Por maravillosa o terrible que sea, la realidad se puede transformar en monotonía. Aunque parezca increíble, los seres humanos somos capaces de acostumbrarnos a los hechos cotidianos y, en muchas ocasiones, hacemos todo lo posible para repetirlos: vamos de antro en antro, de relación en relación, escuchamos casi la misma música, incluso repetimos dinámicas generacionales. Creamos vidas monótonas: hay personas que pueden ver una y otra vez la misma historia, la viven y prolongan, justo como los niños cuando les gusta una película o quieren que se les relea el mismo libro mil veces. Tal vez lo que nos atrae es que lo verdaderamente extraordinario parece imposible en el día a día. Debido a esta extraña peculiaridad, los seres humanos somos los únicos que nos contamos y contamos historias. Éstas nos permiten experimentar las vidas que tal vez jamás viviremos; afrontar las aventuras que nunca nos tocarán, y, por supuesto, nos dan la oportunidad de adentrarnos en mundos lejanos a los nuestros...