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Frank Rainieri recibe los cincuenta años de un sueño cumplido, al que ha dedicado toda una vida con una visión de amplios horizontes que parte desde Punta Cana al mundo, sin escalas, por el desarrollo del país. Ahora, la nueva generación coge altura para firmar un nuevo capítulo.
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CON APENAS 24 AÑOS CAYÓ EN LAS MANOS DE UN JOVEN EMPRENDEDOR EL SUEÑO DE CREAR UN PARAÍSO EN UNA ZONA, ENTONCES, INHÓSPITA DE REPÚBLICA DOMINICANA. CINCUENTA AÑOS DESPUÉS, DESDE EL PRISMA DE UNA VISIÓN INCUESTIONABLE, Y A GOLPE DE TESÓN Y,
SOBRE TODO, MUCHO TRABAJO, PUNTA CANA SE ERIGE HOY COMO UN IMPERIO TURÍSTICO
QUE SE PROYECTA MÁS DE ALLÁ DE UN PUNTO CARDINAL. HABLAMOS DE UN PROYECTO
DE VIDA QUE AHORA CUMPLE UN NUEVO CAPÍTULO EN SU HISTORIA.






TRASPASANDO LAS PUERTAS del complejo de Corales, a pocos minutos del Aeropuerto Internacional de Punta Cana, resulta difícil visualizar que hace 50 años este mismo entorno que prologa nuestro encuentro con el empresario Frank Rainieri, el gran anfitrión de esta zona del país, tuviera una imagen bien dispar. La pulcra jardinería que nos invita a adentrarnos en este paraíso tropical, un oasis tan ajeno al bullicio de la capital, contrastan con la perspectiva de una tierra salvaje, olvidada, aunque fértil, de aquella fotografía natural de antaño que recibía entonces el nombre de “Yauya”.
Un joven Frank, y su mentor Theodore Kheel, lo bautizarían en los años 70 como Punta Cana, inaugurando así, más que un terreno vacacional, toda una comunidad que hoy sigue guardando con un místico cuidado los vestigios de aquellas primeras piedras de un camino de éxito.
Estos pasos primigenios que damos hoy, varias décadas y una completa generación después, forman parte de Puntacana Resort & Club, la que se corona en la actualidad como la sede de “la máxima experiencia en golf y playa del Caribe”, como se define. Con tres millas de playas de arena blanca y campos de golf con 45 hoyos ubicados en 15,000 acres de terreno, en lo que representa un refugio privado de primer nivel con un amplio complejo residencial a pocos metros del mar.
Sin embargo, esto tan solo corresponde la punta del iceberg de este entorno si atendemos a la magnitud que alcanza a día de hoy el imperio que ocupa Grupo Puntacana en la zona este del país, haciendo honor a su lema, “Más que turismo”. Para situarnos en contexto. Cuando nos referimos a este conglomerado hablamos de un total de nueve empresas, entre las que se encuentran, como joya de la corona, el Aeropuerto Internacional de Punta Cana, el punto neurálgico de recepción de turistas
del país y centro de conexiones de referencia en el Caribe, e incluso Latinoamérica, que precisamente este año ha inaugurado su tercera terminal, desde la previsión de aumentar la capacidad del volumen de pasajeros en 2.5 millones.
Todo ello converge hoy en día en una auténtica marca país, que exhibe con orgullo en todo el mundo el auge y la modernidad de un punto turístico de referencia a nivel mundial.
Y detrás de este sueño, de esta visión, un nombre. Una familia. Un apellido. Rainieri.
“La visión no es inventar. Es ver lo que otros no han visto. Esa es la mayor satisfacción que podemos tener hoy, el ver una comunidad pujante que vive en un ambiente sumamente seguro y sano”. Frank Rainieri pronuncia estas palabras desde su hogar, acomodado en una butaca con el mar Caribe de fondo. Un cuadro perfecto para dibujar esa ilusión que sigue iluminando hoy sus ojos. Ese brillo que deja entrever, aún habiendo traspasado las siete décadas de edad, la pasión incólume de ese joven emprendedor de raíces italianas que llegó a estas tierras ignotas con el sueño de hacerlo su hogar, junto a su familia y aliados que siguieron sus pasos. Nos recibe con un talante hospitalario. Lo lleva en la sangre. Su vena hotelera le viene de sus abuelos, originales de Bolonia, como él mismo apunta orgulloso. Isidoro Rainieri y Bianca Franceschini emigraron de Emilia-Romaña, en el norte de Ita-
lia, al Cibao y allí establecieron dos hoteles, uno en Puerto Plata y otro en Santiago. Así que continuar con la tradición hotelera parecía más que un designio del destino.
Así, vamos atando cabos. Empecemos por el primero.
¿CÓMO EMPEZÓ TODO?
“LA VISIÓN NO ES INVENTAR. ES VER LO QUE OTROS NO HAN VISTO. ESA ES LA MAYOR SATISFACCIÓN QUE
Todo empezó como tantas historias de éxito con la grandeza de una idea, que muchos hubieran calificado entonces de insensata, y la figura de un precursor, Theodore W. Kheel, abogado y mediador estadounidense de prestigiosa reputación en ese país. Una noche, como cualquier otra, celebró una recepción en su residencia con un grupo de prominentes empresarios. Allí presentaron las imágenes en sepia de un trozo de terreno desconocido en la zona este de República Dominicana. Entonces, recibía el nombre de Yauya o Punta Borrachón, y no era más que una inhóspita zona este de la isla dedicada a la pesca y al carbón, fundamentalmente, sin ningún tipo de infraestructura ni servicios, que acogía, desde Macao a Juanillo, a apenas 52 familias.
Ted Kheel introdujo a sus invitados la apasionada noticia de que esta tierra estaba en venta, por el precio de US$250,000. La respuesta fue unánime, aunque nuestros protagonistas no tuvieran demasiado clara la ubicación de esta isla del tesoro. “El 98% de los que adquirieron no sabían ni siquiera dónde quedaba República Dominicana”, afirma divertido Don Frank.
El destino permitió que ese prominente abogado norteamericano conociese a un joven dominicano de apenas 24 años, ávido de aventura, riesgo y nuevas ideas. Ese joven no pierde la sonrisa cinco décadas después mientras relata estos inicios: “Con la osadía de la juventud comencé a darle ideas. Ted, entonces, me ofreció que trabajara con ellos y encabezara la empresa. Naturalmente, las piernas me temblaban. Nos dimos la mano y así comenzó la historia de Punta Cana”.
Pero esta historia no es completa si no atendemos a otra figura principal. La de Haydée Kuret. “El día que nos casamos, hay una anécdota que siempre cuento. De la fiesta, salimos hacia el hotel al que íbamos en Villa del Mar, y en el camino detuve el vehículo y le dije que le tenía que confesar algo antes. ´Tengo una amante´. No deje pasar más de cuatro o cinco segundos para aclararlo. ‘Es Punta Cana. Únete, no la enfrentes”.
Así daba inicio al comienzo de un viaje en equipo, al “sueño de Frank y Haydée Rainieri”. Un prefacio que a la luz del de la magnificencia del entorno que acompañaba estas palabras cuesta pensar que otrora dibujara un paisaje remoto y hostil. Empezaba para ambos un camino exigente del que había muchas piedras que retirar para abrir el paso al éxito, poco a poco. Sin duda no se presentaba un recorrido fácil. Higüey contaba con menos de 20,000 habitantes y tomaba de cuatro a seis horas llegar a Punta Cana, cuando las lluvias y el mar lo permitían. La economía de esta región se basaba en las plantaciones de caña y los hatos gana-
deros. En el país, en su conjunto, había menos de 1,000 habitaciones hoteleras, incluyendo los hoteles construidos por la dictadura, el turismo no era considerado una actividad económica de importancia y no existían ni leyes ni fondos para el turismo. ¿Quién dijo que Roma se construyó en un día?.
Haydée, graduada Cum Laude en Física, asumió el reto y las riendas de una familia con tres niños pequeños, al mismo tiempo que compaginaba su trabajo con clases en la universidad. El sueldo que ella traía mes a mes a casa durante los 12 años que Frank Rainieri no percibió un salario fueron los cimientos sólidos que permitieron apuntalar la apuesta de esta familia a la cima del emporio que hoy lideran. La paciencia pagó sus dividendos. “Como nunca pudieron pagarle los salarios atrasados se lo dieron en acciones mucho después”, explica Haydée. “No es fácil convivir con un visionario cuando eres práctica y racional”, ha comentado en más de una ocasión. Pero empezó a aprender a visualizar proyectos hoteleros e incluso un aeropuerto donde entonces solo veía cultivos y terrenos con “chivos y vacas”.
“CREEMOS QUE DE TRES A CINCO AÑOS PODEMOS TENER UN 50% MÁS DE PASAJEROS DE LOS ESTADOS UNIDOS A PUNTA CANA”.
Frank Rainieri decidió en un momento dado que era el momento de construir el primer hotel, que recibiría el nombre de Punta Cana Club y el cual contaría con diez villas de dos habitaciones, una casa club, un pequeño pueblo de los empleados, una central eléctrica y una pista de aterrizaje, que era más bien un trecho limpio donde podían aterrizar pequeñas avionetas. “Eso suponía una serie de
cosas que en mi mente no podían existir, pero en la de Frank ya estaban claras. Desde sus inicios él sabía qué iba a hacer y tenía muy claro dónde iba a estar cada cosa”, explica Haydée. Era 1971. Arrancaba Punta Cana.
Este sueño iba despegando, pero a pesar de la altura de miras de Frank Rainieri todavía existían ciertos obstáculos en el camino que era necesario limpiar.
SU AMBICIOSA VISIÓN COLIsionaba todavía con la realidad de un área que todavía se encontraba bastante aislada: La ciudad más cercana era Higüey y tomaba seis horas para llegar, por lo que se necesitaban alternativas si, como aspiraba este visionario emprendedor, Punta Cana se iba a convertir en un punto de referencia turística nacional, e incluso internacional. Conectar a Punta Cana con el aeropuerto más cercano tomaba cuatro horas.
Para ese entonces, Grupo Puntacana S.A. había llegado a un acuerdo para levantar el primer Club Med en el país, compañía privada de origen francés especializada en vacaciones ‘premium’ en formato de todo incluido, lo que hizo necesario construir una vía más cercana para poder desarrollar la zona. De forma simultánea, Kheel y Rainieri, tras ocho años de ‘ardua’ batalla con los gobiernos de entonces lograron la autorización para construir el primer aeropuerto internacional privado del mundo, el Aeropuerto Internacional de Punta Cana (AIPC), permitiendo así que la antigua
pista de aterrizaje diera cabida a aeronaves comerciales de tamaño completo.
“Este aeropuerto se comenzó con US$50,000 que Ted Kheel me dio. No tenía un centavo más y, desde esa inversión, logramos convencer a Club Méditerranée (actualmente, Club Med) para que pusieran un millón y medio de dólares. Lo hicieron, pero por contrato especificaron que si faltaba un centavo tendríamos que ponerlo nosotros de nuestro bolsillo y que si se cerraba el aeropuerto teníamos que devolver ese dinero. Ese día le dije a Haydée: ´Bueno, tú estás hipotecada´”.
Así, el Aeropuerto Internacional Punta Cana inicia sus operaciones el sábado 17 de diciembre de 1983 con una pista de 5,000 pies y una pequeña terminal que contenía un gate de salida y servicio aduanal en una pequeña construcción de 300 metros cuadrados, con capacidad para asistir a 150 pasajeros cada hora y media.
LOS ALÍADOS DE UN SUEÑO DE VIDA
Ted Kheel puso la semilla de un sueño y Frank Rainieri tuvo la misión y la visión de desarrollarlo a lo que se ha convertido hoy tras 50 años. En todo este tiempo, esta familia ha crecido en forma de figuras que se han convertido en parte indivisible del proyecto, como los emblemáticos Oscar de la Renta y Julio Iglesias, quienes “se enamoraron de este sueño como si fuera propio”.
El encargado de ‘darle forma’ fue el arquitecto Oscar Imbert Domínguez, quien fue el responsable de encumbrar este proyecto aeroportuario como pionero en sostenibilidad, reproduciendo estructuras nativas, que hacían uso de paja de palma cana, localmente disponible, para los techos y piedra de bosque para las paredes. La instalación se ubicó el primer edificio de tal forma que permitiera que las brisas costeras pasaran por el medio del edificio, evitando la instalación de aires acondicionados.
El aeropuerto recibió su primer vuelo internacional (un doble turbo aviones de hélice) desde San Juan, Puerto Rico con 20 pasajeros. Para su primer año de operaciones recibió un total de 2,976 pasajeros, y para 2012 había recibido más de cuatro millones de pasajeros. 36 años más tarde se ha convertido en el más transitado del país, recibiendo el 66.63% de los viajeros que visitan la República Dominicana y con conexiones directas a más de 98 ciu-














dades de Estados Unidos, Canadá, diversos destinos en Latinoamérica, Europa y Asia, a través de unas 60 aerolíneas y vuelos directos a destinos como Estados Unidos, Canadá, Brasil, Rusia, Suiza, Ucrania, Bruselas, Londres, Canadá, Perú, Chile y Argentina, entre otros.
“Nos ha tocado ser pioneros, es verdad, en construir un aeropuerto destinado comercialmente al transporte internacional de pasajeros, pero no nos hemos quedado allí porque tenemos que seguir innovando, por eso estamos trabajando arduamente para lograr el proceso preclearance a los Estados Unidos”, afirma Frank Rainieri.
Y este punto es clave en el viaje de ida de este proyecto a un nuevo nivel de desarrollo. El Aeropuerto Internacional de Punta Cana fue seleccionado por el Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. como la única terminal en toda América Latina para instalar el programa de preclearance (o preinspección a viajeros), mecanismo que permite registrar la llegada a través de máquinas digitales para ganar tiempo antes de presentarse ante los oficiales de inmigración y aduanas.
en el Reino Unido; Narita, en Japón; Oslo, en Noruega; Estocolmo, en Suecia; Bruselas, en Bélgica; Schiphol, en Ámsterdam, Holanda, y Ataturk, en Estambul, Turquía.
Pero este empresario no se detiene en este punto: “Creemos que de tres a cinco años podemos tener un 50% más de pasajeros de los Estados Unidos a Punta Cana. Pero además llegaría un mensaje al turista norteamericano de que a República Dominicana es un destino confiable y seguro”.
“NOS HA TOCADO SER PIONEROS, PERO NO NOS HEMOS QUEDADO AHÍ, PORQUE TENEMOS
QUE SEGUIR INNOVANDO”
Desde la nueva sala VIP de este aeropuerto, junto a la recién estrenada piscina y a espaldas de un concurrido y activo paisaje de pistas de aterrizaje, la figura de Frank Rainieri se muestra reflexiva ante la trascendencia e impacto del entorno que nos rodea, como el efecto de un sueño que toca hoy una realidad sin fronteras.
No se puede completar un relato de la trayectoria de este conglomerado empresarial y de las figuras que lo comandan sin subrayar una palabra, sostenibilidad.
El plan tiene en “la mira” a un total de 65 ciudades estadounidenses que superan el millón de habitantes y que tienen aeropuertos con capacidad para esta preinspección, lo que permitirá ofrecer vuelos directos a esas ciudades y acortar entre dos y cinco horas el arribo de viajeros a República Dominicana. Otros aeropuertos escogidos por Estados Unidos para este programa fueron: Barajas, en Madrid, España; Heathrow y Manchester,
“Desde aquí se exportan productos dominicanos a Londres, Hamburgo y tantos otros puntos del planeta. Esta es una puerta de exportación. Lo importante es que este es un factor multiplicador de la economía dominicana y llega a todos los lugares”.
El empresario se asoma por la cristalera, dejando el reflejo todavía de ese joven visionario de 24 años. Con un brillo inconfundible en los ojos ve ante sí el magno legado que expone bajo sus pies. “Cuando camino por esas rampas o cuando veo que aquí trabajan más de 7,000 personas no puedo negar que el orgullo me llega… no sé hasta donde. Creo que en ese momento no toco la tierra cuando camino”.
EN PALABRAS DE ESTE ´CREAdor de sueños´: “Desde siempre hemos tenido que asumir una gran responsabilidad social, que pase por encima de nuestra empresa, por eso hemos trabajado muy fuertemente desde el día uno por este propósito. Desde aquella pequeña escuelita para doce niños que iniciamos, hasta el Politécnico Ann y Ted Kheel, el Centro escolar Caracolí, el Punta Cana International School… Además de los proyectos medioambientales (a través de la Fundación Grupo Puntacana) y de salud”. Con estas iniciativas, Grupo Puntacana se convirtió en pionero de la promoción de un turismo sostenible, desde el firme compromiso de la preservación del medioambiente y desarrollo de la comunidad desde que pisaron por primera vez esas tierras remotas para algunos, que hoy constituyen un hogar para esta familia y tantas otras que han seguido los pasos de este sueño construyendo una comunidad en auge.
“Después de que hicimos el aeropuerto, el Puntacana Yacht Club, y los campos de golf, tuvimos la suerte de que otras personas como Oscar de la Renta y Julio Iglesias también hicieran suyo este sueño, porque lo vivieron y se enamoraron de él. Como Oscar repetía continuamente, ‘este es un sueño hecho realidad’. Esos son los detalles verdaderamente importantes de esta historia, porque trascienden. Este sueño ya no es el tuyo, me decían, ya es el de todos nosotros”.

HAYDÉE KURET DE RAINIERI VICEPRESIDENTE DE RECURSOS HUMANOS Y DE HOSPITALIDAD

FRANK RAINIERI PRESIDENTE
Golf, playas y servicios de primer nivel es la principal oferta turística de este conglomerado.
PUNTACANA RESORT & CLUB
Posicionado como un punto de referencia para los amantes del golf, cuenta con con tres millas de arena blanca y 45 hoyos de golf, en 15,000 acres de terreno.
PUNTACANA VILLAGE
Situado junto al Aeropuerto Internacional, se trata de una vibrante comunidad que incluye amplios servicios a la altura de un núcleo urbano.
Con un sólido compromiso por la protección del medioambiente
FUNDACIÓN PUNTACANA
Institución de servicio que promueve el crecimiento sostenible en las comunidades cercanas
FUNDACIÓN ECOLÓGICA PUNTACANA
Organización sin fines de lucro para preservar los recursos naturales de la zona de Punta Cana
Es la terminal aérea con mayor tráfico en el país, y segunda en el Caribe. Es considerado el primer aeropuerto privado del mundo.
AEROPUERTO INTERNACIONAL DE PUNTA CANA
La educación, como motor clave de desarrollo social y económico.
PUNTACANA INTERNATIONAL SCHOOL
Colegio bilingüe para los estudiantes de la comunidad de Punta Cana, con capacidad de 400 alumnos
POLITÉCNICO
ANN & TED KHEEL
Escuela secundaria pública para 300 estudiantes de los pueblos más cercanos a Punta Cana
Frank Elías Rainieri asume el timón de la nueva generación del Grupo Puntacana, como su recién nombrado presidente, desde el legado de sus progenitores y con el desafío de elevar este sueño de vida hacia nuevas latitudes que escriban un nuevo capítulo con sólidos planes en la mira.
Después de cincuenta años, la pregunta es obligada: ¿qué es lo siguiente?. “Yo nunca me pongo metas a largo plazo. La vida es ir celebrando poco a poco lo que va ocurriendo en tu vida. Pero hay dos cosas que sí van a ocurrir a partir de ahora. La primera, es que debemos mantener el sueño vivo. Y, la segunda, es que la nueva generación tome la antorcha de este sueño, que a día de hoy genera decenas de miles de trabajos, no solamente aquí sino en todo el país.
Mis hijos han entendido que este es nuestro lugar en el mundo y que tenemos la responsabilidad de ser sus embajadores. De este lugar nosotros debemos ser los ‘novios’ de Punta Cana. Y como novios de Punta Cana invitamos a todo el mundo a que venga y viva ese noviazgo con nosotros”, explica Frank Rainieri.
Estas palabras resumen el legado que recogen ahora sus hijos, Paola, Francesca y Frank Elías. La primogénita, Paola, es

la encargada de trazar la estrategia de imagen y posicionamiento del grupo, como vicepresidente de Comunicación y Mercadeo, además de involucrarse en en la dirección de acciones de responsabilidad social de la empresa. Actualmente, también se desempeña al frente de la Asociación de Hoteles y Turismo de República Dominicana (Asonahores).
En tanto, Francesca ejerce como vicepresidente de Administración y Finanzas, al mismo tiempo que supervisa el Puntacana International School.
Y, por último, Frank Elías era, hasta ahora, el vicepresidente de Negocios y director general del grupo, además de estar al cargo del Aeropuerto Internacional de Punta Cana y las ventas inmobiliarias de Puntacana Resort & Club, así como de la división de Nuevos Negocios, Desarrollo y Sostenibilidad de este grupo.
Ellos, conjuntamente, fueron los encargados de decidir quién tomaría las riendas de la nueva
generación familiar al frente del Grupo Puntacana. Y la decisión obtuvo un quórum inmediato.
Frank Elías Rainieri ya se erige como el nuevo presidente del conglomerado.
Este joven ejeutivo asume un gran desafíos para mantener la continuidad de este sueño y llevarlo hacia nuevas latitudes, lo cual conlleva, en sus palabras, “gran responsabilidad y compromiso”. “Primero, para con mi familia, segundo para con los 3,000 colaboradores que conforman nuestros equipos, en adición a las más de 7,000 familias que, de forma indirecta dependen de esta empresa para su sustento. Y, finalmente, para con nuestro país, al cual nos enorgullece realizar grandes aportes en términos fiscales, posicionándonos como uno de los 10 mayores contribuyentes nacionales”.
Sin embargo, desde el ejemplo de su progenitor el camino se vislumbra prometedor. “Una de las cosas que siempre preocupa a la gente es la situación
que en los últimos meses se ha vivido. Quizás porque ya tengo 50 años en esta industria, yo siempre le llamo que son los nubarrones que nos hacen ajustarnos, porque los éxitos continuos, sin ninguna sombra nos marean”, explica Don Frank.
¿Y sobre la competencia?
La respuesta también es contundente: “El año pasado salieron al mundo 1,300 millones de personas a hacer turismo fuera de sus fronteras. A República Dominicana apenas llegaron 6 millones. Nos quedan más de 1,250 millones de personas por atraer. ¿De qué competencia hablamos?”. Con esta perspectiva,

los horizontes del grupo se vislumbran, sin fronteras, a otros puntos cardinales del país que prometen expandir este sueño. En este sentido, este nuevo episodio tiene un nombre clave en la mira: Puntarena, “un viejo sueño” que va tomando forma en la playa de Los Corbanitos, en Baní.
“Sin prisa, pero sin pausa”, como define Don Frank, este proyecto comenzó su construcción en 2015, en colaboración con las familias Rizek, Selman y Read, con la misión de convertirse en punta de lanza del desarrollo turístico e inmobiliario de la región sur. El proyecto se
divide en cinco etapas. La primera, prevé una ocupación de tres millones de metros cuadrados, con 172 lotes residenciales unifamiliares, 600 unidades de apartamentos con frente al mar y de montaña, un hotel de 110 habitaciones, áreas recreacionales; y una Reserva Ecológica auspiciada por Fundación Grupo Puntacana.
El círculo se cierra con la misma esencia y nuevos protagonistas: “Tenemos que trabajar todos juntos porque el turismo no es una persona, el turismo es República Dominicana y de ello nos beneficiamos todos los dominicanos”.