"Patriarca tus pesadillas son nuestros sueños"
EN OTRAS PALABRAS . . ♦ Graffitti anónimo, de una calie de Buenos Aires
Publicación especializada del Grupo Mujer y Sociedad de la Universidad Nacional de Colombia la C o r p o r a c i ó n Casa de la M u j e r de B o g o t á , y la F u n d a c i ó n P r o mu j e r
Sociedad
Santafé de Bogotá D.C., Colombia Julio - Diciembre de 1996
CA)
LU Q¿ LU D
c/} < <
^
CL
Equidad para las Mujeres
O < O “
a —j ^
Z
o u ^
Z _ u u
La Dirección Nacional de Equidad para las Mujeres tiene la misión de institucionalizar la equidad para las mujeres,en la agenda del desarrollo social, económico, político y cultural del país. Esta misión parte de un enfoque de igualdad y equidad que integra los proyectos específicos para las mujeres a las políticas macro. Reconoce las diferencias sociales, culturales, económicas que existen entre hombres y mujeres y admite la división sexual del trabajo tanto en el plano material, como i i 111 11- -i I \ / c i m h r \ 1 i n r \ en eselI r* cultural y simbólico. Para garantizar el cumplimiento de la misión, se crea por la Ley 188 del Plan Nacional de Desarrollo de 1995, la Dirección Nacional de la Equidad para las Mujeres, y con el Decreto 1440 del mismo año, se le asigna el carácter de Unidad Administrativa Especial, adscrita al Departamento Administrativo de Presidencia de la República, como patrimonio, administración y presupuestos autónomos.
^
El compromiso de la Dirección es atender las demandas de las mujeres en su lucha por el
TT
ejercicio pleno de su ciudadanía.
"Patriarca, tus pesadillas
EN OTRAS
son nuestros sueños" Graffitti anónimo, de una calle de Buenos Aires
Publicación especializada del Grupo Mujer y Sociedad de la Universidad Nacional de Colombia la C o r p o r a c i ó n Ca s a de la M u j e r de B o g o t á , y la F u n d a c i ó n P r o m u j e r
Mujeres,
Salud y Sociedad Esta edición es posible gracias al coauspicio de: La Dirección Nacional de Equidad para las Mujeres y La Red de Solidaridad Social de la Presidencia de la República de Colombia.
Santafé de Bogotá D.C., Colombia Julio - Diciembre de 1996
EN OTRAS PA LA BRA S
C O N T E N I D O
E d i t o r a s Grupo M ujer y S ocied ad de la U niversidad N acional de C olom b ia C orporación C asa de la M ujer de B ogotá, Fundación Promujer.
R E H A C IE N D O SABERES
9
Eva Giberti
Mujer, Enfermedad y Violencia en Medicina
C oordinación editorial: F lorence T hom as Juanita Barreto G am a María E ugenia Sán ch ez G ó m ez Margarita E scobar D e A ndreis
Angela Ma. Estrada
La reconstrucción de la solidaridad entre mujeres
Florence Thomas
M aternidad y Gestación de vida
35
C o n s e j o E d i t o r i a l : Juanita Barreto. María E lvia D o m ín g u ez, G uiom ar D ueñas, M argarita Escobar, A n gela María Estrada. Beatriz García, M aría C ecilia G on zález, Yolanda G o n zález. Patricia Jaram illo, Martha L óp ez, Patricia Prieto, Yolanda Puyana, E lsa O lid R ondón, María E ugenia S án ch ez, Luis Santos. C irce S en cial, Florence T h om as.,
Guiomar Dueñas
La reconstrucción de la solidaridad entre mujeres
43
Maria Himelda Ramirez
Enferm edad y muerte de mujeres en la Colonia
49
S U E Ñ O S, IM A G EN ES Y SIMBOLOS
D iseño y diagram ación: C reativos A ndrés Y epes S.
SAJA
F o t o s d e la s I l u s t r a c i o n e s : Sandra Peña
Sonia Solarte
Conmemoración de la Ausencia
69
Margarita Escobar
Délos abismos del cuerpo
ji
Martha López
Sombras, grietas y espejos
D O S S IE R
A s e s o r í a E d i t o r i a l : C arlos Uribe de los R íos
Margarita Escobar
Alternativas de calidad en salud reproductiva
jty
C ol a b o ra n en este número: E va G iberti. A n gela M aría Estrada, Florence T hom as, G uiom ar D ueñas, M aría Im elda R am írez. S on ia Solarte. Margarita E scobar D e A ndreis, Martha L ópez, María Isabel Plata, N o h em a Hernández, M aría L ucía R apacci, M arcela R odríguez, S ilv ia G álvis, Juanita Barreto, María E lvia D o m ín g u ez, Yolanda Puyana.
Maria I. Plata
El ejercicio de tres derechos reproductivos en Colombia
87
Nohema Hernandez
Un abismo de tristeza... La depresión en la mujer
92
Maria L. Rapacci Marcela Rodriguez
Puntadas para recuperar la utopía de la salud
1IOO
C R O N IC A S Y E N T R E V IS T A S
I m p r e s i ó n : Imprenta de la U niversidad N acional de C olom bia. Coordinación administrativa, circulación , su scrip cion es y publicidad: X atlí M u rillo-S encial. A venida 39 N o. 19-23 Santafé de B ogotá - C olom bia. Tel. 245 16 78 - F a x 211 22 30
Silvia Galvis
Mi corazón ha estado siempre a la izquierda
Juanita Barreto Maria E. Dominguez
Ei problema de los géneros en el consultorio
H0 9
119
N O T IC IA S E N O T R A S PA LA BR A S Yolanda Puyana
Los estudios de género en la Universidad Nacional
iijn
O f i c i n a s :
LAS M U JE R E S Y LOS LIBROS
Av. 3 9 N o. 19-23. Tel. 245 16 78. Grupo M ujer y Sociedad: U niversidad N acion al de C olom b ia, C ES, U nidad C am ilo T o n es, B loque B 5-6. O ficin a 614. Tel. 368 13 21 - Fax 211 22 3 0 C orporación C asa de la Mujer: Carrera 28 N o. 5 1 -2 2 . T els. 3 1 2 5 0 7 1 ,3 1 2 5 0 7 8 .
La mujer fragmentada, Lucia Guerra
*39
Psicoanálisis y feminismo: Pensamientos Fragmentarios, Jane Flax
1142
E. mail: C asm ujer@ C olnodo.apc.O rg Fundación Promujer I S S N
En
T r a m i t e
“El futuro no es una página en blanco es una f e de erratas (Mario Benedetti) ”
Aprender a escribir “En otras palabras... es un proceso difícil y en el camino se nos fueron dos grandes errores ante los cuales acudimos a la comprensión de nuestras lectoras y lectores: ”
En la tabla de contenido donde dice: G uiom ar D ueñas debe decir: G uiom ar D ueñas
La reconstrucción de la solidaridad entre m ujeres Infanticidio y aborto en la C olonia
En la Presentación, página tres, segunda colum na, el segundo párrafo
debe leerse así:
Sin em bargo si las conquistas políticas y los efectos sociales de estas luchas están relativam ente reconocidos, el esfuerzo que las m ujeres tenem os que llevar a cabo hoy para cuestionar el cam po de los saberes constituidos y reinterpretar los discursos dom inantes del pensam iento m oderno es de m ucho m ás difícil divulgación y conocim iento. Es así com o fuim os pasando de una práctica m ilitante y tangible que logró im poner una evidente visibilización de las m ujeres com o sujetos de derecho, a prácticas sistem áticas de reflexión e investigación sobre la cuestión fem enina. Por m edio de una vuelta a las disciplinas de la ciencia social y de un cuestionam iento de sus principales aprioris históricos, se pretende introducir la perspectiva de género com o m irada obligada para transform ar los procesos de producción, circulación, utilización de conocim ientos y propiciar nuevas alternativas de interlocución entre la academ ia y las diversas esferas de la práctica social. Las m ujeres hoy tom am os la palabra, deliberam os, reflexionam os, escribim os. N os tom am os la palabra porque sentim os que no es posible continuar siendo habladas por los otros; porque no querem os conform am os con los parám etros epistem ológicos y de escritura tradicionales; porque es un im perativo para una sociedad pluralista que busca la dem ocracia recuperar la riqueza de las particulares m aneras com o las m ujeres habitan el m undo, y porque estam os en condiciones de controvertir concepciones tradicionales que asum en la producción académ ica fem inista com o un conocim iento de segundo orden.
Nos entristecen los diablillos de edición y confiamos en que sabremos domarlos en el camino...
P R E S E N T A C I Ó N Los procesos de c o n s tr u c c ió n del sab er y de legitimación del conocim iento se h an regido por intereses h o m o g e n e iz a n te s an im a d o s por una lógica excluyente en la cual se han co nstituido c o m o m o d e lo s p a ra la e s p e c ie h u m a n a , el pensamiento occidental y la im agen de u n sujeto masculino judeo-cristiano de raza blanca, ligado a los sectores que d eten tan el poder. Este su jeto se ap ro pió del lenguaje, p rincipal vehículo de circulación de los saberes, germ en de las representaciones del m u n d o y d eterm in a n te de nuestro actuar en él. A través de la escritura que d u r a n te m ilen ios fue de su exclusividad, acordó cómo se debía hablar, escribir, investigar y sobre todo determ inó qué merecía escribirse y qué debería incluir y excluir n u e s tra m em o ria colectiva. Es así com o las m ujeres fueron invisibilizadas pero sobre todo silenciadas, y su presencia de las mujeres en la historia objeto de interpretaciones que han opacado el significado de sus prácticas sociales. Ello n o h a im p e d id o q u e d esde las mujeres se h ayan gestado paulatinos y difíciles procesos orientados hacia el reconocim iento y la legitimación de sus pensamientos, sus acciones, sus proyectos y sus sueños, en todos los ám bitos de la vida social. Después del largo proceso histórico de silencios, d e s c o n o c im ie n to s y s u b o rd in a c ió n fem e n in a, p r o d u c t o de u n a ló g ic a p a t r i a r c a l q u e ha atravesado de m u y diversas formas a hombres y m u je re s , los siglos XIX y XX, de m a n e r a especial, h an sido escenarios de un le n to pero p r o f u n d o p ro c e s o de r e c o n o c i m i e n t o de las mujeres como sujetos históricos y políticos. Ello ha sido posible gracias a los p e n s a m ie n to s y acciones de grupos de mujeres conscientes de la n e c e sid a d de lu c h a r por sus d e r e c h o s co m o c i u d a d a n a s y de r e c l a m a r a l t e r n a t i v a s económicas, políticas y culturales que eliminen los alcances de la discriminación de género. Más recientemente, grupos de mujeres em peñados en
la d e c o n stru c c ió n de los parad ig m as trad icionales de fem in id ad y m ascu linidad, se pregu ntan por la diferencia y la igualdad y van logrando resignificar las identidades de género. Sin em b arg o si las c o n q u is ta s po lític as y los e f e c to s s o c ia le s de e s t a s l u c h a s e s t á n re la tiv a m e n te reconocidos, el esfuerzo que las m u jeres te n e m o s que llevar a cabo h o y para cuestionar el cam po de los saberes constitnales; p o r q u e es u n i m p e r a ti v o p a ra u n a so cied a d pluralista que busca la democracia recuperar la riq u ez a de las p a rtic u la re s m a n e ra s com o las mujeres habitan el m undo, y porque estam os en c o n d i c i o n e s de c o n t r o v e r t i r c o n c e p c io n e s t r a d i c i o n a l e s q u e a s u m e n la p r o d u c c i ó n académica fem inista com o un conocim iento de segundo orden. Es necesario por ta n to fortalecer los espacios que p e r m i t a n m o s t r a r el f u n c i o n a m i e n t o de los d is c u r s o s del p o d e r q u e g o b ie r n a el m u n d o invisibilizado de lo femenino. El tem a de mujer es p r i o r i t a r i o en los d e b a t e s a c t u a le s de la modernidad y postm odernidad. La construcción de id e n tid a d e s es u n p u n t o s u s t a n c i a l de la discusión ética. La pregunta por el ser femenino, su presencia y sus aportes a la construcción de la cultura, está descentrando al sujeto soberano del conocim iento y plantea una nueva sensibilidad p a ra u n a a l t e r n a t i v a d e m o c r á t i c a c a p a z de reflejar las diferencias y de preguntarse por su razón de ser y su sentido. Las m u jeres nos to m a m o s la p alab ra p o rq u e q u e r e m o s c o n t r i b u i r en los p r o c e s o s de c o n s tru c c ió n de un a n ueva ética en la cual se r e d i m e n s i o n e n los c o n c e p t o s de po d er, de j u s t i c i a , de ig u a ld a d , de s o lid a r id a d y de c o n v iv e n c ia ; p o r q u e q u e r e m o s r e p e n s a r el s e n tid o de la p a rtic ip a c ió n d esde u n a n u e v a m a n e r a de a s u m i r y c o m p a r t i r los e s p a c io s p r iv a d o s y p ú b lic o s , y p o r q u e to d o ello es n e c e s a r i o en los d e b a t e s y p r o y e c t o s dem ocráticos, y en la búsqueda de alternativas
CD
CD
que h an acom pañado la historia de nuestro país y del m undo. Para pensar y reflexionar sobre estos procesos es necesaria una mirada plural e interdisciplinaria, donde converjan t a n t o los saberes racionales, cien tíficos y académ icos com o el arte y las expresiones testim oniales y experienciales. Por to d o lo anterior, quienes integram os el G rupo M ujer y Sociedad de la Universidad Nacional, la Corporación Casa de la M ujer de Bogotá y la Fundación Promujer, sentim os que es u n m o m e n to o p o r tu n o para te n e r n u e s t r o p r o p io e s p a c io de e s c r i t u r a y d iv u l g a c ió n p a ra n u e s t r a s r e f le x io n e s y trabajos. U n espacio para in tro d u c ir otras voces y otras m iradas sobre el m undo. Un e s p a c io q u e f a v o r e z c a u n a e s c r i t u r a de m ujer, d e c o n s t r u y a p a u l a t i n a m e n t e los discursos convenidos y genere nuevas voces. Este proyecto de revista concreta un viejo a n h e lo de po seer u n espacio n u e s tr o , un e s p a c io p a r a el “e n t r e - e l l a s ”, p a ra el “n o s o tra s ” abierto por supu esto tam b ién al “n o s o t r o s ” , es d e c ir a los h o m b r e s q u e c o m p a r t e n c o n n o s o t r a s la n e c e sid a d de c u e s t i o n a r los v ie jo s p a r a d i g m a s de feminidad y masculinidad. La revista co ntribuirá desde una mirada de m ujer a crear una cultura de la vida sobre la m uerte y de la tolerancia sobre la violencia, aceptando el conflicto como parte de la vida y form ulando una propuesta dem ocrática y ética radical.
I / I Ó I D A T I / I 3 2 3 S1 S
E D I T O R I A L R eflexionar sobre los procesos que c o n flu y e n en la gen eración , el cuidado y el desarrollo de la vida y sobre las condiciones que la hacen digna y gratificante, es una necesidad de primer orden para la sociedad y p a r t i c u la r m e n te para las m u je re s , po r c u a n t o la salu d h a sido escenario de m últiples violencias invisibles, ta n to en el cam po de los d is p o s itiv o s d is c u rs iv o s c o m o en las p r á c tic a s a s is te n c ia le s que re p r o d u c e n las r e la c io n e s de p o d e r p a tria r c a l. En es te c o n t e x to , quisimos que el prim er num ero de la revista “En otras palabras..” fuera un hom enaje a la vida y para ello sus artículos dedican especial atención a las relaciones Salud, M ujer y Sociedad. La revista se ha estructu rado en cinco secciones: La primera pretende realizar recorrido s por el saber, re c o n o c ié n d o lo en c o n s tr u c c ió n y r e c o n s tr u c c ió n p e r m a n e n te s , por ello se d e n o m in a r á Rehaciendo saberes. La segunda, bajo el títu lo Sueños, imágenes y símbolos, se constituye en un espacio para el arte, la poesía y la literatura. El dossier será la tercera sección perm anen te y reunirá artículos específicamente r e f e r id o s a la t e m á t i c a c e n t r a l de c a d a n ú m e r o y p o r ello su de n o m in a c ió n variará; en este n ú m e ro la llam am o s ¡mujeres, a su salud!. Convencidas de la im portancia de poner en circulación voces de mujeres y hombres cuyas prácticas cotidianas tienen una significación relevante para u na reflexión sobre las relaciones e n tre los géneros, dedicamos la cuarta sección a Crónicas y entrevistas. Eventos, proyectos en m archa y divulgación de programas que p erm itan dar cuenta de la actividad que se desarrolla en el país o en el exterior alrededor de la tem ática de género, constituye el contenido de la sección Noticias en otras palabras... . Finalmente reseñaremos en la sección Los libros y las mujeres, publicaciones o docum entos que circulen en el país y perm itan continu ar profundizando en esta problemática. En este núm ero Rehaciendo saberes se orienta a com prender el im pacto de la ideología patriarcal y sus categorías de p en sam ien to sobre los c o n c e p t o s de s a lu d y e n f e r m e d a d y a d e v e l a r los p r o c e s o s de legitimación de la violencia de las prácticas médicas y sus particulares m a n ife sta c io n e s sobre el cu erp o fem enino . Ig u a lm e n te se pro p o n e generar n u evas in te r p r e ta c io n e s de viejas realidades que p e r m ita n resignificar las relaciones madre e hija ancestralm ente articuladas a la rivalidad y problem atizar la tam b ién ancestral m etáfora de lo femenino que identifica el ser m ujer con el ser madre. Finalmente busca recuperar un saber oculto, descubriendo prácticas, develando imaginarios y ritos en relación con la salud reproductiva y la enferm edad de las mujeres en la época colonial. La producción poética de tres mujeres abre con este núm ero la v entana a los Sueños, las imágenes y los símbolos sin los cuales la salud y la vida carecen de sentido.
J A 1
O T I
a
3
CD
E D I T O R I A L
Mujeres, a su salud!, invita a brindar por el reconocim iento de los derechos reproductivos de las mujeres; por la com prensión y recontextualización de la depresión, uno de los diagnósticos m as recurrentes de la salud m ental de las mujeres, que p erm itan enfrentar los abismos de tristeza derivados de los ideales femeninos trazados por el poder patriarcal y por la construcción de nuevas alternativas de calidad y calidez en la salud sexual y reproductiva de las mujeres.
La sección Crónicas y entrevistas se inicia con el relato de la vida de Cecilia Cardinal de M artín, un a de las primeras ginecólogas colombianas, contada por la escritora-periodista Silvia Galvis. Este relato nos perm ite ilustrar la riqueza de u n cam ino en el que se entrecru zan dificultades y alegrías en un p e r io d o r e c i e n t e de la h i s t o r i a en el c u a l, i r r u m p i r en e s p a c io s tr a d i c i o n a l m e n t e m a s c u l in o s r e p r e s e n t a b a tr a n s g r e s ió n y a c a r re a b a d iv e rs a s s a n c io n e s s o c ia le s . P o s t e r i o r m e n t e reco g e e x p e r i e n c ia s y reflexiones de c u a tr o pro fesio n ales de la salud sobre el significado de i n c o r p o r a r u n a p e r s p e c t i v a de g é n e r o s a su f o r m a c i ó n y e je rc ic io profesionales en este campo. Noticias en otras palabras... destina sus páginas esta vez a participar del nacim iento del ta n anhelado programa de estudios de postgrado, que ofrece u n a esp ec ia liz a c ió n en “ Planeación del Desarrollo con Perspectiva de Género” y un a m a e stría en “ Estudios de Género, Mujer y Desarrollo” , próxim os a iniciarse en el mes de agosto en la Universidad Nacional de Colombia.
Finalmente, los Libros y las mujeres, en este prim er num ero, reseña dos obras relacion ad as con la te m á tic a fem e n in a o de género que circulan actu alm en te en las librerías del país. Al poner en circulación este primer núm ero, queremos ofrecer a lectoras y lectores las páginas de esta revista invitándoles a participar en ella con sus com entarios, opiniones, sugerencias y ap ortes los cuales posibilitarán, a partir del segundo número, la creación de una nueva sección: Palabras de quienes nos leen...
&
J A I 51 O T I Q 3
R IE H A C It IE N ID) O
EV A G IBERTI
A N G E L A M A R IA ES TR A D A
S A B IE R IE S
M ujer, Enferm edad y Violencia en M edicina
La reconstrucciรณn de la solidaridad entre m ujeres: Un p u n to de vista alternativo sobre las relaciones m adre-hija.
FLO R EN C E T H O M A S
M aternidad y Gestaciรณn de vida: Su problem atizaciรณn al final del siglo.
G U IO M A R D U Eร AS
Pรณcimas de ruda y cocimientos de m astranto: Infanticidio y aborto en la Colonia.
M AR IA H IM E LD A RAM IREZ
Enferm edad y m uerte de mujeres en la Colonia.
R E H A C E 1E N DO) S A B E R ES
M UJER
Dedico éste trabajo a los médicos y a las mujeres médicas que cuidaron, respetuosamente, nuestros cuerpos y nuestras vidas. Y que mantienen su decisión a lo largo de los siglos. E. G.
La sexualidad de la mujer ocupa un papel preponderante en el discurso médico: el útero es el personaje privilegiado de esta preocupación.
ENFERMEDAD Y
EVA G IBERTI
A lo largo de la historia de la medicina se ha otorgado múltiples s e n tid o s a dic h a v iscera ( ta m b ié n a los o v arios, cu yo descubrimiento fue posterior); muchos de esos sentidos responden a mitos, creencias e ideologías in s titu id a s con p rete n sió n de cientificidad. De éste m odo el útero fue considerado fuente y motor de todos los trastornos de la salud de las mujeres. Aun hoy encontramos prácticas y afirmaciones que responden a prejuicios infiltrados en el pensamiento médico; gran parte de ellos asociados a la «inferioridad» de la mujer.
Profesora invitada por universidades argentinas y latinoamericanas. Asesora de la subsecretaría de la mujer. Socia fundadora de la Organización Nacional de Mujeres Italo-Argentinas y Directora del Area de Psicología y Comunicación de la misma. Cofundadora del Area: Mujer de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Autora de varios libros.
V IO LE N C IA No obstante, a lo largo de éste trabajo veremos surgir, como fuegos de a rtific io (que, a u n q u e perec ed ero s, se m a n t u v i e r o n incandescentes en la m em oria del género), la presencia de las mujeres que ejerciendo el arte de curar, ya fuese como sanadoras o médicas, desmentían las afirmaciones de inferioridad y señalaban los esfuerzos de un sector del género decidido a oponerse a la subordinación. Este trabajo no pretende aportar teoría acerca de lo psicosomático. Tan sólo formularé preguntas, cuya finalidad es llamar la atención acerca de la ausencia de ta le s p r e g u n ta s en los e s tu d io s tradicionales.
El presente articulo fue publicado inicialmente en'su versión original en: «La Mujer y la Violencia invisible» de Eva Giberti y Ana María Fernández (Compiladoras). Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1992. Su reproducción y reducción para éste número de la revista fueron autorizadas por la autora.
EN M E D IC IN A
CE)
Brevísim a m iscelánea histórica *
Los papiros egipcios de Kahun y Ebers (1900 a. de C.), considerados los documentos más a n tig u o s sobre c o n o c im ie n to s m édicos, enfatizaban acerca de la mala posición de la m a t r i z co m o re s p o n s a b le de m ú l tip l e s alteraciones de la salud femenina: dolores m u s c u la re s y de d ie n te s, ir rita b ilid a d y n e g a tiv a a le v a n ta rs e de la cam a. En el interior del cuerpo de la mujer habría un ser maligno responsable de las migraciones del útero (corrimientos en el interior del cuerpo) que produciría toda clase de ( 1) Pero com o la m edicina egi extenso período de tiempo, piarla co m o u n proceso alguna época las mujeres p ejercicio médico; así por Escuela de Medicina de S las Madres Divinas, especie de sacerdotisas, impa, enseñanzas fundam entalm ente s problemas ginecológicos a estudiantes sexo femenino". (2) En Grecia el corpus hipo c rá tic o ta m b ié n enfatizaba las patologías uterinas; recomen d ab a el m a t r i m o n i o t e m p r a n o co m o regulador de la uteridad y la sexualidad. Las jovencitas, en caso de no ser p ro n tam en te desvirgadas, podrían sufrir visiones, delirios y a n g u s ti a s d eb id o a q u e la sa n g re no encontraría rápidamente su salida.
u r Q.j
Aretaus, que data de los años 100, decía: “El útero se parece mucho a un animal. Se mueve hacia diversas partes del cuerpo, a veces llega hasta arriba, hasta la garganta, después hacia los lados causando opresión en los pulmones, el corazón, el diafragma, el hígado y los intestinos”. Platón y Aristóteles retom an la tradición hipocrática centrando en el útero migrador todos los males posibles
* Sólo se trata de una selección de textos históricos ideológicamente elegidos que no pretende abarcar la complejidad del tema.
CE)
e incorporan la famosa geografía corporal de dos almas: una alojada en lo alto, en el pecho, la del coraje militar; y la otra, asentada en el v ie n tr e , el lu g a r del deseo y la concupiscencia. Como las mujeres se definen por la m a triz, su alma correspondería al m undo de lo bajo y concupiscente.(3) La medicina griega es incorporada por los romanos, quienes aceptan la presencia de mujeres médicas. Sorano de Efeso escribió un libro de obstetricia dedicado a las estudiantes donde adem ás se discute la diferencia de sexos en cuanto a la forma de enfermarse: “se muestra partidario, en contraposición con los hipocráticos, de la tesis que sostiene que las mujeres tienen una forma característica de enfermar y deben ser tratadas por mujeres’'. cirio de la medicina quedaba a cargo de res pertenecientes a las clases altas y ían practicarla dentro de sus familias, tal o lo m e n cio n a el Libro de Scriboniu r su parte, Galeno (131-201 d. C.) habrá de re p ro d u c ir los e s q u e m a s p la tó n ic o s y aristo télico s: los h o m b re s serán secos y calientes y las m ujeres frías y hú m ed as. Frialdad que reitera su inferioridad respecto al varón; será un ser incompleto ya que, por fa lta de calor, sus g en ita le s no h a b ría n podido descender; de allí la mutilación que señala Aristóteles en su Tratado del origen de los animales ( Libro IV, Galeno), máxima au to rid tfd en tie m p o s ro m a n o s y a sus enseñanzas habrá de remitirse toda la Edad Media. La teoría de los úteros migratorios y el déficit que ello implicaba relacionada con la idea de desorden aportado por la mujer constituía u n a clave para la “ com prensión” de la fisiología fem enina, que de ese m odo era
R IE H A CII IE N ID) O S A IB’, IE R IES considerada socialmente inferior debido a su naturaleza; el discurso médico testimoniaba dicha “ inferioridad social” a p o r ta n d o su palabra “científica” al respecto. A su vez, las religiones no dudaban respecto de esta fisiología; el Levítico establece que la mujer m e n stru an te m antiene su impureza d u r a n te siete días y que q u ie n la to q u e c o m p a r tir á dic h a im p u r e z a . M a h o m a entiende que la menstruación es un mal; por eso será preciso m a n te n ! menstruantes hasta que vuelvan a ser En la a lta y baja Edad M edia, d iscu rso médico y cristianismo se oxigenara c a m e n te . La relig ió n s o s t ' mujeres no tienen alma, por lo cual serán f á c ilm e n te h a b i ta d a s p o r el d e m o n io . Resultará imprescindible cuidar su pudor, hecho que adquiere relevancia en los partos: sólo podrán ser atendidas por comadronas. Los hombres no podían presenciarlos ni au siendo médicos. Las escuelas de Medicin Padua, Montpellier y París no mención, la o b stetricia “ya que era un te, interdicto por la religión, las bii costumbres y el respeto humano” (5). d e t e r m in a qu e a lg u n o s de los d e s a b r im ie n to s de la Escuela M éd ica de Alejandría bajo el reinado de los Ptolomeos se relegaran al olvido; así por ejem plo la maniobra destinada a aliviar un parto con p r e s e n ta c ió n “ de nalga” . F re n te a esos problemas y siendo aún desconocidas las técnicas obstétricas se apelaba a descuartizar al bebé en el interior del útero utilizando agujas de crochet, práctica ejercida ta n to por médicos cuanto por parteras y que se llevaba a cabo sin anestesia, puesto que ésta aún no había sido inventada. Las m a t r o n a s y s a n a d o ra s c a re c ía n de a u t o ri z a c i ó n p ara a s is tir a clases de
p e rfe c c io n a m ie n to en las universid ad es, vedadas a las mujeres, aunque en algunos lugares de Europa se les permitía participar en ciertos cursos. Fue fam oso el caso de Jacob a Pelicier, p ro c e s a d a en 1322 por ejercicio ilegal de la medicina. Juzgada en París, do nde había seguido “ cursos especiales”, las principales acusaciones que se le formularon durante el juicio fueron: "curaba a sus pacientes de dolencias ternas y heridas o abscesos externos. Visitaba asiduam ente a sus enfermos, examinaba la orina tal como lo hacen los dicos, les tomaba el pulso y palpaba todas las partes del cuerpo". . *VrJ \\ testigos afirm aron haber sido curados por ella c u a n d o los m édicos h a b ía n fracasado. Estos argumentos fueron utilizados en su, contra puesto que no se la acusaba de incompetencia sino de haber tenido la osadía de c u ra r siendo m ujer. Esta p o lític a no coincidía con la de las Escuelas de medicina de El Cairo (tam poco con las de Toledo y Córdoba), donde existían clases para mujeres “ centradas en cuidados obstétricos, ginecológicos y de la primera infancia” .(6) “Las sanadoras eran las que se ocupaban de los del harén a los que los médicos no ter :ceso”.
En Salerno, en el siglo XI, se crea una Escuela de M edicina en la que aparecen m ujeres médicas, algunas de ellas profesoras: la más famosa fue Trotula, au to ra de dos libros, sobre clínica general uno y sobre tratam iento del recién nacido el otro. Sara St. Gilíes, en 1326, dirigió una Escuela de Medicina; pero en el siglo X IV encontramos documentos de excomunión de varias mujeres por ejercer la m e d ic in a sin licen cia. Y en 1591, en Inglaterra, Agnes Simpson fue quemada en la hoguera por haber in te n ta d o aliviar los dolores de parto con opio y láudano.
* En ¡os libros de Historia se encuentran los sustantivos parteras, matronasy comadronas como sinónimos, si bien un análisis más refinadopermite distinguirdiferencias.
O
La historia de las matronas y sanadoras de aquellas épocas muestra contradicciones que reclaman un abordaje histórico que excede éste trabajo. De cualquier modo, todos los testimonios sobre partos evidencian un alto riesgo para la madre y el niño, además de sufrimientos indescriptibles. No es frecuente que los h is to r ia d o r e s h a b le n de “ partos felices” o sin problemas. Renacim iento, llum inism o (siglos X V al XVIII): dos m om entos en la historia de nuestra sangre
D urante el Renacimiento se m antiene una visión de la m u jer que por una p a rte la muestra como inferior y maldita y, por otra, como cortesana seductora. Heredera de las c o rte s de a m o r y de los p o e m a s de los tro v ad o re s m edievales, su estad o oscila entre un extremo de idealización y otro de descrédito. A travesando los lím ites entre ambas épocas Ambrosio Paré escribe sobre la menstruación en el siglo XVI: "Las reglas provienen de una superfluidez de humores fríos y húmedos que las mujeres no pueden absorber a causa de su falta de calor. Si los hombres no tienen reglas es porque, en tiempos normales, su virtud natural, cálida y fuerte, dirige esa superfluidez. "(7)
Esas sup erflu ideces son peligrosísim as y deben ser evacuadas o digeridas: es sangre corrompida, form ada por residuos m elan cólicos, g en era d o ra de enferm edades, en especial de lepra. De allí el peligro que se hace correr a un niño si se lo engendra durante las reglas... El texto añade m uy poco a lo que ya había escrito en el siglo XlV Henri de Mondeville: Esa sangre es la muerte, la podredumbre amenazante y cuando después de la con cepción queda encerrada en los miembros
CD
del feto engendra la lepra, la rubéola y la viruela. Tal cual, en su Tratado de Cirugía. O
sea, la madre sería ía responsable de esas enfermedades en el hijo. Si nos retrotraemos al siglo I a. de C., Plinio el Viejo escribía en su Historia Natural: "Cuando la mujer en ese estado (menstruando) se aproxima, los vinos nuevos se agrian, los granos que toca se vuelven estériles, las plantas de los jardines se secan y los frutos de los árboles bajo los cuales ella se sienta, caen. (...) £7
bronce y el hierro se convierten en prea de la herrumbre y adquieren un olor repelente, los perros tranquilos /que han comido) se vuelven rabiososy su mordedura fatal. " (Las bastardillas me pertenecen). Estas apreciaciones que inspiraron las prác ticas médicas son omitidas en las infor maciones que de un modo u otro podemos obtener ias mujeres evitando así ia crítica social que p o r lo menos en la actualidad podríamos ensayar. El silencio intelectual e institucional de estos datos constituye un síntoma social y forma parte de una política destinada a mantener ia subordinación de género a través de ia ignorancia, silenciando i a historia de los abusos sobrellevados y padecidos. Es u n a d e s in f o r m a c ió n que invisibiliza la violencia. C ontinuando con los aportes de Servet, en 1650 H arvey descubre que el em brión se d e s a rro lla en u n h u e v o y qu e la m u je r produce un óvulo (célula) que será fecundado por el esperma del varón (en 1677, Hom y Leeuwenhoek descubren el espermatozoide). De éste modo se evidencia la responsabilidad de ambos sexos en la fecundación. Entonces la ta re a m a te r n a c o n c e p tu a liz a d a com o función se convierte en objeto de veneración y cuidado a través de la atención médica. Ello parece im p r e s c in d ib le no sólo por lo m iste rio so de su m a tr iz sino po rque no
R E H A C E E N D O* S A B E IR- E S c o n s ta que se h a y a d e s p re n d id o de sus cu alidades d e m o n ía c a s. Se p rivileg ia la debilidad de la mujer en razón de sus partos y e n f r e n t a m o s e n to n c e s u n a n u e v a ideologización del d iscurso m édico, que fom entará la ecuación que nos acom paña hasta hoy día: mujer igual útero igual madre.
(8) Foucault se refiere al siglo XVII señalando la represión sexual sobre la mujer asociada a la v a lo ra c ió n de sus p o s ib ilid a d e s co m o reproductora. Es una represión que formará p a rte del n a c ie n te o rd e n b u rg u é s, que considera incompatibles sexo (maternidad) y trabajo. Generalizando podríamos decir que en el siglo XVIII aquella conducta que se diferenciara de la m aternidad colocaba a la mujer en situación de riesgo. Sin embargo en esa época se inicia una serie de juicios por o contra mujeres y ganados por ellas en lo que habría de ser un relámpago anticipato rio de la lucha por sus derechos. Isabelle Vissiére * describe varios de ellos, de los cuales selecciono el de M m e. B la n ch ard , ocurrió en Rouen, 1772.(9) Desde fines del siglo XVIII se in sta ló en ciertos lugares de E uropa la c o s tu m b r e de recurrir a los médicos cirujanos para 1 acompañar los partos. Eran los tiempos de la Enciclopedia y parecía "más racional" hacerlo de ese modo, a pesar del pudor de las mujeres. En ese entonces había dos estilos de p a rte ra s : las m a tr o n a s que tr a b a j a b a n especial-mente en áreas rurales, no tenían diploma alguno y eran miradas con sospecha por la Iglesia, que les adjudicaba poderes ocultos; y las sages-femmes, algo así como obstétricas diplo-m adas, que sólo podían trabajar bajo la dirección del médico. En Rouen, el caso Blanchard fue un intento de corporación médica para desacreditar a las mujeres y un m ovim iento masculino para
frenar su participación en la vida profesional extrahogareña. Cierto día, Mme. Blanchard es llamada de urgencia por una parturienta con hemorragias intensas y un embarazo de siete meses. Ocupada profesionalmente en ese m o m e n to , s o lic ita se a y u d a al Dr. D rouet, a quien ella había iniciado en la obstetricia. Este médico, en tendiendo que aún no era el tiempo del parto, se retira sin o c u p a rs e de la h e m o rr a g ia . M o m e n t o s después llega la partera, quien permanece con la paciente siete horas hasta yugular la hemorragia. Pocas horas más tarde se inicia el trabajo de parto: una presentación posterior, de modo tal "que el bebé mostraba un pie". Según reza el docu m en to histórico, Mme. B la n ch ard m a n d a lla m a r al m é d ico y mientras comienza a trabajar advirtiendo la gravedad de la madre y la debilidad del bebé, que, según había podido ver, era una niña. N o o sab a t e r m i n a r el p a r to p o rq u e la colocación de la criatura era riesgosa y un m al m o v i m ie n to podía f r a c tu r a r le el cuello. Por fin logra sacarla hasta los omóplatos. Pero esperaba el mom ento en que pudiera rotarla para extraerla. A parece en ese i n s t a n t e el d o c to r Drouet, insulta a la partera por haberse atrevido a proceder y le prohíbe seguir ( tr a b a ja n d o , M m e. B la n ch ard le solicita un cuarto de hora más para p o d e r h a c e r el m o v i m ie n to de rotación. El se mega, tira su abrigo por el suelo y continúa insul-tando a Mme. Blanchard, de modo tal que la familia de la parturienta le solicita que ceda su lugar al doctor. Ella le advierte: "Doctor, dejando de lado los insultos le hago notar que el bebé tiene la boca apoyada sobre el hueso pubis de la madre, del lado de la cadera derecha. Tenga cuidado porque se le pueden quedar entre las manos la paciente o el bebé". El médico no hizo caso y decidió transportar y colocar en otra posición a la mujer sobre la cama moviéndola con el bebé colgando y a m e d io salir; u n a vez a c o m o d a d a de esa
* Agradezco a María Walsh el haberme regalado esta obra, fundamental para nuestro trabajo.
CD
forma, lo que d eterm inó que la mujer se hasta quedar absolutam ente desposeída. El desmayase, continuó la tarea. Empezó por P a rla m e n to de R o u e n descargó a M m e. bajar los brazos del bebé que todavía estaban Blanchard de la causa iniciada contra ella, dentro de la madre manteniendo la abertura condenó al colegio de médicos cirujanos a vaginal de modo que hubiese perm itido el pagar 1000 libras de intereses por los daños p asaje de la c a b e cita. Los d e s c e n d ió y q u e la o b s té t r ic a s u frie ra , o rd e n ó la pretend ió sacar al bebé de u n solo golpe. supresión de los térm inos injuriosos y los Pero, al haber bajado los brazos de la criatura, datos calumniosos insertos en el texto de el pasaje vaginal disminuyó y se entrecerró. d e n u n c ia y a u t o r i z ó la im p re s ió n y La maniobra del médico desprendió la cabeza distribución de 50 afiches con la sentencia, del bebé del cuerpo. Sólo se m antuvo unida cu y o s g a s to s c o r rie ro n a cargo de los al tronco por una larga piel de dos dedos de a n c h o . F re n te a e s ta i n c o m p e t e n t e maniobra, el doctor Drouet hizo mover a la D u r a n t e el I lu m in is m o e x istió cierta mujer sobre la cama volviéndola a la posición conciencia respecto de la situació n de la inicial, sin conseguir sacar la cabeza de la mujer, lo cual, sin m odificarla, producía c r ia tu r a . Llegó e n t o n c e s u n a l u m n o de sentencias de esta índole. He utilizado éste Drouet, cirujano, que había sido llamado por espacio para n arrar los avatares de Mme. él y a quien le correspondería hacerse cargo _ Blanchard porque estoy convencida de que del final de éste parto: ob tener la cabeza las m u je re s d e b e m o s c o n o c e r n u e s tr a entera del bebé que permanecía en el interior historia y a sus protagonistas, de la madre. * = ' Mme. Blanchard es citada ante la Justicia por denuncia de la corporación médica de Rouen; acusada de llevar adelante prácticas para las qu e no e s ta b a p re p a ra d a , se la hace responsable de lo ocurrido y se la utiliza co m o ex cu sa p. ara a firm a r, en u n largo _ alegato, que las obstétricas no son aptas para atender los partos y que ésta debe ser tarea exclusivamente a cargo del médico. El juicio donde figuran los alegatos de los defensores y la d e fe n s a a cargo de l a l m i s m a M m e. Blanchard es uno de los docu m en tos más e s c la re c e d o re s q u e p u e d a leerse para entender cuál era la política de la corpora ción m édica re sp e c to a las m u jeres que practicaban la obstetricia. Por fin, siete años después finaliza el juicio, ganado por Mme. Blanchard, cuyos antecedentes profesionales y p e rs o n a le s c o n s t i t u y e r o n el s o p o r te f u n d a m e n ta l de su triu n fo . Pero p rev ia m e n te perdió prestigio, clientela y dinero
Úteros, ovarios, vocación de mujer sin clitoris En el siglo XVIII se p ro du ce en Europa cierto florecimiento de la ginecología y obstetricia con la publicación de libros escritos por mujeres como: Candid Advice to the Fair Sex on the Subject of Pregnancy, de Marta Means. Estalla una polémica sobre la dedicación de hombres y mujeres a la obstetricia que a su vez da lugar a otro libro:
La petición de ios niños no nacidos a ios Censores de! Reai Colegio de Médicos de Londres, en el que se ridiculiza a los hombres que practican la obstetricia".(10) El c a p ita lis m o in d u s tr i a l del siglo XIX ratifica la posición social de la mujer, ahora servidora de los hijos y responsable por ellos. El discurso médico aparece revalorizando la f u n c ió n m a t e r n a y la u te rid a d si se lo c o m p a r a con épo cas a n te r io r e s y se
* Al respecto quiero citara Lidia Falcón en LaReproducción Humana donde cuestiona rigurosamente, lo que se entiende por «naturalidad del embarazo y del parto», describiéndolas patologías y riesgos que acompañan o pueden acompañar y las huellas que tales funciones dejan, aunque se trate de partos y embarazos «perfectos».
R IE H A C 1! IE N ID) O S A B IE R IES reconocen las patologías de la reproducción * disminuyendo la fuerza de los mitos. Pero, a pesar del nuevo enfoque, dicho discurso acerca de ia fisiología de ia mujer no se diferenciaba demasiado de lo que habían sostenido sus antecesores, en el siglo I a. de C„ y en ei Medioevo: se seguían definiendo las funciones femeninas com o in trín secamente insanas. Las menstruaciones eran consideradas síntomas de mala salud que exigían reposo: "El flujo menstrual aqrava cualquier molestia uterina previa y vuelve a avivar con facilidad las llamadas adormecidas del mal".(11) Las menstruaciones dolorosas eran, para los médicos, consecuencia de una constitución irritable o de hábitos indolentes (13): "El tratamiento de la amenorrea o menstruacii suprimida era similar al de la anemi, laxantes, diez gotas de tintura de yodo, aceite de hígado de bacalao, estimulación del apetito con quina, un par de copas de opon por día. Si se la consideraba un problema moral, lo mejor era un colchón de paja y uj baño hirviente". "La menopausia es una enfermedad incurable, la muerte de la mujer dentro de la mujer". Se consideraba que la tuberculosis era desatada por el aparato genital y se la m o s tra b a com o m o d e lo de e n fe r m e d a d fem e n in a por la frag ilid ad de su p r o t a gonista: palidez, piel tran sp are n te, labios encendidos. Era el m ito de la mujer tísica a c o m p a ñ a d o por el r o m a n t ic i s m o de la época. La m edicin a a trib u ía cu a lq u ie r m o lestia fem enina a defectos co ngénitos o a toda a c tiv id a d que saliera del m a rc o de las consideradas femeninas: exigencias sexuales, competencias atléticas, bailes repetidos. Por eso, cu an d o c o m e n z a b a la m e n arca, las
mujeres de clase alta guardaban cama para no m a lg astar energía disponible para esa función. (De allí los educadores concluyeron que estudiar podía resultar fisiológicamente pelig ro so p a ra la m u jer, u n d e s g a s te "añadido".) (14) En su obra Las enfermedades de las mujeres -1849- Hollick escribe: "No debe olvidarse que la Matriz es el órgano que controla el cuerpo femenino pues es el más excitable de todos y se halla vinculado con todas las demás partes del cuerpo a través de las ramificaciones de sus numerosos nervios". Y en 1870, el Dr. V.W. Bliss: "Si admitimos el gigantesco poder de influencia de los ovarios en la economía animal de la mujer: si pensamos que son los agentes más poderosos de todas las condiciones que afectan a su organismo y que de ellos depende su reputación intelectual en la sociedad, su perfección física y todo lo que da belleza a sus finos contornos, constante objeto de admiración; así como todo lo que en ella hay de grande, bello y noble, lo que es voluptuoso, tierno, seductor. Si pensamos que su fidelidad, su
devoción, su perpetua vigilancia, su intuición ' todas aquellas cualidades de la mente y ei 'arácter que inspiran respeto y amor, y la convierten en la más segura consejera y amiga del hombre, tienen su origen en los ovarios...¿Cuál no será la influencia y poder de estos órganos sobre la gran vocación de la mujer y los augustos fines de su existencia cuando los ataca la enfermedad? ¿Cómo esperar que la trayectoria de la mujer en el cumplimiento de su misión sobre la tierra no sea una su cesión de penas, sufrimiento y múltiples dolencias, todas ellas provocadas por la influencia de tan importantes órganos?" (15) (Las b a s ta r d illa s me pertenecen).
La práctica médica diagnosticaba desde el dolor de cabeza hasta la indigestión o el dolor de garganta como producto de la alteración uterina. En 1869, el Dr. Diriz escribiría: "Se habla para las mujeres de dolencias del estómago, hígado, los riñones, el corazón, etc.; sin embargo en la mayoría de los casos, si se investiga a fondo se descubrirá que estas enfermedades no son tales sino reacciones reflejas o los síntomas de una sola enfer medad, concretamente la enfermedad de la matriz. "(16)
Con respecto a los métodos terapéuticos para el tra ta m ie n to de los trasto rn o s uterinos, Hollick, en 1849, recuerda la aplicación de sanguijuelas en los labios vulvares o bien provocando lo que se llamaba una co n tra irritación si se pensaba que existía irritación genital que consistía en provocar la aparición de llagas en las ingles y muslos. La aplicación de sanguijuelas sobre los pechos ta m b ién podía resultar eficaz, según recom endaba éste ginecólogo, y en algunos casos también se aplicaban sanguijuelas en el cuello del útero. El aislamiento psíquico y la perm a n en cia en cam a d u r a n te m eses era o tra te ra p é u tic a recom en dada para el n e r v io sismo, así como los baños calientes y una a lim e n ta c ió n sin carne ni especias. Los tratamientos más brutales se aplicaron en el campo de la cirugía por medio de la ablación del clitoris y la extirpación de los ovarios, c o n s id e r a d o s p r o d u c to r e s de g ra n d e s dolencias. Entre 1860 y 1890 se realizaron en EE.UU. miles de intervenciones sobre los ovarios con criterio preventivo, para aquellas m ujeres de carácter díscolo, con excesiva a fic ió n a la co m id a y las in c lin a c io n e s eróticas. Algunos médicos afirmaban haber extirpado entre 1500 y 2000 ovarios y, según n a r r a Baker Benfield, "los exhibían en bandejas como trofeos en las reuniones de asociaciones médicas". (17)
La clitoridectomía avalada como hecho ritual se practica aun hoy entre los somalíes, los coptos, los egipcios, Sudán, Chuncho (Perú), en bastísimos territorios africanos y asiáticos y en algunas regiones de Australia. En 1960 in te rv in o la O rg anización M un dial de la Salud, sin resultados: se sigue practicando en u n n ú m e ro s ig n ific a tiv o de países.* Su finalidad sería privar a la mujer de una zona productora de un placer que no es necesario para la fecundidad. Lo que interesa en éste trabajo no se refiere al ritual en sí, sino a las justificaciones a cargo de los médicos. En 1858, Isaac Baker, presidente de la Medical Society of London, introdujo la ablación del clitoris para tratar lo que él llamaba las consecuencias de la excitación periférica. Según él, dich as consecuencias in c lu ía n la ep ilep sia, la histeria y los tr a s t o rn o s co nvulsivos en g e n e ra l. (18) En 1866 publicó un estudio sobre 48 de estos casos. Marie Bonaparte, psicoanalista discípula de Freud, se ocupó del tem a propiciando la operación y argum en ta n d o que de éste m odo se suprim e una reliq iiia i n ú t i l del falo (Cf. en su obra Sexualidad femenina). En 1974, el profesor Pierre Hanry, especialista en erótica africana, postuló que "la escisión es una tentativa destinada a favorecer la integración sexual de la mujer en función de criterios estrictamente sociales. La vocación de la mujer de Guinea es la maternidad. La escisión suprime un órgano de placer estéril, por lo tanto asocial, para dejar subsistir, solamente, el órgano del placer fecundo, es decir, social". Fue en el Congreso Internacional de Sexología Médica. (19) (Las bastardillas me pertenecen). Con respecto a la histerectomía reproduzco p arte de u n repo rtaje que respondiera el psiquiatra Laing en la revista Reporter de Madrid (1977). Decía: “En la conferencia de Roma -de donde venía- los ginecólogos han
* Según datos de las Naciones Unidas. 30 países y 70 millones de mujeres.
RE HACHEN DO contado que la histerectomía era la respuesta a la anticoncepción, era una industria y por lo visto practicada por los médicos que no tienen el menor respeto por el problema emocional que supone para la mujer el hecho de perder su útero para siempre. Personalmente creo que la mayoría de los ginecólogos odian a las mujeres. La envidia uterina de la función biológica es posiblemente más profunda que la conocida envidia del pene achacada a las mujeres."
Años antes, un mártir de la medicina, el Dr. S e m m elw eiss, in g re s a b a en el h o s p ita l general de Viena, donde habría de librar la mayor batalla del siglo en defensa de nuestra salud, en tan to portadoras de úteros. Eran los tiempos en que la llamada fiebre puerperal mataba al 90 por ciento de las parturientas que ingresaban en la sala del Dr. Klin, a cuyas órdenes habría de trabajar Semmelweiss. En cambio, en la sala contigua, a cargo del Dr. Bartch, sobrevivía el 80 por ciento de las mujeres ¿qué sucedía allí¿ Que Klin y sus colegas consideraban la enfermedad como un mal im parable, "un tributo" que d ebían agar las m u je re s ... La ciencia m é d ica ablaba de una epidemia que se transmitía por la atm ósfera... H asta que en 1875 A. Gordon advirtió que las que morían debido a dicha fiebre siempre habían sido atendidas por m édicos que p re v ia m e n te se h a b ía n ocupado de otra enferma: es decir, se trataba de algo contagiado de un cuerpo al otro. Por su parte, Semm elw eiss descubrió que las parturientas que morían eran las que habían sido revisadas por los estudiantes al regresar de su clase, después de haber hecho autopsias sin lavarse las manos. Esto no ocurría con las comadronas que, al no hacer disecciones, no arrastraban gérmenes con sus manos. (20) Al publicar el trabajo in fo rm an d o su descu brimiento y exigiendo el uso de guardapolvo para los médicos y el lavado de manos "todos los médicos del hospital de Viena se lanzaron sobre el extranjero como una jauría rabiosa:
S A IB’. E R E S ¡estaba loco!". El prestigio de los médicos vieneses estaba en juego: era el año 1861 .
Poco más tarde Semmelweiss descubría que la infección no necesariamente llegaba desde los cadáveres: era suficiente con el contacto de las m anos para provocar la infección y obligó a los estudiantes a lavarse las manos co n s o lu c ió n de c lo ru r o cálcico. ¡la m o rtalidad d ism in u y ó a 0,23 por ciento! pero la oposición venció y debió abandonar el Hospital, expulsado. Su tesis, leída en la Academia de Medicina, fue rechazada y el Colegio Médico de Budapest lo reprendió s e r ia m e n te a d v ir tié n d o le que no debía persistir en promover sus ideas...Poco tiempo después Semmelweiss muere. Y las mujeres seguirán infectándose c u are n ta años más h a s ta que P asteur puede ver y to c a r los m icro b io s que S em m e lw e is s im ag in ara . "Sobre la pirámide de cadáveres de las madres, la ciencia avanzó un paso más." 1’ jW La dinámica horm onal y su relación con el psicosomático co nstituy e otro capítulo de enorm e trascendencia del cual solam ente e n u n c ia ré a lg u n o s p u n to s . Psicólogos y e n d o c rin ó lo g o s tr a b a ja n e n f a t iz a n d o la relación existente entre las emociones y las r e s p u e s ta s e n d o c r in a s y viceversa; actu alm en te es difícil que puedan aislarse para una p r o p u e s ta d ia g n ó stica. N o me o cu p a ré a q u í de es ta d im e n s ió n que ha producido distintos análisis. Pero recordaré las tesis de Benedek y Rubinstein vinculando hormonas y psicoanálisis. Estos autores plan tean que la psiquis fem enina reaccionaría "intensam ente (21) al comienzo de la producción de estrógeno; en respuesta a ello (las mujeres) tienen vivas representaciones sexuales a comienzos del ciclo y si el deseo sexual se satisface las repercusiones afectivas del incremento en la producción de hormonas son menos intensas" pero si no es s a tisfe c h o , la re a c c ió n p o d ría ser u n a
&
depresión; sostienen además que "en la fase premenstrual es momento en que con mayor facilidad se desarrolla una leve depresión, manifestándose entonces en forma de pasividad y dependencia, lo que puede ser interpretado por el hombre como una apetencia sexual". S im p lific a n d o : si la
c io n a lm e n te , co m o en el caso de las dismenorreas, a lo que se llamó retroversión uterina, u n c a p ítu lo clave para la comprensión de nuestro tema.
jtfjÜ & B S m El resto del trabajo de estos autores hace referencia a aquello que los psicoanalistas d e s c u b r e n en los s u eñ o s de m u je re s en situación premenstrual, pero sería necesario rev isar qué es lo que los p s ic o a n a lis ta s esperan encontrar de acuerdo con la teoría psicoanalítica, ya que ello puede modificar la observación y la interpretación.
A partir de 1900 la ginecología incorporó el co n ce p to de útero torcido, al cual se le adjudicaban las lumbagias, dismenorreas, dolores pélvicos, etc. Con lo cual "se fija en la mente de las enfermas una enfermedad imaginaria que las conduce a creer que están mal hechas; y por otra parte conduce al médico a quedarse con el diagnóstico por lo general imaginario sin buscar los reales motivos del trastorno".(24) En 1912, Bossi a trib u y e el suicidio al ú te ro torcido y lo d ia g n o stic a c o m o d e s e n c a d e n a n te . psicosis. Las cefaleas, las epigastralgias, la astenia, la polaquiuria, la constipación, se debían a la retroversión uterina.
Para algunos autores la tensión premenstrual es un típico ejem plo de tr a s t o r n o psicos o m á tic o (22) reg u la d o por in f lu e n c ia s h o rm onales y psíquicas, lo m ism o que la d ism en orrea. A p a rtir de los trab a jo s de M ayer se p lan tea la influencia del miedo a n t e la m e n s t r u a c i ó n c o m o f e n ó m e n o inducido por la cultura. Este autor habla de la dismenorrea como reacción de protesta contra alguien del entorno: padres, maestros, etc. Por su parte, Novack, en Estados Unidos, observa (23) la disminución de dismenorreas en re la c ió n co n el in c r e m e n t o de la educación sexual en la com u nidad. Estas o b s e rv a c io n e s ta m b i é n d e b e r ía n ser revisadas desde una m etodología rigurosa, pero interesa consignarlas en tanto implican nu ev as p ersp ectiv as d e n tro del discurso médico y forman parte no sólo de la historia de la m e d ic in a sino de la h is to r i a del tratam iento que recibieron nuestros cuerpos.
Mayer es quien sostiene que el capítulo de la retroflexion es una tragedia en tres actos: en el consultorio fijando la atención del enfermo sobre la anómala posición del útero, luego en el quirófano. Y el tercero correrá por cuenta del psiquiatra". En el curso de decenios "toda una generación femenina fue educada en una especie de sugestión colectiva a pensar que la retroflexion constituía una grave enfermedad". En 1908 empieza su campaña c o n t r a la id eología que e n c e rra b a el diagnóstico y en 1939 el tema se constituye en b a ta lla e n t re g in ecólog os. En 1925 Usandizaga sostiene que un elevado número de m ujeres en las que puede encontrarse retroversión no padece trastorno alguno. Y es M ayer o tra vez quien lanza la famosa frase: "Muchos conflictos psíquicos navegan por las clínicas bajo la bandera de la ginecopatía."
satisfacción o no del deseo sexual está en relación con u n a dep resión , e n to n c e s el grado de salud de la m u je r h etero se x u al depende del varón.
Frígidas, lascivas y con el útero torcido
In c lu id a s en la p a to lo g ía c o n s id e r a d a psicosomática, encontramos las lumbagias y el dolor pélvico que se adjudicaron tra d i
A c o m p a ñ a n d o la idea de la retroversión uterina aparecen posteriormente "la Magüita en el cuello del útero" y las in con tables cauterizaciones, junto con la cervicitis y la le u co rrea, c o n s id e ra d a s d e b ilita n te s del organismo.
R IE H A C ][ IE N ID) O S A B IER IES A comienzos del siglo las descargas del fluido blanco de la vagina producían perplejidad: se las llamaba flores blancas. Muchos médicos consideraban que su causa eran las lecturas eróticas, una pubertad temprana o difícil, la m a s t u r b a c ió n y la c o n c e n tr a c i ó n de sentimientos, pensam ientos y objetos que hacen que los órganos sexuales -decíanpermanezcan en un estado de "turgencia y excitación". Además, las inflamaciones de la vagina "eran debidas a la masturbación, coito, abstinencia, mantecados, té, alcohol, corsés demasiado apretados o leer novelas francesas".(25) Desde el comienzo de los tie m p o s sobrellevamos dos acusaciones mayores: una era la de lascivia y concupiscencia. No s o lam en te somos las que conducimos al h o m b re al p ecado m e rc e a a nuestros
d esenfren ad os deseos sexuales, sino que tam bién provocamos catástrofes por causa de ellos. En la historia escolástica {Fiat Super Genesium ex Metodió) "está dicho la causa del diluvio fue que las mujer transportadas de locura habían hecho mal uso de los hombres, estando éstos debajo y ellas encim a...". E sta h is to r ia ya hab ía com enzado con Lilith, antecesora de Ev. primera mujer de Adán que se negó ajcí *" a c o s ta d a siem p re d eb ajo del en frentándose con él y proponiei posición. Com o éste no transigid cambio que ella exigía argument "había sido hecha de barro por que él y por lo tanto no tenía por siempre debajo", Lilith se enfureció del paraíso. Figura en la m itología com o diablesa. (26)
La o t r a a c u s a c ió n es la frig id e z q ue se describe como síntoma y que actualmente se considera un insulto. Su historia deviene de la siguiente idea: siendo el placer innecesario para la gestación, era prescindible para la mujer. No siem pre del m ism o modo. Los teólogos del M edioevo bu scab an acordar entre el placer y la concepción. Creían que lo qu e lla m a b a n el s e m e n f e m e n in o era necesario para la procreación y que derivaba n a tu ra lm e n te del placer. Decían que "los niños concebidos con una madre que conocía el placer eran más bellos."(27) Entonces, la mayoría de los teólogos decidió que la mujer que controlaba su placer- “para no quedar embarazada"- cometía pecado. I i Jbi Para no abundar más en la acumulación de datos, solamente tengamos presente que respecto del placer-, ya fuese por una causa o por la otra, lo habitual era (es) recibir alguna clase de condena. O ser puesta bajo sospecha. >zar. O por no hacerlo. "
Palaf
¡cursos**
Las p a la b ra s q u e h a b l a n d o de n u e s tr a s e s p e c ific id a dflCT?V d ife re n c ia s p o d ía n representarnos co m o género, e s tu v ie ro n ausentes, históricamente, en la redacción de código s y en la to m a de d e c isio n e s e x tra d o m é s tic a s (por e n u n c ia r sólo dos ejemplos); tam bién carecimos de ellas y de posicionanftiento social para o p o nern os y c u e s ti o n a r lo qu e d i s t i n t a s c u l tu r a s afirm aban acerta de nuestros cuerpos. No o b s ta n te , d e n tro de algunos sectores (la familia, por ejemplo) nuestra palabra podía
* Para abundar en datos históricos acerca de la relación medicina-mujer, se sugiere la lectura de «El animal hembra: puntos de vista médicos y biológicos sobre la mujery su función en América siglo XIX», de C. Smith-Rosemberg y C, Rosemberg, en Presenciay protagonismo, de M. Nash (compiladora), Ed. del Serbal. Barcelona, 1984. En la misma obra «Las enfermedades de moda», de A.D. Wood. "Distingo palabra hablada y escrita, marcando la preferencia de la voz como «.metáfora de verdady autenticidad» al decir de Christopher Norris y siguiendo los planteos de Dernda.
lograr, a veces, sentidos reconocidos como valiosos y por su in te rm e d io crear o tras formas de cultura. Dice G. Andolfi: "...es el de las mujeres un fenómeno comparable al de otros grupos sociales explotados, sometidos a la presión ideológica de la clase dominante y que han creado una cultura indudablem ente subalterna, pero no inespecífica ni desprovista de valores universalizables" (citado por Celia Amorós en Hacia una crítica de ia razón patriarcal, Ed. Anthropos, Barcelona, 1985). P la n t e a n d o las cosas de é s te modo se evidencia que la "palabra" no puede ser c o n t e n id a d e n t r o de los lím ite s de la lingüística sino que remite a una teoría de ios discursos, como lo propone E. Verón (28) en ia que es fundamental la producción de sentidos. U n o de esos p r o d u c to s es la ausencia de protagonismo social de la mujer en ta n to instancia reconocida e historiada, Otro producto es la ausencia de documentos que nos p e rm ita n saber qué es lo que la mujeres dijeron a través de los tiempos. Son fenómenos sociales que se evalúan por una parte desde lo faltante; por otra, desde la existencia de las mujeres en la historia de la civilización como productoras de discursos que no fueron inscriptos en el orden de la escritura. A lo que añadim os la progresiva aparición de mujeres que reclamamos por los faltantes y evidenciamos su presencia. En el caso de é s te tr a b a jo , en el q u e yo me pregunto: ¿Existirá alguna relación entre esta ausencia de palabra socialmente reconocida y ios cuadros llamados Psico-somáticos teniendo en cuenta que éstos han sido vinculados con la capacidad de sim bo lización y con ia expresión (verbalización) de necesidades, así como con una excesiva adaptación a las exigencias del medio? La pregunta interesa frente a una clínica que no plantea diferencias entre una lumbalgia o una cefalea padecidas por un hombre o una
(E)
mujer, cuando se trata de un dato relevante vinculado con el modo en que cada género aprendió, h is tó ric a m e n te , a significar su cuerpo y sus funciones. Por ejemplo ¿Cuáles habrán sido lo significados otorgados a las menstruaciones y a los partos por aquellas m ujeres que asistiero n al n acim ie n to del discurso médico, cuando se transitó desde el mito y la magia en la paleomedicina, hacia los primeros aportes considerados científicos, alejados de lo sobrenatural1?-. Pregunta productora de sentidos y que tiene un expresión discursiva: escribo acerca de lo que pienso y lo expongo a discusión. Pero, si aquellas mujeres de otros tiempos hubiesen in ten tad o pregun tar o sugerir sus propios criterios frente a lo que los médicos decían, ¿Q ué les hubiera sucedido en caso de no coincidir con ellos¿...Hubiesen tenido que sobrellevar la punición social resultante de oponerse a un discurso masculino formulado so b re el p o d er p o lític o de los cá n o n e s consagrados. El sistema de redes sociales en los que se in s c rib ió el d isc u rso m édico correspondía a un ordenam iento social del cual también ellas formaban parte. Tal vez se haya iniciado entonces un verdadero trabajo social de adaptación al medio, recreando, al mismo tiempo, mitos y tabúes de acuerdo co n la a d ju d ic a c ió n de s e n tid o s en las distintas épocas. intuís 1 La punición social probablemente no hubiera funcio nad o com o en tid ad aislada para la mujér, sino articulada con los diálogos que ella sostuviera consigo misma, registrando su desam paro al no en co n trar interlocutoras que compartiesen sus vivencias y opiniones. Oyéndose a sí misma sin el sostén de una palabra social-grupal (de género) podría desembocar en la posición de aquella que "se queda hablando sola". Su aparato psíquico aparecería impedido de encontrar palabras que fu esen s o c ia lm e n te recono cidas, de modo tal que quedaría expuesta a un caos
R IEH A C KIEN ID) O S A B E R E S interior. (29) (Los locos hablan solos de cosas que sólo ellos e n t ie n d e n .) Al re s p e c to , Rosario Ferré escribe: “ (la mujer) se ocupa, mucho más eficientemente que ningún tribunal, de castigarse a sí misma: se siente aterradoramente culpable", cuando mencio na a las m u je re s q ue i n t e n t a n r o m p e r patrones convencionales. La ero g e n e id a d , en ese caso f e m e n in a , precisa ser representada y expresada a través de la imagen y la palabra lo mismo que lo pulsional, e incorporarse al circuito social. Entonces, aquellas mujeres que quedasen a merced de sus propias construcciones sin un soporte social compartido podrían inaugurar discursos personales cargados de riesgo. Frente a esta alternativa, el discurso y el social o frecían refugio a través esencialismo: "las mujeres son así". MJ valía a d e c u a rse a a m b o s si n o qu ej marginarse: se socializaban en un enci cognitivo pertinente, según lo admitic promovido en cada época. En tales discursos las mujeres ocupaban la posición de subordinación*; quizás éste fuera u n o de los m o tiv o s que p o s te r io r m e n te inspiró la tesis del m asoquism o femenino, como algo "natural" dentro del género. En e stas épocas, a d a p t a r s e y po r lo t a n t o som eterse parecía ser g a ra n tía de su p e r vivencia. Las mujeres que pudieron disentir co n stitu y ero n una franja peculiiar, d is tin guiéndose de las otras. Quizás haya sido ése el estilo de Ju a n a de Arco, O lírh p ia de
G ouges, Safo y t a n t a s d e s c o n o c id a s . Encontraríam os por lo m enos dos grandes líneas en los discursos de las mujeres: el desafiante, bordeando la zona de peligro (m uerte, ostracism o) y el discurso de la domesticidad vinculado con lo que se llamó "lo privado" y que in c lu ía saberes misteriosos, "mágicos", que a m enudo de m ostraban ser eficaces. Era una palabra de m u je r a jen a a las decisio n es de la vida ciudadana y política pero constituyente del propio discurso y su imaginario personaje ** en los cuales partos, a m a m a n ta m ie n to s , goces, m uertes y embarazos ocuparían un lu g a r prfííiordial. P ro b a b le m e n te los u rso s de los h o m b re s c are ciesen de equivalentes: te n ían que in v e n tar que fuesen un a cuña d e n tro del tre tenso y supliciado, "claro y profundo "ecir de Miguel Hernández. Impotentes esolver lo que acontecía en los partos, ta que la medicina pudo coadyuvar con ras, les r e s ta b a h a b la r de ello :sando y negando los afectos que les despertaba saber que las mujeres llevamos un ser hum ano en nuestro interior para parirlo luego, a través de una práctica que puede ser sin tro p ie z o s o m o r ta l, p ero s ie m p re desgarrante. Para los discursos masculinos ’ebe haber resultado complejo incorporar en guajes vin culad os con estas prácticas femeninas que los hombres no producen en sí mismos y de las cuales provienen. \ jm \ El d is c u rs o m é d ic o i n v e n tó p a la b ra s e hipótesis para explicar lo que no se veía (el interior del cuerpo de la mujer), y creó su
t
* Subordinación entendida como sometimiento sin conciencia del derecho a revisar o a criticar la orden o el orden Impuesto. * ' ¿o imaginario:además del poder conocer algo por medio del «pensamiento claro y distinto» (concíente), existe otra dimensión vinculada con el saber-deseo \sofroiy eras), saber a través del deseo, por decirlo así, un saber que resulta de la calidad de sujeto deseante del ser humano. Está relacionado con creencias e ilusiones que permiten ilusionarla realización de ese deseo. Creencias e ilusiones son estructuras que soportan lo imaginario: al mismo tiempo funcionan como límites para la pretensión de conocimiento absoluto. Es posible conocer a través de esa tensión entre los términos saber-deseo, tensión mantenida, sostenida por la fantasía. Saber-deseo que nos vincula con un «antes», lo que sucedió y un «después», acerca del cual se crean expectativas. Saber-deseo, fantasías, sueños, creencias e ilusiones personales son estructuras de lo imaginario.
propio imaginario al respecto. Al aplicarlos p ro b ab le m en te favoreció p arcialm en te la r e p r e s ió n del im a g in a r io fe m e n in o . Lo desconoció y aportó un lenguaje masculino*, con el cual habría de aliarse la mujer para convivir "correctamente", obedeciendo los mandatos que le imponían un "deber ser". Lo cual nos c o n d u c e a re c o rd a r la importancia que tiene la sobreadaptación en los cu ad ro s p sico so m á tico s. En ellos no estamos frente a un fracaso de la represión y el retorno de lo reprimido como supon* o c u rre en las n e u ro s is . Son diná diferentes las que están en juego. Esto no im plica negar la existencia de patologías específicas pretendiendo sustituir." no-dicho o el orden simbólico. ' analizar las distintas patologías que entre géneros existen diferencias que prácticas sociales h an om itido, invisibili zando la especificidad de los problemas de la mujer. Tal vez algunos discursos médicos buyeron a obstruir la posibilidad de m u jer produjera su propia palabra de cuerpo co ad y u v a n d o así a la represión y rechazo de su imaginario. En lugar de pensar n o s o tr a s q u é signifi¡Éy p o r e je m p lo m enstruar, aceptam os la noción de en medad mensual tal como históricamente lo afirmó la medicina (y como alguna religión promoviera.) El tabú de la sangre reciente
mente ha sido analizado por A. Testar en su tr a b a jo sob re «estructuras simbólicas generalizables» que recorrerían el m u nd o {Mundo Científico, N° 64, Valencia, 1985), a p o r t a n d o u n a i n t e r e s a n tí s i m a v isió n a n t ro p o l ó g ic a que revisa los ta b ú e s tradicionales. Hubo una familia de palabras que las mujeres no pronunciaron en alta voz, que no se incorporaron como algo común en el registro <apública y que no sabemos de qué se h a b r á n c q a v o c a d o en la constitución de su irríaginario: menstruar, gozar, flujos, abortar, por citar algunas. Esto habrá generado un vacío, puesto que no se desconocía la existencia de esos fenómenos, sino que las palabras que los m e n tab an o no circulaban públicamente o bien se f l a n c o m o su ciedad , pudor, Bridad. ¿Sería el origen de la represión el imaginario de la mujer donde podían ar fantasías y creencias acerca de su l o g i a Ese espacio ¿fue ocupado por cosa»?... No podem os ignorar la existencia de una anatomía imaginaria que cada persona crea respecto de su cuerpo a medida que inviste ‘ nos, visceras y distintas partes del m is m o co n d eseos y f a n ta s ía s . D ich a anatomía imaginaria fo rm a p a rte del imaginario personal. m
V La tensión saber-deseo puede resultar insoportable por el Incumplimiento del deseo. Entonces, un modo de intentar resolverla es creando mitos que funcionan como ilusión cumpljMkgdUK» las expectativas y amputando los múltiples sentidos de cada experiencia personal en un solo sentido entendido como verdad^M H M ta explicarlo (justificarlo) todo. En éste punto es cuando creencias y mitos adquieren características de dogmáticos diferenciándosele aquellas creencias que sin tal pretensión alimentan el saber-deseo. Hombres y mujeres diferenciados por sus experiencias y vivencias construyen recíprocamente sus propios imaginarios. Podemos afirmar que históricamente el género masculino construyó los imaginarios personales con una visión unívoca de los sexos, proponiéndose como modelo y como sujeto, un alguien en búsqueda de la libertad a través de la autoconciencia. Y definiendo a la mujer como un algo, un objeto a cargo de la reproducción y crianza de los hijos, además de su servidumbre al varón. Es posible suponer que el imaginario de la mujer se hizo cargo de las proyecciones del imaginario masculino admitiendo ser ese algo tierno, sumiso, abnegado e inferior; o identificándose con él, sin lograr en tanto género definir las diferencias, aceptando ocupar el lugar de la inmediatez (la no trascendencia) y la apetencia que puede resolverse consumiendo objetos, en lugar de poder asumir su propio saber-deseo. Esta es una descripción simplificada y reducida de un tema clave de la teoría psicoanalítica respecto del imaginario que sólo bordea el tema. * Por lenguaje masculino no me refiero exclusivamente a un modo de expresarse (los estudios de Batán sobre los sexolectos por ejemplo) (30), sino también a la selección y omisión de temas tratados por dicho lenguaje.
R E H A C I E N D O ) SA B E R E S Recordemos un texto de Sami Ali (31) en el cual menciona ia represión del imaginario como una característica de base en los cuadros psicosomáticos. "La ausencia de lo imaginario no es una carencia, un no ser real. Ella es la que advierte del funcionam iento de lo psicosomático cuando la represión (caractericlal) interfiere" (el acceso a los sueños ya
que de ellos viene hablando éste autor).
actos psíquicos que responden a lo que cada quien sea en tan to miembro de la especie y p o s e e d o r/a de c a r a c te r ís tic a s p ro p ia s y protagonista de desenlaces psíquicos que no dependerán inevitablemente de los estímulos externos. La construcción de la subjetividad autorizaría a pensar en una impregnación de tales necesariedades de modo que los propios pensamientos no deriven exclusivamente de lo a p r e n d id o a tra v é s de los e s tím u lo s e x te r n o s sin o a d m iti e n d o los m o d o s personales de procesarlos.
La represión en el imaginario de la mujer permitiría, no obstante, una filtración de R e c o rd e m o s qu e la c o n s tr u c c ió n de la representaciones o estados vinculados con el s u b je tiv id a d , en és te caso la fe m e n in a , funcionamiento de su organismo y con in c lu y e u n a serie de v aria b les; señ alo fantasías que podrían ser verba/izadas p or especialmente la función del imaginario, las palabras que, aunque adquiridas en ei relaciones intersubjetivas, el aprendizaje de posicionam ientos sociales derivados de la discurso social, se refieren a códigos propio lo que dio en llamarse "cosas de mujeres", ^sub ordin ació n y explotación de género y la Estas ‘cosas’ incluirían la creación de los vigencia de la mstoricidad. propios mitos y creencias, así como la posible ¿Sn su c o n s tr u c c ió n c o n t a m o s co n u n vivencia de injusticia en m uchas de pero sin p o sib ilid ad de v e rb a liz a c ió n il jemplo paradigmático de lo que puede ser históricamente dependemos de un discurso una necesariedad socialmente impuesta: se unívoco que dividió al m undo en 'alguien’ nos enseñó a decir, desde pequeñas, que (es) y ‘algo’ (ese), subrayando la diferencia cuando m enstruam os "estamos indispues tas". Repetición (33) en la cual evocamos entre esos ‘alguienes’ varones y esos ‘a,’ reiterativam ente la im a g e n de m u je r m u jeres. La m u je r se s u b o rd in ó po sició n de o b je to r e n u n c i a n d o ¡Dlsu r ta d o r a de e n fe r m e d a d tal c o m o lo su b je tiv id a d y a la esp ecificid ad de su promueve el imaginario social. relación con lo imaginario". Este mismo es el le no se podía mencionar planteo que sostengo en mi trabajo M ujer y Hubo époc Moral (32) que remite a las legalidades que el tem a; je de sen tido s desde una idente cuando comparamos las mujeres debieron aceptar consagrando su época a ot :uerdo los discretos avisos inferioridad con fuerza de verdad "natural", publicidac tal com o lo p ro p o n ía filo só ficam e n te el que, sien d o ia, leía en las re v is ta s discurso masculino, que puede entenderse femeninas. "Par esos días, tome Evanol." Lo fa ag ria d a de u n a m u je r como una contingencia tra n s fo rm a d a en il u s t r a b a h Járemos con la actualidad: en necesariedad. También el m undo represensufriente. ta c io n a l (psicológico) se c o n s t i t u y e en página c e n tr a l de c u a lq u ie r p u b lic a c ió n función de ambas dimensiones: lo contin aparece una joven bañista zam bulléndose gente; referido al m undo exterior (el discurso entre las olas. Una sigla acompaña la imagen: O.B. D ebajo, u n a cu id ad o sa exp licación médico) y cierta necesariedad de algunos
acerca del m o d o de colocar u n ta m p ó n , esclareciendo al lector con el corte de una pelvis femenina. ¿Q ué sucedió con "esos días" en los que no solamente no se podía ir a la playa sino que tampoco estaba permitido lavarse la cabezal... Las molestias y dolores que a veces produce la m en struación aún existen para muchas mujeres, pero.se observa menos la vivencia de enfermedad. ¿Cóm o se ha producido la modificación?-... ¿C u án to he debido modificarme yo para no trasladar a m i hija las enseñanzas terroríficas que recibí? ¿Cóm o darle la bienvenida cuando ella se incorporó a la herm a n d ad de las m ujeres sang rantes? ¿C ó m o h ace r para no r e p r o a u £ 5 3 ® q u e aprendí en mi casa, en la universidad, én los medios de comunicación de mi niñez y mi juventud?...¿Cómo recrear la propia ima d e v i n ie n te del im a g in a rio r e p r i-m id o ? ¿Dónde podía aposentar el goce por la marca que me distinguía del otro género cada vez qu e la h u m e d a d v ag in al se c o lo re a b a em blem áticam en te?...¿C óm ¡0 re s titu irm e por el daño recibido, por el daño impuesto al que la p ro p ia im a g in a c ió n i n f a n t il o adolescente refinaba y pulía desembocando en vergüenzas e inferioridades?. "Estar indispuesta " es una expres encubre ia violencia que acompañó, históricam ente, nuestra posición como personas. Repetirla forma parte de las estrategias de adaptación utilizadas p or ei iplacencia que género instrumentando ia ser Como ios pusim os en práctica p. \mas por hombres decían que éra, menstruar. Sería útil analizar las políticas de sociedades ágrafas y tribales respecto de la m e n stru a ción. Es im p o sib le en éste e n s a y o pero sabemos que la tradicional afirmación de los antropólogos sobre las mujeres m enstruantes aisladas (por los hom bres) en chozas
<S>
especiales para evitar que contaminen armas y a lim e n to s , tie n e , a c t u a lm e n te , u n a in te rp r e ta c ió n op uesta. H ab rían sido las m u je re s q u ie n e s se aisla b a n por c u e n ta propia para defenderse del deseo masculino en días infértiles. (34) C o n c lu s io n e s que s ó lo son d erivaciones de los interrogantes
'Lo psicosom ático "el estado psicosomático" en la mujer serían inseparabies (en nuestra cultura) del discurso masculino que impregna ei imaginario social y en el cual el discurso médico es relevante y aun definitorío. T am p o co sería ajen a la carencia de palabra social de la mujer que, aunque existente en algunos ámbitos, no es odavía re p re s e n ta tiv a del género. En la génesis de alteraciones y estados psicosomáticos habría que incluir una fantasmática « u n en in a que incluyera el terror, el asco y la desvalorización por lo que transportamos en el interior de nuestro cuerpo conjeturando como hipótesis la represión del imaginario personal. m \ Si las percepciones y representaciones son fundantes en la constitución de la persona ambos dependen "de lo que se dice", en éste caso de las m u je re s . Es posible que se p ro d u z c a n interferen cias e n tre las repre sentaciones y percepciones del interior del cuerpo y sus ligaduras con la erogeneidad. ¿C ó m o in v e stir lib id in a lm en te represen taciones del interior de un cuerpo que anida e n f e r m e d a d e s y s u c ie d a d ? Sobre to d o cuando la palabra disiente llega desde un varón que, en cuanto médico es asociado con saberes sacerdotales y paternos.
Nuestra patología psicosomática también se inscribiría en ei orden político-social donde se constituye ei género y no exclusivamente en lo psico/ógicopersonai Nuestra genitaiidady
R IEH A C 11IEN D O S A B E RI ES nuestras visceras han m odificado sus significaciones a io largo del tiempo pero manteniendo un sentido amenazante y descalificatorio que muestra su eficacia a través de nuestra tolerancia frente a prácticas iatrogénicas y en la persistencia de creencias sobre nuestra inferioridad. (35) Ello se evidencia en el vínculo que innum erables mujeres establecen con distintos profesio nales relacionados con la salud. Nuestros cuerpos fundan un lugar en el que se entrecruzan los sentidos, cuya base material no es solamente somática: ha sido socialmente construida, enhebrando discursos. Es c o n v e n ie n te oponerse a ia hom ogeneización de "lo psicosomático " ya que existiría una psicosomática desde" la mujer que responde a construcciones diferen-ciales para ambos géneros. Hablar de lumbalgia en el varón no es lo mismo que diagnosticarla en una m u jer com o no es lo m ism o una úlcera padecida por una mujer con síndrome
del ama de casa, que la de un varón con otros p a d e c im ie n to s . M uchas p a to lo g ía s psicosomáticas podrían ser el modo en que d i s t i n t a s m u je re s e x p re s a m o s n u e s tr o s conflictos que no siempre son homologables en su origen, contenido y desarrollo a los que podría sufrir un varón. La homogeneización de io psicosomático ", más allá de la búsqueda de formaiizaciones que permitan generalizar el tema para ambos géneros parece corresponder a necesidades del discurso médico. Necesidades que responden a modelos unicausaiistas regidos por una visión faiocéntrica de la medicina que, en éste tema, no ha logrado interrogarse suficientemente acerca de ia especificidad de estos cuadros. Rastreando la historia de la civilización, el pensamiento crítico revela la responsabilidad del discurso médico en la vida de la mujer: ya sea para aliviarnos, curarnos o salvarnos la vida. Sin duda alguna También para crucificarnos. Sin duda alguna.
BIBLIO G RA FIA
Knibíehler Y„ Fouquet, C.: La femme et les médecins; Hachette, R3 Bernis, C. y Cámara, C.:»La mujer y la "ic jicina». en Liberación y i I, Madrid, 1982. (3) Idem I. (4) Idem 2. (5) Groult, B.. Ainsi soit elle, Ed. Gasset, Fgjsquelie' 1975. Idem 2. (6) Bnsson, Luc.: «Bisexualité et médiation en Gréce Ancienne», en Bisexualité.jNouvelle Revue de Pshchanalyse, Ed. (7) Gallimard, París, 1973. (8) Giberti, E.: «Maternidad e ideología obstétrica», en Temario Pslcopatoíógieo,!:Í981 y en ficha en Sistema offset del Centro de Estudios de la Mujer (CEM). (9) Vissiére, I.: Procés des femmes au temps des phiiosophes, Ed. des Femmes, París, 1985. Idem 2. ( 10) Ehrenreich, B. y Englisch: Brujas, comadronas y enfermeras, Ed. La Sal, Barcelona, 1981 (11) ( 12) Falcón, L.: La reproducción humana, Ed. Fontanella, Barcelona, 1982. (13) Litvak, L.: Erotismo fin de siglo, Ed. Bosch, Barcelona, 1979, (14) Idem 11. (15) Idem 11. (2)
(16) Idem 11. (17) Idem II. (18) Saud, V: Un diccionario ideológico feminista, Ed. Icaria, Barcelona, 1981. (19) Idem 5. (20) Idem 13. (21) Cita de Rof Carballo: Patología Psicosomática, Ed. Montalvo, Madrid. 1955. (22) Idem 2 1. (23) Idem 21. (24) Idem 21. (25) Idem 12. (26) Sau, V: Un diccionario ideológico feminista, Ed. Icaria, Barcelona, 1981. Cf. también Giberti, E.: «Mitos, nombres, mujeres», en Estudios de la Mujer y Antropología Social, compilación a cargo de E. Grassi, Ed. Humanitas, Bs. As., 1987. (27) Flandrin, J.L.: La moral sexual en Occidente, Ed. Granica, Barcelona, 1984. (28) Verón, E.: La semiosis social, Ed. Gedisa, Buenos Aires,1987. (29) Maldavsky, D.: Comunicación personal. (30) Bodine, A.: Citado en Liberación y utopía. (31) Sami Ali: Le visuel et le táctil, Ed. Dunod, París, 1987. (32) Giberti, E.: «Mujer y moral». Relato en la Mesa Redonda que sobre el tema se desarrolló en las II Jornadas Nacionales de Etica, Buenos Aires, agosto 1987. Hay ficha en sistema Offset publicada por Lugar de Mujer, institución de encuentro de mujeres, Buenos Aires. (33) Yañez Cortés, R.: El concepto psicoanalítico de repetición. Ed. Catálogos, Buenos Aires, 1985. (34) Moia, M.: El no de las niñas, Ed. La Sal, Barcelona, 1981. (35) Fernández, A.: «Historia de la histeria», en Revista Argentina de Psicología, n.37, Buenos Aires, 1986. Trabajo que ilustra algunos prejuicios acerca de la histeria como inferioridad.
Oriéntame Unidad de Orientación y Asistencia Materna Salud Reproductiva para la Mujer Todas en algún m om ento de la vida necesitamos atención médica y emocional Todas merecem os respeto, orientación y apoyo TEUSAQUILLO C r 17 N9 33 - 50
Telefonos:
285-0
SANTA ISABEL Cr 237 - 567 ;
Telefonos: 441
R IEH AC ][ IE N D O S A B IER IES ...tanto el marxista hipotético como la objeción psicoanalítica formularían la acusación de que la teoría que he presentado carece de principio de realidad. Pero, desde luego, esa acusación es engañosa, porque no está claro que el principio que gobierna esta realidad sea necesario, ni si otros principios de realidad se podrían inventar, como si dijéramos, ni si estos principios contraintuitivos forman parte de las fantasías culturales que finalmente vienen a constituir nuevas organizaciones de la realidad. No tengo claro que la realidad sea algo establecido de una vez por todas, y haríamos bien en instar a la especulación sobre la relación dinámica entre fantasía y la realización de nuevas realidades sociales. (Judith Butler. Variaciones sobre Sexo y Género, 1987).
Un punto de vista alternativo sobre las relaciones madre hija
LA R EC O N S TR U C C IO N Presen tació n
Mi encuentro con el tem a que ho y me ocupa, no es exclusiva o p rio ritaria m en te intelectual: c o n s titu y e a n te todo, u n m odo de encarar el reto de la integridad personal desde mi condición femenina y de madre de dos hijas mujeres. Ha implicado el reencuentro con facetas de mi historia personal que ni siquiera recordaba que existían y que me generan el sentimiento de haber ido dejando retazos de ella a lo largo del texto.
DE LA Pero la tarea no ha sido ingrata; hay en mi una enorme felicidad al saber que en la reconsideración de las relaciones madre hija y de las relaciones entre las mujeres en general, existe u n gran potencial sanador de las profundas heridas que implica, en la mayor parte de los casos, la construcción de una identidad femenina en esta sociedad patriarcal.
S O LID A R ID A D Antes de comenzar, quisiera m anifestar que me eximo del debate epistemológico (Fernández, 1993) que se encuentra presupuesto en los
E N TR E M UJERES
A N G E L A M A R IA ESTRADA
Psicóloga. Magisteren investigación y tecnología educativa. Candidata a doctorado en filosofía Pontificia Universidad Javeriana. Directora del programa de maestría en psicología comunitaria, facultad de psicología, Pontificia Universidad Javeriana. Miembro del Grupo Mujery Sociedad, Universidad Nacional de Colombia.
p la n t e a m i e n t o s q ue v o y a e x p o n e r a co n tin u ació n ; quedan, por ta n to , m últiples implícitos, de los cuales quisiera destacar al menos dos:
De hecho, contamos con estudios tales como el de Graciela Ferreira (1989), sobre el tratamiento que los cuentos de hadas le dan al problema. Ella afirma:
De un lado, u n proceso de aclaración crítica sobre las categorías inmanentes con las cuales se delimita, dentro de las distintas teorías psico lógicas, aquello que puede ser pensado y lo que queda invisibilizado (aquello que se ha denomi nado como regímenes de verdad).
...Las mujeres en estos cuentos son condenadas a las peores condiciones de vida y a las tareas más abyectas. No tienen ni identidad ni méritos, salvo los domésticos. Ninguna descuella por la inteligencia. Sólo por su perseverancia, paciencia y sacrificio por otros. No tienen madres que las cuiden, guíen y amen. Son perseguidas por otras mujeres malas, madrastras, hermanas, hermanastras odiosas o brujas. Al fin son salvadas por hombres desconocidos que nunca cometen maldades ni equivocaciones. Son fuertes, valientes y bellos. Son príncipes, (p.238)
De o tr o lado, ta m b ié n q u e d a n im p líc ita s, distintas líneas de deconstrucción con las cuales lo invisib ilizad o se hace visible. P articular mente, de cara al tema que nos ocupa, el trata m ien to que las distin tas teorías psicológicas hacen de la diferencia com o lo otro que no puede ser comprendido en su especificidad, sino jerarquizándolo desde lo mismo que se autoerige com o la n o rm a , c o n s titu y e u na línea deconstructiva imprescindible. Lo anterior implica que ciertas premisas-verdad que com portan las distintas teorías psicológicas, hayan sido puestas en cuestión, sin que por ello se rechacen cuerpos teóricos completos, ya que en la perspectiva desde la cual se trabaja, las teorías son ad o p tad as como cajas de herramientas, las cuales no im p lic a n u n a a d h e s i ó n s i s t é m i c a y dogmática a ninguna de ellas. Vicisitudes y destino actual de las relaciones m adre hija La ausencia de registro sim bólico en las relaciones m adre hija o la tem prana horfandad fem enina.
D entro de la literatura especializada (Librería de M ujeres de M ilán, 1987. Irigaray, 1992), la a u s e n c ia de u n a s im b ó lica c u l tu r a l que reconozca y registre la relación madre hija, es ya un problema relativamente bien planteado.
Existe un guión básico en la mayoría de los cuentos de hadas en lo que hace a las relaciones m adre hija: la niña ten ía una buena madre (protectora, nutricia, afectuosa, solidaria) pero por desgracia la perdió tempranam ente y ahora se encuentra a merced de una mujer m uy mala y poderosa, quien está dispuesta a infligirle todos los vejámenes posibles con tal de rebajar su dignidad y aprovecharse de su dasvalía. La niña aprende tem pranam ente (con su padre) a p agar c u lp a s que no le c o rre p o n d e n , desarrollando actitudes tales como el sacrificio, la entrega resignada y la fidelidad, las cuales le serán indispensables cuando se case. (Ferreira, 1989) O tros registros culturales significativos, tales c o m o la ic o n o g ra fía religiosa, ta m b ié n c o n t r i b u y e n a la c o n s tr u c c ió n del vacío simbólico de las relaciones madre hija: María p o rta a Jesús en brazos y esa parece ser la relación significativa. La cultura deja huérfanas de reconocimiento a las mujeres, mediante la articulación de textos y formas simbólicas que p en etran como fantasías y fantasmas la estructuración de la personalidad femenina: de un lado los cuentos alimentan vanas ilusiones de esp era m á g ica para to d a la vida y la ic o n o g ra fía religiosa, al igual que o tro s
R IE H A C HIE N ID»O S A B IE R IES m etarelatos culturales, desconocen cualquier importancia a la mujer, como no sea a la madre y a la m adre perfecta (María com o el ideal imposible de alcanzar). La prescripción científica de la separación m adre hija.
Los cuentos de hadas no son el único discurso desde el cual la separación madre hija obtiene legitimación: en efecto, los discursos científicos principalmente los psicológicos p o s tu la n la necesidad de la separación madre hija, como condición para la salud mental de la joven. Se espera de la madre una renuncia en favor de la independencia de su hija y contrario a lo que se considera su deseo de fusión (la metáfora de la madre devoradora no sólo es espeluznante, sino s e g u ra m e n te in j u s t a , al b asarse en casos individuales). La separación de la madre, se propone, en el caso de los hom bres, com o cam in o para la c o n s tr u c c ió n de la m a s c u lin id a d : u n a masculinidad, como se sabe, fincada sobre el miedo a la homosexualidad y basada en la idea de no ser mujer, lo cual conduce a los hombres a evitar todo lo femenino en ellos (la ternura, el reconocimiento de la interdependencia, etc.). (Badinter, 1992). De otro lado, la separación de la madre, en el caso de las mujeres, se propone como el camino para alcanzar una adecuada configuración de su rol sexual ad ulto y com o com p añ era de un hombre (Debold y otras, 1993). Según lo a f ir m a n D ebo ld
y o tra s (1993).
vivimos en un mundo donde culpar a las madres es el camino hacia la salud y hacia la adaptación positiva a la sociedad. Ellas mismas afirman: Aparentemente, enfadarnos con nuestras madres, en lugar de trabajar nuestros sentimientos de la infancia para resolverlos en forma adulta, se supone que es una cura, pero
una cura que deja la relación del presente entre la madre y la hija atrapada para siempre en los sentimientos del pasado, (p.52)
En nuestra sociedad se culpa a las madres con demasiada facilidad. Aunque es cierto que las madres ejercemos nuestro poder como tales, entre otras cosas debido a que se trata del poder que proviene del único deseo que legítimamente nos es permitido a las mujeres, el deseo del hijo (como se sabe, otros deseos como el erótico, el de poder o saber, no le son permitidos, Burín, 1989) entre nosotros, la sobreidealización de la figura m a te r n a , a niveles casi folklóricos, conduce a que su poder se sobredimensione y q u e la c rític a social sobre é s te se c e n tre principalm ente en las deficiencias de sujetos individuales. Afirman Debold y otras (1993): ...El juicio condenatorio al que se ha sometido a las madres en la literatura psicológica ha sido tan hostil, tan masivo, tan indiferenciado y tan poco conciente de los límites reales del poder de una madre o de su contexto que imposibilita una evaluación justa de sus responsabilidades reales, (p.52).
Son varias las consecuencias que se encuentran asociadas a la separación de la madre: - en el caso de los varones, principalmente en la p r im e r a in fa n c ia , no e n t i e n d e n que independientemente de cómo se comporten, jamás serán una madre o una chica (Debold y otras, 1993) y en el acto de separarse de todo lo que signifique mamá, term inan expulsando de sí todas sus dimensiones femeninas. - en el caso de las niñas, la separación madre hija, implica básicamente una traición, ya que el tipo de distanciam iento que la madre realiza respecto de la mujer joven conduce no sólo a que ésta piense que ya no puede confiar del todo en su madre (y por extensión en ninguna mujer), sino que mediante tal proceso la joven se ve a b o c a d a a reso lv er su p ro b le m a individualmente.
Tal solución llega por la vía de un hom bre a través de cuya relación la mujer joven trata de huir de su madre, quedando atrapada en una relación que la mayor parte de las veces la hace d e p e n d i e n te y la c o n f in a al a is la m ie n to . (Debold y otras, 1993) Son varias las investigaciones (Lerner, 1986)1 que nos muestran cómo, la desunión entre las m u je r e s sirve a in te r e s e s id eológicos, c o n v ir tié n d o s e en u n d is p o s itiv o de r e p r o d u c c ió n c u ltu r a l, qu e g a r a n t i z a el sometimiento femenino a la lógica masculina; en palabras de Debold y otras, (1993): ...El patriarcado subsiste manteniendo a las mujeres divididas, empujándolas a que compitan entre sí. Esta desunión femenina es un espejo de la separación de las madres y las hjjas,
una necesidad impuesta por la mentira básica de la psicología evolutiva y el patriarcado, (p.46)
Solamente en la medida en que otras voces se han hecho oír, frente al discurso legitimado de carácter patriarcal, se ha hecho evidente la nece sidad hum ana básica de intimidad y vínculo, sin los cuales, la autonomía, no puede lograrse. La herencia moderna dentro de la cual surge la noción de autonomía va a configurar uno de los a-priori históricos que juegan una papel defini tivo en la prescripción del abandono: para la m odernidad, autonom ía significa romper con todo vínculo que limite o distorsione la libre aplicación del juicio (Estrada, 1995). Se debe a Carol Gilligan (1982), la sensata distinción entre autonom ía y ruptura, pues la evidencia de la interdependencia (intersubjetividad) h u m a n a com o la condición cultural para la c o n s tr u c c ió n t a n t o de id e n tid a d e s personales com o de órdenes morales, impide nacer sinónimos tales conceptos. C o n tra rio a la idea m od erna, la au to n o m ía d eb erá re s ig n ific a rs e en t é r m in o s de la capacidad para formular proyectos personales y p ara a u t o d ir ig ir su re a liz a c ió n de m a n e ra responsable. Tal proceso ocurre dentro de rela ciones vinculares que crean la red de soporte social dentro de la cual los seres humanos somos reconocidos como tales. La idea de la separación de los lazos emocionales en general, y de la madre en particular, como condición para alcanzar la salud mental adulta, parece, desde el p u n to de vista teórico, un imposible y desde el punto de vista práctico una insensatez. En todo caso, implica tanto para el v a ró n co m o para la m ujer, la p érd id a de d im e n s io n e s i m p o r t a n t e s de su pro pia personalidad. I Son múltiples las nociones que en este trabajo quedan presupuestas y sin posibilidad de aclararse. Considero indispensable, sin embargo, incluir aquí una mínima definición de la noción de patriarcado: "...manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y los niños de la familia y la ampliación de ese dominio masculino sobre las mujeres a la sociedad en general." (lerner 1986, p.340). No se trata de que a las mujeres se les desconozcan todos sus derechos, sino principalmente al hecho de estar inscritas en un orden sometido al control simbólico masculino.
Autoretrato con su hija (1789) Madamme Vigié-Lebrun
R IE H A <C11IE N ID) O S A B IE R IE S El encuentro de dos crisis en el contexto equivocado.
A f o r tu n a d a m e n te c o n t a m o s con tr a b a jo s clínicos en el campo de la salud mental de las mujeres así como con el florecimiento de modelos alternativos para la psicoterapia femenina y familiar2 los cuales nos ofrecen herramientas de tratam iento conceptual de la temática, con la base empírica necesaria para superar la co n stru cc ió n de m eros discursos ideologizantes. La separación en la relación madre hija se dirime en el entrecruzamiento de sus propias crisis -la de edad madura y la de la adolescencia - La crisis de la m adre, d e n o m in a d a en la literatura especializada como el síndrome del nido vacío (Burin, 1991), se puede caracterizar como una reacción de extrañam ien to ante la finalización del proyecto de maternidad. Uno podría afirmar que se trata de la constatación de los estrechos límites y de la falta de autoridad que encarna, en la práctica el rol materno, el cual deja a la mujer adulta en la estacada, a la mitad de la vida, en cuanto a su proyecto vital se refiere. - La crisis de la joven constituye la primera y más profunda vivencia de extrañamiento en el proceso de c o n s tr u c c ió n de la id e n tid a d fe m e n in a . De u n lado, se ve fo rz a d a a la separación con su madre, lo cual, en la mayoría de los casos no desea, pero que la madre realiza comenzando a desconectarse sutilmente, toda vez que cree en lo que pronostican las teorías del desarrollo. Aquí se encuentra el núcleo de la traición: la entrega de la hija por la madre al sistema patriarcal. En tal entre, dimensiones v ita le s de la p e rs o n a lid a d de la joven, articuladas a la progresiva configuración de un sujeto deseante, deben ser eliminadas, para
aju starse a la de ser o b jeto del deseo otro, prescrita por el patriarcado como la estructura pro p ia (y necesaria) del e s q u e m a de am o r romántico. De otro lado, la joven se enfrenta no sólo a los discursos -culturalmente legitimados- sobre la identidad femenina y particularmente sobre el destino de las mujeres adultas, sino también a la confrontación con expectativas y juicios que desvalorizan su ser femenino. La extrañación proviene de la disonancia entre el conocimiento y la exp eriencia su b jetiv a de la joven y la ideología p a tria rc a l e n c a rn a d a para ella en quienes la rodean. Así pues, la mujer joven se ve enfrentada a la re s o lu c ió n de tal d is o n a n c ia en la cual se e n c u e n t r a n en c o n t ie n d a la c u l t u r a y su subjetividad. D ebold y otras, (1993) carac terizan tal en fren-tam iento en los siguientes términos: La mente intenta arreglárselas empujándonos dentro de la cárcel de la perfección, y entonces emerge un monólogo de nuestro interior: No puede ser que el mundo entero esté equivocado; lo que pasa es que sencillamente no soy lo bastante buena, no soy perfecta, si lo fuera, todo iría bien, (p.58)
Viene e n to n c e s la b ú s q u e d a de fo rm a s de protección: las mujeres reinterpret an toda su e x p e rie n c ia a n te r io r . Para s e n tir s e m e n o s agobiada, la joven desconecta p ensam iento y sentimiento, memoria y conciencia, experiencia subjetiva y conocimiento objetivo de la realidad. (Debold y otras, 1993): • Aquello de lo que [la joven] se ha desconectado, todo lo que se ha negado a saber, todavía perma-nece en su mente pero lo ignora, no quiere saberlo, porque ese conocimiento parece
2 Aunque en el contexto de este trabajo es imposible enfrentar el enfoque patriarcal de la salud mental femenina, vale la pena mencionar que. trabajos clínicos recientes muestran cómo no sólo el modelo de salud mental adulta es masculino, sino que, por eso mismo, postula una psicopatología femenina inmanente a su identidad. (Ferreira, 1989. Burin, 1989, 1991).
demasiado peligroso para el nuevo y o que la joven desarrolla durante la adolescencia para poder sobre-vivir y tener éxito en el mundo. (Ibid., p.84)
El camino hacia la vida adulta aísla a la mujer, no sólo del resto de las mujeres, sino de su e x p erien cia pasad a, c o n d u c ié n d o la po r u n camino cuesta abajo, en el cual no está segura de nada y que se manifiesta en el frecuente no se de las jó v e n es. El r e i n t e r p r e t a r p e r m a n e n te m e n te la experiencia anterior, como m e c a n is m o de so b rev iv en cia en la c u ltu ra patriarcal3, así como la disociación que tiene lugar en su interior, prepara el terreno para las patologías femeninas de la vida adulta. La Reconstrucción de la solidaridad femenina comporta un potencial transformador de la cultura desde el empoderamiento femenino
Son varias las alternativas de búsqueda que se vienen desarrollando, ta n to dentro los grupos académ icos de E stu dios de la Mujer, com o dentro de grupos pertenecientes al Movimiento Social de Mujeres. Todas ellas in te n ta n recu p erar la p o sib ilid ad de e s t r u c t u r a r fo rm a s a lte r n a tiv a s de id e n tid a d y de in te r a c c ió n femeninas, desde la idea de la diferencia, la cual anima la recuperación tanto de la historia de las mujeres, como del género. Veamos al menos dos de ellas: - Existe una noción que ha sido desarrollada al interior de los grupos de mujeres italianos, que quisiera ofrecer a manera de conclusión; se trata de la noción de affidamento, (Muraro, 1992) la cual alude al reconocimiento de la madre en la o tra , a q u ie n se le re c o n o c e a u t o r i d a d (entendida como potencial y fuerza y no como poder), apoyándose en ella como palanca para la liberación de los propios deseos (p. 56).
Se trata ante todo de repre-sentar la relación fem e n in a m e d ia n te el sím bolo de la fuerza m aterna, pero enfati-zando una práctica de la diferencia, donde la relación con la madre se vuelve par-lante. La relación con la madre real o simbólica, comienza a estar atravesada por la palabra, por el reconocimiento m u tu o de las historias y los proyectos. - D e o tro lado, en el C e n tr o de Políticas A lte r n a - tiv a s de H a rv a rd , se v ie n e n adelantando procesos de ayuda m utua a través de los cuales se busca superar la falla gene racional de las relaciones madre hija. En efecto, se trata de desarrollar alternativas para que las madres y las hijas pongan en común su historia y e n c u e n t r e n c a m in o s para re c u p e ra r la integridad personal. A través de las relaciones m adres hijas, las mujeres comienzan a encontrar alternativas de apoyo para resolver su vida cotidiana, sin que se vean abocadas a resolver su m odo de vida a tra v é s de la d e p e n d e n c ia re s p e c to de un h o m b re , la r u p t u r a co n las m u je re s y la consecuente pérdida de integridad. En ambos casos, la prescripción patriarcal de r u p t u r a con la m a d re real, es p u e s ta en cuestión, a través de la elaboración de los senti mientos infantiles respecto de ella y aceptando su e x is te n c ia en n u e s t r a p e rs o n a lid a d , recuperando para cada una la fuerza de esa re la c ió n , qu e la m a y o ría de las m u jeres a n h e la m o s . La p r e g u n ta qu e ap arece con frecuencia en los grupos de mujeres, no es cómo hemos logrado separarnos de nuestras madres, sino, por el contrario, cóm o hem os logrado mantenernos unidas. El v ín c u lo con la m a d re , r e c u p e ra d o críticamente, apalabrado, permite reconstruir un modo primigenio de solidaridad mediante el cual, la traición de la entrega a la sociedad
3 Aunque no es el tema del presente trabajo, es posible afirmar que también la masculinidad presenta por el control patriarcal se encuentra en crisis, principalmente debido a dos razones: (a) las transformaciones que se vienen dando en la identidad y los roles femeninos imponen un desajuste necesario a la identidad y los roles masculinos, (b) son varios los hombres de las nuevas generaciones que manifiestan cansancio frente al ejercicio de una masculinidad caracterizada por imposibilidad de expresión de debilidad, por la actuación de una sexualidad frente a una mujer pasivizada y el ejercicio casi exclusivo del rol de proveedor
CD
R IBH A C ][ IEN D O S A B IER IES p a tria rc a l, de la hija p o r la m a d re , contribuyendo a la pérdida de ciertas dim en siones de la personalidad femenina, ya no sea necesaria. Esto en primer término, conduce al reconocimiento m utuo en tan to mujeres con un identidad sexuada, que han creado un ligamen que las fo rta le c e en u n a b ú s q u e d a que comparten y legitiman. La complicidad femenina en la realización de los múltiples deseos, incluyendo el del poder en el espacio pú blico ojalá en una perspectiva alternativa a la masculina, permite ia apertura a la diferencia, en el modo de multiplicidad de alternativas para la articulación de pro-yectos de id entid ad , que no im p o n g a n a la m u jer joven, la obligación de lesionar su integridad: la complicidad se basa en la capacidad m aterna para asistir como testigo y apoyar a la hija en la realización de sus deseos (así no sean de su total agrado). En este p ro ceso de r e c u p e ra c ió n de las relaciones m adre hija, donde m uchas logran resolver el anhelo de reconciliarse a su madre real4, las m ujeres alcanzan niveles de empoderamiento; es decir: (a) logran recuperar las d im e n s io n e s de su h is to r ia que creían perdidas (las interpretaciones abandonadas en la ju v e n tu d ) y co n cu y a fu e rz a p u e d e n comenzar a construir alternativas de resistencia frente a una cultura que amenaza su integridad, y, (b) tom an conciencia sobre el imperativo de m a n t e n e r la p ro p ia vida bajo el c o n tr o l personal, independiente de que se tenga o no relacio n es a m o ro s a s e s ta b le s (a m a r no es entregar la autonomía a la decisión de otro). La recuperación de la solidaridad entre mujeres aparece, en el s e n ti r de m u c h a s / o s investigadoras/es, com o la condición para la recuperación, t a n t o de las relaciones e n tre hombres y mujeres, como de la transformación de las posibilidades de convivencia, tan am ena zadas hoy por el individualismo y la violencia.
La s o lid a rid a d fe m e n in a , en t a n t o que desarrollo de estrateg ias de u n ió n y acción co n ju n tas, p a rte n de u n proceso en que los padres (no la madre de manera exclusiva pero sí n ecesariam ente) c o n trib u y a n a u na re in te r pretación de la experiencia de la niña y la joven (tanto de las relaciones cotidianas, como la del acceso a los medios masivos de comunicación), a la luz del sexismo: una le ctu ra donde las mujeres encuentren explicaciones al punto de vista patriarcal sobre lo fem e n in o y to m e n conciencia sobre la necesidad de elaborar identi dades alternativas a las sustentadas cultural mente (las cuales las pasivizan y lesionan). Las propuestas anteriores se ve enorm em ente favorecidas por el acceso de las mujeres, y por qué no, también de los hombres, a la historia de las m u je re s , p ro ceso en el qu e v ie n e n empeñadas las historiadoras feministas en las últimas tres décadas y que contribuye no sólo a c o m p r e n d e r de m a n e r a m ás o b je tiv a la presencia de las mujeres en la construcción y desarrollo de la cultura, sino que en sí mismo, el reconocimiento de tal presencia, tiene un poder curativo, en la m edida en que restablece la posibilidad de la integ ridad de la id entid ad f e m e n in a e in v i ta a la r e c o n s tr u c c ió n de alternativas de convivencia. - Finalmente, la recuperación crítica y simbólica de la fuerza propia de la relación materna, como alternativa para reconstruir las posibilidades de in te r a c c ió n f e m e n in a al i n t e r io r de organizaciones de mujeres, ofrece un potencial p o lític o in n e g a b le . En e fec to , tal m o d e lo interpretativo de la dinámica de las relaciones fe m e n in a s , c o n t r i b u y e al m e jo r a m i e n to y profundización de las relaciones entre mujeres, las cuales hoy en día tienden a ser enfrentadas, co n c ie rto v o lu n t a r is m o , c o m o si la m era conciencia sobre la problem ática, condujera autom áticam ente a su superación.
4 En otros casos sólo es posible recuperar a la madre simbólica, pero ello provee la fuerza necesaria para crecer personalmente.
En el s e n tid o a n t e r i o r m e n t e señ alado , los grupos de ayuda m u tu a (o de autoconciencia) no deberían considerarse como un m om ento en el proceso histórico del fem inism o, sino u n espacio indispensable y p e rm a n e n te para la re c o n s tru c c ió n de la fu erza po te n cial de la interacción femenina y la solución de la falla generacional de las relaciones entre mujeres. En tal sentido,- se hace necesario contar con un m o d e lo in t e r a c t iv o del cual p a r ti r en este proceso. Esbozo a continuación una propuesta,
a partir de los tres preceptos para recuperar el contacto en la comunidad de mujeres de Carol Gilligan (citada por Debold y otras, 1993: (a) re c o n o c e r la n iñ a n e c e s ita d a de v ín c u lo pro fu ndo que hay en toda mujer, (b) to m ar c o n c ie n c ia c rític a y ejercer e s tra te g ia s de autocontrol, sobre las actitudes y las acciones com petitivas propias de nuestros patrones de in te ra c c ió n personales, y, (c) p rom over los m odos de acoger afectivam ente a las demás mediante un trata-miento fuertemente afectivo y el reconocimiento de las diferencias y de la potencialidades personales.
B IB L IO G R A F IA BADINTER. Elisabeth (1992). XY La identidad masculina. Bogotá, Norma. BURIN, Mabel (1988). Familia y Subjetividad Femenina: la madre y su hija adolescente. EN: GIBERTI, Eva & FERNANDEZ, Ana María. La Mujer y la Violencia Invisible. Buenos Aires, Sudamericana. BURIN, Mabel (1991). El Malestar de las Mujeres, la Tranquilidad Recetada. México, Paidos. DEBOLD, Elizabeth. WILSON, Marie & MALAVÉ, Idelisse (1993). La revolución en las Paidos.
relaciones madre hija. Barcelona,
ECCLES, J.; ADLER, T. & KACZALA, C. (1982). Socialization of Achievement Attitudes and Beliefs: Parental Influences. Child Development. 53, 310-321. ESTRADA MESA, Angela Maria (1995). La reserva mora! femenina frente al fortalecimiento de la sociedad civil. EN Debates en Psicología. Santafé de Bogotá, Pontificia Universidad Javeríana, Facultad de Psicología, No. I, pp. 63-72 FERREIRA, Graciela ( 1989). La Mujer Maltratada. Un Estudio sobre la Mujeres Víctimas de la Violencia Doméstica. Buenos Aires, Sudamericana. FERNANDEZ, Ana María (1993). La Mujer de la Ilusión. Buenos Aires, Paidos. GILLIGAN, Carol (1982). La moral y la teoría. Psicología del desarrollo femenino. México, FC.E. IRIGARAY Luce. Yo, Tu, Nosotras. Madrid, Cátedra, 1992. LERNER, Gerda (1986). La Creación del FStriarcado. Barcelona, Crítica. LIBRERIA DE MUJERES DE MILAN (1987). No creas tener derechos. La generación de la libertad femenina en las ideas y vivencias de un grupo de mujeres. España, Horas y horas. MURARO, Luisa (1992). Sobre la Autoridad Femenina. EN: BIRULES, FINA & Otras. Filosofía y Género. Identidades Femeninas. España, Pimiela.
CE)
R IE H A C 11IE N D O S A IB'. IE R IE S
M A TE R N ID A D Y Pensar que la maternidad, sin duda figura central de la feminidad y eje articulador de la identidad femenina, se constituye hoy en un campo de problematización, podrá parecer para algunos, e incluso algunas, algo exagerado, desproporcionado o apocalíptico. En efecto durante siglos las mujeres se han reconocido en la figura de la madre, una representación cultural de tan ta fuerza que llegó a significarnos del todo y a invadir nuestra subjetividad a tal punto que se ha convertido en la metáfora por excelencia de nuestra manera de ser en el mundo... o más exactamente de no ser.
G ES TA C IÓ N DE V ID A : Así, el rol materno era el rol femenino por definición. La maternidad, con sus dos colaterales de esposidad y domesticidad, debía llenar nuestras expectativas porque llenaba las expectativas de los hombres. La cultura patriarcal logró convertirnos en espejos dotados de la virtud mágica y deliciosa de reflejar la figura del hombre, dos veces agrandada como nos lo recuerda Virginia Woolf en una de sus obras. En efec to y h a s ta hoy, p e r te n e c e r al g é n e ro f e m e n in o h a b ía significado adaptarse a las fantasías, deseos y temores de los hombres en relación a lo femenino. Había significado posicionarse como ser de otro, al servicio de otro. Encerrada en las múltiples prácticas sociales de la maternidad que lograron normativizar los deseos femeninos casi exclusivamente alrededor del deseo maternal, de alguna manera, la mujer madre había sido apropiada materialmente y por consiguiente desposeída mentalmente.
FL O R EN C E T H O M A S
Psicóloga Universidad de París. Profesora titular Universidad Nacional de Colombia. Coordinadora Grupo Mujer y Sociedad. UNAL de Col.
SU P R O B L E M A T I Z A C I O N Volviéndose permeable al m undo se perdía a si misma porque perdía el sentido de sus limites; personaje errante, sin habitación propia, no ta n to física sino sobre todo subjetiva y por consiguiente, sin sim ism o, debía p erm a n ecer com o u n a sim ple h e rr a m in e ta de la naturaleza. D urante siglos el deseo de procrear fue el único posible y legitimo.
A L F I N A L D E L S IG L O
En estas condiciones la madre se ubicaba fuera de los circuitos del saber, fuera de los circuitos del poder y sobre todo fuera de los circuitos del placer, es decir, fuera de la cultura. C on una anatomía programada para dar la vida, parecía difícil pretender y acceder a la cultura. Así es que la biología a través de n u estra anatom ía sirvió de p r e te x to real p ara f a t a liz a r la maternidad e inscribirla en el orden de la n a tu ra le z a . Los h o m b re s h a b ía n podido trascender la naturaleza, los instintos animales y los determinismos biológicos, las mujeres no. El famoso y te n a z i n s t i n t o m a t e r n o v in ó a c o m p le ta r el c u a d ro de una m a tern id a d -d estin o qu e sería r e fo rz a d a p o r m ú l tip l e s im á g e n e s c u ltu ra le s tales co m o la de M aría, v irg en y m a d re , que en los países evangelizados por una iglesia española fanatizada, se iba a constituir en una representación y un verdadero ideario que re s is te y m a rc a to d a v ía los imaginarios colectivos de la feminidad latinoamericana. La mejor manera de negar a la mujer en su feminidad, su a l te r id a d y p o r c o n s ig u i e n te su p elig ro sid a d , fue s a c r a liz a n d o y fetichizando la maternidad. Incluso la historia nos cu e n ta h o y día que las políticas fachistas fueron las que más s a c ra liz a ro n a las m ad res y m e n o s reconocieron a las mujeres.
habitadas por un instinto materno vaciando así casi t o t a l m e n t e es te h ech o de su s e n tid o sagrado y ta n h o n d a m e n te simbólico; logró callar c u l tu r a lm e n te a las m a d re s id e n tif ic á n d o la s con la a b n e g a c ió n y una existencia enteramente articulada al servicio de los otros; pudo por medio de una operación b astan te to rtu osa devolverles la virginidad y
Pero ni siquiera en estas condiciones la m aternidad perteneció a las mujeres. La ideología patriarcal logró despojarlas y recuperar casi todo lo que rodeaba el acto de dar a luz: se entregó el parto al saber m edico p ra c tic a d o exclusiva-t-m ente por los h o m b r e s h a s ta mediados del siglo xx en Colombia, alejando y castigando las prácticas de las parteras; convenció a las mujeres de que eran meras reproductoras de vida
Frida y el aborto, (1932) Frida Kahlo
R IE H A C 1! IE N D O S A IB’. IE R IES
finalm ente logró arrebatarles el produ cto de este trabajo simbólico imprimiendo el nombre del padre a los hijos y las hijas. Y así fuimos todas madres patriarcales. Romper con esta representación ancestral de nuestra identidad desgarró e incluso costó la vida a múltiples mujeres en la historia. Pocas r e s is tie r o n a los n u m e ro s o s c a s tig o s y mecanismos de culpa previstos por la cultura para c u a lq u ie r caso de a le ja m ie n to de los caminos trazados para la feminidad. Algunas tuvieron que disfrazarse de hombre o adoptar seudónimos masculinos para poder escribir o actuar, otras renunciar a toda vida m undanal y e n c e rra rse en c o n v e n t o s p a ra e s c a p a r al m atrim onio y las consecuentes m aternidades repetid as y desde u n c u a r to propio, m ás a menudo, una celda propia, poder acceder a una biblioteca, a la lectura y la escritura; otras t u v ie r o n qu e a c e p ta r las e s tig m a s de calificativos denigrantes cuando no insultantes, o tr a s fu e ro n e n c e r ra d a s en m a n ic o m io s , to r t u r a d a s , q u e m a d a s o g u illo tin a d a s ; la mayoría condenadas a la soledad y al desamor por el inconcebible atrevimiento de expresar un deseo de saber para ser en el m undo por medio de fertilidades distintas a las genealógicas. Por supuesto la gran mayoría de mujeres se adaptó al molde cultural previsto para una feminidad al servicio de la r e p r o d u c c ió n de la especie logrando además una sublimación casi gozosa que permitía escapar a la victim ización y en muchos casos al sufrimiento. Sin em bargo hoy, m ú ltip le s cam bios t a n to económicos, como sociales y políticos de este país, cambios iniciados desde los años cincuenta y reforzados en la actualidad por la denominada in t e r n a c io n a liz a c ió n y g lo b a liz a c ió n de la economía, incidieron p a u la tin a m e n te en la condición social fem enina, logrando incluso c u e s tio n a r el viejo m arco exp licativo de la fe m in id a d que se hab ía v u e lto in c a p a z de responder a esta nueva lógica de modernidad
del país. Un país que sabe hoy que el desarrollo económico contemporáneo que trata de incluir en sus p ro y e c to s la c o n s tr u c c ió n de un a democracia cada vez más participativa y real ( a u n q u e n o sé si e s ta s dos m e ta s son co nciliab les...) no se p uede lo g rar sin u n a secularización de los sujetos lo que significa rep ensar sus ide n tid ad e s t a n t o m asculinas como femeninas desde nuevos marcos. Es así como, en un contexto de modernización primero e internacionalización hoy, y gracias a los aportes de las teorias feministas, los estudios de género y las demandas de los movimientos sociales de mujeres, ellas se constituyen poco a poco en s u je to s p o lític o s y de d erecho; em piezan a te n e r u n espacio propio que les perm ite volverse le n tam e n te pero de m anera imparable generadoras de cultura, de arte, de literatura, de música, de cine y en general de in v e stig a c io n e s en to d o s los c a m p o s de la ciencia. Descubren con asombro los caminos del saber que les p e r m ite n i n t e r p r e ta r de o tra m anera su existencia en el m u ndo en cuanto su jeto para si al m is m o ti e m p o q u e hace aparecer, por supuesto y consecuentemente, un conflicto latente entre feminidad y maternidad, dos conceptos h a s ta hace poco sinónim os e in s e p a ra b le s , pero hoy, y p o r to d o lo m e n c io n a d o a n t e r io r m e n te ,d is o c ia d o s . En efecto si la m ujer en c u an to sujeto político, trabajadora y am an te puede participar de las figuras de la m od ernid ad , en c u a n to m adre hab ía q u e d a d o relegada a la iconografía decimonónica en sus estereotipos y sistema de códigos como lo señala Silvia Vegetti en uno de sus últimos trabajos sobre la maternidad. Es entonces y desde este punto de vista que se puede afirmar que la maternidad constituye en la actualidad un cam po de problem atización que es necesario trabajar desde nuevos marcos e x p lic a tiv o s y n u e v a s r e p r e s e n ta c io n e s culturales. No se les puede pedir por más tiempo a las m ujeres cum p lir s im u ltá n e a m e n te con
CD
nuevos roles generados por los contextos socio económicos y las dinámicas políticas actuales, y viejos roles d e fin id o s h ace siglos y m u y s u t i l m e n t e n a t u r a liz a d o s p o r u n a c u l tu r a patriarcal que quisiera modernizarse sin tocar al co raz ó n de sus viejos fa n ta sm a s , re p re s e n taciones e imaginarios. Este costo es demasiado alto para las mujeres hoy día y se ha vuelto necesario para ellas reconstruirse una nueva salud m ental, o más exacta y sencillamente, una nueva salud que pasa, según mi punto de vista, obligatoriamente por un redimensionamiento de la maternidad. Debemos encontrar un sentido a la maternidad que no nos impida nacer a nosotras mismas y no como desde hace siglos cuando, al tiempo que nacía un nuevo ser humano, nacia también una m adre pero moría una mujer. Y esto es im portante porque la mujer-madre es el lugar para los otros pero sin lugar para el si-misma. La representación tradicional de la madre, y ni siquiera diría buena madre puesto que parece ser un imposible por lo menos para la literatura psicoanalítica y terapéutica en general, es una im agen de caracola que pasa su tiem p o en p re s ta r su casa-concha para el b ie n estar de los(as) o tr o s ( a s ) , a ab rir sus p u e r ta s , sus orificios, en prestar su tiempo, su calor y sus propios materiales para la construcción de los (as) otros(as); podríamos decir que lo femeninom a rte rn o ha sido y es el m aterial básico, la m a teria prim a de la especie h u m a n a , de la s u b je tiv id a d h u m a n a . Los h o m b r e s y las mujeres se constituyen a partir de este material y después, gracias a o tra operación de una cultura del entre-hombres, se olvidan de este p r im e r p r é s ta m o y c o n s t r u y e n el m u n d o tratando además de borrar toda huella de esta d e u d a co m o si la h u m a n id a d no q u isie ra recordar que es deudora de primer grado a las m a d re s...Y h a b lo de u n a d e u d a a n t e to d o subjetiva y no tan to social. Claro que nadie lo logra del todo y la huella está; esta huella que se convertirá en la eterna nostalgia del hom bre
varón. Pero mientras tanto la madre sigue sin lug ar para ella m ism a cu an d o es lugar por excelencia, claustro para el embrión, el feto, lugar para el niño y la niña y finalmente para los hombres que no dejan de buscar a la madre a través de las mujeres, como niños eternamente despechados. La madre es un ser descentrada de si-misma, p e rp e tu a m e n te de la cocina al comedor, del com edor a la cocina, del llanto del niño a la leche que se derrama, del teléfono que suena al timbre de la puerta, de la fiebre nocturna del niño al cansancio del compañero y otra vez al tin to que no hay que dejar hervir... Mientras ta n to los hombres discuten, explican, relatan, cuentan, recrean, dan soluciones, se proyectan y duermen de un solo tiro. Hay una secuencia en lo q u e h a c e n , in ic ia n , d e s a r ro lla n y concluyen. Están en lo que están. Ella, la mujerm adre está y no está. Recoge pedazos de la d is c u s ió n , t r a t a de m e te r s e en ella pero nuevamente alguien o algo la solicita. El tinto esta listo. Y otra vez le toca las migajas de la conversación. Lástima porque ella pensaba decir algo, pero se le fue la idea... La mujer-madre vive así. A golpes, hipotecada, prestada, fraccionada. Hipotecada en la construcción y el bienestar de los y las que aman. Y ni siquiera creo necesario matizar ese retrato de la mujer- madre en virtud de los cambios sociológicos actuales pues estoy convencida de que en lo fu n d a m e n ta l sigue s ie n d o v á lid o y es te p erso n a je , u tiliz a d o materialmente, se sigue caracterizando por una gran vulnerabilidad, cuando no desposesión, mental. Ahora cuando una mujer madre no acepta esta desposesión en cuanto su ser en el mundo, se e m p ie z a a c o n f lic tu a r al p u n to a veces de estrellarse y entrar en una cadena de insatis facciones, cansancios m entales, depresiones, estrés, y todo tipo de síntomas que por supuesto la cultura y el discurso psiquiátrico tradicional i n t e r p r e t a r á n desde los m a rc o s de un a
R IE H A C ][ IE N ID O S A B IE R IES
subjetividad histérica. Al fin y al cabo que q u ie re n las m u jeres^ Sigue sien do la g ran pregunta que no podrá responderse mientras la cultura patriarcal y sus discursos normativos no in icien u n juicio a sus p ro p ia s c a te g o ría s trasnochadas.
Sin em barg o y gracias a lo que significó la obtención del control de la fecundidad y por extensión, por lo m enos sim bólicam ente, el control de nuestro propio cuerpo que hasta h ace poco r e p r e s e n t a b a la g a r a n t ía por ex celen cia de la h e g e m o n ía m a s c u lin a , reforzado por los argumentos teóricos cada vez m á s sólidos y n u m e r o s o s de las te o ría s feministas y de las dem andas de los movimientos sociales de mujeres, ellas descubren que este fatalismo biológico en el cual estaba encerrado el concepto de m aternidad se puede rom per y la m a te r n id a d volverse e n to n c e s solo una acepción de la feminidad dentro de múltiples otras. U bicando la m a te rn id a d com o una o p ció n , se abre la p u e r ta a su historización y a su politización. La m a t e r n i d a d deja de ser u n h e c h o b io ló g ico y las m u je re s m i e n tr a s s ig u e n t r a y e n d o h ijo s e h ija s al m u n d o , se v u e lv e n poco a poco capaces de tra e rs e a si m is m a s al m u n d o c o n s tr u y e n d o u n p ro y ecto m aterno que las incluye. Un proyecto m a te rn o que recupera u n a fu n ció n simbólica por generarse ya no desde la necesidad sino desde la libertad, ubica así la maternidad en el centro de una n u e v a e tic id a d q u e le p e r m i te re c o b r a r su viejo sig n ific a d o de privilegio frente a la posibilidad de dar la vida, sig n ific a d o dél cu al el patriarcalism o nos había despojado. Esta nos parece una de las vías más interesantes que las mismas mujeres e s tá n a b r ie n d o p ara c o m b a t i r los estragos de la maternidad tradicional. Poco a poco se vu elven capaces de construir nuevas alianzas entre Eva y M aría, fig u ras y re p r e s e n ta c io n e s tra d ic io - n a le s de la f e m in id a d , alianzas que permitirán que la una no
Frida y el aborto, (1932) Frida Kahlo
signifique la imposibilidad de la otra sino que un diálogo fecundo entre las dos nos permita reconocer que podemos ser buenas madres sin renunciar a ser mujeres felices frente a hijos e hijas del deseo y a hijos e hijas felices no o b lig ato riam en te nu estros, porque n u estras fertilidades anteriormente solo del orden de la genealogía se enriquecerán de fertilidades esta vez culturales. '
n u e v a c o n d ic ió n de s u je to es a a m a r un a m a te r n id a d libre y a lta m e n te significativa simbólicamente y a desconfiar de lo que había hecho de ella la cultura patriarcal. Se trata como nos lo recuerda Silvia Vegetti de crear espacios de vacío y silencio, interrumpir la marcha de los acontecimientos, descentralizar los pensamien tos, hacer erráticos nuestros afectos, concentrar nos en cosas inesperadas y mantener una posición atópica respecto al mundo y a sus expectativas aunque profundamente radical en si misma, que se fundamente en nuestras propias posibilidades y realizaciones.
A su vez la maternidad tiene que perder poco a poco su viejo sabor de d es-ero tización y de mujeres llenas de hijos y vacías de deseo para recuperar corporeidad, sensualidad y e r o ti s m o desde u n r e g is tro de la Por supuesto y estamos conscientes de ello, esto afirmación que les permita el acceso a la t representa todavía para la realidad colombiana ética que no puede nacer sin el acceso al : u n rom pim iento de la tradición no solo deseo y a la libertad. ■\ b a s t a n t e radical sino sobre to d o ^ ) subversivo. Es evidente que tocar a la Por supuesto es una m aternidad que } piedra an gular del ejercicio del poder . • i ••r* . i / t tiene tam bién que renunciar a todos los pequeños y dañinos poderes que x e c u a c ió n M u je r = M ad re, no se h a b ía te n id o q u e i n s t a u r a r p ara e f e c tu a r á en poco tie m p o ni sin so brev iv ir. E n tre é s to s las n u e v a s , re s is te n c ia . Ello obliga a que madres tienen que renunciar a los hijos a p r e n d a m o s a re c o n o c e r y a y las hijas como propiedad privada. Si enfrentar dichas resistencias. Sin quieren acceder a esta nueva ética desde embargo los espacios para el cambio marcos de equidad tienen que dejar de ser ta m b ié n ex isten y ya se e s tá n abriendo madres patriarcales, madres fálicas, madres silenciosam ente pero, desde mi óptica de p e r p e t u a m e n t e o c u p ad a s y silenciosas soñadora, sin retroceso posible porque para porque han sido colmadas con un hijo falo las mujeres las utopías y los sueños siempre o una hija futura rival que les regaló una hicieron parte de la realidad. cultura que no les pertenece. T ienen que aprender poco a poco a desprenderse de los \ Ahora bien en estos marcos para un cambio hijos y las hijas, convencerse de que ellos y I y para posibilitar esta nueva salud mental ellas no les p erte n e c e n y para lograrlo, que esbocé para las mujeres colombianas, dejarse habitar por otros proyectos vitales que no q u is ie ra p a s a r p o r a lto u n a c o n d ic ió n las signifiquen, otros sueños , otras fertilidades ineludible sin la cual difícilmente podríamos que les permitan, si es el caso, irse tranquila y seguir hablando de salud y de equidad. Esta legítimamente porque estos hijos e hijas tienen condición es la necesidad de la despenalización, tam bién un padre que es capaz de aprender, o por lo menos legalización de la interrupción exactamente como les ha tocado a ellas, a criar, voluntaria del embarazo. Este requerimiento es hecho que no tiene nada que ver con la biología a b s o l u t a m e n t e in d is p e n s a b le si q u e re m o s o el instinto. Lo que tendrán que aprender Tas abrirnos paso a una democracia que incluye en mujeres para dejar de estar conflictuadas por su sus proyectos a las mujeres pero tam bién si
R IE H A C 11IE N ID»O S A IB’, IE R IES d eseam o s v e r d a d e r a m e n t e d ev o lv erle u n sentido ético a la maternidad, este sentido que or fin permitirá que solo nazcan los hijos y las ijas del deseo. De hecho cuando la maternidad se transforma en una opción, es decir en una intencionalidad reflexiva, no ad m ite derogación y debem os prever de alguna m anera los actos fallidos. Debemos hoy día aceptar que si la maternidad tiene un significado simbólico cada vez más reflejo de la propia libertad, no por esto y más después de haber sido destino durante milenios, entra de una vez en el campo de la racionalidad. La vida m e n ta l es u n e n t r a m a d o de motivaciones conscientes e inconscientes y en rela ció n con el deseo o no de ser m a d re , m últiples elem entos perturbadores se h arán p re s e n te s para desviar la in te n c io n a lid a d . Borrar en un mom ento siglos de una magistral operación cultural patriarcal que obligaba a las mujeres a ser madres para tener un mínimo de reconocimiento y de auto-estima no es posible y en este sen tid o nos te n d re m o s que re m itir durante un tiempo al conflicto psíquico nunca resuelto del to do entre el ejercicio de una sexualidad no procreativa y el deseo inconsciente de fecundidad, rechazado por la conciencia, pero nunca incapacitado del todo para manifestarse imprevisiblemente como nos lo r e c u e rd a n las p s ic o a n a lis ta s q u e h a n reflexionado últim am ente sobre el problema. Tenemos que acep tar que en este cam po la educación, nunca será, ni en el mejor de los casos, una panacea porque nunca podrá suplir lo que una ideología construyó en miles de años y además porque la sexualidad es, de todos los fenómenos hum anos, el menos educable y el m ás su b v e rsiv o e ir re d u c tib le ... En e s ta s c o n d ic io n e s y c o n o c ie n d o el peso de u n a maternidad inoportuna o, peor, no deseada por una mujer para el futuro de este hijo o hija, tema que hemos desarrollado varias veces en otras intervenciones, y a pesar de aue ninguna m u jer desea a b o r ta r ni p la n ea nace rse u n
aborto, miles de ellas llegan a él cuando no hay o tr a a l te r n a t iv a . Porque es n e c e sa rio pregun tarno s ? qué ofrece una sociedad que pide certificado de no embarazo para optar a un puesto y que penaliza el aborto¿. Las mujeres, por llegar a él en condiciones de clandestinidad, se desgarran tanto física como subjetivamente. Es que las mujeres, m ucho más sabias pero sobre todo más generosas que los patriarcas han entendido desde hace tiempo que la maternidad significa m ucho más que dar la vida, m ucho más que un acto de reproducción de vida; dar la vida significa a n te todo generar U NA vida, generar UN mundo desde lo simbólico, desde el deseo y las palabras y no solo desde la biología. Por esto las mujeres con un gran sentido de la resp o n sab ilid ad h a n e n te n d id o qu e puede existir un sentido profundam ente ético en la ilegalidad actual de un aborto. Al fin y al cabo, la legalidad ha sido siempre definida por los hombres juristas de una cultura patriarcal hecha a su exacta medida. Pero el costo subjetivo de la ilegalidad es demasiado alto para las mujeres y si querem os responder desde la equidad, la so lid a rid ad y desde u n a n u e v a é tica de la d ife re n c ia sexual a los a c tu a le s c o n flic to s generados por la misma lógica de desarrollo de este país, y si de verdad se tr a ta de iniciar mínimamente un reconocimiento a la inmensa deuda social pero sobre todo subjetiva que tiene el androcentrismo con las mujeres, ni siquiera se d eb ería p e d ir la d e s p e n a liz a c ió n de la i n t e r r u p c i ó n v o lu n t a r ia del e m b a ra z o , se debería simplemente exigirla. A titulo de ilustración, vale la pena recordar las c o n s ig n a s qu e c irc u la b a n d u r a n t e las manifestaciones a favor de la despenalización del aborto en Francia despues del M ayo 68. H ace más de v ein ticin co años, las m ujeres francesas exigían el aborto libre, despenalizado, practicado en las mejores condiciones medicales y pagado por el sistem a de seguridad social. E xigian u n a c o n tr a c e p c ió n b ie n h e c h a y accesible a todas y todos, la multiplicación de
c e n tro s de p la n if ic a c ió n f a m ilia r y educación sexual en todas las escuelas. Hace más de veinticinco años las mujeres francesas querian tener solo los hijos y las h ijas del deseo. H ace v e in te a ñ o s o b tu v i e r o n la g r a n m a y o ría de sus exigencias con la promulgación de una ley de interrupción voluntaria del embarazo (Ley Veil, 1975). Definitivamente es necesario reinscribir a la m aternidad en una nueva simbólica, r e c o n s t r u i r n u e v a s m e tá f o r a s m ás ad ap tad as a n u e s tro e s ta tu s de sujeto autónomo; una m aternidad que transite por la libertad y ya no por la necesidad; una m aternidad que tenga como único f u n d a m e n to el deseo y no la biología, acercándonos cada vez más a la cultura, a la historia y a la política. Es necesario demistificar y defetichizar la maternidad tal como nos fue im puesta para devenir mujer, única m anera de devenir nuevas m a d re s, m a d re s liv ia n a s ,m a d re s desculpabilizadas, madres generadoras de mundo, madres-hijas, madres-hermanas, madres portadoras de unos afectos fuera de la Ley, c o m o n o s lo r e c o m ie n d a Francoise Collin y sobre todo madres que dejan de llevar sobre sus h o m b ro s la pesadísima metáfora de una cultura del e n tre -h o m b re s que nos había querido ca stig a r por ser d ad o ras de aida. Por supuesto la libre opcnón a la maternidad es una propuesta peligrosa y subversiva. Pero para quienes1?- C on toda seguridad para los p a t ri a r c a s que ya e s tá n e n t e n d i e n d o q u e sus p esa d illa s son nuestros sueños, estos sueños que nada ni nadie nunca pudo interrumpir...
B IB L IO G R A F ÍA Woolf, Virginia. Une chambre a soi. Ed. Denoel-Gonthier. París, 1980. Vegetti Finzi, Silvia. El niño de la noche. Hacerse mujer, hacerse madre. Ed.Cátedra, Madrid, 1992 Fernandez, Ana María. La mujer de la Ilusión, Ed Paldos. Buenos Aires, 1993 Les cahiers du Grif. Les enfants des femmes, (colectivo). Ed. Complexes. Bruxelles, 1992.
1R- IEH A C 11IEN D O» S A IB. IER E S
Pócimas de ruda y cocimientos de mastranto
IN F A N TIC ID IO El aborto inducido por razones de salud de la mujer preñada o por el deseo de deshacerse de un em barazo indeseado era un a práctica conocida entre las mujeres en los tiempos de la Colonia. No obstante, es m u y poco lo que se puede decir respecto a la eficacia de los procedimientos empleados y al núm ero de mujeres que acudían a donde sus parteras buscando estas drásticas soluciones. En lo que respecta a la Sabana de Bogotá, el aborto era un asunto secreto y de difícil comprobación. Las fuentes documentales sobre casos de aborto que llegaron a los estrados judiciales a finales de la Colonia son extraordinariamente escasas.
Y ABORTO Bien pudo ser que acu d ir a la p a rte ra b u s c a n d o u n a so lución desesperada era algo celosamente guardado entre las mujeres y que sólo la muerte de la paciente sacaba el asunto a la luz pública y lo ponía en manos de la justicia de los hombres. No hay que olvidar que el aborto desde los comienzos del cristianismo fue considerado un pecado de caracter sexual, aunque no había uniformidad de criterios sobre si era un homicidio.
EN LA La mayoría de los teólogos, hasta el siglo XVIII, opinaban que el aborto no era homicidio, ya que la hominización (infusión del alma)
C O L O N IA
G U IO M A R D U E Ñ A S
Historiadora Ph D. de la Universidad de Texas. U.S.A. Profesora Asociada del Departamento de Historia Universidad Nacional de Colombia. Miembro del Grupo Mujery Sociedad. Universidad Nacional de Colombia. Autora de varios artículos.
del feto ocurría después de los cuarenta días de la concepción. 1 Desde el siglo XVIII la doctrina de la hominización inmediata ganó terreno en el m u n d o c a tó lic o . En e s te s e n tid o es interesante la observación de un profesor de la U n iv e rs id a d de San M arcos, a q u ie n se le solicita su opinión autorizada sobre un caso de aborto en Ubaté— proceso que se estudiará más ad elan te— :ya no merece aprecio la antigua distinción de feto animado o desanimado, atendidos los últimos experimentos físicos...2 No so rp ren d e pues que la p ráctica a b o rtiv a se recubriera del más absoluto silencio. El i n f a n t ic i d io p r a c tic a d o e n t r e m u je re s jóv enes, s o lte ra s y re s id e n te s en localides rurales preferentem ente, fue una opción que ofrecía menos riesgos y probablemente fue más c o m u n m e n t e u s a d a e n t re la p o b la c ió n fe m e n in a que carecía de m é to d o s a n t i c o n ceptivos confiables. El in fa n tic id io
las castas (mestizas o mulatas), y residentes en zonas rurales o poblaciones pequeñas. Parece ser que en las zonas rurales o en los poblados pequeños, la opción del abandono de los recién nacidos en los atrios de las iglesias o en las calles, era m enos frecuente que en ciudades grandes com o Santafé ya que el recurso del anonim ato era improbable. En las comunidades p eq u eñ a s, o c u lta r el e m b a ra z o y acudir al infanticidio eran las soluciones dejadas a las mujeres en problemas. F ragm entos de algunos juicios tran scrito s a c o n t in u a c i ó n , a r r o ja n lu z sobre las circunstancias en torno a los hechos, la posición paternalista de los defensores de oficio, y los castigos que recibieron las mujeres acusadas de infanticidio: En la población de Sueca (1808), se en tab ló una d em an d a crim inal co n tra Rosa Caballero, [mujer blanca, soltera, hilandera y arreadora y de 20 años de edad], por haber a h o g a d o a su hija re c ié n n acid a. Al ser interrogada por el juez sobre los hechos, Rosa dice que:
La d o c u m e n ta c ió n so bre in f a n tic id io s d e n u n c ia d o s es m e n o s escasa y da lu g a r a establecer ciertas características ae las mujeres que to m a b a n esta desición desesperada. Los casos que llegaron a los tribunales se refieren a jóvenes solteras, blancas pobres, o mujeres de
...[E]stando embarazada y ya en el mes de parir tuvo una cólera tan sumamente grande contra Javier Millán, que se le murió la criatura en el vientre y a cosa de ocho días, fue a lavar a la quebrada y allí le dieron dolores y parió la criatura a la que dejó allí a la orilla de la quebrada en unas amas...preguntada si sus padres sabían que estaba preñada, dijo que no lo sabían. Preguntada si se valió de algunos medios para tapar su preñez de sus padres, como fajarse la barriga muy apretada, u otros semejantes, dijo que no. Preguntada si tomó algunas bebidas para abortar, esto es, para malparir, dijo que no. Preguntada si el padre de la criatura no tuvo noticia del aborto, dijo que no conoce al padre, porque yendo un día de su casa para la de Carmen de la Torre...le cogieron dos pasajeros y la violentaron haciendo ambos de ella lo que quisieron, de lo que resultó embarazada, y ellos se fueron inmediatamente y no los volvió a ver jamás, (énfasis añadido) 3.
1Consúltese a Jane Hurst, La historia de las ideas sobre el aborto en la ilglesia Católica: una relación desconocida. Vol.4, Conciencia Latinoamericana, Vol. 4, Enero-Marzo 1992, pgs. 3-12.
2Archivo General de la Nación (en adelante AGN), Santafé. Colonia, Juicios Criminales, I 87, fl,62. 3 AGN, Colonia, Juicios Criminales, T. 87. fl. 226.
Es de suponerse que debido a los peligros e in c e rtid u m b re s del a b o rto , las m ujeres que d a b a n a lu z h ijo s in d e s e a d o s a c u d ía n al infanticidio o al abandono de sus hijos. Hay que recordar que hacemos referencia a una sociedad d o n d e se d e s c o n o c ía n los m é to d o s de planificación familiar, los anticonceptivos y el a b o r to q u irú rg ic o . Las m u je re s e s ta b a n c o n s t a n t e m e n t e e x p u e s ta s al riesgo del em barazo, ev en to que podía torcer el curso normal de la vida de una mujer soltera, y que ponía en peligro la supervivencia familiar dada la incidencia alta de la m ortalidad perinatal entre las mujeres.
R IE H A CII IE N ID»O S A B IE R IES Com o era usual en los juicios criminales, se nombró un defensor de oficio para representar a Rosa. La defensa que hizo el pro cu rador de pobres para mover los sentimientos del fiscal en favor de la acusada siguió el patrón aco stum brado en los procesos en que las involucradas eran mujeres y este era el de insistir en la nula cap a cid ad racio n al del sexo débil y en su inhabilidad de distinguir el bien del mal. El defensor solicita la presencia de testigos para que declaren que la moza es insulsa y rústica y si por lo mismo se convence de que no pudo executar el homicidio que se le atribuye en la criatura que mal parió. 4 Rosa Caballero f in a lm e n te fue c o n d e n a d a . N o se su p o sinembargo en que consistió la condena. El caso de la mulata María Santos, acusada del mism o crimen, es más explícito. A ella se le condenó a la pena de muerte. Las órdenes del corregidor son m uy claras y detalladas [Q]ue se le condene a la pena del último suplicio en una \ horca en el lugar público y acostumbrado, a que sería conducida a la cola de una bestia y después de ejecutado este castigo y de estar pendiente por tres horas en el patíbulo, será encerrada en un cajón en que estén pintadas las bestias de un perro, un gallo, un mico y una culebra y será así arrojada al río más cercano.5
Como en el juicio anterior, el defensor de pobres había preparado la defensa en los té rm in o s acostumbrados. Este recomendaba perdonarle la vida, porque esta (María Santos) no sólo es campestre, sino que es una de las infelices montarases, rústica y cuasi-irracional abitadora, versada únicamente en trabajos del campo, sin comunicación, reconocimiento ni trato que
pudiese dispertar la ignorancia, sencilles y obscuridad de sus sentidos...6
A pesar del esfuerzo del procurador de pobres, el destino de María ya estaba trazado. La historia de Laura, h ija s tr a de Felipe O r tú a po ne al descubierto una situación que era conocida en la Colonia entre la gentes del pueblo: el abuso sexual por los padrastros que en ocasiones daba como resultado un embarazo indeseado. Laura, u n a chica a q u ie n su p a d r a s tr o vigilaba constantem ente resultó embarazada y para los vecinos de Ambalema no había lugar a dudar que el padre había deflorado y preñado a la m u c h a c h a . Los h e c h o s que s ig u ie ro n al nacimiento del niño son oscuros. La declaración de L au ra a n t e el ju e z q ue la acu só de am ancebam iento incestuoso y de infanticidio son los siguientes: Que el autor de la barriga es un mozo llamado Juan...que es difunto. Que el niño nació ahogado y que lo enterraron debajo de la cama. E sta c o n fe s ió n contrasta con la de un inquilino que presenció el p a rto y vió có m o el p a d ra s tro , con un sablecillo en la mano que lo puso en los pechos, le dijo: A puta, si no matas a ese muchacho te he de matar yo a tí, y que entonces soltó la madre la criatura y habiéndola ahogado le dieron sepultura al pie de un altarcillo.7 C o m o resu ltado del juicio, el p a d r a s tr o fue p u e s to en p ris ió n y Laura desterrada a Mompox por el lapso de ocho años.
8
La pérdida de la virtud de las jóvenes solteras en los ríg id o s a m b ie n te s ru ra le s a c a rre a b a consecuencias funestas agravadas cuando como resultado de pecados sexuales, nacía un hijo bastardo. La sanción social, el aislamiento y la pobreza que conllevaba el m adresolterism o, eran precios que algunas se negaban a cancelar.
4 Ibid 5AGN, Colonia Juicios Criminales, T. 86, fl. 697. 6 ibid. 7 AGN, Colonia, Juicios Criminales, 126, fl. 33. 8 Lo irónico de este trágico episodio es que años después se supo que Felipe Ortúa era inocente y que el padre de la criatura había sido un pardo llamado Gaspar Pacheco, a quien Laura habíajurado que «aunque su padre la matara a rejo no le habría de confesar quien la había preñado.» Ibid. fol. 36. (4 ? )
El Aborto La existencia de plantas abortivas era de amplio conocimiento entre las mujeres de la Colonia particularmente entre curanderas yerbateras y parteras. Las yerbas emenagogas (estimulantes del sangrado menstrual) los purgantes, eméticos y el uso de pócimas mágicas hacían parte de la m e d ic in a tra d ic io n a l am erican a . Si bien el tratam iento con estas yerbas se aplicaba para buen número de enfermedades de las mujeres, d etener em barazos indeseados debió ser una razón de consulta entre una población cuyo destino era la repetición incesante de la vida. Las raras menciones en la literatura colonial a las p rá c tic a s a b o r tiv a s se debe a que el c o n o c i m ie n to y el m a n e jo de p la n ta s antifertilizantes pertenecían a la cultura de las m u je re s . Las q u e se d is ti n g u ía n co m o curanderas, no eran solo parteras que ayudaban a otras m ujeres a llevar a feliz té rm in o sus e m b a r a z o s . E ran m é d icas, y e r b a te r a s , consejeras que ayudaban igualmente a hombres y mujeres. Eran personas estimadas por el grupo social al que pertenecían e indispensables en decisiones familiares críticas. Su sabiduría en el conocimiento de las plantas la habían logrado a tra v é s de c e n t u r ia s de o b s e rv a c ió n y de e x p e rim e n ta c ió n . A dem ás, el arte de cu rar estaba vinculado al espíritu de la maternidad, que combinaba en forma ideal, la sabiduría y entrega nutricia, la ternu ra y la técnica. Las parteras operaban dentro de una red de ayuda m u tu a femenina en donde la presencia de los hombres no estaba legitimada. Es por esto que salen a luz sólo en los casos en deben rendir cuentas a la justicia por accidentes mortales ocurridos en el ejercicio de su profesión. En estos casos, el desconocimiento de sus saberes por los hombres que tienen a su cargo la moral y la justicia las sitúa en una posición de gran vu ln erabilidad . Se acude en to n c e s a la voz autorizada de los expertos, los médicos que han ad quirido sus c o n o cim ie n to s a través de la le c tu r a de los clásicos, y q u ie n e s son los
llamados a dilucidar el valor inocuo o mortal de las plantas usadas por las mujeres en el ejercicio de su profesión de curanderas.
Anastasia: la partera que realizaba abortos en Ubaté. El proceso seguido a A n a s ta s ia C a ñ ó n por suministrar abortivos a varias mujeres embara z ad a s, nos p e r m ite ex p lo ra r varios de los elementos enunciados arriba. Las palabras del Vicario Eclesiástico de Ubate comunidad donde ejercía el o ficio de p a r te r a , y e r b a te r a y curandera, la dicha Anastasia, y quien hace la acusación formal, dejan ver el difícil acceso de los curas, autoridades morales masculinas, en el m u n d o p riv a d o de las p rá c tic a s de salud femeninas y la necesidad de una acción sutil por p a r te de ellos para p e n e tr a r en el e x tra ñ o mundo femenino. El vicario, después de hablar de la perversidad de Anastasia por proporcionar brevajes, y otros detestables brebajes para hacer abortar a las mujeres embarazadas, que por este medio tan inhumano y sacrilego procuran encubrir las flaquezas de su humanidad, pasa a c o n t a r c ó m o se e n te r ó de las p rácticas de Anastasia: En el espacio de un año o poco menos, tengo averiguado con todo disimulo y precaución que a tres mujeres solteras de este pueblo de Suta, que habían resultado embarazadas, como hubiesen acudido a la homicida cruel, les dio a beber el cocimiento de mastranto (cardamina) demostrando que es una yerba muy activa y de virtud muy caliente y fuerte, mezclada con pólvora y sal quemada y molida, cuyos resultados fueron tristes y fatales, pues dos de estas infelices mujeres no solamente experimentaron el fatal efecto del aborto sino que inmediatamente se postraron en cama debilitándose a fuerza de dolores y flaquezas, consumida y aniquilada su naturaleza, murieron al cabo de cuatro o cinco meses, (énfasis
añadido) 9.
9 AGN. Colonia, Juicios Criminales, T 87. fl 56.
]Rl IEH A C 11IEN D O S A B IER IES Sorprende al vicario, el mutism o observado por una de las mujeres, que aún estando próxima a m orir no consideró necesario confesar este pecado al sacerdote: pero lo más singular, en este caso, es que habiendo yo confesado a ésta dos o tres veces, [y] administrado el viático, aún estaba ignorante de lo que le había sucedido. Por casualidad me dijo un vecino mío que ésta había tomado bebidas que le había dado Anastasia para abortar. Es probable que en la localidad no hubiesen llegado al c o n o c im ie n to de las au to rid a d e s civiles o eclesiásticas muchos casos de aborto, según se deduce del desconcierto del Vicario en sus cartas al Arzobispo de Santafé, y al Oidor y Canciller del reino. Al primero le dice: No se pués, Señor llustrísimo, qué deba yo hacer en este caso, cómo me debo portar...Dios, el Rey, la patria, la humanidad claman a una vez que se remedie y corrija un escándalo tan pésimo y tan gravísimo mal.10 Al oidor le escribe para darle cuenta del caso bastante intrincado, que me hayo indeciso por las consequencias que pueda traer por la delicadeza de la materia, de qué partido deba tomar o qué deba hacer para remediar un delito tan excecrable y ofensivo a Dios...11 Las respuestas de las dos autoridades son las siguientes. El Arzobispo le recomienda no ser tan drástico, (el vicario pensaba en la pena de muerte) porque la cortedad de luces y de razón y de educación de esta infeliz le habrán impedido formar idea de la enorme gravedad de sus delitos y creeré que en dándole a ésta lo riguroso de una prisión y destierro se abstendrá en adelante de repetirlos. El Canciller solicita se amplíen los datos para tom ar una decisión más justa. Recomienda llamar a testigos y to m ar muestra de los brebajes. Las declaraciones de las personas allegadas a las dos mujeres que murieron supuestam ente por
los efectos de los bebedizos que s u m in istró Anastasia arrojan luz sobre las actividades de la partera, de las circunstancias que llevaron a las citadas mujeres a solicitar ayuda y de la alta estima en que se tenía a la curandera. En efecto, A nastasia tenía u na sólida rep u tació n como partera y médica del lugar, así como experta en deshacer maleficios entre los lugareños. Las dos d e s a fo rtu n a d a s m ujeres h a b ía n buscado los servicios de Anastasia, hallándose aquejadas de f u e r te s d o lo res a b d o m in a le s . U n a de las pacientes, al parecer, se hallaba em barazada pero la criatura estaba muerta. Anastasia, luego de proporcionarle algún brebaje a base de ruda, la dejó en su casa por el espacio de 12 días para cuidarla y sobarla, al cabo de los cuales la enferma pereció. De acuerdo con los familiares de la segunda mujer, Bárbara Quiroga, que acudió a la casa de la p a r te r a a q u e ja d a de f u e r te s d o lo res de estómago, y A nastasia la había tratad o con in f u s io n e s de ruda 12 m ezclada con sal y posterior-m ente con m a n s tra n to com bi-nado con pólvora y jabón. La había trasladado a su casa pero al término de cuatro días la paciente no daba señales de m ejo ría y su cu erp o se continuaba hinchado, por lo que Anastasia la llevó de vuelta a su casa en donde a los quince días murió. U na vez te rm in a d o el in te r r o g a to r io a los testigos, el corregidor, el escribano y el alcalde del pueblo proceden a registrar la vivienda de la mestiza Anastasia, quien en palabras del Vicario realizaba su abom inable trabajo para extraer c u a n t io s o s b en eficio s e c o n ó m ic o s , y se e n c u e n t r a n co n u n h u m i ld e r a n c h i t o y registrados los pocos trastos que en él hay se halló un canasto, un masito de hierva blanca, guasquin y arrayán y otro manojito de culantrillo, un poquito de rosa envuelto en un trapo y una pepa llamada nicha [para curar maleficios].13 La bruja abominable, resultó ser
lOibid. fol. 56. 11 ibid, fol 59 12 La ruda (Ruta graveoiens) es una planta abortiva de amplio uso en la Nueva España. Es utilizado en forma de infusión con propósitos abortivos en América Latina. En John M. Riddle. «Oral Contraceptives and Early-Term Abortifacients.» Past and Present (132). 1991, pg. 15.
una modesta mujer que trajinaba m ayorm ente con yerbas cultivadas en su huerto. Como empezaba a ser usual en el siglo XVIII, el testimonio de un médico, la voz autorizada del experto era de rigor en juicios sobre yerbatería y c u r a n d e r ía y su v e re d ic to te n ía u n peso im portante en la decisión del juez. Para el caso q u e a n a l iz a m o s se so lic itó la o p in i ó n de Sebastián José López, profesor graduado de la U niversidad de. San M arcos de Lima, quien inform ado del tipo de plantas empleadas por nuestra partera llegó a la conclusión que si bien todas las usadas por Anastasia tenían efectos em enagogos, a n tie s p a s módicos, o diuréticos, sólo en cantidades m u y grandes, usadas en mujeres débiles o enfermas o en a q u e lla s que te n g a n disposición en su útero dichas m e d ic a m e n to s p o d ía n te n e r efectos abortivos. Reitera el doctor de San Marcos la dificultad de provocar abortos: por los arbitrios expresados aunque la opinión del vulgo aseguran que hay remedios verdaderamente abortivos con los que se puede arbitrariamente expeler en cualquier tiempo de preñez el embarazo o feto; pero a esta opinión se oponen observaciones de algunos autores fidedignos. El célebre Guarenonio en la consulta 636 escribe haber visto muchas embarazadas que tomaron remedios violentos y se hicieron violentas sangrías y ninguna abortó. Zacuto Suritano en su práctica médica, observaciones 34 y 44, refiere que nunca vio seguirse el aborto del uso de purgantes fuertes, ni por haber repetido seis u ocho veces la sangría ni por
I3lbid. fol. 60. I4lbid. fols, 61-62,
aplicaciones de unguentos activos ni pesarios en el útero. Aquí pertenece la notable observación del célebre Sommers, incerta en el dec. la. Annl.6. Observación No. 104, de una mujer que tomó por 20 días cien gotas de aceite destilado de enebro, que es tenido por abortivo poderoso y al cabo parió un hijo. Con más extensión trata esta materia Albrencho de. la. Annl 8o. obs. 105, quien dice haber sido infructuosos los emenagogos más activos. Lo mismo confirma con muchas observaciones y autoridades Bartolino en su miscelánea NC Annl. I, dec. la., obs. 52, que refiere que a dos embarazadas que padecían venérea las administró el cirujano (que no sabía lo tuviesen) las unciones mercuriales. Se curaron y con todo parieron a su debido tiempo unas criaturas sanas y robustas.14
La d etalla d a d escripción del profesor es interesante desde varios ángulos. C o n tr a s ta el saber libresco y teórico de los e x p e r to s de la salu d con la e x p erien cia t r a d ic io n a l fe m e n in a en el a rte de curar, in v a lid a n d o la e fe c tiv id a d d ire c ta de los medicamentos usados para inducir abortos. Sus o p in io n e s n o se d eriv a n de la observ ación d ire c ta de e x p e rie n c ia s p ro p ia s del m edio colonial, en donde el uso de plantas autóctonas, el m a n e jo y la po so lo g ía d if e r ía n de la farmacopea europea. Y finalmente, confirma algo que la investigación moderna en el campo de la demografía y la historia de las mujeres han estado rescatando de las oscuras manzardas de la h is to ria : las m u je re s en las sociedades premodernas acudían al aborto como medida d e s e s p e ra d a p ara lib erarse de las p en o sas cadenas de la maternidad no deseada.
R IE H A CII IE N ID) O S A B IE R IES
ENFERMEDAD In t r o d u c c ió n .
Durante la segunda mitad del siglo XVIII y a comienzos del XIX en el Nuevo Reino de Granada, se experimentaron diversidad de reformas sociales e innovaciones que procuraban inducir cambios en los distintos órdenes de la vida social. Si bien la higiene pública fue una de las preocupaciones prioritarias de los gobernantes a lo largo de la Colonia, en esta etapa, por el influjo de las ideas de la Ilustración se insistió en esa materia.
Y MUERTE Se sin te tiz a n en este artículo algunos de los elem entos de una investigación sobre las mujeres y la sociedad en la ciudad de Santafé de Bogotá al culminar la Colonia, elaborada para optar a la Maestría en Historia en la Universidad Nacional de Colombia.
DE M U JER ES
M A R ÍA H IM E L D A R A M ÍR E Z
Trabajadora Social Universidad Nacional de Colombia, con estudios de Maestría en Historia. Profesora Asociada de la Facultad de Ciencias Humanas Universidad Nacional de Colombia.
El trabajo se basa en fuentes inéditas consultadas en el Archivo General de la Nación, en la sección de Libros Raros y Curiosos de la Biblioteca Nacional y en otras fuentes primarias como los libros de dos de las parroquias más antiguas de la ciudad: Nuestra Señora de Santa Bárbara
EN LA C O L O N I A Este texto es una versión de la ponencia presentada en el IX Congreso de Colombianistas celebrado en Santafé de Bogotá el mes de Julio de 1995. en la Universidad de Los Andes. 2En el año de 1585 como distinción conferida por el Arzobispo de la ciudad de Santafé de Bogotá fray Luis Zapata de Cárdenas, adquirieron las ermitas de Nuestra Señora de Santa Bárbaray de Nuestra Señora de Las Nieves el rango de parroquias.«...Esta decisión significó el reparto de la ciudad en sus primeros tres barrios, en la ya larga vía principal, los que fueron, Santa Bárbara al sur; las Nieves al norte, y el de la Catedral en el centro Existen referencias de que la parroquia de Santa Bárbara fue asignada discriminatoriamente, a la población Indígena, con la agregación a su vecindario de tres pueblos de indios -Santa Catalina y Serbativa y Pueblo Viejo -cercanos a la ciudad...»En, MARTÍNEZ, Carlos. Santafé ranital del Nuevo Reino de Granada Banco Popular Bogotá, Colombia, 1987, p 90.
i. La costumbre generalizada de sepultara los difuntos en las iglesíasy en conventos, se trató de erradicar por su impacto negativo sobre la salud pública, mediante un Cédula del rey Carlos III en 1787. En la ciudad de Santafé, en 1791el virrey Espeleta seleccionó un espado para construir un cementerio, adyacente a la entrada de la dudad por el occidente. En noviembre de 1793 una parte de tal espacio fue bendecida para enterrar a los pobres que morían en el Hospital de San Juan de sepultarlos en los recintos de las iglesias, de tal forma que en 1804, el rey Carlos IV dispuso nuevas providencias al respecto. Tan sólo hasta mediados del siglo XIX, los capitalinos por disposiciones coactivas de los gobiernps republicanos, se resolvieron a conducir a sus muertos al cementerio. Academia de Historia Colombiana, Boletín de Historia de Antigüedades, Año IV No. 39, Bogotá, septiembre de 1906, ps 138 y ss. 4. Emilio QuevedoyAmallysZaldúa, ilustran los matices de Ja controversia sobre la salud en el Nuevo Reino de Granada que se proyectó a la corte, a través de los informes de varios facultativos. Ver, «Antecedentes de las reformas médicas del siglo XVIII y XIX en el Nuevo Reino de Granada: una polémica entre médicosy cirujanos» en: COLCIENCIAS, Instituto Colombiano de Epistemología, Historia Social de la Ciencias. Sabios, médicos y boticarios. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1986, p 79. 5. Según Humberto Roselli en la presentación del texto, éste escrito fue elaborado por instrucción del Rey con motivo de Informes pardales y contradictorios que le habían llegado elaborados por don José Antonio Burdallo, don Juan de Arias, don Sebastián López Ruizy don Honorato de Vila quienes se desempeñaban como médicos en el Nuevo Reinoy en Santafé. Mutis manifestó su acuerdo con ellos en lo que concierne a la descripción de la situación de las enfermedades pero estaba en desacuerdo con la forma como se desconocía la presencia de «beneméritos profesores» y en general de competentes personas dedicadas a la atención de la salud en especial en la capital, por lo cual expresaba: «Ni médicos, ni cirujanos, ni boticarios, ni sangradores, ni parteras que siquiera sepan bautizar y por consiguiente ni celo religiosos para instruirlas en éste puntol Tanta hiel y acrimonia en un informe tan serio y de la mayor consecuencia!..,» MUTIS, José Celestino. Estado de la Medicina y de la Cirugía en el Nuevo Reino de Granada. Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina. Colección de oro, 2/12. Tomado de:
Guillermo Hernadez de Alba, Escritos Científicos de Don José Celestino Mutis. Instituto Colombiano de Cultura Hispánica. 1983. (Transcripción del documento que reposa en la Biblioteca Nacional de Santafé de Bogotá. Sala de Manuscritos, voi 191, Colección Pineda)
6.Ibidem.
y Nuestra Señora de las Nieves, en donde figuran los testimonios del ciclo vital de la feligresía nativa de dichos sectores2, También se incluyen algunas referencias de la prensa de finales del siglo XVIII, vocera de las ideas de la Ilustración. Las m u je re s achacosa
in t e g r a n t e s
de
una
p o b la c ió n
La población capitalina durante la Colonia, se vio afectada por múltiples padecimientos que resultaban difíciles de controlar dado el nivel de desarrollo de la ciencia médica en aquellos momentos. El hacinamiento, la promiscuidad y en general los hábitos insalubres del com ún de las gentes, formaban parte de las condiciones materiales de existencia de importantes sectores c ap ita lin o s. Por o tra p arte, alg u n o s usos y co stu m b res, im plicaban resistencias im p o rta n te s a los cambios que se intentaron implementar3. José Celestino Mutis en su informe sobre la medicina y la cirugía en el Nuevo Reino de Granada4, señalaba en relación a lo calamitoso de la situación de salud de sus habitantes que: «... Las escrófulas llamadas vulgarmente cotos y las bubas llagas y demás vicios, que acompañaban al primitivo mal-gálico ciertamente original del propio clima; se han ido propagando hasta el punto de representar algunos pueblos un verdadero hospital. Para cumulo de su desgracia se van inficionando con los contagios de otras dos enfermedades no menos asquerosas, lazarina y caratosa...»5
Además de estas endemias, Mutis, recalcaba los estragos de: «...las anuales epidemias que son comunes a todo el mundo y la inmensa variedad de las enfermedades originadas de los desordenes de los alimentos, bebidas y mal régimen: reunidas tantas calamidades que diariamente se presentan a la vista, forman la espantosa imagen de una población generalmente achacosa, que mantiene inutilizada para la sociedad y felicidad publica la mitad de sus individuos...»6
Para la atención de tales padecimientos, la ciudad contaba con facultativos competentes como Don Honorato Vila, graduado en medicina en la Universidad de Barcelona, y en Cirugía en la Universidad e Cervera, quien según Mutis, «...lleva el peso de
R IE H A CII IE N ID) O S A IB’. IE R IES
la mayor parte de la población y sus hospicios... »7 Don Miguel de Isla, «... instruido desde sujuventud bajo mi dirección en los mejores autores de medicina y cirugía... »s encargado de la asistencia del Hospital Militar y de tres de los Monasterios de religiosas, así como también de las de otros vecinos en el tiempo que le sobra. También ejercía en la ciudad un boticario. Claro que la gran masa de la población capitalina resolvía sus problemas de salud por medios tradicionales, entre los cuales la medicina herbolaria jugaba un papel central, lo mismo que otros usos, de pronto contraproducentes, pero que eran los que estaban a su alcance. Virginia Gutiérrez de Pineda detalla la complejidad de los procedimientos terapéuticos d urante la Colonia. Aquellos re to m a b a n los avances científicos del momento, integraban elementos de las diferentes tradiciones recreados por el proceso de sincretismo cultural y articulaban prácticas de carácter religioso como las oraciones y las rogativas9. Diana Luz Ceballos propone diferenciar a lo largo de los tres siglos coloniales en el Nuevo Reino, ciertas prácticas que entre algunas o tras funciones, estab a n enfocadas a c o n ju ra r o precipitar los males, entre las cuales figuraban las enfermedades y la muerte. Tales prácticas eran la brujería, la hechicería, la yerbatería y el curanderismo cuyas expresiones e influencia fueron peculiares en cada una de las extensas regiones del Nuevo Reino10. Según la autora, las acusaciones por brujería se fueron desvaneciendo hacia la segunda mitad del siglo XVII, m om ento desde el cual, comenzaron a privilegiarse los señalamientos por hechicería y yerbatería. Se procedió luego en el siglo XVIII a la reprobación del curanderismo, confundido con la charlatanería y la e m b a u c a c i ó n 11. La a u to ra subraya el p rotago nism o femenino en tales prácticas. Se advierte, en la última etapa a la que hace referencia, un proceso de desplazamiento de las mujeres de las actividades curativas12. El p an o ram a m o s tra d o por M u tis , revela u n a situ a c ió n generalizada de insalubridad, asociada a las condiciones materiales de vida de los habitantes de la ciudad. Las mujeres por lo tanto, formaban parte de una población vulnerable a la agresividad del medio y vulnerada por los estragos a los que lograban sobrevivir, los cuales por lo común, dejaban huellas corporales delatoras en especial el coto, las viruelas y el mal de San Lázaro.
Ibidem.
8 Ibidem. ’. Ver. MEDICINA TRADICIONAL DE COLOMBIA El Triple Legado. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1985, ps. 85 y ss. Ver también, FUNDACIÓN MISIÓN COLOMBIA, Historia de Bogotá. Conquista y Colonia. Salvat Vilegas editores. Bogotá, 1989 p. 40. 10 Ver Hechicería, Brujería e Inquisición en el Nuevo Reino de Granada. Un duelo de Imaginarios, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá 1994. ps. 90yss. 11. Reafirmaba el virrey Espeleta en su informe de mando de 1793, la escasez de médicos y cirujanos e indicaba además que sobraban los curanderos, «...que yo he procurado desterrar, pero no ha sido fácil, porque, prescindiendo de las preocupaciones del vulgo, al fin estos médicos supuestos aplican sus remedios, y aunque a vuelta de un acierto casual que publican y los acredita, cometen mil errores, siempre tienen a su favor la confianza de muchas gentes que imploran sus auxilios y sus escasos conocimientos...» COLMENARES, Op. Cit. T, 2, p 224. 12. Distintos autores, mencionan a la comadre Melchora como la única mujer que figuró con nombre propio en la historia de la medicina de la ciudad de finales de la Colonia. Según se indica, era una de las parteras más conocidas en Santafé, quien residía en la calle Vejarez del barrio Las Nieves. Debido a su numerosa clientela, expandió su influencia y prestigio por lo cual, logró ser reconocida como curandera. Su terapéutica se basaba en cortar el cabello, baños de agua fría y caldo de pollo. Ver, Pedro María Ibánez Memorias para la Historia de la Medicina en Santafé de Bogotá, Zalamea Hermanos, 1884, p. 27. Virginia Gutiérrez, Op. Cit. p. 141. Femado Sánchez Torres, «La Ginecobstetricia en Santa Fé de Bogotá durante la Conquista y la Colonia», Separata de la Revista Colombiana de Obstetricia y Ginecología, V XXIII No 4 julio-agosto de 1972. En las fuentes documentales consultadas a lo largo de esta investigación, no se encontró alusión a la Comadre Melchora.
Los c a m b io s en la a t e n c ió n las c e s á r e a s
n. En, La Sociedad Hispano Medieval Grupos periféricos: Las Mujeres y los Pobres, Gedisa, España, p- 44. ■ 14. En, Recordatorios, Alfaguara, España, 1985, p 130. 15. Las habilidades de las parteras no solo concernían a su competencia respecto al procedimiento obstétrico. Implicaba el dominio de las bases de la doctrina cristiana que les permitieran satisfacer a cabalidad los requerimientos del bautismo en caso de necesidad. Por ello, el párroco de Nuestra Señora de las Nieves el 3 de diciembre de 1793 con ocasión del bautismo de María francisca Xavíera anotó que había examinado a la partera Margarita de Herrera, a quien halló Instruida ya que había celebrado el bautismo de la niña en caso de necesidad, ver A.PN.S.N. (Santafé de Bogotá) Bautismos No. 5 f. 161 v. Lo mismo conceptuó años después de Margarita Loboguerrero quien bautizó en caso de necesidad a Juana María Narclza. Ibidem, f. 164 r. En cambio, se halló que Juana María Cifuentes «...bautizó con forma dudosa en necesídada Juan Evangelista..» Ibidem, f. 164
a los p a r t o s y a
Diversas autoras han llamado la atención sobre el tema de la asociación conciente o inconciente entre el parto y la muerte lo cual implicaba el hecho de que las mujeres gestantes en las sociedades premodernas, solían prepararse para la eventualidad de su deceso. María del Carmen Carié al tratar la viudez en España Medieval, subraya la frecuencia de la muerte en plena juventud. A los varones se los llevaba la guerra y a las mujeres el parto, por ello u n o s y o tra s te s t a b a n a n te la p ro x im id ad de dichos acontecimientos13. Marguerite Yourcenar, por su parte comenta que parte del folklore entre sus ancestros femeninos se dedicaba a asuntos que tenían que ver con dicha asociación, de ahí que la g estantes a la par que preparaban el ajuar para la criatura, preparaban en secreto su propio atuendo m ortuorio14. Los indicios de complicaciones en el m om ento del parto, riesgosas tanto para el niño como para la madre, se reflejaron en algunas referencias ocasionales que fueron consignadas en los registros de bautismo de la ciudad de Santafé de Bogotá. La anotación «bautizado en caso de necesidad por ia partera», indicaba la percepción de los riesgos durante el mom ento del alumbramiento. Los nacimientos prematuros asociados por lo regular a los partos múltiples, a los problemas de colocación de la criatura en el m o m e n to del alu m b ram ien to y a otras eventualidades, con seguridad desafiaron la habilidad de las parteras, quienes en la ciudad de Santafé protagonizaban en la época la atención a la mayoría de los alumbramientos15. No obstante, don José Celestino M utis en el informe citado se refería a los inicios de una etapa de transición en las mentalidades femeninas, en lo que concierne a la atención de los partos: «... Mas urgente ha sido en los tiempos anteriores la necesidad de parteras instruidas. Destinadas al oficio por herencia; acreditadas por su virtud y honestidad, pero incapaces de auxiliar a los partos trabajosos y difíciles, han contribuido a mantener el capricho de resistirse las parturientas a los auxilios de la cirugía. Desvanecida esta ultima preocupación en este ultimo decenio, han apelado igualmente nobles y plebeyas a la destreza el cirujano Vidal, por cuyo fallecimiento continua socorriéndolas don Honorato Vila...»16
Como clara demostración de los cambios entre las autoridades seculares y eclesiásticas respecto a la estimación de los riesgos durante el el alumbramiento y del aprecio por las nuevas vidas, el
CE)
R IE H A <CII IE N ID) O S A IB; IE R IES 13 de abril de 1804 el Rey Carlos IV suscribió una real cédula en la que se autorizaba en los dominios de las Indias y las Filipinas, la ejecución de la operación cesárea. Dentro de las motivaciones que inspiraron dicha autorización figuraban: «los muchos males que en lo espiritual y en lo temporal se seguían de no practicarse la operación cesárea con la debida instrucción»'7.
16 MUTIS, José Celestino. Op. Cit. 17. A O N . /Santafé de Bogotáj Reales
El rey había en co m en d ad o a u n a com isión de la J u n ta de C a te d rá tic o s del Real Colegio de San C arlos elab o rar u n reglamento de fácil compresión para que, «los destituidos de conocimientos anatómicos hagan debidamente la operación cesárea, después de muerta ia madre»™ Las instrucciones correspondientes fueron tomadas del método que para tal operación trae el Monje Cisterciense don Alfonso Josef Rodríguez en el tom o cuarto de su Aspecto de Teología Medico Moral19. En la descripción de la operación, se ilustran de manera pormenorizada las incisiones a realizar desde la superficie del vientre materno hasta las partes internas y se recomendaba que: «... Practicada esta abertura se hará otra igual, y con las mismas precauciones que la antecedente, en la matriz que es una gran bolsa como carnosa, en donde esta contenida la criatura: luego se abrirá con igual cuidado las membranas secundarias, que son como una tela también a manera de bolsa, metida dentro de la matriz, las cuales envuelven inmediatamente la criatura; y descubierta que sea, y embebida la sangre por medio de una esponja fina o de paños, se procederá de modo siguiente. Si la criatura no diese muestras de vida, no se extraerá antes de que se bautice bajo condición. Si está viva y robusta al parecer, se extraerá cogiéndola de los pies, o del modo que cueste menos trabajo, y luego se bautizará, echándole el agua de socorro en la cabeza...»20
En dichas disposiciones, se reflejaba el logro de un mayor control de los alumbramientos con complicaciones, aunque aún no se contemplaba la posibilidad de la cesárea como alternativa para aliviar a la madre y eventualmente salvarla de la muerte por este medio, ya que tan sólo se autorizaba practicar la operación una vez se produjese el fallecimiento de la parturienta. Se centró el interés en las posibilidades de la nueva vida. Por otra parte, la asistencia espiritual constituía la exigencia básica a atender.
Cédulas. Tomo 35, fs588y ss. IS. Ibidem.19. Ibidem. 20. Ibidem.
Las instrucciones fueron dirigidas a los cirujanos. Se entendía que las parteras no estaban habilitadas para acometer dicha operación, de tal forma que ante la inminencia de un parto con complicaciones, tan sólo quedaba el recurso de esperar el deceso de la parturienta. Una vez ocurrido el insuceso, se debía acudir a un barbero o cirujano para intentar salvar a la criatura por medio de la cesárea. Se inició así el proceso lento pero persistente del desplazamiento de las mujeres de la atención de los partos, proceso que culm inó con su s u stitu c ió n por facultativos, empezando por los estratos altos de la sociedad. El c o to o la p e r v e r s ió n f is o n o m ía
21. «Reflexiones sobre la enfermedad que vulgarmente se llama coto». Papel Periódico de Santafé de Bogotá, No. 137, 11.04.1794 ps. 673 a 673. s . Este artículo no figura suscrito pero al parecer se trata de uno de los primeros ensayos sobre el tema de don Vicente Gil de Tejada médico del Hospital de San Juan de Dios quien años más tarde publicó un texto dedicado al estudio de ese padecimiento. 23. Ibidem.
de la m ás b e lla
Desde la perspectiva del saber médico se insistía en explicar algunas de las afecciones de las mujeres, por sus hábitos. En el Semanario de la ciudad de finales del siglo XVIII se publicaron unas reflexiones sobre «la enfermedad que vulgarmente se llama c o to ^ en las que se expresaba que de pocos años a esta parte », se ha introducido dicha enfermedada esta capital»22. En el escrito se reflejaba u n a te n sió n e n tre las explicaciones de orden fisiológico y las de orden am biental y además se incluía la vanidad femenina y algunos comportamientos propios de las m u je re s en las in t e r p r e ta c io n e s de los orígenes de ese padecimiento. Se indicaba al respecto: «... y se observa que acomete mas a las mujeres, que a los hombres; y de estos mas a los que tienen complexión débil, la cual se manifiesta por el pálido del color...Entre las mujeres es mas común en las que tienen vida sedentaria, que comen bien y hacen poco ejercicio. Es mas frecuente en las que usan calzado que en las descalzas..»23
El origen de esta enfermedad se le atribuía a los desarreglos en la transpiración de las partes externas del cuerpo, principalmente en las piernas y en los pies. Se indicaba que con frecuencia los habitantes de la capital, en especial las mujeres, solían quejarse del frío por lo cual se abrigaban los pies pero: «... A ese sumo abrigo, sucedió repentinamente el desabrigo, que prescribió la moda, y consiguiente a el debió suceder la supresión de la transpiración, y determinación de ella a las
R IE H A C I IE N ID) Q S A IB'»IE R IES
glándulas del cuello... A la verdad, la época de esta enfermedad, parece ser la misma que de la introducción de esta moda...»24
A los tres años de haberse publicado ese artículo, don Vicente Gil de Tejada25 publicó un ensayo más elaborado. En el mismo expresaba que esa en fe rm e d a d no sólo d esarreg laba las principales funciones necesarias para la vida, sino que alteraba la estructura de la garganta, pervirtiendo la proporción de la más bella fisonomía26. Manifestaba además que: «... Yo estoy muy lejos de imaginar que esta enfermedad sea nueva en Santafé y es seguro que en todos los tiempos ha afligido a sus habitantes. La observación de que ahora hay muchos, no prueba su novedad, y únicamente arguye que de que se han aumentado porque se han multiplicado sus individuos...»27
Al igual que en el artículo del Semanario, Don Vicente Gil de Tejada sostenía que dicha enfermedad atacaba más a las mujeres que a los hombres. En cuanto a la etiología del mal, afirmaba, «... esto parece que debe atribuirse primero a que su sistema es mas susceptible de impresión del frío por su irritabilidad, sensibilidad y movilidad. Segundo que ellas sufren más inmediatamente el contacto físico del ayer por traer la garganta y pecho descubiertos...»28
Por ese m o tiv o , r e c o m e n d a b a a las m u je re s , ser m ás circunspectas para «... no presentarse con tanta libertad en tiempo que se varía la atmósfera y se infrigera el ambientev29. En uno y otro texto se planteaba el interrogante sobre los motivos de la notoria presencia del padecimiento entre las monjas de los conventos, para quienes no era posible aplicar la in t e r p r e ta c ió n de los cap rich o s de la m oda. En am b o s documentos se explicaba que tanto la humedad de esas casas religiosas como la frialdad del aire de los conventos, que por lo común es mayor que la del resto del ambiente, constituían la causa de la aparición de la enfermedad. El doctor Gil de Tejada argumentó además que: «... Su vida quieta y sedentaria constituyen los líquidos en su lentor muy graduado y la inacción pone los sólidos en un estado de inercia...»30
24. Ibidem. 25. GIL DE TEJADA, Vicente. Memoria Sobre las Causas, Naturaleza y Curación de los Cotos en Santa Fe, Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina, Colección de oro, 3/12. 2Í. Ibidem. 27. Ibidem. 2e. Ibidem. 29. Ibidem. 30 Op. Cit.
31- CALDAS, Francisco José, «El influjo del clima sobre los seres organizados». Semanario del Nuevo Reino de Granada, Biblioteca popular de cultura colombiana. Minerva, Bogotá, 1942. V 2 p. 187. 32. Ibidem, p 190 a 191. 33. Virginia Gutiérrez de Pineda, detalla las medidas y concepciones sobre el mal. Ver, Op. Cit. ps. 109 a 114. 34 Algunos años después, informaba el virrey Pedro Mendinueta en su relación de mando, «...Yo no hablaré de la lepra lazarina como una enfermedad destructora de la población, si no es en el concepto que los son todas; pero sí diré que suponiéndola contagiosa e incurable, ocurrió la próblda legislación a separar a los que la contraigan de todo comercio con los otros, y tal fue el origen del establecimiento del hospital de San Lázaro en Cartagena...» Pero, Manifestaba el mandatario las dificultades del traslado a ese hospital de los enfermos de las provincias de Panamá, Quito y Popayán, y ordenó se les atendiere en los hospitales generales de dichas provincias con la precaución de la debida separación. Dispuso como medida complementaria la construcción de pequeños lazaretos provisionales. Op. Cit. Tomo III, ps. 69, 70y 71. 35.A.G.N. |Colombia), Miscelánea, T 46. f 920 r. yv. 36. DE VARGAS, Pedro Fermín, Op, cit. ps. 146 y 147. 37. Ibidem.
Desde otra perspectiva, D on Francisco José de Caldas, sostenía que tal padecimiento no sólo atacaba la garganta sino también «... e i cerebro y las p o ten cias...»^ Se refirió tam bién a la propagación de la enfermedad por todo el Nuevo Reino. Sin embargo, identificó algunos de los lugares en donde no se presentaba y asoció tal hecho con la benignidad de las aguas del río Cauca, ya que era justamente en las tierras regadas por ese río en donde no se presentaba tal enfermedad. Se propuso estudiar entonces la composición de sus aguas con el propósito de identificar los minerales constitutivos y así detectar las carencias de las aguas que consum ían los habitantes de las regiones en donde el mal se hallaba tan propagado32. U n r o s tr o
c u b ie r t o
d e h o ja s
La p ro p a g a c ió n del m al de San Lázaro, fue o tra de las preocupaciones de las autoridades capitalinas a lo largo de la Colonia33. A comienzos del mes de marzo de 1791, se adelantaba una activa campaña para controlar el contagio. Dicha campaña consistió en una acción policiva para detectar y detener a los enfermos y enfermas. Por otra parte, se insistía en la necesidad de destinar una pieza separada en el hospital de San Juan de Dios para aislar a los pacientes afectados, mientras se disponía su traslado hacia el hospital General de Cartagena34. En ese contexto se advierte una activación de las pesquisas, y las lim itacio n e s de ta n dispendioso trabajo. Un funcionario municipal comentaba que en un día de mercado: «... encontró en la Plaza Publica a una mujer, que aunque trahia cubierta la Cara con ojas, daba a conocer al primer golpe de vista, q(u)e se hallaba penetrada del mal de San Lázaro...la condujo al cavildo, y estando alli D. Antonio Troes...cubriéndose los ojos dijo q(u)e era lazarina confirmada...la remitieron al hospital, pero a poco tiempo, según se les ha asegurado ya andaba por las calles...»35
Las políticas sanitarias estim aban prioritario preservar a la población de la capital. Dentro de las medidas de prevención de la lepra, sobresale la intención de restringir el comercio con algunos de los poblados de la provincia de Velez en donde tal padecimiento estaba m u y propagado. Don Pedro Fermín de Vargas36 había subrayado ya los estragos de ese contagioso mal que «inutiliza a ios que acom ete y sobretodo, es incurable... >?. Según sus cálculos, los leprosos que existían en las jurisdicciones del Socorro, San Gil y Girón superaban a las 300 personas. Otro funcionario expresaba que de esa provincia arribaban a la capital:
R IEH A C I IEN D O S A B IER IES «...Lienzos, Mantas, Pabellones, Sobrecamas, Alpargates, y otros muchos efectos con que se puede difundir y propagar el mal comúnmente llamado de San Lázaro, de que se hallan contaminadas d(ic)has villas, y otros pueblos de esas juridicciones...»38
Expresaba además que au nqu e en la capital se adop tasen medidas de prevención, no se verá libre de la posibilidad del contagio al m an ten erse el comercio con las m encionadas regiones y por ende, el ingreso de mercancías contaminadas39.
38 A.G.N. Miscelánea. T. 46, f. 293 r. 3’. Ibidem, f. 916 r. TO GUTIÉRREZ, de Pineda, Virginia, Op. Cit. p. 105. “".D E VARGAS, Op. Cit. p. 147.
El traslado de los enfermos al Hospital General de Cartagena, representaba una amenaza de desarraigo similar al destierro, por lo cual, los afectados se procuraban ocultar y sus familias c o n trib u ía n a ello. E n tre las san cio n e s p rev istas por el encubrimiento, figuraban para los ricos las multas de 200 pesos con destino a los fondos del hospital, a los pobres se les condenaba a un año de servicios en las obras públicas, el aseo de las calles, cárceles, hospitales y hospicios40. En ocasiones las mismas autoridades manifestaron con benevolencia las adversas implicaciones de esa medida, en especial, cuando afectaba a las mujeres cabeza de hogar por cuanto implicaba la desprotección o el abandono de los hijos. Por otra parte, las restricciones a la libre circulación de enfermos y enfermas, y las propuestas de d e s e s tim u la r el com ercio de a r tíc u lo s que se s u p o n ía n contam inados, representaban am enazas para im p o rtan tes grupos femeninos que derivaban su subsistencia del pequeño comercio y de las industrias artesanales. D on Pedro Fermín de Vargas propuso inclusive la restricción a las uniones así fueran legítimas, entre hombres y mujeres que padecían el mal de San Lázaro, para erradicarlo41. Según se infiere de la documentación, era com ún la convivencia de las mujeres con padecimientos que no eran necesariamente mortales, situación vivida con seguridad por importantes grupos de la población en general. Las deformaciones físicas ocasionadas por el coto y la lepra y quizá por otras enfermedades, como se advirtió, im plicaron estrategias para o cu ltar los estragos causados y cuyas huellas eran visibles en el rostro o en el cuello. Las evidencias de la enfermedades en un caso, despertaban la conmiseración y en el otro sentim ientos de tem or por las convicciones en las posibilidades del contagio. La asociación entre algunos de tales padecimientos y la fisiología de la mujer establecida por el saber médico de la época, con segu ridad c o n t r i b u y ó al a f ia n z a m i e n to de im a g in a rio s prejuiciados sobre lo fem enino. Por o tra parte, desde la
( 57 )
42. A.G.N. (Santafé de Bogotá). Miscelánea, I 64. f. 316 r. y v, 13. Ibidem. 44. En un dossier publicado en uno de los números de una revista barcelonesa y dedicado a la salud de las mujeres, se publicó sin mención de su autor el comentario de un libro de Bárbara Enrenreich y English Deldre Intitulado For her Own Good, en el que se refiere a las teorías médicas de mediados del siglo XIX y de comienzos del XX respecto a la salud femenina. La neurastenia, la depresión nerviosa, la hipertensión, la Insuficiencia cardíaca, la dispepsia, el reumatismo, la histeria, eran consideradas propias de las mujeres y cobró gran fuerza proponer como tratamiento expedito, justamente la manipulación quirúrgica de los órganos genitales. «El Viejo Topo», No. 38, Barcelona, noviembre de 1979.
perspectiva social, las invalideces parciales que afectaban a las m u je r e s a d u l ta s , a f e c ta b a n al g ru p o f a m ilia r bajo su responsabilidad al restringirse sus posibilidades ocupacionales y a ú n el libre d e s p la z a m ie n to por los espacios públicos, fundamental para gran parte de los quehaceres desempeñados por las mujeres de los sectores populares capitalinos. La lo c u r a y la v e s a n ia
En el hospital San Juan de Dios y en el M onasterio de la Enseñanza, fue posible visualizar algunas de las formas como en la sociedad de Santafé de Bogotá se trataba a las mujeres que padecían trastornos mentales. En el hospital se advirtieron algunos indicios sobre el estado de los conocimientos de tales trastorno s, expresado en los diagnósticos de las pacientes hospitalizadas y en los procedimientos aplicados para el control o la curación. En el Monasterio se apreció además de lo indicado, las consecuencias prácticas de las mencionadas perturbaciones. En el año 1791 estaban registrados trece locos en el hospital, siete hombres y seis mujeres. María Ignacia Obregón considerada loca habitual, llevaba tres años en el hospital en una jaula42. Catarina Garzona desde hacía un año estaba en esas mismas condiciones de encierro. Catalina Azula, María Luisa Bustos y, María Magdalena Vela llevaban menos de un mes hospitalizadas. Doña Bárbara Bonilla, había ingresado en cuatro oportunidades al hospital por orden de la justicia. En aquellos momentos, informa el registro, padecía locura, enfermedad y furor uterino. Igual que las demás, se encontraba encerrada en una jaula43. Como se aprecia, se procedía con base en un diagnóstico genérico sobre «la locura», que con seguridad, comprendía diversidad de trastornos. El diagnóstico del padecimiento de doña Bárbara Bonilla, particularizaba su tra s to rn o atribuyéndoselo a la anatomía femenina. El denominado «furor uterino» remite a un largo capítulo de la historia de uno de los campos de la medicina que localizaba la fuente de los trastornos mentales de las mujeres en sus órganos asociados a la sexualidad. Esta concepción condujo a abusos tales como la manipulación quirúrgica que serían denunciados por las feministas contemporáneas como una de las formas más despiadadas de la discriminación femenina en Europa y en América Anglosajona44.
IR- IE H A C 11IE N ID) O S A B E R IES
Una certificación del doctor H onorato Vila suscrita el 2 de septiembre de 1794, ilustra algunos de los porm enores del diagnóstico de los trastornos mentales y en especial sobre las consecuencias prácticas de dichos padecimientos en el ambiente conceptual: «... Como a los principios de mi exercicio en dicho Monasterio fui llamado por orden de la Madre Priora de dicha Comunidad, para q(u)e me impusiesse de la enfermedad q(u)e habitualm(en)te adolece la Madre Cathalina Arteaga, a quien hallé en una de las especies de la vesania, llamada delirio erroneo q(u)e ( ileg.) es una sociedad muy extraordinaria de ideas; cuia extravagancia me obligaron a no Poder formar Juicio de sus primitivas causas, ni arreglar curación...»45
Como se trataba de conceptuar sobre las capacidades de la madre Arteaga para participar en un evento que requería plena lucidez, el doctor Vila manifestó: «...Y haviendo de declarar si dicha madre esta idónea para dar voto de elección; miro que no atendiendo a lo q(u)e llevo referido: advirtiendo q(u)e siendo varias y rarísimas las ideas impresas en el sensorio, puede comprender la carencia de su voto, y contraher nuevas ideas contra la Comunidad; a cuio fin con el mas prudente método deben en lo posible evitar este accidente...»46
Correspondía al Arzobispo de la ciudad quien en esos momentos era el Dr. Dn. Balthazar Jaime Martínez, determinar la conducta a seguir con respecto a ia participación de la Madre Arteaga en las elecciones de abadesa que se estaban programando en el Monasterio. Sobre el particular el prelado concluyó: «... sin embargo de no constar por dicha certificación qual sea su actual estado... y q(u)e ademas de esto rogo uno de los dias pasados a la R.M. Priora, que la eximiese de la concurrencia a las elecciones por no estar para concurrir a ellas,... consentimos por nuestra parte para que no concurra... para precaver qualquiera sentimiento de irritación en la Paciente, y no agravar mas su enfermedad que mostrándose deseosa de asistir a dicha Elección, se le permita hacerlo, con tal que no se tenga consideración a su sufragio y que para que no se Confunda con los demas, se le ponga un vaso o caxa en que lo eche por separado ...»47
A.H.C.E. (Santafé de Bogotá) Cuade No, 15 4, D.ó. f, 1v. ,6 Ibidem. ,'7. Ibidem, t 3 v.
Con esta medida, aunque se le seguiría la idea a la religiosa si expresaba el interés de sufragar, su capacidad de discernimiento era puesta en cuestión48. Una diferencia im portante entre el hospital y el convento se observa en relación al trato de quienes padecían trastornos mentales. A partir del diagnóstico genérico de la locura, en el hospital, se practicaban formas de control y coacción del cuerpo m e d ia n te el e n c e r ra m ie n to forzoso, que con seguridad acentuaban los síntomas. En cambio en el convento, el trato a la madre Catarina Arteaga, estuvo supeditado a una certificación médica con base en la cual después de una deliberación, se concluyó un impedimento que inhibía su capacidad de decisión. Coexistían así en este campo, lo mismo que en el jurídico, dos formas de afrontar la locura y el delito, asimiladas de acuerdo con lo indicado por Foucault, por una parte al control y coacción del cuerpo y por otra, al control del alma49.
48 Catarina Arteaga era natural de la ciudad de Santafé. Hizo su profesión religiosa a los diez y siete años de edad en 1785. Había ingresado al Convento a los 15. Tendría 26 años más o menos cuando se efectúo el dictamen médico que sirvió de base para inhabilitarla a participar en las elecciones. 49. FOUCAULT Michael, Vigilar y castigar nacimiento de la prisión. Siglo XXI, México, 1990. 50 La Vida de las mujeres en los siglos XVI y XVII. Siglo XXI de España, Madrid, 1986, p. 223 a 226.
Mariló Vigil subraya lo com ún en los conventos femeninos españoles de los siglos XVI y XVII de la depresión. Esta se conocía en la época como el «mal de melancolía» y la «enfermedad de la tristeza» que se m anifestaban recién llegaban las novicias o cuando ingresaban de manera forzada. Se atribuía ante todo a la separación de los padres y familiares y a las condiciones del enclaustramiento. La autora menciona también que Santa Teresa de Jesús, le dedicó un capítulo de una de sus obras al problema de las melancólicas por petición de unas monjas de un convento de Salamanca, quienes le expresaron sus preocupaciones por la manera de tratar a quienes sufrían el mal50. En los materiales estudiados para Santafé, no se encontró referencia alguna a la melancolía como entidad peculiar que afectara a la población femenina de los conventos. Sin embargo, es de presumir la presencia de este padecimiento, el cual merece indagarse en posteriores investigaciones. H um berto Rosselli, con base en unas referencias de la obra publicada por el padre Salvador Gilip en tre 1780 y 1784, d en o m in a d a Ensayo de H istoria A m ericana, alude a una enfermedad femenina denom inada «mai de corazón», cuya sin to m atolo gía incluía palidez, convulsiones y desmayos, ocurridos en circunstancias especiales. En el caso descrito ocurría cuando los predicadores pintaban al detalle los horrores del infierno. Tal como se refiere en el texto de Gulip, coincide tal entidad con los denominados síntomas histéricos, los cuales fueron considerados du ran te largo tiempo exclusivos de las mujeres. Roselli plantea sus reservas en cuanto a la autenticidad
IR, IE H A C ][ IE N D O S A IB'. IE R IES
de tales manifestaciones y se inclina por atribuírselas a la simulación, a partir del testimonio de un evento ocurrido en la iglesia del colegio de Las N ieves en S antafé, en el cual participaron una madre y su joven hija. Esta última, a instancias de su progenitora y en el m om ento del sermón señalado por ella, palicedeció, convulsionó y fue llevada a su hogar en estado de p o stra c ió n 51. Las eventuales simulaciones, no implican desconocer que tal tipo de trastorno se pudiese presentar. Las referencias del padre Salvador, coinciden con la sintomatología descrita a finales del siglo XIX en Europa por Charcot y Freud52. Las m u je re s d e S a n t a fé d e B o g o t á m u e rte
a n te
la
Las concepciones sobre la muerte durante la Colonia, confirman la consideración de Norbert Elias acerca de las diferencias en el pensar la muerte y en las actitudes sociales ante ella, entre las sociedades occidentales del presente y las sociedades del pasado. Según el autor, en las primeras se tiende a reprimir el pensar la m uerte, lo que im plica su negación. En las segundas, la coexistencia cotidiana con la defunción de seres cercanos, implicaba una familiaridad con tal acontecimiento. Por otra parte, respecto a las fo rm as de morir, en las sociedades occidentales de hoy, se tiende a aislar a los moribundos en contraste con lo que ocurría en el pasado cuando se fallecía rodeado de los allegados. Es decir, la muerte adquiría un carácter en cierto modo público. Sugiere que tal evidencia no implica desconocer los conflictos entre los miembros del hogar, «...en las familias de los Estados menos desarrollados existe muchas veces todo menos armonía. A menudo prevalecen allí desigualdades mucho más grandes de poder entre hombres y mujeres, entre viejos y jóvenes. Los miembros de la familia pueden quererse pero también odiarse, o quizás ambas cosas a la vez. Pueden darse sentimientos de envidia, celos, desprecio...»53
En un medio como el de Santafé colonial, la omnipresencia de la muerte significaba el reconocimiento social de su proximidad. Por otra parte, por medio de la ritualización se procedía a la preparación tanto personal como familiar ante la inminencia del desenlace. Comprendía tal preparación eventos como la elaboración del testamento, en el que se determinaba la propia vo lu n ta d sobre el a tu e n d o fun erario y el cerem onial, la d is tr ib u c ió n de lim o s n a s p ara la s a lv a c ió n del a lm a 54, disposiciones inspiradas en la religiosidad católica, presente en los momentos cruciales de la existencia humana.
51. ROSSELLI, Humerto, «Noticias Coloniales sobre Patología Mental», en, Historia de la Psiquiatría en Colombia, Horizontes, Bogotá, 1968, T. I, p. 25. s . FREUD, Sigmund, «Estudios sobre la Histeria», en. Obras Completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 1981 ps. 55 y ss. En otro texto dedicado a Charcot, Freud sostiene que «con su gran autoridad se había pronunciado en favor de la autenticidad y la objetividad de los fenómenos histéricos, no podía tratarse como se creía antes de una simulación... Una vez rechazado el ciego temor a ser burlados por las infelices enfermas, temor que se había opuesto hasta el momento a un detenido estudio de dichas neurosis, podía pensarse en cual sería el modo más directo de llegar a la solución del problema...» En, «Charcot», Op. Cit. ps. 34 y 35. H. NORBERT Elias, La Soledad de los moribundos. Fondo de Cultura Económica, México 1989, p. 107. 54. En los testamentos además de las disposiciones sobre los bienes personales, se ordenaban los preparativos para el momento de la muerte y de los funerales, de tal forma que se indicaba el atuendo que se deseaba, y algunos pormenores de la celebración que incluía el reparto de algunas limosnas y una misa especial. María Clemencia Caicedoy Velez Ladrón de Guevara, fundadora del primer colegio de niñas en Santafé, por ejemplo, ordenó" ser ataviada en la ocasión con una túnica de la Orden de San Francisco, por cuanto ella era integrante de la Cofradía.
La inminencia de la muerte, era además la ocasión de conciliar con los antagonistas o de saldar las posibles deudas con la sociedad tal co m o se ex p resab a en la c o s tu m b re de los matrimonios cuando uno de los integrantes de una pareja en u n ió n de h echo se e n c o n tra b a en peligro de m u e rte. El docum ento que a continuación se transcribe confirma no sólo esta ap reciación, sino la d isp o sició n de las au to rid a d e s eclesiásticas, a facilitar la sacramentalización de las uniones en esos críticos momentos: «...María Sastoqui, India agregada a esta feligresía de los del corregimiento de esta capital, ha vivido en mal estado con Fran(cís)co Xavier Tinjacá Indio tributario del mismo Partido; esta se halla gravemente enferma y con bastante riezgo. Son solteros e intentan casarse. Ay facilidad de recibir brevemente la información...»55
55. A.RN.S.N. (Santafé de Bogotá). Matrimonios Libro 4 1800- i 8 13, f. 39 r, “ . JARAMILLO, de Zuleta Pilar En olor de santidad. Aspectos del Convento Colonia 1680-1830. Iglesia Museo Santa Clara, Santafé de Bogotá, octubre-diciembre de 1992. p. 40. 5?. Ibidem, p. 43
O tro aspecto relevante en el ritual de la muerte, era el ajuar que representaba para las mujeres tantas exigencias en su vida diaria como en el mom ento de la defunción. Se desconoce la iconografía sobre los atuendos funerarios de los sectores populares de la ciudad y las descripciones de las mortajas de las mujeres del com ún. Una aproximación a este aspecto, aunque para un restringido grupo social es posible a través de la iconografía de las abadesas fallecidas en Santafé de Bogotá. Gran parte del material iconográfico allegado por Pilar Jaramilo en su estudio sobre el convento de Santa Clara, se refiere a la pompa del atuendo funerario de las abadesas. Era costumbre que una vez falleciera una religiosa, se llamara a un pintor para la elaboración de su retrato. La magnificencia del atuendo y de los adornos, tiene su explicación en la p reparación para el en cu e n tro subsiguiente a la muerte: «...La corona que ciñe la cabeza de las religiosas difuntas, identifica a cada una como esposa de Cristo...»56
La tarea de los pintores, aunque sobrecogidos por el ambiente de la velación, revela las actitudes de la época ante la muerte: «... Dos cosas llaman la atención en estos retratos: la primera el acusado realismo de los rostros de las monjas, en los que los rasgos individuales aparecen claramente definidos; la segunda el que no se omitiera siquiera ni la lividez, ni el rictus final de la muerte...»57.
R IE H A <CII IE N ID»O S A IB. IE R IES
Es evidente que estos casos son excepcionales. Quizás estudios futuros sobre las mujeres laicas de todos los niveles, contribuyan a ilustrar los usos funerarios femeninos. El contacto directo de las mujeres con la muerte, fue un hecho cotidiano en la colonia santafereña. Eran mujeres las que atendían la mayoría de los partos, acontecimientos que si bien se proyectaban hacia la recepción de la vida, representaban también una gran proximidad con la muerte, por los riesgos de las complicaciones en el m om ento del alumbramiento tanto para la madre como para la criatura. Eran además, las mujeres quienes atendían a los enfermos y moribundos en el ámbito familiar, como parte de sus funciones de la vida doméstica y ante la incipiente atención institucionalizada de la enfermedad y de los procedimientos de preparación de los cadáveres58. La morbilidad y la mortalidad infantil, reconocidas en sus elevadas proporciones en las sociedades del antiguo régimen, eran asuntos que competían ante todo a las madres, a las amas de cría y a la servidumbre femenina. Estas responsabilidades implicaban el despliegue de esfuerzos físicos y vigilias, por las exigencias de las dietas, el m antenim iento de la higiene, la aromatización de los espacios en los que yacían los enfermos, la vigilancia que debía observase en las variaciones de su estado. Tal proximidad a ellos sig n ificab a a d e m á s u n a g ra n e x p o s ic ió n a las enfermedades, en especial a las de carácter contagioso. Por lo regular eran también las mujeres quienes se movilizaban para la consecución de los recursos requeridos para la atención de los enfermos y de los moribundos. De acuerdo con los datos proporcionados por los sumarios de los juicios criminales, se constata esa participación femenina. Según el testimonio del boticario que reconoció a María Pineda, joven sirvienta fallecida luego de que su ama la golpeó por tragarse un real, fueron las vecinas quienes le solicitaron para que compareciera a atender a la jov encita59. En una ocasión, el alcaide de la cárcel del Divorcio de la ciudad de Santafé, ante la enfermedad de su esposa, acudió al respaldo de algunas de las detenidas para que la atendieran, quienes lo hicieron hasta el m om ento en que m urió60. Las vecinas y amigas de Mónica de la Cruz, fueron quienes la condujeron al hospital luego de haber sido herida por su esposo con arma cortopunsante. La madre y las hermanas de Lugarda Espinosa apaleada por su esposo, la cuidaron antes de conducirla al hospital en donde, lo mismo que Mónica, falleció61.
58. En las orientaciones espirituales del padre Larrea a doña Clemencia Caicedo a través de la correspondencia que sostuvieron, la exoneró en una ocasión de la responsabilidad ante el incumplimiento de algunos deberes religiosos:«...El haber tenido algunas faltas en los ejercicios ordinarios, ya por tus quebrantos y falta de salud, ya por estar asistiendo a tu madre (7), hallo que semejantes faltas se hacen precisas, en que por la bondad de Dios no hay culpa. Por dar consueloy servirá tu buena madre, aunque faltes a otros ejercicios no te fatigues, pues es cosa sabida y cierta que por asistir a un enfermo, se puede dejar la misa aún en día de fiesta, porque la caridad se debe imponer a cualquier acto virtuoso...» Op. Cit. p29. 59. A.G.N. [Santafé de Bogotá) Juicios Criminales T. ó f 485 r. y ss “ A.G.N. (Santafé de Bogotá) Juicios Criminales. T. 3 fs. 688 r. y v.
61. A G N. (Santafé de Bogotá), Juicios Caminales, T 5 f. 896 r y v.
Se percibe en estos casos la solidaridad ofrecida por los grupos femeninos en el ám bito doméstico d urante los m o m entos de la agonía y del fallecimiento. Actuaron además como soporte afectivo en momentos tan críticos. Por otra parte, además de asumir algunas tareas una vez ocurridos los decesos como el arreglo de los cadáveres, las mujeres desempeñaban un papel fundamental de apoyo a los deudos62. C O N C L U S IO N E S
Se advierten de m anera nítida las tensiones entre la racionalidad científica que se intentaba expandir y las condiciones culturales de las gentes, que por una parte, operaban como elementos de resistencia a los cambios. También implicaban tales tensiones, contradicciones importantes entre el saber médico y los saberes tradicionales, dentro de los cuales estaban incluidos los saberes femeninos en materia de preservación y atención de la salud familiar. Las prácticas domésticas que incluían las dietas, la medicina herbolaria, y en general el patrimonio femenino de salvaguardia de la salud familiar, no se advierte como elemento esencial como seguramente lo fue. 62 Pablo Rodríguez, menciona algunas de las funciones de las beatas durante la Colonia, entre las cuales figuraban el cuidado de los enfermos y el alivio de los moribundos. Ver, «ANTONIA CABAÑAS; UNA BEATA DOMESTICA), Credencial Historia, No. 68, Bogotá, agosto de 1995.
La exploración de tales prácticas, en el escenario urbano de Santafé, ha producido resultados esquivos, quizás por la tendencia que se advierte en el período estudiado a la institucionalización de la atención a la salud, que implicaba el m onopolio de los conocim ientos sobre el funcionam iento del cuerpo h um ano en la racionalidad médica. Ese monopolio, implicaba a su vez el desplazamiento de las experiencias femeninas, valoradas como contraproducentes y por lo tanto sometidas a diversidad de controles por parte de las autoridades tanto seculares como eclesiásticas. D O C U M E N T A C IÓ N
P R IM A R IA
Archivo general de la Nación.(Santafé de Bogotá), Juicios Criminales, T 3, T 5, T 6 Archivo Histórico del Colegio la Enseñanza. Cuaderno No. 15 4. D.6 Archivo Parroquial de Nuestra Señora de Santa Bárbara (Santafé de Bogotá), Defunciones 1750-1810 Archivo Parroquial de Nuestra Señora de las Nieves (Santafé de Bogotá) Defunciones No. 2 antes No. 14 (1737-1776), Defunciones No. 1 antes No. 1 1683-1808 y Libro 3 Defunciones 1808-1881
R IEH A CII IEN D O S A IB,IER IES B IB L IO G R A FÍA
ACADEMIA COLOMBIANA DE HISTORIA, Boletín de Historia de Antigüedades, T IV ARCILA, Robledo Fray Gregorio, Cartas Espirituales de Fernando de Jesús Larrea, O.FM. a Doña Clemencia Caicedo, T.F Editorial San Antonio, Bogotá, 1936. CALDAS, Francisco José, Semanario del Nuevo Reino de Granada, Biblioteca popular de cultura colombiana, Minerva, Bogotá, 1942. V 2 COLMENARES, Germán, Relaciones e informes de los gobernantes de La Nueva Granada, Biblioteca Banco Popular, Bogotá, Colombia, 1989, Tomos I, II y III. DE VARGAS, Pedro Fermín. Pensamientos Políticos Siglo XVII-Siglo XVIII. Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura, Procultura, Bogotá, 1986. GARCÍA, Diana E. «La Ruta de la Muerte: Epidemias de viruela, sigloXVII a XVIII», copia mecanografiada, s.f. GIL DE TEJADA, Vicente. Memoria Sobre las Causas, Naturales y Curación de los Cotos en Santa Fe. Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina, Colección de Oro 3/12. MUTIS, José Celestino. Método general para curar las viruelas. Sociedad Colombiana de Historia de La Medicina. Colección de Oro, 1/12. MUTIS, José Celestino. Estado de la Medicina y de la Cirugía en el Nuevo Reino de Granada. Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina. Colección de oro, 2/12. RODRÍGUEZ, Manuel del Socorro. Papel Periódico de la Ciudad de Santaféde Bogotá (1791 1797). Edición conmemorativa del segundo centenario de la Biblioteca Nacional de Colombia, Banco de la República, Bogotá Arco, 1978, Vol I al VI. CARLE, María del Carmen, Grupos periféricos: Las Mujeres y los Pobres, Gedisa, Buenos Aires 1988. COLCIENCIAS, Instituto Colombiano de Epistemología, Historia Social de la Ciencias. Sabios, médicos y boticarios. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1986, p 79. ELIAS, Norbert, La Soledad de los moribundos, Fondo de Cultura Económica, México 1989. JARAMILLO, de Zuleta Pilar. En olor de santidad. Aspectos del Convento Colonial 1680-1830. Iglesia Museo Santa Clara, Santafé de Bogotá, octubre-diciembre de 1992. RODRÍGUEZ, Pablo. «LA VIDA DOMESTICA EN LA COLONIA. Nacer, casar y morir en casa», Credencial, Historia, No 55, Julio de 1994 FOUCAULT, Michel, Vigilary Castigar nacimiento de la prisión. Siglo XXI, México, 1990. MARTÍNEZ, Carlos. Santafé capital del Nuevo Reino de Granada. Banco Popular, Bogotá, Colombia, 1987. ORTEGA, Ricaute Daniel. Cosas de Santafé de Bogotá.(1959), 2a. ed. Bogotá. Academia'de Historia de Bogotá, Tercer Mundo Editores. 1990. PALAU, Castaño Luis Alfonso, «Caldas: Autor de un pequeño tratado pascaliano de antropogeografía», en: Francisco José de Caldas y Tenorio, 1768-1816, Molinos Velázquez Editores, Bogotá, Junio de 1994. ps 125 a 137. VARGAS, Lesmes Julián. La Sociedad de Santa fé Colonial. CINEP Bogotá. 1990 YOURCENAR, Marguerite, Recordatorios, Alfaguara, marzo de 1985.
Mientras mayores sean las opciones de cada individuo para su autorealización, ella y él tendrán más conciencia de su dignidad humana, serán más capaces, más eficientes y tendrán menos necesidad de limitar y restringir a los demás.
BIENESTAR FAM ILIAR
R t a l'aato fern o d e /a a e n te .
SUEÑOS, Y
S U M
IM AG EN ES B O) L O S
S O N IA S O LA R TE
Conm em oración de la Ausencia.
M AR G AR ITA ESCOBAR
De los abismos del Cuerpo.
M A R TH A LÓPEZ
Sombras, grietas y espejos.
SU EÑ O S, IM A G EN ES Y
S I M IB’» O L O S C O N M EM O R A C IÓ N DE LA AUSENCIA
LOS RÍOS DEL AM OR (D esp u és de visitar la tum ba de Bertolt Brecht)
JLO temía morir y ser infinita renunciar a mi liberación incondcionaimente o ser esclava de la ilusión sin entrada ai Nirvana poseída por las cosas del mundo La sombra de mis pasos ocultaba las huellas que quedarían allí hasta que las borraran otros pasos como heridas abiertas que cicatriza el polvo Con los harapos de mis pasiones ¿qué hacer que no fuera condena? Con la miel de mis días ¿qué endulzar que no estuviera impregnado con el vinagre de los sueños fallidos? Mas supe que los ríos del amor van al mar del espíritu y que un cosmos me señala el camino aquel que cifró en mí la clave de su ser verdadero y me condona la deuda por haber tomado de su luz el aliento para tener un nombre y ocupar un espado entre los seres de este mundo.
SONIA SOLARTE
SONIA SOLARTE
7o
SUEÑOS,- IM A G EN ES Y
S I M IB, O L O S DE LOS ABISMOS DEL CUERPO
LAS ESTACIONES
E
n el verano tórrido de mi infancia tuve noticias de las estaciones. Sufría de otoño: de mi cuerpo árbol efímero como hojas secas se desprendían los naufragios. El invierno era un silencio de nieve las palabras, blancas se me derretían antes de que cuajara la voz y el desencanto como si estuviéramos en primavera me anegaba con sus flores.
AL CUERPO
¡entras lo dicen con estupor o lo nombran con indigencia las palabras, todo ocurre en esa suntuosa nada con la que alguien nos vistió para dejamos en esta fiesta. Ocurren nombres, abrazos y desconciertos.
MARGARITA ESCOBAR
Suceden abismos que sólo se atreve a mencionar la música. Suceden ecos cuando se borran los espejos con la risa. Nada nos pasa fuera del frágil recinto en el que nos encerraron para soñar con vuelos de ángeles y de mariposas.
MARGARITA ESCOBAR
DESENCUENTRO
os matizan el cuerpo los desperdicios de un ayer borroso.
N
Nuestros cuerpos lo dicen titubeando las palabras que anticipan en gris el porvenir señero de las sombras aunque a veces con el reflejo de dos se forme uno el cuerpo del otro nunca está donde lo suponemos.
RECRESO
«Pero el sueño es una barca hacia la falsa orilla» MARGARITA ESCOBAR
Hilde Domín.
(C y si nos devolviéramos bordeando las estribaciones de la música? ¿Y si desandáramos el umbroso zaguán que nos puso en este día? ¿Y si a nuestro cuerpo lo arrastrara una barca enorme hasta el olvido? ¿Despertaríamos acaso en otro sueño en otra brisa dibujándole orillas al umbral llenándolo de borrones y de enmendaduras? Para Fabio
j2
MARGARITA ESCOBAR
■ai ’
*
'
X ; '.V / í- á
f íl
Las once de la mañana. (1926) Edward Hopper. Tomado de: Historia Universal del Arte. Tomo 8 E. Sarpe. 1982
SOM BRAS, GRIETAS Y ESPEJOS
M UJER
ujer: tu ser como presagio convida al misterio de nombrarte mi yo no sospecha en tu cuerpo el envés de mi misma mi nombre en A se pierde en la sílaba primordial un tam que golpea. Para inventarte el cosmos se reunió un collar de sangre germinado semillas reventadas como gotas en tus venas itshar, la diosa luna derrama su cosecha de senos descubre el pecho al niño negro al ojo que adormecen tus dedos.
Sus pupilas son almendras puertas que esconden la concha del sueño
mujer: déjame conocer en mi tu hijo despierto.
MARTHA LOPEZ
SU EÑ O S, IM A G EN ES Y
S I M IB O L O S
A LA SOLEDAD ][a,soledad señorea la ausencia con esmero un reloj de arena cae en mis sienes como planeta no visto, su atracción hace señales chinescas a las horas se arrodillan, sus plegarias imploran silenciosas un perfil ha granulado mis años ellas aman, han bebido su sombra.
MARTHA LÓPEZ
COMO ESPEJO DE PIEDRA
C
omo espejo de piedra el rostro de los años devuelve al cuerpo su silencio en los rincones del agua un surtidor de cuentas falsas acontece transmigra el sueño entre grietas el aire espera la cara. Las estatuas son ciegas y lloran reza la voz de la mañana que lamenta al rocío su claridad anónima su estigma de necesidad sobre la tierra. En el derrotero del planeta abierto una mujer desata el collar de su pecho aquilata el sésamo, abreva el agua sus labios elocuentes han bebido las lágrimas.
M A R T H A LOPEZ
COMO SI DE ORFEO SE TRA TA RA
C
omo si de Orfeo se tratara una mirada que avanza, palpa la silueta del abismo Euridice abraza al torso del aire es un río nocturno, un precipicio de dolor la espiral abatida de su sombra. En el santuario de la noche espectrales lirios extinguen mariposas como llamas que liban la congoja de los cirios las vestales consagradas a las sombras exhiben como granates gastados las orejas del éxtasis la orquídea cercada del sexo Como puño que cae en la sin razón un cuerpo espantado de mujer un cometa, la huella de su fuga.
M A R T H A LÓPEZ
D
O
§
M u jj e r e s,
§ a
M AR G AR ITA ESCOBAR DE ANDREIS
Desde las mujeres: Alternativas de calidad en salud reproductiva.
M AR IA I. PLATA
El ejercicio de 3 derechos reproductivos en Colom bia.
IMOHEMA H ER N A N D EZ
Un abismo de tristeza... La depresión en las mujeres.
M AR IA LUCIA RAPACCI M AR CELA R O D R IGUEZ
Puntadas recuperando la utopia de la salud con cuerpo de hom bre y cuerpo de mujer.
I s u
E
R
s a I « dl !
ID)
O
S
S
II
IE
R
D e s d e las M u j e r e s :
ALTER N ATIVAS Intro d u cció n
En los últimos años se ha trabajado con interés en lo que concierne a la calidad de la atención en los servicios médicos en general. Ya nadie duda que, sobre todo en el plano teórico, se h a n logrado avances significativos. No obstante, la mayoría de las veces sólo gozan de estos avances las personas pertenencientes a las clases medias, medias altas y altas de nuestra sociedad.
DE C A L ID A D Humanización de las relaciones médico-paciente, recursos técnicos y profesionales de primer orden, buenas instalaciones locativas, son a grandes razgos algunas de las principales variables en las que se ha centrado el mejoramiento de la calidad en la prestación de servicios médicos. Sin embargo, ofrecer servicios de calidad a mujeres, en el área de salud sexual y rep ro d u c tiv a , desde u n p u n t o de vista feminista, tiene requerimientos de otro orden.
M A RG A R ITA AN DREIS
E SC O B A R
DE
Socióloga - Directora de la Fundación Promujer Ha publicado poemas y artículos sobre arte en periódicos y revistas. Publicó el libro de poemas «Una grieta en el espejo».
EN SALUD Para comenzar, no podríamos referirnos a este asunto, sin tener en cuenta el camino recorrido por el movimiento social de mujeres, para formular, desarrollar, complejizar, y llenar de contenido éste concepto. Tampoco sería justo referirnos al tema, sin m ostrar la manera cómo su construcción, su puesta en práctica y las luchas del movimiento de salud de las m ujeres p ara incidir en las políticas de población, d e sa rro llo y salud, h a n c o n t r i b u id o de m a n e ra decisiva al mejoramiento de la situación socio-económica de las mujeres.
R EPR O D UCTIVA
Como todos los conceptos, el de salud sexual y r e p r o d u c t iv a , tie n e u n a h is to r i a y en su d e s a rro llo in f l u y e n a s p e c to s llegados de múltiples vertientes. En el caso del concepto qu e n o s o c u p a , h o y se re c o n o c e qu e su c o n s t r u c c i ó n h a e s ta d o ja lo n a d a por las refle x io n es, m ira d a s c rític a s y d esarro llo s teóricos del m o v im ie n to social de m ujeres; desde hace aproxim adam ente treinta años en una debate p e rm a n e n te con las políticas de población y desarrollo, con los programas de control de la natalidad; con un seguim iento m in u c io s o a las p o lític a s de p la n ific a c ió n familiar. En el presente artículo se te n d rá n en cuenta algunas de estas reflexiones, miradas críticas y desarrollos teóricos, haciéndo énfasis en cómo estas y su puesta en práctica, han contribuido de m a n era decisiva a q u eb rar u n equilibrio basado en un sistema de géneros, en el cual las mujeres ocupábamos un lugar de inferioridad. El Punto de Partida
En la actualidad es suficientem ente conocido qu e el d is c u r s o m édico , al c e n t r a r la especificidad del ser femenino en sus funciones r e p r o d u c t iv a s y sus f o rm a s de e n f e r m a r ú n ic a m e n t e en el m al fu n c io n a m ie n to del ú te r o , fué r e s p o n s a b le de la c re a c ió n de significaciones imaginarias en relación con la mujer, que desvirtuaban el conocimiento de su ser y p e r p e t u a b a n sus c o n d ic io n e s de in f e rio r id a d . H a s ta el Siglo XIX to d o lo relacionado con el cuerpo de la mujer y su salud, giraba en torno a un Aristotelismo que reducía lo femenino a lo incompleto y un galenismo que lo encerraba en in q uietante especificidad del útero ( Berriot Salvadore Evelyne, 1992). Como nos los insinúa Eva Giberti, acusadas de lascivia y de concupiscencia, cu an d o no de frigidez, durante mucho tiempo, tal vez por un
pudor impuesto a nuestro sexo y por no tener espacio en las instancias académicas y políticas, las mujeres no pronunciábam os palabras que nos atañían directamente como: menstruación, gozo, placer, ab orto, parto, em barazo, etc., produciéndose así un silencio propicio para las in terp reta cio n es que relacionaban el cuerpo femenino con suciedad e inferioridad. (Giberti Eva 1.989d). Este proceso histórico de interpretaciones y r e in t e r p r e ta c io n e s , de c o n s tr u c c ió n de representaciones sobre la mujer, su cuerpo y su sexualidad, plagadas de m ito s y prejuicios a lim e n tó las significaciones im aginarias ya desventajosas en torno a ella. Según Cornelius Castoriadis, las significaciones im a g in a ria s m á s allá de las d e fin ic io n e s puramente anatómicas o biológicas condicionan al ser h u m a n o , a s ig n á n d o le valores, espectativas, prohibiciones y m andatos a cada uno de los sexos. Las llama imaginarias, porque no corresponden a elem entos «racionales» o «reales» y no quedan agotadas por referencia a dichos elem entos, sino que están dadas por creación. Y las llama sociales porque sólo existen estando instituidas y siendo objeto de participación de un ente colectivo impersonal y anónim o.1 Por todo lo anterior y teniendo en cuenta la g ra n in flu e n c ia de las sig n ificacio n es imaginarias en todo el funcionam iento de la sociedad y especialmente en las relaciones de poder, de to d a s las lu chas que h an debido a f r o n ta r los m o v im ie n to s de m ujeres en el c a m in o p ara lo g ra r su plena ig u a ld ad de d e re c h o s y p o s ib ilid a d e s, u n a de las más significativas es la que han dado en el terreno de lo q ue h o y se d e n o m in a la salud sexual y reproductiva. C o n d ic io n e s h is tó r ic a s com o la irr u p c ió n masiva de las mujeres en el mercado laboral, su
I Castoriadis Cornelius. «Lo imaginario: la creación en el dominio histórico social». En. «Los dominios del hombre: Las Encrucijadas del laberinto». Gedisa, Barcelona, 1.988, pág. 65.
ID)
O
S
S
II
acceso a la educación secundaria y universitaria, la adquisición de ciertos códigos públicos que antes no poseíam os, etc., unidas a algunos avances científicos como el descubrimiento de los métodos anticonceptivos, han sido sin duda un incentivo necesario, pero no suficiente, para la t r a n s f o r m a c ió n de las c o n d ic io n e s de existencia. Esta, no habría podido darse sin el em peño co n tin u o por producir un a palabra propia, a partir del cuestionamiento de discuros como el médico que creó «teorías» e hipótesis para nombrar el cuerpo femenino y sus formas de enfermar. Sin esta palabra propia sobre el cuerpo que habitamos, padecemos y gozamos, no hubiera sido posible la construcción de un nuevo sujeto social femenino, ya que como lo plantea Eva Giberti: «nuestros cuerpos fundan un lugar en el que se entrecruzan los sentidos, cuya base material no es solamente somática, sino que ha sido socialmente construida, enhebrando discursos». (Giberti, 116) Pero, com o la co n s tru c c ió n de u na palabra prop ia sobre el c u e rp o y la salu d pasa n e c e s a ria m e n te p or e x a m in a r en fo rm a minuciosa la sexualidad y la reproducción, su d e sa rro llo ha tr o p e z a d o con m ú ltip le s obstáculos. El más im po rtante de ellos es la re s is te n c ia qu e s u s c ita en casi to d a s las instancias de poder, en la iglesia católica y en el común de las personas, la ardua discusión sobre el tema vedado de la sexualidad humana.
IE
R
m u je r m e d ia n te la lim ita c ió n , c o n d i c io namiento o negación de los derechos sexuales y reproductivos. Para c o n firm a r lo a n te r io r no es necesario a b u n d a r en citas b a s ta n t e tra jin a d a s en la a c tu a lid a d p o r las e s tu d io s a s de es ta problemática; pero, es im portante recordar con Evelyn B errio t S albadore «que el discurso médico fué tributario de un orden del mundo que convenía legitimar, mostrando que el papel de cada uno de los sexos se inscribía en la naturaleza» (Berriot Salvadore, 1.992) Desde mi p u n to de vista, dos h a n sido los a s p e c to s en los q u e se ha c e n t r a d o el m ovimiento social de mujeres para construir una mirada propia en lo que concierne a la salud sexual y reproductiva: i) La mirada que sobre sí mismas han dirigido las m u je re s al in t e r r o g a r s e sobre la discriminación y las condiciones de desigualdad de que han sido objeto a lo largo de la historia. ii) La revisión crítica de los sistemas, políticas, program as y leyes que sobre salud sexual y reproductiva trazan los gobiernos.
La ruta crítica de las mujeres para producir una mirada propia sobre su cuerpo, su salud y su sexual idad La m i ra d a
Esta discusión cuestiona a fondo los postulados de la moral tradicional, para la cual la garantía del orden social y de la seguridad familiar residía en el hecho de mantener a la mujer ignorante de los recursos para evitar los em barazos y las enfermedades de transmisión sexual. Así mismo, ha sentado las bases para un cambio en las leyes, las cuales en n u e s tr o s países in te n ta n controlar el c o m p o rta m ie n to de la
sobre sí mismas
Una de las formas de avanzar teóricamente de los movimientos de mujeres se ha centrado en la d e c o n s tr u c c ió n de d iscu rso s com o el de la filosofía y la medicina, que bajo premisas mal llamadas «científicas» o «filosóficas», du ra n te muchos siglos, sólo se limitaron a confirmar lo que d e c ía n las s u p e r s tis io n e s p o p u la re s, condicionados como estaban por las carencias de la anatomía, las imprecisiones del lenguaje,
CE)
desprovisto todavía de u n código científico, y los fantasmas a que da lugar el m ito del sexo devorador. (Berriot Salvadore, 1.992) D eco n stru cció n , m irad a crítica d o b le m en te difíciles cuando del discurso médico se trata, ya que éste no se limitaba sólo a la fisiología, sino que acudiendo a la psicología esbozaba retratos m orales e in telec tu ales de la mujer, que se limitaban a reproducir los valores imperantes, (Berriot Salvadore 1.992) influyendo en forma decisiva en los com portam ientos, en ta n to se convertían en significaciones imaginarias. Así, de mito en mito, de prejuicio en prejuicio, durante mucho tiempo no fuimos vistas en toda la complejidad de nuestro ser bio-psico-social, sino miradas e interpretadas con un sistema de representaciones que únicamente reproducía el o r d e n e x i s t e n te y las re la c io n e s de p o d er desiguales entre los sexos. Del mito de la mujer como varón incompleto, o de la mujer como inversa del varón, se pasó al mito de la mujer madre, con el cual todavía nos debatimos en nuestros días. Este último mito, al parecer, tiene su origen en la c a p a c id a d i n n a t a de las m u je re s para concebir, gestar, parir y luego am am antar a la nueva criatura humana. Esta capacidad a su vez es una de las diferencias más tangibles con el v a ró n y por ra z o n e s to d a v ía no m u y bien dilucidadas se ha traducido en discriminación hacia la mujer; se ha constituido en uno de los p rin c ip a le s tó p ic o s de v u ln e r a c ió n de sus derechos, dentro de un panorama no m uy claro si tenemos en cuenta que va unido a una gran idealización de la maternidad. Por otra parte, la equiparación de sexualidadreproducción-maternidad, que ha estado en las significaciones im aginarias sobre la m ujer a través de varios siglos, además de ser el eje sobre el cual se ha construido un sistemada de géneros
basado en la desigualdad, es el pilar en torno al cual se ha construido la identidad femenina. De a h í la n e c e sid a d de m ir a r c r ít ic a m e n te el carácter de estos vínculos, de deconstruirlos y producir a partir de su deconstrucción nuevos discursos. Desvincular la sexualidad de la reprodución ha permitido a las mujeres plantearse aspectos tan fu n d a m e n ta l e s para su desarrollo de seres h u m a n a s como: el placer, la posibilidad de disponer del propio cuerpo, la libre opción a la maternidad, etc. Así mismo le ha posibilitado exigir el cum plim iento de derechos hum anos b ásicos, de los que a n t e s h a b í a n e s ta d o excluidas, como el derecho a la igualdad y a la libertad. C u e s t i o n a r la m a te r n id a d c o m o cam p o privilegiado de construcción de la identidad femenina, ha permitido a las mujeres abrir el a b a n ic o de sus p o sib ilid a d e s h u m a n a s , e i n c u r s i o n a r en o tr o s c a m p o s de la vida, tr a d ic io n a lm e n te con siderado s m asculinos, pudiend o así hacer uso por prim era vez del d e re c h o h u m a n o al libre d e s a rro llo de la personalidad. Como consecuencia de lo anterior y haciendo aco pio de a p o rte s de o tra s disciplinas, las m ujeres h a n podido volverse a p la n tear las re la c io n e s e n t re n a t u r a le z a y c u ltu r a , desentrañando así una ideología que por siglos pretendió justificar mitos, creencias y valores generadores de inequidad y de violencia hacia las mujeres, al asignarle a la naturaleza lo que era resultado de complejas relaciones de poder entre los sexos.
La revisión crítica de los sistemas, políticas y programas de salud. Como es apenas lógico, una concepción del ser f e m e n in o com o la que h e m o s e n u n c ia d o , im bricada en las significaciones imaginarias,
ID)
O»
S
S
I
influyó y sigue in flu y en d o en los sistem as políticas y programas de salud; por ello ha sido p rio rid ad de los m o v i m ie n to s de m u je re s exam inarlas críticam ente. En esta revisión crítica se han encontrado aspectos que vale la pena mencionar: *Una preocupación exclusiva por los problemas de población que ha llevado a considerar a las mujeres objetos y no sujetos de las políticas de población y desarrollo; a in stru m en talizar su cuerpo convirtiéndolo en agente de políticas de c o n tro l n a ta l a tra v é s de p ro g ra m a s de planificación familiar, vulnerando muchas veces sus derechos a la libertad, a la integridad y a la dignidad. *Una preocupación preponderante por la salud materno infantil, lo que ha conducido a trazar políticas en las que sólo se tenías en cuenta a la mujer en tanto que reproductora de la especie, en tanto que madre y únicamente en relación con el hijo (a); en las que sólo se tenía en cuenta el p erío do r e p r o d u c tiv o , ig n o r a n d o o tr o s aspectos relacionados con su salud y otro s períodos de su ciclo vital. *Q ue en el c a m p o de los servicios, específicamente en los servicios de salud sexual y rep ro d u ctiv a, se c o m e tía n y se c o m e te n to d a v ía hoy, to d a s u e r te de a tro p e llo s y vulneraciones a su dignidad y se reproducen las signficaciones imaginarias en relación con la m u je r y con el v a r ó n y se r e f u e r z a n las condiciones de subordinación de la mujer. Lo cotidiano, lo cultural y lo político, tres escenarios privilegiados por las mujeres para sus luchas por la igualdad.
U no de los a p o r te s m ás re c o n o c id o s al m ovim iento social de mujeres, ha sido el de mostrar que lo privado es político, sacando a la luz lo que ocurre en la intimidad de los hogares;
IE
R
cuestionando la tradicional concepción de un espacio público «racionalizado» y un espacio p riv ad o «sen tim en taliz ad o » , pero ta m b ié n , d e c o n s tru y e n d o e x a m in a n d o y tr a ta n d o de cambiar las relaciones de poder que se dan en el ám bito de lo doméstico, instituyendo en éste p rá c tic a s tr a n s f o r m a d o r a s . C u e s ti o n a n d o además la dicotomía que asigna a las mujeres el lugar de lo privado, donde se da lo concerniente a la reproducción de la especie y a los hombres el lugar de lo público donde se trazan políticas y se t o m a n las d e c isio n e s qu e a t a ñ e n a la comunidad. No h ay duda de que estos tres escenarios se in flu y en m u t u a m e n t e y que u n a verdadera transformación de las relaciones entre los sexos, no p u e d e ig n o r a r a lg u n o de esto s. U n a intervención exclusiva en el espacio doméstico reduciría las luchas feministas por su liberación a u n a c u e s ti ó n p u r a m e n t e in d iv id u a l sin repercusiones colectivas; ignorar los avances teóricos, filosóficos, artísticos y científicos, ocasionaría el riesgo de seguir trabajando con prejuicios heredados en relación con los sexos e impediría la riqueza conceptual que ha logrado crear el movimiento. Las luchas en estos dos escenarios no lograrían la g ra n re p e rc u s ió n que h a n te n id o en las sociedades modernas sin la práctica política de los movimientos de mujeres: sin los grupos de reflexión, sin sus denuncias de los atropellos co m etid os c o n tra las m ujeres, sin su lucha continuada en todos los países por conseguir condiciones más justas y equitativas para las mujeres. De esta forma, un aspecto de la vida hum ana como es el que tiene que ver con la salud sexual y reproductiva y las decisiones que se tom en en este campo, influye tanto en la vida individual como en la colectiva. De ahí la necesidad del movimiento social de mujeres de sacar a la luz pública las elaboraciones en torno a su cuerpo, a
CS)
su sexualidad y a su salud; su interés en ser oídas en las con ferencias in te rn a c io n a le s e incidir en los acuerdos que se logren en las mismas, interés que se ha convertido en una realidad incontrovertible y de cuyo éxito, al menos en la formulación de los problemas, da c u e n ta la reciente conferencia de N aciones Unidas sobre Población y Desarrollo realizada en S e p tie m b r e de 1994 en El C airo y la Conferencia de la Mujer realizada en Beijing en 1.995. • En dichas Conferencias los países m iem bros secomprometieron a garantizar a las ciudadanas y ciudadanos el derecho a alcanzar el nivel más elevado de salud reproductiva, la cual quedó definida de la siguiente manera: «La salud reproductiva es un estado general de bienestar físico, mental y social, y no de mera ausencia de enfermedades o dolencias, en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo, sus funciones y procesos. En consecuencia, la salud reproductiva entraña la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos de procrear, y la libertad para hacerlo o no hacerlo, cuándo y con qué frecuencia. Esta última condición lleva implícito el derecho del hombre y la mujer a obtener información sobre métodos de planificación de la familia así como de otros métodos para la regulación de la fecundidad que no están legalmente prohibidos y acceso a métodos seguros, eficaces, asequibles y aceptables, el derecho a recibir servicios adecuados de atención de la salud que permitan los embarazos y los partos sin riesgos y den a las parejas las máximas posibilidades de tener hijos sanos. En consonancia con esta definición de salud reproductiva, la atención de la salud reproductiva se define como el conjunto de métodos técnicas y servicios que contribuyen a la salud y al bienestar reproductivos al evitar y
resolver los problemas relacionados con la salud reproductiva. Incluye también la salud sexual, cuyo objetivo es el desarrollo de la vida y de las relaciones personales y no meramente el asesoramiento y la atención en materia de reproducción y enfermedades de transmisión sexual”.2
Como puede verse en esta definición bastante completa, quedaron plasmadas muchas de las c o n c e p c io n e s de salud re p r o d u c tiv a del movimiento de mujeres. Las negociaciones con la Santa Sede y con los grupos fundamentalistas pertenecientes a la ONU, fueron un freno para trazar políticas claras en relación con temas tan controvertidos y tan sentidos por las mujeres como los del embarazo indeseado y el aborto. Valga m e n c io n a r que no o b s t a n t e las concesiones otorgadas, la santa sede expresó una reserva general sobre el capítulo.
Desde la mujeres: algunas alternativas para prestar servicios de calidad en salud reproductiva Para a d e n tr a r n o s en el te m a de la calidad, p o d r ía m o s m e n c io n a r u n a larga serie de condiciones form uladas a esta problem ática desde el modelo de humanización creado por la m e d ic in a social y el m o d e lo G erencial, impulsado en Colombia por la Ley 100. Sin desconocer los avances que proponen estos m odelos en c u an to a com petencia técnica y humana, formación y desarrollo de los recursos humanos, normas y procedimientos, protocolos de a te n c ió n , s is te m a s de in f o r m a c ió n y comunicación, etc. y sin dejar de considerarlos ind ispen sables cuan d o de crear modelos de atención a mujeres en las areas de salud sexual y reproductiva se trata, un planteamiento como el c o n s tr u id o por el m o v im ie n to social de mujeres acerca del cuerpo, la sexualidad y la salud femeninas, a cerca de las condiciones de
2 Informe de la Conferencia Internacionalsobre la Poblacióny El Desarrollo. El Cairo I al 13 de Septiembre de 1.994 Naciones Unidas, New York. 1.994
D
O»
S
S
I
existencia de las m ujeres y la necesidad de tr a n s f o r m a r la s , tie n e r e q u e r im ie n to s diferentes. Por razon es de espacio en este a r tíc u lo se te n d r á en c u e n ta ú n ic a m e n t e algunos de ellos, en forma m uy global. Com o respuesta crítica a la concepción que considera a la m u je r ex clu siv a m e n te com o poseedora de un útero, como reproductora de la especie, el movimiento de salud de las mujeres ha trabajado en forma exahustiva el enfoque de integralidad. Este m u y bien recogido por la socióloga Argelia Londoño, «...plantea que el ser humano es una realidad indivisible en la que se pueden distinguir dimensiones ecológicas, biológicas, psicológicas y sociales. Señala también que es difícil establecer umbrales que separen esta unicidad y que no hay una dimensión del ser humano superior o más importante que las demás. La distinción de las dimensiones mencionadas es más un enunciado pedagógico que permite visualizar aspectos importantes del desarrollo humano”.3 Para analizar las situaciones que pueden estar creando o m an ten ien d o inequidades sociales causadas por la pertenencia a uno u otro sexo, se ha creado la perspectiva de género. Con ella se busca dilucidar y hacer visibles cada una de las fo rm a s en las que p u ed e m a n if e s ta r s e la discriminación producto de la pertenencia a un género y construir nuevas alternativas para que las relaciones entre los géneros sean más justas y equitativas. En el caso de la salud, la perspectiva de género señala que las sig n ificacio n es im a g in a ria s construidas socialmente en torno al hombre y a la m u je r « co n d icio n an las c o n c e p c io n e s y p rácticas que las p e rso n a s y c o m u n id a d e s tienen en torno al nacimiento, la muerte, las relaciones con el dolor y el placer, con el cuerpo, la sexualidad, el deseo, la construcción de la afectividad y de la identidad, las form as de pensar y sentir las distintas fases del ciclo vital,
3 Londoño Argelia Salud y Género: un enfoque para pensar a hombres y a mujeres en los procesos de salud-enfermedad. Proyecto «Proequidad» 1.991.Documento sin publicar.
IE
R
la organización de la cotidianidad y que esto debe ser tom ado en cuenta por el sector salud en todo su proceso y en la prestación de servicios» (Londoño 1.991) Prestar servicios de calidad a las mujeres en salud reproductiva requiere además conocer y redimensionar sus necesidades. Sin embargo, el hecho a p are n tem e n te elem ental de tra ta r de c o n o c e r las n e c e sid a d e s de u n a p o b la c ió n o b je to , del cual debe p a r ti r c u a lq u ie r concepción de calidad en los servicios médicos, plantea varios problemas cuando se trata de las mujeres, especialmente de las mujeres de bajos ingresos. C om o nos lo c u e n ta M aria Isabel M a t a m a l a (1.995) sus n e c e sid a d e s e s tá n subdimensionadas debido a la baja autoestima, a la i m p o te n c i a a p re n d id a , a la fa lta de a s e r tiv id a d , d e riv a d a s de u n p ro ceso de socialización en el que se considera que el sexo femenino es inferior al sexo masculino. Las expectativas de las m ujeres pobres que demandan servicios médicos, no van más allá de desear que las atienda, les resuelvan el motivo de su consulta y las traten bien, considerando que h a y que e s ta r agradecidas cu an d o esto ocurre. In v e s tig a c io n e s re c ie n te s com o la realizada por María Isabel Matamala en Chile4 han encontrado en una primera instancia, que el nivel de e s p e c ta tiv o s es m u y bajo. Las mujeres que abarcó el estudio «...parten de la premisa que el sistema de salud es muy precario, con servicios que no tienen planta física adecuada, ni personal suficiente. Esperan de ellos negaciones y piensan que la suerte o la sumisión pueden modificar esta impronta. Algunas pueden usar la agresividad con el mismo propósito, pero el consenso es que ello es para peor y la mayoría se autodefine como obediente y calladita» (Matamala, 1.995, 179). Por todo lo anterior las necesidades reales de las m ujeres deben extraerse de la lectu ra en tre líneas de sus historias personales y su relación
4 Matamala María Isabel y otras. «Calidad de atención en salud reproductiva desde un enfoque de génercwlnvestigación cualitativa con mujeres beneficiarías del Servicio de Salud de Occidente de la Región Metropolitana. Mujer Saludy Desarrollo, O.PS. Chile, 1.995.
con los problemas que consultan. Pasa por tener en cu en ta necesidades que la mayoría de las mujeres expresan con síntomas que van desde afecciones físicas «leves» hasta graves trastornos de su salud mental. Su redimensión no debe ignorar las variables mencionadas en torno a su socialización, siendo así necesario abordar en la co n su lta con m ujeres lo relacionado con su a u to estim a, su a u to co n o cim ien to y autocuidado, su autonomía en la familia y en la pareja, la n e c e sid a d de ser s o c ia lm e n te reconocidas y de a u m e n ta r la capacidad de negociar en las relaciones de pareja, así como ia
de lograr u n a u m e n to de la responsabilidad masculina en lo que tiene que ver con la salud sexual y reproductiva. Y nos referimos únicamente a estos aspectos, porque vistos desde la perspectiva feminista, po seen u n g ran p o te n cial tra n s f o r m a d o r y p ro p o rc io n a n e le m e n to s necesarios para la creación de modelos de salud alternativos, en los cuales no se refuerce el sistema de inequidad entre los géneros, sino que por el contrario, a través de ellos, éste se haga visible tan to para los hombres como para las mujeres y se transforme.
B IB L IO G R A F ÍA 1. Berriot Salvadore Evelyne,»EI discurso de la Medicina y la Ciencia». En: Historia de las Mujeres, Madrid, Taurus. 1.992. 2. Fernández Ana María, Compiladora, «Las Mujeres en la imaginación colectiva». Paidós. Buenos Aires, 1.992. 3. Giverti Eva, Compiladora, Las Mujeres y la violencia invisible» En. «Las mujeres y la violencia invisible». Ed. Sudamericana. Buenos Aires, 1.989. 4. Informe de la Conferencia Internacional sobre la Población y El Desarrollo. Naciones Unidas, New York, 1.995. 5. Londoño Argelia. «Salud y género. Un enfoque para Pensar a hombres y a Mujeres en los procesos de salud-enfermedad. Proyecto «Proequidad», 1.991. Versión Preliminar, sin publicar. 6. Matamala María Isabel y Otras. «Calidad de atención en salud reproductiva desde un enfoque de género». Investigación cualitativa con mujeres beneficiarás del servicio de salud Occidente de la Región Metropolitana. 7. Revista «Mujer y Salud No. 3, año 4, Red de salud de las mujeres lationamericanas y del caribe. Chile, 1.995.
ID)
O)
S
S
I
IE
R
EL E J E R C I C I O La salud reproductiva está fuera del alcance de muchas personas de to d o el m u n d o a cau sa de fa c to re s com o: los c o n o c im ie n to s insuficientes sobre la sexualidad h u m a n a y la in form ación y los servicios in s u fic ie n te s o de m ala calidad en m a te r ia de salud reproductiva; la prevalencia de com portam ientos sexuales de alto riesgo; las prácticas sociales discriminatorias; las actitudes negativas hacia las mujeres y las niñas; y el limitado poder de decisión que tienen muchas mujeres respecto de su vida sexual y reproductiva.
DE TRES D E R E C H O S Para poder tener salud reproductiva1 y poder disfrutarla es necesario reconceptualizar los derechos humanos abstractos, ya consagrados en los i n s tr u m e n to s in te rn a c io n a le s , para in c lu ir así las n u ev as experiencias y perspectivas de las m ujeres. Nos toca ento nces, entender las causas de la subordinación reproductiva y de la mala salud reproductiva así como desarrollar la habilidad para entender el m u nd o a través de los ojos de aquellas cuyos deseos y objetivos reproductivos son frustrados y comprometidos.2
R E P R O D U C TIV O S EN Tanto el Estado como la sociedad civil colombiana deben lograr y garantizar la autonomía y la autodeterminación reproductiva de los nombres pero sobre todo, de las mujeres pues no poaemos olvidar que la capacidad de la m u je r para c o n tro la r su propia fecu n d id ad
C O LO M B IA
MARIA ISABEL PLATA
Abogada de la Univerisdad del Rosarlo Magister en Derecho Comaparado, Universidad SMU de Dallas, EEUU. Especialista en Derechos Humanos de la Mujer. Directora de Profamilia.
1 La salud reproductiva es un estado general de bienestar físico, mental y social, y no de mera ausencia de enfermedades o dolencias, en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo y sus funciones y procesos, (ver par. 7.1CIPDJy en la Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer se aclara que el poder gozar de una salud reproductiva implica: fver Plat, de Acc. par.96) - tener una vida sexual satisfactoria y libre de riesgos : -tener la capacidad de reproducirse, y - tener la libertad de decidir cuándo y con qué frecuencia. 2 Cook, Rebecca. "Human rights and reproductive self-determination" en The American University Law Review "Conference on the International Protection of Reproductive Rights" Vol.44. April 1995, No.4, Pag.975.)
3 El empoderamiento consiste, en el proceso a través del cual las mujeres se movilizan para entender, identificar y superar la discriminación de género, para alcanzar la Igualdad, el bienestar y el acceso igualitario a los recursos, por medio de la toma del control y de la realización de las acciones necesarias para vencer los obstáculos de la desigualdad. Se considera que el empoderamiento de las mujeres y el control que ellas tengan sobre sus propios cuerpos es una premisa básica para el disfrute de otros derechos así como para su pleno desarrollo en todas las demás esferas de la vida pública, incluyendo la social, cultural, política, y económica entre otras. El empoderamiento y la autonomía de las mujeres constituyen por sí solos una importante finalidad. ( ver González V Ana. " Porqué el género y os derechos sexuales y reproductivos ?" PROFAMILIA. Oficina asesora en derechos reproductivos y género. Doc. de Trabajo, 1995.) 4 La ENDS-95 se desarrolló en el marco de la tercera fase del programa mundial de Encuestas de Demografía y Salud (DHS) con el fin primordial de proporcionar, a quienes diseñan y administran programas desaludy planificación familiar, información actualizada para el país y sus reglones sobre los niveles actuales de fecundidad y mortalidad, el conocimiento y uso de métodos de planificación familiary fuentes de obtención, la salud matemo-infantil, la nutrición, el SIDA y la violencia doméstica. Está constituida por dos encuestas: una encuesta de hogares y una encuesta individual para recolectar información sobre las mujeres de 15 a 49 años de edad y sus hijos menores de 5 años. Se completaron en total 10,112 entrevistas de hogares y I 1,140 individuales. La operación de campo tuvo lugar entre el 29 de marzo y el 25 de junio de 1995. Los resultados se pueden analizar a diferentes niveles de desagregación geográfica para las cinco regiones naturales: Atlántico, Oriental, Central, Pacífico y Bogotá y para 14 subreglones del país. 5 PROFAMILIA es una entidad privada, sin ánimo de lucro, afiliada a la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF), que cuenta con 43 clínicas en el paísy es responsable directa e indirectamente de cerca del 65 % de toda la planificación familiar en Colombia. Entre sus objetivos está el de promover y defender el derecho humano a la planificación familiar en Colombia y trabajar en favor de una mejor salud sexual y reproductiva ofreciendo información y servicios.
constituye una base fundamental para el disfrute de sus otros derechos. En este sentido es también un factor de gran importancia en la búsqueda del "empoderamiento”3 de las mujeres. Veamos entonces, algunos de los datos de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud 1995 (ENDS-95)4 y la r e c ie n te p u b lic a c ió n de PRO FA M ILIA 5 sobre los Conocimientos, Actitudes y Comportamiento Sexual de los A d o le s c e n te s qu e c o m p ila re s u lta d o s de varias encuestas realizadas en 1993 y 1994. Estos datos nos aclaran aspectos importantes sobre el ejercicio de tres de los sig uientes derechos h u m a n o s reconocidos en la C o n s t i t u c i ó n y en las leyes n a c io n a le s, en los documentos internacionales sobre derechos humanos, y en los docum entos pertinentes de las Naciones Unidas aprobados por consenso, que son fundam entales para contar con una salud reproductiva . El r e c o n o c i m i e n t o del d e r e c h o b á s i c o de t o d a s las p a r e j a s e i n d i v i d u o s a d e c i d i r lib re y r e s p o n s a b l e m e n t e el n ú m e r o de h ij o s, el e s p a c i a m i e n t o de los n a c i m i e n t o s y el i n t e r v a l o e n t r e ésto s, y a d i s p o n e r de la i n f o r m a c i ó n y de los m e d i o s p a r a ello
Las parejas e individuos en el país aceptan y ejercen este derecho en Colombia, pues hoy el promedio de hijos nacidos vivos que tendrán las mujeres durante toda su vida reproductiva es de tres. Sin embargo, por ejemplo, las mujeres sin educación y residentes en la zona rural del Litoral Pacífico tienen en promedio mas del doble de hijos nacidos vivos (7.1) que las mujeres con educación superior y resid entes en las grandes ciudades como B og otá, M e d e llin y Cali. Y si m ira m o s la ta sa de fecundidad deseada por estas mujeres en el Pacífico estaríamos hablando de 2.4 hijos. El c o n o c i m ie n to de m é to d o s a n t ic o n c e p tiv o s en Colom bia está m u y generalizado. Casi el ciento por c ie n to de las m u jeres h a n oído h a b la r de m é to d o s modernos de regulación de la fecundidad. Los métodos más conocidos son la píldora, el condón, la esterilización femenina y el dispositivo intrauterino. Sin embargo, en
ID»
O)
S
S
I
cu anto a los métodos tradicionales, com o la abstinencia periódica, donde el conocim iento sobre la menstruación y el ciclo m enstrual es clave, se e n c o n tró que u na de cada c u a tro usuarias del ritmo no sabe en qué m om ento del ciclo m e n stru a l son m ayores los riesgos de embarazo. Al preguntarse al los adolescentes que viven en ciudades intermedias, cuál es el m om ento de mayor riesgo de embarazo durante el ciclo menstrual, 14 de cada 100 no saben cual es el m o m ento de mayor riesgo y de los que creen saberlo, la m a y o ría d a n r e s p u e s ta s equivocadas (63 por ciento). Existen entonces en Colombia, evidencias de la fuerte m o tiv a c ió n para el e s p a c ia m ie n to y limitación de la familia. Al mirar los patrones del uso de m é to d o s a n t ic o n c e p tiv o s para espaciar y para limitar, se encontró que tres de cada cuatro mujeres están usando métodos para limitar. Com o es lógico, las mujeres jóvenes usan más la anticoncepción para espaciar los nacimientos, pero ya después de los 30 años, más de la mitad los usa para limitar. En las zonas urbanas, el porcentaje de las mujeres que usan m étodos para esp a c ia r (21%), es m a y o r que en la z o n a s ru rale s (14%), pero los porcentajes de las que usan m é to d o s p ara li m i t a r so n m u y semejantes en las dos zonas. El 72 por ciento de la mujeres unidas manifestó estar usando métodos en 1995. Este nivel de uso re p re s e n ta u n a u m e n t o i m p o r t a n t e en co m paración con los niveles observados en encuestas anteriores: 64 % en 1986 y 66% en 1990. Si bien el mayor aum ento entre 1990 y 1995 se registró en el uso de la esterilización al pasar del 21 al 26 por ciento(un aum ento de un punto porcentual por año), también el uso del condón aum entó de forma considerable (del 2 al 4 por ciento). La píldora y el DIU continuaron dism inuyendo su participación relativa en el
IE
R
c o n j u n t o de m é to d o s u sad o s, pero son utilizados por más del 20% de las mujeres. En c u a n t o a los m e d io s para d is p o n e r de servicios de anticoncepción moderna, según la E N D S-95, el 72.1% de los m é to d o s an tic o n c e p tiv o s son ofrecidos por el sector privado y de éste, PROFAMILIA ofrece el 28.8%, las droguerías el 33%, clínicas privadas el 6.2% y el m édico particular el 3.2%. Del 27.1% o fre c id o po r el s e c to r p ú b lico , los hospitales ofrecen el 18.2% ; el centro de salud el 4.7; y los seguros sociales el 3.6%. Las droguerías son los principales proveedores de p íld o ras, c o n d o n e s , m é to d o s v a g in a le s e inyecciones. PROFAMILIA y los hospitales del gobiern o son los que más realizan este rili z a c io n e s f e m e n in a s e in s e rc io n e s de D I U .I g u a lm e n te , PROFAM ILIA realiza en C o lo m b ia la m a y o r p a rte de las vasectomías. El d e r e c h o a a l c a n z a r el n i v e l más e l e v a d o d e s a l u d sexu al y reproductiva
La ENDS-95 perm ite estim ar en qué m edida la m o rtalid ad en Colombia es sensible a los patrones reproductivos de la población, en lo que se refiere a ed ad e s e x tre m a s de la m a d re al nacimiento de los hijos (menores de 18 o de 35 o más años), intervalos cortos entre nacimientos (menos de 24 meses), y orden de nacim iento mayor de 3. El 45 por ciento de los nacimientos en los cinco años que precedieron la encuesta ocurrieron en condiciones de riesgo elevado de mortalidad; dos terceras partes de éstos nacieron con un solo riesgo de m o rta lid a d y el resto con riesgos co m b in ad o s. Las categorías de riesgos m ás importantes son los intervalos cortos, de menos de 24 meses (11 por ciento de los nacimientos) y
el n a c im ie n to de ord en m a y o r a 3 (10 por ciento), y un 5 por ciento de los nacimientos tienen riesgos de mortalidad casi cuatro veces a los normales por haber nacido con intervalos menores de 24 meses y por ser de orden 4 o m ayor. En resum en, el 46% de las m ujeres actualm ente unidas están en posibilidades de concebir hijos con alto riesgo de mortalidad. Estos niños tendrían una probabilidad sesenta por ciento mayor de morir en el primer año de vida con respecto a aquellos que no están en tales condiciones (razón de riesgo 1.00). Casi la tercera parte de estas madres están en riesgo por tener 35 o más años y haber tenido tres o más hijos. Casi cuatro de cada cinco mujeres que tuvieron hijos en los últimos cinco años contaron con asistencia médica prenatal y tres de cada cuatro tuvieron atención médica en el parto. Mientras el 77% tuvieron sus hijos en instituciones de salud, 22% tuvieron partos domiciliarios, estos últimos ocurrieron especialmente en las zonas rurales. Más de la mitad (56%) tuvieron parto normal, 27 % se enfrentaron a u n trabajo de parto prolongado y el 26% sufrieron sangrado excesivo. El d e r e c h o a adoptar decisiones relativas a la reproducción sin sufrir d i s c r i m i n a c i ó n , c o a c c i o n e s ni v i o l e n c i a d e a c u e r d o c o n lo e s t a b l e c i d o en los d o c u m e n t o s derechos hum anos
de
En la ENDS-95 se encontró que 5.3% de las mujeres en edad fértil, habían sido obligadas a te n e r re la c io n e s sex u ale s y e n t re las adolescentes de 15 a 19 años se encontró un porcentaje de 3.1. Se observa que en la mayoría de los casos la persona responsable es una persona conocida. En el conjunto de mujeres que han sufrido este
tipo de violencia, el 44 por ciento señalan como responsable al esposo o compañero, el 20% a amigos o vecinos, el 14 por ciento a parientes (2% mencionan al padre, 4% a los padrastros y el 8% a o tr o s p a r ie n te s com o h e r m a n o s , abuelos, tíos, cuñados o primos) y el 14% a desconocidos, entre otros. E n tre las a d o le s c e n te s los p rin cip ale s responsables fueron novios, amigos o vecinos (39%), parientes (26%), desconocidos (16%) y otro s diez p o r ciento. La m itad de las que s e ñ a la n a los p a r ie n te s dicen que fu ero n violadas por los p a d ra s tro s (13%), seis por ciento por sus propios padres y 6% por otros . Para el to ta l de las mujeres la m ediana de la edad a la que ocurrió la primera relación sexual forzada son los 18.7 años y para las adolescentes son los 14 años. Los resultados muestran que cuando el violador fue una persona m uy cercana a la mujer, ésta era, en promedio, una niña (10 12 años para todas las mujeres, 12-13 para las ado lescentes); en t a n t o que si se tr a t a del cónyuge la mujer era mayor( 23 años para todas las mujeres y 18 para las adolescentes) Al preguntar en qué circunstancias sucedió, el 42% de to d a s las m u jeres y el 79% de las adolescentes dicen que el violador aprovechó que estaba sola. El estado de em briaguez lo mencionan el 22% de todas las mujeres y el 10 de las a d o le sc e n te s . U n 22% de to d a s las mujeres dice que el hombre lo hizo porque se cree su dueño, causa señalada por 4% de las adolescentes. Aunque la encuesta no preguntó directamente si la violación terminó en embarazo y cual había sido su resultado, se tienen algunos indicadores de que la violación afecta el deseo de hijos.6 Con relación al embarazo actual, 46 por ciento de las mujeres no violadas lo desearon, vs. 34 por cien to de las violadas, en ta n to que la proporción de embarazos indeseados es mayor 6 El conjunto de mujeres violadas se comparó con las mujeres no violadas para tres indicadores: embarazadas actualmente y deseo del embarazo; planeación de los nacimientos ocurridos en los últimos cinco años; y proporción de mujeres que, en los últimos cinco años, tuvieron embarazos que terminaran en pérdida, aborto o nacido muerto. ¡Ver, Ordóñez. Mynam. Violación de las Mujeres en Colombia Doc de PROFAMILIA. Gerencia de Evaluación e Investigación . Nov. 1995)
ID»
O
S
S
11
IE
R
entre estas últimas (32 vs. 20 por ciento). Con relación a los nacimientos de los últimos cinco años, mientras el 57 por ciento de las mujeres no violadas los desearon, entre las violadas, el 31 por ciento lo consideraron inoportuno y el 30 por cie n to no q u e ría n te n e r m ás hijos. En c u a n to a los em b arazo s que te rm in a r o n en p é rd id a o a b o r to , la p r o p o r c ió n e n t r e las forzadas es de 24 por ciento, cuando entre las no forzadas es del 14%. La violencia sexual en un poco mayor en la zona urbana, 6% vs. 4% en la zona rural. Pero se presenta con mayor intensidad en las grandes ciudades, Medellin 9%, Bogotá 8% y Cali 7%. Finalmente, a m anera de conclusión y como bien lo an a liz a la política, "Salud para las mujeres, Mujeres para la Salud’’: las mujeres no nos agotam os en lo biológico, en el aparato reproductor o en el cuerpo como un conjunto de sistemas y funciones. Pero más allá de buscar la reducción de las desventajas existentes entre hombres y mujeres, como una forma de mejorar la calidad de vida de las mujeres y de responder de manera integral a la problemática de salud que enfrenta la mujer, es necesario que este s e c to r d e s a rro lle u n a c u l tu r a de re s p e to a b s o lu to por los derechos h u m a n o s de las mujeres. Porque ante todo, la mujer debe ser vista y tratada como una persona y como tal su in te g rid a d p erso n al debe ser re s p e ta d a . Es necesario reconocer su capacidad de su jeto au tó n o m o , político y sociocultural que vive experiencias de su género que se reflejan en sus n ece sid ad es, in te r e s e s y p rio rid a d e s , generalmente negadas y desvalorizadas.
UN A B IS M O DE TR IS TE Z A .. Estudios
de G é n e r o y S a l u d
Mental
Los ap o rte s de investigadoras y teóricas fem inistas h an ten ido im portante incidencia en ei surgimiento del paradigma crítico de las ciencias. A la sombra del m ito de la neutralidad axiológica, que el paradigma positivista reclamó para el saber científico, se sustentó la condición social de inferiorización y subordinación de las mujeres desde distintas disciplinas.
LA DEPRESION Los llamados Estudios de la Mujer y luego los Estudios de Género han puesto en cuestión, sometido a reflexión crítica y propuesto nuevas categorías de análisis para el conjunto de «conocimientos» que, desde el saber científico tradicional, había sido construido en relación con las mujeres, con lo femenino, con las desigualdades de género y con todas las formas de desigualdad social.1
E N LA S En el campo específico de las disciplinas denominadas de la «Salud Mental» esta perspectiva implica el despliegue de esfuerzos rigurosos y consistentes para la deconstrucción crítica de teorías y prácticas con las que se ha operado, el cuestionamiento a la división de los seres humanos propia de los modelos biomédicos y de la psiquiatrización del cuerpo/mente femeninos.
MUJERES
I Bellucci. Mabel. 11992). De los Estudios de la Mujer a los Estudios de Género: han recorrido un largo camino. En: Las mujeres en la imaginación colectiva. Buenos Aires: Piados.
NOHEMAHERNANDEZ
Psicóloga Universidad Nacional de Colombia. Integrante del equipo de trabajo de la Corporación Casa de la Mujer, especialidad en atención a mujeres en situación de crisis Educadora. Candidata a la Maestría en Psicología Comunitaria de la Pontificia Universidad Javeriana.
ID
O
S
S
II
En los modelos biomédicos cuerpo y psiquis se a s u m e n com o c o n t i n e n t e s aislad o s, con c o n s e c u e n c ia s c o m o la f r a g m e n ta c i ó n y parcelación de las personas y la sobre-valoración en los sistemas de salud de las prácticas dirigidas a los procesos somáticos de salud-enfermedad y la s u b v a lo ra c ió n del d e s a rro llo de c o n o c im ie n to s , fo rm a s de i n t e r v e n c i ó n y prevención en salud mental. Sólo en las últimas décadas comienzan a hacer eco propuestas de integralidad. Es en es te c o n t e x to qu e em erge desde el movimiento feminista internacional, a partir de los años setenta, un novedoso y rico conjunto de conceptualizaciones y acciones que focalizan su aten ció n en los problem as relativos a la sexualidad y la salud de las mujeres. En el campo de la salud mental, a partir de la noción de construcción social de la subjetividad fe m e n in a , c o m ie n z a n a p r o p o n e r s e o tra s nociones como malestar psíquico, se realizan investigaciones que to m a n com o p u n to de partida la categoría relacional género para a n a liz a r la in c id e n c ia de d e t e r m in a d a s psicopatologías y se hacen estudios dirigidos a entender cómo los estilos y condiciones de vida de las m u je re s d e t e r m i n a n sus m o d o s de enfermar psíquicamente. Se inician así m ism o trabajos investigativoepidemiológicos dirigidos a determinar factores de riesgo y protección para la salud mental de las mujeres y al reconocimiento de las redes de apoyo psicosocial a las que están vinculadas y que son parte del proceso de resignificación de situaciones afectivo-relacionales críticas en los diferentes mom entos de su ciclo vital.
IE
R
ese m om ento: la melancolía y el duelo como procesos diferentes, aunque posean relaciones analógicas; la carencia de unidad conceptual frente a lo que se entendía por melancolía y las d iv ersas fo rm a s clínicas q u e el f e n ó m e n o m o strab a; la relación de algunas form as de melancolía más con afecciones somáticas que con las denominadas de carácter psicógeno.2 Preud precisa que el duelo no se conceptualiza com o e s ta d o p s ic o p a to ló g ic o , m i e n tr a s la m e lan co lía sí. En el p rim ero , señala, h a y siem p re u n a re a c c ió n a c i r c u n s t a n c i a s de p érd id a de u n o b je to a f e c tiv a m e n te significativo que puede ser una persona, un ideal, una situación de vida; la causa del duelo es reconocible y se relaciona con circunstancias ambientales. Para caracterizar la melancolía Freud afirma: ...se caracteriza psíquicamente por un estado de ánimo profundamente doloroso, una cesación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de todas las funciones y la disminución del amor propio. Esta última se traduce en reproches y acusaciones, de las que el paciente se hace objeto a sí mismo, y puede llegar incluso a una delirante espera de castigo.3
En el duelo es el m undo el que aparece desierto y empobrecido ante el sujeto; en la melancolía es el yo el que ofrece estos rasgos. Las personas en esta condición atribuyen a su yo el ser indigno de estimación, incapaz de rendimiento valioso y moralmente condenable. Resume el cuadro melancólico en lo que llama delirio de empequeñecimiento (referido a lo
U n a m i r a d a al d u e l o y la m elancolía freudianas
En 1915 Sigmund Freud escribe el texto "Duelo y Melancolía" estableciendo algunas precisiones fundamentales para el tratam iento del tema en
moral) e incluye allí múltiples manifestaciones como dirigirse amargos autoreproches, insultarse, esperar la repulsa y el castigo, humillarse ante los demás, compadecer a los suyos por estar ligados a persona tan despreciable.
2 Freud, Sigmund. (1915). Duelo y Melancolía Madrid: Biblioteca Nueva, Tomo II, 3a. ed. 3 Freud, S. op.cit.
La labor de duelo o elaboración de la pérdida de los o b je to s a m a d o s c o m p re n d e v ario s mom entos, descritos por Freud a partir de las ev id en cia s de realidad de que e sto s y a no e x iste n . Tales d e m a n d a s del p rin c ip io de realid ad so n in i c ia l m e n t e in a c e p ta b le s r e q u irié n d o s e u n p ro ceso p a u l a t i n o y significativo de esfuerzo psíquico para que la libido abandone todas sus ligaduras con tales objetos. O b s e r v a c ió n f u n d a m e n t a l de Freud en la similitud entre duelo y melancolía es que en ambos casos la persona puede saber a quién ha perdido pero, en el segundo, no sabe lo que con él ha perdido. Respecto de la melancolía y el duelo en las m u je re s , in c lu y e a lg u n a s breves pero significativas referencias: Una mujer que antes de enfermar de melancolía ha sido siempre honrada, hacendosa y fiel, no hablará luego mejor de sí misma que otra paciente a la que nunca pudimos atribuir tales cualidades; e incluso la primera tiene más probabilidades de enfermar de melancolía que la última, de la cual tampoco nosotros tendríamos nada bueno que decir.4
La expresión sugiere ya, desde el controvertido pensam ien to de Freud, la percepción de una relación fu erte e n tre depresió n e ide n tid ad f e m e n in a . Los rasgos q ue reliev a h a c e n referencia a los que aún se expresan como ideal femenino tradicional. Las «buenas mujeres», solicitadas, exigidas y ponderadas por la cultura patriarcal se constituyen subjetivamente sobre el riesgo de la melancolía. En este m ism o escrito Freud precisa, de otra parte, cómo el estado melancólico es revelador de un conflicto de ambivalencia en la relación con el objeto. La pugna amor-odio es el motor de tal conflicto y para ejemplificarlo acude de nuevo a nuestra buena mujer:
4 Freud, S. op.cit.
La m u je r que co m p ad ece a su m a rid o por hallarse ligado a un ser tan inútil como ella, reprocha en realidad al marido su inutilidad, cualquiera que sea el sentido que de a estas palabras. Al hablar del duelo y precisar que el objeto no necesariamente ha de estar perdido a causa de muerte, sino que también puede estarlo como objeto erótico cita como ejemplo el caso de la novia abandonada. D ebió ser b a s ta n t e frecuente en la época victoriana que mujeres en las situaciones descritas requirieran el diván freudiano. Tal re q u e rim ie n to , que con to da seguridad enriqueció los estudios psicoanalíticos a pesar de los sesgos a n d r o c é n tr ic o s y de las limitaciones del desarrollo científico propios de su época, evidencia los sentidos asignados a los papeles determ inados por la cultura para las mujeres del siglo pasado, y de buena parte de este, susten tados en ideales de salud m ental ligados a su capacidad de desem peño como «buenas esposas» y «buenas madres». Las definiciones norm ativo-valorativas de la c u l tu r a a s ig n a d a s a las m u jeres, en t a n t o género, así com o los rasgos sobre los que solidariamente se ha construido la identidad s u b je tiv a f e m e n in a , se h a n o r ie n t a d o a c o n t i n u a r la a n c e s tra l le g itim a c ió n de su realización a tra v é s del m a tr im o n io y la m a te r n id a d , co m o vías exclusivas. Las transgresiones a este ideal han sido réplicas de la misma lógica. Algunas preguntas, algunos indicadores, algunas p r e c i s i o n e s . ..
Desde los a rg u m e n to s h asta aquí expuestos podemos hacernos hoy muchas preguntas: ¿qué es lo que ha perdido la mujer honrada que se hace melancólica1?-, ¿qué rasgos caracterizan la
ID)
O
S
S
11
subjetividad de mujeres com o las que Freud describe: siempre honradas, hacendosas y fieles¿ Estas preguntas son relevantes aún ochenta años después del escrito Freudiano. Distintos estudios epidemiológicos internacionales y el ú ltim o nacio nal sobre salud m e n ta l (1993) muestran que para las mujeres la depresión es el paradigma de su malestar psíquico. En Colombia la proporción hombres-mujeres que se deprim en es de 10 a 15: por cada 10 h o m b re s d e p rim id o s h a y 15 m u je re s; la prevalencia de depresión sigue siendo mayor para el género femenino al igual que la obtenida en el estudio de 1987.5 C o in c id ie n d o ta m b i é n con in d ic a d o re s internacionales, a las colombianas suelen serle re c e ta d o s to d o tip o de f á rm a c o s con el propósito de aliviar este malestar, esta profunda tristeza. Pueden ser ellas mismas las que se a u to m e d iq u e n , a c tu a n d o en r a z o n a m ie n to similar: una pastilla para el dolor puede ser buen remedio para quien no puede identificar cuál es el origen de ese dolor. Julia Kristeva (1987) psicoanalista, especialista en semiología y en teoría literaria, diferencia desde su perspectiva tres estados depresivos: el que llama melancolía grave caracterizado por la le n tif ic a c ió n de to d a s las f u n c io n e s del psiquismo, la pérdida del gusto por la vida, por el deseo, por la palabra y la intención suicida; la depresión neurótica que sería form a m enos grave de la anterior; y la nostalgia o spleen al que bellam ente llama vacío del alma relacionándolo con la producción de algunas obras literarias y de arte. Para Kristeva la fragmentación del tejido social, vivida en n u e s tr o s tie m p o s , c o n t r i b u y e a profundizar la fragm entación de la identidad psíquica e x p e r im e n ta d a po r las m u jeres y h o m b r e s qu e se d e p rim e n , a u n a d a al
5 Ministerio de Salud. Centro Nacional de Consultoría. (1993). Estudio Nacional de salud mentaly consumo de sustancias psicoactivas. Colombia 1993
IE
R
in c re m en to c o n s ta n te de la violencia com o generador de pérdida del sentido de la vida, del deseo de vivir, de la esperanza de futuro. La depresión es el mal del siglo.6 La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la O rg a n iz a c ió n P a n am erican a de la Salud (OPS) distinguen también tres tipos de estados depresivos: 1) los s ín to m a s d ep resivos, rela tiv o s a los estados de duelo vividos por todas las personas; 2) las d ep resio n e s u n ip o lares, divididas en depresión en d ó g en a y d ep resió n reactiv a o n e u r ó tic a . La p r im e r a se liga a c a m b io s bio qu ím ico s del cerebro y su m a n e jo sería preferentem ente farmacológico. La segunda constituye un síndrome depresivo de origen p s íq u ic o ta m b i é n lla m a d o n e u r ó tic o , situacional o psicógeno. Es reconocido tam b ién por estos organismos que el segundo tipo afecta más a las mujeres que a los hombres. Para explicarlo se ha acudido a hipótesis hormonales, psíquicas y sociales. 3) El tercer tipo es el de los llamados trastornos bipolares que alternan los períodos melancólicos con otras maníacos. Considerada la forma más grave de d e p re s ió n , al parecer, tie n e co m p o n en tes genéticos y afecta por igual a hombres y mujeres. ¿En qué te r r e n o b u s c a r e n t o n c e s las ex p lic a c io n e s a la m a y o r in c id e n c ia de depresiones reactivas, unipolares, neuróticas, situacionales, psicógenas... en las mujeres^ C o n base en la experiencia de m ás de u n a década de compartir con mujeres en situaciones de crisis a partir del contexto institucional de la Corporación Casa de la Mujer, podemos afirmar con seguridad que cualquier modelo explicativo debe pasar por situar las condiciones de vida de
6 Kristeva. Julia. (1987). Soleil Noir. Dépression et Mélancolie. En: Burin, M. El malestar de las mujeres. La tranquilidad recetada.
( 95)
las mujeres, los lugares reales y simbólicos que el orden social y cultural les otorga, más allá de fluctuacio nes particulares y por identificar, reconocer y entender los contenidos, sentidos y a m b ig ü e d a d e s a s ig n a d a s a la s u b je tiv id a d femenina en nuestro m undo de fin de siglo.
El ideal femenino tradicional Herido de m uerte pero sobreviviendo del aire c o n t a m in a d o de las m ás p ro f u n d a s a m b i güedades, el ideal fem enino trad icional nos sigue acompañando. La feminidad fantástica de la cultura requiere aún de mujeres más o menos dóciles, generosas, contenedoras em ocional mente, sostén afectivo de los otros, com pren sivas, tiernas, postergando siempre las propias necesidades, cuidando la prole, alimentando el mundo. Pero esta feminidad idealizada suele no corresponderse y, peor aún, en trar en franca pugna con la feminidad efectivamente vivida. Múltiples dificultades y sobrecargas cotidianas derivan principalmente de las dobles, triples o circulares jornadas de trabajo a las que la mayor parte de mujeres colombianas acceden, en una mezcla para algunas confusa, entre el apremio de las n e c e sid a d e s de s u b s is te n c ia y las a s p ir a c io n e s p e rc ib id a s c o m o p ro p ia s y legítimas. Pero si bien las mujeres, por fuerza, deseo o conjunción compleja entre la una y el otro, han incursionado en el afuera antes vedado, no han ido en la misma proporción las modificaciones necesarias en el adentro (léase labores d o m é stic a s , e r o tis m o /a f e c tiv id a d , c u e r p o / s e x u a lid a d , r e p ro d u c c ió n , c o n t r o l de la fertilidad, socialización de los hijos/as), ni en las lecturas que la cultura patriarcal hace de su valor y significación social. No es g ratuito que en el país se diga que la sociedad tiene una deuda cultural que pagar a
sus m u je re s . La p r e m u ra , la fa tig a y el desempeño simultáneo de varios papeles es la marca de la cotidianidad de las mujeres de este fin de siglo: trabajadoras asalariadas, madres, esp o sas, n o v ia s, a m a n te s , jefas de hogar, estudiantes, trabajadoras no remuneradas en labores agrícolas o en la empresa o comercio «familiar», «madres comunitarias», educadoras populares, líderes y participantes activas de la vida social-comunitaria, entre otros.
¿Por qué las mujeres se d ep rim en ? Los m o tiv o s más frecu en tes por los cuales m u je re s que se e n c u e n t r a n en e s ta d o s depresivos demandan asesoría psicológica en la C asa de la M u je r tie n e n que ver, p r io r i ta r ia m e n te , con e v e n to s de c a rá c te r relacional. La mayor parte de estas mujeres no v a n a la aseso ría por sus s e n ti m ie n to s dep resivos, v a n en la b ú s q u e d a de hablar, entender y encontrar apoyo frente a situaciones a las que atrib u y en y vivencian como crisis vital: - violencia conyugal - conflictos severos y repetidos con la pareja - ruptura de pareja - infidelidad del esposo o compañero - abandono del esposo o compañero quien se va con otra mujer - conflictos familiares: con hijos/as,padre/ madre, familia del cónyuge. C o m o en los m ejores tie m p o s de la Reina Victoria, las mujeres suelen elaborar durante el proceso inicial de la crisis explicaciones plenas de autoinculpación, autoreproches, expresiones de severa d is m in u c ió n de la a u to e s tim a y hondos sentimientos de soledad, desamparo y orfandad. La ocurrencia de los estados depresivos se ha afirmado, como fijación en una de las etapas del duelo, antes de que la mujer busque o encuentre
ID»
O
S
S
H
IE
apoyo. No ha hallado lugar ni palabra para la rabia o se debate entre la culpa por sentirla y la realidad de expresarla, dado que asu m e su ex p re sió n c o m o no le g ítim a p ara el ideal femenino idealizado y term in a entonces por volverla c o n tr a sí m ism a ; ha a s u m id o u n proyecto de vida que en buena medida no fue su elección, ha desplegado ingentes esfuerzos por cumplir co m o b u e n a m u je r p ara g a n a r el prometido poder afectivo y ahora siente que n u n c a lo ha te n id o , ha a d h e rid o de m o d o acrítico a la norma social y no puede explicarse el por qué de la violencia, el a b a n d o n o , la in fid elid ad , el c o n t i n u o m a le s ta r e insatisfacción vital. Los rasgos as ig n a d o s a las p e rs o n a lid a d e s depresivas coinciden plenamente con los de la feminidad idealizada, señ ala Em ilce D ío Bleichmar: pasividad, dependencia, falta de firmeza y asertividad, gran necesidad de apoyo afec tiv o , baja a u t o e s t i m a e i n d e f e n s i ó n . 7 Podemos pensar entonces que la mujer honrada freudiana, más allá de los juicios de valor que el adjetivo sugiera, es toda mujer que durante la mayor parte de su vida se haya esforzado por cum plir con las m ú ltip les y co n tra d icto rias exigencias que el deber ser de la feminidad idealizada le ha impuesto, la ambivalencia no está sólo en las mujeres en tanto sujetos, está también en el ordenamiento social. Ser-mujer equivaldría así, y por sobre cualquier o tro logro, a ser -b u e n a /e s p o sa /m a d re /h ija . Este modelo de feminidad no podría ser inscrito en la subjetividad sin contar con el deseo; pero el deseo asumido como propio es el deseo del otro. Este deseo es el núcleo de la feminidad; ser femenina es construirse para el deseo de los otros; el contenido de vida de las mujeres sigue siendo el de ser cuidadoras vitales de los otros. El b ie n e sta r psíquico de las m u jeres sigue basándose en el deseo y la experiencia de estar en relación con..., como eje identificatorio de la organización de su yo. Un yo-en-relación a
7 Dío-Bleichmar Emilce (1991) La depresión en la mujer Madrid: Editorial Temas de Hoy.
R
partir del cual se establece que la subjetividad de las mujeres adquiere su mayor organización alrededor de poder crear y mantener filiaciones y relaciones.8 Los c o n f lic to s y crisis no s u rg e n de es ta diferencia por sí misma, surgen porque en el orden social y c u ltu r a l p a tr ia r c a l con sus sistemas normativo/valorativos e instituciones, sus individuos-varones y a veces las mujeres mismas, no le asignan valor social efectivo a tales rasgos. La vida afectiva y la reproductividad, asignados por la cultura como espacios de poder de las m u je re s, ex igen m u c h a c a p a c id a d de postergación de necesidades y deseos propios y la especialización de lo femenino respecto de ellos. Pero invisibiliza la contraparte implícita que legitima el consecuente distanciamiento de los mismos para la masculinidad, en el contexto de la lógica de la constitución binaria de las identidades subjetivas de los géneros. Si a lo anterior se suma que, en la práctica, el ser y h a c e r f e m e n in o s son p r o f u n d a m e n t e desvalorizados por el conjunto social (el género masculino no los reclama para sí, se resiste a asumirlos con franqueza) h a s ta el p u n to de considerarlos servicios improductivos social y económicamente, no será p r o d u c t o de la casualidad que tanto en investigaciones clínicas como sociológicas se señale como constantes, dentro de los factores de riesgo para la salud mental de las mujeres el matrimonio, el trabajo exclusivo de ama de casa, la doble jornada de trabajo, el tener tres o más hijos pequeños en la casa, la falta de soporte o ayuda de amigas/os o familiares y la falta de comunicación íntima y confidencial con una pareja.9 El m alestar de las mujeres, expresado en sus estados depresivos, está estrechamente ligado al lugar que le otorgan en sus vidas a las tareas de a firm a c ió n de los poderes q ue la tra d ic ió n c u l tu r a l les ha a sig n ad o . Si la id e n tid a d
8 Dío-Bleichmar op.cit. 9 Burin, Mabel. 11990). El malestar de las mujeres. La tranquilidad recetada. Buenos Aires: Piados " 97
femenina se sustenta sobre el poder afectivo y el deseo de ser p ara o tros, será in e v ita b le su posicionamiento como exclusivas responsables de la dinámica afectiva familiar y de pareja. Las dificultades y conflictos que surjan en estos niveles de re la c io n a m ie n to seguirán siendo resentidos como su falta, su gran fracaso, su pérdida. La pérdida de algo incomunicable y desconocido que se a c e n tú a en las m ujeres deprimidas es la- pérdida de amor. Pérdida del am or propio. En tal condición la
sufre un desequilibrio que compromete su identidad, lo central del concepto de sí misma.10
mujer
El te m o r a la pérdida o el alejam iento de los objetos amados explica en muchas situaciones los que hoy se denominan vínculos adictivos los cuales, a pesar de que se viva la humillación o la violencia, se m a n tie n e n para no enfren tar el abandono y la temible soledad. Las mujeres dedicadas exclusivamente al hogar, como es usual decir en nuestro medio, no son las únicas vulnerables a la depresión. También aquéllas que, de hecho, h a n m odificado las prescripciones culturales de espacios y lugares de poder pueden estar expuestas a tal riesgo si los logros y el reco n o c im ien to en lugares y espacios sociales distintos no se acompañan de resig nificació n de las cargas an ce strales de malestar, sentimientos de soledad e indefensión relativos al sentido y lugar que se le asigna a esos é x ito s en su p ro y e c to de v ida co m o mujeres. El ser para otros... c o m o i m p r o n t a de la identidad fem enina puede seguir teniendo el mayor peso en la atribución de sentidos. Los e p iso d io s d e p re s iv o s p u e d e n m a n if e s ta r s e tam bién como producto de múltiples tareas y a u to ex ig en c ias para in t e n t a r d esem peñarse «bien» en todos los campos. Las dificultades reales para establecer y /o m a n ten er vínculos afectivos sólidos e íntimos con una pareja o en un grupo familiar son acentuados en muchas
10 Dío-Bleichmar. op.cit.
o casio n e s po r la re s is te n c ia de sus dem ás integrantes, en la práctica, a redistribuir tareas, modificar privilegios relativos y, especialmente, a s o m e te r a crítica y cam bio exp ectativas, actitudes y valores respecto del reparto de roles de género. ¿ C ó m o p u e d e n las m u je re s r e e n c o n t r a r el a m o r p o r la v id a ?
Los m ú l tip l e s e n fo q u e s p s ic o te r a p é u tic o s a c tu a le s p r o p o n e n d ife re n te s m odelo s explicativos y manejos de los estados depresivos reactiv os. Sin em b arg o , m u c h o s de ellos, desconocen los aspectos en los que aquí se ha hecho énfasis respecto de las condiciones de vida de las m u je re s y, e s p e c ia lm e n te , a la constitución de la identidad femenina. Muchas de las prácticas, aunque se aproximen a su reco n o cim ien to , no s o m e te n a reflexión critic a y d e ja n in c u e s t io n a d o s esto s determinantes, limitándose entonces a imponer a las m u je re s d e p r im id a s e s fu e rz o s de sobread aptación al rol fem enino tradicional d o n d e e s tá , p ara m u c h a s, la f u e n te de su malestar psíquico. Es n e c e sa rio e n t o n c e s in c o rp o ra r una perspectiva participativa de las mujeres y los aportes de los estudios de género al campo de la salud en g e n e ra l y de la salud m e n ta l en particular, a sus análisis conceptuales y a las modalidades de atención y tratam iento que se utilizan. Por m últiples caminos se llega a la depresión y esos caminos pueden ser los que señalen las p o te n c ia lid a d e s, a lte r n a tiv a s y posibilidades de superarla. P ro p u e s ta s de fr e c u e n te em p le o c o m o las tr a d ic io n a le s f a r m a c o te r a p ia s y las p s ic o te ra p ia s in d iv id u a le s clásicas, d eb en ser re e x a m in a d a s y p u e s ta s en c u e s tió n desde nuevos modelos y estrategias más integrales. D is tin ta s m o dalid ad es de trab a jo en grupo
ID)
O)
S
S
II
IE
dirigidas a la a u to a y u d a , la re fle x ió n y la concientización o la ayuda mutua, así como las p s ic o te ra p ia s in d iv id u a le s y g ru p a le s desarrolladas por terapeutas feministas, entre otras, ameritan por sus resultados y calidad ser s e r ia m e n te te n id a s en c u e n t a p ara la comprensión e intervención en relación con las diferentes expresiones de malestar psíquico en las mujeres. Emilce Dío-Bleichmar, por ejemplo, propone la utilización de mapas de la depresión a partir de los cuales se id e n tif iq u e fa c to re s de las condiciones de vida particular, sentim ientos p red o m in an te s, m ensajes parentales f u n d a m e n tale s y co n cep to s de sí m ism a y de su femineidad, determinantes del estado depresivo vivido por la mujer.11 Inés Castro del Centro de Estudios de la Mujer de B uenos A ires señ ala co m o a s p e c to s relevantes en la atención psicoterapéutica de mujeres, desde el enfoque psicoanalítico y los e s tu d io s de género: c o n s tr u c c ió n de la conciencia de p erte n en cia al género sexual fem enino, privilegio del análisis de la etapa preedípica, tr a s to rn o s en el ejercicio de la
11Dío-Bleichmar, op.cit.
R
m a te r n id a d , t r a s t o r n o s de la s e x u alid ad , c o n f lic to s en r e la c ió n con el á m b ito e x tr a d o m é s tic o , c o n s t i t u c i ó n de deseos múltiples, despliegue de la función de dominio, d escu b rim ien to de las capacidades yoicas y revalorización del saber de las mujeres en el área de los afectos.12 Aunque los anteriores aspectos son generales, sugieren tam bién ejes para la atención de las mujeres que atraviesan estados depresivos de m a n e r a que les sea posible re s ig n ific a r su s itu a c ió n de crisis, t a n t o en el s e n tid o de situación de ru p tu ra con el equilibrio previo como en el de posibilidad de ubicarse como sujeto activo, criticante del equilibrio anterior. La resignificación de las crisis, cualquiera sea su naturaleza, tendrá efecto saludable y sentido esperanzador si la hostilidad diferenciadora se liga al pensamiento crítico, al sentimiento de injusticia, en términos de Mabel Burin (1990), c o m o in d ic a d o r de v a lo ra c io n e s crítica s te n d ie n te s a tra n s fo rm a c io n e s y no sólo al r e s e n t i m i e n t o que fija en s itu a c io n e s vindicativas cuyo efecto es cambiar todo para que nada cambie.13
12 Castro, Inés, (1987). Psicoterapia de mujeres: algunos aspectos relevantes. En: Estudios sobre la subjetividad femenina. Mujeresysalud mental. Mabel Burin y col. Buenos Aíres: Grupo Editor Latinoamericano. 13 Burin, Mabel, op.cit.
....siluetas perdidas perfilándose en el espejo cotidiano del amanecer, pieles ausentes sintiéndose prometedor abrigo de una presencia por bautizar, vientres, latidos, miradas dibujándose pausadamente reconociéndose uno, encontrándose en un cuerpo olvidado que ha empezado a nacer... Malú.
PUNTADAS
M A R C ELA R O D R IG U EZ DIAZ
Para iniciar algunas p reguntas
¿Cómo abordar el campo de la salud de la mujer¿ ¿Cómo repensar las c a te g o ría s y c rite rio s h a b i tu a le s de su d ia g n ó s tic o ^ ¿ C ó m o conceptualizar desde otros referentes paradigmáticos lo que enferma a las m ujeres1?- ¿Cóm o construir una modalidad de atención y de intervención que represente realmente una verdadera alternativa a la salud integral de la mujer¿. ¿Cómo aportar a la concepción de la salud como un estado de bienestar en todos las dimensiones de la vida¿
Psicóloga. Umverisdad Santo Tomás. Candidata a la maestría en Psicología Clínica. Universidad Pontificia de Comillas, España. Coordinadora del área de investigación. Departamento de Psicología Social, Pontificia Universidad Javeriana
PARA RECUPERAR Son a lg u n as de las p re g u n ta s que a c o m p a ñ a n el reco rrid o del Proyecto: Una Mirada de Género a la Salud de la Mujer1; desarrollado en los espacios del Sistema de Salud del Distrito (CAMI de Tunjuelito, CAMI de Altamira y UPA de Nueva Candelaria).
LA
U TO P IA
Hasta la fecha más que respuestas acabadas, podemos compartir un horizonte complejo de relaciones diversas entre tésis básicas de la perspectiva de género, enfoques alternativos de atención en salud y procesos de prestación de servicios; que nos pem iten avanzar en la reflexión, el análisis y la evaluación de la integralidad de las políticas de salud.
DE LA SALUD 1. Proyecto convenio Universidad Javeriana. Facultad de Psicología. Departamento Psicología Social y Fundación Restrepo Barco. (1994-1996).
M ARIA LUCIA RAPACCI
Psicóloga Social. Pontificia Universidad Javeriana. Maestría en Investigación y Desarrollo. CINDE Santafé de Bogotá Coordinadora del área de investigación, Departamento ae Psicología Social, Pontificia Universidad Javeriana. Docente CINDE y Pontificia Universidad Javeriana.
ID»
O»
S
S
][
IB
R
Abriendo ventanas
El intento de abrir ventanas que nos permitan pensar de manera distinta el campo de salud de la mujer, se configura en primera instancia con el abordaje analítico de la categoría género entendida como realidad estructurante de todas las sociedades humanas, ta n to en sus aspecto relacional entre el hombre y la mujer, como en su calidad de base de las identidades femenina y masculina. Esta categoria la hemos caracterizado por: - Ser histórica, es decir realidad creada por los seres h u m a n o s , c a m b ia n te y por lo t a n t o suceptible de modificaciones. - Ser constituyente de las diversas escalas de la vida, es decir permeadora de lo micro y lo macro de la sociedad, lo público y lo privado, el sistema político, de producción, el sistema educativo, la salud, así co m o la fam ilia, las re la c io n e s personales y las individualidades. - Ser ordenadora de la realidad, yá que impone una estructura jerárquica, a la base de la cual ex iste una v a lo ra c ió n y u n t r a t a m i e n t o diferencial de hombres y mujeres situándonos en posiciones de desigualdad e inequidad. - Ser mirada que visualiza las mediaciones que atraviesan factores biológicos y valoraciones q u e la c u l tu r a asig n a d if e r e n c ia l m e n t e a mujeres y a hombres, perm itiéndonos ver el patrón de necesidades, roles, acceso a recursos, condiciones de posibilidad; convirtiéndose de esta manera, en una herramienta de análisis que enriquece los marcos teóricos de comprensión del proceso de salud enfermedad. - Ser in s ta n c ia q ue vigila y tr a d u c e los ordenamientos de las relaciones en términos de Foto tomada del CD del Programa Painter 4.0
equidad, poder y justicia; ilustrando el juego de las diferencias entre hombres y mujeres, dando c u e n t a de la d iv e rs id a d en igual m e d id a; e s ta b le c ie n d o n u e v a s p r e g u n ta s a viejos dilem as; d e s n a t u r a l i z a n d o los h e c h o s , indagando acerca del porque ciertas normas se m antienen y otras desaparecen. El género como categoría de análisis, nos está p e rm itie n d o ver de u n a m a n e ra sensible y rigurosa, cóm o u n sistem a, u n a m a n era de p e n s a r se hace cu erpo , c o tid ia n id a d , vida, relaciones; dando cuenta en el orden de las ideas y de la acción de formas y horizontes que hacen viable el desarrollo pleno de mujeres y hombres. Desde esta perspectiva de análisis, es posible: 1) C om prender p ro positivam en te la com ple jidad de los m u ltip le s f a c to r e s qu e e s tá n a t r a v e s a n d o la d in á m ic a de proceso s interesados en la busqueda de integralidad de planes y programas de desarrollo social. 2) Situar las intervenciones en la dinámica de prevención, p rom oción y atenció n, tra s c e n diendo lo individual, ubicándonos en la salud com o pro y ecto en co n s tru c c ió n de caracter social, claramente intencionado.
Tejiendo Encuentros Posibles Mirando lo invisible Al r e c o rre r los serv icio s de salu d nos encontramos con eventos tales como:La mayor parte de las usuarias de los Centros de Atención son mujeres; los motivos más significativos de consulta son de orden m aterno-infantil, y de violencia; un número alto de funcionarios son m u je re s ; u n n ú m e r o s ig n if ic a tiv o de los programas de atención están dirigidos a mujeres
en el cam po de la planificación, preparación para el parto y control de embarazo; un ritmo de tr a b a jo a lto po r p a rte de ios y las f u n c io n a r ia s con m u c h a s d if ic u lta d e s de d istin to orden; recursos insuficientes para el desarrollo de los programas; la mayor parte de acciones desarrolladas están orientadas en el nivel curativo.
Mirando lo obvio Si revisam os otras fuentes e n co n tram o s los siguientes datos: 1) Las prioridades de atención en salud pública están centradas en problemas que afectan a la oblación en los estratos socioeconómicos más ajos. La atención M aterno Infantil continúa requiriendo la mayor prioridad y esfuerzos para asegurar la vida a la madre joven y al niño. (Helena Restrepo. Notas para la discusión sobre la Atención y la Promoción de la Salud de la M u je r en: G én ero M u je r y Salud, en Las Américas OPS). 2) Los c a m b io s en el d e s a rro llo u rb a n o , crecimiento de las ciudades, crisis económica, e s tá n cond icio n an d o dem andas y tensiones nuevas en las mujeres urbanas que aum entan los riesgos para enfermedades de diversa índole como: - afecciones cardiovasculares. - cancer (tumores malignos). - diabetes. - enfermedades reumáticas. - trastornos psicosociales (violencia y maltrato). - afecciones directamente relacionadas con los trabajos que tradicionalmente desempeñan las m ujeres (cuidado de la casa y cuidado de la familia) como son: venas varicosas, problemas lum bares, artritis, fatiga y depresión como
D
O
S
S
I
causa de la infravaloración de su desempeño. (Helena Restrepo. Notas para la discusión sobre la Atención y la Promoción de la Salud de la M u je r en: G énero M u je r y Salud, en Las Américas. OPS). 3) A nivel de cobertura los programas maternoin fa n tile s son el eje de p r e s ta c ió n de los servicios de salud, hecho que se expresa en una significativa mejora en la calidad y en el tipo de a ten ció n recibida por p arte de las m ujeres, durante embarazo y parto. A pesar de este avance, la mortalidad m aterna en Colombia, se sitúa en un nivel relativamente alto dentro del contexto latinoam ericano, lo cual p e r m ite a f ir m a r q ue a u n e x is te n im p o rtan tes deficiencias en la co bertura del proceso de gestación: ...en un estudio hecho en Medellin se encontró que el 30.3% de las defunciones maternas se produjeron dentro del embarazo, 3% durante el parto, 45.4% en el postparto y 18,2% en el post aborto...(Castellanos, Vazquez, David. Morta lidad de Mujeres en edad reproductiva y Mortalidad Materna. Presentado en congreso latinoamericano de Obstetricia y Ginecología, Montevideo. Diciembre de 1990).
4) En Colombia, como en América Latina, la violencia forma parte de la estructura social y aparece vinculada e stre c h a m e n te a la orga nización del sistema social, la violencia permea las d i s t i n t a s in s ti t u c i o n e s sociales y se manifiesta dentro de la familia en relaciones opresivas y discriminatorias; la m a gn itud de este fenómeno lo erige como problema de salud pública. En datos recogidos en 1990 se encuentra que sobre u n to ta l de 5.395 m ujeres de zo n as rurales y urbanas:
IE
R
- 30.4 m u je re s so n in s u lt a d a s , 18.8 son golpeadas y 8.8 son forzadas a tener relaciones sexuales. En las ocho comisarias de familia del Distrito Capital mensualmente se reportan 9.000 hechos de violencia al in terio r de la familia. En las Comisarias de familia de Cali, en el período del 93 al 94 se presentaron un número de denuncias sim ilares, el tip o de m a l t r a t o d e n u n c ia d o correspondía el 94% a m altrato a mujeres, 1% maltrato a ancianos y 5% m altrato a hombres. 5) Las mujeres constituyen aproximadamente el 80% de todos los trabajadores de la salud y representan sólo una minoría en térm inos de p o d er y c a p a c id a d de d e c isió n d e n t r o del Sistema de Salud: ...tanto a nivel latinoamericano como en Colombia las mujeres se encuentran concentradas en los tramos de más baja remuneración... (María Helena Machado. «La
mujery el mercado de trabajo en el sector de la salud> citando a Pizurky H. «Función de las Mujeres en la Asistencia Sanitaria»). 6) La concepción de salud promulgada por las distintas políticas de atención (ley 10 de 1990 y la ley 100 de 1993) es e n u n c ia d a com o u n estado de bienestar completo, físico, mental y social y no s o la m e n te c o m o a u s e n c ia de afección o en ferm ed ad ; p ro d u c to de in t e r acciones complejas entre la dimensión orgánico fu n c io n a l, las fo rm a s y c o n te n id o s de las relaciones sociales y el tipo de relaciones de las personas, hombres,mujeres y sus comunidades con el medio natural y cultural. 7) La salu d c o m o e s ta d o p e r m a n e n t e de construcción es caracterizada por la búsqueda de integralidad de los seres h u m an o s a nivel Ecobiopsicosocial, vinculando en su planeación
(Í0 3 )
y d e s a rro llo la p r o m o c ió n , p r e v e n c ió n y atención. (Argelia Londoño en: «Saludy Género. Un enfoque para pensar a hombres y a mujeres en el Proceso de Salud Enfermedad^ Documento borrador Proequidad).
de c o m p o r t a m i e n t o h u m a n o . (S im on e de Beauvoir), de tal fo rm a que aquellas m a n i festaciones que no se correspondan con este e ste re o tip o no existen o bien son leídas de manera discriminatoria.
8) Como se anota en los numerales anteriores el co n cep to de salud varía desde «ausencia de enfermedad», como una aproximación negativa que consolida el enfoque m edicalizado, a la noción de completo estado de bienestar físico, mental y social, que connota un ideal utópico.
- Esta desigual valoración de varones y mujeres, así como la rigidez de los estereotipos sexuales, entraña un problema de justicia, de no-equidad, yá que tiene efectos claros sobre la salud física y mental de ambos, en la calidad y en el promedio de vida para cada uno.
Desnaturalizando Fantasmas La categoría género como construcción social, no jerarquiza a o tras categorías de análisis social, sino que c o n s titu y e u n a p o rte para enriquecer no sólo las propuestas con respecto a la salud de la mujer, sino otras alternativas de pensar y poner en práctica estrategias centradas en relaciones de equidad. Igualmente introduce una mirada holística de los p ro c e so s de s a lu d - e n f e rm e d a d , que contribuye a reorientar la oferta de servicios de salud, con la perspectiva de integralidad, así co m o t a m b i é n u n a n á lis is de las p a r t i c u laridades que imprimen a los procesos de salud enferm edad, las condiciones biopsicosociales que hacen a mujeres y hombres seres diferentes y los coloca en situaciones de ventaja o riesgo frente al proceso de salud enfermedad. Una lectura desde la perspectiva de género en el campo de la salud de la mujer implica entonces, tener en cuenta que: - El manejo de las diferencias entre los géneros que la t r a d i c ió n ha v a lid a d o , s itú a a lo masculino como modelo por excelencia genérico y al com portamiento del hombre como modelo
- En el escenario de lo cotidiano, de la familia y de las instituciones en general, se despliegan los estereotipos sexuales y el sistema reproductor de los mismos, naturalizándose esta desigual dad. - Ver de m a n e ra específica las necesidades especiales y diferenciales de atención que tienen los diversos sectores de población en general y particularmente entre mujeres y hombres, aún en condiciones de vida semejantes. - Entender la calidad de atención asociada con los suficientes elementos informativos para que las mujeres puedan comprender y movilizar los recursos necesarios para la recuperación y el cuidado de su salud. Al igual que revisar: - los riesgos de salud vinculados a actividades cotidianas propias de hombres y de mujeres. - la percepción de enfermedad subyacente a las demandas y ofertas que tienen que ver con la naturalización de ciertos malestares. - las condiciones de posibilidad y de acceso a los recursos de salud, que se derivan de la posición en el ordenamiento social que tienen mujeres y
ID
O
S
S
II
hombres y que está en relación con dimensiones económicas, laborales y sociales. - La direccionalidad de los recursos en el campo de la investigación y de la atención en la salud. Articular el género y la salud integral sugiere varios caminos, unos de ellos son: 1) Incluir la d im en sió n de equidad y de la reproducción que, incorporada al cuerpo, otorga conceptos que explican la multideterminación de los procesos sociales y p e rm ite no sólo enriquecer la reflexión de la mujer, con respecto al hombre, sino la elaboración de estrategias para un desarrollo centrado en lo hum ano con relaciones de justicia. 2) Intentar desde el denominado espacio de lo general y de las causalidades e s tru c tu r a le s explicar el cara cter h istó rico y social de la enfermedad, conectando los perfiles patológicos a las categorías de clase social y procesos de reproducción social. 3) Diseñar modelos predictivos construidos con factores de riesgo diferencial por género para a d e c u a r e s tr a te g ia s de i n t e r v e n c i ó n co n criterios de equidad y énfasis en lo preventivo.
B IB L IO G R A F ÍA
IE
R
4) Explicar el proceso de salud-enferm edad, c e n t r a n d o la a t e n c ió n so bre d im e n s io n e s f r e c u e n t e m e n t e ig n o ra d a s, p r io r i z a n d o la c o n s id e r a c ió n de la c a te g o ría g én ero y su re la c ió n co n o tro s a s p e c to s , t a n t o en la elaboración de perfiles epidemiológicos de la p o b la c ió n , c o m o en la p la n ific a c ió n de la cotidianidad del sector salud; haciendo visibles factores de riesgo diferenciales que requieren u n a p r o p u e s ta de acc ió n esp ecífica de promoción, prevención y control de la salud. 5) Pensar la salud en la perspectiva de u na construcción social, desde la cual se torne en condición del desarrollo de los pueblos y en derecho de todos los seres humanos, rescatando el c o n t e n id o p o s itiv o que se pie rd e en la definición tradicional de salud como ausencia de enfermedad, dirigiendo la atención no sólo a los aspectos médicos de la Atención en Salud, sino también ...ala justicia de las bases sobre las cuales la sociedad funciona..., el énfasis en la dimensión de justicia, hace referencia al acceso y control que ejercen diferentemente los sexos. (Rebeca Cook. Derechos Humanos y Salud de la Mujer. OMS). 6) Hacer visible el reto de buscar indicadores positivos de salud que amplien el repertorio de los tradicionales indicadores de morbilidad y mortalidad, incluyendo a su vez el potencial de salud de la población.
CORPORACION CASA DE LA MUJER. HOSPITAL TUNJUELITO PRIMER NIVEL DE ATENCION.Protocolo de Atención y Vigilancia Epidemiológica a Mujeres en Situaciones de Violencia. Santafé de Bogotá. 1996. DEPETRIS ARIEL. La Tercera Revolución Epidemiológica y la Promoción de la Salud. Ponencia 2 Congreso Iberoamericano de Epidemiología. Salvador. Bahia. Brasil, Abril. 1995. GOMEZ GOMEZ ELSA. Género, Mujer y Salud en las Américas. Editado por Elsa Gómez Gómez. Publicación Científica. Washington D C: OPS. 1993. (Publicación Científica 541). LONDOÑO MARIA LADY Prácticas de Libertad. En Sexualidad y Derechos Reproductivos. Editado por Talleres Gráficos de Impresión Feriva. Cali. 1991. LONDOÑO ARGELIA. Salud y Género: Un enfoque para pensar a hombres y mujeres enlos procesos de salud enfermedad. Documento borrador. Proyecto PROEQUIDAD. Santafé de Bogotá. 1995.
(C R O N IC A S
Y
LIGIA GALVIS
J U A N IT A B A R R ETO M A R I A E. D O M IN G U E Z
E N T R E V IS T A S
Mi corazón ha estado siempre a la izquierda
El problema de los géneros en el consultorio: reflexiones desde la experiencia de cuatro profesionales.
(CRONICAS Y E N T R E V I S T A S
MI C O R A Z Ó N Cuando Cecilia Cardinal abandonó su exitosa profesión de ginecóloga para dedicarse a d ifu n d ir la edu cació n sexual, lo que h izo fue convertirse en defensora del derecho femenino a ejercer la propiedad de su propio cuerpo, derecho que, hasta no hace m ucho, estaba reservado exclusivamente a los hombres
HA ESTADO En eso y en rescatar la sexualidad femenina atavicamente refundida entre el turbión de la fe y el disparate machista, Cecilia Cardinal de M artín ha sido pionera, no solo en Colombia, sino en la América Latina. Gracias a la terquedad de profeta de personas como ella, se abrieron, en esta convulcionada América de abajo, nuevas opciones para la condición femenina, porque en la medida en que las mujeres puedan decidir sobre su propio cuerpo, pueden tam bién alcazar el disfrute de otros derechos.
SILVIA GALVIS
-----------------Escritora y periodista
S IE M P R E Estas páginas recogen brev em en te la voz de esta alm a gozosa, iconoclasta, que después de soportar los ultrajes de la discriminación profesional, dedicó su vida a reclutar y dirigir un ejército desarmado de defensores de la sexualidad humana con el propósito legítimo de darle golpe de estado a los prejucios fantoches de la religión y la cultura. Que sea esta una expresión de reconocimiento a una mujer valiosa, corajuda y generosa, y a su causa justa. Silvia Galvis
A LA IZ Q U IE R D A
--------
Yo tu v e la f o r tu n a de n ace r de u n a pareja sen sacional. Mi padre era de G ran ad a, esa p e q u e ñ a isla c a rib e ñ a q ue in v a d ie r o n los grin g o s h ace u n tie m p o . Su fam ilia te n ía algunos recursos y a él lo m andaron a educarse a Londres. Allá estudió quiroterapia y cuando se graduó ya no se amañó en Granada y se fue a trabajar a Venezuela. A Colombia llegó gracias a una anécdota m u y divertida. Resulta que él le cayó m uy bien al famoso dictador Juan Vicente Gómez, a quien le trataba algunos problemas de columna vertebral. Un día, llegó a su casa un oficial a decirle que una de las am a n te s del general estaba moribunda y que fuera a verla. Mi papá fue, y antes de ver la paciente, Gómez le advirtió que si la salvaba le daba una hacienda en pago, pero si la dejaba morir, ya sabía lo que le pasaría. Mi papá se dio cuenta de que la mujer no tenía salvación, así que cogió su caballo, las monedas de oro que tenía y se pasó a Cúcuta. Así llegó a Colombia José Cardinal, que así se llamaba mi papa.
E ntré a e s tu d ia r m edicina a la universidad Nacional y mi herm ana a filosofía y letras y durante muchos años fue decana de estudiantes de la Universidad de los Andes. Empecé m edicina con el beneplácito de mis padres pero no del resto de la familia que les parecía que esa era una carrera de hombres. En el curso éram os 110 estudiantes, y sólo dos mujeres: Georgina de Gaitán, una maravilla de mujer, que entró ya casada, y yo. La recepción de parte de los alumnos fue excelente, lo cual al arecer no era la costumbre. De hecho, ya antes abían salido unas cinco mujeres y en los otros s e m e s tre s h a b ía o tr a s t a n t a s y to d a s se quejaban por el trato. Yo no sé que pasó, pero el curso mío debió ser distinto porque yo no tengo u n a sola queja de mis com pañeros. H acían tonterías, claro, por ejemplo, en los primeros días le h a c ía n a u n o calle de h o n o r y lo aplaudían desde que pisaba la facultad hasta que me sentaba en la clase, pero eso no era nada.
De Cúcuta se vino a Bogotá y aquí conoció a mi m a m á , P aulina O rju e la , de v ieja fam ilia sabanera. Ella era una mujer sensacional, m uy inteligente y trabajadora (tuvo hotel, boutique, fábrica de ropa para muñecas y no sé que otros n eg o cio s). M i m a m á recib ió la e d u c a c ió n t r a d i c io n a l qu e se les d a b a a las m u je re s entonces, es decir, aprendió a coser, bordar, a tener bonita letra y tocar piano y guitarra; pero ella era distinta y tan distinta sería que a los 68 añ o s te r m in ó su b a c h ille r a to y e n t r ó a la universidad a estudiar filosofía y letras y si no pudo terminar, fue porque se quedó ciega.
En cambio, los profesores fueron absolutamente horribles. Del primer día, me acuerdo de uno llamando lista. Cuando llegó a Cardinal, Cecilia hizo una cara de espanto y dijo: ¡Una mujer!, ¿usted quién es? Yo le contesté: Pues, Cardinal, Cecilia y él exclamó: Usted lo que es, es un aborto de la naturaleza porque una mujer que entra a una facultad de medicina no es mujer ni es nada. Yo le juro que mientras yo sea profesor en esta universidad, usted no se va a graduar. Casi lo cumple. Me exigía tres veces más de lo que le exigía al resto de los alumnos.
Yo nací en 1924 y tengo una sola hermana; a las dos nos educaron de una manera m u y liberal, pero con tutores; nosotras no fuimos al colegio p o r q u e p ara m i p a p á n in g ú n colegio era suficientemente bueno. Teníamos un tu tor para inglés y francés, una tutora de matemáticas y geografía y mi papá nos arm ó u n p e q u e ñ o la b o ra to rio en la casa. E n tra m o s al colegio s o la m e n te para te r m i n a r el b a c h ille r a to y podernos graduar.
O tro s profesores eran to do lo contrario. Lo c o n s e n t í a n a u n o t a n t o q ue te r m in a b a n tratándolo como si fuera retrasado mental. Me hacían preguntas estúpidas como por ejemplo: ¿De qué lado queda el corazón, señorita?; cuando contestaba del lado izquierdo, profesor, entonces se deshacía en elogios: Muy bien, muy bien, señorita, tiene usted cinco. Pocos fueron los p ro feso res o b je tiv o s que tu v ie r o n una conducta neutral. Con todo, yo no puedo decir
(CRONICAS Y E N T R E V I S T A S que las cosas fueran ta n difíciles d u ra n te la carrera. La d is c r im in a c ió n real e m p e z ó a notarse a la hora de la especialización, cuando me p re s e n té al c o n c u rs o para h a c e r e s p e c ia liz a c ió n y q u ed é de s e g u n d a en el puntaje; entonces, dije que yo quería ir al h o sp ita l de la H o r tú a a esp e c ia liz a rm e en ginecología y obstetricia y me dijeron que no se podía. En ese momento, fue obvio y claro que no me iban a dejar hacer lo que yo quería, entre otras cosas, porque la facultad consideraba que las mujeres sólo podíamos ser pediatras ya que todas éramos madres en potencia, por aquello del fam oso i n s ti n to m a te r n a l. La d iscu lp a oficial, sin embargo, fue que no había donde quedarme, es decir, que yo no podía dormir con los médicos hombres en los descansos de los turnos. Ah!, y también me advirtieron que en ginecología había que operar. Me acuerdo que yo le contesté: Sí, doctor, yo sé que hay que operar; Y, es que tú crees que eres capaz de operar?. Ya había una que operaba y lo hacía m uy bien, pero a los doctores de la facultad les seguía pareciendo que las mujeres estábam os h ech a s para o tr a s cosas. Yo s e n tí u n a ira in m e n s a cuando esc u c h é s e m e ja n te s barbaridades, pero un médico amigo me consoló diciéndome que era por mi bien, porque qué tal que yo me asustara en la mitad de la cirugía y saliera corriendo, ¿cómo iba a quedará Al fin, me recibieron en la Samaritana, e hice mi año rotatorio sin ningún problema. Entré de 16 años y terminé de 22. En to d a la carrera no tu ve u n novio y eso también tiene explicación en lo mismo porque los c o m p a ñ e ro s d e c ía n q u e c ó m o ib a n a ennoviarse con una mujer que no ignora nada para repetir sus palabras. Esa era la mentalidad. Nunca me faltó con quien salir los sábados, ni invitaciones a fiestas, pero yo tenía m u y claro que yo no me iba a casar en Colombia, porque el machismo era tremendo. Tuve un noviecito en el bachillerato pero mi papá me lo corrió porque era cadete de la escuela militar y eso le pareció un horror. Yo soy heredera del antimilitarismo de mi papá; y es tanto, que aún hoy, veo una cachucha y me broto.
En cuanto a la sexualidad, mis papás nunca nos dijeron nada. Inclusive, de la menstruación supe el día que me vino. Pero uno no aprende de lo que le dicen, sino de lo que ve. En la casa las manifestaciones de amor entre mi papá y mi mam á eran lo más natural. Se acariciaban, se b e s a b a n a p a s io n a d a m e n t e en f r e n te de n o s o tra s , sin p ro b le m a s y y o crecí en ese am biente, de m anera que la expresión de la sexualidad no era para mí cosa del otro mundo. Lo que sí me irrita b a era la división de las mujeres en niñas bien y niñas mal, en vírgenes y no vírgenes, que uno le oía a la gente. Es que en esa época, la sexualidad de las mujeres no existía y mucho menos por fuera del matrimonio. La percepción de esa situación sí me m olestaba mucho. v Cuando terminé en la Samaritana, me fui para Estados Unidos. Yo pensé que allá la cosa era diferente, pero me costó Dios y ayuda culminar mis cinco años de especialidad. Era un hospital universitario en Nueva York y tengo que decir que f u e r o n a ñ o s m u y d u ro s p o rq u e a la competencia, que era tan terrible, se sumaba la discriminación contra las mujeres. Digamos que recibían , po r ejem p lo , q u in c e in te r n o s ; al segundo año, pasaban siete, al tercero, tres y así sucesivamente, hasta que term inábam os dos. Entonces, oí u n a conversación e n tre varios doctores, u n o decía que yo ten ía que pasar porque tenía m uy buenas calificaciones, pero el otro decía que eso no im portaba, que yo no pasaba por el sencillo hecho de que era mujer y las mujeres se casan, abandonan la carrera y de paso, le han quitado el puesto a un hombre, además, lo más probable es que no resista el peso del trabajo. Pese a todo, pasé, pero la tensión era terrible. Cuando iba en segundo año de residencia, mis padres se fueron a vivir a España. Yo, que estaba m u y cansada, pedí una licencia para irm e a pasear. Mi papá nos dio un dinero a mi mamá, a mi hermana y a mí, por separado, para que nos fu éram o s a viajar. Ellas h ic ie ro n co m p ra s, visitaron buenos restaurantes y yo, en cambio, prefería com erm e u n pan con u n pedazo de
(jññT)
queso, y ahorrar. Cuando llegamos a Roma les dije: Aquí es. Este es mi sitio. Yo me quedo. Estuve casi tres meses haciendo nada, pero creo que fue uno de los mejores m om entos de mi vida. Recorrí la ciudad, reflexioné, descansé y me divertí, y cuando se me acabó la plata, cogí el t r e n p ara E sp añ a. C u a n d o llegué, me e n c o n t r é con mi p a p á qu e e s ta b a m u y disgustado conmigo y con razón porque, por q u e d a r m e t a n t o ti e m p o en R om a, h a b ía perdido el cupo en el hospital en Nueva York. Me habían dado licencia por un mes y yo no cum plí. Pero, no m e arre p ie n to , yo llevaba estudiando toda la vida y necesitaba contacto con otras cosas. Perdí un año, pero volví y me recibieron. Es que m i papá vivía m u y orgullosos de sus hijas. Siempre nos dijo y nos hizo saber que n o s o tr a s éram o s p erson as. Jam ás nos h izo pensar que el fin último de las mujeres era el matrimonio y los hijos. En él no había el menor asomo de machismo. Nunca asumió el papel de aquí, el que manda soy yo. De hecho, la que decidía todo era mi m am á, ella m anejaba el dinero de la casa. En la familia éramos bautizados e hicimos la primera comunión pero nunca fuimos católicos practicantes. La familia de mi m am á venía de los viejos liberales radicales que llamaban come curas. M ás que la religión, lo que a m í me influenció fue la bondad de mi papá, su rectitud y su corrección. El re s p e to a los dem ás lo aprendí de él. Así que yo no tuve que romper esquemas familiares para hacer lo que quería. Me acuerdo que cuando me fui para Estados Unidos, mi papá me despidió y me dijo que g o z a ra de la v ida p o rq u e él creía en la responsabilidad, pero tam bién en el placer de vivir. En Estados Unidos, además de medicina, aprendí a vivir sola, a ser independiente. Eso sí, yo tenía conciencia de mi propia valía y una buena autoestima porque mis padres y muchos de mis profesores, m uy sutilmente me la habían ayudado a co nstruir pero, aún así, me había sentido m uy descalificada como mujer, porque el hecho de que los compañeros me dijeran: Sí,
( h? )
eres maravillosa, pero casarme contigo, amarte, eso sí no. En ese sentido, mi papá tam b ién
estableció una diferencia casi discriminatoria entre mi hermana y yo. Como ella era la bonita de la casa, podía aprender a cocinar, a coser, es decir, ella podía casarse. En cambio, yo no y por eso, por ejemplo, si me pillaba en la cocina, me decía: ¿Qué haces tú ahí? Este no es tu puesto. Tu puesto está en los libros Mi papá no me decía exactamente que fuera fea, pero me decía que no era una reina de belleza. El mensaje de fondo era que yo no había nacido para casarme. Así que m i s e n tid o de la fem in id ad e stab a un poquito m altratado y tuve que proponerme a construirlo. En todo caso, en Estados Unidos se me quitó el complejito y entendí perfectamente que yo era igualmente valiosa con marido o sin marido. A mi esposo lo conocí en el h o sp ita l de la manera más curiosa. Un día, me llamaron de la d ire c c ió n p ara p e d irm e que revisara las s o lic itu d e s de u n o s e s tu d ia n te s españoles, porque como yo había estado en España, a lo mejor sabía si los hospitales de donde venían eran entidades serias. Me pasaron las hojas de vida. El primero venía del Hospital del Rey, que yo sabía que no era un hospital universitario, pero en el m om ento en que lo fui a decir, me p a s a ro n la hoja de vida del que h o y es mi marido, que venía del m ism o hospital. Por la fo to , m e di c u e n t a de que era u n tip o sensacional y, en un segundo, decidí que si yo decía que el hospital no era el mejor, a él no lo recibían. Así que, a toda carrera, dije que era excelente. A los tres meses, llegó. Y como dicen que matrimonio y mortaja del cielo baja, pues m e to c ó a mí, que era jefe de in t e r n o s , orientarlo, ayudarle. Desde el principio, nos hicimos m u y buenos amigos, pero él estaba comprometido para casarse y yo también estaba co m p ro m e tid a para casarm e con un doctor ringo. D uram os seis meses de amigos y un uen día, nos fuimos a una fiesta y no sé que locura nos entró, pero decidimos que estábamos enamorados y al mes ya estabamos casados. Me acuerdo que llamé a mi papá y le dije: Papá, me voy a casar y él me contestó: Sí, ya lo sé, pero es
CRONICAS Y E N T R E V IS T A S que no es con ese, sino con otro, se llama Paco Martín, le dije. Me contestó que era una locura,
pero que trajera el hombre para conocerlo. Mi mam á pasó al teléfono y me pidió que con el no v io tra je ra ta m b ié n el v e s tid o de novia porque ella quería hacerme fiesta. Vinimos, nos casamos y regresamos a los Estados Unidos a te r m i n a r la e s p e c ia liz a c ió n . La m ía en ginecología y la de él en patología y medicina interna. Fue en 1.955. Allá tuvimos la primera hija, lo cual fue una verdadera hazaña. Para comenzar, en el hospital había una norma m uy discriminatoria y era que las médicas que se casaran, tenían que firmar un d o cu m en to en el cual se co m p ro m etía a no quedar embarazadas hasta no haber terminado su carrera. Yo no dije nada y cuando tenía tres meses de em barazo me llam aron a firm ar el famoso documento. Lo firmé sin contar nada del embarazo, porque sabía que ahí mismo me quedaba en la calle. Cuando se dieron cuenta, ya no pudieron hacer nada, pero no me dieron un solo día de licencia. Me acuerdo que hice una cesárea a las dos de la mañana y mi hija nació a las cinco. A los c u a tr o días de nacida, me llamaron para que retomara el trabajo, pero yo me tom é quince días de descanso y no pasó nada. Después de todo, yo ya llevaba cuatro años, trabajando duro. Al principio, me llevaba la niña para el hospital y donde fuera y a la hora que fuera, le daba de mamar. No duré mucho sin que me llamaran la atención; entonces, tuve que buscar quien la cuidara porque mi marido estaba en otro h ospital y los tu rn o s no nos coincidían. Por fortuna, conseguimos una mujer maravillosa, una italiana, que quiso mucho a la niña. Cuando los dos terminamos la especialización, tuvimos que tomar la decisión de quedarnos o de irnos. Las p ersp ectiv as de tr a b a jo eran buenas, pero no queríamos criar los hijos en Estados Unidos y a España, yo no me quería ir porque la situación no era la mejor del mundo, así que resolvimos venirnos a Bogotá. Primero, me vine yo con la niña, m ientras mi esposo arreglaba algunos problemas de equivalencia de
título universitario, que en España es diferente a E stados U nidos y a C olom bia. S u p u e s ta m ente, nos separábam os dos meses, pero la separación duró siete meses. M ientras tanto, n ació m i s e g u n d a h ija (me h a b ía v e n id o embarazada) Cuando Paco llegó, no tuvo ningún problema para trabajar. De hecho, se acaba de retirar del d e p a r ta m e n to de patología del in s t i t u t o de cancerología, donde era jefe y de la universidad Nacional, donde fue profesor 25 años. Es un excelente profesional, una persona m u y seria. Mi m a rid o no es el esp añ ol trad icion al, de machismo y castañuela. A él no se le torcía un pelo por coger la aspiradora o lavar los platos, ni por cuidar las niñas cuando yo me iba de viaje. Som os, sin e m b arg o , m u y d i s ti n to s , él es introvertido y yo m u y extrovertida y no nos gustan las mismas cosas, por ejemplo, a mí me gusta ir a fiestas, mi marido odia las fiestas; a mí me encanta el cine, a él no; yo soy el desorden en dos pies y él es el orden y la exactitud en pasta; yo soy insomne, él se duerme a las diez de la noche, pero nos respetamos la independencia y por eso hemos funcionado. Y, eso que yo, por r a z ó n de tr a b a jo , he v ia ja d o m u c h ís im o . D urante 15 años viajé por todo el mundo, y me iba tranquila porque Paco estaba en la casa y se encargaba de las niñas. Llegada a B o g o tá e n t r é a t r a b a j a r en la universidad Nacional con un cargo docente en el departam ento de medicina preventiva, en la Escuela de Salud Pública y tam bién m onté mi consultorio particular. Allá empecé a poner los p rim ero s d is p o s itiv o s i n t r a u te r i n o s que se pusieron en el país. Y por ese camino fue que me cam bió la vida. Un día, llegó al consultorio Norita Parra, que trabajaba en E i Tiempo o en El Espectador, ya no me acuerdo porque esto fue en la década de los sesentas. Ella estaba recién g r a d u a d a y m e dijo q u e e s ta b a en u n lío tremendo porque tenía que hacer un reportaje, pero no sabía a quién. Terminó haciéndomelo a mí y yo terminé hablándole de los derechos de las mujeres a determinar el número de hijos que querían tener o el derecho a no tenerlos, si no
(3 )
querían. Eso se publicó y a los pocos días me llam ó H e r n á n M e n d o z a H oyos, la prim era p e rs o n a , en C o lo m b ia , qu e h a b ló de los problemas de población y de la necesidad de la planificación familiar. Me dijo que había leído la e n t r e v i s t a y que q u e ría h a b la r co n m ig o . Hablamos y me propuso trabajar con él. Al mes, estaba yo en Chicago haciendo un curso de dos meses sobre planificación familiar, técnicas, programas y métodos anticonceptivos, porque en ese época no se sabía mucho de eso. Regresé a A sc o fa m e (A sociación de f a c u lta d e s de medicina) y empezamos a viajar por todo el país co n c o n f e r e n c ia s p ara p r o m o v e r la idea. Echábamos discursos que parecían más arengas políticas. Hablábamos en las universidades, a grupos de mujeres, de policías, de curas, de prostitutas, a quien nos quisiera oír. Tuvimos que hace r u n a in m e n s a labo r de c o n v e n c i m ie n to en todas partes y en tre los m ism os médicos, para comenzar. Por dedicarme a la educación sexual, yo cerré mi co n s u lto rio y a b a n d o n é la ginecología. Sin embargo, fue ahí donde empezó realmente mi interés por el tema, porque de cinco señoras que iban a consulta, cuatro tenían problemas con su sexualidad y cuando me con sultaban, yo no sabía bien qué contestarles porque a mí, en la facultad, no me habían enseñado. Así empecé a darme cuenta de que eso era lo mío, que, por ejemplo, con una sola charla sobre sexualidad femenina, era posible ayudar a muchas mujeres, a reconstruir su autoestim a, a hacérlas sentir bien en su condición de mujeres, a conocer el derecho de decidir sobre su propio cuerpo. Me acuerdo de unas charlas que di en el barrio Los Laches, al sur de Bogotá. Cuando terminé, una de ellas se paró y me dijo: Doctora, hasta hoy, yo y mis compañeras, pensábamos que éramos unas hijas de puta, pero ahora sabemos que somos personas. Fue la forma como ella expresó que había entendido el valor que tenían por el mero hecho de ser mujeres. No fue fácil cerrar el consultorio, porque, la verdad, tenía m ucha clientela y me iba m u y bien. Duré un buen tiempo dándole vueltas a la idea y no me podía decidir. U n día, me fui a
(0 4 )
Santiago a prestar una asesoría al Ministerio de E d u c a c ió n para r e s ta b le c e r p ro g ra m a s de educación sexual en Chile, y cuando regresé, e n c o n tré los m uebles del co n su lto rio en el garaje de la casa. Mi marido los había traído. Yo, al principio, le protesté, pero él me dijo que s o la m e n te e s ta b a a y u d á n d o m e a to m a r la decisión que yo no era capaz de tomar y que si no me parecía bien, lo de menos era devolver los muebles al consultorio. Le di las gracias y cerré el co n su lto rio . N o sin cierto pesar, porque bastante me habían costado ganarme los grados y el prestigio que tenía. Y eso me hace recordar la primera cirugía que practiqué a mi regreso a Colombia. Fue en la clínica Marly y esa mañana la p a c ie n te y yo e s ta b a m o s lista s pero el anestesista no aparecía. Y no apareció nunca. Luego, supe nadie quería ayudarme en la cirugía porque yo iba a m atar a la paciente y ninguno quería meterse en ese lío. Al fin, apareció un interno y yo comencé la operación. Cuando me di c u e n ta , la sala e s ta b a llena de m édicos mirándome. Me acuerdo el rum or entre ellos: IAy!, ya sacó la matriz; lAyl, ya está suturando y así, un murmullo de incredulidad. Esa no fue la primera vez, muchas otras me pasaron. En otra ocasión en la clínica del Country, ocurrió la misma cosa, la sala de cirugía llena de doctores mirando. Yo me puse bien brava y les dije: Y, a ustedes, quién los llamó?. Sólo estamos pendientes por si necesitas algo, Muchas gracias, pero yo sola me basto y me sobro, les contesté y entonces, los bravos fueron ellos, que cómo era yo de orgullosa, que lo único que ellos querían era protegerme para que yo no me fuera a meter en algún lío grave. Es que se burlaban hasta de la manera como yo cogía el bisturí. Yo los oía riéndose: Miren a la Cecilia haciendo crochet: ganchillo, puntada, cadeneta. Todo eso y más que sería m uy largo de contar, tuve que p asar a n te s de que m e reco n o c ie ra n y me respetaran. Por eso, cuando decidí dejar la ginecología, la familia y los amigos creyeron que me había chiflado, porque cómo cambiaba una carrera b ril la n t e por p o n e r m e a decir cosas inconvenientes, cosas que no correspondían a una señora; y luego, la crítica usual: cómo deja a
(CRONICAS Y E N T R E V I S T A S esas niñas, cóm o deja la casa y el m arido, etcétera. Inclusive, un grupo ultraconservador y católico me inventó un cuento truculento como que yo era una mujer absolutamente licenciosa, que tenía amantes por todas partes y que por eso, mis hijas eran drogadictas y mi marido se estaba alcoholizando. Porque, una mujer que decía las cosas que yo decía, ¿qué o tra cosa podía ser¿ Cuando me contaron, yo dije que esas cosas no me importaban, pero me hicieron caer en cuenta de que esos cuentos podían llegar a perjudicar el trabajo de mi marido. Entonces, me tocó ir a h ablar con el cardenal M u ñ o z D uque. Al principio, fue un a conversación difícil, pero al rato, el cardenal entendió la cosa y me prometió que iba a parar la lengua de esa gente. En efecto, los llamó y les prohibió seguir inventando chismes. Con Ascofame estuve cinco años. De ahí salió un grupo de los más entusiastas de la idea, que pasamos, con Guillermo López Escobar a la cabeza, a la Corporación C entro Regional de Población (CCRP). Continuamos trabajando en eso, haciendo un gran énfasis en educación sexual y sexualidad. Yo no sabía más que lo que había leído en los libros, pero empecé a asistir a cursos en Estados Unidos, iba quince días a B o s to n y m e dev olv ía y así, me e n tre n é . Finalmente, fui a Suecia a un curso más largo. Estoy hablando del año 65, época en que se sabía m u y poco de estas cosas, no solo en Latinoamérica, sino en el mundo. A ún así, en todas partes las mujeres empezaron a mover el te m a com o u n a m a n e ra ae c o n tr ib u ir a la liberación femenina. Las que estabamos en eso, nos conocimos gracias a que el gobierno sueco mandó a alguien a una gira por América Latina, con el propósito de saber quiénes estábam os trabajando el te m a y, después, nos reunió a todas (y digo todas, porque, cuando más, había dos hombres). Nos id e n tific á b a m o s to t a lm e n te en lo que pensábamos. Tanto, que una vez me invitaron a Guatemala a hablar sobre la importancia de la educación sexual, yo di la conferencia y cuando te rm in é, la d o c to ra que me había in v ita d o estaba indignadísima porque dizque me había
c o p ia d o sus p a la b ra s . Yo, ta m b i é n m u y indignada, le contesté: Pero doctora, si yo jamás la he oído ni leído a usted. Esa misma tarde, ella dio su charla y cu an d o te rm in ó , yo le dije e x a c ta m e n te lo m ism o: No hay derecho, doctora, usted fue la que se copió de mí. Pero ninguna se había copiado de la otra, sino que el p e n s a m ie n to era el m ism o; el m ism o de la chilena, de la mexicana, de la paraguaya. Era el rechazo a la visión biológica de la sexualidad, e m a n a d a de la c u ltu r a ju d e o c ris tia n a , que reduce la sexualidad a la reproducción, o sea la sexualidad femenina reducida a útero, trompas, o v ario s y v ag in a. N o s o t r a s e m p e z a m o s a divulgar la idea de que la sexualidad era mucho más que lo biológico, que había una relación m uy estrecha con la psiquis y sobre todo, que tenía una dimensión social; para nosotras era clave hacer conciencia de cóm o la sociedad in flu ía en la m a n e r a de v e r la sex u alid ad femenina y masculina; cómo lo que se decía que era natural, no era natural, sino una fabricación social. Eso de que las mujeres son naturalmente maternales y por t a n t o no p u e d e n ser sino pediatras, eso, por ejemplo, es una fabricación social. En 1970, nos reu n im o s todas (más algunos excelsos varones) y decidimos formar un grupo. Así, con la ayuda del gobierno sueco, fundamos CRESALC (C o m ité R egional de E ducación Sexual para América Latina y el Caribe). La idea era d if u n d i r u n a e d u c a c ió n sexual para latinoamericanos por latinoamericanos y no por chauvinismo, sino porque entendíamos que lo de a q u í h a b ía era u n a cosa b ie n d is ti n ta . T ra b a ja m o s m u y i n t e n s a m e n t e f o r m a n d o g e n te , co n m a g n ífic o s r e s u lt a d o s en to d a Latinoamérica. Por supuesto que tuvimos varios tropiezos; con los curas, por ejem plo. M e acu e rd o de los sermones de un curita que, desde el púlpito, decía Allá, en el centro de salud, hay una mujer perdida que quiere a corromper a todas las señoras que la consultan. En el senado también nos acusaron de chantajear a las mujeres, de regalarles maquillaje y no se qué más cosas, a cambio de que se tom aran la píldora. Inclusive,
(« D
en las facultades de medicina pensaban que hablar de sexualidad, de relaciones sexuales, del amor, de lo erótico, no era serio y se oponían a que se enseñara en las aulas. No niego que el mensaje fuera un poco fuerte para la época. Es que, por ejemplo, cuando hablaba del amor, decía que algo que yo siempre he creído: que no es necesario ni indispensable el amor para tener un a relación sexual satisfactoria, au n q u e es mucho más satisfactoria si de por medio está el e le m e n to am or. T a m b ié n h a b la b a de la h o m o sex u alid ad , aclarand o que no era u na enfermedad ni una perversión, como se creía en esa época y eso despertaba resistencias. Era un lenguaje que producía urticaria; por ejemplo, c u a n d o h ab lab a de sexo, eros y ágape, (un t é r m i n o del c r is t ia n is m o qu e significa com unión, amistad). C on sexo, me refería al impulso sexual, neto y sin adornos, a esa fuerza que le hace decir a un hombre: Si yo no me acuesto con esta mujer, me va a dar una hemorragia cerebral; así les explicaba a los estudiantes y les decía tam bién que lo mismo sentían las mujeres, solo que no se atrevían a expresarlo porque culturalmente era mal visto. Les h a b la b a del eros, la n o c ió n e s p iritu a l, mental, del amor, que era el concepto que nos enseñaban a las mujeres, porque para nosotras el v e rd a d e ro a m o r no debía te n e r n in g ú n elemento sexual, sino que era puro espíritu. Para esa gracia, se casa uno con un hermano, les decía y los estudiantes se reían y entendían. Yo u sab a u n le n g u aje q ue ellos d is f r u ta b a n y comprendían, pero que sacaba ampolla. Tuve e n c u e n tr o s p ersonales m u y d esag ra dables. Cuando todavía tenía el consultorio (lo tuve 10 años) una señora que me llevó una muchacha jovencita para que yo la examinara. La muchacha era virgen y estaba perfectamente sana y se lo dije a la señora. Esto fue lo que me contestó: Entonces, quedo tranquila porque, usted comprende, mis hijos son ya adolescentes y como ella les va a servir a los muchachos, yo no quiero que les vaya a contagiar nada. Yo le metí su buen regaño a esta vieja horrible y no me arrepiento. O tra vez, fue a dictar una charla
(jnróT)
a un grupo de militares. Estaba yo hablando de sexualidad femenina y virginidad cuando uno de ellos me interrumpió para decirme que lo que yo e s ta b a diciendo era u n absurdo; que la virginidad era m uy im portante para las mujeres y que para eso existían las prostitutas, para que los hom bres tuvieran relaciones sexuales con ellas y no con sus novias; adem ás, estaban también las sirvientas de la casa. Con ese señor coronel, yo p erd í los estrib o s y lo in s u lté malamente. Después, me di cuenta de que había sido una metida de pata horrorosa, porque yo he debido tomarlo de quien venía y venía del cuartel. Por fortuna, mi esposo tiene espaldas anchas, porque los colegas lo mortificaban mucho: Paco, hombre, ponle un poquito de orden a tu mujer, le decían, o, con cierta sorna, le preguntaban: ¿Y, en dónde anda Cecilia, en qué lugar del mundo está? El, tranquilo, les contestaba: Pues, está en Costa Rica, o en África, o donde fuera porque, la verdad es que establecimos program as de educación sexual en absolu ta mente todos los países latinoamericanos y eso era u n trab a jo trem en do. Hablo en pasado, porque la financiación se acabó y los grupos siguieron trabajando independientemente, pero sin una oficina central. Eso sí, me quedaron inmensas satisfacciones, porque, aún hoy, dos generaciones después, a cualquier país latino am erican o d o nd e vayas, e n c u e n tra s que la gente que está trabajando en educación sexual na sido entrenada por nosotros, por CRESALC, que era más una idea que una organización. El cambio de mentalidad ha sido lento pero se ha dado y comprobarlo da mucho gusto. Yo tuve dos hijas porque tengo dos manos, y apenas así alcanzan para darles la atención que necesitan y la atención que necesita mi esposo. Hice muchas cosas, viajé mucho, pero mis hijas n u n ca tu v iero n la sensación de haber sido desamparadas, porque tenían a su papá y de todas maneras, yo he creído que la calidad del tie m p o que u n o está con los hijos es más im portante que la cantidad. Por fortuna, yo no
CRONICAS Y E N T R E V IS T A S sufro de culpa gracias a mi papá que me enseñó que la vida es un asunto para gozar, que uno tiene el derecho de gozar de las cosas porque a eso vinimos a éste mundo. No se me olvida que cuando me fui para Estados Unidos, me dijo: Ceci, goza todos tus momentos y luego, los guardas en un baúl para que cuando seas vieja como yo, abras ese baúl; verás qué maravilla. Era u n h e d o n i s t a y con él a p r e n d í la importancia de vivir contenta. Pero, no creas, de vez en cuando se me despertaba el sentido de culpa por no poder estar con mis hijas. Un día, una de las niñas casi se mata porque se cayó del techo. La cosa fue así: un domingo, yo llegué de atender un parto a las cinco de la m añana y me acosté a dormir. Al rato, llegó mi hija mayor a despertarme, pero yo no la dejé ni hablar, sino que la regañé y seguí durmiendo. Al ratico, otra vez, e n t ró al c u a r t o a lla m a r m e m u y angustiada: Mamá, perdóname que te moleste pero mi hermana, que hace un ratico se subió al tejado a bajar el gato, se acaba de caer; yo te la quise traer pero se me quedó muerta en las escaleras Me levanté como u n rayo, la fui a recoger y en bata me fui en taxi para la clínica, porque Paco se h ab ía llevado el carro. Por fortuna, no fue grave, sólo se le afectó una vértebra, cosa que le ha molestado toda la vida. E n to n ces, m e e m p e z ó a m í la a u to re criminación: Si no hubiera estado atendiendo un parto y no me hubiera acostado a las cinco de la mañana, habría estado haciendo lo que tenía que hacer; cuidando mis hijas. Con toda la culpa en cim a, resolv í r e n u n c i a r a to d o y uedarme en la casa. Por fortuna, mi jefe me ijo que mejor pidiera una licencia. Duré un mes en la casa hasta que un día, mi marido me p r e g u n tó si, de v erdad, m e iba a q u e d a r cuidando las niñas para siempre. Le dije que sí y enseguida me di cuenta de que entre las dos niñas se cruzaron una mirada de espanto que no se me olvida. Por la noche, le pregunté a Paco si se había dado cuenta de la reacción de las niñas, si sería que no me querían en la casa. ¿Ellas no más? me p reg u n tó y de paso, m e rogó que volviera a mis cosas, que él no resistía tenerme todo el día detrás preg un tán do le si le había
gustado la comida, si esto, si lo dem ás allá. Vuelve a tu trabajo, que esta no eres tú. Así que regresé y continué con el agite de los viajes, las conferencias, la lucha por la idea. Tengo cuarenta años de casada y ya mis hijas son a d u lta s . La m ayo r, Elena, es m éd ica psiquiatra, se casó y tiene una niña adorable de siete años. Es una mujer brillante y no lo digo porque sea hija mía. Elena es igualita a su papá, parece que la h u b ie r a n calcado y no solo físicamente, sino en la manera de ser. Consuelo, la menor, es m u y parecida a mí, en versión mejorada, también se casó y tiene una niña de dos años. Ella estudió educación pre escolar con especialización en psicomotricidad. Ambas son docentes en la universidad. Todos en esta casa somos maestros. Porque hasta el año pasado yo enseñé en la u n iv e rs id a d . M e re tiré p o rq u e , de a lg u n a manera, me cansé. Mejor dicho, el impulso me duró mientras hubo lucha, pero en el m om ento en que se estableció el programa nacional de educación sexual, por el cual yo había peleado veinte años, me dije: Ya está bueno, ya no más y le perdí el entusiasmo porque sentí que ya todo estaba dicho. Me entusiasmó sembrar la idea y hacerla dar frutos, pero no me gusta sentir que me repito. Se acabó el reto y con el reto, la mística. Hoy, abre uno cualquier periódico y h a y u n a r tí c u lo sobre se x u a lid a d , sobre educación sexual. Ahora, las banderas están en manos de gente joven, inteligente y buena y eso es una gran satisfacción. Tristezas tam bién he tenido: la m uerte de mi papá, y ah o ra, la tr i s t e z a del país, que es profunda. Pero lo que me dolió infinitam ente fue la muerte de Luis Carlos Galán, con quien nos unía una gran amistad. Yo era la ginecóloga de Gloria Pachón y él la acompañaba a consulta cuando ella estaba embarazada porque él quería saber cómo estaba, qué tenía que hacer para cuidarla. Me acuerdo que me decía: Enséñame porque yo soy un bruto para estas cosas. Luis Carlos fue el único ministro de Educación que le
puso atenció n a los programas de educación sexual. N o se me olvida la m a ñ a n a que me llamó para decirme que esa tarde iba a firmar un d o c u m e n t o p ara e m p e z a r a c o n c r e ta r la materia. Me dijo: Bueno, Cecilia, vente para el ministerio, que esta tarde firmo. Cual sería mi sorpresa cuando, al medio día, prendí el radio y la noticia central era: El doctor Galán destituido del ministerio de educación. Pues sí, Pastrana lo destituyó y hasta ahí llegó, en ese momento, el impulso al programa de educación sexual. Sí, yo quise mucho a Luis Carlos Galán. Era un hombre m u y honesto. Estuve militando en su m o v im ie n to , au n q u e no por m u c h o tiem po porque, me duele decirlo, en el movimiento me encontré con unos personajes que me producían escalofríos. Es que en política, mi corazón ha estado siempre a la izquierda, desde los años de estudiante. Recuerdo que teníamos grupos de es tu d io ,< de/ d is c u s ió n e íb a m o s a h a c e r la revolución. Eramos más marxistas que el mismo Marx. Hoy lo veo con hum or porque, la verdad, éramos un puñado de loquitos: de un lado, m uy s a r tr e a n o s , p o rq u e era la épo ca del existencialismo. Me acuerdo que me vestía de negro, fum aba en una pipa larguísima y mis heroínas eran Simone de Beauvoir y Edith Piaf. Y, al m ism o tiempo, éramos marxistas, o sea que te n ía m o s u n re v u e lto tr e m e n d o y u n despiste terrible. P robablem ente, to do s nos
volvimos una partida de viejos burgueses, pero yo sigo con mi c o ra z ó n a la izquierda. En resumen, he tenido una buena vida, inclusive podría decir que una vida feliz. Mi marido es la bondad en dos pies. Claro que tiene su genio españo l y le g u s ta posar de duro. Una vez t e n ía m o s u n a v e c in a inglesa y u n día se apareció en la casa a ofrecerme su solidaridad y preguntarme si quería que llamara a la policía. Pero, ¿para qué? le pregunté yo, m uy extrañada. Para que controle a su esposo, para que no maltrate más a esas pobres niñas. Pues, la buena señora oía a Paco regañando las niñas en el jardín: Si seguid en esas os voy a dar un par de tortazos que vais a creer que os parió Carlos V. Os voy a colgar de la copa del pino más alto, ¡bandidas!. Puras exageraciones de su verbo español, porque la verdad es que las cuatro veces que, en la vida, las regaño en serio, después no hallaba qué regalarles, cómo hacerse perdonar. Claro que él dice que lo dom esticam os, que hasta acabamos con su casticismo y lo pusimos a decir Ala, cómo estás y hastalueguito. Con él y con mis hijas, yo me saqué el premio mayor. También me gané otros premios como el de tener los padres que tuve, el premio de poder estudiar, trabajar, viajar y de naber tenido esa maravillosa idea de dedicarme a la difusión de la ed u c a c ió n sexu al. Eso me abrió m u c h o s h o r i z o n t e s y m e p e r m itió co n o ce r o tro s mundos.
CRO NICAS Y E N T R E V I S T A S
Reflexiones desde la experiencia de cu a tro pro fe sio n a le s
EL P R O B L E M A E n tre v is ta realizad a por J u a n ita B arreto G am a y M aría Elvia Domínguez, profesoras de los D epartam entos de Trabajo Social y Psicología de la Facultad de Ciencias H um anas de la Universidad Nacionala de Colombia.
D E LO S
GÉNEROS
Asumir la perspectiva de género en las prácticas de atención en salud representa una reconstrucción en los planos de la identidad personal y profesional. Esto supone un proceso complejo mediante el cual se han puesto en cuestión ta n to las concepciones ligadas a la salud y a la enfermedad como las tradicionales formas de interacción clínica con los «pacientes». Este proceso co m p o rta tran sfo rm a cio n es en las historias personales de las y los profesionales y representa caminos abiertos en la transformación de los saberes que las sustentan.
E N EL «En o tr a s p a la b r a s ...» recogió testimonios de dos hombres y dos
mujeres, con historias, profesiones y campos de acción diferentes en el campo de la salud, con el fin de poner en circulación las reflexiones provenientes de sus experiencias. Para ello se realizaron entrevistas con:
C O N S U LTO R IO
Luis Santos, Médico Psicoanalista. Profesor del D epartam ento de Psicología de la Facultad de Ciencias H um anas de la Universidad Nacional de Colombia e integrante del Grupo Mujer y Sociedad de esta misma Universidad.
Liliana Villarraga, Enfermera. Profesora del D epartam ento de Salud Mental de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia. Rafael Malagón, O dontólogo. M agister en E d u c a c ió n C o m u n i ta r i a de la U n iv ersid ad Pedagógica N acional. Profesor del D e p a r ta m ento de Odontología Preventiva y Social de la F acultad de O d o n to lo g ía de la U niversidad N a c io n a l de C o lo m b ia e i n t e g r a n t e del P ro gram a I n te r d is c ip lin a r io de A p oy o a la Comunidad -PRIAC-. Martha Lucía Uribe, Psicóloga clínica de la Universidad Católica de Colombia. Especialista en Terapia de Pareja de la Universidad de los Andes. Docente en la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de la Salle. Realiza trabajo te r a p é u tic o con m ujeres, p areja y asesoría familiar. Es a u to ra de ponencias y artículos sobre violencia contra las mujeres en la familia. Ellas y ellos respondieron a nuestras preguntas a partir de sus experiencias, sus criterios y sus reflexiones sobre el significado de su encuentro co n el g é n e ro com o u n a c a te g o ría p ara el análisis de sus quehaceres cotidianos y de los p rocesos de f o rm a c ió n p ro fesio n al que los fundam entan.
ubicar dos fuentes. La primera es el psicoanálisis en el cual el tem a de la diferencia sexual es fu n d a m e n ta l en cualquier reflexión sobre la constitución del sujeto. La teoría psicoanalítica pretende dar razón de un sujeto que resulta de la conjunción de un cuerpo sexuado con las m ú ltip le s d e t e r m i n a n t e s que la c u l tu r a cualquiera que ella sea- impone a ese cuerpo por el h e c h o de p e r te n e c e r a u n o u o tr o sexo biológico. A m i e n t e n d e r no se p u ed e ser psicoanalista sin darle un lugar predominante a este tema. La s e g u n d a f u e n te tie n e que ver con u na in flu e n c ia m u y c o n c re ta en mi fo rm ac ió n a n a lític a , la del p s iq u ia tr a y p s ico an a lista Alvaro Villar G aviria, p ersona que in fluy ó grandemente en la formación de mucha gente de mi generación. Creo que Villar fue el primer hombre que asumió públicamente, en nuestro gremio y en la Universidad, una postura crítica frente al desequilibrio que ha predominado en las relaciones entre los géneros en la sociedad colombiana. El ha sido m uy crítico también en o tr o s c a m p o s: p o r ejem p lo , desde una perspectiva marxista incluye la lucha de clases en sus reflexiones sobre la psicopatología en los cursos de clínica. También hay que recordar que escribió u n libro d ed icad o a las m ú ltip le s formas, especialmente las invisibles, de abuso y m a ltr a to in fa n til («£7 niño, otro oprim ido», Bogotá, Punta de Lanza, 1973) en una época en que ese tema apenas se mencionaba en nuestro medio.
Luis Santos: Supongo que es un a historia
En relación con las diferencias de género la posición de Villar fue la de insistir siempre en cóm o las m a n ifestac io n es psicopatológicas, particularmente las de las mujeres, no se podían ver como consecuencia de una anatom ía que marcara el destino de esa persona, sino como p r o d u c to de u n a c o n s te la c ió n de facto res sociales, vehiculados de manera predominante por las familias, verdaderos caldos de cultivo de casi todos los cuadros psicopatológicos que encontramos en la práctica clínica.
b a s t a n t e larga que tie n e que ver con u n a conciencia o sensibilidad en relación con el tem a. Pero en la trayectoria académica creo
decir
En o t r a s P a l a b r a s . .. : D esde c u a n d o y c ó m o lle g ó u s te d a p la n te a rs e e l p r o b le m a d e las re la c io n e s e n tre lo s g é n e r o s e n las c o n c e p c io n e s s o b re ia s a lu d , ia e n f e rm e d a d y i a r e la c ió n c lín ic a ?
Liliana Villarraga: En primer térm ino debo que
e s ta
p r e g u n ta
me
rem u e v e
CRONICAS Y E N TR EV ISTA S i n t e r n a m e n t e p o rq u e m e h ace evo car s itu a c io n e s s ig n ific a tiv a s de m i in fa n c ia , formación y ejercicio profesional. D estaco el papel de mi profesora del Kinder, quien me reconoció como persona adelantada del curso (mi mamá en su «tiempo libre» atendía seis hijos y era capaz de responder a mis intereses) yo quería leer y escribir, me encantaban las figuras geométricas y la profesora Rosita enseñaba a partir de los intereses de sus alumnos. Con ella a p r e n d í los c o n c e p to s de so lid a rid a d , hermandad, respeto, justicia y creatividad. Una tarde mi papá me dijo: «Mija, usted tiene que estudiar, recuerde q u e las m ujeres q u e e s tu d ian so n m ás c ap a ces y s u p e r a n a los hombres». Esta frase fue ta n im portante para mi, p o rq u e él, con su d if ic u lta d p a ra ser afectivo, me reconocía; aunque dolorosamente constataba que sim ultáneam ente y sin querer fue aplastante para mi hermano. Mas tarde, en la Universidad Nacional conocí a la segunda docente que tendría una incidencia significativa en mi vida: Em m a O choa, me en se ñ ó valores com o h u m a n id a d , calidez, com prensión y honestidad. A cadém icam ente esta profesora me mostró el valor de la lectura, el análisis y la defensa de la propia percepción y criterio. Se dirigía a nosotros como si fuéramos pares; nos recomendaba bibliografía básica y nos reunía para analizar y sostener nuestras opiniones y sentimientos en el encuentro con la realidad de los enfermos mentales. Con ella me inicié en el campo de la Enfermería Psiquiátrica. Y así han pasado veintiocho años... La l i t e r a t u r a p s iq u iá tr ic a , los ta lle re s y macrodiagnósticos a nivel nacional, como mi pro pia o b serv ació n , me p e r m i te n p ercib ir d ife re n c ia s e n t re los g é n e ro s. La v erd ad desconociendo lo que hoy se reconoce como perspectiva de géneros. Este desconocimiento no me im p id e e v id e n c ia r la v e r tic a lid a d a u t o r i ta r i a de la i n s t i t u c i ó n p s iq u iá tr ic a m a n e ja d a por h o m b r e s -m é d ic o s , con dificultades para reconocer al otro y su valor profesional, ya sea trabajador social, psicólogo o enfermero.
Por últim o, en mis experiencias de práctica com unitaria tengo como auditorio a mujeres p r e o c u p a d a s , d e s e a n te s de c o m p r e n d e r la s itu a c ió n de los n iñ o s , su c u id a d o y a lim e n ta c ió n , las rela cio n es fam iliares, la planificación, la sexualidad y la gestación. La vida cotidiana en las comunidades nos lleva a ser distintas en n u estra form a de abordar el conocimiento. La realidad no es la enfermedad y los consultantes; son las mujeres inquietas e interesadas. Allí tam bién se observa de modo palpable que las m ujeres son delegatarias y responsables de la salud familiar.
R afael M alagón: Es tr a b a j a n d o en la identificación de los márgenes trazados por la clín ica tr a d ic io n a l, en u n a p e r s p e c tiv a c o m u n ita r i a que m e p la n te a n u e v o s interrogantes en el campo de la salud como me encuentro con la boca, no ya con la cavidad oral. Hay aquí un giro, un quiebre, porque aparece una nueva semiología en la que no figura la en fe rm e d a d com o a c to r central; lo son los individuos y los colectivos, los actores y las actoras. Aparecen procesos de diferenciación social, de género, étnicas, e n tre otras, en el proceso como se construye la representación de la boca y del cuerpo. La clínica puede entonces, ser sensible a estas diferencias. Los lím ites de la b o c a so n im p re c is o s , in d e te rm in a d o s a diferencia de los que me imponía la anatomía. Descubro que al unir por ejemplo las palabras boca/labios genero todo un proceso simbólico en el que emergen conflictos, relacio nes, ex periencias, q ue a tra v ie s a n el campo operativo del odontólogo. Los labios, la saliva y su carga simbólica tan particular, lo erótico, por ejemplo, pueden ser rescatados de cierto imperativo clínico que los condenaba a que quedaran term inantem ente y para siempre refundidos entre los epitelios, las papilas, el sistema muscular. Mi mirada se orienta hacia un espacio en donde la dinámica salud/enfermedad se define por los procesos de co n s tru c c ió n de s en tid o en las d iv ersas d im e n s io n e s e sp aciales y en el
e n t re c r u c e de las d if e r e n te s h is to r ia s , articu la n d o las m ú ltiples dim ensiones de lo hum ano y la heterogeneidad de sus conflictos. Im portan entonces los contenidos de pasado y presen te y la direccionalidad de fu tu ro , las representaciones colectivas para señalar sólo alg uno s aspectos, al m o m e n to de definir el campo de la salud. Desde aquí puedo repensar la clín ica en té rm in o s de sus lim ita c io n e s y posibilidades, pero al mismo tiempo visualizarla cualitativam ente diferente. Los in stru m en to s propios de la clínica se amplían, en gran medida por la presencia de aquellos que ap u n tan a la re c o n s tru c c ió n n a r ra tiv a de los procesos y dinámicas que atraviesan la boca y el cuerpo. Las re p re s e n ta c io n e s y las estra te g ia s para c o n s tr u ir p ro y ecto s de salud, c u e n ta n . Por primera vez en ella la boca habla. Em ergen n u evas form as en el leng uaje que tienen que luchar su legitimidad, pues lo que escape al orden racional prescrito, lo que pueda recuperar la experiencia vital, tiende a verse con menosprecio, como anti-científico, vanal. Viajar por esta nueva categoría (boca), sin los recursos de la precisión y la certeza implica construir en opaco lo que ante era claro y definible, trabajar en el plano de lo consciente-inconsciente, de lo inmanente-trascendente, de lo que se agota en lo inagotable, en la vida misma. La boca como realidad en el símbolo no tiene límites definibles en términos de lo mensurable. Aparece el beso com o categoría in te ra c tiv o / afectiva, la función gustativa desaparece para dar paso a la dimensión lúdica del sabor y los labios antes reducidos a su realidad anatómica com o a n te s a la del e s to m a , e m p ie z a n a ser reconocidos entonces labios, solo cuando otros ta m b i é n así lla m a d o s , se p o s a n so b re los primeros. Esta realidad es la que inscribe, el o la paciente a la clínica. Porque por primera vez el paciente aparece sexuado, histórico, con interioridad, con capacidad para modificar su realidad. La
clín ica deja de ser p a te r n a l, a s is te n c ia l y absoluta, entre otras cosas porque el proceso salud/enfermedad no se agota ya en su acción misma, en el no-dolor, o en la «reparación».
Martha Lucía Uribe: El cuándo se remonta a mis primeros contactos con el pensamiento y la lucha feminista. En el inicio, el grupo MUJERES EN LA LU CH A. Luego, f o r m a r p a r te del colectivo que abrió la CASA DE LA MUJER EN BOGOTA. Allí, a través de la práctica y la reflexión permanente sobre las implicaciones de la mirada feminista en el campo de la salud de las m u je re s , e m p e z a m o s a t r a b a ja r más s is te m á ti c a m e n te alg u n o s de los p la n te a m ie n to s y las prácticas sobre la salud y su r e la c ió n co n el m a n t e n i m i e n t o de las condiciones de dominio/subordinación. Otros antecedentes^ El haber nacido y crecido en una familia donde los hombres eran mayoría y donde me eran negadas oportunidades por el hecho de ser niña. Luego vino el encuentro con la obra de Simone de Beauvoir y otras autoras f e m in is ta s . D e s p u é s , las d e m á s m u jeres co m p añ eras en el trabajo y la brega diaria, mujeres que con sus experiencias y reflexiones dieron forma y completo sentido a mis viejas aspiraciones. En O t r a s P a l a b r a s . . . : Q u é o b s tá c u lo s y lim ita c io n e s h a e n c o n t r a d o a l in c o r p o r a r la p e rs p e c tiv a d e g é n e r o en s u p r á c tic a p r o f e s io n a l?
Luis Santos:
C o n s id e ro qu e ha sido f u n d a m e n t a l llegar a la in te r d is c ip lin a . Ind udablem ente salir de los límites, siempre e s tre c h o s , de u n a d is c ip lin a p a r tic u la r es im p r e s c in d ib le si u n o q u ie re a m p lia r su perspectiva teórica. No estoy diciendo con esto q u e la p r o f u n d iz a c ió n en u n cam p o d e t e r m i n a d o del c o n o c im ie n to sea algo deleznable o poco recomendable. Lo que afirmo es que si uno se queda exclusivamente en los límites de la monodisciplina está condenado a
CRONICAS Y E N TR EV ISTA S ni siquiera ver los p untos ciegos -obstáculos epistemológicos podríamos llamarlos tam bién siguiendo a Bachelard- que cada teoría contiene. En este sentido, para m í ha sido decisiva la p a r tic ip a c ió n en tr a b a jo s co le c tiv o s in terd iscip lin ario s, esp e c ia lm e n te el g ru p o Mujer y Sociedad de la Universidad Nacional y últimamente la Red de Masculinidad también en la U niversidad, en los que he te n id o la posibilidad de revisar una buena cantidad de trabajos sobre aspectos m u y diversos en la temática de género y a los que nunca habría llegado en los círculos psicoanalíticos. Para citar sólo uno de estos temas, he encontrado una gran riqueza conceptual al revisar la historia de los prejuicios androcéntricos en las ciencias sociales, tal como h an sido evidenciados por teóricas del feminismo en diversos campos: la filosofía, la sociología, la a n tro p o lo g ía , la psicología y, por supuesto, el psicoanálisis. En cuanto a las dificultades, evidentemente las mayores están en las teorías mismas: sabemos que el desarro llo c ien tífico no escapa a la enorme influencia de sistemas de pensamiento ue c o n f o r m a n el c o n t e x to en el qu e ese esarrollo se realiza. Las ciencias sociales son p a r ti c u la r m e n te sen sibles a e s to s efectos; ob viam ente el psicoanálisis tam b ién. H asta hace poco tiempo se comenzaron a sistematizar críticas que, viniendo de mucho tiempo atrás, no habían tenido suficiente fuerza al interior de la te o ría p s ic o a n a lític a p a ra lo g ra r su transformación. Cuando uno entra a trabajar sobre las marcas de la razón patriarcal -como las llama Celia A morós- en c u e n tra dificultades m u y g ra n d e s p ara av an z ar. Las h ip ó te s is falocéntricas están en el fundamento mismo de la teoría psicoanalítica sobre la diferencia sexual y la identidad de género. Profundizar en este campo sin abandonar el psicoanálisis es un reto difícil. En nuestro medio m u y poca gente está trabajando seriamente sobre el tema. Si por el lado del psicoanálisis llueve, por los de la psicología clínica y la psiquiatría no escampa.
H a y u n o s pocos y valio so s e s fu e rz o s individuales, pero e s tá n lejos de te n e r una influencia decisiva a nivel de program as en salud mental.
Liliana Villarraga: El primer obstáculo es el s is te m a e d u c a tiv o . Los fo rm a lis m o s de la e d u c a c ió n básica me e n s e ñ a r o n qu e mis intereses no tenían valor y que debía adaptarme a las e n señ an z as dond e la belleza física, la pasividad, la copia, la m em oria, el cuaderno ordenado y con márgenes eran valores que si los o b s e rv a b a , a s e g u ra b a n qu e m e p u d ie ra c o n v e r t ir en p e rs o n a m ay or. Luego, en la f o r m a c ió n u n iv e rs ita ria y en las p rá c tic a s d o m i n a n te s en salud e n c u e n tr o que en el modelo médico tradicional los espacios físicos se planean ú n ic am en te para la aten ció n de los s ín to m a s de m a n e r a in d iv id u a l d o n d e se favorecen las cifras, los d ia g n ó stic o s y las patologías. Aún los estudios cualitativos son mirados con desconfianza pues no arrojan datos ni tienen la espectacularidad de producir escandalosos y dolorosos resultados como la enfermedad. Por ello es difícil concebir un trabajo preventivo. Además los resultados de trabajos sistemáticos con grupos de auto-ayuda, realizados por diez o doce añ o s c o n t i n u o s n o p u e d e n m e d irse exclusivamente con cifras estadísticas y éstas son preponderantes en nuestro campo. A ún no tenem os la taxonom ía de la vida, amor, la felicidad, el bienestar, la seguridad y creatividad. Solo conocem os los déficits, e n fe r m e d a d , la vio len cia , el d r a m a y protagonism o. En n u estro país valen más guerra y la muerte que la vida, la creación y afecto.
el la la el la el
Rafael Malagón: Cuando reflexionamos sobre el campo de la salud, generalmente aludimos a un sistema vertical y jerarquizado, de rituales, saberes y prácticas, que se c o n ju g an en un proceso h e g e m ó n ic o , en d o n d e el saber m edicalizad o se op one p o s itiv a m e n te a las
d e n o m in a d a s creencias o preconceptos o prejuicios, que co n fo rm a n el d o m in io de lo popular o lo profano. Los sistemas de prestigio en el cam po referido, su p o n en un a práctica cen tral, h o m o g e n e iz a n te y ex c lu y e n te que tiende a absolutizar la clínica como la fuente de la salud. Las profesiones de la salud nos hemos planteado siem p re p ro b le m a s ligados al ca m p o de la e n f e r m e d a d y son sus re c u rs o s t é c n ic o / instrumentales (los de la clínica) los que definen la identidad de la profesión en el ámbito social. El/la médico/a, diagnostica y prescribe, el/la odontólogo/a trabaja sobre la cavidad oral y las e n f e rm e r a s c u id a n de los enfermos, para d e s ta c a r a lg u n o s de lo s /a s p r o fe s io n a le s tradicionalmente ligados al campo de la salud. La demanda de la clínica tradicional, reside en como tipificar los comportamientos de acuerdo a esta dimensión, (simbólica), según sexo, edad, etc.; lo c u ltu ral se en tien d e en to n ces com o com p ortam iento, y su reconocim iento como dimensión, como estrategia de captura, como realidad intervenible, manipulable; la pregunta para ella rad ica en co m o c o lo carla en el entramado de causalidades y explicaciones. Y lo único que puede decirse al respecto, es advertir la dificultad por construir una explicación de una vez por todas como ocurre en los juegos m atem áticos, que en lo inaprehensible de la «boca» reside su propia vitalidad.
Martha Lucía Uribe: Este es un propósito que por lo com plejo y dispend io so, im plica un tr a b a jo de to d o s los días y e s tá lejos de concluirse. Incorporar lo que ahora se llama la perspectiva de género -mirada de mujer¿- en la práctica p rofesional, su p o n e a s u m ir varios retos: El primero me exige enfrentar la visión de mí misma y del m undo moldeadas también a partir de los presupuestos patriarcales. El desafío, no
transigir con lo que en mí misma hay de mujer ancestral. Este es un trabajo que no se hace sin conflicto. O tro reto, los tem ores y dudas nacidas del incursionar por terrenos no transitados, poner en cuestión el saber recibido, lo que supone la labor de desentrañar en qué medida todo este saber y la práctica que sustenta, contribuyen a la perpetuación de la condición subordinada de las mujeres. La c o n f r o n t a c i ó n co n los colegas y la desestimación desde la ciencia tradicional surge como otro de los desafíos a enfrentar. Desde el punto de vista teórico, metodológico y clínico se suscitan muchos problemas que necesitan una discusión amplia y la creación de espacios de reflexión, amistad y creación. E n O t r a s P a l a b r a s . . . : C re e u s te d q u e s u p r á c tic a p r o f e s io n a l se d ife re n c ia a c tu a lm e n te de la de o tro s /a s c o le g a s en su e s p e c ia lid a d ? E n q u é y p o r q u é ?
Luis Santos: Esa es un pregunta difícil. Me parece m uy complicado decir: Yo hago las cosas m ejor que los demás-, eso h ab ría que demostrarlo de manera más tangible que con la sola afirmación. Como no me parece razonable hacerlo, prefiero limitarme a afirmar lo que creo de mi práctica. A propósito nunca he olvidado una sentencia bastante sabia que encontré hace muchos años en un libro de Ronald Laing, el a n t ip s iq u ia tr a inglés: no existe relación necesaria n i constante entre io que uno hace, lo que cree que hace y i o que dice que hace. En mi trabajo clínico trato de tener en cuenta los f a c to re s m acro y m ic ro c u ltu ra le s -por e je m p lo los fa m ilia re s - que p u e d a n e s ta r condicionando las formas como una persona interpreta y enfrenta diversas circunstancias
CRONICAS Y E N TR EV ISTA S
vitales y que, por supuesto, la puedan estar co lo c a n d o en s itu a c io n e s de c o n f lic to eventualmente sin salida. Si uno es incapaz de evaluar críticamente los prejuicios y prácticas sociales de los que esa persona es víctima, en vez de ayudarle a sanar la está empujando a la enfermedad. Podría citar muchas situaciones de ese tenor: la mujer que se plantea la necesidad o el deseo de abortar, la adolescente culpabilizada por su activ id a d sexual, el h o m o s e x u a l en conflicto con su inclinación sexual o con su entorno familiar y social, el hombre agobiado por obligaciones económicas a las que ya no está en condiciones de responder, etc. En psicoanálisis estas intervenciones no son tan claras co m o en o tra s fo r m a s de te ra p ia . Aparentemente el analista no tom a partido en las soluciones o decisiones por las que opte el paciente. Sinembargo la neutralidad analítica puede resultar engañosa. Si uno no reconoce la im p o rtan cia de los factores sociales que he anotado, puede term inar haciéndoles el juego sin p ro p o n é rs e lo . P o ngam os u n eje m p lo extremo pero ilustrativo. Una mujer que ha sido violada y que está frente a la decisión de abortar puede no haberse llegado a p lantear que su decisión de hacerlo sea lícita, debido a que esté agobiada por sentimientos de culpa reforzados por prejuicios de orden religioso. Si yo como analista no le ayudo a relativizar esos prejuicios, estoy impidiendo que ella disponga de todos los elementos de juicio para llegar a una decisión sana en el corto tiempo que una situación de esta clase exige. S e g u ra m e n te p o d ría c ita r m u c h a s o tra s situaciones en las que la famosa «neutralidad analítica» no es posible. En este te rre n o se pueden plantear toda clase de polémicas, y es im portante que se den. Creo que m uchos de nosotros optamos por posturas definidamente críticas fren te a s istem as de creencias que constituyen verdaderas camisas de fuerza para el desarrollo de la personalidad, pero hace falta
qu e las e x p lic ite m o s y d e f e n d a m o s m ás públicamente. Y por esta vía llegamos de nuevo a la necesidad de acciones colectivas.
Liliana V illarrag a: El c o n o c i m ie n to , la observación y el seguimiento de un fenómeno esp ecífico c o m o la m a t e r n i d a d desde su gestación, suponía partir de las historias de vida ae las mujeres que necesitaban ser escuchadas, apoyadas y respetadas en su cuerpo y su sentir. Este hecho me permitió plantear la atención en g ru p o d if e r e n te a o tr o s colegas y a o tro s p ro fe s io n a le s , p a ra c o m p a r t i r in te re s e s , temores, preocupaciones, creencias, prácticas, organización familiar y expectativas a n te la maternidad. La a c t i t u d a le r ta h acia ellas m e p e r m itió desarrollar el arte de fluir en la interacción, adaptar n u estro lenguaje al conocim iento de estas m ujeres y señalar el lenguaje técnicomédico con el objeto de que se apropiaran de él, de su sentir emocional corporal. Adueñarse de su experiencia de gestar vida hum ana y tomar las riendas de su propio cuerpo, sabio conocedor de vivencias, para m a n te n e r s e leal consigo misma y evitar o prevenir abandonarse en favor de otros. A ellas las invitamos a un cambio de lenguaje: Em barazo por gestar o preñar; síntom a por sentir corporal; d o lo r e s d e p a r t o por c o n t r a c c io n e s aco rd e s c o n la v iv e n c ia y tolerancia al dolor de cada una; reprimir el dolor por manifestar y darse cuenta en sí misma de los cam b io s co rporales; H isteria, Psicosis, s e n s a c ió n d e rareza por a p ro p ia r s e de la conmoción psicológica que implica dejar de ser m u j e r - n iñ a - j o v e n p a ra ser m u j e r - a d u lt a y convertirse en mujer-madre; Examen médico por auto-examen, auto-reconocim iento de los m o v im ie n to s y respiración propias; de esta forma en el m om ento del examen ginecológico su cuerpo se adueña, informa y conduce para no seguir siendo objeto/cosa de exploración.
@>
También esta práctica es diferente porque ya no concebimos a la mujer sola en fecundación. Esta experiencia la comprendemos como m om ento de fructificar la vida y el amor de una pareja. El hom bre, por su historia de vida se ofrece a com partir esta vivencia o se margina de ella. Este es mi actual interés investigativo, al cual m e condujeron las mujeres y parejas que me han invitado a 'esta reflexión.
R afael M alagón: E x is te n lím ite s m u y definidos en el campo de acción médica. Es esta una realidad ta n positiva, ta n empírica como r e s u lta ser el c o n o c im ie n to , la ac c ió n e instrumentación sobre el cuerpo. La manera de referir el cuerpo y los métodos para intervenir sobre él, de alguna forma son expresión de los p ro ceso s de id e o lo g iz a c ió n c o n q u e nos a c e rc a m o s a los o tr o s o las o tra s , en u n «mundo», de lo que bien podría denominarse, con perspectiva médica; perspectiva asexuada, ahistórica y fundada en un hacer tecnológico universal y objetivo. Los comportamientos, los recursos del lenguaje (formas neutras), los procedimientos altamente ritualizados del campo médico, resultan mucho m e n o s plurales que en o tras profesio nes o d is c ip lin a s. P o dem os d ecir de m a n e r a convencional, que en la clínica, no solamente se encuentra estandarizado el paciente, sino que tam b ién lo está el profesional. El proceso de construcción de identidad profesional pasa por la incorporación de una serie de códigos que ritualizan los comportamientos, definiendo un «gesto» fundamental e inconfundible. «La realidad clínica», es el territorio mismo de la en ferm ed ad . A parece h is tó ric a m e n te de un proceso en el que se conjugan saberes anatom o/ patológicos, fisio/patológicos, etio-patológicos etc. que van a co n fo rm ar lo que el Profesor Emilio Quevedo denomina como el paradigma moderno de la medicina.
C uando hablam os de la realidad de la salud, pensamos inm ediatam ente en tasas de morbi/ m o r ta lid a d , en e s ta d ís tic a s d em o g rá ficas, número de infectados o en el progreso clínico de los pacientes. Aludimos entonces a una realidad conmensurable, manipulable, sustituible por la acción técnica o tecnológica, reduciendo a los p a c ie n te s (perso nas) a esta d im e n s ió n . Se destituye su historicidad, su interioridad, sus procesos vitales. Pareciera que la vida y sus procesos y por ta n to la m ism a enferm edad, pudieran ser com p rend id os exclusivam ente, desde los signos, tam b ién vitales, como una realidad em pírica ajen a a to d o proceso de simbolización, de afectividad, de creación y re c re a c ió n h u m a n a . La m is m a rela ció n de intimidad del enfermo con su enfermedad no puede ser reconocida en este sistema racional de causas y efectos, justificado de todas maneras por la eficacia en el procedimiento.
Martha Lucía Uribe: De hecho, todas las prácticas p rofesio nales se d iferencian , a u n a q u e lla s q ue se in s p ir a n en los m ism o s principios. Sin embargo, la aplicación de la perspectiva de género en el ejercicio profesional para el caso de la Psicología, está m uy lejos de constituirse en una práctica generalizada que permita el establecimiento de diferencias con el quehacer tradicional en salud m ental. Es un campo en el que estamos todavía al inicio y en m i c o n c e p to e s tá m a rc a d o por i n t e n to s personales dispersos. C o n ta m o s a ctu alm en te con u n gran trabajo realizado por psicólogas importantes vinculadas a grupos de mujeres, pero creo que aún no se pu ed e h a b la r de u n esfu erzo grem ial con respecto a la perspectiva de género. En mi práctica profesional p rete n d o que se diferencie p rin c ip a lm e n te en: R econocer y desligar los aspectos relativos al género en los
(CRONICAS Y E N T R E V I S T A S
supuestos teóricos y metodológicos usados para mi trab ajo terapéutico. Esto significa en la práctica que se va adquiriendo otra visión de la patología, reco n o cién d o la m ás ligada a las condiciones y experiencias de las mujeres y a las restricciones de todo tipo que tenem os para dirigir y controlar nuestra propia vida. O tro aspecto que supone diferencias con el q u e h a c e r tr a d ic io n a l es el a b o rd a je de c u e s tio n e s r e la tiv a s al g é n e ro de m a n e r a explícita; a m anera de ejemplo, cito campos como el de la autoestima, problemas depresivos, relaciones de pareja, relaciones fam iliares, au toim ag en y m anejo del cuerpo, violencia, entre otros. En o t r a s p a l a b r a s . . . : Q u é im p a c to tie n e i a p e rs p e c tiv a d e g é n e r o en s u g r e m io y q u é p r o y e c c io n e s ie ve h a c ia e i f u tu r o ?
Luis Santos: Creo que el impacto todavía no ha sido tan grande aunque ya se sienten sus efectos. Es indudable que esta perspectiva está cam biando y va a cam biar m uchas cosas no solam ente en el psicoanálisis. C on seguridad también va a seguir influyendo sobre la terapia familiar, los diagnósticos y tr a ta m ie n to s en p s iq u ia tría , los d ic tá m e n e s en p s iq u ia tr ía forense, las propuestas que se hacen desde la psicología educativa, entre otros. Son muchos c a m p o s en los qu e c a m b ia n c o n c e p to s fundamentales cuando se transforma la manera de ver las relaciones entre hombres y mujeres. No nos olvidemos que buena parte del orden social descansa sobre la construcción simbólica de la diferencia sexual: la con stitu ció n de la areja y la familia, la educación de los hijos e ijas, la esco g en cia de p ro fe s io n e s , la vinculación a causas políticas, la ubicación en el mundo laboral, en fin, creo que casi todo lo que nos sucede pasa por ahí.
Somos cada vez más los que creemos que el cambio más im portante en el futuro no sólo de nuestro país sino del m undo entero será el de un nuevo equilibrio en las relaciones en tre los g én eros. Y digo que será el c a m b io m ás im portante porque modificará, en el sentido de armonizar y democratizar relaciones que se han c a r a c te r iz a d o t r a d i c i o n a l m e n t e po r el d e s e q u ilib rio , la je r a r q u iz a c ió n , la discriminación y la violencia.
Liliana Villarraga: La perspectiva de género en la profesión de enfermería, como en la disciplina ue se está generando se plantea como una línea e e s tu d io d e n o m in a d a m u j e r y salud. A c tu a l m e n t e och o a d ie z p ro fe so ra s de la Facultad impulsan su desarrollo.
Rafael Malagón: Considero que la reflexión desde el género es u n proceso complejo que contribuye a lo que yo llamaría un salto desde la clínica; este proceso en mi grem io y en mí m ism o es in c ip ie n te y requiere desarrollos posteriores, procesos de reflexión permanentes que abrirán posibilidades de transformación al q u e h a c e r o d o n to ló g ic o tr a d i c i o n a l m e n t e considerado em inentemente instrumental. Si la clínica es absoluta, resulta necesariamente vacía. H ay que deslizarse en to n c e s por sus límites, buscando otro tipo de fundamentos, lo que implica reconstruir su sistema de jerarquías, sus relaciones, sus formas más ritualizadas etc. Cuando se «de-forman» las formas cristalizadas de la clínica, se encuentran o se construyen los puentes, los canales, las interacciones que reterritorializan la enfermedad, al enfermo, a la enferma; esta realidad tiende a reconfigurarse en un campo más amplio. El de la vida como dimensión y referente del campo médico.
Martha Lucía Uribe: Creo que el impacto en g ra n m e d id a to d a v ía se red u ce a g e n e ra r profundas resistencias. El sello «feminista» que
tiene tal perspectiva genera muchos temores y se cae fácilmente en los estereotipos negativos. Sin e m b arg o , a v a n z a u n tr a b a jo serio que empieza a ser avalado por algunas instituciones universitarias y ha sido el producto de una larga lucha por parte de las mujeres pioneras. Pasada esta fase de resistencia, seguramente se segu irán g e n e ra n d o espacios cada vez m ás a m p lio s de e x p lo ra c ió n y c rítica del saber tradicional sobre las mujeres, los hombres y sus relaciones, para redundar en el desarrollo de teorías y modelos de trabajo que incorporen la visión de género, es decir, la noción de que las cond icio nes y la experiencia de h o m b res y m ujeres es d iferente y lo considerado com o masculino no puede seguir proponiéndose como modelo universal. E n o t r a s P a l a b r a s . . . : Q u is ie ra u s t e d s e ñ a la r a lg ú n o t r o a s p e c to s o b re e l s ig n if ic a d o d e esta p e r s p e c t iv a p a ra la a te n c ió n en s a lu d ?
Luis Santos: Necesitamos conformar una red que reúna esos esfuerzos individuales y los convierta en una corriente con alguna fuerza en los círculos académicos y gubernamentales.
Liliana Villarraga: La perspectiva de género tiene cada vez más sentido en la dirección de un m u n d o ju s to , co lab o rad o r, r e s p e tu o s o y a m o ro s o d o n d e la m u je r sea reco n o c id a y valorada por sus capacidades de gestar vida, s e n ti r y d ar clarid ad al m u n d o a fe c tiv o creativo-relacional, y donde al hom bre se le reconozca su capacidad de expresión y creación de s e n tim ie n to s de fam iliaridad y logre ser partícipe de la dimensión sensible de la vida.
Rafael Malagón: Solo quisiera agregar que mi e n c u e n tr o con esta perspectiva de géneros c o n t r i b u y e de m o d o s ig n ific a tiv o en los procesos orientados a comprender y reconocer q u e el e s fu e rz o p o r c o n s t r u i r la salud se constituye en un proyecto individual/colectivo, intersubjetivo, histórico y político. Martha Lucía Uribe:
Sí. M ás qu e de limitaciones u obstáculos, preferiría hablar de retos. La dimensión del cambio en este sentido es enorme, ta n to en lo personal como en lo social. Tal vez la más im portante limitación está en n u e s tra propia resistencia a abordar los presupuestos patriarcales que le dieron forma y s e n tid o a n u e s tr a vida com o m u jeres. Posiblemente es aquí donde se libra la mayor de las luchas. Creo, como lo dice Mariane Walters, «no hay tal cosa como la neutralidad respecto del género. E sta n e u tr a lid a d lo ú n ic o que significa es dejar los presupuestos patriarcales e x i s t e n te s en su sitio, im p líc ito s e incuestionados». Las palabras de estos cuatro profesionales son apenas una m uestra de intensos procesos de reflexión que, al ponerse en circulación, podrán encontrarse con otras experiencias de muchas y muchos profesionales del campo de la salud que hoy reconocen la importancia de preguntarse, desde el género sobre los conceptos salud y enfermedad y sobre las relaciones con los y las «pacientes». Los cam inos abiertos por éstas re fle x io n e s no ti e n e n lím ite s y o b lig an a c o n s t r u i r n u e v a s p r e g u n ta s y a e n c o n tra r nuevas respuestas en las cuales tenga cabida el intercambio, el debate, el cuestionamiento y la confrontación de ideas; en las que los dogmas y las verdades reveladas sean reemplazadas por la certeza de u n saber que siem pre deberá re construirse para hacer posible la vida.
N O T ! (CHAS 1EN O T R A S A S P A L A B R
Y O L A N D A PUYANA
Los estudios de gĂŠnero en la Universidad Nacional de Colombia.
N O T IC IA S E N O T R A S P A L A B R A S Las relaciones entre lo masculino y lo femenino ya no son lo que eran. La modificación del conjunto de las relaciones familiares representan una mutación sin precedentes, tal vez la mas importante de todos los cambios que afectan a nuestra civilización en los albores del tercer milenio. Georges Duby
LOS E S T U D I O S A n te c e d e n te s La m asiv a p a rtic ip a c ió n de las m u je re s en espacios p ú b lico s tradicionalmente limitados para ellas, el resquebrajamiento de una estructura patriarcal en la familia y la inserción masiva de las mujeres a las instituciones universitarias han sido algunos de los cambios culturales más intensos ocurridos en la sociedad occidental después de la segunda guerra mundial (Badinter 1987).
DE G E N E R O Dichos cambios han estado acompañados a la vez por el desarrollo de investigaciones sobre las condiciones que legitiman y m antienen la opresión de la mujer. Hoy, en una amplia proporción de universidades de Europa y Estados Unidos se encuentran unidades encaminadas al e s tu d io de las rela cio n es de g é n e ro b ie n sea in s e r ta s en las tradicionales disciplinas académicas o en nuevas instancias de carácter interdisciplinario.
EN LA
YOLANDA PUYANA
Trabajadora Social de la Pontificia Universidad Javeriana. Master en estudios de población. Coordinadora del programa de Género, Mujer y Desarrollo. Coautora de los libros: Mujer, Amor y Violencia y Política Social en la Decada del 90.
Los procesos orientados a abrir espacios institucionales para estos estud io s h a n sido diversos, por ejem plo, en las u n iversidad es N o r te a m e ric a n a s p rim ero se c rea ro n las u n id a d e s aca d ém icas denominadas women 's studies, encaminadas a fortalecer la docencia e investigación sobre la mujer y posteriormente las llamadas men s studies, dirigidas a dar respuestas a las nuevas inquietudes sobre la forma como los cambios en la división sexual del trabajo han incidido en la construcción de la masculinidad.
U N IV ER IS D A D N A C IO N A L
En Colombia la migración del campo a la ciudad con la consecuente urbanización, el descenso de la f e c u n d id a d , el a u m e n t o de la ta s a de p a rtic ip a c ió n laboral y del nivel e d u ca tiv o femenino, las demandas del movimiento social de mujeres tan to por la igualdad jurídica como por una mayor educación abren caminos para la c o n stru cc ió n de nuevas relaciones e n tre los géneros, creando retos para el p en sam ien to sobre las condiciones de la mujer. Se da curso a reflexiones sistem áticas sobre las relaciones e n t re las m u je re s y los h o m b r e s y a las funciones asignadas a cada género las cuales h a b í a n sido c o n s id e ra d a s p r o d u c to de la n a t u r a le z a y c irc u n s c rita s al á m b ito de la familia, que se nutren de los procesos gestados en el p la n o in t e r n a c i o n a l o r ie n t a d o s a la obtención de nuevos conocimientos, por parte de m ujeres in c o n fo rm e s con las m ilenarias condiciones de subordinación. Estos cambios sociales i m p a c t a n las u n iv e rs id a d e s , sus docentes y los conocimientos que allí circulan. En este c o n te x to , algu nas profesoras de la F a c u lta d de C ie n cias H u m a n a s de la Universidad Nacional, decidieron en el año de 1985 p o n e r en c o m ú n sus c o n o c im ie n to s , in v e s tig a c io n e s y e l a b o r a c io n e s so bre la p r o b le m á ti c a f e m e n in a en la sociedad, interrogándose sobre las causas de la opresión de la mujer y construyendo respuestas a partir del estudio del tema y la consulta de diferentes disciplinas, para lo cual conformaron el Grupo Interdisciplinario Mujer y Sociedad. En 1986 se o rg a n iz ó y re a liz ó el S im p o sio M u je r y Sociedad, en el cual las integrantes del Grupo sometieron al debate público sus elaboraciones acerca de diversas expresiones de la opresión y s u b o rd in ació n de la m u je r.1 Este evento fue base para que las integrantes del Grupo Mujer y Sociedad se concentrasen por un tiempo en la e la b o r a c ió n de u n lib ro qu e reco g iera las
memorias del mismo, el cual se consolidó como la primera producción escrita del Grupo, bajo el título M ujer, A m or y Violencia. Nuevas interpretaciones de antiguas realidades, coeditado por Tercer M undo y la Facultad de Ciencias H umanas de la Universidad Nacional, cuya primera edición circuló en 1990 y cuenta hasta la fecha con cuatro ediciones. El Grupo fue configurando diversos espacios de creación colectiva, de difusión del saber y de sueños acerca de la equidad entre los géneros, a través de encuentros, seminarios, cursos de educación continuada, publicaciones e investigaciones que poco a poco fueron ganando reconocimiento y v alo ra ció n académ ica, in c o rp o rá n d o se a la d in á m ic a de la u n iv e rs id a d . Se t r a t ó de c o n s tru ir u n a m b ie n te grupal e in terd isci plinario donde estudiar generara placer y donde la producción del conocimiento trascendiera las rigideces y formalismos tradicionales. Los a v a n c e s qu e sobre es ta te m á ti c a se producían en otros países, la inserción de los estudios realizados por el Grupo en los debates in te rn a c io n a le s sobre el te m a así com o las c re c ie n te s d e m a n d a s t a n t o p o r p a r te de organizaciones del Estado com o de diversos Grupos que daban forma al Movimiento Social de M u je re s en C o lo m b ia , lle v a ro n a las in t e g r a n te s de M u je r y Sociedad a buscar alternativas para crear, dentro de la estructura de la Universidad, un espacio institucional para los estudios sobre la mujer y las relaciones entre los géneros. Se inicia así en 1994 el Programa de E s tu d io s de G én ero M u je r y D esarro llo , p ro d u c to de u n C onv en io suscrito en tre la U n iv e rs id a d N a c io n a l y el M in is te r io de C ooperación para el Desarrollo de los Países Bajos, el cu al c o n t e m p la b a d e n t r o de sus ob jetiv o s el diseño y p u esta en m archa de programas de postgrado sobre esta temática. En 1996 estos esfuerzos cumplieron una nueva fase
I A modo de anécdota cabe señalar que fue sorprendente la amplia respuesta de estudiantes, docentes y profesionales de diversas disciplinas que respondieron a la convocatoria de este evento y mayor aún la sorpresa del decano y de algunos profesores quienes entre chiste y chanza no nos auguraban una demanda académica por los estudios referentes a las mujeres.
N O T IC IA S E N O T R A S P A L A B R A S cuando, en el mes de marzo, el rector de la Universidad propuso al Consejo Académico, la aprobación de dos programas de postgrado: Una M aestría en Estudios de Género, con énfasis inicial en M u je r y D e s a r r o llo y u n a Especialización en Proyectos de Desarrollo con Perspectiva de Género. C on esta referencia, un ta n to anecdótica, se resalta una labor realizada por docentes de la Universidad Nacional en la cual se plasma una a c titu d ética, p o lític a y aca d ém ica, caracterizada por el interés de incorporar los a v an c es del p e n s a m i e n to f e m i n is ta y sus d ife r e n te s v e r ti e n te s en el q u e h a c e r universitario e irradiarlo en la sociedad. U n trabajo que me atrevo a denominar como el de arañas pensantes, m ediante el cual se fueron tejiendo redes de colaboración e intercambio en pro de una idea y que encierra también el deseo de p r o y e c ta r lo a n t e u n a c o m u n id a d d em andante de saber. De esta m anera, en lo corrido de la década se ganó dentro del recinto u n iv e rs i ta r io u n espacio p ara el d e b a te académico sobre las relaciones de género y la situación de la m ujer en el país. Hoy, dicha posibilidad parece sencilla, pero es necesario registrar que este proceso implicó, por qué no decirlo, a d e m á s de m u c h a s le c tu r a s y de diversas actividades de divulgación de nuestras ideas en horarios extralaborales, un a crítica sistemática acerca de la producción escrita de las docentes, encuentros difíciles ante el temor que con lleva el d e b a te a c a d é m ic o y controversias inherentes al quehacer intelectual y al trab a jo práctico, to d o lo cual nos está e n s e ñ a n d o a e n r iq u e c e r n o s a p a r t i r de la diversidad y las diferencias y lo más importante, a sen tir m u c h as de estas actividad es com o realización de sueños y deseos. Cabe mencionar también que hace ocho semestres se inició el Curso de C on texto denom inado La cuestión
femenina con la participación de estudiantes de p re g ra d o de las d i s t i n t a s f a c u lta d e s de la u n iv e rs id a d y se n u t r e del e s tu d io de las in v e s tig a c io n e s y p u b lic a c io n e s sobre la te m á t i c a de g é n e ro a nivel n a c io n a l e i n t e r n a c i o n a l 2. Este curso, así com o la in c o rp o ra c ió n de esta te m á tic a en algu nas asignaturas relativas a la familia, la historia, la cultura, los procesos grupales y comunitarios y en la elaboración de monografías de grado, son expresiones de la introducción de la perspectiva de géneros en diversos campos de la formación profesional. El p r o g r a m a d e E s tu d i o s d e G é n e r o M u je r y D e s a r r o llo e n la U n iv e r s id a d N acio n a l En Agosto de 1994, el Convenio suscrito entre la U n iv ersid ad N acio n a l de C o lo m b ia y la C o o p e ra c ió n H o la n d e s a p ara el d e sarro llo permite que el Programa de Estudios de Género, Mujer y Desarrollo comience a ejecutarse con el apoyo del G rupo M ujer y Sociedad y con la v in c u la c ió n de o tra s p ro feso ras de la u n i versidad, no pertenecientes al grupo, quienes se h a n c a r a c te r i z a d o p o r r e a liz a r e s tu d io s e in v e s tig a c io n e s so b re la m u je r y po r su excelente trayectoria académica en este campo. El Programa se adscribe al Centro de Estudios Sociales -CES- de la F a c u lta d de C ien cias H u m a n a s de la U n iv e r s id a d N a c io n a l de Colombia y está co nstituido por una unidad coordinadora y seis subprogramas: Formación avanzada de docentes, Investigación, E x ten sión, P ostgrado, P ublicacion es y F ondo de D o c u m e n t a c i ó n es p e c ia liz a d o en M ujer y G é n e ro . Se inicia así u n p ro ceso de institucionalización en el cual están tam bién presentes los conflictos inherentes al encuentro del G ru p o c o n o tr a s d o c e n te s , a la
2 Son publicaciones del grupoy de sus integrantes, entre otras: Grupo Mujery Sociedad. Mujer Amory Violencia. Nuevas interpretaciones de antiguas realidades. Universidad Nacional de Colombia y Tercer Mundo editores. 1994 cuarta edición. Thomas Florance. El macho y la hembra reconstruidos. Universidad Nacional de Colombia. 1985. Thomas Florance, Los Estragos del amor Edit. Universidad Nacional 1994. Barreto J, Puyana Y Sentí que se me desprendía el alma. Edit. Univ. Nacional e INDEPAZ. 1996. Así mismo diversos artículos han sido incluidos en las revistas Maguaré, de Psicología, de Estudios Políticos y de Historia en la Universidad.
com unicación entre diferentes saberes, a las aproximaciones a diversas concepciones sobre el fem inism o, la academia, la pedagogía y las formas de proyectar los estudios de género en la Universidad. El Programa pretende contribuir al conocimiento sobre ias cambiantes relaciones entre mujeres y hombres y sobre la conformación y transformación de las identidades femeninas y masculinas. A s í m ismo busca, im pulsar la equidad de género a partir dei análisis de la m ujery su participación en los ámbitos políticos, sociales, económicos y culturales e incorporar la perspectiva de género en ei desarrollo, concebido este no sólo en términos de crecimiento sino de equidad, de democracia, en lo privado y en lo público, de diversidad cultural y de respeto a la diferencié Se trata de insertar u n a p ersp ectiva de género en las tareas de in v e s tig a c ió n , d o c e n c ia y e x t e n s i ó n de la Universidad. Una meta central ha sido la de institucionalizar en la universidad estu d io s de po stg rad o de estudios de género, que será el primero en el país y uno de los pocos en América Latina. Los ta llere s de p r o f u n d iz a c ió n t e m á ti c a e n tr e docentes de la Universidad, con la participación de profesoras invitadas de otras universidades, constituyeron un paso previo a la elaboración de la propuesta del plan de estudios. En 1995 se r e a liz a r o n dos s e m in a rio s e n c a m in a d o s a profundizar sobre las distintas vertientes de las teorías feministas y sobre las relaciones entre mujer y desarrollo. D urante el primer semestre doce profesoras y u n profesor d e stin aro n al seminario veinte horas semanales de estudio docum ental y durante el segundo semestre el se m in a rio co nv ocó a v e i n tit r é s d o c e n te s e investigadoras para u n trab ajo inten sivo de cinco días, en torno al tema debates feministas
frente al nuevo siglo: Mujeres, democracia y
desarrollo. Estos eventos p erm itiero n hacer interesantes discusiones sobre la tem ática de g é n e ro a p a r ti r de dos e n fo q u e s , qu e son inevitablemente complementarios: El aporte de q u ie n e s tr a b a ja n en la c o n s tr u c c ió n de la subjetividad, los procesos de socialización y la form ación de las identidades y la tem ática sobre el desarrollo y las políticas públicas.4 Así mism o, ha sido c o m p o n en te central del p r o g ra m a el im p u ls o y d e s a rro llo de la investigación en este cam po. Por ello, en la actualidad se adelantan los siguientes estudios: Una mirada de los imaginarios sociales de las mujeres de los sectores populares, con la cual se busca examinar los cambios y perspectivas de los procesos de socialización y la división sexual del trabajo de las mujeres de sectores populares. Las relaciones de género y modernización industrial, dirigida a conocer los efectos de la apertura económica en la dinámica laboral de hom bres y mujeres a p artir del caso de una empresa de textiles. Representaciones sociales y prácticas sobre la esterilización masculina, con la cu al se b u sca c o n o c e r la fo r m a c o m o los ho m bres asu m en prácticas de c o n tro l n atal específicam ente dirigidas a ellos. Economía campesina, movimiento de mujeres y Estado en Colombia, encam inada a reflexionar sobre la d in á m ic a de la o r g a n iz a c ió n de m u jeres c a m p e s in a s en rela ció n con los p ro y e c to s estatales y la tenencia de la tierra. Proyectos alternativos de vida y de convivencia gestados por mujeres en Barrancabermeja y Apartado m ediante la cual se pretende una mirada a la violencia y los conflictos desde las historias de vida de las mujeres y de las organizaciones de mujeres en estas dos localidades. D u ran te el s e m e s tre p a s a d o se r e a liz a ro n dos in v e s tigaciones: Mujeres desplazadas por la violencia y Formas autónomas de resolución de conflictos
3 Meertens, Donny. Los estudios de la mujer en Colombia, procesos, coyunturas y espacios, Bogotá. 1995, Prepared, for delivery at the 1995 meeting of the Latin American Studies Association, Washington, September 28-30 1995. Pag. 17 4 Se contó con la participación de profesoras de reconocimiento internacional como Marta Lamas de México, la española Lourdes Beneria. economista y profesora de Cornell y la chilena Virginia Guzmán,
N O T IC IA S E N O T R A S P A L A B R A S entre particulares desde la perspectiva de géneros: estudio de casos en ia región del Magdalena Medio. Dichos estudios constituyen temáticas específicas que estarán articuladas a las p r o p u e s ta s de in v e s tig a c ió n de los estudiantes de la Maestría. A finales de 1994 se in a u g u ró el Fondo de Documentación Mujer y Género, localizado en el edificio M anuel Ancízar de la Universidad. C u e n ta en la actualid ad con 1951 registros bibliográficos sistematizados, los cuales corres ponden a la tem ática de la mujer a partir de diversas perspectivas, y ofrece servicios de consulta al público. El fondo de documentación se vincula con centros similares a nivel nacional e internacional y en este m o m ento promueve tres redes de intercambio: La primera, red de estudios sobre masculinidad, cumple ya un año de existencia, se reúne cada mes y presenta una interesante dinámica pues por primera vez se convoca a un estudio colegiado sobre la cuestión masculina en el país. Esta temática se volvió un objeto de tratamiento académico a partir de los profundos cambios de la situación de la mujer en las últimas décadas de este siglo. La segunda se propone concentrarse en las relaciones entre mujer y medio am biente y la tercera se está constituyendo como red de estudios sobre la participación política de las mujeres. Características de los
postgrados
En la propuesta de postgrados confluyen tan to el trabajo entusiasta de profesoras y profesores de la universidad, como el empuje ofrecido por la Cooperación Holandesa y la respuesta de las distintas instancias de la Universidad, en donde poco a poco han confluido los debates sobre la temática. Contiene dos niveles para el estudio de la tem ática: La Maestría en Estudios de
Género, cuya primera promoción tendrá como área de énfasis Mujer y Desarrollo, centrada en
la la b o r in v e s t ig a t iv a sobre d iv e rsas dimensiones de las relaciones entre los géneros, confiriendo especial interés a las condiciones y procesos de in serció n de las m u jeres en el desarrollo. La Especialización en Proyectos de Desarrollo con Perspectiva de Género, hace énfasis en la calificación profesional para la formulación, planificación, gestión y evaluación de políticas, programas y proyectos sociales. Ofrecer ambos niveles de estudios responde a la n e c e sid a d de v in c u la r p ro fe s io n a le s con in te r e s e s diverso s: q u ie n e s b u s c a n en la universidad u na form a de p ro fu n d izar en el análisis teórico del tema y quienes pretenden una formación tanto teórica como instrum ental que facilite su vinculación con program as c o n c re to s , a h o ra t a n d e m a n d a d o s p o r las políticas sociales y las Naciones Unidas.5 Como se e n u n c ia en las e n tre v is ta s hech as en el estudio cjtado en la nota marginal, en ambos casos se espera que la universidad ofrezca una formación teórica y crítica en la temática. El objetivo central de la M aestría es formar investigadoresy docentes que tengan capacidad conceptual y metodológica para investigar la dinámica de las relaciones entre ios géneros y formulen alternativas de transformación de ias mismas ; la Especialización busca Contribuir en ia consolidación de ia perspectiva de género tanto en ia formulación, ejecución y evaluación de las políticas estatales como en las organizaciones no gubernamentales y en el movimiento social de mujeres6 Se ha concebido que la instrum entación técnica se sustente en u n a fo r m a c ió n c rític a e in t e r d is c ip l in a r i a considerada como básica cuando se trabaja con las mujeres. Por ello la Especialización tendrá cu rso s c o m u n e s con la M a e s tr ía para la formación teórica de los estudiantes, el énfasis
5 Véase al respecto la investigación sobre la demanda realizada por Patricia Prieto en 1995. 6 Programa de Estudios de Género Mujery Desarrollo, plan de estudios de la Maestría de Estudios de Género: área Mujery Desarrolloy Especialización en proyectos de desarrollo con una perspectiva de género, marzo de 1996.
en este caso será el trabajo de las alumnas y los alumnos en la elaboración de planes y proyectos que p a r ta n de u n a m irad a crítica sobre las relaciones de opresión en que se desenvuelven las mujeres. La M ae s tría se desarrollará d u r a n te c u atro semestres y ofrece las siguientes asignaturas: U n cu rso d e n o m in a d o Teorías d e M ujer y Género, en el cual se estudiarán las corrientes y conceptos del pensam iento feminista desde el a p o r te in t e r d is c ip l in a r i o que o fre c e n las Ciencias H um anas. C ontiene el análisis de la génesis y del desarrollo de los conceptos de p a tr ia r c a d o , d iv isió n sex ual del tr a b a jo y género. Este curso estará complementado para los estudiantes de la Maestría con un seminario sobre la división sexual del trabajo, el poder y la identidad de género. Por otra parte se ofrece una materia básica acerca de los modelos de desarrollo, políticas públicas y g é n e ro , que abordará el estud io sobre la situ a ció n de la mujer en América Latina a partir de las teorías explicativas sobre el desarrollo y los procesos de ca m b io e s tr u c t u r a le s . D e n t r o de esta perspectiva se revisarán las políticas de mujer y desarrollo y las experiencias concretas en varios países l a tin o a m e r ic a n o s al resp ecto . C o m p l e m e n t a e s ta m a te r ia u n s e m in a rio pro fu n d o acerca del Trabajo y Participación Política d e las m ujeres y o tr o s se m in a rio s optativos dentro de los cuales están: sexualidad y derechos reproductivos, género y familia, h is to r i a y v ida c o tid ia n a , f e m in id a d y masculinidad. Por último la Maestría ofrece dos sem inarios talleres d e investigación, en los cuales se a n aliza rá n las im plicaciones de la
investigación con una perspectiva feminista, así c o m o el d e b a t e so bre p e rs p e c tiv a s y metodologías de investigación de orientación c u a n t i t a t i v a y c u a lita tiv a . Así m ism o se p ro g ram a u n a m a te r ia electiva que deberá seleccionarse e n tr e las ofrecidas por o tro s programas de postgrado de la universidad. La Especialización tendrá una duración de tres semestres. Los dos primeros cursos enunciados p a ra la M a e s tr ía se c o m p a r tir á n con la Especialización. Así mismo se llevará a cabo el seminario de trabajo y participación política de la m ujer. Los s e m in a r io s ta llere s de la Especialización girarán en to rno al estudio y p ro fu n d iz a c ió n en las m e to d o lo g ía s de investigación para la planeación en formulación de proyectos de desarrollo y culminarán con un tr a b a jo d e p la n e a c ió n con p ersp ectiv a de género. Tendrá también una asignatura electiva en la cual las alumnas y alumnos podrán cursar u n s e m in a r io de p r o f u n d iz a c ió n o algun a materia correspondiente a los postgrados de la universidad. Se está cumpliendo así un viejo sueño del Grupo Mujer y Sociedad que venía siendo también un sueño de otras mujeres y hombres que buscan co ntar con espacios sociales e institucionales para la reflexión y producción de conocimientos acerca de las relaciones entre mujeres y hombres que atraviesan todas las esferas de la vida social. Nos queda entonces el reto de mantener estos espacios académicos en el campo de los Estudios de Género en el alma mater, fortaleciendo tanto los avances logrados en todos los campos de la temática como nuestra actitud ética y política.
BIBLIOGRAFÍA Badinter, Elizabeth. El Uno es el Otro. Editorial Planeta. 1987 Barreto J, Meertens D, Thomas E Puyaría Y , Dueñas G. Propuesta de Postgrado en Género. Mujer y Desarrollo, Santafé de Bogotá, Mayo 22/96 Meertens Donny. Los estudios de la Mujer en Colombia. Procesos, coyunturas y Espacios. Ponencia preapred for delivery at the 1995 meeting of the Latin American Studies Association, Washington September 1995. Prieto Patricia. Investigación sobre la demanda en estudios de género. Programa: Género Mujer y Desarrollo de la Universidad Nacional. 1995.
L A S M U J IIE R E S Y
LOS L IB R O S
La m u j e r f r a g m e n t a d a . L u c ia G u e r r a .
P s ic o a n รก lis is y f e m i n is m o : P e n s a m ie n to s f r a g m e n t a r i o s . J a n e F la x .
LA S M U JE R E S Y LOS L IB R O S Escribir re-editando la historia y re-contando la coti-dianidad de tal forma que se amplien los espacio s en los cuales las miradas y las palabras de las m u jeres circulen con m o v i miento y valor propios, es una necesidad emergente a medida que se avanza en la lectura del ensayo de Lucía Guerra. C ó m o se ha c o n s tr u i d o la noción mujer en el curso de la h is to r ia de la c u ltu r a , del a c o n t e c e r científico y de la producción artística*?-. Cuáles son las p o sib ilid a d e s a b ie rta s en el a c o n t e c e r histórico, para la co n s tru c c ió n de la id e n tid a d de las m u je re s la tin o a m e ric a n a s ^ Estos dos in te rro gantes atraviesan las tres partes que conform an el en s a y o y para re s p o n d e r a ellos la a u to r a realiza una p ro fu s a investigación bibliográfica y documental que se constituye en una de las riquezas de la obra. En ella, Lucía G uerra recorre m ito s y tra d ic io n e s a n c e stra le s ; c o n v ie rte en m aterial de análisis algunas formulaciones sobre la mujer y las m u je re s d eriv a d as del p e n s a m i e n to A r is to té lic o ;
d eco n stru y e algunos pasajes bíb licos sobre la m u je r develando la perm anencia de los im a g in a r io s de s u b o r d in a c ió n y la lig a z ó n de la m ujer a la naturaleza que de ellos se derivan; c o n tra sta y encuentra los nexos íntimos y las líneas de continuidad entre e s ta s tr a d ic io n e s y el p e n s a m i e n to de filó so fo s y c ie n tífic o s q ue g e s ta r o n el p e n s a m ie n to m o d e rn o y de
q u ie n es que e s tá n ab rie n d o camino a la postmodernidad. Su obra se constituye en una invitación sugestiva a realizar n u e v a s le c tu r a s de Bacon, Decartes, Kant, Hegel, Marx, Freud, Lacan, F o u c a u lt, Derrida, Lyotard y Rorty entre otros, que perm itan descubrir cómo el signo mujer presente en su le n g u a je y en su
producción científica corres ponde a un sujeto inexistente y se inscribe en los cánones de una lógica que simbiotiza a la m u je r con la n a t u r a l e z a in scribiéndola d e n tro de un orden natural predeterminado en el cual pareciera no tener cabida pensar la m ujer como ser con existencia autónoma. C u e s tio n a la lógica b in a ria d o m in a n te en la producción d e 1 c o n o cim ie n to , en la cual, las dicotomías derecha/iz q u ie rd a , b ie n / m al, c u l t u r a / naturaleza, p ú b l i c o / privado, a lm a / cu e rp o , se sitúan en la base de los procesos de p r o d u c c ió n de significados acerca de esas o tr a s p arejas t a m b i é n d ic o tó m ic a s: h o m b r e /m u je r , m a sc u lin id a d / fe m in i-d a d , en to r n o a las cu ales se c o n s t r u y e n las reflexiones sobre los complejos p ro ceso s de p ro d u c c ió n sim b ó lic a r e la tiv o s a lo femenino. La autora describe ceremonias rituales ligadas al nacimiento de varones y hem bras en las c u ltu r a s az te c a s y m a y a s y a n a liz a a lg u n o s p l a n t e a
(w )
mientos acerca del ser mujer y de la denom inada naturaleza femenina presentes ta n to en los d is c u rs o s filosóficos, científicos y literarios como en las creencias, m áxim as, p ro verbios y refranes que animan el saber cotidiano. A tr a v é s de u n ejercicio a n a lític o s is te m á ti c o va d esen trañand o los efectos de e s ta lógica b in a ria sobre el poder, su ejercicio y su concen tración, y su fu n ció n en las estructuras patriarcales en las cuales diversas relaciones de d o m in io y s u b o r d in a c ió n s u s te n ta n a su vez procesos c o m o los de c o n q u i s t a y colonización que han marcado con tanta fuerza las relaciones entre pueblos y naciones. Lucia G uerra devela algunos significados del poder patriar cal y al m is m o tie m p o c o n tr o v ie r te la te n d e n c ia a h a c e r del p a tria r c a d o u n a categoría ab stracta, siem pre idéntica y uniforme dominante en a lg u n a s v e r ti e n te s del feminismo; al respecto afirma que ...h acien d o del hombre una categoría indiferenclada, se h a c e c a so o m iso d e las tajantes diferencias impuestas en tre los h o m b res po r otras estructuras de poder (pág. 26). Para ella, el encuentro de las a r tic u la c io n e s e n tre las diferencias de género, clase, etnia y raza, se convierte en un in te r é s específico, com o condición para comprender los p ro ceso s p r e s e n te s en el devenir de las m ujeres y los hombres latinoamericanos.
Se interroga también la autora sobre las razones por las cuales para los d iv e rso s d is c u rs o s c o n t r u í d o s p o r la cu ltu ra oficial», definir a la mujer ha sido una obsesión (pág. 23). Allí, llama la atención sobre el hecho de que la mayoría de las elaboraciones del signo mujer procedan de los centros cultu rales europeos, confi-gurando así toda una zona no estudiada d e la d e p e n d e n c ia cultu ral latinoamericana (pág. 28). De esta forma, traza u n cam ino p ara a n a l iz a r los div e rso s significados otorgados al signo m u jer y sus im p lic a c io n e s sobre los procesos de c o n s trucción de identidades, en sus d im e n s io n e s s u b je tiv a s y políticas. Fronteras y antifaces del signo mujer es el título que identifica la segunda parte del ensayo. En ésta, el punto de partida lo constituye la reflexión sobre la n o c ió n de m u j e r - c o m p l e m ento, presente ta n to en los m ito s acerca de la creació n como en los discursos teoló gicos d o m i n a n t e s en el medioevo. La autora dem ues tr a c o m o e s ta n o c ió n de com plem entariedad entre los sexos-géneros, se convierte en obstáculo para la construcción de la in d iv id u alid ad y de la a u t o n o m í a de las m u je re s, mantiene su influjo notable en el p e n s a m i e n to il u s t r a d o y persiste su im pacto sobre las re c ie n te s te n d e n c ia s postmodernas. Las figuras de Eva y María son m o tiv o de esp ecial c o n s i
deración por su incidencia en el m undo occidental y por sus efectos en la construcción de la feminidad, señalando el papel desempeñado por ellas en los discursos del medioevo y del r e n a c im i e n to y su p r o lo n gación hasta el presente. Id e n tific a las co n ce p cio n es acerca de la m u je r y la feminidad en el pensamiento de autores representativos del a c o n te c e r c ie n tífic o com o B acon, D e s c a rte s , H u m e, M on tesq u ieu , D iderot, R ou sseau, C o m te , D a r w i n y Spencer, e n t r e o tro s , para q u ie n e s, con d iv e rsid ad de matices, el acontecer científico era de suyo potestativo de los varones. Resulta amena, por la ironía que encierra, la lectura de citas textuales de estos y de otros grandes pensadores que, desde los mas nobles intereses acad ém icos, a s u m ía n com o verdad incuestionable que las mujeres y todos los atributos ligados a lo fem enino p e rte necían al orden de los objetos, del m u n d o cosificado , del m undo sobre el cual el hombre reina. Lucia G u e rra d escu bre ta m b ié n en este en say o las posibilidades que ofrece la obra de Octavio Paz para develar el m a c h is m o im p e r a n te en el co n tin e n te latinoam ericano; identifica las nuevas potencia lid ad es que se a b re n a la c o m p re n s ió n de las i d e n t i dades de género a p a rtir de Freud y Lacan, como también de algunos a u to re s p o s tm o dernos como Dérrida, Deleuze
LA S M U JE R E S Y LOS L IB R O S y Lyotard y al mismo tiempo p o le m iz a con to d o s ellos s e ñ a la n d o el in flu jo del pensam iento patriarcal sobre sus d is c u rs o s acerca de la m ujer y la feminidad. Señala a lg u n a s rela cio n es e n tre v ertien es teóricas del fe m i n is m o de la ig u a ld a d y el fe m in is m o de la d ife re n c ia poniendo en evidencia como muchas de las formulaciones explícitas en los desarrollos teóricos del feminismo llevan en sí el riesgo de reproducir imaginarios correspondientes a u n a lógica d u a lis ta y fragmentaria.
Soledad A co sta de Sam per, V icto ria O c a m p o , R osario Castellanos, Gabriela Mistral, entre otras. Sus trabajo señala los caminos abiertos por Julia K risteva, J u lie ta K irw o o d , S onia M o n te c in o , R osario Ferre, H elena A raújo, Elena P oniatow ska, N an cy C horodow , A d rie n e Rich, Luce Irig a ra y y H elen e C ixo us, en tre otras, en ese complejo proceso o rien tad o a conferir nuevos significados al trabajo doméstico, al acontecer polí tic o de las m u je re s y a los diversos lenguajes relativos al cuerpo femenino.
En la te rc e ra p a r te de su ensayo y bajo el título En el flujo hetereogéneo de la liberación concentra su interés en dos ejes de atención: de una parte la escritura femenina y su función en el develamiento de la falocracia imperante en el mundo de las letras, y de otra, los efec to s de la re la c ió n simbiótica mujer-madre, sobre las representaciones e im agi n ario s qu e a n im a n la demarcación de los territorios as ig n a d o s c u l t u r a l m e n t e a m u je re s y a h o m b re s . Su recorrido analítico constituye ta m b ié n u n a in v ita c ió n al estu d io del p e n s a m ie n to de m u je re s p io n e ra s del f e m i nism o la tin o a m e rc a n o tales como Lola Rodríguez de Tío, Mercedes Cabello de C a rb o nera, G e r tr u d is G ó m e z de A vellan ed a, Alicia M o re a u ,
El e n s a y o ab re u n n u e v o ám bito de posibilidades en la construcción del signo mujer a partir de las mujeres mismas al señalar el potencial transgresor de la escritura femenina y la h e te re o g e n e id a d que lleva co nsigo ; la a u t o r a p o n e de relieve la im p o r ta n c i a del le n g u a je com o p o r ta d o r de sig n ificad o s, de valores, de representaciones y de im agi narios que permitirán conferir n u e v o s r u m b o s a la c o n s trucción de la identidad de las mujeres al finalizar este siglo. Juanita Barreto Gama
Profesora D epartam ento de Trabajo Social Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia
I n te r lo c u c ió n , diálogo, in tercam bio, son intereses que a tra v ie s a n en su t o t a l i d a d e s ta o bra, que como lo expresa su autora, n o p r e te n d e p r o p o n e r u n n u e v o p a r a d ig m a p ara el conocim iento, ni con stru ir nuevas v e rd a d e s, sino permitir que el pensamiento fluya, circule, se movilice y a n im e los co m p le jo s p r o cesos de b ú s q u e d a de ex p licacio n es a la realid ad h u m a n o social. Jane Flax escrib e desde la riqueza de su experiencia como terapeuta analítica, epistemóloga, p o litó lo g a y fe m i nista, haciendo que estos cuatro planos que constituyen sus opciones vitales se entrelacen para id e n tif ic a r los p r i n cipales desarrollo s del psicoanálisis, las teorías feministas y las filosofías postmodernas acerca de la id e n tid a d , el g én ero, el c o n o c i miento, el poder y la justicia. El p u n to de p a r ti d a de su obra es una reflexión sobre el sentido de la escritura en un m om ento de la historia en el cual la búsqueda de certezas y verdades últim as ha sido pu esta en cuestión, dando cabida a la incertidum bre y la a m b iv a le n c ia . Esa
am bivalencia e in c e rtid u m b re p r o d u c to de la p o lifo n ía que caracteriza la producción in te lectual en el m undo moderno y que, al decir de las vertientes del postm odernism o, se está cons tituyendo en la esencia de la vida m ism a . Esa a m b iv a le n c ia e incertidumbre que, en una pers pectiva orientada a protegerse de los riesgos del dogm atism o, se convierte en un valor y en una riq u e z a , p o r q u e p e r m ite
id e n tif i c a r a v an c es en las explicaciones sobre las relaciones sociales y los cambios culturales y, al m ism o tie m p o , obliga a formular nuevos interrogantes, a reconocer que en el terreno de la búsqueda de explicaciones a los procesos individuales y sociales y a las relaciones entre ellos, son aú n más las preguntas que las respuestas existentes. Por ello,
Jane Flax relieva la importancia de la in c e r tid u m b r e p ara la construcción de nuevos rumbos en la historia de la humanidad. Su o b ra se c o n s ti tu y e en un concierto en el cual las melodías se construyen con el concurso de tres voces: el psicoanálisis, las teorías feministas y las filosofías postm odernas, cada una de las cu ales a d q u ie re to n a lid a d e s dom in an tes o subordinadas en los capítulos que la conforman, seg ú n sea la categoría objeto c e n tra l de a n á lisis. La o b ra está o r g a n iz a d a en cuatro partes. La primera está de dicada a La conversación. En ella ab o rd a dos pr o b l e ma s centrales la escri tura y el p e n s a m ie n to en un e s ta d o de t r a n sición. En el pri mer c a p ítu lo concentra su re flex ió n en la razón de ser y el se n tid o de la escritura, ex p o nien do los intereses desde los cuales se sitúa para hacer posible el in tercam b io e n tre esas tres voces. El c a p ítu lo seg u n d o caracteriza los pensamientos en estado de transición señalando las p rin c ip a le s v e r ti e n te s y orientaciones que subyacen en cada uno de ellos y formulando u n a a m p lia g am a de i n t e
rrogantes que aún quedan por responder sobre sus conceptos centrales, los cuales dan cuenta de sus aportes en los procesos de producción de conocimientos y a su vez p erm iten identificar su fragilidad. La segunda parte de la obra se concentra en las concepciones de los yoes y en ella se detiene en la complejidad de procesos que confluyen en la construcción de las identidades. En el capítulo tercero recorre el pensam iento freudiano como eje central de la reflexión señalando las razones qu e s u s t e n t a n su r e to r n o al fundador del psicoanálisis y las posibilidades ontológicas, epis temológicas y éticas que su éste ofrece. La autora realiza ta m bién un recorrido por algunos de los debates formulados por las teóricas feministas a la obra de Freud s e ñ a la n d o t a n t o sus limitaciones y polaridades como sus a p o rte s al d e sa rro llo del psicoanálisis mismo, y develando los silencios de muchos analistas ante los escritos feministas sobre gén ero y p s ico an á lisis. El c a p ítu lo c u a r to c o n c e n tra su interlocución en el pensamiento L acan iano, f o r m u la n d o i n t e rrogantes a la noción del falo como significante universal. Se d e tie n e en el e s tu d io de los teóricos de las relaciones del o b je to y a q u í d e s tin a b u e n a parte de sus reflexiones a los aportes de W innico tt. En este co ntex to introduce con fuerza las voces de teóricas feministas tales com o N an cy Chorodow , D o r o th y D in n e rs te in y Juliet M itc h e ll q u ie n e s a b rie ro n
nuevos c a m in o s p a ra la comprensión de los procesos de c o n s tr u c c ió n de la id e n tid a d desde el género. En el capítulo quinto devela los efectos que las culturas patriarcales han ejercido so b re las e x licac io n es d ad as h a s ta el m o m e n to a la diáda madre-hijo y a la tríada padrem a d re -h ijo . D eja ta m b ié n un camino abierto para descubrir el p o te n c ia l qu e e n t r a ñ a n las te o ría s f e m i n is ta s que realizan nuevas lectu ras sob re los c o n textos culturales en los cuales se inscri ben tales relaciones diádicas y triádicas, así com o sobre las es p e c ific id a d e s de las rela cio n es m a dre-hija. La m anera c o m o Jan e Flax cierra esta segunda p a r te de su t e x to dem uestra el carác ter abierto y dinámico de su p e n s a m ie n to en cu an to s u b ra y a el sig n ific a d o de to d a elección teórica e inter p r e ta tiv a , a f ir m a n d o que c a d a m o d o d e teorización muestra y sufre sus p ro p ia s formas de represión, n e g a c ió n y d e s p la zamiento (pag. 231). Los relatos sobre el género, los malestares que éstos suscitan en el a c o n te c e r c ie n tífic o y las posibilidades para comprender la re a lid a d , los p ro ceso s socioculturales y la vida m ism a, se constituyen en el eje de análisis
de la tercera parte de la obra. La in t r o d u c c ió n en el a c o n te c e r histó rico de las m iradas y las palabras de las mujeres, a partir del impacto del pensamiento de S im o n n e de B eauvoir, c o n tro v ierten las a n c e s tr a le s p r e te n s io n e s de e x p lic a r el m u n d o y las relaciones que lo configuran a través de modelos inspirados en c u ltu ra s d e d o m in io m a scu lin o . El sex to capítulo destaca las palabras de q u ie n e s h a s ta m e d ia d o s de siglo y a ú n hoy, h a n sido consideradas como las otras, demostrando cómo a través de ellas se están g estan do p ro ceso s que p o s ib ilita n d e s c u b rir las c a re n c ia s y m u tila cio n es de las exp li c ac io n es d ad as h a s ta el m o m e n to a las relaciones sociales. Identifica las posibi lid ad es q ue h a n a b ie r to las te ó ric a s f e m i n is ta s p a ra el e s tu d io de los te m a s de individualidad, subjetividad y conocimiento y su significado para construir nuevas nociones sobre el poder y la justicia, en las cu ales la ju s tic ia de g én ero s resulta de especial importancia. D e m u e s tra que si bien desde u n a p e rs p e c tiv a f e m i n is ta hombres y mujeres so n prisioneros del género, aunque de m odos muy diferenciados pero interrelacionados... esto no significa que hombres y mujeres ocupen una posición equivalente en lo f u n d a m e n ta l , co m o s ig n ifc a d o s /s u je to s div idido s (pág. 241). D e s ta c a los d e s a rro llo s de las te o ría s f e m in is ta s s e ñ a la n d o las diferentes voces y orientaciones
q u e en ellas c o n flu y e n : el feminismo socialista, el feminis mo de la igualdad, el feminismo ra d ic a l y el fe m in is m o de la diferencia; señala el papel des empeñado por estas teorías en la generación de nuevos modos de p e n s a m i e n to sobre la m a t e r n id a d , la c r ia n z a y los roles a t r i b u id o s a cada g én ero, dem o stran do al m ism o tiem po las d ife re n c ia s e n t re sus principales corrientes, los nexos y las distancias de sus plantea m i e n to s co n Freud, Lacan y W i n n ic o tt . S eñ ala n u e v o s interrogantes que, a partir de las elaboraciones feministas y de sus carencias, surgen en la búsqueda de ex p licac io n es acerca de la fam ilia y las relaciones f a m i liares. Al analizar el feminismo de la diferencia se detiene en sus a p o rte s para el estud io de las relaciones m ad re-h ija, id e n t i fic a n d o las c o n v e rg e n c ia s y discrepancias entre las vertientes que lo configuran: de una parte, el p e n s a m i e n to de i n v e s t i gadoras tales como Luce Irigaray, H elen e C ix o u s y Toril M oi, q u ie n e s se c o n c e n tr a n en el
@ )
efecto de los sistemas de signi ficación o representación sobre las relaciones e identidades de g é n e r o , y p o r o tr a p a rte , en Carol Gilligan, Sara Ruddick y Caroline Whitbeck para quienes el eje de estudio lo constituyen los efectos de la actividad de las mujeres y la división sexual del trab ajo, (pág. 285). Las a r ti c ulaciones e n tre las categorías género, raza y etnia son también o b je to de especial an álisis, poniendo de relieve la necesidad de in c o rp o r a r la s c o n m a y o r fuerza en la búsqueda de nuevas alternativas para comprender la subjetividad y el poder, y desta cando los aportes de feministas com o Audre Lorde, Paule M ar shall, Gloria Joseph y Jill Lewis, q u ie n e s d irig e n sus m ira d a s hacia las especificidades de las culturas negras y de otros grupos minoritarios. *
En la cuarta y última parte de su obra caracteriza los nexos entre las teóricas del feminismo de la diferencia y pensadores postm o dernos como Lyotard, Derrida, F o u c a u lt y R orty, s e ñ a la n d o
tam bién algunas de sus princi pales distancias con los mismos. El capítulo sexto se detiene en el an á lis is de a lg u n a s c o n s e cu e n c ia s e p is te m o ló g ic a s y sociopolíticas de los discursos postmodernos. Qué se mantiene y qué se transform a del pensa miento ilustrado son las pregun tas que o rien tan las conversa ciones en esta parte del texto en la cual s itú a en el su je to del c o n o c im ie n to los lím ite s del discurso postmoderno. El sépti mo y último capítulo se consti- * tu y e en u n a s ín te sis de sus argumentos, destacando bajo el título sin c o n c lu s io n e s la n e ce sid ad de p ro lo n g a r las conversaciones entre las diversas vertientes teóricas de tal forma que las polifonías constitutivas de la diversidad humana tengan cada vez espacios más amplios en la c o n s tr u c c ió n del pensamiento. J u a n ita B arreto Gama, Profesora D e p a r t a m e n t o de Trabajo Social Facultad de Ciencias Humanas - Universidad Nacional de Colombia
F PROFAMILIA C
O
L
O
M
B
111 LINEA ROJA 9800 -
Convocatoria
Gabriela Mistral
L a A s o c i a c i ó n C ó t G -f e m m e s , P a r ís C á mara colo m bian a d el l ib ro , B o g o tá G r u po M u je r y S o c ie d a d . Bo g o tá
1996
CONVOCAN: Al segundo premio
internacional de L iteratura Latinoam ericana y del Caribe, G a b r ie la M i s t r a l
B a s e s
d e l
.
C o n c u r s o :
1. Podrán ser candidatos al Premio de Literatura-Latinoamericana y del Caribe Gabriela Mistral 1997, las escritoras de lengua española con una valiosa obra de creación en cualquiera de los géneros de la literatura (poesía, novela, teatro, cuento o ensayo literario). 2. Las candidaturas deberán ser presentadas por la uatora, una editorial o cualquier institución cultural o educativa, asociación o grupo de personas interesadas en la literatura. El Premio también podrá otorgarse a una escritora que, ajuicio de los miembros del Jurado, lo amerite, aun cuando no haya sido propuesto por ninguna institución. 3. Las candidaturas compuestas del currículum vitae y los documentos justificativos necesarios deberán ser presentados antes del 3 1 de diciembre de 1996 a Cámara Colombiana del Libro, Cra. I7A N° 37-27 Bogotá, Colombia. Sur América, 4. El Jurado estará integrado por especialistas nombrados por la Cámara Colombiana del Libro, Bogotá y Asociación Cóté - Femmes, Páris. Ningún documento será devuelto. 5. El fallo del Jurado es inapelable y se dará a conocer en conferencia de prensa, a más tardar el 15 de abril de 1997. 6. El Premio de Literatura Latinoamericano y del Caribe Gabriela Mistral 1996, consistirá en la publicación de una de las obras inéditas de la ganadora. 7. El Premio de Literatura Latinoamericana y del Cáribe Gabriela Mistral, se entregará en la ciudad de Bogotá, la primera semana del mes de mayo, en el marco de la X Feria Internacional del Libro de Bogotá. 8. Cualquier situación no prevista en la presente convocatoria será resuelta por ia Comisión de Premiación: Cámara Colombiana del Libro, Grupo Mujer y Sociedad, Bogotá. Bogotá-Páris, 20 de Mayo de 1996.