
LEAH
CAMPOS
Embajadora de Estados Unidos
República Dominicana DIPLOMACIA
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LEAH
CAMPOS
Embajadora de Estados Unidos
República Dominicana DIPLOMACIA
La llegada de Leah Campos a la Embajada de Estados Unidos en la República Dominicana marca algo más que un relevo diplomático. Su designación ocurre en un momento en que Washington vuelve a mirar con mayor atención a su vecindad inmediata en el Caribe, tanto en comercio como en seguridad, migración y tecnología.
nal y análisis estratégico. A ello se suma su dominio funcional del español y una identidad cultural marcada por sus orígenes familiares, factores que le permiten moverse con soltura en entornos multilaterales y regionales.
CCAMPOS ASUME LA MISIÓN CON UNA agenda definida y una trayectoria poco convencional para el servicio exterior tradicional. En su perfil cconvergen formación académica, experiencia en inteligencia, conocimiento amplio del aparato legislativo estadounidense y un paso reciente por el sector privado tecnológico. Licenciada en Ciencias Políticas por Arizona State University y con una maestría en Asuntos Públicos e Internacionales por la University of Pittsburgh, su carrera se ha desarrollado en la intersección entre política pública, seguridad nacio-
Un perfil fuera del molde diplomático tradicional
Antes de llegar a Santo Domingo, Campos fue asesora estratégica senior en SAS, una multinacional estadounidense especializada en análisis de datos e inteligencia artificial. Ese paso por el sector privado reforzó una visión de la política exterior estrechamente vinculada a la competitividad tecnológica, la seguridad de las cadenas de suministro y el uso estratégico de los datos en la toma de decisiones. En su enfoque, la diplomacia no se limita a la representación política, sino que se articula como una herramienta para promover intereses nacionales en un entorno global cada vez más fragmentado y competitivo. Esa mirada se forjó, en buena medida, durante su etapa en el Congreso de Estados Uni-
dos. Entre 2013 y 2019, Campos se desempeñó como asesora senior del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, donde trabajó con el entonces presidente del comité, Ed Royce, en temas relativos al hemisferio occidental. En ese rol, fue la principal responsable republicana de los asuntos de América Latina y el Caribe, además de fungir como enlace clave con la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional. De manera paralela, entre 2013 y 2015, ejerció como directora de personal del Subcomité para el Hemisferio Occidental, una posición que le permitió conocer de primera mano los equilibrios políticos y las dinámicas institucionales que condicionan la política exterior estadounidense hacia la región.
“El éxito de la República Dominicana también es el éxito de Estados Unidos.”
Leah Campos
Su paso temprano por la Agencia Central de Inteligencia añadió otra capa a su perfil. Esa experiencia, sumada a su posterior incursión en la arena política —incluida su candidatura al Congreso por el noveno distrito de Arizona en 2012—, ha moldeado su pragmatismo.

En su nuevo rol como embajadora estadounidense en República Dominicana, el mensaje central es que la administración Trump busca reforzar su presencia y su capacidad de influencia
en el Caribe. “Demuestra a la región entera que el presidente quiere volver a concentrarse en nuestra vecindad”, dice. Desde su llegada, la embajadora ha dejado claro que uno de sus ejes centra-
les es la promoción de los intereses comerciales de Estados Unidos. En ese marco, ha subrayado las ventajas comparativas de República Dominicana: estabilidad macroeconómica, conectividad regional, cercanía geográfica y un posicionamiento creciente como hub productivo y logístico. Para Campos, el éxito dominicano y el estadounidense están interconectados. “El éxito de la República Dominicana también es el éxito de Estados Unidos”, dice. Ese enfoque se proyecta con especial fuerza en sectores de alto valor agregado. Tecnología, ciberseguridad, dispositivos médicos y semiconductores figuran entre las áreas donde la relación bilateral puede escalar en sofisticación. No es casual que mencione con frecuencia a Arizona, su estado natal, como epicentro de la industria de chips en Estados Unidos. Desde su perspectiva, existen oportunidades para conectar cadenas de valor, atraer inversión y posicionar a República Dominicana como un socio relevante en ecosistemas tecnológicos, siempre bajo criterios de seguridad y estándares internacionales.
Migración, Haití y responsabilidad compartida
En materia migratoria, su postura es alineada con la narrativa de la administración Trump. Habla de orden, control fronterizo y responsabilidad compartida, al tiempo que reconoce las presiones que enfrentan los países de origen y tránsito. Haití ocupa un lugar central en esa agenda. Campos sostiene que la estabilidad haitiana no puede recaer exclusivamente sobre República Dominicana y que la respuesta debe ser internacional. “En Estados Unidos se entiende en general que la responsabilidad de ayudar a que Haití sea un país más estable no debe recaer solo en la República Dominicana, sino que debe existir una solución más internacional”. De ahí su insistencia en el compromiso de Estados Unidos y el trabajo conjunto con otros actores, reconociendo al gobierno dominicano como un aliado importante en el Caribe.
