofía para mostrarnos cómo leer y escribir ha moldeado civilizaciones, pensamientos y revoluciones.


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El Patagotitan mayorum, superó todos los límites de la evolución. Descubierto en 2014 en la Patagonia argentina, este ejemplar herbívoro dejó perplejos a los paleontólogos, debido a sus huesos, excepcionalmente bien conservados, que revelaron un récord difícil de superar, con una longitud estimada de 37 hasta 40 metros, comparable a un edificio de más de 12 pisos y un peso aproximado de entre 60 y 70 toneladas, similar a doce elefantes africanos juntos.
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